lunes, 3 de enero de 2005

Como moscas...

... van cayendo los funcionarios: "La subsecretaria de Control comunal y jefa del cuerpo de inspectores de la Ciudad, Fabiana Fiszbin, dejará su cargo. Era la segunda del también renunciante secretario de Seguridad, Juan Carlos López". Más en Clarín. Además, según ese diario, "Cientos de personas entraron en tiempo récord al foro de Clarín.com para opinar sobre la tragedia de Once. La mayoría cree que "culpar a todos" como propone Aníbal Ibarra es un recurso para deslindar responsabilidades. Muchos critican la ausencia del presidente Kirchner y no son pocos los que apuntan a una sociedad inmadura. Todos comparten el dolor por lo ocurrido".

Lo que dice el Boletín Oficial

Para Página/12: "Crece la discusión sobre las responsabilidades en la tragedia. El Gobierno de la Ciudad señala a los bomberos, que aprobaron el uso del local a pesar del techo inflamable y potencialmente tóxico. La Policía rechazó las acusaciones. Reclamos de justicia durante los entierros, frente al local incendiado y en una marcha a Plaza de Mayo".

Estamos llegando a un punto crítico

Lunes 3 de enero de 2005

Opinión

Por Fernando Pedrosa Para LA NACION

Una vez que finalice el primer momento de dolor, de indignación y de incredulidad que produjo la tragedia de República Cromagnon, en Once, deberemos hacer algo más que reflexionar sobre ella para evitar su repetición. Si bien el suceso no es inédito en nuestra historia (basta recordar el incendio en la disco Kheyvis, el derrumbe en un concierto de Soda Stereo en San Nicolás o los chicos electrocutados en Puerto Madero durante el recital de Divididos), sí lo es la magnitud que ha adquirido, y esto, a estas alturas, no es un dato menor. Lo sucedido es un indicador, dramático, de que el grado de desintegración de nuestra sociedad está llegando en estos momentos a un punto crítico. La cadena de responsabilidades e irresponsabilidades que permitieron que esto ocurriera es una postal de una sociedad que insiste en vivir y en convivir al margen de la ley, eludiendo e ignorando la existencia de las instituciones y normas, formales e informales, que deben regir la vida en común. Las instituciones son las reglas del juego en una sociedad o, desde otra perspectiva, son las limitaciones ideadas y consensuadas que dan forma a la interacción en una sociedad determinada. El gran jurista argentino Carlos Nino denominó la falta de legalidad permanente en que vivimos "anomia boba". Esta consiste, a grandes rasgos, en la existencia de conductas informales (por ejemplo la corrupción en todo nivel), menos eficientes que lo que garantizaría el uso de las normas formales, y, a pesar de eso, utilizadas una y otra vez. Frente a las consecuencias crecientes de la anomia, resulta imprescindible volver a generar un consenso entre los actores dirigentes. Ese consenso servirá para reconstruir un tejido social, que sólo puede ser articulado al son de instituciones sociales legitimas y eficaces. En algunos países que han afrontado exitosamente este desafío, como la España de la transición, esto se ha realizado a través de un gran acuerdo, donde amplias franjas sociales y actores estratégicos entendieron que la cooperación mutua y el respeto por las reglas de juego resultaban imprescindibles para el desarrollo del país, hasta ese momento sumido en la pobreza y en el estancamiento. En la Argentina de hoy eso no está tan claro. Los estímulos para cooperar y estructurar las relaciones sociales en forma acordada y respetuosa de la legalidad parecen ser menos atractivos que los inversos. En este sentido, si los estímulos positivos no bastan, habrá que poner atención en aumentar los costos que los actores más importantes (políticos, empresarios), pero también individuos y corporaciones, deberán pagar por ignorar la legalidad reiteradamente. La llave de un nuevo acuerdo social deberá girar, indefectiblemente, en torno de la Justicia, de su aplicación estricta y de su cumplimiento a rajatabla. El castigo a los responsables penales, políticos y administrativos de la tragedia debe ser un punto indiscutible para cerrar este hecho, pero no bastará para que el horror no vuelva. Exorcizar el dolor El linchamiento público, los altares populares y los reclamos airados sólo podrán exorcizar el dolor y alejar el temor momentáneamente. La imagen de Omar Chabán cuando pedía que no arrojaran bengalas, en un establecimiento cuya capacidad máxima estaba largamente sobrepasada, y la respuesta irracional de la multitud que gritaba "botón, botón", mientras algunos arrojaban más petardos, grafican lo antedicho. Más tarde o más temprano, nuestra sociedad deberá elegir entre la República o Cromagnon. De este último lugar ya tuvimos un adelanto.

El autor es profesor de historia y máster en Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Salamanca

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Airado reclamo de justicia en las calles

Lunes 3 de enero de 2005

Tres días después del horror: reacciones por la tragedia

Más de 2500 personas, marcharon hasta Plaza de Mayo para exigir la renuncia de Aníbal Ibarra

Muchos de los concurrentes eran jóvenes
También estaban familiares y amigos de los fallecidos
Marcharán todos los días
Pidieron la presencia del Presidente

La tristeza y la desesperación dejó un espacio para la bronca. Familiares y amigos de las víctimas, y vecinos de la ciudad otra vez reclamaron ayer, otra vez, justicia por las muertes en el boliche Cromagnon, al tiempo que pidieron la renuncia del jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra. También se preguntaron por la ausencia del presidente Néstor Kirchner. Según diversas estimaciones hubo más de 2500 personas que se movilizaron desde la Plaza Miserere hasta Plaza de Mayo. Anunciaron que desde hoy se movilizaran todos los días, a las 18, hasta que renuncie Ibarra. La marcha comenzó de manera espontánea ante el improvisado santuario frente al vallado en la esquina de la discoteca, poco antes de las 20. Lentamente la gente se empezó a reunir y decidieron marchar a Plaza de Mayo. La mayoría eran adolescentes, muchos habían estado en República Cromagnon la noche trágica y recordaban a sus amigos muertos. "Tiene que haber justicia. Ibarra tiene que renunciar", dijo Nadia Miaitiuk, que perdió a su hermano y a su novio. Junto a una amiga fue quien impulsó la marcha y reclamó que fuese sin disturbios. Al grito de "Ibarra, Chabán, la tienen que pagar", caminaron por la avenida Rivadavia y continuaron luego por Avenida de Mayo. Los chicos aplaudían y vecinos que se acercaron golpeando cacerolas, gritaban: "Atención, atención. No los mató el incendio, los mató la corrupción". Fueron pocas las madres que tuvieron fuerzas para movilizarse, muchas prefirieron esperar en Once. Pero Graciela Pelozo, que perdió a su único hijo, Nicolás Colnaghi, caminó hasta la Casa Rosada para pedir justicia. "Esto fue una masacre. No tiene que pasar nunca más. A mi hijo le gustaba la música, fue a divertirse con sus amigos y no volvió más. Los chicos tienen que poder divertirse seguros", dijo la madre, que estaba acompañada por todo su familia. Juan Pablo, el primo de Nicolás, se aferraba a su foto sin poder parar de llorar. Otras madres se acercaron junto a su hijos, con la sensación de que a cualquiera de ellas les podría haber sucedido. "Estoy indignada por todo lo que pasa en este país", dijo Susana Barbarie, que se sumó a la manifestación frente al Congreso. Lucila Larregue, llevaba colgada una foto de su amigo Sebastíán Fernández Helvich, y con los ojos llenos de lágrimas pedía: "Justicia. Desde los políticos responsables hasta el dueño del local tienen que estar presos". Algunas de las asambleas barriales se sumaron a la manifestación golpeando cacerolas. Raúl Castells, junto a su esposa, pero sin banderas, participó de la manifestación y se unió al reclamo por la renuncia del jefe de Gobierno. "Convocamos a todos para mañana (por hoy). El responsable político de estos 200 asesinatos es Ibarra", sostuvo el líder piquetero. Antes de llegar frente a la Jefatura de Gobierno porteña, los familiares pidieron que por favor nadie cometa disturbios. Los gritos de "Andate Ibarra, la p... que te parió", fueron más intensos al pasar por la sede de gobierno. La movilización siguió hacia la Plaza de Mayo, donde se detuvieron frente al vallado y se peguntaron "¿Y Kirchner dónde está..?" Los jóvenes, saltaban y gritaban reclamando justicia. "Asesinos, asesinos", dijeron hasta quedarse sin voz. Muchos de ellos, como Alejandro Pérez de 16 años, llevaban puesta la remera del grupo Callejeros. "Yo no estuve ahí, pero se murieron muchos pibes y tiene que haber justicia". A las 22, los familiares pidieron regresar a Once, donde estaban las madres de las víctimas. Allí, se prendieron velas frente al vallado del boliche siniestrado para recordar a sus seres queridos que ya no están. Era el momento del recogimiento y el silencio.

María Helena Ripetta

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Diario de un televidente

Hace un rato, programa especial de Chiche Gelblung sobre los sucesos de Cromagnon. Salvo por el hecho de que invitó a Poliladron, el programa fue impecable (y me sorprende comprobarlo, porque nadie puede sospechar que comparto la escala de valores de Chiche, o su estética, o su ética periodística). Y sin embargo..., trató los temas que había que tratar, hizo las preguntas que había que hacer y a todo el mundo le quedó claro (salvo a Poliladron, que farfulló excusas para salvar al Alcalde: "todos somos el Estado", dijo. ¡No, Poli-Lelo, no! Nosotros somos la sociedad civil...) la necesidad de que Ibarra renuncie. Mañana hay marcha a las 18 hs. Veremos qué pasa.

domingo, 2 de enero de 2005

Sontag

Gracias a Xenia Norton, descubro en la red algunos textos en inglés de Susan Sontag que en algún momento (pero no ahora, porque tengo fiaca) colgaré en la página de Siglo XX:

* Notes on "camp"
* The Aesthetics of Silence

Ahora sigo acopiando fotos para mi galería porque durante la semana esas navegaciones se me vuelven imposibles (me las tengo prohibidas). Como habíamos decidido no irnos a la quinta, el fin de semana se nos hizo de chicle y dio para todo.

Parece que Ibarra todavía no renunció...


Una encuesta curiosa

Aquí se resuelven todos los secretos sobre la masculinidad.

Galería

Este chico no va a las mismas fiestas que yo....

Otro poema viejo

Masa (encefálica) vienesa

Este poema integra el ciclo Psicopatologías, en el que actualmente trabajo.
Fue escrito con las mismas palabras que la nota ?Los niños primero?,
publicada en el suplemento Radar de Página/12 el domingo 5 de mayo de 2002.


Soy hijo de alcohólico,
Soy ciego del ojo izquierdo,
Soy loco.

¿Cuánto se puede soportar?
La historia se repite dos veces,
Una como tragedia
(30.000 desaparecidos),
Otra como farsa (los años noventa).

Soy el primo hermano de un desaparecido.

Los cuervos de Egon Schiele
Forman tirabuzones en los árboles de Baumgartner Höhe
(Thomas Bernard y P. D. James los vieron),
un invierno:
Una selva de pájaros negros en las ramas peladas.
Steinhof, eutanasia vienesa.

Soy el ayudante de laboratorio que etiqueta los frascos con masa encefálica.
Soy un joven político socialdemócrata que compra sus trajes en Hugo Boss.

Saber y poder:
¿Cuánto tiempo podrá resistir este niño de diez años
Descalzo sobre la nieve?
¿Cuántos kilos puede adelgazar una niña de doce años
Antes de caer en coma?
El Estado no debe alimentar vidas inútiles.
Luminal. Masa encefálica. Gedankraum.
Los gritos de setecientos niños
Y seis mil cuervos dando vueltas sobre Viena.

Soy un turista demente.
Estoy enfermo.
Soy la condecoración del Dr. Gross.
Soy cómplice del nazismo.
Soy un excedente de la fiesta menemista.
Soy el infectado.
Soy el esquizo.
Van a venir a buscarme.
En mis oídos sordos, graznan los cuervos.
Dicen: nunca más.

Un prólogo

Prólogo a Stella Manhattan de Silviano Santiago (Buenos Aires, Corregidor, 2004):

Por Daniel Link

Nacido en 1936 en Formiga (estado de Minas Gerais), sería un error considerar a Silviano Santiago un escritor "regional", aún cuando la idea de región tiene en Brasil un significado muy diferente del que tiene en Argentina. Extremadamente cosmopolita por vocación, por formación y por destino, la obra de Silviano se deja leer como una de las experiencias más interesantes de la época de la cultura reticular (por oposición a la época de las culturas "territoriales"). No en vano, puesto a escribir sobre su propia vida, Silviano elige como epígrafe unos versos de Carlos Drummond de Andrade que dicen: "Una calle comienza en Itabira, que va a dar a cualquier punto del mundo. Por esa calle pasan chinos, indios, negros, mexicanos, turcos, uruguayos". Es el mundo entero lo que convoca la poesía del gran poeta mineiro y la poesía es para él una manera de atravesar el mundo y la modernidad. Lo mismo para Silviano.
Silviano Santiago pertenece a una generación de intelectuales y artistas nacidos en la década del treinta y que comenzaron sus carreras profesionales en la década del cincuenta, cuando en la práctica ya era imposible sostener los antiguos paradigmas académicos y también estéticos (aún cuando esos paradigmas fueran los del imponente modernismo brasileño). Por eso, la generación de la que Silviano participa es decisiva en la transformación de la literatura, el arte y la cultura de Brasil.
Silviano estudió Letras, como muchos otros compañeros de camino (chinos, indios, negros, mexicanos, etc.). Él mismo ha observado que, "por razones difíciles de precisar", no pocos de esos profesores, investigadores y administradores de la vida académica "no quedaron satisfechos con la ya gigantesca tarea para la que fueron solicitados y que atendieron diligentemente. Abandonaban periódicamente el lenguaje del rigor científico y el raciocinio lógico y frío del análisis textual para adentrarse en el campo de la creación literaria. Algunos de los más destacados poetas y prosistas en la literatura brasileña de hoy tienen formación universitaria en Letras, hecho también inédito entre nosotros, ya que para las generaciones anteriores fueron principalmente las Facultades de Derecho las que sirvieron de semillero para los futuros escritores".
Perseguidos por fuerzas oscurantistas (es decisivo el papel del golpe de Estado en 1964 para todos ellos) o sencillamente movidos por cuestiones personales, muchos de esos coetáneos encontraron en la experiencia (académica o creativa) en el extranjero la fuerza necesaria para imprimir una nueva vitalidad en la cultura de su patria. Pero la inquietud que iba a llevarlos a un cuestionamiento total de las tradiciones heredadas venía ya de mucho antes.
En el caso de Silviano, no es casual su definición del universitario como "el de alguien que osa, en determinados momentos, trascender los muros disciplinares de la institución con el deseo de lanzarse en proyectos creativos complementarios que muchas veces acaban por cuestionar los criterios rigurosos y las reglas de decoro del juicio propiamente académico". Ya en su más extrema juventud había participado del Centro de Estudios Cinematográficos de Minas Gerais y, con algunos compañeros, codirigió una revista de vanguardia, Complemento (de la que aparecieron 4 números y que editó además 3 libros). Joven literato, los primeros ejercicios de crítica realizados por Silviano tomaron, sin embargo, al cine como objeto: en los periódicos O Diário y Estado de Minas, en la Revista de Cinema, que llegó a tener circulación internacional, dato importante porque preanuncia su doble actuación futura: "llevé a la Universidad el deseo de no abandonar una carrera pública que construía en el campo vivo de las manifestaciones artísticas".
En la Facultad de Filosofía colaboró en la revista del Centro de Estudiantes, Mosaico. Junto con tres compañeros de estudios (Affonso Romano Sant'Anna, Teresinha Alves Pereira y Domingo Muchon), publicó su primer libro de poemas, Cuatro poetas. Por esos años (hablamos de 1959) traduce Fin de partida de Samuel Beckett que, paradójicamente, es el comienzo de un juego infinito que Silviano sostendrá con la literatura francesa y que lo llevará a descollar, como crítico, en el campo de las literaturas comparadas.
Un golpe de azar pone a Silviano frente a un desconocido manuscrito de André Gide (las 30 primeras páginas, escritas currente calamo, de Los monederos falsos). Ese encuentro fortuito selló de golpe la forma en que estructuraría su carrera profesional (un pie en la investigación y otro en la creación): el trabajo de decodificación y establecimiento del texto ("ocasión única para observar de manera concreta las angustias de creación en un novelista notable", anota) se articuló de manera decisiva con sus propias preocupaciones narrativas de esa época (las novelas cortas que saldrían en el volumen Duas Faces y la primera versión de una novela futura, O Olhar).
Luego sucede lo inevitable: el doctorado en la Sorbonne (precisamente sobre André Gide) y una vertiginosa carrera docente en los Estados Unidos y Canadá, su disidencia política durante la dictadura brasileña y el regreso a su país.
Poeta, crítico, novelista, promotor de nuevos paradigmas disciplinares (el estructuralismo, las literaturas comparadas, la teoría posmoderna), Silviano Santiago es también uno de los grandes divulgadores de la cultura y el arte brasileños en todo el mundo: presentó muestras de arte modernista (en particular de Lygia Clark, tan importante y tan presente en Stella Manhattan) y exhibiciones de cinema novo, tradujo y compiló la literatura brasileña en los Estados Unidos y en Alemania, participó en debates sobre la relación entre cultura y política. Silviano es uno de los primeros intelectuales que reflexiona de manera sistemática sobre la censura y la represión en el campo de las artes durante la dictadura de los años setenta; analiza el discurso mesiánico (de Euclides da Cunha a Glauber Rocha) y las constantes de la ideología patriarcal en la literatura brasileña.
¿Cómo se lee la obra crítica de un escritor? ¿Cómo se lee la obra literaria de un profesor? Después de un largo silencio después de sus dos "libros de aprendizaje", Silviano vuelve a publicar literatura. Un libro de poemas, Salto, y uno de cuentos, O Banquete (los dos en 1970). En ambos se lee una preocupación para adecuarse a los estándares de la escritura vanguardista vigentes en ese momento. Uno de los problemas más graves que se le presentan a un profesor que quiere producir literatura reside en el hecho de no poder deshacerse de un estilo de escritura rancio y conservador. Silviano fue conciente (y así lo demuestran sus libros de entonces) de que debía reaccionar radicalmente a esa inercia: hacer pie en su propia contemporaneidad para proponer una verdadera investigación de los lenguajes artísticos. Ninguno de sus libros, a partir de entonces, puede leerse como una aplicación servil de tal o cual teoría o una reproducción mecánica de tal o cual corriente estética hegemónica. Como ya había descubierto en Gide, el verdadero escritor es aquél que asume la sentencia que dice: "Je suis un être en dialogue, tout en dialogue, tout en moi combat et se contradit". Diálogo y contradicción: hay que entender cada libro de Silviano no tanto como ejercicio de estilo sino como ensayo de dicción.
O Olhar es una novela (reescrita en 1972 a partir de una primera versión de diez años antes) sobre la mirada del "mineiro", entendida como el rasgo de mayor violencia de una cultura re-examinada sin ninguna idealización. En 1978 Silviano publica una colección de poemas, Crescendo durante a guerra numa província ultramarina, donde utiliza por primera vez, de manera consciente, el registro autobiográfico: poetiza la infancia de su clase hacia el final de los años treinta. Pero el individuo aparece como una "masa amorfa y ventrílocua" (escribe Silviano) porque el mapa de la infancia está hecho de citas, parodias y pastiches.
A comienzos de la década del ochenta, Silviano publica la que acaso sea su novela más conocida entre nosotros (fue traducida al castellano), Em Liberdade, que recibió el Prêmio Jabuti en 1982. Se trata de una obra límite, que mezcla en partes iguales el ensayo biográfico, la crítica y la ficción a partir de la escritura de un falso diario íntimo del gran escritor comunista Graciliano Ramos. La novela se deja leer, además, como un vasto fresco sobre las relaciones entre el intelectual y el estado autoritario en Brasil, con contrapuntos narrativos hacia el pasado (los desmanes coloniales en Vila Rica, en el siglo XVIII) y el futuro (la represión en San Pablo en los años setenta).
De 1985 es la novela que ahora presentamos, Stella Manhattan. Si la oposición entre libertad y autoritarismo era lo que ponía a andar la novela anterior de Silviano, en ésta se plantea la utopía de la liberación (y su antítesis, la represión). La acción se ubica hacia finales de la década del sesenta en Nueva York, donde se reproduce microscópicamente toda la política brasileña de la época.
Que la fábula suceda en Manhattan no es casual: así como París era la capital del siglo XIX, Nueva York fue la capital del siglo XX y, como tal, un mandala en el seno del cual coexiste a una velocidad de vértigo (la misma velocidad que Silviano imprime a la novela) todo lo humanamente posible. Además, puerto galáctico, Nueva York tritura todos los lenguajes para transformarlos en una lengua nueva, una panlengua hecha de retazos, jirones, neologismos (precisamente la que Silviano elige para escribir su novela).
Han pasado veinte años desde entonces y, sin embargo, Stella Manhattan se deja leer con la misma frescura. Es un documento de época, desde ya: por sus páginas desfilan las minorías sexuales y raciales y sus demandas políticas, la guerrilla urbana (en la impresionante interpretación de Marighella), el papel de Cuba en la región, los nuevos mecanismos de represión, las alianzas entre intelectuales progresistas y conservadores en América latina y en los Estados Unidos, Woodstock, el sadomasoquismo. Pero a diferencia de El beso de la mujer araña de Manuel Puig, novela de la cual podría decirse que Stella Manhattan es su "precuela", el lector encontrará mucho más que el placer de asomarse a un mundo desaparecido para siempre. Todo, en esta novela de Silviano, todavía nos interpela. Por ejemplo, la calesita infame de las sexualidades disidentes, mucho más compleja (y por lo tanto, más "fresca", más al alcance de nuestro propio pensamiento) que en cualquier otra novela de la época.
Cada capítulo de Stella Manhattan presenta las piezas (más o menos desordenadas, más o menos reconocibles) de un rompecabezas que sigue la lógica paranoica que funcionaba como suelo común de la razón política brasileña después del golpe de 1964. Pero esa paranoia que permite interrogar el modo en que se desarrollan (al mismo tiempo) lealtades sexuales y políticas no es ajena al tiempo que hoy estamos viviendo. Como tampoco es ajeno a nuestro presente la incerteza de las identidades, la otredad, el laberinto de las apariencias, las extrañas alianzas entre autoritarismo político y modernismo estético.

Bestiario

Piro dice que Chabán es una bestia. Más animal (invertebrado, es cierto) es Ibarra.

¿Quién paga?

Según Clarín, las demandas por la catástrofe de Cromagnon podrían llegar a 100 millones de pesos, pero no se sabe bien quién pagaría. Por supuesto, que pague Ibarra.

Con amigos así...

Página/12 quiso saber cuándo se realizó la última inspección en el boliche del siniestro. En el gobierno nadie tenía respuestas a esa pregunta: "El expediente está en manos de la jueza María Angélica Crotto." Lo cierto es que cualquier inspector hubiera advertido la irregularidad.
La única constancia existente a la que se pudo acceder fue el informe del comisario Alberto Corbellini, jefe de la División Prevención de la Superintendencia de Bomberos de la Policía Federal, con fecha del 15 de febrero de 2004, según el cual sólo 38 locales bailables cumplían con la certificación de protección contra incendios exigida por la ordenanza 50.250 de la ciudad.
Ese informe se hizo en respuesta a un pedido de informes de Atilio Alimena, adjunto de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad. Según Alimena, como en la ciudad "hay registrados 256 boliches?, el porcentaje de locales en regla en ese momento era bajísimo: el 14 por ciento". Anoche, el jefe de Gabinete del gobierno porteño, Raúl Fernández, aseguró a este diario que el número de boliches habilitados en la ciudad es de 108. Y el jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra, aseguró que en todo el año hubo 70 clausuras de boliches por no cumplir con las normas contra incendio.
Ibarra cargó las tintas en la irresponsabilidad empresaria y en quienes arrojaron pirotecnia dentro del local, pero no eludió el papel que le cabe a su gobierno. "Este hecho nos exige tomar medidas fuertes, cambiar las cosas que no funcionan o que funcionan mal", dijo, antes de anunciar la suspensión de la actividad en locales bailables durante 15 días, a partir de mañana, para consensuar una nueva normativa para el control de esta actividad (ver recuadro). El anuncio se realizó después de una reunión de gabinete, en la que se notó la ausencia del máximo responsable del área, Juan Carlos López. Hasta ahí, el problema estaba en las normas y no en el organismo encargado del control: la Unidad Polivalente de Inspecciones. La UPI fue creada por Aníbal Ibarra a fines de 2003, después de disolver el cuerpo de inspectores municipales sobre el que pesaban severas denuncias de corrupción. Ese cuerpo está conformado hoy por 200 inspectores, quienes tienen a su cargo el control de los 200 mil comercios habilitados en la ciudad, según reconoció el propio López. "No es posible hacer un control en tiempo real de todos los boliches de la ciudad", se defendió el funcionario. La subsecretaria de Control Comunal, Fabiana Fiszbin, responsable del área de inspección, se encontraba ayer fuera del país y no pudo ser localizada.
Lo cierto es que anoche, después de la concentración de manifestantes frente a la sede del gobierno porteño, donde la gente increpó a las autoridades al grito de "Que se vayan todos", López resolvió ofrecer su renuncia, que fue aceptada de inmediato por el jefe de Gobierno.

¡Volvieron los diarios!

Dos días después del horror: los cuestionamientos al gobierno
La Ciudad nunca inspeccionó Cromagnon

El único control lo realizó Bomberos, en abril; renunció Juan Carlos López, secretario de Justicia y Seguridad porteño

Ibarra responsabilizó a quien cerró la salida de emergencia y a quienes encendieron la bengala
Relativizó cuanto hubieran podido hacer los controles


"Pudo haber fallado la normativa, pero aquí hubo un irresponsable que encendió una bengala y otro que cerró la salida de emergencia con un candado y alambres. Así, cualquier control del Estado se relativiza." El jefe de gobierno, Aníbal Ibarra, intentó así desprender a su administración de la tragedia en República Cromagnon. El mandatario trató de relativizar el efecto que hubiera tenido cualquier tipo de control. Queda la duda, sin embargo, pues en todo 2004 el gobierno porteño no realizó ni una inspección en República Cromagnon. La única revisión fue efectuada por Bomberos, en abril último. Con el visto bueno de Bomberos, el cuerpo de inspectores porteños nunca volvió al lugar para chequear el estado de las instalaciones. "Normativamente, el lugar estaba habilitado", explicó Ibarra. A pesar de ello, ayer por la tarde aceptó la renuncia del secretario de Justicia y Seguridad Urbana de la Ciudad, Juan Carlos López, prohibió la realización de recitales en las discotecas de la Capital y suspendió por quince días la actividad en los boliches porteños (ver aparte). "Esto fue tan terrible que se volvió necesario generar cambios", explicó el jefe de gobierno.

Apunten a los inspectores
Si bien no cuestionó abiertamente al cuerpo de inspectores, tampoco eludió la posibilidad de realizar una nueva purga en el cuerpo de controladores. "Ya lo hice el año pasado. El problema es que hay un proceso de reemplazo que lleva tiempo", señaló. De todas maneras, la aceptación de la renuncia de López se leyó como un cuestionamiento al área de Control. La subsecretaria a cargo de las inspecciones, Fabiana Fiszbin, tenía previsto regresar hoy desde Brasil, indicaron en el gobierno. El sistema entero de controles fue duramente castigado ayer. Hubo denuncias, incluso. ¿Es mentira que la purga que realizó Ibarra para sanear el cuerpo de inspectores sirvió poco? ¿Es mentira que algún sector cobra a los empresarios por el excedente de entradas vendidas en los recitales, para evitar así la clausura del local? "Estamos analizando todo. Y no me va a temblar la mano para tomar la medida que deba tomar", confió Ibarra. Concretamente, República Cromagnon tenía permiso para el ingreso de 1037 personas. En la noche del jueves hubo más de 3000. ¿Negocio o negligencia?
"Lo que sucedió fue la peor tragedia no natural en la historia argentina. Vamos a analizar ahora si el gobierno se incluye como querellante en la causa, porque la verdad es que no podemos admitir la irresponsabilidad empresarial. Acá fallaron muchas cosas, entre ellas la normativa, pero si un tipo enciende una bengala y otro cierra la puerta de salida, cualquier control y normativa se relativizan", opinó. Agradeció las llamadas del presidente Néstor Kirchner e inmediatamente rechazó las acusaciones del defensor adjunto de la Ciudad, Atilio Alimena, quien aseguró que la mayoría de los boliches no tenía el certificado de Bomberos actualizado. "No es así. En este caso, además, sí estaba el certificado con la habilitación", concluyó. ¿Pudo haber hecho algo más el Estado, en definitiva? De eso se tratan los cambios.

Por José Ignacio Lladós De la Redacción de LA NACIÓN

Sin recitales en las discos

El jefe de gobierno porteño, Aníbal Ibarra, decidió prohibir la realización de recitales en discotecas en la ciudad de Buenos Aires. La medida fue anunciada ayer por el mandatario, que también adelantó que, por quince días, deberán permanecer cerrados todos los boliches bailables de la Capital. "Esto que pasó nos exige tomar medidas fuertes y generar cambios en lo que funcionó mal. Por eso, se prohíben desde ahora los recitales en las discotecas y se suspende por 15 días la actividad en locales bailables. En este último lapso, hablaremos con los empresarios del sector para buscar soluciones", comunicó Ibarra. El jefe de gobierno explicó luego que se conformó una mesa de estudio para darle más seguridad a la actividad en las discotecas. La mesa, que será la encargada de interactuar con los dueños de los boliches, estará conformada por Juan Carlos López (secretario de Justicia y Seguridad), Marta Albamonte (Hacienda), Deborah Cohen (procuradora) y Marcelo Antuña (subsecretario de Justicia y Trabajo), entre otros.

Ahora sí

Domingo 2 de enero de 2005

Una estela en las barricadas

Por Edgardo Cozarinsky
Para LA NACION - Buenos Aires, 2004

Es difícil sobrevivir a una fama temprana. Susan Sontag apenas había cumplido los treinta años en 1964, cuando sus "Notas sobre lo camp" aparecieron en Partisan Review y de la noche a la mañana se convirtió en una celebridad en los Estados Unidos, coronada por una reseña del New York Times que explicaba a sus lectores cómo un artículo publicado en una revista literaria podía haber repercutido en todo el país más all de los círculos intelectuales. La proeza de definir, por ejemplo, una forma de sensibilidad hasta ese momento difusa, y de hacerlo en una prosa digna de los ensayos de Oscar Wilde había sido cumplida por una mujer que las fotografías revelaban de una belleza sensual: pelo renegrido, labios pulposos, grandes ojos de mirada intensa.
Sontag logró sobrevivir a esa notoriedad imprevista y no buscada. Lo logró con una exigencia intelectual y cívica poco frecuente. Sus ensayos de aquellos años, que iban a aparecer reunidos en Contra la interpretación (Against Interpretation) y Estilos radicales (Styles of Radical Will), la impusieron como una escritora brillante que ignoraba lisa y llanamente el provincialismo de los intelectuales norteamericanos: su frecuentación de la obra de Cioran, Barthes, Artaud y Lévi-Strauss; más tarde de Canetti y Benjamin, alimentaba una exploración del hecho estético y del juego de ideas que incluía, desde el principio, al cinematógrafo entre sus referencias ineludibles: Bresson, Godard, Persona de Bergman o el Hitler de Syberberg.
"Europeizada" para sus compatriotas, esta mujer criada en Arizona y California, educada en las universidades de Chicago y Harvard, al llegar por primera vez a París a los diecinueve años emergió de la Gare Saint-Lazare para tomar un taxi sin dar al chofer otra indicación que la palabra "Sorbonne". Lo contaba muchos años más tarde, riendo por el sentido práctico que el episodio revelaba contra una aparente vocación académica: la joven ávida de experiencia sabía que era en los alrededores de la célebre universidad donde hallaría hoteles baratos para estudiantes... Había en Sontag algo profundamente norteamericano, acaso propio de otra época de los Estados Unidos: cierta candidez aliada a una inagotable curiosidad, algo que recuerda a las heroínas de Henry James.
En su caso, los vaivenes de la historia que le fue contemporánea no dejaron de solicitarla. Participó en la militancia contra la intervención de su país en Vietnam, hizo (como Mary MacCarthy y otros intelectuales norteamericanos) el viaje ritual a Hanoi y escribió un libro sobre su visita al país agredido por sus compatriotas. Pero en ningún momento cedió a la inevitable, acaso necesaria, miopía de toda militancia: siempre vio cómo la utopía comunista exigía para realizarse renunciar a todo espíritu crítico, así como comprendía hasta qué punto la abundancia de la oferta cultural en el mundo capitalista ahoga bajo su ruido las voces individuales que no se promueven según las leyes del mercado.
Por aquellos años Sontag también hizo sus primeras incursiones en el cine (en Suecia) y en el teatro (en Italia). Los resultados no fueron lo más destacado de su obra pero sí un predicado de ese personaje de avasallante energía que, paradójicamente, iba a confirmar la enfermedad: de su primer cáncer, en 1974, surgió no sólo un libro, La enfermedad como metáfora (Illness as Metaphor), sino también una renovada voluntad de vivir reconocible en toda su producción de aquellos años. En los ensayos de Sobre la fotografía (On Photography) y Bajo el signo de Saturno (Under the Sign of Saturn) hay una urgencia inédita por intervenir en los temas que aborda. Sontag siempre entendió que lo imaginario es no sólo una parcela decisiva de la realidad; interviene en ella, la modifica, le reconoce valores diferentes de lo meramente económico o moral. Hace veinte años luchó para que se publicara en inglés a Robert Walser; hace un año, para que se tradujera a Roberto Bolaño. Durante más de treinta años de amistad, era raro que en nuestros encuentros no citara regularmente a Borges, el nombre de algún personaje de la Historia universal de la infamia, alguna situación de un cuento o, sencillamente, la estatura mítica del ciego que encarnó para el siglo XX la literatura entera.

La patria de la imaginación

Recuerdo que después de la caída del muro de Berlín intuyó que una ola de guerras civiles, locales, iba a terminar de destruir los últimos focos de cultura cosmopolita que los nacionalismos inventados en el siglo XIX habían logrado gradualmente exterminar al imponerse en el siglo XX. A mi afecto por la desaparecida Esmirna anterior a Kemal Atatürk, a la extinta Alejandría anterior a Nasser, Susan me iba a responder que era necesario agregar Sarajevo, adonde fue en plena guerra civil de la ex Yugoslavia, menos para poner en escena, bajo las bombas, Esperando a Godot que para estar cerca de las ruinas de una ciudad donde habían podido convivir durante siglos cristianos, musulmanes y judíos. Poco antes yo había realizado un pequeño film en el que a través de la música de Scarlatti evocaba la Andalucía anterior a 1492, donde esa misma convivencia había sido posible. Le envié un video del film como respuesta a su viaje y en nuestro siguiente encuentro me lo comentó diciéndome: "Cada vez más la verdadera patria de gente como nosotros estará en la imaginación y en los libros".
Esto me lleva a su admirable condena de la política de Israel, algo audaz para una judía norteamericana no marxista, y a su no menos admirable condena de la corrupción de los dirigentes palestinos que pretenden actuar en nombre de su pueblo, relegado y discriminado en su propia tierra. Demonizada por la prensa de su país porque mantuvo la cabeza fría después del ataque a las Torres Gemelas de Nueva York, su ferocidad se hizo mayor cuanto más de cerca la tocaba la soberbia del poder armado: ante la agresión norteamericana a Irak, con la salud ya minada por una serie de cánceres recurrentes, no dejó de participar en lo que podríamos llamar la resistencia interna. Cuando fue a recibir el premio de los libreros alemanes en 2003 (una de las distinciones europeas más independientes y respetadas, lejos de la politiquería del premio Nobel), el embajador de los Estados Unidos en Alemania rehusó asistir a la ceremonia y ella le agradeció públicamente su ausencia. El horror de la tortura institucionalizada indignaba por encima de cualquier otra cosa a Sontag. No en vano nunca luchó por principios abstractos, que siempre terminan justificando lo inaceptable, sino por el derecho de los individuos a vivir a la altura de sus aspiraciones. Su último libro de ensayos se tituló Ante el dolor de los demás (Regarding the Pain of Others), título que juega con los dos sentidos que tiene en inglés su primera palabra: tanto "respecto a" como "mirando" el dolor de los demás.

La satisfacción de un deseo

Me doy cuenta de que no he hablado de la obra de ficción de Sontag, la parte menos apreciada de su producción; es, sin embargo, la que más claramente refleja su trayectoria humana individual. A sus primeras novelas de los años 60, El benefactor (The Benefactor) y Estuche de muerte (Death Kit), ejercicios demasiado intelectuales para resultar realmente convincentes como obras de imaginación, sucedió un largo silencio que iba a romperse en la última década con dos voluminosas novelas en apariencia "históricas", donde el placer de contar, de inventar situaciones y peripecias para sus personajes, de variar los abordajes narrativos a lo largo del mismo libro está alimentado por sus emociones más personales: en El amante del volcán (The Volcano Lover), su pasión por Italia, su fascinación con las pasiones que ese territorio de la inteligencia y el placer de los sentidos despertó siempre en los extranjeros, y al mismo tiempo la admiración por la lucha revolucionaria encarnada en una figura de mujer; en En América (In America), su propia pasión por el teatro, por inventarse una nueva identidad en un escenario que en este caso es el de un continente inexplorado.
Estas novelas están llenas de vida emotiva e intelectual y en ellas reconozco la satisfacción de un deseo que en Susan Sontag iba aumentando con la edad, con la salud asediada, con la pérdida de las ilusiones políticas en este mundo cada vez más atroz, el de nuestro presente. Decir que ese deseo es el de vivir intensamente, el de conocer más y mejor, el de explorar nuevas experiencias me parece una forma acaso banal de describir una entrega que en ella tenía la nobleza de las pasiones a las que un individuo se atreve y aún más si es un intelectual, a quien la imaginación colectiva ve ajeno a toda intensidad de sentimiento. Es, sin embargo, esta intensidad del sentimiento lo que hoy, en este día de tristeza, a pocas horas de enterarme de su muerte después de meses de lucha contra un linfoma, rescato de la mujer que fue mi amiga. Dedico estos párrafos a la persona que ella más quiso: a su hijo David Rieff.

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sábado, 1 de enero de 2005

Diario de un televidente

Aníbal Ibarra anunció medidas drásticas. Claro que después de la muerte de más de 180 ochenta personas. En verdad, no se sabe bien qué cantidad de víctimas hubo. A la pregunta en ese sentido, Ibarra contestó que "son cifras provisionales" y "son las cifras que se han dado públicamente". Son las cifras de su indignidad las que se niega a mostrar. A la pregunta sobre cómo se garantiza la "cadena de frío" de los cuerpos, mientras se realizan las autopsias, contó no sé qué cosa que involucra a la "Cámara Frigorífica" de la Chacarita. Esta parte del asunto es ciertamente macabra.
Ibarra lo ofreció todo para las víctimas (sepelios gratis) y sobrevivientes (talleres, espacios de contención). No importa, lo que verdaderamente deberá otorgar le será demandado, seguramente, por la vía judicial.
Sobre la responsabilidad del Estado, que (lo reconoció), "disolvió hace un año el cuerpo de Inspectores de la ciudad" (el sujeto gramatical de la oración, penosamente, fue "Este Jefe de Gobierno"), por corrupción, dijo que "se evalúa la renuncia. En este gobierno nadie tiene asegurado su lugar in aeternum. Si en algún momento determino que hay responsabilidad, voy a tomar la medida que tenga que tomar". Como la respuesta era muy escandalosa insistieron (el cronista de TN, sino me equivoco): "¿Pero cuál es su responsabilidad personal?", e Ibarra insistió con su verso de que "Esto produce un quiebre en la sociedad", todos somos responsables, "los empresarios, el Estado, toda la sociedad", el irresponsable que prendió la bengala... Una vergüenza.
Alguien le preguntó cómo va a hacer parar llevar a cabo las medidas drásticas que anunció. Y ante la respuesta completamente frívola de Ibarra, le repreguntó: "¿Y por qué no las tomó antes?". Porque el tiempo, dijo Ibarra, es nuestro enemigo. Y los tiempos, Ibarra, serán para siempre tus enemigos. Serás recordado por los siglos de los siglos como el Jefe de Gobierno al que se le murieron doscientas personas en un tugurio propiedad de los capitanes del gran buenos aires, todo, todo, forrado de gomaespuma.

Diario de un televidente

Frase: Anoche, un señor desesperado en la Morgue (cómo no entenderlo): "Entreguen los cadáveres o se pudre todo".

Conmovedor: dos padres (en sus veinte años), uno cuyo hijo (que había ido con la madre, por su lado) había sobrevivido, y otro cuyo hijo (que había ido con él y con la madre) no. Los dos muy niños, ellos. Muy vulnerables. Muy íntegros. El primero justificó la presencia de su vástago con la idea de incluirlo en su propia cultura: "Así como mi mamá era hippie y estona y me inculcó esto, yo quiero que él conozca lo mismo".

Lamentable: El texto del resumen de TN de hoy, particularmente cuando dice: "Adentro había olor a traspiración, a cigarrillos de venta legal y a esos que se arman con marihuana".

Hartazgo: Que den cámara a gente rezando el rosario y construyendo un "altar" con "exvotos", que acompañen la girita de Monseñor Bergamota y retransmitan el fax no del Papa sino del Vaticano, me da ya un poco de miedo. Pero a lo mejor Mme. Edwarda dice que mejor no me aflija. Veremos qué escribe B. el domingo.

Clima reinante: 33º a la sombra, como si nada hubiera sucedido (a mi hijo también lo ofendieron los fuegos artificiales de anoche).

Diario de un televidente

Desembozadamente, TN hace campaña en favor de Ibarra (anuncian que hablará en instantes), el verdadero responsable de las 180 muertes de anteanoche. No tengo, hoy, punto de comparación con los demás canales (que siguen dando películas de mierda), pero ya ayer era evidente que el chivo expiatorio iba a ser Chabán y que contra él, y no contra Ibarra, había que cargar. También contra "la irresponsabilidad de la gente", que llevó niños al recital o permitió que algunos fueran solos. Pero eso, hay que decirle a TN, también es responsabilidad del Estado, así como la existencia de guarderías clandestinas. Todo lo que oportunamente fue denunciado por la Defensoría del Pueblo y a lo que Ibarra prestó su complicidad. No hay modo de liberar a Ibarra de su responsabilidad (moral, política, jurídica), ni poniendo a Chabán en el lugar del demonio ni a las víctimas en el lugar de los imbéciles.

Año nuevo

Anoche comimos gazpacho y ensaladas frías en la terraza de B y tomamos mucho champagne y, contra nuestra expectativa en contrario (pero la gente no estaba dispuesta a guardar luto), miramos los fuegos de artificio y escuchamos la sirena de los bomberos poco después de la medianoche. Para Tita Merello fue como un resort y lo pasó casi mejor que nosotros (empiezo a pensar que la especie de que los gatos se estresan cuando los sacan de sus casas es una leyenda urbana). Volvimos caminando y las veredas y balcones estaban llenos de gente con calor y ganas de "ver qué pasa". En la esquina de Independencia y Sáenz Peña un chico le dijo a B. que no siguiéramos por ahí porque había dos personas armadas. ¡Es que Estados Unidos es la calle más peligrosa del barrio! ¡Es que ahí está Cemento! Etc... Me impresionó que a Chabán lo agarraran en lo que fue Tatlin. "¡Cayó Chabán!", gritaba Crónica y Canal 9 resucitó sus peores imágenes. ¿Y cuándo caerá Ibarra? Los chicos de la Facultad, que han caído en un nivel bajísimo de comprensión de la realidad, producto seguramente de sus infancias menemistas, dicen que no hay que politizar la tragedia. Parece que no entienden que esto fue un acontecimiento político y no otra cosa. Pienso que si una sola persona muriera por el incumplimiento de una norma cuyo cumplimiento fuera mi responsabilidad yo renunciaría y me pondría a disposición de la justicia. Y tendría, además, que lidiar con mi conciencia. Ibarra, que es un descerebrado, no: por su responsabilidad murieron casi doscientas personas y él seguramente no perdió el sueño. No hay diarios, en la televisión pasan películas de mierda y no dicen nada sobre los heridos y desaparecidos. El silencio, de nuevo, es salud.

viernes, 31 de diciembre de 2004

Una nueva noche fría

Voces solo voces como ecos
como atroces chistes sin gracia
hace mucho tiempo escucho voces
y ni una palabra.

Y mis ojos maltratados
se refugian en la nada
y se cansan de ver
un monton de caras y ni una mirada.

Una nueva noche fria
en el barrio los presos
se llenan los bolsillos
las calles son nuestras
aunque el tiempo diga lo contrario

Y los sueños no soñados
ya se amargan la garganta
y se callan
y eso casi siempre o siempre les encanta.

Van quedando pocas sonrisas,
prisioneros de esta carcel de tiza
se apagó el sentido
se encendió un silencio de misa.

Menos horas en la vida
más respuestas a una causa perdida
de por qué los sentimientos
vuelven con el día.

Solo como un pajaro que vuela en la noche
libre de vos pero no de mí
vacio como el sueño de una gorra lleno de nada,
sin saber donde ir.

Duro como muerto en su tumba
que murio de miedo
por el valor de vivir.

Las nubes no son de algodones,
y las depresiones son maldiciones.
Te va distrayendo, te enrosca, te lleva y te come.
Te lastima y no perdona, y en algun lugar te roba la cara,
la sonrisa, la esperanza, la fe en las personas.

Solo como un pajaro que vuela en la noche
libre de vos pero no de mí
vacio como el sueño de una gorra lleno de nada,
sin saber donde ir.
Duro como muerto en su tumba
que murio de miedo
por el valor de vivir.

® Callejeros

Comunicado de prensa

Ibarra es responsable
En Once hubo un asesinato

La tragedia vivida en el boliche de Once, con su lamentable saldo de centenares de muertos y heridos, podía haberse evitado. Sólo era necesario que la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires hubiese implementado los controles de seguridad necesarios, acordes a un evento de más 5000 personas.

Aníbal Ibarra ha dicho que la Municipalidad había realizado todos los controles correspondientes y que la responsabilidad de la tragedia recae únicamente en los dueños del local. Pero la realidad desmiente los dichos del Intendente de la Ciudad de Buenos Aires.

El público presente superaba la capacidad del local. Testigos presenciales señalaron que en el recital había más de 6000 personas cuando la capacidad del local tenía un tope de 4000. Las puertas de emergencia del local estaban cerradas con alambre y candados, dejando abiertas sólo pequeñas puertas de salida, incapaces de evacuar rápidamente al público presente. Funcionaba en el local una guardería para los chicos y había una gran presencia de menores, violando la legislación vigente. Por último, se permitió en un local cerrado y con las puertas de emergencia cerradas el ingreso de pirotecnia y bengalas, que fueron las que desencadenaron el incendio.

Cuando Aníbal Ibarra declara que el local tenía la autorización correspondiente se acusa a si mismo. ¿Cómo puede ser que se haya autorizado el funcionamiento de un local con guarderías clandestinas, con puertas de seguridad cerradas con candados? ¿Cómo puede ser que dada la envergadura del evento no se hagan presentes en el lugar inspectores de la municipalidad para controlar que el ingreso de público no supere la capacidad del local, la presencia de menores, el funcionamiento de los mecanismos elementales de seguridad?

El relato de los hechos deja en claro que existe una complicidad entre el gobierno municipal y los dueños del local, cuya única finalidad es incrementar sus ganancias a costa de la vida de miles y miles de jóvenes.

Nuevamente la juventud es la principal víctima de un régimen corrupto y asesino.

Luego de más de 6 años de gobierno Aníbal Ibarra se demuestra incapaz de custodiar la seguridad más elemental que reclama la vida de la juventud. Tiene que renunciar.

El Partido Obrero exige el juicio y castigo a los responsables de la tragedia, tanto de los dueños del local, ligados al aparato justicialista de San Martín, como de los funcionarios municipales responsables de controlar la seguridad del local. Desde ya nos ponemos a disposición para realizar una movilización general, necesaria para evitar que prospere la cadena de encubrimientos que dejará este brutal crimen impune.

PARTIDO OBRERO 31/12/04