viernes, 8 de abril de 2005

Galería



Paqueterías antiguas....

Gucci01

... y modernas. ¿Será cosa del Viagra?

Gracias Oh la la Paris, por tenernos al tanto de las últimas tendencias de la moda. Y a Tom Ford, por su "imaginación" tan... sugerente.

jueves, 7 de abril de 2005

Basura en cuotas

"Es increíble ver a nuestro Ministro de Economía al servicio de Intel y Microsoft" (Diego Saravia para lavaca.org).

Diario de un televidente

El que roba a un ladrón, tiene cien años de perdón: "Diario de un televidente: (seccion robada a d.link). En realidad es mas un teoria de la conspiracion: o un el pueblo quiere saber".

miércoles, 6 de abril de 2005

Blogolandia

Acá, esbozos para la construcción de una "Poética del blog": "Un aspecto formal (y tonto) que me llamó la atención es que la mayoría alínea el texto a la izquierda y no justificado (como me gusta a mí), dándole una fachada más desprolija, que tal vez sea a propósito para denotar la velocidad y la espontaneidad que tiene un blog (a veces)". Y acá, Matilde propone esbozos para una "Estética del blog": "Además hay que retener a los que entraron equivocados, entonces el estilo se vuelve forzosamente amarillo. Supongo que decir esto es pronunciar un tabú en este nuevo canal para la histeria. Muchos blogs me parecen histéricos. Están llenos de frases destinadas a reirse de alguien, despertar suspicacias, paranoias. No encuentro ficción sino demasiados homenajes, mensajes cifrados, mentiras. Es como reinventar la prensa en clave de exhibicionismo".

Correspondencia

Sí, siempre es "algo así" (y así nos va: por aproximación).
En relación con el reaccionario mito urbano sobre "lo doloroso de la penetración anal" bastaría (para no ahondar demasiado) con mirar el estupendo programa de Alessandra Rampolla.
En cuanto a los "sentidos" de la performance, debe de haber faltado un buen guionista, porque lo que se lee es: "FMI. Nos queda esto" (exhibido a las cámaras). Es decir: (se llevaron todo, pero*) nos queda nuestro más precioso tesoro, aquello por lo cual somos famosos en el mundo entero: las carnes argentinas.
La única política que ahí puede leerse es el deseo de mostrar el culo, el placer de mostrarlo, el goce de ofrecerlo (si se trata de una ética del sacrificio o del don, poco importa en una economía del deseo). Hacía falta el descontrol del 2001 para que una verdad tan sencilla (tan cándida, tan hermosa) atrevesara Plaza Mayo y pusiera a volar esas palomas.
Hoy, que en términos de deuda externa no estamos mejor sino peor que entonces, se impone una nueva performance. Eso sí, el guión y el "amoroso" casting (¡sobre todo!), lo hago yo.
Saludos

L

*Naturalmente, yo no suscribiría esos contenidos silvestres para la sigla "FMI", pero los chicos que muestran, menean y ofrecen la cola se ve que sí.
----- Original Message -----
From: @poderciudadano.org
To: L
Sent: Wednesday, April 06, 2005 3:03 PM
Subject: sobre culos

L: Participé de esta actividad si bien no poniendo el culo (era yo más bien pequeña) en otra actividad de las que se hicieron simultáneamente en todo el microcentro esa jornada en el ex grupo ¨Primavera de Praga¨). Y si bien son bienvenidos los significados impensados que desencadena cualquier performance (en estos amorosos términos fue ideada), el mensaje principal no era el de poner a prueba cuán macho era el FMI, sino sugerir lo doloroso de la penetracion anal, como diciendo lo único que falta es que nos rompan el culo (real) o si no ya que nos rompen el culo con la deuda les entregamos lo unico sano que nos queda, etc., etc....algo asi.
Saludos,
P.

Fan Club

La nueva escritura

por César Aira

T
al como yo lo veo, las vanguardias aparecieron cuando se hubo consumado la profesionalización de los artistas, y se hizo necesario empezar de nuevo. Cuando el arte ya estaba inventado y sólo quedaba seguir haciendo obras, el mito de la vanguardia vino a reponer la posibilidad de hacer el camino desde el origen. Si el proceso real había llevado dos mil o tres mil años, el que propuso la vanguardia no pudo funcionar sino como un simulacro o pantomima, y de ahí el aire lúdico, o en todo caso "poco serio" que han tenido las vanguardias, su inestabilidad carnavalesca. Pero la Historia abomina de las situaciones estables, y la vanguardia fue la respuesta de una práctica social, el arte, para recrear una dinámica evolutiva.
En efecto, y restringiéndonos al arte de la novela, una vez que ya existe la novela "profesional", en una perfección que no puede ser superada dentro de sus premisas, la novela de Balzac, de Dickens, de Tolstoi, de Manzoni, la situación corre peligro de congelarse. Alguien dirá que si todo el peligro es que los novelistas sigan escribiendo como Balzac, estamos dispuestos a correrlo, y con gusto, pero sucede que es optimista hablar de un mero "peligro", pues de hecho la situación se congeló, y miles de novelistas han seguido escribiendo la novela balzaciana durante el siglo XX: es el torrente inacabable de novelas pasatistas, de entretenimiento o ideológicas, la commercial fiction. Para ir un solo paso más allá, como hizo Proust, se necesita un esfuerzo descomunal y el sacrificio de toda una vida. Actúa la ley de los rendimientos decrecientes, por la que el innovador cubre casi todo el campo en el gesto inicial, y les deja a sus sucesores un espacio cada vez más reducido y en el que es más difícil avanzar.
Una vez constituido el novelista profesional, las alternativas son dos, igualmente melancólicas: seguir escribiendo las viejas novelas, en escenarios actualizados; o intentar heroicamente avanzar un paso o dos más. Esta última posibilidad se revela un callejón sin salida, en pocos años: mientras Balzac escribió cincuenta novelas, y le sobró tiempo para vivir, Flaubert escribió cinco, desangrándose, Joyce escribió dos, Proust una sola. Y fue un trabajo que invadió la vida, la absorbió, como un hiperprofesionalismo inhumano. Es que ser profesional de la literatura fue un estado momentáneo y precario, que sólo pudo funcionar en determinado momento histórico; yo diría que sólo pudo funcionar como promesa, en el proceso de constituirse; cuando cristalizó, ya fue hora de buscar otra cosa.

sigue acá.

Diario de un televidente

From:J
To: L
Sent: Monday, April 04, 2005 1:56 PM
Subject: diario de un televidente


quizas sólo vos puedas disfrutar de estos dos pésimos programas.
uno es el diario de una princesa, love is in the heir. con una tal anne claire. tiene que triunfar como cantante, conseguir un trabajo o casarse con un príncipe para que su padre la siga manteniendo (por E enterteiment).
el otro es 7th Heaven. o el séptimo cielo. producida por el inefable aaron spelling. cuenta las desventuras de un reverendo (que últimamente atraviesa un período de perdida fe) y su numerosa familia. lo bueno es que, sea el conflicto que sea, siempre "sale todo bien".

Galería


Ya que aquí recomiendan mi reflexión sobre los "Culos argentinos", reproduzco la foto del episodio que, de todos modos, se apreciaba mucho mejor por televisión que en esta foto.

martes, 5 de abril de 2005

Social & Familiar

El viernes empezamos a festejar temprano en casa de Anselmo, el hermano de S. Yo no sabía, cuando llegué a las 22, que había muerto Alsogaray, pero los demás sí, así que ya estaban bastante entonados. Pusimos el canal de las noticias esperando la noticia de la muerte del Papa, que tardó en producirse pese a nuestro entusiasmo (después nos enteramos de que ya estaba muerto y lo estaban embalsamando). A las cinco de la mañana abandonamos la vigilia para dormir un rato y después partimos raudamente a la quinta, a cumplir con mis obligaciones familiares y a esperar allí el inevitable desenlace. Todos nuestros amigos estaban invitados a ir cuando quisieran. Y fueron llegando. Mi mamá se enojó conmigo porque para ella, Wojtyla fue un "Papa bueno". Por supuesto, cuando le pregunté en qué fundaba un juicio semejante no tuvo argumentos. De todos modos se negó a aceptar los míos. No era extraño: ella se atiende con médicos del Opus Dei. Lo extraño es que yo persistiera en tratar de convencerla de que estaba equivocada. Hicimos asado, seguimos brindando y planteando hipótesis sobre el futuro de la Iglesia (¡como si nos interesara!).
Después del mediodía llegaron Marcos y Álvaro, que estaba completamente feliz por la terminación de la agonía del Papa, a quien odiaba tanto como yo, aunque no por las mismas razones. En primer término, para él había sido un error "histórico" la negativa vaticana a canonizar a la Difunta Correa: mientras se le negara ese honor, su sed de venganza correría como un mar desbocado entre nosotros. Otro tanto podía decir de la canonización de José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, esa "secta miserable", dijo Álvaro, cuyo único propósito es reprimir las fuerzas supraterrenales y/o someterlas a la racionalidad instrumental que la Iglesia habría adoptado desde hace siglos. Como me cuesta seguir a mi vecino cuando emprende estas líneas argumentales sobre las que no tengo nada que decir, preferí seguir las viscitudes del campeonato espontáneo de truco que se había armado en otro sector de la quinta y lo dejé charlando con unas amigas de S., todas ellas salidas de un colegio de monjas y por lo tanto mucho mejor dispuestas a discutir el más allá y sus avatares que yo (que fui educado en un estricto laicismo).
Cuando a la tarde anunciaron el deceso del Sumo Pontífice, destapamos una botella de champagne que reservábamos desde hace meses para la ocasión. La gente empezó a irse a otras fiestas (aparentemente hubo muchas el pasado fin de semana y todas por la misma razón). Marcos y Álvaro se quedaron hasta después de la cena. La conversación se volvió más íntima y obtuvimos detalles sobre el grado de parentesco que entre ellos había, el modo en que se encontraron en el vértigo de sus respectivas orfandades y la relación que ahora los une. No volví a verlos desde entonces, lo que en cierto punto es una suerte porque me permite poner al día la historia que los tiene por protagonistas.
Volvimos el domingo al mediodía a Buenos Aires porque S. tenía que terminar unos trabajos fotográficos para el lunes a primera hora. Yo me sumergí en Internet para cotejar algunos datos de los muchos que había anotado en mi libreta. Después vimos por televisión la macabra transacción que había realizado el Vaticano para exhibir el cadáver del momento durante una semana. Y escuchamos el reclamo de Polonia: ellos quieren que, al menos, les manden el corazón para conservarlo como reliquia en la catedral de Cracovia.
Seguramente el cónclave de purpurados, entre otras cuestiones, se encargará de tasar las diferentes vísceras del cadáver de Wojtyla para ver a dónde van a parar. No me extrañaría que alguna de ellas apareciera, en cualquier momento, en ebay.

Bajo la cruz del sur

Hace un par de semanas almorzamos con una vieja amiga mía a quien hacía tiempo que no veía. Me contó sus nuevos proyectos, que involucran una de sus más envidiables posesiones: una de las cúpulas del Pasaje Barolo. Hace unos años, porque se había desocupado la unidad que entonces alquilaba a una ONG, y como sabía que yo quería mudarme a Montserrat, me ofreció que me fuera a vivir al Barolo, que es prácticamente el corazón del barrio. El lugar era absolutamente ideal para mí (mucho más que el Kavanagh, que también me gusta mucho), pero no pudimos cerrar la operación porque el reglamento de copropietarios en vigencia prohibe otro uso que el comercial para todas y cada una de las unidades del edificio.
Inaugurado en 1923, el Palacio Barolo (construido por el italiano Mario Palanti para Luis Barolo, un poderoso empresario textil) fue el más alto de Buenos Aires hasta la construcción del Kavanagh en 1935. Su cúpula central está a la altura de un piso 24. Posee un faro de 300.000 bujías en su cúpula principal (aunque hoy no se use, se encuentra en perfecto estado: en su momento anunció a la costa de Uruguay los resultados de la pelea Dempsey-Firpo, de la que nada sé porque no me gusta el boxeo).
El arquitecto Palanti diseñó un edificio único en el mundo (paradójicamente, porque construyó dos con similares características, con la idea rectora de que sirvieran de "columnas de Hércules" al estuario del Río de la Plata: el otro se encuentra en Montevideo y se llama Palacio Salvo). Además,
obsesionado con la obra de Dante Alighieri como estaba, su más famoso edificio está plagado de alusiones y referencias a la Divina Comedia. La planta del edificio responde a la sección áurea y al número de oro (dictado por IHVH a David). Como la Divina Comedia, el Palacio se divide en tres partes: Infierno, Purgatorio y Cielo. El faro del edificio (que representa los nueve coros angelicales) fue ubicado exactamente debajo de la constelación de la Cruz del Sur, que queda alineada con el eje del Barolo en los primeros días de junio, a las 19.45 horas. La altura del edificio es de cien metros (como cien son los cantos de la Divina Comedia).
En la cosmología ideada por Dante, la esfera terrestre tiene dos accidentes principales: una depresión (mejor dicho, un cono invertido: el Infierno) y una montaña en cuyas laderas se ubica el Purgatorio. El infierno se abre bajo la montaña de Sión, simétrica de la del Purgatorio. Como se sabe, el Infierno se divide en nueve círculos concéntricos (decrecientes como las gradas de un anfiteatro) en cuyo centro se encuentra Lucifer: el Barolo tiene nueve bóvedas de acceso al edificio, cada una de ellas numeradas y descriptas en latín como pasos de una iniciación. En la ladera del Purgatorio, por el contrario, hay siete laderas (que representan a los siete pecados capitales) coronadas por el Edén. La torre del Barolo se divide en siete secciones.
La mayoría de los cantos de la Divina comedia se componen de once o veintidos estrofas: los pisos del Palacio
están divididos en once módulos por frente, veintidós módulos de oficinas por bloque; la altura es de veintidós pisos: catorce de basamento, siete de torre, un faro.
Estos números representan símbolos sagrados para la naometría tradicional . 22/7 es la expresión aproximativa de la relación de la circunferencia con su diámetro; el conjunto de estos números representa el círculo, la figura más perfecta para Dante como para los pitagóricos (de ahí mi fascinación con el edificio y la alegría que me dio la mera posibilidad de habitarlo). El número veintidós representa los símbolos de los movimientos elementales de la física aristotélica. Once representa a la Fede Santa y a los templarios. 99 + 1 es la fórmula que expresa el total de los nombres de Dios (cien cantos, cien metros).
En torno a la Tierra giran nueve esferas concéntricas (los círculos de Ptolomeo). Las siete primeras son los cielos planetarios: Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter y Saturno. La octava esfera corresponde al Cielo de las estrellas fijas y la novena al Cielo Cristalino, rodeando por el Empíreo. El cielo de la Tiera (que oscila como un péndulo) se organiza alrededor de La Cruz del Sur (Purgatorio, 1:22:27)
Desde mediados del siglo XIX, el revival gótico engendró un vasto repertorio de formas neomedievales (El señor de los anillos, etc.). En arquitectura, el espíritu gótico influyó a Morris, Gropius, Wright, Gaudí, Palanti). Al mismo tiempo que buscas místicas, el renacimiento del gótico (filtrado por la imaginación tardorromántica) determinó la formación de sociedades más o menos secretas (los prerrafaelistas ingleses, la comunidad del desierto de Wright, los rosacruces de Pélada, la Bauhaus, la Fede Santa de Palanti). Para estos arquitectos utopistas, sus edificios materializaban la hermandad del hombre (articulada en las fraternidades y sociedades secretas). Palanti se formó en Brera (Milán), bajo el influjo de neogótico orientalizante. Llegó a Buenos Aires en 1909. Trabajó con el arquitecto Prins en el edificio neogótico que es hoy la Facultad de Ingeniería de la UBA (edificio que, por errores en los cálculos estructurales, no pudo ser completado). Diseñó una gran cantidad de templos (a la voluntad, al héroe latino, etc.).
Su obsesión con Dante nunca fue mayor que en Buenos Aires, ciudad permanentemente alumbrada por la Cruz del Sur. Como él mismo, Dante había formado parte de la Fede Santa, una logia medieval que sobrevive hasta nuestros días.
De modo que cuando Palanti llegó a Buenos Aires para diseñar el Pabellón Italiano de la Exposición del Centenario de la Revolución de Mayo creyó estar bajo el llamado de un impulso contructivista y sobrenatural: crear un templo bajo la Cruz del Sur, que representara el eje ascencional de las almas, un templo que celebrara el VI Centenario de la "revelación de Dante" y en el cual (él quería) deberían descansar sus restos.
Tuvo que esperar a la aparición de Luis Barolo (empresario textil, también italiano, que había llegado a Buenos Aires en 1890) para poder concretar su proyecto.
Palanti convenció a Barolo de que, como las catedrales góticas (la puerta de la Catedral de París es una iniciación a la alquimia; la de Chartres, un manual astrológico), cada elemento del Palacio debería traducir el cosmos (al menos, tal como podía leersela en la Divina Comedia). En esto, Palanti coincidió con sus contemporáneos Gaudí, Rudolf Steiner, Vladimir Tatlin.
Que el Pasaje Barolo fue concebido como un templo es algo que se lee en las inscripciones que adornan su techo: "Ut portet nomen eius coram gentibus" (Para que lleve su nombre ante los gentiles) hace referencia al templo de Salomón, modelo de toda la arquitectura templaria del cristianismo, el Islam y los hebreos.
El objetivo de Palanti era donar (a una ciudad fundada como Santa María del Buen Ayre), una "obra marial" que reunificara las dos partes del nombre de Dios, bajo la Cruz del Sur (según los planos de Dante). Esa re-unión de cielo y tierra (de la carne y el espíritu enloquecido) aparece representada en la bóveda del edificio con dos dragones (uno macho y otro hembra) que son, además, principios alquímicos (las serpientes que los egipcios pintaron mordiéndose la cola, en círculos, porque no había ni principio ni final, las dos serpientes enviadas por Juno, las dos serpientes del caduceo de Mercurio o Hermes, el precursor de los círculos herméticos).
Barolo murió cerca de la fecha de inauguración del edificio. Palanti volvió a Italia a fines de la década del 20. Proyectó la Mole Littoria (un gigantesco rascacielos celebratorio del fascismo, que no llegó a construirse pese a la aprobación de Mussolini). Con el tiempo abandonó la arquitectura, que había tomado derroteros que no lo incluían.
Sandra, mi amiga, conserva una de las torretas de su propiedad tal como la compró: todo el perímetro rodeado de espejos.

lunes, 4 de abril de 2005

Cerca de la revolución

Recuerdos de Naboo

Por D. L. Conozco argentinos mayores de 30 años que tienen (qué digo tienen: atesoran) los muñecos de La guerra de las galaxias y la nave de Han Solo, el Halcón Milenario. Siempre me había parecido un hábito irritante de norteamericanos de provincia con la cabeza quemada, hasta que un día mi hijo, que por ese entonces había recibido de regalo un Ford Falcon rojo modelo 82 completamente destartalado, lo llamó Millenium Falcon (antes de que se lo robaran).
Yo mismo, durante 2003 tuve la suerte de ir a parar a una residencia en Italia. Desde la ventana del baño podía ver la Villa Balbianello, donde se filmaron los momentos románticos entre Amidala y Anakin en Episodio II (la casa paterna de Padme). A los amigos les decíamos que vivíamos en Naboo. Visité la Villa transido por la emoción y a pesar de que sabía que tenía que caminar como 10 kms. para llegar a la entrada (lo que no sabía es que hay un servicio de taxis acuáticos que llega hasta el muelle donde desembarca la parejita de muñecos de torta de bodas). Comprendí el gusto bizantino de Padme y su incapacidad para juzgar el carácter de los hombres. Me tomé fotos que imitan fotogramas de El ataque de los clones.
Hoy, en mi balcón hay un "venerable Joda" de yeso, perdido como corresponde entre el follaje de las plantas de maceta que constituyen su ecología natural, tanto en el planeta Dantooine donde Luke Skywalker lo encuentra, como en mi casa). Los helechos que veo a través de la ventana de mi dormitorio son los mismos con los que Lucas construye sus selvas en los rincones más perdidos de la galaxia.

Lo quiera o no, como todos, vivo el ensueño de mi época, que es el ensueño infantil y libertario de Starwars.


El texto completo, acá y en RollingStone , 85 (Buenos Aires: abril 2005)

Galería


Guido Reni (1611, Museo del Prado).

La vergüenza no es más que el sentimiento original de tener mi ser exterior, insumido en otro ser y como tal sin defensa alguna, iluminado por la luz absoluta que emana de un puro sujeto; es la conciencia de ser irremediablemente lo que fui siempre: como "aplazamiento"; es decir, en el modo del "todavía no" o del "ya-no-más". La vergüenza pura no es sentimiento de ser tal o cual objeto reprensible; sino de ser, en general, un objeto; es decir, de reconocerme en ese ser degradado, dependiente y coagulado que soy para otro. La vergüenza es sentimiento de pecado original, de caída original, no del hecho de que yo hubiera cometido tal o cual falta; sino simplemente del hecho de que he "descendido" al mundo, en medio de las cosas y que tengo necesidad de la mediación de otro para ser lo que soy.
El pudor, y sobre todo el temor de ser sorprendido en estado de desnudez, son sólo especificaciones simbólicas de la vergüenza original: el cuerpo simboliza aquí nuestra objetividad sin defensa. Vestirse es disimular su objetividad, reclamar el derecho de ver sin ser visto; es decir, de ser sujeto puro. Por eso el símbolo bíblico de la caída, tras el pecado original, es el hecho de que Adán y Eva "se dan cuenta de que están desnudos". La reacción contra la vergüenza consistirá justamente en percibir como objeto a aquel que advierta mi propia objetividad.

Jean-Paul Sartre. El ser y la nada (tomo II).
Buenos Aires, Ibero-Americana, 1948, pág. 105

domingo, 3 de abril de 2005

Blogolandia

Yo no me atrevería a decir tanto; pero bien escrito, da gusto leerlo.

Literatura y mercado

Quienes tuvimos una dichosa infancia estructuralista (cuestión puramente generacional) sabemos que para que una estructura funcione tiene que tener movimiento.
El binarismo (la polarización) es una protoestructura precisamente porque es estática. Falta, siempre, el tercero (en cualquier semiología que se precie de tal: la de las vocales, la de los signos en Peirce, la de la subjetividad en Lacan; no quiero aburrir).
Admitamos que, en una estructura determinada (un campo literario nacional, por ejemplo), existe la posición del "escritor humanista" (es decir: el escritor formado en el ethos y los valores del humanismo tradicional) y la posición del "escritor no humanista" (es decir: el escritor no formado ni en el ethos ni en los valores de aquel humanismo; el escritor que viene de otra parte).
Eso es una proto-estructura, completamente estática: para que haya movimiento y dinamismo hay que introducir necesariamente la posición que falta (o aceptar la posición de la falta, lo que es incluso más difícil).
Sería una buena adivinanza que podríamos dejar para que la respondan las generaciones futuras de estudiantes de letras (educados vaya a saber uno en qué paradigmas, ahora que ya no doy clases): ¿qué posición hay que agregar para comprender la estructura del campo literario argentino, hoy?
Pero mejor no, porque de todos modos es obvio que hay una larga lista de escritores argentinos que no encajan en esa protoestructura (estática por binaria): ¿María Moreno? ¿Ricardo Ibarlucía? ¿Guillermo Piro? ¿Yo mismo?
La tercera posición debería ser algo así como el "escritor profesional": aquél que, formado en el ethos y los valores del humanismo tradicional, sin embargo, los subordina a la lógica de las profesiones intelectuales (el periodismo o la crítica cultural en los medios masivos de comunicación; el asesoramiento editorial o el editing para grandes grupos editoriales; la traducción; etc.).
En esos términos, lo único que hay que preguntarse es quién desempeña qué lugar en la estructura y el juego se arma solo. Pregúntenle si no es así a Claudia Acuña, la que más sabe del asunto.

Libros recibidos

Sudamericana acaba de distribuir El tiempo de una vida, que recopila escritos autobiográficos de Juan José Sebreli (Buenos Aires, 2005, 320 págs., ISBN 950.07.2616.5).
Bien sabemos que la autobiografía suele ser el género literario más penoso, aquél en el cual la "celebridad" articula su vida pretérita en pasos que, sucesivamente, lo llevaron a ocupar el lugar que ocupa. No es ese inevitable efecto del género, por lo tanto, lo que hay que reprocharle al esperadísimo libro de Sebreli, quien nos mira desde la portada con su intensidad característica (bien captada por el pincel de Guillermo Roux). ¿Un cuadro de sí como tapa?, preguntará el lector poco afecto a la autocelebración. ¿Por qué no? Es un equivalente (tal vez desmesurado, pero no exento de ironía) del más frecuente dispositivo "foto de solapa", que podríamos juzgar igualmente desagradable si no se hubiera convertido ya en una no dicha ley del libro. No eso, tampoco, lo que inquieta del libro de Sebreli.
Es, para decirlo rápidamente, su apatía en relación con lo más precioso de sí (su misma vida).
La más vibrante página de El tiempo de una vida es la reproducción de una larga carta de Carlos Correas (págs. 205-206). Lo demás es casi una crónica o el guión de un documental que la televisión del futuro hará sobre Sebreli. Que su madre fuera maestra o que su padre fuera un encubierto homosexual son hechos que ocupan el mismo espacio y se dicen con el mismo laconismo. No hay grandes alegrías ni grandes desdichas en la vida de Sebreli y todo aparece dominado por el mismo efecto: "sensaciones descoloridas, una atmósfera opaca, impersonal" (pág. 85).
Sebreli ha sido parco incluso a la hora de enriquecer el anecdotario intelectual. Cuenta que en el Edelweiss, una vez, asistió "impávido" a "una batalla campal entre David Viñas y un grupo de poetas surrealistas acólitos de Oliverio Girondo, quien debió pagar los platos rotos" (pág. 164), y nada más.
En el último libro de Sebreli, la historia del mundo, de Buenos Aires y sus barrios sólo puede contarse como el progresivo abandono del ethos pequeñoburgues y su irremediable degradación en una entidad fantasmática sólo puede entenderse como un nuevo avatar de lo siniestro).
El tiempo de una vida es uno de esos libros de lectura obligatoria y de los cuales se hablará durante mucho tiempo. Es probable que suscite polémicas. Hacia el final del libro, encontramos a Sebreli solo, en su departamento de Barrio Norte abarrotado de objetos recordatorios.

sábado, 2 de abril de 2005

Correspondencia

Les escribo para invitarlos a la presentación del nº3 de PISTILO publicación independiente de poesía que se realizará el miércoles 06 de Abril a las 19 hrs en Midland
(Thames 1514 - Palermo).
Leerán: Miguel Ángel Petrecca, Valeria Iglesias,
Cecilia Maugeri, Diego Lebedinsky y Virginia Janza.
Nos acompañarán Klemm (electro-pOp) con unas pistas súper para ambientar.
Los espero!
Luisa Fernanda Lindo.

Mercadotecnia barata


1
(1)PermuVentas Clasificados1158(-19)

2
(2)Linkillo (cosas mías)1009(+473)

3
(3)Wimbledon317(-19)

A las visitas ilustres hay que tratarlas tan bien como a las demás, para que vuelvan regularmente. El problema, como siempre, son los diarios: el domingo 27 este blog y el de Guillermo aparecieron citados en Página/12, lo que multiplicó las visitas, que ese día llegaron, en mi caso, a la inusual cifra (por ser un domingo) de 432. Mayor escándalo provocó la citación que de este blog hizo La Nación el martes 29: los contadores se dispararon hasta las cifras que acá se exponen (más del doble de las que veníamos teniendo). Desdichadamente no alcanzaron para destronar a "Permuventas" de su trono ganado a fuerza de toma y daca. Pero sí para que los demás contadores gratuitos se negaran a seguir trabajando en esas condiciones: Shiny no para de avisarme desde entonces que tengo que "hacer un upgrade" (es decir, que tengo que pagar), porque ellos seguramente piensan que yo debo de estar vendiendo sexo o drogas para que algo así suceda. De modo que muchas de las visitas de los últimos días no fueron incorporadas a los totales que informan (Le pregunté a S. si le parecía bien que pagara 80 euros por año por un contador "Pro" y me dijo que de ninguna manera. "Que la mercadotecnia te la haga Fogwill", agregó). Veremos si da para tanto. Peor para ellos. A todos los nuevos lectores traídos por los diarios: aún cuando hablemos de otras cosas y en otro tono al que están acostumbrados: síentanse como en su casa.

La persona más buscada
en mi blog durante marzo fue Gabriela Bejerman, quien afortunadamente desplazó a las estrellitas de la televisión mexicana (esperemos que para siempre, como para que pueda olvidarme de mi pretérito error). Los fans de Mario Vázquez desaparecerán de la faz de la tierra de modo que no vale la pena tenerlos en cuenta (a diferencia de los culos, cuyo estrellato en los buscadores no amaina un ápice, para mi felicidad).
He aprendido de Oliverio Coelho una lección invalorable: para no alimentar el narcisismo de las personas que no queremos, conviene tratarlas con un seudónimo porque de esa manera engañamos a los buscadores. De paso, potenciamos el carácter crítico-paranoico de las buscas con un poco de delirio adicional.

viernes, 1 de abril de 2005

Obituario de Karol Wojtyla

A raiz de los acontecimientos que son de dominio público (según Reuters y ANSA, el Papa ya crepó), republicamos el Obituario escrito por Fernando Vallejo, quien vendrá por estos días a Buenos Aires.

Obituario de Karol Wojtyla

Por Fernando Vallejo
(publicado por la revista SoHo en la sección Obituarios anticipados)

Pasó por esta vida mintiendo y predicando su mentira. Como el fundador de su religión inicua, no tuvo una palabra de amor por los animales. Ni una sola vez levantó su voz para defender a las ballenas que sus congéneres matan con arpones, ni a las focas que exterminan a garrotazos, ni a las vacas que acuchillan en los mataderos como acuchillan a los marranos en las fincas de Colombia la asesina y la borracha para celebrar en las navidades la venida al mundo del Niño Dios.
No le dio el alma para sentir el dolor de su otro prójimo, el más humilde y más abandonado. En un planeta superpoblado, cuyos ríos son cloacas y cuyo mar se está muriendo, se opuso al control natal. Viajó por África negra devastada por el sida predicando contra el uso del condón y a América vino a lo mismo, arrogándose por todas partes el título de defensor de los que aún no han nacido como si ellos se lo hubieran dado desde su nada.

El texto completo, acá.

Blogolandia

¡Ahora nos acordamos, S. y yo, de dónde lo teníamos visto a Oliverio! ¡No era del gimnasio!: "Nos detenemos en el sauna A Full, entramos..."

Correspondencia

Ma è che il mio pensiero è a Roma. Non posso fare nulla. La vita del Santo Padre si spegne così rapidamente e noi qui....Ah, Madonna santa! Cosa sará di noi? Cosa faremmo orfani di tutto...?
Pensatelo: l´Opus Dei sceglie il sucessore. E mette il Baseotto, Caseotto, Caserotto o come si chiame como capo della chiesa in Argentina. Il peggio è che, come diceva il mio babbo, tras mim virá que bom ti fará. Lo diceva in galego non come quella catalana del Navarro Valls que dopo 20 anni al Vaticano non ha capito que l´articolo in italiano è il e non el...Lui parla spagnolo e basta. Probabilmente la caccia ai soldati svizzeri non gli ha lasciato l´oportunità di imparare la lingua dei Cesari. Voi andate ai funerali? Portate il Rosario che vi ha lasciato madre Teresa di Calcutà (Voi sapevate che in Havana c´è una statua del santo padre e un´altra di madre Teresa?. Cosi carini... Manca soltanto Lady Di). Siamo tutti bene. E la Merello, piange in quest´ora di dolore? Sorelle, coraggio. R.

Contemporáneos

Hace meses que estoy obsesionado con dos experiencias estéticas que no puedo sacarme de la cabeza y que en algún sentido son contradictorias. La primera es la música dodecafónica, que no me interesa pero que me he impuesto conocer para entender mejor Doktor Faustus, la novela de Thomas Mann en la que un músico inventa el sonido del infierno después de haber hecho un pacto con el Diablo. La segunda es el Pequeño Vidrio de Duchamp. He leído y releído hasta la memorización el cablegrama que mandó desde Buenos Aires explicando la obra planeada. He llegado a aceptar que el "buen uso" del que habla Duchamp debe entenderse en relación con la posibilidad de ver lo invisible (el reverso exacto de las ilusiones que practican nuestros vecinos de enfrente).
Para Raúl, se trata de lo mismo y por eso postula que el Pequeño Vidrio y las estereoscopías son el testimonio de Duchamp sobre la Semana Trágica, durante la cual vivió en Buenos Aires. Duchamp hace la experiencia de la Semana Trágica (y al hacerla, inventa el arte).
Pero también me doy cuenta de que lo que leo y lo que me inquieta de ese texto (aunque no sería capaz de explicar cómo ni por qué) es la noción de comunidad (imposible) (no tanto como la entiende Bataille sino en la línea de lo que plantean Barthes o Eribon).
En algún sentido, Marcel Duchamp, Álvaro Yunque y Héctor Pedro Blomberg fueron contemporáneos (en otros muchos, no): habitaron, incluso, nuestro barrio y caminaron por las mismas calles. Nos consta que Yunque habló con algunas personas con las que nosotros hemos hablado últimamente. ¿Somos, todos nosotros, contemporáneos? ¿En qué sentido?
Diego de Palermo sostiene que "Link llena con pop aquello que Álvaro Yunque llenó de marxismo ingenuo" y por un instante tiemblo porque me doy cuenta de que no se equivoca: lo que yo creo estar viendo, extático, cada vez con más nitidez, es un aleph pop.
No es extraño que se trate del pop, precisamente porque Duchamp es el que suministra el aparato óptico que me permite mirar a través de "varios cristales" de "diferentes dimensiones". Y tampoco es extraño que se trate del aleph: Borges ubicó ese "artefacto" (en el cual todo lo que existe aparece reunido sin mezclarse) aquí cerca, en Barracas, a pocos pasos de la Casa Cuna (antigua Casa de Expósitos), en la avenida Juan de Garay, la institución en la que Álvaro Bustos, el "primo" de Marquitos, pasó años de su vida investigando los archivos para encontrar precisamente a esa rama perdida de su familia. "Todavía", cuentan los historiadores, "llegan a Casa Cuna personas que buscan sus orígenes biológicos y procuran recuperar sus referencias familiares, pues ellos o algunos de sus antepasados fueron expósitos de la Casa; afortunadamente en no pocas ocasiones se los puede ayudar".
Es el mismo barrio donde también quedaba la pulpería de Ramona Bustos, la antepasada de Marcos, y donde (en la calle Río Cuarto, cerca de la avenida Montes de Oca) vivió Alejandra Vidal Olmos, última brizna alucinada de una familia patricia devastada por la endogamia y la locura.
Barracas, si se quiere, fue la sede de un aleph. Hoy es nuestro barrio, Montserrat, el que esconde otro en sus entrañas. Y soy yo, ayudado por los aparatos ópticos que soñó Duchamp entre nosotros, el que quiere sacarlo a la luz, mostrarlo al mundo.

Diego de Palermo se equivoca, sin embargo, cuando dice que
a quien realmente admiro y temo es al grupo Florida. A quien realmente he empezado a temer (hasta la pesadilla ocasional), después de mis iniciales sospechas y resquemores, es a Álvaro Bustos, porque conozco la dirección de sus investigaciones esotéricas y arqueológicas. Y digo "la dirección" porque precisamente lo que se me escapa (todavía) es el "dibujo plano". Lo que alcanzo a ver es una línea "quebrada" y no encuentro el punto de vista que aclare la imagen que el "visor" me ofrece (ni siquiera sé si alguna vez podré lograrlo).
Hasta ahora lo que sé es que Álvaro Yunque y Héctor Pedro Blomberg se conocieron personalmente. También ellos fueron testigos de la Semana Trágica y en su momento denunciaron la represión a cuya cabeza se puso el infame coronel Falcón: "Yo vi la Avenida de Mayo teñida de rojo", escribió Yunque, cuya casa familiar visitaba con frecuencia el autor de "La pulpera de Santa Lucía" y de libros como Bajo la cruz del sur (1928).
También sé (porque lo vi) que Álvaro Bustos tiene en su estudio y laboratorio esotérico un esquema gigante del centro de la ciudad de Buenos Aires en el que aparecen nítidamente marcados con líneas de diferentes colores algunos de los túneles de Montserrat de cuyo catastro participó el padre de Blomberg. Según Álvaro, esos documentos (y otros tantos que integran un voluminoso cartapacio) le fueron legados por el mismísimo ingeniero Krieger, quien a su vez los había recibido del arquitecto Víctor Greslebin como parte de un pacto que incluyó la promesa de secreto para siempre. Álvaro juró idéntico silencio a quien fuera su tutor, Krieger (que tanta gratitud le profesara me impidió preguntarle el grado de parentesco de su "padrastro" con el economista Adalbert Krieger Vasena, el ministro de Onganía).
Entre los tramos de túneles que logré identificar en una apurada y (debo confesarlo) no autorizada
exploración, había uno que unía los sótanos de la sede central del Partido Comunista con la casa familiar de los Yunque, de donde además partía una doble línea roja que atravesaba diagonalmente Montserrat hasta su mismo corazón, Avenida de Mayo y Santiago del Estero (creo, estoy casi seguro): una línea que corría a pocos pasos de la casa natal de Héctor Pedro Blomberg.