
presentación del libro ganador del
Concurso Literario El banquete 2011

el día 4 de noviembre a las 20 hs.
Presentan:
Gabriela Milone y Pablo Natale
Toca en vivo:
Fran Kreiman
Capilla del Paseo Buen Pastor
Por Daniel Link para Perfil
Conviene siempre tomarse unos días antes de analizar los porcentajes electorales, porque no siempre es claro el significado de las cifras.
¿Qué significa, por ejemplo, un 9% en términos de representación parlamentaria en una elección municipal? Hay que poner en correlación ese porcentaje con el de las demás fuerzas, y medir también el crecimiento histórico.
El Piratenpartei Deutschland (Partido Pirata-Alemania) consiguió en las pasadas elecciones de septiembre 15 escaños en el parlamento berlinés, lo que lo convierte en la fuerza electoral de mayor crecimiento desde su fundación, en septiembre de 2006 (la CDU de la canciller Angela Merkel obtuvo el primer puesto con un 23% de los votos). Apenas unos votos más y los piratas alemanes habrían obtenido más puestos que los candidatos que habían presentado.
El Piratenpartei alemán siguió el modelo de sus antecedentes suecos y abrazó la misma bandera: el uso irrestricto y gratuito de contenidos en Internet. No es sólo una cuestión cultural lo que se juega en estos momentos de incertidumbre europea sino, sobre todo, un modelo de gestión (democrática a rajatabla): “Es posible conducir la política de forma transparente. La política tradicional es un secreto, un área de «paso restringido». Las reuniones se llevan a cabo a puerta cerrada, las agendas y los protocolos no son abiertos, los tratados no son publicados”, declaró Sebastian Nerz, líder de los piratas alemanes, apenas se conoció el triunfo y anticipó que su partido ya está trabajando para la abolición de patentes y para limitar la expansión del control que ejercen las agrupaciones de gestión de derechos de autor.
Con Berlín, suman ya 22 las ciudades alemanas que tienen en sus cámaras legislativas representantes del Partido Pirata, que en las encuestas preelectorales a nivel nacional ha alcanzado el diez por ciento de intención de voto. Si las elecciones federales fueran hoy, el Piratenpartei estaría en condiciones de convertirse en la tercera fuerza política a nivel nacional.
Felicitamos a los compañeros del Piratenpartei por su campaña electoral, y a los triunfadores en otras elecciones que compartan sus ideales.


Anticlimax electoral
Por Daniel Link para Perfil
Escribo esto un 17 de octubre, día conocido tradicionalmente en la Argentina como San Perón o como Día de la Lealtad, porque conmemora el 17 de octubre de 1945, cuando una gran movilización obrera y sindical, capitaneada por Eva Duarte (“Evita capitana”) demandó la liberación del coronel Juan Domingo Perón, entonces a cargo de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, fundando las bases de ese enigma político, el peronismo. La historia posterior es conocida (incluso demasiado conocida).
En su columna de hoy en el diario Página/12, Eduardo Aliverti se refiere a “este clima electoral manso, anodino, del que apenas hay registro por unos spots de campaña espantosos”. No se equivoca Aliverti. Yo mismo acabo de volver de un viaje largo de trabajo y, contra toda prevención, me encuentro con una ciudad tranquila y hasta indiferente en relación con esos dos traumas: las elecciones presidenciales (más o menos definidas desde las Primarias de agosto) y San Perón.
Esta mañana no me despertaron los bombos y escribo estas líneas en un silencio que podría pensarse como la paz de los cementerios o el silencio que precede a la tormenta. Pienso, más, bien, que se trata del silencio de una agonía y un parto superpuestos: algo no termina de morir y algo no ha nacido todavía.
Analistas políticos de otros diarios suponen que el oficialismo pretende reservar todo su poder de convocatoria para fechas más importantes: el 23 a la noche, cuando se festeje la indudable reelección de la Sra. Fernández por mayoría aplastante, y el 27 de octubre, cuando se recordará al Sr. Néstor Kirchner, en el primer aniversario de su paso a la inmortalidad.
Sabido es que a la Sra. Fernández jamás se la ha escuchado cantar la marcha peronista y que muy a regañadientes ha realizado la v de la victoria con sus dedos. Esa repugnancia al folclore peronista parece haber culminado en este 17 de octubre mudo, donde queda claro que el peronismo (sus actores, su misterio) está dejando paso a una nueva forma de soberanía, de hegemonía cultural y de imaginación política.
La alguna vez voz dominante de la oposición, la Sra. Elisa Carrió, desencantada con el rumbo que toma la cultura política en la Reina del Plata, declaró, con un humor infantil que no se condice con ninguna forma de inteligencia: "Me voy a vivir a una chacra, no soy como Cristina y sus palacios". La frase está calcada de la que pronuncia uno de los personajes de Fin de fiesta (1958), la novela de Beatriz Guido (“Si viene el comunismo, me voy a la estancia hasta que se les pase”).
A diferencia de lo que podría esperar aquel personaje de ficción, es muy probable que los cambios políticos de los últimos años no se reviertan como para que la Sra. Carrió deba renunciar a su retiro chacarero.
En Argentina, curiosamente, ser hoy moderno es adherir al kirchnerismo en algunas de sus variantes, y aparentemente el electorado lo demostrará el próximo domingo con porcentajes que competirán con los de la fórmula Perón-Perón en 1973.
por Daniel Link para Qué pasa
Escribo esto un 17 de octubre, día conocido tradicionalmente en la Argentina como San Perón o como Día de la Lealtad, porque conmemora el 17 de octubre de 1945, cuando una gran movilización obrera y sindical, capitaneada por Eva Duarte (“Evita capitana”) demandó la liberación del coronel Juan Domingo Perón, entonces a cargo de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, fundando las bases de ese enigma político, el peronismo. La historia posterior es conocida (incluso demasiado conocida). La reforma estatal, la censura de prensa, los bombardeos a Plaza Mayo, el golpe de 1955, la masacre de José Leon Suárez, de la cual fueron víctimas miembros de la resistencia peronista, la sucesión de gobiernos democráticos débiles y dictaduras cada vez más asesinas, el retorno del peronismo al gobierno en 1973, la interna peronista (Montoneros vs. Triple A) acelerando la marcha de los tiempos, el golpe de 1976 y su política totalmente asesina y totalmente suicida y la restauración democrática de 1983, cuando el peronismo no resultó vencedor y tuvo que abrazar la causa del neoliberalismo para poder gobernar durante diez largos años y comenzar un largo proceso de autodestrucción que recién ahora parece cumplirse.
Es la primera vez (en democracia) que el peronismo no se juntará para celebrar el Día de la Lealtad, dado que sus principales representantes son candidatos en las futuras elecciones (como oficialismo o como oposición) y rige ya la veda electoral. Además, son tantas las facciones en que el movimiento se ha dividido que sería difícil aunar muchedumbres sin estrépito.
La Presidencia de la Nación dio orden a los sectores vinculados con el kirchnerismo para que se abstuvieran de participar de cualquier acto conmemorativo. El gobernador de la poderosa provincia de Buenos Aires (candidato a la reelección) suspendió el acto que él mismo había programado. Lo mismo se vieron forzados a hacer los intendentes del conurbano.
En su columna de hoy en el diario Página/12, Eduardo Aliverti se refiere a “este clima electoral manso, anodino, del que apenas hay registro por unos spots de campaña espantosos”. No se equivoca Aliverti. Yo mismo acabo de volver de un viaje largo de trabajo y, contra toda prevención, me encuentro con una ciudad tranquila y hasta indiferente en relación con esos dos traumas: las elecciones presidenciales (más o menos definidas desde las Primarias de agosto) y San Perón. Esta mañana no me despertaron los bombos y escribo estas líneas en un silencio que podría pensarse como la paz de los cementerios o el silencio que precede a la tormenta. Pienso, más, bien, que se trata del silencio de una agonía y un parto superpuestos: algo no termina de morir y algo no ha nacido todavía.
Analistas políticos de otros diarios suponen que el oficialismo pretende reservar todo su poder de convocatoria para fechas más importantes: el 23 a la noche, cuando se festeje la indudable reelección de la Sra. Fernández por mayoría aplastante, y el 27 de octubre, cuando se recordará al Sr. Néstor Kirchner, en el primer aniversario de su paso a la inmortalidad.
De modo que si uno tuviera que situar el clima manso y anodino que vive la Argentina en relación con un proceso cultural de vasto alcance, lo que habría que señalar en primer término es esa transformación de la cultura política sin precedentes que ha impuesto el kirchnerismo, en primer término, y el cristinismo, en última instancia, al conjunto de saberes, expectativas, sueños, terrores, rituales y figuras del imaginario político argentino o, lo que es lo mismo, del imaginario peronista, que dominó la escena política con holgura hasta este mes aciago.
Sabido es que a la Sra. Fernández jamás se la ha escuchado cantar la marcha peronista y que muy a regañadientes ha realizado la v de la victoria con sus dedos. Esa repugnancia al folclore peronista parece haber culminado en este 17 de octubre mudo, donde queda claro que el peronismo (sus actores, su misterio) está dejando paso a una nueva forma de soberanía, de hegemonía cultural y de gestión de lo público.
La alguna vez líder de la oposición, la Sra. Elisa Carrió, desencantada con el rumbo que toma la cultura política en la Reina del Plata, declaró, con un humor infantil que no se condice con ninguna forma de inteligencia: "Me voy a vivir a una chacra, no soy como Cristina y sus palacios". La frase está calcada de la que pronuncia uno de los personajes de Fin de fiesta (1958), la novela de Beatriz Guido (“Si viene el comunismo, me voy a la estancia hasta que se les pase”).
A diferencia de lo que podría esperar aquel personaje de ficción, es muy probable que los cambios políticos de los últimos años no se reviertan como para que la Sra. Carrió deba renunciar a su destierro chacarero.
El kirchnerismo está lejos de ser un modelo de transparencia o de prolijidad política, y el cristinismo es tanto o más personalista que las versiones anteriores de caudillismo peronista. La suspicacia de la Sra. Fernández y sus colaboradores respecto del entramado peronista-sindical y la red de gobernadores e intendentes que sostuvieron siempre el poder territorial del peronismo (la imposibilidad entre estética y ética que han manifestado a la hora de tener que negociar con esas fuerzas políticas de mil cabezas) es evidente para seguidores y detractores. Pero no es la relación de fastidio que uno puede sentir ante determinados estilos de la escena pública (“¡no negocian nada!”) lo que cuenta (los “estilos”, en definitiva, son inevaluables), sino la capacidad discursiva para sostenerse a sí mismo del oficialismo (eso que se llama “kirchnerismo” o “cristinismo”) lo que impresiona a propios y ajenos.
En sus momentos más críticos (la discusión sobre las retenciones agropecuarias que enfrentó un país con otro; la derrota electoral de medio término; la crisis del Banco Central) el oficialismo encontró la fuerza y la imaginación para transformar las condiciones políticas de su acción de gobierno y de la práctica política. Recurrió a todas las armas a su alcance, incluidas las menos agradables para sus enemigos (la dimensión y la insistencia muchas veces delirante con la que se definió “el enemigo” será un capítulo de la historia política argentina del siglo XXI). Uno de los programas más comentados (aunque no muy visto) de la Televisión Pública, la pata central del aparato de propaganda oficialista, impuso la idea de una vasta conspiración (ortográfica) entre Cobos (el vicepresidente aliado hasta el conflicto con el campo), Carrió (la líder de la oposición) y Clarín (el diario emblema del grupo multimediático que había sostenido la gestión del Sr. Kirchner hasta una pelea cuyo núcleo más problemático probablemente se nos esconda para siempre). C-C-C era, como cualquiera puede darse cuenta, lo anti-K.
Llevada a ese límite semiótico, la discusión política se volvió intransitable durante los primeros meses de 2011, hasta que la victoria del oficialismo en las Primarias de agosto demostró lo que para cualquier observador con una mediana sensibilidad era evidente desde la prematura muerte del Sr. Néstor Kirchner: la potencia de arrastre ahora irrefrenable de su viuda en relación con las intenciones de voto, subrayada mediante un uso habilísimo de las últimas tecnologías (twitter, facebook, la blogosfera). Los medios, que interpretaron bien ese desprecio hacia ellos como articuladores de la opinión pública, reaccionaron con una violencia que les fue devuelta moneda por moneda, en una espiral que alguien pudo parecer signficativa pero que no tuvo demasiadas consecuencias: las audiencias siguen mirando Canal 13 y TN y comprando Clarín y, al mismo tiempo, votando por el oficialismo y, al mismo tiempo, en Buenos Aires, por su rival municipal, el Sr. Macri).
Es muy probable que esa contradicción en sus términos tenga que ver con el carácter liminar de nuestro tiempo (el tránsito del peronismo al kirchnerismo-cristinismo).
No muchos analistas han interpretado correctamente el juvenilismo discursivo del oficialismo. El nuevo funcionariado ejecutivo y legislativo proviene de esa inclinación fundamental, cuya forma institucional es la agrupación oficialista “La Cámpora”, en homenaje al presidente Héctor Cámpora, quien gobernó el país durante menos de dos meses durante 1973, antes de entregar el poder a Raúl Alberto Lastiri (yerno de José López Rega, el fundador del grupo paramilitar Alianza Anticomunista Argentina, la tristemente célebre Triple A), antes de la tercera presidencia de Perón.
No es tanto que el oficialismo use a los (sedicentes) militantes de “La Cámpora” y sus simpatizantes como coraza sino que, al hacerlo, declara no aceptar (o no considerar suficiente) los vetustos aparatos sindical y municipal en los que el peronismo fundó su poderío. El kirchnerismo-cristinismo enfrenta al peronismo (su único rival verdadero) mediante un red infinitamente más compleja de cibercomunicaciones.
Entre los sectores ilustrados, gran parte del éxito del oficialismo (que es la simpatía política “por defecto”, una adhesión escasísima que en Argentina no sucedía desde los primeros tiempos de la recuperación democrática y que deja perplejo al analista más curtido) no radica tanto en sus políticas (que han sido legítimamente tomadas de otros programas de gobierno) ni, mucho menos, de una política prebendaria (como la oposición intenta sostener), sino en su modernidad inclaudicable.
En Argentina, curiosamente, ser hoy moderno es adherir al kirchnerismo en algunas de sus variantes, y aparentemente el electorado lo demostrará el próximo domingo con porcentajes que competirán con los de la fórmula Perón-Perón en 1973. El futuro de esa revancha electoral está todavía por verse y sería prematuro realizar conjeturas. Pero si el clima electoral se volvió, para quienes participan con mayor entusiasmo de esos rituales de la democracia representativa, en manso y anodino, sería deseable que ese mood se prolongara. La intensidad, que tanto necesitamos en el arte, en la política puede ser agobiante, como lo fue durante los últimos dos o tres años.Para adherir, acá.
EL 23 DE OCTUBRE, VOTEMOS AL FRENTE DE IZQUIERDA
POR DIPUTADOS DE IZQUIERDA Y UNA ALTERNATIVA POLÍTICA DE LOS TRABAJADORES EN TODO EL PAÍS
Los abajo firmantes llamamos a votar al Frente de Izquierda y de los Trabajadores, conformado por el Partido Obrero, el Partido de los Trabajadores Socialistas e Izquierda Socialista, que presenta la fórmula presidencial Jorge Altamira-Christian Castillo en las próximas elecciones del domingo 23 de octubre.
El Frente de Izquierda llama a desarrollar una alternativa política independiente de los trabajadores y le da una expresión política electoral a las luchas de la clase obrera y el pueblo, al sindicalismo antiburocrático que enfrenta las persecuciones del gobierno y de la burocracia sindical, a las luchas contra el trabajo en negro y la tercerización, y por el 82% móvil para los jubilados, al reclamo por el castigo de los asesinos de Mariano Ferreyra, a las luchas contra el vaciamiento de la educación, contra la opresión nacional por parte de las naciones imperialistas, contra los monopolios que destruyen el medio ambiente y contra todos los agravios e injusticias que cotidianamente sufre nuestro pueblo trabajador. Con más de 500 mil votos el 14 de agosto, el Frente de Izquierda logró superar el piso proscriptivo impuesto por las primarias: este 23 de octubre se plantea el desafío de obtener el ingreso de diputados obreros y socialistas al Congreso Nacional. Frente a la crisis de las fuerzas de la oposición patronal derechista y la centroizquierda de Binner y Juez, que gobierna para el capital sojero y las grandes automotrices, una bancada del Frente de Izquierda rompería el monólogo de los partidos capitalistas en el Congreso, favoreciendo el desarrollo de una oposición de izquierda al gobierno kirchnerista. Una bancada del Frente de Izquierda será un gran punto de apoyo para denunciar y fortalecer la lucha en las calles contra los intentos de descargar los efectos de la crisis capitalista sobre los trabajadores y el pueblo pobre. Por estas razones, los abajo firmantes, intelectuales, profesores, trabajadores de la educación, el arte y la cultura, llamamos a apoyar y a desarrollar al Frente de Izquierda, para que las banderas históricas de la izquierda y del socialismo se transformen en una alternativa política para millones de trabajadores.
Primeras firmas: Eduardo Grüner (FFyL-FSOC, UBA), Jorge Panesi (FFyL, UBA), Juan Luis Hernández (FFyL, UBA), Pompeyo Audivert (actor y director teatral), Andrés Mangone (actor y director teatral), Hernán Camarero (FFyL-FSOC, UBA), Alabarces, Pablo (FSOC, UBA y CONICET), Claudio Katz (FFyL-FSOC, UBA), Eduardo Lucita (EDI), Enrique Carpintero (Topía), Pablo Pozzi (FFyL, UBA), José Gabriel Vazeilles (FFyL, UBA), Pablo Bonavena (FSOC, UBA-CS,UNLP), José C. Villarruel (FSOC-FFyL, UBA), Guillermo Gigliani (UBA), Alberto Bonnet (docente e investigador UBA y UNQ), Alejandro Schneider (FFyL, UBA), Carlos Mangone (FSOC, UBA), Luis Bonomi (abogado DDHH-CeProDH), Jorge Warley (FFyL, UBA), Gastón Caligaris (FSOC-UBA), Hernán Díaz (CBC-UBA), Matías Eskenazi (CONICET-UNQ-UADER), Agustin Santella (FSOC, UBA), Paula Varela (FSOC, UBA-CONICET), Cristian Aquino (FSOC, UBA), Néstor Correa (FSOC, UBA), Laura Meyer (FSOC, UBA), Graciela Molle (CBC, UBA), Eduardo Mileo (escritor), Axel Frydman (periodista), Nicolás Ciancaglini (FCEyN-CBC, UBA), Mariano Merzbacher (FCEyN , UBA), Alejandro Margetic (FSOC, UBA), Analía Reale (FSOC, UBA), Susana Aime (JVG), Ariane Díaz (IPS Karl Marx), Ivana Dal Bianco (abogada DDHH-CeProDH), Nicolás Ciancaglini (FCEyN-CBC, UBA), Mariano Merzbacher (FCEyN, UBA), Paula Ferreyra (FSOC, UBA), María Bruni (FSOC, UBA), Silvia Fuentes (FSOC, UBA), Graciela Pampín (FEC, UBA-JVG), Laura Caruso (FFyL, UBA), Yamila Heram (FSOC, UBA), Daniel Salerno (FSOC, UBA), Antonio Rosselló (UBA), Ariel Eidelman (FFyL-CBC, UBA), Damián Melcer (FSOC, UBA), Alejandra Glatzel (FSOC, UBA), Daniel Duarte (FFyL, UBA), Daniel Sierra (CBC, UBA), Diego Bruno (FFyL, UBA), Dionisio Cardoso (FADU, UBA), Dolores Rocca (FSOC, UBA), Fabiola Ferro (FFyL-FSOC, UBA), Julio Patricio Rovelli (IPS Karl Marx), Hernán Scorofitz (FPSICO, UBA), Ileana Celotto (FPSICO-CBC, UBA), Matías Maiello (FSOC, UBA), Pablo Anino (FSOC, UBA), Joaquín Farina (FSOC-CBC, UBA), Laura Carboni (Carlos Pellegrini), Esteban Mercatante (IPS Karl Marx), Leonardo Varela (FSOC, UBA), Mariela Díaz (FSOC, UBA-CONICET), María Sol González Chelis (FSOC, UBA), Lucas Poy (FFyL, UBA), Lucía Maffey (FCEyN, UBA), Cecilia Feijoo (FSOC-FFyL,UBA), Lucía Feijoo (FFyL,UBA), Martín Trombetta (FCE,UBA), Andrea Robles (CEIP León Trotsky), Natalia Casola (FFyL, UBA), Fernando Scolnik ((FSOC-UBA), María Chávez (CBC, UBA), Nicolás Cambón (FADU, UBA), Juan Dal Maso (IPS Karl Marx-Casa Marx), Victorio De Leonardi (realizador audiovisual-Casa Marx), Agostina L. Gieco (FSOC, UBA-CONICET), Gabriela Liszt (CEIP León Trotsky), Pablo Cámera (FFyL, UBA), Juan Duarte (FPSICO, UBA-UNLP), Pablo Heller (FSOC, UBA), Diego Lotito (IPS Karl Marx), Pablo Mauas (FCEyN, UBA), Rosa D´Alesio (FPSICO, UBA), Pablo Rabey (FFyL, UBA), Rocío Salgueiro (FSOC, UBA), Gastón Gutiérrez (IPS Karl Marx), Santiago Gándara (FSOC, UBA), Viviana Asrilant (FADU, UBA), Demian Paredes (IPS Karl Marx), Bárbara Pérez Jaime (FSOC, UBA), Eduardo Sartelli (FFyL-FSOC, UBA), Florencia Grossi (IPS Karl Marx), Marina Kabat (FFyL, UBA), Juan Kornblihtt (FFyL, UBA), Fabián Harari (FFyL, UBA), Tamara Seiffer (FSOC-UBA), Stella Grenat (FSOC, UBA), Paula Bach (IPS Karl Marx), Mariano Schlez (FFyL, UBA), Rosana López Rodrígez (FFyL, UBA), Fernando Dachevsky (FFyL, UBA), Gonzalo Sanz Cerbino (FFyL, UBA), Verónica Baudino (FFyL, UBA), Luisa Iñigo (FSOC, UBA), Diego Coppo (Carlos Pellegrini, UBA), Norberto Flexer, (CBC, UBA), Julieta Pacheco (FFyL-UBA), Ianina Harari (FFyL, UBA), Damián Bil (FFyL, UBA), Romina De Luca (FFyL, UBA), Luis Bartheborde (FSOC, UBA), Cynthia Daiban (FSOC, UBA), Clara Marticorena (FSOC, UBA), Gabriel Michelena (docente e investigador UBA), Guillermo Pajoni (abogado laboralista), Silvia Lago Martínez (FSOC, UBA), Jorge Marchini (EDI), Cristian Henkel (FSOC, UBA), Pablo Rieznik (FSOC, UBA), Silvia Rivera (FSOC-FFyL, UBA), Federico Holik (FCEyN, UBA), Luis García Fanlo (FSOC, UBA), Diego Cano (FSOC, UBA), Cesar Villena (FFyL, UBA), Paula Ferreyra (FSOC, UBA) y siguen las firmas…
Para adherir, acá.





