sábado, 5 de junio de 2010

Reforma agraria

por Daniel Link para Perfil

La Refoma Agraria peruana fue promulgada por ley por el general Juan Velasco Alvarado el 24 de junio de 1969, pero instrumentada a partir del año siguiente (entre 1969 y 1979 se expropiaron casi 16.000 fundos y más de 9 millones de hectáreas fueron adjudicadas a 370.000 beneficiarios).
Con la Reforma Agraria, el gobierno del general Juan Velasco Alvarado culminó un ciclo (iniciado en 1956, profundizado sin éxito en 1962 y 1964) que puso fin al largo período durante el cual prácticamente el 80% de la tierra estaba en manos del 0.4 % de la población (los hacendados) y los trabajadores rurales se encontraban en situación práctica de servilismo.



Aún los más cerriles críticos de la Reforma reconocen que el proceso modernizó las sociedades rurales, distribuyó ciudadanía entre los trabajadores de la tierra y terminó con un sistema ejemplarmente injusto. Aún los más entusiastas defensores de la Reforma reconocen que el proceso no revirtió radicalmente los índices de pobreza extrema del campesinado peruano ni expandió la producción agropecuaria.



Quienes ponen el acento en el bajo nivel de industrialización de la agricultura posterior a la Reforma deberían poner en la balanza la extraordinaria calidad de los alimentos así producidos, libres de las manipulaciones características de la “agroindustria”. El secreto de la afamada excelencia culinaria de Perú no es otro que alimentos (desde la alpaca y el cuis hasta los lácteos, los cereales y las frutas) que saben a lo que se supone que sean.
Quienes ponen el acento en el problema del minifundio deberían sensibilizarse a la belleza de las comunas (organizaciones de 30 o más familias de pequeños productores), en las que se decide qué sembrar y por qué.






Quienes protestan por la baja productividad de la tierra deberían contemplar esos campos hermosos, en los que se cultiva sin alambrados, separados apenas por una hilera de piedras, un canal de riego o una trenza de aloe, y recordar que el lema de la Reforma fue la frase de Túpac Amaru II: “Campesino, el patrón ya no comerá más de tu pobreza”.
Que mejoren los economistas lo que haga falta, pero cuidemos entre todos las imágenes bellas (que no nos sobran).




Fotos: Sebastián Freire


viernes, 4 de junio de 2010

Pájaro en mano

por Daniel Link para Soy

Si es una práctica lo que define la homosexualidad del varón, ¿de qué forma de identidad participarán quienes optan por la masturbación solitaria o grupal no como un sucedáneo de otra cosa sino como un fin en si mismo? ¿Es el amor al propio cuerpo, el goce de la tibieza de la propia carne la más definitiva desviación o, tal vez, la cesación del sexo como barrera entre uno y otro?


La experiencia de si
En Internet hay muchas clases de hombres. La mayoría de ellos aparentan o dicen ser jóvenes (Internet es el laberinto de las apariencias). Como en un parque temático, los enfebrecidos hombres que recorren los “salones” o las “comunidades” de Internet sólo esperan el llamado del amor: “me gustás”, dicho por alguien que nos gusta.
¿Qué los une? Una apariencia, la posibilidad de formar parte de una “comunidad imaginada”: una juventud física más o menos bien desempeñada, lo que –a su vez— es una garantía de disposición y pericia masturbatoria. Más allá de esos universales más o menos impostados en los que –a esta altura del partido— se fundan todos los códigos de comunicación electrónica, lo cierto es que en Internet hay muchas clases de hombres.

La mitad de los hombres de Internet dicen tener cuerpos espléndidos. La otra mitad, no. Más de la mitad de los hombres de Internet (muchos más) hacen gala de una dotación sexual por encima de lo normal y más de la mitad de los hombres de Internet sienten curiosidad por esas dimensiones.

La mitad de los hombres de Internet tienen facciones regulares; la otra mitad, no. Los hay de todas las nacionalidades, pero en distinta proporción, lo que habla bien del
quantum de cultura cibernética que atraviesa cada “nación”.
Como en todos los casos se trata de seres conscientes del carácter puramente convencional de la imagen que arman (¡seres hipersemióticos, tal y como la ciencia ficción había imaginado a los hombres del futuro!), el “plano” de su cuerpo a partir del cual cada hombre decide definirse (pectorales, miembro, piernas, pilosidad, altura, peso, edad, glúteos, gustos musicales y hábitos para el tiempo libre) dice bastante de la imagen que quiere ofrecer de sí y también de la imagen que espera recibir, del acuerdo necesario, por lo tanto, para que se encienda esa chispa que unirá dos conciencias durante un rato (¿la vida entera?).

Hay muchas clases de hombres en Internet. Caracterológicamente, responden a todos los arquetipos: los tiernos, los salvajes, los avaros, los salvajes, los tímidos, los dominantes, los sumisos, los generosos, los inteligentes, los desenvueltos, los tontos, los apurados, los que se toman su tiempo. ¿Qué los convoca? El deseo de escuchar o de leer las palabras “Me gustás” de labios de la persona indicada.

P
orque sos mi igual y porque me gustás valoro tu imagen (aunque sospeche que es inventada), y porque me habías mentido y creí tu mentira o tu ficción es que sos mi igual y es que me gustás. Mon semblabe, mon frère.
¿Qué sentido tendría el sexo –ahora que carece ya por completo de todo fundamento reproductivo- sino como dispositivo adecuado para encontrar esa reciprocidad del “me gustás”? ¿No es esa utopía la que sostuvo, durante siglos,
todas las aventuras amorosas? ¿Qué haremos ahora que hemos alcanzado la certeza de que ese pacto funciona en el universo del tecno-narcisismo (y acaso en ningún otro)?
El plano, la palabra, el
estilo del otro recortará aquella parte que vale por el todo: un perfil, el sentido del humor, la cultura, la brutalidad, el estereotipo o su afuera. Lo que sea que pueda gustar a quien se quiere llevar a pensar (¡que lo diga!, ¡que lo diga!): Me gustás. Me gusta eso que me mostrás, eso que me decís. Me gusta que me muestres eso. Que me muestres lo que me gusta me permite pensar que sabés algo de mí y que formamos parte de un mismo acuerdo, y que algo nos contiene, y que algo nos sostiene por encima de la violencia y la hostilidad del mundo.
Los hombres de Internet, es otra característica en común, jamás se entregarían en persona a un exhibicionismo tan intenso de sus almas desgarradas por el ansia sexual.

Todos, probablemente los jóvenes más que los maduros, buscan una
experiencia (sexual o amorosa). Necesariamente, deben buscarla en Internet, ese universo completamente imaginario (o ficcional), porque, como decía Benjamin en la década del treinta, “hoy sabemos que para efectuar la destrucción de la experiencia no se necesita en absoluto de una catástrofe y que para ello basta perfectamente con la pacífica existencia cotidiana en una gran ciudad. Pues la jornada del hombre contemporáneo ya casi no contiene nada que todavía pueda traducirse en experiencia: ni la lectura del diario, tan rica en noticias que lo contemplan desde una insalvable lejanía, ni los minutos pasados al volante de un auto en un embotellamiento; tampoco el viaje a los infiernos en los trenes del subterráneo, ni la manifestación que de improviso bloquea la calle, ni la niebla de los gases lacrimógenos que se disipa lentamente entre los edificios del centro, ni siquiera los breves disparos de un revólver retumbando en alguna parte; tampoco la cola frente a las ventanillas de una oficina o la visita al país de Jauja del supermercado, ni los momentos eternos de muda promiscuidad con desconocidos en el ascensor o en el ómnibus. El hombre moderno vuelve a la noche a su casa extenuado por un fárrago de acontecimientos –divertidos o tediosos, insólitos o comunes, atroces o placenteros– sin que ninguno de ellos se haya convertido en experiencia”.

Clases
Hay muchas clases de hombres en Internet, incluso en lo que se refiere a su identidad sexual: homosexuales, heterosexuales, bisexuales, intersexuales o transexuales. Pero llegado un cierto momento de la noche (o de la mañana, o del deseo) pareciera que esas categorías se desestabilizan por completo y una dimensión desconocida (que bien puede llamarse queer) se expande como una mancha de petróleo en los vastos mares de la soledad. El hombre (real o figurado) que ha decidido gastar su tiempo y posponer su sueño sentado frente a una pantalla en busca de un rato de placer (y el consiguiente derramamiento del propio material genético), el “cableado” que vive conectado a una computadora, tiene un antecedente obvio en el quemado de la cultura de las drogas. Postulada como adicción, la cultura de la computadora inmediatamente evoca una ética del uso (del uso de la droga, del uso de la tecnología) que amenaza las ideas corrientes de "humanidad" al proponer conexiones entre el hombre (como ser sexuado) y la máquina radicalmente nuevas.
Salvo el caso de vecinos de la misma ciudad, los usuarios de los diferentes canales saben que pueden "actuar" desde el más completo anonimato, o construir una identidad completamente ficcional. El cibersexo no es sino una forma hipersofisticada e interactiva de la masturbación: una vez aceptado el onanismo como solución sentimental, ¿por qué detenerse en la paja solitaria y no establecer círculos masturbatorios?

O, una vez aceptada la felicidad de una mano que conoce todos los secretos del propio cuerpo y que disfruta de esos contactos tanto como su dueño, ¿qué moral, qué barrera, qué limite se podría anteponer ante la proposición de reemplazar un pedazo de carne por otro?

No habiendo identidad en juego, ni realidad alguna a la cual rendir la evidencia del propio deseo, todos los juegos, todas las clases de juegos parecen ser posibles, incluso inofensivos (en el sentido de que no ofenden ninguna moral, pero también en el sentido de que no exponen a quienes lo practican a ninguna consecuencia seria).

Más que refrendar la antiquísima conclusión del Informe Kinsey (
Comportamiento sexual del hombre, 1948), según el cual el 60% de los hombres participaron al menos en una práctica homosexual después de los 16 años de edad y al menos un tercio de los hombres han alcanzado el orgasmo en prácticas homosexuales, la inconsecuencia de la paja mutua o grupal (en cuya fantasía no existen ni la estigmatización, ni la impericia, ni las enfermedades de transmisión sexual) pareciera más bien el indicio de un desmoronamiento de todo sistema de categorización, lo que se llama queer.

Sitios
La página Male Masturbation Techniques, con tono didáctico, ofrece videos de diferentes técnicas masturbatorias (muchas de ellas sorprendentes y algunas de ellas descabelladas: la vieja historia de la mosquita a la cual se le quitan las alas en la bañera llena de agua, que alimentó nuestras fantasías de infancia, sería totalmente naïf en este sitio). Muchos de los tips que se ofrecen tienen que ver con la masturbación à deux (o à trois, o à sept) y las condiciones para el éxito del ménage (cómo evitar los nerviosismos, cómo multiplicar los estímulos, qué tipo de competencias son las más rentables: el que acaba más, o más lejos, etc...). En una de las entradas de ese sitio “Matías dijo” (traduzco del inglés macarrónico del mensaje): “Gracias Flipper por los videos de tipos pajeándose mutuamente y yo también gusto de los grupos de masturbación. ¡Adoro el blog y soy straight! Gracias de nuevo desde Argentina”.
Jackinworld y Advance Masturbation ofrecen servicios similares. Whack it World caracteriza su misión en el mundo “absolutamente en relación con la masturbación masculina. El foco está puesto en todo tipo de hombres, entre los 18-45 y sus técnicas para pajearse. Encontrarás jovencitos lampiños, potros de college, tipos promedio y bestias peludas. Este sitio es sobre pajas, con las ocasionales mamadas sólo por diversión. Con base en, pero no limitado a, Chicago, Whack it World comenzó en enero de 2005 y ha crecido hasta casi cien hombres, a los cuales se agrega un nuevo amigo de paja cada semana” (de “identidad” sexual, ni hablar).
En todos los sitios se encontrarán anuncios de adminículos masturbatorios (y los correspondientes videos promocionales). Los más recurrentes son los Fleshlights (vasos de plástico con una cubierta que simula una vagina, una boca o un ano: los hay incluso vibradores y “hands-free”) y los aneros (“juguete sexual masculino anatómicamente diseñado para masajear y estimular la próstata. Originalmente desarrollado para masajes prostáticos por razones de salud, los usuarios registraron sus beneficios sexuales”), Dr. Erector (“el mejor dispositivo para el masaje de próstata, maximiza el placer orgásmico y la eyaculación. La masturbación prostática es también saludable para la próstata”).

Como con la salud no se juega, más vale jugar con la propia anatomía:
“Los hombres que practican la masturbación entre los 20 y los 50 años tienen menos riesgos de padecer tumores prostáticos, patología que se cobra al año medio millón de vidas en el mundo. La razón esgrimida por los investigadores es que la expulsión de esperma previene al hombre de las sustancias carcinógenas que pueden acumularse en el glande. Con una muestra de 1.079 pacientes con cáncer de próstata y 1.259 personas sanas, Giles y su equipo descubrieron que aquellas personas que habían eyaculado más de cinco veces por semana, especialmente durante la veintena, tenían un tercio de posibilidades de desarrollar una variante agresiva de cáncer de próstata. (...) Otros estudios cifraban en un 40% el aumento del riesgo en caso de frecuentes relaciones sexuales con personas diferentes. El autor del estudio se explica esta disparidad 'porque los estudios previos se centraban en la pareja, y yo en cambio lo hago en la masturbación'. Además, las infecciones causadas por la actividad sexual no tienen importancia en lo relativo a la práctica masturbatoria” (tomado de ELMUNDOSALUD.COM).

El sentido de la vida
Ahora se promueve lo que antes se callaba con vergüenza. La proliferación de juguetes masturbatorios, si algo demuestra, es que hay un mercado pujante para ellos. Lo mismo puede decirse de los videos como Grinding the Rod (“Frotando el garrote”), en el cual “Alex y otros ocho skaters nos muestran cómo se acaban todo con masturbaciones mutuas en su video de 1 hora 45 minutos”...
Si una película porno de esa duración puede aburrir hasta a un condenado a reclusión perpetua, un video de chicos sólo pajeándose tal vez sea más tedioso que chupar un clavo, pero en todo caso participa de un dispositivo de
mise en abîme abrumador y mareante: uno se masturba no mirando la escena deseada sino mirando a otro(s) masturbándose que mirarán (tal vez) a otros onanistas haciendo lo propio, y así hasta el infinito, en un loop en el que la paja pierde todos sus sentidos pretéritos como sucedáneo de otra cosa.
pajero2, ra” es, para el Diccionario de la Real Academia Española, “mentiroso” en El Salvador y “persona que dice tonterías” en Nicaragua. Entre nosotros, lo sabemos, equivale a “persona sin iniciativa ni voluntad” (Diccionario del español de argentina, coordinado por Claudio Chuchuy).
Pero los cibernautas del tercer milenio se toman bien en serio sus faenas, son voluntariosos y nada faltos de iniciativa a la hora de darle una mano al prójimo. Tal vez mientan, pero en el laberinto de las apariencias eso importa más bien poco (nadie tiene intenciones verdaderas de desenmascarar al compañero de aventuras).
En ese contexto, toda oposición entre hetero y homosexualidad ha perdido especificidad y sentido.

¿Y por casa? Hace algunos meses circuló por los archivos de video unas imágenes en las que un jugador de fútbol de primera división se masturbaba ante la cámara. En un momento de sus jugueteos se paró y, dándose vuelta, exhibió para su partenaire en el mensajero más famoso de la red sus bien formados glúteos de futbolista. Se supuso entonces que quien había formulado el pedido (“mostramelá”) y quien había colgado el video en la red, luego de grabarlo clandestinamente, participaba de la misma morfología del muchacho (pero ese argumento es sexista y, en última instancia, intrascendente).
La más famosa página de Contactos Sexuales de Argentina (contactossex.com) tiene dos salas de videochat, una heterosexual y otra gay. Es muy frecuente encontrar en la sala gay a jóvenes y hombres maduros cuyos perfiles declaran con énfasis sus preferencias heterosexuales. Lo mismo sucede en xtube, una célebre página para cargar videos sexuales (la mayoría de ellos muestran a cultores de Onán derramando su simiente) donde los pedidos de amistad se multiplican más allá de las predilecciones declaradas en los respectivos perfiles. Aquí y allí se han formado lo que los americanos llaman circle jerk (hay un canal en undernet exclusivo para estos nuevos especímenes: “jack-off-str8”) y que aquí son sencillamente “club de la paja”. Habrá quienes insistan denunciando a esos autocomplacientes y proclamando que la curiosidad mató al gato. Mejor es pensar que quien mira con tanto cariño la propia tiene amor suficiente para todas las demás. Y está bien que así sea.

Destacados:

La más famosa página de Contactos Sexuales de Argentina tiene dos salas de videochat, una heterosexual y otra gay, donde es muy frecuente encontrar a jóvenes y hombres maduros cuyos perfiles declaran con énfasis sus preferencias heterosexuales.

El cibersexo no es sino una forma hipersofisticada e interactiva de la masturbación: una vez aceptado el onanismo como solución sentimental, ¿por qué detenerse en la paja solitaria y no establecer círculos masturbatorios?

(anterior)


miércoles, 2 de junio de 2010

Últimas localidades

Diversa - Festival Internacional de Cine Gay Lesbico y Trans de Argentina. 6ª y última edición. del 3 al 9 de junio de 2010.

Viernes 4 de junio a partir de las 18,30hs., en el cine Gaumont (Av. Rivadavia 1635):
Proyección del cortometraje
Cómo me hice gay..., dentro del segmento de cortometrajes argentinos.




http://www.diversa.com.ar/


¡Otra denuncia estremecedora!

Por qué nos pone nerviosos hacer la fila en McDonald´s


martes, 1 de junio de 2010

Rectificación

En Córdoba

Aprueban ley que prohíbe minería a cielo abierto


La norma además, no permite cualquier tipo de explotación de uranio y minerales nucleares

lunes, 31 de mayo de 2010

De vírgenes y cholas





¡Gracias Giuseppe, por tu hospitalidad!

domingo, 30 de mayo de 2010

La isla barroca

Y Lost terminó por todo lo alto: con desmoronamientos de acantilados, religiones ecuménicas, reencuentros de personas muertas y enamoradas, disparates sin ton ni son, multiplicados según una lógica exponencial de la que no se tiene memoria en la historia de los relatos audiovisuales.
¡Explicaciones, explicaciones! Muchos esperaban las “explicaciones” que la serie había venido prolijamente escamoteando. El dilatado episodio final (dos horas y media) hizo lo que la serie mejor supo hacer siempre: diseñar escenas de intensidad sin igual (quien no haya lagrimeado ni una sola vez viéndolas, carece de sentimientos y de cualquier resto de humanidad) y abandonar la sutura entre unas y otras a una elipsis generalizada que Severo Sarduy (teórico de la elipsis-elipse barroca) habría celebrado con esa voz de ultratumba que lo caracterizaba (y tan adecuada al objeto de estos comentarios).

Y ya que estamos: Sarduy dedicó un libro entero a la política de la simulación, respecto de la cual Lost jugó durante sus seis temporadas: simuló teorías conspirativas, simuló fundamentos científicos, simuló (sobre todo) una cohesión narrativa que si funcionó bien fue por la astucia con la cual se manejaron las escenas sueltas, las elipsis narrativas y los presupuestos del relato: sí, Lost adhirió a la política del disimulo mimético e hizo de la mímesis audiovisual algo hasta ahora desconocido: no un dispositivo de representación, sino una máquina de conectar todo con todo, cualquier cosa con cualquier cosa. Agenciamientos desquiciados dominados siempre por la ironía exquisita de los diálogos, que ya repetían nuestras propias perplejidades o ya se burlaban de ellas mediante soluciones absolutamente insostenibles.
El costado más melancólico de una política semejante es la añoranza por las historias largas, la novela, los “grandes relatos” cuya crisis ya fue señalada varias veces (y que siempre fue entendida como correlativa de un cierta pérdida de referencia de la Historia y sus determinaciones). Lo heroico: haber sostenido contra viento y marea el deseo de relato y haber experimentado soluciones “postnarrativas” de alcance hoy insospechado.

(continuará...)

sábado, 29 de mayo de 2010

Adiós a la capital del "Mal del sauce"













Nación y trabajo

Por Daniel Link para Perfil

En la ciudad de Lima, capital del Perú, la Plaza San Martín es tal vez el único espacio más o menos íntegro en una ciudad que se caracteriza por su desintegración y su deshilvanamiento, como si hubiera estallado en pedazos que no consiguen (ni conseguirán jamás) juntarse.
La plaza San Martín se inauguró el 27 de julio de 1921 en conmemoración del Centenario de la Independencia de Perú, con diseño, ornamentación y jardinería a cargo de Manuel Piqueras Cotolí, que usó mucho mármol y granito, fuentes y farolas de bronce en un estilo neoclásico que la antigua Lima desconocía.
El monumento que domina la plaza representa a San Martín, el Protector, en su cruce triunfal de los Andes, diseñado por el escultor catalán Mariano Benlliure en concurso internacional.
De los muchos monumentos a los héroes de la independencia, el que ocupa esa espléndida plaza (que compite en belleza con la Plaza de Armas, en pleno centro histórico) es tal vez el más curioso de todos los que en el mundo existen. Representa, por supuesto, a un San Martín a caballo de 16 metros, muy elegante aunque no tan guapo como los Bolívares que los escultores inmortalizaron.
Debajo, sendas muchachas desnudas con los cabellos al viento (alegorías de la Gloria y la Fama), portan la guirnalda triunfal y una tercera figura femenina sostiene un bloque de piedra con la inscripción: “La Nación al General don José de San Martín”.
La curiosidad a la que antes hice referencia es un buen índice del carácter sincrético de ese heroismo: la Nación (mucho más púdica que las otras dos, ocultas sus formas, como corresponde) sostiene los laureles en alto y sobre su cabeza peinada se destaca una llama que debía simbolizar el fuego irrrefrenable de la Independencia.
No se sabe si por un error en la interpretación de las indicaciones o por una voluntad de reivindicar las cosas nuestras (en lugar de tanta cháchara napoleónica), lo cierto es que la dicha llama no es una flama sino un camélido: ese noble animal que cargó las provisiones del ejército libertador.
Tal vez todas las efemérides no sean sino esa confusión entre símbolos abstractos y trabajos concretos.

viernes, 28 de mayo de 2010

Prueba de Soledad en el Paisaje


Experiencia de creación poética en contrastación con la llanura pampeana

“…es un desafío muy importante para ciertos escritores, o para ciertos intelectuales o para ciertos espíritus, vivir con la naturaleza, fuera de la ciudad, porque si bien es muy humano y muy necesario contrastar lo que uno hace, someter a la opinión de los colegas o cómplices, lo que uno está creando, saber a qué atenerse sobre su valor, si bien ello es necesario para la conciencia poética, artística en general, lo otro, es decir la contrastación solamente con las cosas que no responden, quizás sea más determinante o más profunda en distinto sentido.”

Juan L. Ortiz

CONVOCATORIA

Estación Pringles convoca a cuatro poetas de países iberoamericanos, menores de treinta y cinco años, a experimentar de un modo literario, en plena pampa, lo que Machado y Ortiz volvieron experiencia tangible en sus libros Soledades, Campos de Castilla, Nuevas canciones (A. Machado) y En el aura del sauce (Juan L. Ortiz).

Los manuscritos de la experiencia realizada (poemas, relato breve o diario poético) integrarán un volumen que será publicado en coedición con Editorial Mansalva y que llevará como título Prueba de soledad en el paisaje.

La experiencia tendrá lugar en el Espacio Quiñihual, ubicado en un paraje rural a 550 km. de la ciudad de Buenos Aires, Argentina.

BASES GENERALES

PARTICIPACIÓN

1. Podrán presentarse poetas iberoamericanos/as por nacimiento (con nacionalidad vigente) o naturalizados/as, de entre 18 y 35 años de edad.

2. Deberán contar con trayectoria poética comprobable.

DURACIÓN

3. La residencia será de cuatro semanas a partir del 25 de octubre de 2010.

CONDICIONES

4. Las/los poetas participantes tendrán su espacio de trabajo en un enclave paisajístico privilegiado, en plena pampa, con vista a las serranías del sistema de Ventania.

5. Cada poeta recibirá pasajes de ida y vuelta desde su país/ciudad de origen, y alojamiento en habitaciones compartidas con régimen de pensión completa durante toda la residencia.

6. Las/los poetas seleccionados deberán contar con un seguro de salud que comprenda el período de la residencia. La constancia del mismo deberá ser enviada a Estación Pringles antes de los diez días del arribo a Buenos Aires.

7. Al término del período de residencia las/los poetas se comprometen a entregar sus escritos a Estación Pringles para su posterior publicación. Asimismo deberán realizar una lectura pública de sus trabajos y participar de un taller con estudiantes de universidades de la región.

8. La publicación de los textos producidos, en español, reunidos en un solo volumen, se realizará en abril de 2011. Los autores autorizarán la publicación de la primera edición exclusivamente a Estación Pringles.

PRESENTACIÓN

9. El plazo para la recepción de solicitudes vence el 31 de julio de 2010.

10. Las/los poetas interesados en participar deberán enviar por vía electrónica a pruebadesoledad@estacionpringles.org.ar , la documentación siguiente:

  1. Formulario de solicitud debidamente completado y firmado. Debe incluir copia de documentos expedidos por el gobierno del país de origen que certifiquen la identidad, fecha de nacimiento y nacionalidad del/la postulante, y copia de pasaporte vigente (excepto postulantes argentinos residentes en el país).

11. A la documentación anterior deberá anexarse (archivos PDF):

  1. Currículum actualizado, en el que deberá consignar lo más sobresaliente de su trayectoria literaria (extensión máxima, dos páginas).

  2. Una breve carta explicando las motivaciones e interés en la “Prueba de soledad en el paisaje”.

  3. Lista de publicaciones e información que compruebe o respalde el material publicado: copia de portadas del libro, antologías o revistas literarias en donde se incluye su trabajo.

  4. Una selección de textos de su autoría, escritos en español, que considere representativos de su producción (deberán estar debidamente identificados con nombre, título, fecha de publicación, etc.).

SELECCIÓN

12. La selección de las/los postulantes estará a cargo de un jurado de escritores especialmente designado por Estación Pringles.

13. Los criterios de selección se basarán en la excelencia artística de las/los postulantes, con independencia del país de procedencia y de condiciones de género.

14. El Acta de Selección con el nombre de las/los poetas será publicada el 16 de agosto de 2010 en www.estacionpringles.org.ar

15. Estación Pringles contactará vía correo electrónico a los poetas seleccionados para confirmar su participación y coordinar su viaje a Buenos Aires, de donde partirán hacia la sede de la residencia. Será responsabilidad de cada postulante verificar que los datos de contacto proporcionados en el formulario de solicitud sean correctos y revisar con frecuencia su correo electrónico para responder avisos enviados por ese medio.

16. Las/los poetas que resulten seleccionados deberán confirmar, como fecha límite el 23 de agosto de 2010, su disponibilidad para realizar la experiencia mediante correo electrónico dirigido a pruebadesoledad@estacionpringles.org.ar . En caso de no realizar la confirmación en el plazo estipulado, el postulante será dado de baja.

17. Las/los poetas seleccionados deberán firmar y devolver, como fecha límite el 30 de agosto de 2010, la documentación que les será enviada vía correo electrónico por Estación Pringles en la que se establecerán las condiciones de la residencia. Sin su firma la misma no podrá efectuarse.

ACEPTACIÓN DE LAS BASES Y DE LA RESOLUCIÓN DEL JURADO

18. Estación Pringles se reserva el derecho por razones de fuerza mayor de modificar las fechas consignadas en las Bases de la presente Convocatoria.

19. El aviso por parte de Estación Pringles de la recepción de la documentación enviada por los postulantes no implica que la misma cumpla con los requisitos pedidos. El postulante será el único responsable de que el envío de la documentación solicitada cumpla con todos los requerimientos en tiempo y forma.

20. El fallo del jurado será inapelable.

21. La presentación del postulante implica la aceptación de las Bases de la Convocatoria y el contrato a suscribir para la realización de la experiencia.

Consultas: pruebadesoledad@estacionpringles.org.ar

Urbanismo comparado

(Lo dice alguien que ama Firenze mucho más que Venezia) It's a fact: al lado de Cusco, Florencia es como Miami y al lado de Garcilaso (el Inca), Garcilaso (de la Vega) es la Mona Giménez. Proust, por todas partes:

jueves, 27 de mayo de 2010

No se puede estar en todo

Prometo cumplir con lo que se me reclama y volver sobre Lost, pero paciencia... Como dice el título de esta entrada, "No se puede estar en todo" y estoy ocupadísimo con los pormenores del Simposium Internacional al que he sido invitado:

miércoles, 26 de mayo de 2010

Hitler vs. los guionistas de Lost



(¡Gracias, Christian!)

martes, 25 de mayo de 2010

Feliz bicentenario!!!!!



lunes, 24 de mayo de 2010

Lost

de Daniel Link
paraEugenia Link,
Tomás Link
fecha24 de mayo de 2010 23:44
asuntoLost



¿Ya vieron el final? Por supuesto, tenía razón yo.
Beeeeeeeeeeesos

DL

Paseo de las virreynas
















domingo, 23 de mayo de 2010

Lost, novela beckettiana

por Daniel Link para Radar

Me apresuro a tranquilizar a los espíritus conservadores y a los partidarios de la pseudo literatura impresa en Barcelona: no vengo a decir que Lost sea una novela, porque Lost es mucho más que eso: es “lo novelesco sin la novela”, eso sobre lo cual no cesó de reflexionar un instante Roland Barthes.
Lost no es sólo, por lo tanto, el mejor programa de televisión jamás realizado hasta el momento, ni tan sólo una extraordinaria película de una duración desusada, sino un experimento estético-cultural de una dimensión tan abrumadora (y desarrollado, para colmo, desde el corazón de la chatarrería) que nos costará reponernos de sus efectos tóxicos: ¿Qué habremos de ver, después de Histoire(s) du cinéma y de Lost? ¿Sobre qué conversaremos en las fiestas? ¿Dónde habremos de buscar las preguntas que importan en relación con nuestro propio presente?
Lost no es (nunca fue) una serie episódica, sino un relato unitario, clasicista (realista) y arcaizante (lo mismo puede decirse de Kafka, de Beckett, de Pasolini). Al mismo tiempo, Lost se postuló como la narración del final de los tiempos y del más allá de la Historia, y se interroga cómo y por qué, habiendo ya perdido la humanidad sus rasgos y sus propiedades (habiendo desaparecido el "ser humano" como tal), la guerra, la violencia y la destrucción siguen existiendo y, sobre todo, cómo el relato sigue existiendo.
Tiene, en ése y otros muchos aspectos, un antecedente célebre: El arco iris de gravedad de Thomas Pynchon. Como aquella novela insoportable movilizó todos los saberes para decir sencillamente que no sirven para nada, porque lo que siempre brilla (por delante o por detrás) es un conflicto primitivo entre la autoctonía, que nos devuelve siempre al barro del que alguna vez salimos, y la poiesis y su movimiento ascensional (conflicto encarnado en la figura de esos mellizos cuyas tribulaciones dominaron, con mayor o menor evidencia, la serie entera).
Como en El arco iris de gravedad, se parte también en Lost de vastas e improbables hipótesis científicas que, de pronto, conectan (de acuerdo con sistemas de agenciamientos un poco demenciales) con mitologías olvidadas, divinidades insepultas y conflictos primitivos sobre los modos de aparición y de organización de lo viviente.
Por eso, Lost no ha escatimado ni uno solo de los motivos de interrogación de las formas-de-vida: las comunides utópicas (es decir, inoperantes), el buen salvaje, las conspiraciones, los modos de la reproducción, la isla desierta, la familia, las instituciones y las líneas de mando, los Estados "enemigos" del Imperio (Corea, Iraq), los órdenes aberrantes (desde los "seis grados de separación" hasta las “ecuaciones de Valenzetti”), los enfrentamientos.
Todo lo que sucedió en Lost (la guerra, en primer lugar) se ordenó en relación con ese conflicto primitivo entre lo que domina el cielo (el avión de Oceanic) y las fuerzas de la tierra (campos magnéticos, pozos, subterráneos, la “fuente de la vida”). El loophole barroco, el rulo espacio-temporal que relaciona una cosa y la otra y que finalmente encuentra el hermano de Jacob, es el mismo a través del cual se cuela la historia que llega hasta nosotros para decirnos que, aunque no haya Historia, horrenda paradoja, siempre habrá guerra.
La sexta temporada (una vez que, como en las grandes obras de Beckett, todo hubo terminado ya una vez con la explosión de la bomba de hidrógeno que hundió para siempre el pie de cuatro dedos y todo lo demás) hizo de la simetría y de lo especular su motor narrativo (el juego de espejos deformantes, el bien y el mal, las repeticiones, los cruces y los quiasmos, etc.). Todo, como en las Historia, vuelve a suceder (el eterno retorno, Godot, Happy Days).
Si alguien, ¡todavía!, es capaz de sostener que Lost no ha sido pensada como forma novelesca ya no será por mera ignorancia (por no haber leído a Kafka, a Beckett o a Pasolini), sino por necedad y estupidez, la misma que, por necesidad estructural, caracterizó a ese personaje insufrible, Jack Shepard, destinado a perderse por igual en los laberintos de la historia y del relato, porque Jack es el personaje que mejor representa (mucho mejor que Hurley, por supuesto) a ese exasperado y exasperante telespectador de Lost que siempre está pidiendo más de lo que las imágenes pueden darle: un sentido que, por definición, se presenta como inalcanzable.
Ya desde el comienzo, con sus prolijas retrospecciones, Lost había indicado lo esencial de su política narrativa, organizada mediante flashes de presente y rememoraciones intercaladas. El método, convencional hasta la náusea, tuvo siempre en el cine la utilidad (nada menor) de evitar las largas peroratas explicativas. Pero, además, en Lost tienen un valor teórico: sirven para decir que toda historia está siempre horadada (incluso, que la Historia es lo agujereado) y que esos huecos de sentido son los que sostienen la intriga: “¿pero entonces...?”, “¿será que....?”, etc. El sentido no está en lo que se presenta sino en lo que es impresentable: el trazo de una ausencia. Lost hace de lo no dicho una regla dorada y una política ciertamente inquietante.
Esos agujeros del relato, lo que nos falta saber (el saber como falta), es lo que sucede (fragmentariamente, según la lógica del disco rayado que Lost explicitó, creo, en su cuarta temporada) ante nuestros ojos. No hacen falta explicaciones. Lo que pasó, lo que pasará, lo que hubiera pasado, lo que habría de suceder nos será mostrado en las pocas horas que faltan para que Lost termine para siempre.
Después, seguiremos discutiendo si está bien o mal tal pormenor de la trama, si es sensata o peregrina la resolución de aquella situación ya casi olvidada. Lo mismo sucede en los velorios, cuando los deudos recuerdan a sus muertos y empiezan a contar anécdotas. Jack, que es la taradez del mundo, no en vano se quejará, en alguna de las mil y una versiones de Lost, de que le han perdido el cadáver y le han arruinado el servicio fúnebre ("Quería terminar con esto lo antes posible", dice). Y no en vano Locke (o la nada que se esconde en esa imagen) le contestará que la potencia es lo que importa: la potencia (el deseo) de relato, y no la brutalidad de los hechos.



sábado, 22 de mayo de 2010

Bienes gananciales

por Daniel Link para Perfil

El sentido común quiere que cuando dos padres se separan, los mayores perjudicados son los hijos. Dicho de otro modo, cuando una alianza entre poderosos se rompe, quienes pagan los platos rotos son los que menos poder tienen.
Como asistimos, desde hace meses, a un divorcio litigioso propiamente a la italiana (C'eravamo tanto amati) entre el poder regente y el multimedios Clarín, convendría detenerse, más allá de los daños colaterales (habría que tener en cuenta la lección de La guerra de los Roses), en la repartición de bienes, sobre todo en estas semanas de celebraciones patrióticas.
¿Qué habrá en el armario de los bienes gananciales? La televisión por cable, ya lo sabemos, la internet, la radiodifusión que tan generosamente antes se puso en manos de Magneto & Co. ¿Pero qué más, qué mas?
En estos días, Clarín ha presentado la colección de siete libros (y sus correspondientes discos compactos) El gran libro del Teatro Colón, que despliegan las historias, anécdotas y episodios más destacados de esa casa lírica ahora recuperada para el pueblo. “¡Pero ese matrimonio marcha viento en popa y a toda vela!”, se me dirá. Por cierto, y ésas son las ventajas de la poligamia: el romance entre Clarín y la alcaldía no ha sido mellado por desavenencia alguna.
Pero
Clarín también pagó, con la generosidad de doble filo que siempre caracterizó al grupo en todo lo relativo a temas culturales (la Feria del Libro, el BAFICI, ¿qué serían sin Clarín?) la catalogación del acervo del Museo Nacional de Bellas Artes, que puede (mal que bien) prescindir de la ampliación que alguna vez se proyectó pero no puede, a esta altura de los tiempos bicentenarios, carecer de un catálogo razonado de sus tesoros (muchos de ellos, completamente sepultados en enmohecidos depósitos), a cambio de lo cual obtuvo el derecho de reproducción y distribución de ese catálogo de mil trescientas páginas como fascículos cuyo lanzamiento está previsto para fecha incierta, precisamente porque aquí el patrimonio (los bienes gananciales) han sido afectados por el loco divorcio cuyas razones últimas (o primeras) los súbditos y los lectores (¡los hijos!) jamás conoceremos.
Los convenios firmados en las épocas en las que el Sr. Magneto, porque tenía cubierto siempre puesto, entraba cuando quería a la residencia presidencial con un vinito bajo el brazo (“¡Néstor, querido!”, “¡Cristina, cada vez más linda vos, eh?!”, “¡Jorge, qué alegría!, ¿viniste solito?”) son ahora la pesadilla cotidiana del Sr. Coscia, que no sabe cómo deshacerlos sin levantar una tormenta de imprevisibles consecuencias.
Por lo pronto, los correspondientes sellos de la Fundación Noble y de
Clarín ya fueron retirados del catálogo (¡bicentenario!) que está en imprenta. Pero llegado el momento de lanzar los fascículos es de prever que “el monopolio” no dejará que le tiemble el pulso para hacer cumplir los convenios y recuperar aunque más no fuere alguna parte de lo empeñado (¡las alhajas!) en agradables noches de arrumacos mutuos.

viernes, 21 de mayo de 2010

Dicen que...

A literatura é um arquivo (Os Fantasmas de Link)

por Raúl Antelo para Punctum

Numa entrevista concedida a Isabel Stratta, em 2003, Daniel Link, dizia que uma

    diferencia notable entre la literatura y otras artes como el cine, es que el cine envejece más. La literatura, como una especie de vieja dama digna, envejece mejor. A mí me gusta mucho ver películas viejas, pero es cierto que las películas viejas son aburridas. No se pueden ver del mismo modo, uno está acostumbrado a otro montaje, a otro estilo de actuación. Hay que hacer un esfuerzo de teoría para poder ver una película, aunque sea de Hitchcock o de Einsenstein: se necesitan los códigos de época. Por ejemplo: ¿por qué a alguien se le plantea en algún momento colorear las películas en blanco y negro? Eso con la literatura a nadie se la hubiera ocurrido. Corregir, agregar. A nadie se le ocurrió corregirle la sintaxis a Sarmiento. Me parece que la literatura en ese punto sigue siendo una de las artes más inmunes a los cambios de la tecnología.

Admitamos que, se a literatura é imune, é porque ela é igualmente auto-imune. A literatura é não-literária. Ela é extremamente voraz1 ou, como diria Link, “la literatura tiene cierta capacidad de incorporarlo todo”.

El texto completo de Raúl Antelo, acá.

Déjame que te cuente, limeña...




















jueves, 20 de mayo de 2010

Preguntan si...

por Carolina Goth para el vernáculo

Leyendo entrevistas que te han hecho, encuentro que te mostrás optimista sobre la producción literaria argentina del momento.

¿Cuál creés que es la tarea del periodismo cultural frente a ella? (y esta pregunta sería una excusa para llegar, en un diálogo imaginado, a la función de los suplementos, los premios, festivales y ferias).

No sé si “optimismo” es la mejor manera de predicar una constatación: creo que la literatura argentina actual es interesante por varias razones: hay muchos proyectos a partir de los cuales imaginar un debate sobre el lugar (la forma y la función, usando jerga vieja) de la literatura en relación con el presente. Los autores ya consagrados (Fogwill, Cozarinsky, Aira, Carrera) no dejan de publicar intervenciones decisivas en este punto, y los jóvenes multiplican sus formas de ejercitar la literatura según horizontes novísimos que ponen en entredicho toda sospecha de “fin de la literatura”. Comparada con otros aspectos de la producción estética (el teatro y la música, en primer término, tan castigados en los últimos años), la literatura argentina sigue mostrando un vigor inigualable. No hay misterio en eso: se trata de la práctica que menos necesita del ala protectora del Estado, tan ausente hoy en el diseño de políticas para las artes.

Por supuesto, todo esto sucede también a espaldas de las políticas de las grandes editoriales, cuya estrategia sigue siendo esperar que algo “cuaje” para capturarlo, pero en ningún momento se atreven a tomar riesgos. La política de “premios literarios”, tan desacreditados últimamente por los escandalosos casos de corrupción que se han revelado, nada tiene que ver con la literatura sino, apenas, con el marketing de ese producto tan extraño, el libro. Curiosamente, los jocosos traspies de los jurados de los “grandes premios” (que terminan premiando, oh casualidad, lo ya contratado) potencia los otros premios, los “premios pequeños” patrocinados por fundaciones pobres (Estación Pringles, por ejemplo) o por municipalidades (el premio Musto de Córdoba, por ejemplo), cuyo prestigio no deja de crecer. De Ferias y Festivales ya se ha dicho casi todo y no vale la pena insistir en la farsa que promueven.

En cuanto a los suplementos literarios, creo que están atrapados entre el deseo de actualidad y la obediencia a las líneas hegemónicas, todo lo que desemboca no exactamente en un relativismo valorativo según el cual cualquier cosa equivale a cualquier cosa, sino más gravemente un pluralismo según el cual meramente se festeja lo existente sin mayor análisis de sus condiciones de existencia.

Si en el Centenario, cuando Martín Fierro era convertido en la épica nacional, se instituía la argentinidad con sus exclusiones:

-Hoy, en la política cultural oficial de los festejos, ¿quiénes se están quedando fuera de “los argentinos”?

Creo que la situación entre 1810 y nuestros días es tan diferente que parece que habláramos de dos países diferentes. ¿Imagina alguien conferencias de un poeta a teatro lleno, con asistencia de la presidencia, sus ministros y sus edecanes militares? Somos hijos del multiculturalismo, y está bien que así sea: ninguna ilusión totalitaria puede hacer presa de la literatura, que tanto acepta experimentos como los extravíos nómadas de Edgardo Cozarinsky (Blues, 2010) como las inscripciones migratorias de Bruno Morales/ Sergio Di Nucci (Grandeza boliviana, 2010). Cito esos ejemplos porque son precisamente los que mejor amplifican el sentido de lo nacional, es decir: lo borronean, y n hacia la pérfida “literatura internacional” que imprimen los catalanes sino hacia una concepción que es puro afuera, ilimitado, lo abierto y la transformación de “la tierra” no en terruño patriótico sino en desierto sin fronteras.

-En el campo cultural en general, desde la literatura (si es que continúa rigiendo o canalizando los sentidos sociales) a la escuela,

¿qué líneas se defienden, aparecen más visibles o mejor visibilizadas?

No, no creo que la literatura conserve ese lugar de síntesis de los sentidos socialmente admitidos o culturalmente aceptados. Además, nuestro presente tiene la forma de la guerra civil. Y esas batallas son, también, batallas de discurso.

Leyendo aquí, me queda la impresión de Internet como un último bastión de la “ciudad letrada” de Rama.

¿Describirías los atributos de ese nuevo intelectual que la habita? ¿Qué armas tiene, cuáles son sus debilidades? Sobre todo, ¿contra quién o qué pelea?

No estoy seguro de haber aspirado a una identificación tan total, pero en todo caso, sí a líneas de continuidad entre un pasado “glorioso” y un futuro incierto. La lógica de la ruptura y los saltos temporales me parece excelente para describir el universo de lo estético, pero la cultura es otra cosa y necesita de referencias “viejas” y poleas de transmisión. Si un “nuevo intelectual” puede existir (pero creo que no) será el que mejor adecue su existencia a la ecología nodal y reticular que define nuestro tiempo. No se puede, ya, pontificar, porque los lugares de enunciación se han multiplicado hasta el infinito. Armas, herramientas y debilidades son las mismas: la ubicuidad, la imaginación paranoica, las comunidades imposibles. ¿Contra qué o quién se pelea? Contra el terror, es decir: contra el terrorismo que es siempre (y en primer término) terrorismo de Estado. Debemos luchar contra el cumplimiento de las siniestras utopías del capitalismo (arruinarlas desde dentro) y en contra, también de las reterritorializaciones compensatorias que el Estado produce. Debemos luchar contra las políticas de fronteras cerradas y ciudadanía de segunda clase. Lo que está en juego, hoy lo sabemos, no es la libertad, esa entelequia, sino la felicidad.


Entre el blog y el e-book, hay mucha aparente preocupación por la muerte del libro y aún de la literatura. ¿Cómo lo ve alguien que aún puede escribir un ensayo sobre la imaginación literaria?

No importa tanto que algo vaya a morir sino la superviviencia de eso a su propia muerte. En la década del treinta del siglo pasado hubo debates intensos sobre la superviviencia del ser humano a su ocaso final y definitivo: ¿cómo sería esa forma de existencia totalmente posthistórica? Sabemos que aquel debate estaba fundado en premisas falsas. Hoy, más módicamente, podemos debatir sobre la superviviencia del libro a su propia muerte: ¿cuál es la forma de existencia de la literatura después del “fin del arte”? Las imágenes, en todo caso, tienen más memoria y más potencia que quienes las perciben, establecen una onda mnemónica que atraviesa las eras, nos alcanza y nos supera.