miércoles, 10 de abril de 2013

Verde, que te quiero verde


martes, 9 de abril de 2013

Yo, la recomiendo





lunes, 8 de abril de 2013

Y en la Sauna codo a codo, somos mucho más que dos...

Producción fotográfica
por Sebastián Freire para Sauna. Revista de Arte, 3: 28 (Buenos Aires: abril 2013)

¡Freire y sus retratos! La Comedia Humana del siglo XXI en imágenes. En ellos todo está puesto en el personaje. La mirada, el acting y la esencia del retratado son lo que aparece iluminado por un foco y puesto sobre una peana. Aunque la esencia que nos revele esta imagen puede no siempre ser la misma que cree tener el retratado. A veces sorprende, desarma. Y reconstruye en otro lado.
Luego: la escena, el entorno, la ropa, la estética general puesta al servicio de mostrar los ojos o el culo que él (Sebastián) pensó como esa marca de fábrica.
O también un gesto congelado, definitivo, cargado de simbolismo. El fuego es purificador. La satisfecha sonrisa del incendiario nos dice que no se trata de un accidente. Las interpretaciones flotan, entrechocándose, en el aire.
Y el ojo de Freire hizo el resto.











La causa de Alberdi

por Daniel Link para Sauna. Revista de Arte, 3: 28 (Buenos Aires: abril 2013)



CENTINELA: ¡Qué largas son las noches! ¡Y qué frías! Digo que es endiablada profesión la del soldado:
así pasa uno los más bellos años de su vida, y la recompensa con que por fin de sus días le premia la Patria,
es muchas veces, un suplicio ignominioso... Si no me engaño, creo que oigo sonar caja... (Fija el oído.)
¡Si será el enemigo! Ayer ha corrido que los nuestros habían sido derrotados: ¡pero se miente tanto!
(Pone atención nuevamente.) O será toque de diana: aunque no... No puede ser.
Es temprano todavía: se ve a la luz de la luna, en el reloj de la casa capitular, que son las cuatro recién.
(Se fija otra vez.) ¡Es toque de alarma! (Se pasea.) ¡Vaya!... ¡Fiesta tenemos!
Hoy se revuelve el cotarro: sin la menor duda, los nuestros han sido derrotados.
¡Ya se ve!... Lo raro es que todavía estemos con las costillas sanas; somos cuatro gatos, estamos maniatados, tenemos a la cabeza un héroe de paja, ¿qué extraño sería que nos amarrasen a todos?...
Con todo, yo todavía espero que hemos de vencer: ¡son tan locos nuestros enemigos!
¿Acaso necesitan de que nadie los derrote? Ellos no más son los autores de sus disparadas. Puede uno ser un gigante de paja, y con solo estarse quieto, vencerlos a cada instante, como v. g....
(Haciendo una guiñada al gigante, se aproxima a la caja.) Aquí tenemos al tambor de órdenes; él nos dirá lo que hay...
(Sale el tambor, atados los pies y la mano izquierda tocando con la derecha, y andando a saltos.) ¿Quién vive?

Juan Bautista Alberdi. El gigante Amapolas.



Juan Bautista Alberdi, el autor de las Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina y del proyecto de la Constitución de 1853 (muy fuertemente inspirada por la constitución norteamericana) fue además un declarado antirrosista y sufrió las persecuciones de la organización parapolicial La Mazorca creada por Rosas para aniquilar a sus enemigos. El ideario de Alberdi es liberal hasta la médula (entiéndase lo que el liberalismo podía significar en el siglo XIX antes de sacar conclusiones rápidas). En El gigante Amapolas (1842), donde unas flores opiáceas sustituyen a esas otras con espinas, satiriza el militarismo de la tiranía. En la pieza, Alberdi hace colusionar el deseo revolucionario, la exaltación bélica y la ausencia de un marco legal, para demostrar con qué callejones sin salida pueden encontrarse las fuerzas del cambio. La trama sigue el enfrentamiento de dos ejércitos ilusorios que enarbolan máscaras identitarias completamente incomprensibles para el enemigo.
Más de ciento setenta años después, “cuatro gatos locos”, a propósito de una actividad totalmente insignificante cuyo traslado fue resistido por razones de una mezquindad rayana en el delirio, tomaron un espacio que homenajea en su nombre la figura del prohombre de la patria, al margen de todo marco legal y de toda razón ciudadana decidieron ocupar primero la Sala Alberdi, después el Centro Cultural completo, armarse con bombas molotov (debidamente documentadas por teléfonos celulares que no corresponden a ninguno de los “ejércitos” que se enfrentaban), romper todo lo que se interponía ante su deseo revolucionario y declarar que “el arte ya fue” cuando alguien objetó la destrucción de una obra de Julio Le Parc en la plaza seca del CCGSM.
Más allá de la ignorancia y de la mala fe que puntuó las intervenciones de quienes defendieron y apoyaron la ocupación de un espacio público, indiscutibles, precisamente por su ignorancia y mala fe, el enunciado último me llamo la atención en su anacrónico y bello vanguardismo.
Uno podría argumentar largamente en contra de las vanguardias (estéticas y políticas) pero en este caso ni siquiera es necesario hacerlo. Reconozcámonos vanguardistas (estética y políticamente), abracemos la causa del fuego purificador y reclamemos para nuestros camaradas que vinieron a anunciarnos el día de después de mañana todo el peso de la Ley, para que se note exactamente lo que estaba en juego.
Basta revisar la historia de las vanguardias: si al primer cacareo las instituciones hubieran respondido a los reclamos de los conjurados, no habría habido Salón Alternativo, ni Secesión, ni ruptura con los cánones de la figuración (tanto en las artes plásticas como en las temporales: la literatura, la música), ni revoluciones.
O sea: si en el horizonte último de los cuatro gatos locos está la Revolución en el Arte y en la Vida (y no la aparición en los titulares de los diarios), seamos generosos con ellos y otorguémosles lo que pintaron en las puertas del CCGSM: “Vence o muere”. No somos partidarios de la pena de muerte y tampoco de la Mazorca, de modo que no pediremos el degüello, pero sí nos gustaría, para ellos, que fueron obligados a abandonar la sala (es decir, que perdieron), la cárcel (la deportación, en el caso del chileno). Démosles el estatuto de héroes que ellos se merecen, por habernos abierto los ojos, por habernos revelado que la conquista del Palacio de Invierno estaba en la punta de los dedos de los pies (decía un cartel: “me hambrean y ando en patas y dicen que soy violento...”).

Qué grandeza adquiriría la gesta albertiana (en referencia a la sala, no al prohombre) si los usurpadores fueran presos y/o deportados, se les cobraran todos los destrozos y se los obligara a un trabajo comunitario de por vida para reparar el daño producido durante las semanas en que el CCGSM no pudo funcionar. Quedaría así claro que no se trató de un caprichito de lúmpenes que gustan de tocar canciones de Víctor Heredia en guitarras destartaladas, sino de la combustión del deseo de una generación entera, de un pueblo vibrante, la primera trompeta del ángel que viene a anunciar la redención, el primer paso hacia la disolución del capitalismo mundial y el Estado Universal Homogéneo.
Está muy bien, los aplaudimos, envidiamos su arrojo y agradecemos que nos recuerden las frases que siempre nos hicieron temblar la voz de emoción compartida: “el arte ya fue” (y con él, digámoslo, el espacio público, y también la Humanidad si prefieren, e inclusive la Historia). Quienes quieran llevar hasta sus últimas consecuencias esos discursos que se abren a un mundo nuevo, que vayan presos, como Gramsci, y que desde la cárcel nos instruyan con sus probas iluminaciones. Ellos ya se habían declarado “presos culturales”, (La Nación: 24.03.2013). No dejemos que su autopercepción se revele incorrecta y que todo termine en una anécdota para contar en las peñas folclóricas.

Llegado el caso, yo seré el primero en firmar solicitadas en favor de las víctimas del Estado, en llevarles cigarrillos al encierro, en prestarme a visitas conyugales y en emprolijarles los bigotitos Termidor (lo digo por el mes revolucionario, no por el vino). Yo haré huelga de hambre, llegado el momento, para que liberen a los tomadores.
Pero es necesario que la sociedad escuche el grito de protesta contra el arte (burgués) y el toque de diana (revolucionario) y para eso, nada mejor que tener a nuestros profetas presos: que se vea bien delineada la perversidad de Macri, la complicidad del aparato jurídico, la aquiescencia de los medios de comunicación, la barbarie de las fuerzas del orden, la futilidad del arte, la insensibilidad de los porteños a las causas más nobles.
No desaprovechemos esta oportunidad única dejando que todo lo sólido se desvanezca en el aire. Que queden sus nombres y sus caras como emblemas de una lucha que no debe detenerse, que debe continuar, en pos de la autogestión (es decir, de la privatización) de lo que es de todos. Me ofrezco a autogestionar la Universidad de Buenos Aires, el Museo de Arte Moderno (¡fuera Laura Buccellatto ya!), la Biblioteca Nacional (¡el libro ya fue!) en nombre de los compañeros presos y víctimas del autoritarismo de Estado, en nombre de los mártires del arte ya sido.
Si no van presos, es que acá todo es en joda, y entonces podemos continuar con nuestros corderos.


sábado, 6 de abril de 2013

Se viene la Fenomenología






La capital de la catástrofe

Por Daniel Link para Perfil

En Viaje al fin de la Noche (1932), novela movida por el odio, publicada cuando el destino miserable de Argentina todavía no estaba sellado, “los argentinos” designa a un colectivo al mismo tiempo fascinante y execrable. En una sociedad en guerra, los argentinos se pasean por Europa con sus carnes (sí, son los mismos evocados por el Sr. Macri, los de la Gran Aldea de comienzo de siglo) “para proveerse ... de calzoncillos y camisas”. Céline ironiza: “El comercio de carne congelada de éstos alcanzaba... las proporciones de una fuerza de la naturaleza”.
Finalmente, no habría que preocuparse demasiado porque con el correr de los años y las páginas “los argentinos ya no existen”.
Más adelante Bardamu, el protagonista de la novela, reconocerá “la anarquía por todas partes y en el Arca yo, un Noe medio lelo”. La licuefacción de la realidad, tal como se presenta a la imaginación catastrófica de la que Bardamu participa, lo transforma en un Noé paranoico que no encuentra qué salvar, porque la idea de colección se le ha vuelto imposible.
El agua no sólo ha licuado, en los últimos días, la realidad (es decir: la vida) sino también los discursos políticos, arrojándonos en el centro mismo de la catástrofe de la que siempre nos quisimos inmunes. La licuefacción del paisaje que se deja leer en Viaje al fin de la noche es, por supuesto, correlativa de la licuefacción de la conciencia.
Buenos Aires ya no es la Gran Aldea, ni tampoco una Ciudad Autónoma. Los argentinos no hemos conseguido domar las fuerzas de la naturaleza, más allá de lo que Tecnópolis (anegada) quiera mostrar al pobrerío. Si el discurso político insiste en licuar la realidad con palabras sin sustento sólido, se topará una y otra vez con la catástrofe.


viernes, 5 de abril de 2013

La Negra tiene razón




El fin de la lucha de clases

Reino Unido tiene hasta siete clases sociales

En el estudio coordinado por la BBC, en el que participaron más de 160.000 personas, se establecieron diferencias que van desde elite a pobre

jueves, 4 de abril de 2013

¡No te llevo más a ningún velorio!

Mujica, sobre Cristina: "Esta vieja es peor que el tuerto"

Un micrófono abierto dejó al descubierto la expresión del presidente uruguayo sobre su par argentina; a quien tambien llamó "terca", y ya es Trending topic mundial en las redes sociales




Otro crimen social más y van…

por Eduardo Grüner para IPS

1.

Otra vez. No terminamos de procesar lo de Once, y siguen los muertos. A esta altura ya es una perogrullada decir que –si bien todos los muertos son indignantes porque son todos igualmente víctimas de la perversión del sistema- son siempre los trabajadores, los pobres, los sectores marginados y excluidos los que sufren las peores consecuencias: no solo porque son más vulnerables y están más desprotegidos por las deficiencias edilicias, la escasez de infraestructura o la precariedad (cuando no directa inexistencia) de sus servicios asistenciales; también por su carencia de recursos simbólicos, de acceso a la opinión pública, de organización social, en fin, por el hundimiento en aquello que clásicamente Oscar Lewis llamaba cultura de la pobreza. Una “cultura” que se ha terminado transformando en una verdadera “segunda naturaleza”, que les impide hacer frente adecuadamente a la “primera”, cuando esta se derrumba sobre sus cabezas, y que ninguna AUH alcanzará, y cada vez menos, a paliar. Es una consecuencia perfectamente lógica del capitalismo, desde ya: el capitalismo no es únicamente un modo de producción extractor de plusvalía, sino –como efecto multiplicado de su “base económica”- un sistema sociometabólico (como lo llama Istvan Meszarós) que afecta a la totalidad de la vidade todos los que vivimos atrapados en sus mallas, pero de manera especialmente dramática a los “humillados y ofendidos” por necesidad del sistema: desde el deterioro de las condiciones de vivienda hasta la caóticamente desigual distribución del espacio urbano, desde la peligrosidad de las redes de transporte a la sobrecontaminación del aire o la superpolución sonora, y por supuesto la insuficiencia de elementales defensas eficaces contra las inundaciones y otras catástrofes “climáticas”, los efectos de un sistema en el cual –como decía el Marx de los Grundrisse – “el hombre es apenas un medio , y el fin es la reproducción de la ganancia”, se hacen sentir de manera trágica sobre aquellos hombres y mujeres que son más medios que otros. Si hay capitalismo, no hay “catástrofes naturales”: los desastres meteorológicos también son una materia prima y un escenario de la lucha de clases. Siempre hay que estar repitiendo estas generalidades, porque siempre corren el riesgo de quedar desplazadas de la vista por las disquisiciones ad infinitum o las discusiones bizantinas (con todo el debido respeto a la exquisita cultura bizantina) a propósito de quien / es detenta / n las responsabilidades particulares e inmediatas. Pero, atención: al mismo tiempo hay que saber que, en sí mismas, son generalidades que corren su propio riesgo, inverso al anterior: el de transformarse en abstracciones verdaderas, sí, pero que terminen diluyendo en la generalización las responsabilidades particulares e inmediatas, que efectivamente existen. Las sociedades capitalistas no son todas iguales: Amsterdam, por caso, es una ciudad virtualmente construida sobre el agua, y donde llueve mucho; nunca se ha sabido que un día de precipitaciones pluviales excesivas causara medio centenar de muertos. Aquí no se trata de postular las ventajas de un mundo “primero” sobre otro “tercero”, mucho menos de afirmar que hay capitalismos “mejores” que otros –después de todo, un país de imperfectísimo “socialismo” y de desarrollo económico y tecnológico incomparablemente menor no digamos ya a Holanda, sino a la Argentina, como Cuba, ha podido capear con menos pérdidas humanas temporales y huracanes mucho peores que las lluvias de Buenos Aires o La Plata: simplemente, les importa un poco más eso que se llama “la gente”-. Pero sí se trata de decir que, si todo capitalismo es por definición “salvaje”, en el nuestro el salvajismo descontrolado de las complicidades entre las clases dominantes, el Estado y los cómicamente denominados “representantes” del pueblo y de la clase política transforma a esa entente (lo supimos siempre, lo supimos de nuevo hace poquito por Once, lo seguimos sabiendo hoy mismo) en una horda “objetivamente” –y a veces muy subjetivamente- embarcada en la siniestra serialidad de los “crímenes sociales”.

2.
Hubiera sido patético, ridículo y hasta risible –si no fuera por la abyecta obscenidad que implica en medio de otra de esas “tragedias inevitables”- ver en los medios a funcionarios del gobierno nacional, de los provinciales y / o municipales, etcétera, invocando a una climatología “imprevisible” y simultáneamente pateándose entre ellos las responsabilidades, deméritos, ineficacias o inoperancias (¿en qué quedamos?: o es igualmente imprevisible para todos, o si hubo inoperancia es que se podía prever). Desde luego que nadie pretende –sería absurdo- que admitan en voz alta que la culpa es de ese capitalismo pluscuamsalvaje que ellos encarnan a plena conciencia y satisfecha corrupción, y con el cual todos -hay grados, como siempre, pero sin diferencias de “naturaleza”, valga la expresión- se han complicado a imagen y semejanza de sus padres y abuelos (porque se trata de una auténtica tradición nacional). Ni nadie pretende –sería impensable- que confiesen públicamente que los impuestos que pagan los ciudadanos, o los dólares con los que practican una retención obsesiva-anal, lejos de invertirse en las obras de infraestructura que pudieran protegerlos mejor contra los “imprevistos”, se usen para seguir pagando (con intereses, como Dios manda) a los fondos buitres (¿se ve la extrema finura de la perversión? al igual que al obrero, no contentos con extraerle plusvalía, se le hace pagar IVA para comprar la mercancía que él mismo elaboró, al pobre tipo que le aumentaron 500 por ciento el ABL lo ahogan, literalmente, porque su dinero fue a parar a las arcas imperialistas que, mediante las correspondientes “correas de transmisión” locales, van a seguir explotando a sus parientes, a su clase, a su pueblo, a su nación). Nadie pretende –sería inconcebible- que reconozcan que la propia lógica, ella sí “inevitable”, de los ultrasalvajes negocios inmobiliarios y la especulación con las tierras urbanas de las que son socios por acción u omisión impiden -no es solo un tema de “voluntad política”- una planificación racional de las estructuras urbanas que solo sería presuntamente posible bajo el control estricto y autónomo de los ciudadanos, los usuarios y los sectores populares más “afectables”. Nadie pretende –sería ingenuo- que expliciten las conexiones (no tan) “secretas” entre este desastre “ecológico” y la “ecología” económica y política que dirige a la megaminería y el genocidio de los Qom. Nadie pretende –sería inimaginable- que se autocritiquen de estar transformando una gran tragedia nacional causada por ellos mismos (continúan las finuras perversas) en un repugnantemente mezquino tironeo para ver quién consigue mejor posición negociadora en la Sociedad de Irresponsabilidad Ilimitada que continuará sin cambios sustanciales después de las elecciones de octubre. Nadie pretende nada de eso. Y sin embargo, nada de eso se puede dejar de decir. No se puede dejar de decir que, si no bastaban los hechos sociales para dejar en claro los límites infranqueables de los múltiples “relatos” con que nos atosigan, ahora llegó la mismísima naturaleza para anegar con su furia las imposturas –queridas o no, tanto da- de unos y otros socios de la gran estafa. Con los “derechos humanos” atragantados de las aguas servidas y las miasmas de nuestras polis, ¿dirán ahora que la Naturaleza misma está entrando en Plaza de Mayo “vestida de rojo”? ¿Estarán pensando en aplicarle la Ley Antiterrorista?
3.
Ahora bien: si se me permite parodiar afectuosamente una probadamente eficaz campaña publicitaria, ¿quiénpodrá decir todo esto? Para volver al principio de esta nota: ¿quién  podrá reconectar aquellas “generalidades abstractas” con estas “particularidades concretas”, enunciando con rigor y consecuencia las articulaciones entre ambas que hagan reconocibles e irrefutables los límites “narrativos” –y desde luego fácticos- de la fina perversión que nos rodea? Respuesta obvia: Nosotros, la Izquierda. Y absolutamente nadie más. Ya sé que en estos mismos momentos se está haciendo, que partidos, organizaciones, agrupamientos están produciendo sus declaraciones y documentos en esta dirección, “más allá de sus diferencias”. Pero justamente, ante una circunstancia como la presente –así como sucedió ante Once o ante Mariano Ferreyra-, se debería estar más acá de las diferencias. Se requiere una movilización conjunta de todas las energías de la izquierda –al menos la agrupada en el FIT, si no fuera posible por ahora más amplitud- que “saque a la calle”, por así decir, esta discusión por todos los medios posibles (desde los propiamente “mediáticos” a los actos públicos, desde los manifiestos unitarios a las asambleas en fábricas, barrios, universidades, etcétera) para mostrar que, en efecto, solamente la izquierda está en condiciones de denunciar con argumentos sólidostodo lo que este nuevo episodio condensa en materia de responsabilidades tanto “coyunturales” como “estructurales”, y todo lo que significa como nueva insistencia de una materialidad siniestra que ya ningún “relato” alcanza para desviar de la vista. ¿Sería esto, además de muchas otras cosas, también una “campaña política” con vistas a octubre? Claro que sí. Solo que con la radical diferencia de que permitiría dejar nítidamente establecido que esta campaña no es por una mayor porción de la torta asesina, sino para demostrar que la única manera de que la “torta” no siga matando es cambiando de cuajo los ingredientes y, sobre todo, la receta. Que de no ser así, seguirán ocurriendo “tragedias inevitables”. Y que eso, ni un milagro del Papa nacional y popular podrá evitarlo.

miércoles, 3 de abril de 2013

Amaranta, Susana San Juan, José Arcadio, Aureliano, Écue-Yamba-ó!



Custodiado por expertos

Sospechosos viajes de Boudou: el Senado pagó viáticos por destinos que no visitó

La Cámara alta autorizó gastos de entre $38.000 y $140.000 por recorridos que no estuvieron en la agenda del vicepresidente; serias inconsistencias en las fechas de los documentos

martes, 2 de abril de 2013

¡Felicitaciones!

DA LA ENHORABUENA




Eugenia Link es ahora Programming Manager of Lifestyle Channels en Fox Latin American Channels


lunes, 1 de abril de 2013

Me olvidaba...

¡Felices pascuas para todos y todas!




Mil trágicas mesetas

El 7mo. libro de pato-en-la-cara, Teoría y práctica de la tragedia, de Manuel Hermelo y Teresa Arijón, ya está en las librerías. Agradecemos que lo busquen y divulguen. Y que lo lean!







http://patoenlacara.blogspot.com

sábado, 30 de marzo de 2013

Mare Nostrum



























































Acá.

La política que vendrá

 Por Daniel Link para Perfil

La abuela española de quien está haciendo una diligencia en la Oficina Laboral de España recibe una pensión vitalicia de 403 euros mensuales en su carácter de viuda de un trabajador que tallaba vías para los ferrocarriles del reino visigodo, a comienzos del siglo XX. Las actuales disposiciones cambiarias obligan al diligente a liquidar el cheque de 523,36 dólares que le mandan según una equivalencia caprichosa que involucra una pérdida sustancial del poder adquisitivo de esa pensión. ¿Dónde? En un banco que ostenta el oscuro privilegio de monopolizar este tipo de transacciones y que es seguramente el único beneficiario de la maraña cambiaria en la que están atrapados una anciana pobre y un nieto atónito.

La desesperada madre peruana que hace cola para obtener su “nuevo dni para extranjeros” llora porque no puede conseguir dólares para mandar a sostener a sus dos hijos, que han quedado en la Cochabamba natal, al cuidado de su abuela. Los chicos no pueden mudarse a Buenos Aires con la madre, porque nadie sabe dónde está el padre, que debería autorizar la migración, y ningún juez se atreve a firmar una orden en su ausencia. En la medida en que su trabajo es informal, la afip no la autoriza a utilizar la cotización oficial y lo que consigue en el mercado paralelo es una suma sensiblemente menor a la que sus hijos necesitan (según los cálculos de hace un año, los de hoy son imposibles de realizar).

Son casos, se dirá, marginales. Pero en los márgenes del sistema es donde tal vez se encuentre su verdad o, si se prefiere, su perversidad: lejos de imponer a los que más tienen una restricción o una cotización diferencial adecuada a su nivel de ingresos, excluye a los que menos tienen, los migrantes (no me vengan con la pavada de que hay “migrantes ricos”).

¿Pero cómo? ¿No es éste un gobierno sensible a las necesidades de los sectores populares y toda su estrategia no se orienta a sostener un modelo que favorezca no los intereses de las entidades financieras sino al pueblo, esa entidad ambigua que tanto designa a un cuerpo político integral como a una multiplicidad fragmentaria de cuerpos excluidos?

No quiero negar esta imagen (finalmente, una imagen se mide por su potencia y no por su adecuación a una realidad siempre esquiva) sino más bien interrogarla cuando, después de diez años de ser el emblema de un sistema económico, exhibe la paradoja (por la vía del mercado cambiario) de poner en juego la vida de personas que no son ni grandes contribuyentes, ni agroexportadores, ni herederos de privilegios de clase sino el límite mismo de lo que el sistema puede pensar (y que debería ser su umbral de transformación).

Aún compartiendo los lineamientos básicos del sistema, me molesta un poco que se haga depender su salud del eslabón político más insignificante de nuestro tiempo, el refugiado o el inmigrante que, por su sola existencia, revela el carácter definitivamente ilusorio del “mercado interno”, la “industria nacional” e, incluso, la “burguesía nacional”. La “batalla cultural contra el dólar” parece ser más bien una batalla contra el capitalismo transnacional (es decir, posterior a la crisis irreversible de los Estados Nacionales), en favor de un modelo más arcaico, el capitalismo nacional: una plataforma que se imagina más adecuada para sostener hipótesis de transformación revolucionaria. Sea.

Pero una década entera no alcanzó para eliminar la miseria del horizonte de posibilidad de las personas (y al mismo tiempo, del horizonte de la práctica política, que parece necesitarla para definir sus acciones), lo que parece una paradoja más de la soberanía moderna, que excluye incluyendo.

La política contemporánea puede entenderse como un experimento de lenguaje más o menos chisporroteante, pero en la medida en que sometea los que menos tienen, durante diez años, a un horizonte de penurias, revela su carácter absolutamente desolador.

El Estado-Nación puede haber funcionado alguna vez como el centinela de los pueblos y de los imaginarios radicales y con razón puede pensarse que la pequeña burguesía planetaria es la forma en la que la humanidad camina hacia su propia destrucción. Pero eso no nos obliga a buscar la redención en un repliegue nacionalitario, sino a remover el diafragma sutil que separa las identidades totalizadoras (el “consumo popular”) de las singularidades cualunque (el migrante, el expatriado, el refugiado) que son el umbral y la verdad de nuestra modernidad. Ésta, ha advertido Giorgio Agamben, es la tarea política de nuestra generación.


Compartir



martes, 26 de marzo de 2013

Y a los compañeeeros, la cárcel ya...

Tras dos años y medio de toma, la Sala Alberdi fue restituida a la Ciudad

Ante un fallo que ordenaba el desalojo y negociaciones infructuosas, los cuatro jóvenes que ocupaban el recinto lo liberaron; el gobierno porteño denunció robos de equipos y daños.

Descansa en paz

El gobierno de Cristina se está “isabelizando”

por Susana Viau (1945- 24 de marzo de 2013) para Clarín (03.11.12)

“He leído sobre socialismo utópico, he leído sobre socialismo científico, he leído sobre el socialismo real, pero nunca escuché en la historia ni en ninguna parte del mundo (sic) hablar de narco-socialismo”, bramó Andrés Larroque, exageradamente eufórico para esas horas de la noche. El secretario general de La Cámpora, “cuervo, ricotero y peronista”, según se define, parece, por sus andanzas, más dado a frecuentar a los barrabravas de Hinchadas Unidas Argentinas y a su mandamás Horacio Mallo, que a la historiografía socialista. El gesto de Larroque venía a poner la puntada final a una operación iniciada casi 20 días antes con el estallido del escándalo que complicó al jefe de la Policía santafecina Hugo Tognoli con el tráfico de drogas. La tramitación del affaire, a cargo del Ministerio de Seguridad, había dejado pintado al gobernador Antonio Bonfatti y, por elevación, salpicaba a Hermes Binner, el candidato de la que fue, en las últimas elecciones, la principal opción opositora. Dolido, Bonfatti se quejó de haber conocido “por los diarios” las sospechas que pesaban sobre su funcionario. “No sé qué pretendía –respondió el viceministro Sergio Berni–: era confidencial”. La compadrada del coronel médico daba la medida del ninguneo al que la Presidente, por sí o a través de funcionarios de segunda clase, somete a sus competidores, muchos de ellos elegidos por el sufragio popular, representantes de la voluntad de sus provincias y, de acuerdo a la Constitución, “agentes naturales del gobierno federal para hacer cumplir ( …) las leyes de la Nación”. Binner y Bonfatti no han hecho más que probar la amarga medicina que el cristinismo ya había suministrado al gobernador de Santa Cruz, Daniel Peralta, al jefe de Gobierno de la Ciudad, Mauricio Macri, e, incluso, al bonaerense Daniel Scioli, hoy beneficiado por una tregua tan unilateral como la previa declaración de hostilidades. La maniobra de desprestigio al FAP se iba a coronar con la detención del colombiano Henry “Mi sangre” López Londoño, un jefecillo de la droga al que Berni no tuvo empacho en calificar como “el narco más importante del mundo”. Maxwell Smart hubiera envidiado las despampanantes declaraciones del viceministro y las imágenes que las sucedieron: “Mi sangre”, el supuesto supertraficante, fue trasladado en medio de un impresionante alboroto de periodistas y curiosos, con las manos esposadas y protegido apenas por un chaleco antibalas. Su cabeza enrulada era un blanco perfecto para cualquier hampón que tuviera la intención de llamarlo a silencio.
Berni no conoce el ridículo.
Al mismo tiempo, el oficialismo cerraba el cerco sobre los jueces que quiere desactivar en su ruta al 7-D: la ciudad se cubrió de afiches de la revista XXIII con el rostro de Ricardo Recondo, juez y miembro del Consejo de la Magistratura. La cartelería de Sergio Szpolski, un creador de productos tóxicos, utilizados hasta para incidir en los divorcios de las parejas de sus socios, vinculaba a Recondo con la ex SIDE. Unos días antes había naufragado el intento de crucificarlo por haber sido miembro de la Justicia durante la dictadura, imputación que no resistiría un prominente hombre del máximo tribunal, juez penal durante el Proceso de Reorganización Nacional y del que uno de sus ex colegas cuenta que “contestaba menos hábeas corpus que yo”. Luego de Recondo le tocó el turno a Francisco de las Carreras, “culpable” de haber asistido a un seminario sobre propiedad intelectual organizado por una ONG, en Miami. La foto de De las Carreras, incluso en sus vacaciones, ilustró las pantallas de los canales que forman parte de la inmensa constelación de medios “K”. Recondo y De las Carreras resisten el embate, pero el Poder Judicial está asustado: ¿quién tiene el temple necesario para hacer frente a la propaganda oficial?, ¿quién no se siente vulnerable si la vida de padres, hermanos o hijos es simple material para la extorsión?
La Secretaría de Inteligencia hurga en los basurales para disciplinar a los rebeldes.
El gobierno de Cristina Fernández se “isabeliza” y el encierro no es el menor de sus parecidos. Un entorno minúsculo caracterizó a María Estela Martínez luego de la muerte de Juan Perón. Esa misma atmósfera viciada es la que respira la señora de Kirchner después del fallecimiento de su esposo. Con la pérdida, las dos produjeron cambios radicales en sus equipos de gobierno: Isabel se desprendió, entre otros, de José Gelbard y de Jorge Taiana (los Taiana no tienen suerte con las mujeres peronistas en el poder) y los suplantó por segundones siniestros, sin densidad política: Savino, Villone, González, Ivanissevich; Cristina Fernández dio de baja a buena parte del PJ y de la “pingüinera” que rodeó a Néstor Kirchner y la reemplazó por los militantes de La Cámpora, los protagonistas de una invasión secreta al aparato del Estado.
La inflación carcomió la gestión de una y corroe la de la otra; en los dos casos –si bien por diferentes motivos– se hundió la producción petrolera y fue necesario aumentar la importación. La administración de Isabel Martínez vio subir como la espuma el gasto en energía: una parte del sindicalismo la abandonó; el déficit fiscal creció y el dinero se fue a raudales por el sumidero del ministerio de Bienestar Social, sus tácticas clientelistas y los incumplidos y faraónicos planes de vivienda; al mes de la muerte de Perón y gracias a los diligentes servicios de Osvaldo Papaleo, se estatizaron los canales de televisión y los controles a la prensa se recostaron sobre una ley que penaba con cárcel de 2 a 6 años a quien “divulgara, propagandizara o difundiera noticias que alteren o supriman el orden institucional y la paz social de la Nación”.
Los periodistas críticos (el mayúsculo Enrique Raab, entre otros) fueron estigmatizados con campañas amenazantes desde las radios del Estado o desde las publicaciones sostenidas por él. Es cierto, falta en esa simetría un factor sustancial: la violencia política, la violencia armada.
No es poca diferencia. Aunque vale la pena preguntarse si no están cargadas de violencia las operaciones de inteligencia, el escarnio público, las leyes votadas a libro cerrado, las declaraciones de Berni, los discursos de Larroque o de la propia Presidente cuando asegura que la fuerza que gobierna la Capital “es sospechosa sí, pero no porque nos haya apoyado en una votación”. La jefa de Estado, por su condición de mujer, debería prestar una atención especial a las consecuencias de la violencia verbal.
Sin embargo, la presidente ha elegido avanzar por un camino estrecho y solitario, convencida de que “nada es casual, todo tiene que ver con todo, todo se articula”. Para recorrer ese sendero cuenta con navegantes inexpertos, consejeros especializados en ideaciones persecutorias, sin talla suficiente para dirimir situaciones difíciles. Quedó penosamente claro durante su última aparición pública, al hacer mención a las quintas columnas, expresión que, de acuerdo a su secretario Legal y Técnico Carlos Zannini, “que es más culto que yo”, fue acuñada por el general Mola, “el general republicano”. Google la hubiera aleccionado mejor. A Emilio Mola, enemigo acérrimo de la Segunda República, lo apodaban “el Director” por su rol decisivo en el golpe del 18 de julio de 1936. Allí donde estén, los huesos de Mola deben haber crujido. También los de los combatientes de la República. En alguna región del hemisferio austral y frente a una platea incondicional, una Presidente y su consultor en asuntos culturales acababan de enmendarle la plana a la historia. Una especialidad de la casa.

sábado, 23 de marzo de 2013

Así, no

Adivinanzas y mistificaciones
por Daniel Link para Perfil

Con honestidad y esmero, me quemo las pestañas leyendo diarios, borras de café, interrogando naipes a pedido de mis clientes. No es justo que pretendan torcer mis infalibles videncias con alianzas ex post facto que desbaratan la credibilidad que se me debe (¡que exijo!).
El 26 de enero pasado predije, en relación con la Santísima Trinidad (según la “interpretación figural” que aprendí de Eric Auerbach), “un acontecimiento inquietante y de consecuencias inconmensurables” que sacará “al partido gobernante de la atonía en que se encuentra”. El pronóstico venía acompañado de una cláusula restrictiva: “La causa de Malvinas es una apuesta, pero nada hace previsible la inmortalización de la Sra. Fernández como la restauradora de esa herida patriótica”.
El tiempo me dio la razón: nada más inconmensurable, en estos días (incluso para la Divina Providencia y la Horrenda Sociedad Trina) que la inauguración a todo trapo de la Era de Acuario Vaticana con un “Papa Peronista”.
El peronismo entró en ebullición de inmediato y más allá de las banalidades pronunciadas por la Srta. Agustina Kämpfer (quien de “luchadora”, dicho sea de paso, no tiene ni la sombra; y de agustiniana, ni el rastro de una idea), todos se dieron cuenta de la importancia del acontecimiento respecto de los destinos patrios (el único sentido del curso de los planetas y las colisiones cósmicas es su influencia en el ánimo argentino).
Ahora bien, la alianza de la Sra. Fernández y el Sr. Francisco en relación con la causa de Malvinas, más allá de su nobleza patriótica, fue urdida en primer término para desacreditarme y ridiculizarme ante la opinión pública (y mi nutrida clientela). No lo conseguirán.
Si efectivamente el Sr. Francisco consigue que se entable el diálogo a propósito de los títulos de propiedad de las Hermanitas Perdidas, exijo que se reconozca que habré fallado (¡a medias, y no más que Carta Abierta!) en la cláusula restrictiva, pero no en la predicción general que la contenía: Santísima Trinidad mediante, Copi mediante (quien en La internacional argentinasostuvo el dogma de que sin nosotros el mundo no tiene Gracia), yo acerté y salimos de la grisura morenista. ¡Síganme, no los voy a defraudar!


Compartir

viernes, 22 de marzo de 2013

Lo mejor y lo peor del arte de mañana