sábado, 18 de junio de 2011

Una chispa de vida

Por Daniel Link para Perfil


Río de Janeiro es uno de los estados más pequeños de Brasil y, al mismo tiempo, uno de los más ricos. Sólo superado por el poderosísimo estado de San Pablo, es el principal productor de petróleo y gas natural (el paisaje nocturno de la ciudad está dominado tanto por las luces de la orla costera como por el Cristo del Corcovado, que parece suspendido en el aire oscuro, y la brillante plataforma petrolera estacionada en la bahía de Guanabara).

Actualmente, el estado está gobernado por Sérgio Cabral Filho, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño, aliado al PT gobernante a nivel federal y cuyo principal referente, el ex-presidente José Sarney, es el presidente del Senado y, se supone, el responsable de la marcha atrás de la presidente Dilma Rousseff en su anunciado proyecto de abrir los archivos de la dictadura. “Los documentos son parte de nuestra historia diplomática, no podemos abrir esos documentos, sino vamos a abrir heridas”, habría dicho Sarney. En la perspectiva del PMDB, cincuenta años es poco, mejor es esperar cien. En un país donde no hubo Madres, ni Abuelas, ni juicios, a la presidente (presa y torturada en su momento) le pareció atendible*.

El pasado 4 de junio, en el riquísimo estado de Río de Janeiro, 439 bomberos fueron encarcelados luego de que se acuartelaran en demanda de mejoras salariales. Un bombero carioca gana menos de 1.000 reales por mes, en una de las más caras ciudades hermosas del mundo (el pasaje simple para usar el metro cuesta 3,10 reales).

Liberados gracias a la interposición de un recurso de habeas corpus concedido por la Justicia de Río, los bomberos y la policía militar organizaron una passeata (marcha) en Copacabana el domingo pasado. Colocaron en la playa, frente al Copacabana Palace, 439 globos rojos que fueron soltados en homenaje a esos “hombres de fuego”, cuya protesta fue apoyada por 27 mil personas, la mayoría de ellas vestidas de rojo, que se incorporaron a la caravana de bomberos de todo el país e incluso de Argentina, que envió representantes sindicales (pero no periodistas). Desde los balcones de la Av. Atlántica, otros tantos colgaron trapos rojos solidarios y los empleados de los hoteles, que no podían abandonar sus puestos de trabajo, lucieron distintivos rojos en sus solapas.

Se reclamaba la amnistía para los 439 bomberos, las mejoras salariales para ellos, y, aprovechando el impulso, para los trabajadores de la educación y la salud (igualmente miserabilizados, con sueldos por debajo de los 800 reales). En contra de lo previsible, ninguna consigna explotó los juegos de palabras que podrían haberse hecho con el apellido del gobernador (“filho de...”). En cambio, se insistió en que “todos somos bombeiros”, se condenó a los gritos al “governador insensível” y, por elevación, al partido que representa, sus políticas públicas y, en última instancia, sus políticas de la memoria que, como decían las remeras distribuidas por los bomberos, afectan a lo viviente: “Para o governador, você é um voto, para os bombeiros uma vida”.


*A Lula, según se supo el viernes, no.


Foto: Sebastián Freire

viernes, 17 de junio de 2011

Portmanteau

Con un público que superó las 1400 personas, entre las más de 700 que colmaron el Hall central de la nueva sede de la Facultad de Ciencias Sociales, y las otras 700 que la siguieron en vivo a través de Tvpts, se desarrolló el debate entre: Horacio González, director de la Biblioteca Nacional, María Pía López, socióloga y docente (ambos miembros Carta Abierta); Christian Castillo, dirigente nacional del Partido de Trabajadores Socialistas (PTS) y candidato a vicepresidente por el Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT); y Eduardo Grüner y Pablo Alabarces (ambos ensayistas, sociólogos y docentes de la UBA), firmantes de la declaración de apoyo al FIT junto a más de 400 intelectuales, docentes y artistas.

Aquí, una crónica.


Volver a los clásicos

jueves, 16 de junio de 2011

Exportaciones no tradicionales


Walsh, Rodolfo. El violento oficio de escibir. Madrid, ediciones 451, 2011 (edición al cuidado de Daniel Link)


Barón Biza, Jorge. Le Désert et sa semence. París, Attila, 2011 (postface de Daniel Link)

miércoles, 15 de junio de 2011

Cate ataca de nuevo

Me dice Cate por skype que me extraña. "Yo también", le digo, mientras me preparo otro whiscola. Nos conocimos en una plaza de Nueva York, hace un par de años. Yo me acerqué a ella a saludarla y a decirle que no pensaba sacarle una foto. Agradeció mi gesto y nos quedamos charlando sobre sus últimas películas. Desde entonces, chateamos cada tanto e, incluso, usamos el skype por el solo placer de criticar sus peinados.
"Te ví el otro día", le digo ahora. "En Hanna". "¡Ah!", se ríe. "¿No te encantó?". La película es medio un bodrio, pero está bien contada: hay una chica entrenada para matar o morir (ella misma no sabe bien por qué). Cate es la villana, como siempre... "¿Vos te das cuenta de que te toman para el churrete?", le pregunto. Se ríe: a ella no le importa mientras la dejen actuar como quiera (lo suyo es el teatro, naturalmente).
En Hanna es de una maldad asesina (y habla alemán, cómo no). Eso ya lo ha hecho (Indiana Jones, etc...), pero esta vez está con una peluca como de Marcelo Marcote (en sus peores momentos). Y se hace sangrar las encías con un cepillo de dientes mecánico. "¡Vos estás mal de la cabeza!". Se ríe: "¿Qué querés? Vos viste lo que es el cine....". Sí, ví.
Y yo estoy obligado a ver todas las películas protagonizadas por Cate Blanchett (¡pero ahora vienen dos de
Hobbits!), porque ella está siempre impecable, inclusive en Hanna, donde da realmente miedo con su palidez sobrenatural y su sonrisa de tiburón enloquecido. "¿Y lo del tobogán?", me pregunta con una carcajada.... "Me imaginaba", le digo. En una escena, hacia el final de la película, cae cabeza abajo por un tobogán de metal... "Eso es taaaan tuyo".
Después, seguimos hablando de los chicos y de lo cara que está la vida...

Antes que anochezca

martes, 14 de junio de 2011

La dama del perrito


Tetas y escarpines (Río, junio 2011)

Experiencia y pobreza



Sábado de gloria

lunes, 13 de junio de 2011

Nobleza obliga

Aquello, estaba tomado de esto (al menos, según la versión de Alberto, a quien le agradezco el dato, ver 8/8):



¿Y los griegos?

Asistimos a la "apoteose" (así anunciada) de Rafaeu Spregelbúrd (así dicho), quien, invitado por la PUC, pronunciaría la palestra de encerramento de un coloquio internacional sobre formación teatral (su imposibilidad, su necesidad).
A lo largo de dos horas, el más inteligente de nuestros dramaturgos (el más inteligente artista de su generación) desplegó una cantidad de datos y argumentos que, sin embargo, prefirió resumir en una sentencia que ponía ente paréntesis los festivales trágicos y los sufrimientos de los átridas:

"El problema que ustedes tienen para hacer teatro es el mar.
Con el mar ahí, nadie puede hacer teatro."

domingo, 12 de junio de 2011

Bajo el volcán


Pola Oloixarac manguereando los techos de su mansión en las afueras de Bariloche.

"Si no fuera porque al respirarlas te sangra la nariz,
las cenizas son re-exfoliantes y buenas para la piel",

declaró a través de
su agente de prensa para Europa Occidental e Islas Adyacentes.

(anterior)

sábado, 11 de junio de 2011

Viajando se conoce gente

por Daniel Link para Perfil

Lo vimos en Urca y nos apresuramos a arrarstrarlo a un callejón oscuro, sin salida. MIentras S. le sostenía los brazos trabados en la espalda, yo lo abofeteaba (con la misma mano, del derecho y del revés) y lo interrogaba sobre su presencia en Río de Janeiro: "¿A qué viniste? ¿En qué andás?". Rafaeu Spregelburd sostenía su insolente sonrisa de siempre y callaba, quería callar. Pero nosotros sospechábamos que estaba en contacto con los carteles de la droga que controlan el morro de la Trinidad. Finalmente, sabiéndose sin escapatoria, confesó su misión: "Vine a comprar delanteros para mi equipo de fútbol de dramaturgos, porque si hemos de confiar sólo en Maxi Tomas, nos arrasarán hasta Los Murciélagos (el equipo de cieguitos)". Su respuesta me produjo una instantánea repugnancia y multiplicó mi desconfianza y mis sospechas: ¿con qué plata pensaba pagar esos delanteros que, con otros propósitos, también nosotros codiciábamos? ¿Estaba Spregelburd involucrado en la conexión Schoklender? Así podría comenzar una novela que, si la novela fuera todavía posible (y no una antigualla más que se cultiva en los circuitos de adoradores del Arte Antiguo y las Ferias del Libro), yo escribiría sin mayores tropiezos. Parto de una premisa de realidad: Rafaeu (así lo llaman acá) y yo (Danieu) estamos, en estos días (como tantas otras veces), en la misma ciudad extranjera, y hemos viajado con esos dineros excedentes que las sociedades destinan para estimular el tráfico de ideas. Ignoro por qué las ideas necesitan de los cuerpos para ser movilizadas más allá de las fronteras, y alguna vez Mario Bellatin intentó demostrar la banalidad de esa presunción, sin éxito: los escritores siguen viajando a costa de los contribuyentes.
No era en esto en lo que quería detenerme, sino en la enorme relación de todo lo que hago (o escribo) con la figura y la obra de Jorge Borges, esa suerte de lotería que los argentinos nos ganamos y que nos permite ir a cualquier parte del mundo y tener un nombre y unas frases que invocar, nos importen mucho o poco. Borges es el más aburrido de los escritores barrocos, cuando no el más penoso. Su pensamiento está lleno de contradicciones, efecto de su gusto desmedido por los juegos conceptuales, y su precisión de gramático muchas veces oculta una vacuidad insoportable. Pasolini, Deleuze, por citar sólo a dos gigantes admirados, no gustaban de Borges. A nosotros, para quienes todo comienza con Puig, con Copi, con Spregelburd, nos conviene soportarlo. Millaje obliga.


viernes, 10 de junio de 2011

Si no hubiera existido Borges

por Beatriz Sarlo para La Nación

Sin Borges, la teoría literaria no habría encontrado una obra que le permitiera alcanzar una autoconciencia argentina: pensar problemas teóricos con textos escritos acá, como si esos textos anticiparan aquellos problemas, los adivinaran y los dejaran abiertos. Y, aunque la lengua de Arlt y la de Saer llegan de geografías originales, sin Borges no se habría escrito en ese castellano rioplatense límpido, tan criollo como cosmopolita, que (al revés de los enigmas rebuscados pero banales) sólo muestra su dificultad magistral, su desafío a la inteligencia, una vez que el lector se ha acercado a comprenderla.

La nota completa (con la que no se puede acordar totalmente), acá.

jueves, 9 de junio de 2011

Siempre se vuelve al primer amor


¿Tein patova? Tein...

martes, 7 de junio de 2011

Clic para agrandar



lunes, 6 de junio de 2011

Cosa de negros




Se viene la champeta colombiana (yo, avisé: ¡cómo los malcrio, eh!)

domingo, 5 de junio de 2011

Youtube, el neolítico superior

por Daniel Link para Arteforum

Elijo, para terminar, mostrarles este video, que encontré casualmente en YouTube. Se llama Los últimos días de Nietzsche y fue publicado el 28 de enero de 2007. Como ustedes saben, Nietzsche murió el 25 de agosto de 1900, víctima de una neumonía. Un año antes, una apoplejía le había provocado una parálisis y, desde 1889, cuando sufrió un colapso mental en la turinesa Piazza Carlo Alberto y se abrazó a un caballo para protegerlo de la humanidad, permaneció recluido, bajo el cuidado de su madre, primero, y de su hermana Elisabeth después, quien volvió de Paraguay en 1893, para hacerse cargo de él.

Lacónicamente, quien publicó el video agregó una cláusula polémica: “Aunque la autenticidad de este clip haya sido debatida...”. Por supuesto, no hay rastros de ese debate antes de la publicación del video, aunque con posterioridad (obedientemente) se hayan discutido sus condiciones de posibilidad en los peores términos, es decir: en términos técnicos. Las tomas en espacios cerrados eran, por entonces, imposibles, aún suponiendo la luminosidad de un verano. Y los lentes de los que se disponía impedían acercamientos (close ups) semejantes a los que aquí se ven. Conclusión: el video es una falsificación urdida a partir de las fotografías tomadas por Hans Olde (citado, también, en YouTube), procesadas digitalmente.
Mi reacción (porque ya había visto a Heidegger, a Deleuze, a Derrida y escuchado a Celan en YouTube) no fue ésa, y me pregunté (la pregunta me asaltó antes incluso de poder pensarla) si se podía decidir de una pieza de archivo (que tal vez fuera una obra o cosa de arte) su verdad o falsedad (sobre todo, pero no sólamente, en tiempos de la digitalización de las imágenes).
Admitamos que la película no pudo ser rodada en su momento por razones estrictamente técnicas. Nada impide considerarla como un fruto de la imaginación (una potencia de actualización sino imposible, con certeza indefinida) que, sin embargo, llega hasta nosotros gracias a un ejercicio de anacronismo. Si el “esto ha sido” de la fotografía “sólo fue posible el día en que una circunstancia científica (el descubrimiento de la sensibilidad a la luz de los haluros de plata) permitió captar e imprimir directamente los rayos luminosos emitidos por un objeto iluminado de modo diverso”1, el movimiento y la cadencia respiratoria propios de la imagen-tiempo nos llegan por la mediación de otra circunstancia científica que no falsifica lo esencial de la intervención fotográfica, sino que la subraya por la vía de la suposición (naturalista hasta la médula) del gesto. De modo que, como la fotografía, Los últimos días de Nietzsche no dice (forzosamente) lo que ya no es, sino tan sólo y sin duda alguna lo que ha sido.
Como un poema-haiku, el video sostiene una vida impersonal, situada en un umbral más allá del bien y del mal (es decir: sobre la que no se puede predicar ni el bien y el mal). Muestra a Nietzsche durante el verano de 1899, pocos meses antes de su muerte, y no hace casi falta señalar que las fotografías de Hans Olde correspondientes a ese período han tocado, con sus luminancias2, ese cuerpo, en ese estado o, más bien, en ese trance o proceso que atraviesa lo vivible y lo vivido (de allí su aspecto de informe e inacabado).
El historiador o el bibliotecario podrán desdeñar ejercicios semejantes, pero un curador o crítico de arte debe estar atento sólo a ellos, porque constituyen el objeto de su práctica (¿no es “curar” una vigilancia atenta de lo que vive todavía?). Si la escritura es inseparable del devenir y “devenir no es alcanzar una forma (identificación, imitación, Mimesis), sino encontrar la zona de vecindad, de indiscernibilidad o de indiferenciación tal que ya no quepa distinguirse de (...) una molécula”3, hay que admitir que este video ha sido, al menos, escrito, y que, gracias a él, el campo potencial infinito de virtualidades configura la actualización misma de la realidad (lo que se llama “empirismo trascendental”4): lo que vemos es une vie... y por eso nos impresiona (hasta quitarnos el aliento).
“Puesto que lo que importa no es la “vida” de la foto (noción puramente ideológica), sino la certeza de que el cuerpo fotografiado me toca con sus propios rayos”5, el falsificador de YouTube encontró el punto exacto de pasaje de “la vida” a “una chispa de vida”.
Los últimos días de Nietzsche
recupera no al filólogo loco, sino “la chispa de vida en él” (la vida desnuda o la forma-de-vida), como estado de suspensión inasignable, entre la vida y la muerte (lo propio de la infancia, pero también de los moribundos). Es, por eso, una experiencia que fabrica, al mismo tiempo, juegos de lenguaje y formas de vida. Las piezas de ese juego son la leve animación del brazo y la cabeza, el casi imperceptible parpadeo de los ojos, el ruido de las cigarras y el cuerpo real de Nietzsche (impreso en las fotografías de Olde). De ese cuerpo que se encontraba allí (no importa, nunca importó, cuántas capas de mediación tecnológica haya que suponer) han salido unas radiaciones que vienen a impresionarnos a nosotros (que nos encontramos aquí) como los rayos diferidos de una estrella.
En lo que se refiere a las artes de la voz y del gesto, YouTube alcanza dimensiones a las que los museos, esas instituciones decimonónicas, no pueden llegar sin falsificar la historia y la lógica del universo. El biografema borgeano “El universo (que otros llaman la Biblioteca)” alguna vez pudo entenderse como un admirable ejemplo de ficción. Su traducción actual, “El universo (que otros llaman YouTube, esa serie heterogénea de actos independientes, ese desplazamiento, esa investigación en manada de la masa), se adecua a nuestra realidad tanto como alguna vez el mundo se adecuó a la letra de la Enciclopedia de Tlön.



Buenos Aires, mayo de 2011

1 Barthes, Roland. La cámara lúcida. Barcelona, Paidós, 2009, pág. 94

2 Barthes. Op.cit, pág. 95

3 Deleuze, Gilles. “La literatura y la vida” en Crítica y Clínica. Barcelona, Anagrama, 1996

4 Deleuze, Gilles. “La inmanencia: una vida...”

5 Barthes. Op.cit.

sábado, 4 de junio de 2011

La toma de la Bastilla



Por Daniel Link para Perfil


Contra todo pronóstico, los “indignados” de Madrid continúan acampando y su tozudez ya cruzó los Pirineos y llegó a París (entre otras capitales europeas). Las fotos muestran a cientos de manifestantes en las escalinatas de la Opera de la Bastilla clamando por “Democracia real ya”. Nadie sabe en qué puede terminar una rebelión difusa como la que está recorriendo Europa, una vez que el verano se haya terminado, pero a nadie que haya seguido los debates europeos de los últimos años con una atención mínima puede sorprender una semejante adaptación de lemas criollos.

En 2001, Argentina se volcó a la calle. Los turistas cultivados y de espíritu transformador vinieron desde Europa a ver qué pasaba y se llevaron souvenirs de conciencia (con el nacionalismo pasó lo mismo: nació de este lado del Atlántico y luego los europeos, que entienden casi todo mal, adaptaron el dispositivo).

En 2007, el muy francés Comité Invisible inscribió el linaje de la revuelta en La insurrección que viene: “Nada de lo que se presenta está, ni de lejos, a la altura de la situación. Incluso en su silencio, la propia población parece infinitamente más adulta que todos los títeres que se pelean por gobernarla. Salido de Argentina, el espectro del «¡Que se vayan todos!» comienza a acosar seriamente las cabezas de los dirigentes”.

Bueno, sí, pero eso era antes: ahora los argentinos aceptamos hasta que el Estado decida por nosotros en qué momento del servicio podemos pedir el salero. Es el pasaje de la toma de la Bastilla o del Palacio de Invierno a la hipertensión como problema de Estado, es decir: el fascismo en sus formas más larvadas, que transforma la chispa de la vida en estadística poblacional. Un asco. Y una advertencia: no sea cosa que la revuelta se nos transforme en Putsch cervecero.

viernes, 3 de junio de 2011

Elogio (barthesiano) del catolicismo


Ontem, Noto; hoje, Ouro Preto (in dubio, pro Preto)...
Nos preguntamos, en estos días de loca carrera por las estradas y rodovías, por las relaciones, siempre interesantes, entre creencias y placeres. En los países católicos se come bien. En los demás, no (dejo fuera de la serie a Japón, que no conozco). Y a mayor quantum de catolicismo (delirante barroco), mayor calidad de la comida: Ouro Preto, Oaxaca, Cusco, en nuestro continente. Cualquier pueblito español, italiano o francés, en el viejo mundo.
¿Y la comida árabe? Deliciosa, sí, pero imposible pensarla como menú diario. No, hay algo del catolicismo que, necesariamente, se vuelca en la mesa: ¿la Última Cena? Las que pintaron los decoradores de Ouro Preto no ceden en disparate a las cusqueñas (pero aquí no hay cuises, sino costillas de cerdo).


jueves, 2 de junio de 2011

Amenaza inútil

Si llego a escuchar una sola estrofa más de bossa nova (esa impostura), juro que grito...