jueves, 30 de junio de 2011

¡A-cá-ta!



miércoles, 29 de junio de 2011

Invitación



martes, 28 de junio de 2011

Una de negreros

Este martes 28 de junio, desde las 16:30, la reunión de comisión de legislación general del Senado, tiene en su agenda tres proyectos de ley de “Remuneración por Copia Privada”, popularmente conocida como Canon Digital. Los proyectos pretenden incluir un gravamen sobre dispositivos digitales para compensar las supuestas y nunca comprobadas pérdidas que sufrirían los titulares de derecho de autor ante la copia privada de obras. El canon digital es un abuso. Si te oponés, hacele saber a los senadores cuál es tu opinión, enviando la siguiente nota a sus despachos.

Bajar la carta en .pdf

Buenos Aires, 28 de Junio de 2011
Sres. Senadores de la Nación,

En nuestra condición de ciudadanos nos dirigimos a ustedes a fin de hacerles conocer nuestra posición en relación a los proyectos de Ley de Remuneración por Copia Privada, o Canon Digital.

1. El canon digital es indiscriminado. Los dispositivos contemplados en el proyecto de ley tienen un sin fin de usos, la mayoría de ellos laborales, productivos y personales. Estos dispositivos no se utilizan sólo para hacer copias de obras monopolizadas bajo derecho de autor, sino que pueden utilizarse para guardar, por ejemplo, fotos familiares, trabajos propios, archivos de empresas, pymes y administraciones públicas que claramente son del usuario o la entidad que realizó esos trabajos y que no reproducen las obras administradas por las gestoras colectivas. Esta es la razón por la cual el Tribunal de Justicia Europeo, en Octubre de 2010 declaró que el Canon digital aplicado de forma indiscriminada es un abuso y ordenó suspenderlo.

2. El canon digital perjudica a la gran mayoría de los artistas. Según los datos del Boletín Oficial Español, el 97% de los artistas era más pobre a partir del cobro del canon1.

En los varios proyectos de ley presentandos, en algunos de ellos se menciona que “el canon digital se cobrará a los fabricantes”. Un impuesto del 75% sobre un CD, DVD o Blu-Ray, tal como propone el proyecto del Senador Pichetto, difícilmente sea trasladado exclusivamente a los fabricantes; finalmente será cobrado a los usuarios de esos dispositivos. Sabemos que el costo será trasladado a los consumidores finales.

3. La copia en la esfera privada está protegida por la garantía del art. 19 de la Constitución Argentina: “Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados.” Cobrar a las personas por las copias privadas que realizan de obras legítimamente adquiridas es un abuso sobre la esfera de las actividades privadas.

5. No hay pruebas de que la copia privada dañe a los artistas; por el contrario, sí existen muchas pruebas de que el canon digital daña la economía en general (porque aumenta el costo de los insumos de tecnología esenciales para toda actividad productiva local), empobrece a los artistas y en su mayoría favorece sólo a las sociedades de gestión colectiva.

En Octubre de 2010, el Tribunal de Justicia Europeo hizo lugar a una demanda contra el canon y declaró que su aplicación en España era abusiva. En 2011, Holanda anuló por ley el Canon Digital para promover la innovación y la creatividad. Europa está discutiendo fuertemente las implicancias de este gravámen que perjudica a un alto porcentaje de la población en beneficio de las gestoras colectivas de derecho de autor. Las gestoras colectivas argentinas recaudarán de nuestros bolsillos y girarán remesas a las gestoras colectivas extranjeras, porque así funciona la lógica de la gestión colectiva.

El canon digital es un abuso. Las acciones privadas son privadas. Los ciudadanos no vamos a negociar nuestros derechos. No al Canon Digital*.


*ljuez@senado.gov.ar. El buzón del destinatario está lleno y no puede aceptar mensajes.

mcimadev@senado.gov.ar. El buzón del destinatario está lleno y no puede aceptar mensajes.

fuentes@senado.gov.ar. El buzón del destinatario está lleno y no puede aceptar mensajes.

bortoloz@senado.gov.ar. El buzón del destinatario está lleno y no puede aceptar mensajes.


Cartel francés


(clic para agrandar)

lunes, 27 de junio de 2011

Un amour de Proust

Lado B

Cada año, el Festival de Bayreuth (una de las experiencias al mismo tiempo más exquisitas y más abominables del mundo musical) presenta las óperas de Richard Wagner, en particular la tetralogía El anillo y Parsifal, que suponen una inmersión total, mientras dura el Festival, en la peculiar visión artística de Wagner (esa Gesamtkunstwerk que daba dolores de estómago a Brecht, entre tantos otros). Los wagnerianos y curiosos se anotan en infinitas listas de espera y deben esperar años para conseguir una plaza.
En el otro extremo del arco musical, cada año (desde hace diez) se desarrolla en Los Ángeles una competencia de canto conocida como American Idol, que mueve miles de millones de dólares de la industria discográfica. Internada Paula Abdul (alarmantemente empastillada) y despedido el carismático Simon del clásico jurado, la última temporada colocó a JLo (que necesitaba relanzar su carrera) en el centro del podio de celebridades encargadas de juzgar la performance de los contendientes.
Independientemente de los gustos (no se trata de eso), podría pensarse que no hay experiencias más opuestas de lo musical que esas dos, que delimitan el universo y, tal vez, el campo de lo audible. Y sin embargo...
Un nuevo concurso, también losangelino, ha acercado Bayreuth y American Idol, o mejor: ha puesto a American Idol en el lugar-Bayreuth y ha desplazado la experiencia musical de ese concurso en el umbral de lo excelso. ¿Cómo puede ser?
Es que The Voice es tan, pero tan bizarro, que lo desplaza todo, partiendo de la escenografía, la conducción, la cortina (que parece más adecuada a un programa de catch de la década del ochenta). Si en American Idol está JLo, aquí está Christina Aguilera, que es una vulgaridad tan mayúscula y se abraza al trash con una pasión tan desmedida que nos cae simpática.
Los jurados no son aquí meros formadores de opinión, sino la cabeza de equipos rivales que compiten por ganar. En The Voice hay que trabajar y no limitarse a leer papelitos suministrados por la producción.
Los concursantes (elegidos a ciegas, sólo por sus voces, por cada uno de los entrenadores y productores) fueron eliminados en progresión decreciente (de a cuatro, de a dos, de a uno) de cada equipo, hasta que quedaron cuatro para la final.

La última eliminación (que destrozó los marcadores de ratings, arrasando con esa porquería que es Glee) parecía (comparada con cualquier función de American Idol, tan correcto y tan mediano en sus criterios de selección) un show de fenómenos circenses: de los ocho concursantes (dos de cada "equipo"), tres tenían más de cuarenta años, tres (dos mujeres y un hombre), tenían sus cabezas afeitadas, tres (dos mujeres y un hombre) eran gays y/o lesbianas (sus parejas los acompañaban), una era una niña diminuta y otra una joven de una altura inconcebible, dos (un joven y una mujer) eran obesos de manual, y uno era el pollito que hacía sufrir al gallo Claudio. Freaks.
Cada uno de ellos (y todos ellos) cantaba (infinitamente) mejor que cualquier finalista de American Idol. El capricho de las audiencias y del jurado quisieron que, en la final, quedaran estos cuatro contendientes: una lesbiana asesina que, en un callejón oscuro te provoca un paro cardíaco, totalmente rapada, tatuada y cuarentona; la chica de dos metros que hace versiones alternativas de temas dark; el negrito rapado padre de familia (representante de la "normalidad") y una lesbiana latina y musculosa que hace flexiones de brazos antes de subir al escenario y a cuyo lado Ana Lucía parecería la Bella Durmiente.
Todo está en youtube, claro, empezando por este número pasmoso desempeñado por dos de los jurados:



Sí, American Idol ya forma parte de un pasado remoto y nibelungo. El presente es The Voice, su corte de los milagros y su democracia absoluta.

domingo, 26 de junio de 2011

En el nombre del Padre

Por Daniel Link para Perfil Cultura


Es 1999 y el escritor me abre la puerta y me conduce a una sala destemplada de una vieja casona arruinada de Olivos. Todavía no lo sé, pero será el primer suicida que yo conozca en mi vida. Como no tengo estructura depresiva, y la melancolía con la que cargo se me tranquiliza al trabajar, nunca pude entender demasiado ese arrojo. Creo que alguna vez leí que hay sólo dos cosas que prohíben todas las culturas: el incesto y el suicidio. Después leí, en Benjamin, que el suicida es un héroe de la modernidad. Pero nunca consideré glamoroso ese consuelo.

Charlando con él, me doy cuenta de que tiene ideas raras, interesantes, que sabe que tenía que hacer algo más que pasar por escrito su peripecia familiar para poder sobrevivir a esa pesadilla (y sobre todo: a la pesadilla de un padre-escritor-maldito). Se queja de la plata que no tiene y yo, que siempre fui pobre, detesto ese tipo de quejas.

Nunca tuve demasiada paciencia con la gente con problemas, pero en su caso yo no me doy cuenta de que los tiene, y tan graves, aunque más de una vez me dice: “estoy enfermo, no tengo tiempo”. Para mí es sólo un apellido que evoca mi infancia cordobesa. Jorge Barón Biza (1942-2001) va a matarse y yo todavía no lo sé cuando lo conozco.

Como su novela, El desierto y su semilla (1998), me había gustado mucho (es una de las mejores novelas de los últimos veinte años, sin duda alguna), hago de su promoción una causa: le digo que ya va a ver, con el tiempo... Pero él no tiene tiempo y, como ha frecuentado casinos y ha usado tuxedos blancos, tiene una versión apocalíptica del éxito (a todo o nada: folies bergere, riviera francesa). Habría querido ser best-seller, ganar grandes premios literarios (que le negaron varias veces) y no compartir el destino de los escritores de provincia (Antonio Di Benedetto es su fantasma).

Le dedico un texto que dará la vuelta al mundo, “Un Edipo demasiado grande” (el título es impresionante, pero no es mío, sino de Deleuze): es faja de la edición española de El desierto y su semilla (ediciones 451, 2007), está traducido al italiano como “Un Edipo troppo grande” por Caminito editrice (Firenze: octubre de 2005) y como Un Œdipe trop complexe” por Attila (París: junio de 2011, edición de homenaje a diez años de su muerte).

Cada vez que me pongo a corregir ese texto, me da pena y fastidio que él no esté acá para disfrutar de sus traducciones (igualmente, seguiría siendo pobre, porque lo publican editoriales chicas, de “buen gusto”). Y pienso, con felicidad, que soy capaz de inventar momentos de la literatura argentina y que él es mi creación más lograda. Por supuesto, me engaño (Sylvia Saítta es tanto más responsable que yo de ese “invento”).

No sé si él se daba cuenta de la importancia de su libro pero para mí es de una intensidad y una perfección rayana en lo inconcebible. Creo que el mayor mérito del libro es la relación con su vida: el modo (desconocido hasta entonces entre nosotros, tan tímidos, tan timoratos) en que se jugó la vida en esas páginas.

Tenía algo de la generación del ochenta (Wilde o uno de esos taraditos, pero de provincia, muy de provincia; casi nadie sabe lo que eso significa, el peso que implica), mezclado con algo del malditismo que le venía de su padre, Raúl Baron Biza, famoso porque le desfiguró la cara con ácido a su mujer, la madre de Jorge, porque se suicidó sin ninguna consideración hacia sus hijos y, también, porque dio a la literatura argentina alguna de sus textos más raros, que combinan el rencor y la potencia imaginativa de Roberto Arlt con una prosa que no tiene nada que envidiarle a la de Ricardo Güiraldes.

Antes de conocer a Jorge yo no había leído nada de Raúl, y si después me entretuve con sus textos afiebrados, excesivos, totalmente fuera de los registros más transitados de la literatura argentina, fue para entender mejor su vida y su obra (quiero decir: el paso de vida que es su obra, El desierto y su semilla, esa novela fulgurante que he decidido acompañar hasta el fin de los tiempos).

¿Por qué no se leen las maquinaciones literarias de Barón Biza padre (hay un “grupo de restauradores” que se empecina en rescatar sus libros y fragmentos del olvido, y Christian Ferrer es el único que, desde fuera de la institución literaria, ha examinado su obra con atención: Barón Biza, el inmoralista)?

Por supuesto, es difícil sostener su perspectiva de que las mujeres son sólo “hembras” cuya única virtud es servir de receptáculo seminal (perspectiva totalmente literaria y que no hay que confundir con una ideología de la persona). Su decadentismo y su coqueteo con la inmoralidad son ciertamente cansadores. Pero las mismas objeciones podrían oponerse a las páginas atrabiliarias de Roberto Arlt (que, encima, están peor escritas).

Y si los textos de Manuel Gálvez siguen siendo objeto de la curiosidad académica, sino por otra razón, al menos porque en su momento fueron muy leídos, El derecho de matar, que pasó de vender 5.000 ejemplares en 1933 a vender 50.000 en 1935 (y que en 1936 sufrió una adaptación teatral), merecería la misma consideración. El libro, además, tuvo la dicha de escandalizar a los moralistas de su tiempo y contra él se levantó proceso por obscenidad.

Se dirá que nada de eso importa al juicio estético y que la novela es radicalmente mala, pobre en su anécdota, demasiado chillona. ¿Pero no es acaso la “literatura mala” la que mejor deja leer las tensiones de su tiempo (precisamente porque no puede trasladarlas a un plano de composición que distorsione su sentido)? Todo lo que escribió Barón Biza padre es de ese tenor y más: sus dedicatorias son excesivas: a Dios mismo, cuando no al Papa, como si quisiera ocupar (la soberbia de su empeño no puede ser negada por nadie) el lugar de un Anticristo y no el de un hijo descarriado de la aristocracia provinciana de la que provenía.

De los muchos libros que anunció que publicaría, muchos se han perdido (se sospecha que los quemó antes de suicidarse): Lepra, Gusanos. Pero otros están allí, a la espera de alguien que los sustraiga del archivo polvoriento: Risas, lágrimas y sedas (1924), Por qué me hice revolucionario (1933-1934), Punto final (1941).

Si antes podía titubearse sobre los fundamentos de una empresa semejante, hoy ya no quedan dudas. La experiencia que llamamos El desierto y su semilla necesita de esa restitución, que pondrá en su justa perspectiva su radicalidad: “un Edipo demasiado grande”. No es que Jorge Barón Biza haya luchado contra su padre, sino que escribió el texto que él no pudo y, al hacerlo, diseñó un programa de lectura para las generaciones futuras.

El canon argentino, ya artrítico bajo el peso de la medianía pequeñoburguesa de Borges, Cortázar y sus sucesores, todavía no ha aprendido a leer esas otras lenguas que vienen de las clases muertas, de los bordes exteriores de la civilización (es decir, de la moda), del más allá de un laicismo de manual escolar, y sobre todo, desde el fondo oscurísimo de las mitologías de provincia. Eso, nada menos, quiere decir El desierto y su semilla, en las lenguas fronterizas en las que está escrita: que llueva, aunque sean lágrimas de desesperación, sobre el páramo de la literatura, para que algo nuevo germine.

Se me pianta un lagrimón

sábado, 25 de junio de 2011

Primera comunión


por Daniel Link para Perfil

Como son muchas las razones que tengo para desconfiar de la noción de "correo no deseado" o spam, y poco el espacio que tengo para explicarlas, me detendré en un caso que demuestra cabalmente por qué vías imprevistas nos llega la posibilidad de un pensamiento.
Sale a mi encuentro un mensaje que promociona "a national sex party" que se desarrollará en San Francisco (¡cómo no!), Tampa, Ft. Lauderdale y Atlanta. Como mi participación en ese encuentro es imposible, desecho de inmediato el mensaje y luego lo recupero porque alguna señal de alarma queda repiqueteando en mi cabeza.
Lo miro bien y el encuentro se llama CumUnion: la primera mitad del nombre escrito en blanco; la segunda, en negro, sobre un fondo celeste salpicado de manchones blancos.
Se trata, claro, de un pensamiento comunitario (de una forma de vida) que, una vez más, me hace pensar en la fatal fascinación de la cultura norteamericana con eso que nunca comprenderá bien: el catolicismo y sus dogmas
prueba de lo cual son engendros cinematográficos como Constantine (2005) o El código Da Vinci (2006).
En este caso, se trata de la Eucaristía, que se actualiza en cada misa (desde la primera: la Última Cena). El misterio eucarístico de la transubstanciación (el sacrificio sacramental como memorial del sacrificio de Cristo) une la celebración de la distribución del pan con la realidad de la comunidad cristiana, cuya vida y cuya acción se deriva íntegramente de la Eucaristía, desde la caridad social hasta el martirio. "Tomad y comed, éste es mi cuerpo que será entregado por vosotros para el perdón de los pecados. Tomad y bebed, porque ésta es mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados..." (Mateo, 26: 26-29; Lucas, 22: 19-20).
Como la fiesta CumUnion es una reunión de barebackers
(hombres que practican sexo sin condón) podrían aplicársele las mismas consideraciones sobre lo sagrado (la misma teología, el mismo ritual, los mismos imperativos: coman y beban) que a la Eucaristía. No en vano, la Iglesia de Roma manifiesta igual repugnancia que los barebackers al uso de preservativo.

viernes, 24 de junio de 2011

¡Santa Croce, Batman!

Bailar con la más fea
























jueves, 23 de junio de 2011

¡Otra denuncia estremecedora!

D'Elía: "No sería raro que detrás de Schoklender esté el Mossad"

"Son todos paisanos", dijo el piquetero.

miércoles, 22 de junio de 2011

El violento arte de matar

A la espera de Dexter, claro...



y, previendo lo peor (que deje de gustarnos), no nos hemos privado de incrementar exponencialmente nuestro archivo de series policiales. Quiero decir: policiales de verdad, donde la pregunta fundamental sigue siendo, como ayer y antes de ayer, por qué se mata.
Por fortuna, la decadencia de los demás géneros, la imposibilidad de superar el efecto post-Lost, y el final de temporada de Fringe (¡Olivia, pecado mío, alma mía, te debo un post!) han multiplicado la oferta.
De Endgame no voy a hablar más porque ya empezó a aburrirnos: el encierro como límite del detective resulta un poco insostenible para los guionistas y, aunque la simpatía de Arkadi no ha mermado, sí la de los casos para los que lo convocan.
En cambio, está muy bien planteada Case Histories, protagonizada además por una estrella de segunda línea en la saga Harry Potter, Jason Isaacs (cuyas fotos desnudo, promesas de la red, no he podido localizar). Su personaje, Jackson Brodie, alguna vez integró la fuerza policial pero ahora es un private eye que corre y corre por las calles para calmar un antiguo dolor (el asesinato de su hermana). Su ex-mujer planea mudarse a Nueva Zelanda y llevarse con ella a su hija, lo que lo atormenta. Brodie acepta todo tipo de casos, desde gatos perdidos hasta asesinatos (recuerda, en este punto, antes a Cordelia Gray que a Marlowe, aunque la caracterización está más cerca de éste). Como se le superponen los encargos, hay que ver de a dos episodios por vez, que es lo que demora la resolución de los enigmas. "Enigma" es la palabra clave, porque de eso se trata, de resolver rompecabezas usando la (poca o mucha) inteligencia que se tenga. Brodie usa algunas herramientas de última generación (hackea las bases de datos de la policía), pero por lo general lo suyo es hacer las preguntas justas y esperar las respuestas reveladoras. Así resuelve asesinatos de hace diez y treinta años que la policía ha archivado sin respuesta. Como sucede en estos casos, la intriga se sostiene sembrando pistas falsas o gracias a errores de percepción del detective, que tarda en darse cuenta de lo más evidente. Veremos si la serie sobrevive a su propio desgaste, pero pinta bien.
Paradox (2009) no lo consiguió, y en el imdb fue degradada a miniserie cuando era evidente que no lo era. Eso les pasa por pretenciosos. Es así: al laboratorio de un físico misterioso que controla un satélite empiezan a llegar misteriosamente, misteriosas fotografías. El físico convoca a la policía y pide, subrayándolo, una dectetive con imaginación, que lo considera loco porque él le dice que las fotografías anticipan algo que sucederá en un período de tiempo por venir (doce horas o cosa así). Fatalmente, terminan creyéndole y la tarea de esta fuerza especial secretísima controlada por el Ministerio del Interior es deducir de las fotografías qué va a pasar, dónde, a quiénes afectará, e impedirlo. Por supuesto, pronto aparecerán los agujeros de gusano y las realidades alternativas como explicación al alcance de la mano.
Pero más allá de ese recurso facilongo que sólo le toleraremos a guiones impecables en todos los demás sentidos, las tramas están bien armadas y, una vez más, se trata de resolver las "predicciones fotográficas" a golpes de inteligencia, riesgos interpretativos y bases de datos visuales (ese logo, aquella antena, este reflejo). Como el tiempo corre locamente, los casos se resuelven (o no, y en eso radica el
suspense) sobre el último segundo. Eso sí, de impulso criminal muy poco y todo bastante obvio: la mayoría de las veces se trata de accidentes. Son cinco episodios (para pasar el invierno), siempre y cuando uno esté dispuesto a aceptar que jamás se sepa de dónde vienen las fotografías ni por qué les llegan a esta gente.
Está, también, la adaptación de una novela parece que célebre, Case Sensitive, de sólo dos episodios y (por lo tanto) escaso interés (como una película muy larga y no tan buena), pero que plantea bien las limitaciones de los detectives, la competencia inherente a la fuerza policial (como en Crime Suspect), el valor de la (mala) interpretación de los signos. La respuesta a la pregunta por el impulso criminal es pobre y, me atrevería a decir, previsible.
Y finalmente, la reina de la temporada (que acaba de terminar después de 13 episodios de calidad creciente), The Killing, versión americana-canadiense de la danesa Forbrydelsen, lo que tal vez explique su morosidad, la elección de los escenarios, la lentitud de la investigación, la rareza exhasperante de los caracteres involucrados y, por fin, la suspensión de los clichés del género.
La jovencita Rosie Larsen aparece muerta (ahogada) en Seattle (la serie está filmada en Vancouver, que parece haberse convertido en una capital cinematográfica de importancia después de que los vampiros jóvenes y estúpidos de Crepúsculo decidieran alojarse en sus alrededores). La investigación recae en Sarah Linden, quien, a punto de casarse y de mudarse a California con su hijo, lo abandona todo para resolver su último caso. Su compañero nuevo, Stephen Holder, parece incompetente (tiene una historia oscura) o, sencillamente, un traidor. Entre los dos, no pegan una. Cada capítulo avanza un día y, después de 13 días (recuérdense los tiempos de resolución de los casos más famosos de Dalgliesh o de Marlowe) no han producido sino una serie de equívocos, noticias falsas, arrestos infundados y revelaciones cada vez más oscuras.
El final de temporada es agobiante y, como no sabemos quién mató a Rosie Larsen, tampoco sabemos bien por qué la mataron, lo que nos obligará a ver la segunda temporada.

"Que se agitan como locos"

Taller de escritura creativa "Néstor Carlos Kirchner"

Un espacio de agitación en homenaje al gran político y empresario argentino (1950-2010)
"Hay que sacudir a los grupos de palabras hegemónicos y a las corporaciones de la belleza."

Martes a las 19:30 en barrio Retiro (desde agosto en Obelisco)
Pesos 250 por mes. Empieza el 5/7, quedan sólo 4 vacantes.
-
Santiago Llach
http://www.scribd.com/santiagollach

martes, 21 de junio de 2011

Who wants to be a bimillionaire?

Según el mezquino contador de visitas shinystat (que sólo registra hasta 2.000 visitas diarias en la versión gratuita de ese programa y que, además, las cuenta según criterios oscurísimos, que no son los del generoso "cuentakilómetros" que acabo de instalar), en algún momento de esta fría madrugada hemos alcanzado los 2.000.000 de visitas, contadas no desde la fundación (mitológica) de este blog, sino desde 23.12.2004, cuando el contador fue instalado.



Como esto no es una empresa, ni un púlpito, ni una cátedra, poco es lo que se puede sacar en limpio de un tráfico semejante, salvo la alegría de que las "cosas mías" resuenen, aquí y allá. Las entradas más vistas, listadas al costado bajo el título "Gusto popular" señalan que esas cosas van desde la carne que tienta con sus frescos racimos (¡sobre todo!) hasta un acontecimiento social y un texto (apenas uno) literario. Pero es mi propia Recherche lo que en estos vaivenes se pone en juego. Gracias, tal vez, por la compañía.

Krapp's Last Tape




(Gracias, Max)

lunes, 20 de junio de 2011

Pasolineando


"El sistema convierte nuestras vidas y nuestra sexualidad en mercancías, en un ejercicio individualista de apetitos y deseos privados que son tolerados en tanto son un negocio millonario para proxenetas, empresarios del turismo, la moda y el ocio." (Julio Patricio Rovelli)

Cómo borrarse completamente

Entrevista de Violeta Gorodischer a María Moreno para Radarlibros,
a propósito de sus dos nuevos libros, La comuna de Buenos Aires y Teoría de la noche

María Moreno juega con las palabras y manipula los textos con absoluta libertad: se aleja de las categorizaciones, desquiciando al lector ortodoxo que quiere ponerlo todo en casilleros. Uno puede ver cómo los mismos personajes atraviesan metamorfosis a lo largo de los años. O espiar lugares recurrentes como el Alex Bar, ese que aparece frente a la Plaza Miserere de Banco a la sombra y reaparece en “La pasarela del alcohol”, una de las crónicas recopiladas en Teoría de la noche. Recién editado por la Universidad Portales de Chile, este otro libro es una suerte de antología que reúne indiscriminadamente columnas publicadas hace treinta años, reportajes coyunturales de hace diez, relatos cercanos a la autobiografía y ensayos escritos el año pasado. Todos, claro, atravesados por ese estilo que transformó a María Cristina Forero en María Moreno.

¿De dónde salió esta voluntad de reciclar su propia escritura? “Es mi propiedad y la uso de nuevo; o me hago un saqueo a mí misma, me parece que es válido”, dispara ella. “Hay cosas que investigué y dije de determinada manera que me parece que no tengo que transformar cuando me vuelve a servir.”
En el prólogo de Teoría de la noche, incluso se jacta de pasar el filtro de muchos editores de diarios a quienes entregó dos veces lo mismo, con ligeras modificaciones. Celebra el halo de ese fantasma anarquista que disfruta al presentarles a las mismas empresas los mismos textos disfrazados. Algo así como un modelo Robin Hood, de reapropiación y mini-estafa.
–Es más: me parece que en mi primer libro, que ahora va a reeditarse, El affaire Skeffington, yo hacía apropiación, atribución falsa y falsificación, también, con la biografía supuesta de alguien que existió. Y a su vez es una autobiografía apócrifa, porque no creo que una autobiografía necesariamente tenga que ser autorreferencial. Prefiero el término de Daniel Link: imaginación íntima.

La entrevista completa puede leerse acá.


domingo, 19 de junio de 2011

¡Otra denuncia estremecedora!

Carrió dice que Cristina quiere ganar y luego irse

"No descarto que sea testimonial", dijo.

Pero el amor es más fuerte

No es Wild Target (2010), pero está Emily Blunt. No es, qué se yo, Minority Report (2002), aunque está basada en un relato de Philipp Dick. En realidad no es nada, The Adjustment Bureau es apenas una pompa de jabón, pero sirve para reflexionar sobre los niveles inconcebibles de estupidez a los que el "séptimo arte" (R.I.P) puede llegar en su supervivencia inconsulta.
La gorda rubia (cada vez más gorda y cada vez menos rubia), conocida como Matt Damon, se enamora fatalmente de Emily Blunt (en fin: un personaje, del otro): es, tal vez, la única línea de sentido que la película puede sostener. ¿Cómo no enamorarse de Emily Blunt?
Ella, que ya sabe que muerto el cine sólo se sobrevive en ese mundillo de hediondeces de catacumba o de morgues (supuesto que a uno le interesara investigar la causa del deceso) gracias al encanto y la gracia, pasea ésas, sus mejores dotes, a lo largo de una película que sólo por eso es tolerable. Pero el guionista quiere que ese amor no esté previsto por el guion urdido por una potencia sobrenatural y entonces hay obstáculos (tampoco demasiados, y ninguno demasiado interesante*: la película, que ignora la grandeza, ignora por lo mismo el melodrama). Ellos los vencerán, porque el amor es más fuerte. Fin.
Ella es una bailarina contemporánea (si baila Dakota, si baila Amidala, ¿por qué no Emily?). Hay un momento adorable en el que Emily, a través de una puerta entreabierta, sacude una pierna en el aire, con un espasmo de poliomelítica, que conmoverá al espectador más endurecido.
La culpa no es de Hollywood, sino de su irremediable decadencia, su falta de sentido del humor, su pánico a toda forma de agudeza (la superposición entre guión y guión, en este caso). Y no es que Hollywood no pueda sostener hoy ficciones paranoicas (la película no es eso, ni de lejos), sino que no puede sostener comedias románticas, sin recurrir a la pesada artillería de otros géneros: la ficción paranoica como telón de fondo en este caso, la superacción más vil y más baja en el caso de Killers, sobre la que directamente conviene correr un velo de pudor).
Hollywood no sabe ya cómo sostener el amor (ligero o espeso). Tal vez nadie lo sepa, y por eso seguimos viendo, en cada repetición, Notting Hill, Notes on a Scandal (si no la pongo, Cate me mata), o Love Actually, con la melancolía del caso.

*Notablemente, todos los adyuvantes y oponentes participan del género masculino, igualmente estúpido aunque se trate de criaturas transmundanas quienes lo desempeñan.


sábado, 18 de junio de 2011

русское соединение

La radio rusa...