viernes, 18 de noviembre de 2011

La era del salmón

Cristina: "Néstor fue como un salmón, murió nadando contra la corriente"

(R:I:P: "Era del cordero")

Chiste alemán

El Partido Pirata Argentino nos regala esta humorada:

jueves, 17 de noviembre de 2011

lunes, 14 de noviembre de 2011

La conquista del centro



Por Daniel Link para Perfil Cultura


Tulio Carella nació en Buenos Aires en 1912 y el libro que tardo en leer es su novela Orgia (1968), basada en su diario personal escrito durante su estadía en Recife entre 1960 y 1962, ahora reeditada en una bellísima edición de la editorial brasileña opera prima y con la traducción de Hermilo Borba Filho revisada.

De la obra de Tulio Carella nada es lo que se consigue en Argentina, de modo que hay que celebrar esta reedición (que me llega en retardo, como una carta en sufrimiento), sobre todo porque Orgia, como señala Alvaro Machado, constituye un “elemento privilegiado de un panel pan-americanista, cuyo rescate esta edición propone iniciar”.

Me doy cuenta de que el libro que me llega, Orgia, es un libro tachado de la literatura argentina y cuya importancia, aparentemente, se mide más allá de los estrechos límites de la literatura nacional.

Ahora entiendo mejor la diferencia entre Manuel Puig y Tulio Carella (más allá de los veinte años que los separan en el tiempo y más allá del parecido de sus retratos): el primero estuvo destinado desde el primer momento a convertirse en el novelista más importante de la literatura argentina; el segundo se condenó a la desaparición. O, mejor dicho: en una época de dialécticas entre centros y periferias, fue colocado al margen, en un umbral de indescernibilidad que necesitaba de otro horizonte epistemológico (el horizonte de lo “panamericano”) para poder ser recuperado.

A Puig se le tolera la algarabía de la loca porque, después de todo, viene a decir que hay un centro (el centro del universo novelesco, es decir Hollywood o Broadway) y que cualquiera puede ocuparlo. A Carella se prefirió olvidarlo porque nos recuerda que el centro es un agujero vacío imposible de ser llenado.

Uno es ese centro y ese agujero, el espacio vacante y desocupado en el cual se leen todos los anonadamientos, el fin (propiamente) de lo humano. “Estoy derrotado de antemano. El corazón vacío, un cerebro hueco, un orgullo inconcebible, y esta entrega a lo carnal (entrega absoluta, como si lo carnal fuese un dios) adelgazan mis resistencias y la barbarie me ocupa totalmente” (Orgia).

Tulio Carella fue, como se dice, un “porteño de ley”. Tanguero (Tango, mito y esencia), apasionado por Buenos Aires, frecuentador de piringundines del Bajo (Picaresca porteña es el título de su breve historia de la prostitución en Buenos Aires). Había estudiado Química cuando, a los 22 años, caminó casi cien kilómetros (así lo contó) para saludar a García Lorca a su paso por Buenos Aires. El andaluz le dio “valiosos consejos” que el incipiente dramaturgo puso en práctica ese mismo año de 1933 en una obrita teatral que consiguió que le representaran en un circo de Barracas. Carella se dedicó a la dramaturgia y al periodismo cultural. A partir de 1934 fue cronista y comentarista cinematográfico del diario Crítica. Publicó poemas (Ceniza heroica, 1937; Los mendigos, 1953; Intermedio, 1955). En 1940, dedicó a Lorca sus primera y premiada comedia, Don Basilio mal casado (1940) y en 1942 hizo el guión para El gran secreto, un dramón sobre maternidades cambiadas protagonizado por Mecha Ortiz.

En 1959 ganó la Faja de Honor de la SADE por su Cuadernos del delirio y sus piezas comenzaron a ser reconocidas como parte de la nueva dramaturgia argentina (Juan Basura, de 1965, se toca con el “Juanito Laguna” de Berni).

A punto de cumplir 48 años fue invitado a Recife para asumir una cátedra de teatro en la recién creada Escuela de Bellas Artes de la Universidade Federal de Pernambuco. Viajó sin su mujer y no se relacionó bien con el ambiente universitario. En Orgia, el diario de esos años, se lee (con esa seriedad que quema que caracteriza al libro): “Llegué a.. soy… lo que soy. ¿Para qué continuar engañándome? (...) Aquí, como entre los pájaros, el macho es el mas atractivo. Los negros tienen cráneos brillantes, color de acero lustroso, son lascivos y crueles porque el clima es un filtro de amor y nos hace victimas. El aire afrodisíaco que llega del mar hace que sean tiernos y sanguinarios. Aire esplendidos para las glándulas sexuales. Y no trituramos unos a otros en alegre anarquía. Seguros de que todo parece prometer la felicidad, la voluntad y el olvido. Heme aquí, victima de este obelisco – espíritu penetrante – que sustituyó el fuego divino, iluminador y renovador, el fuego sagrado que es la inteligencia del hombre. Es un placer erróneo, ya que es un dolor. Lo que me destruyó es mi concepto del tiempo inmóvil. Todo fluye, menos yo. De ese modo, siempre me baño, igual a mi mismo, en diferentes ríos. (...) No, no amo la vida, sino la muerte, quiero decir, la vida interior, el sosiego, la paz, la eternidad”

Uno de sus pocos amigos brasileros (y su traductor), Hermilo Borba Filho contó sus últimos días en Brasil en Deus no pasto (1972), donde usa para nombrar a Carella el mismo seudónimo que él se inventó para Orgia: Lucio Ginarte.

El 8 de enero de 1961, Estados Unidos rompió relaciones con Cuba. Recife era por entonces escenario de las demandas de los campesinos, organizados por la Liga Camponesas de Pernambuco. Los militares brasileños supusieron una conspiración entre el estado cubano y las ligas campesinas y decidieron rastrillar Recife para desentrañar cómo los revolucionarios de Cuba hacían llegar armas a los “Sin Tierra” pernambucanos. Fatalmente, Tulio Carella, cuya deriva sexual lo había hecho frecuentar los ambientes más alejados de su entorno profesional y de clase, fue detenido y torturado para que confesara que entregaba furtivamente, en los puertos y en los baños públicos, mensajes de revolucionarios cubanos para receptores de armas. Fue transferido a la celda de una fortaleza, en una isla. Finalmente, el secuestro de su diario le valió la libertad, el chantaje y la deportación (“cualquiera puede cometer un error”, le dijeron para justificar la tortura). Tulio Carella volvió a Buenos Aires, se separó de su mujer, publicó Picaresca porteña y murió de un paro cardíaco en 1979, olvidado por la crítica. O, más exactamente: marginalizado, como un pariente loco cuyas razones podrían poner en riesgo las propias.

La escritura de si que Carella emprende en su diario, apenas ficcionalizada en Orgia, no es tanto el proceso de aprendizaje de lo que se es sino precisamente la comprensión de lo que ya no se puede ser más.

Viviendo en Recife, escribiendo su diario, Carella comprende en qué clase de monstruo es capaz de convertirse: “El violentísimo deseo de King Kong me contagia plenamente. Olvido el pudor, las precauciones de la prudencia y las restricciones morales”. King Kong es un sarará (facciones negras, piel blanca y pelo rubio) de 22 años, “un monstruo obcecado, poseído por un furor erótico exaltado, implacable, perdido el control de sus reacciones. Está ciego, mudo; mudo con excepción de ciertos ruidos naturales y la respiración entrecortada que indican un propósito inquebrantable”.

Marginal o marginalizado, Tulio Carella vuelve desde ese borde en el que su vida todavía se agita para decir una verdad sobre la literatura argentina. “Siento que [el monstruo King Kong] toca el fondo y que triunfa”, escribe Carella. Y en ese tocar fondo, en esa conquista del centro lunar, la literatura argentina encuentra un margen infranqueable o un umbral de transformación, quién sabe. En todo caso, elige el olvido.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Diez años no es nada...

sábado, 12 de noviembre de 2011

Bueno, pero no me grites...


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El triunfo de la voluntad

Por Daniel Link para Perfil

Hoy a las 17, Cristian Trincado organiza una performance musical. A las 19, Roberto Jacoby inaugura una muestra. Más tarde, desde la puesta de sol hasta el amanecer, habrá una lluvia de arañas en el Riachuelo, que se agrega a las ya legendarias intervenciones del Puente Transbordador de la Boca promovidas por Fundación Proa. Súmese a la lista alguna de las mil representaciones de las que (de un modo o de otro) interviene Rafael Spregelburd. Tan solo el listado de actividades en las que están involucrados amigos míos es extenuante.
El sábado pasado fue la vigésimo Marcha del Orgullo.... (inhalación profunda) Gay, Lésbico, Travesti, Transexual, ¡Bisexual!, Intersex, ¡¡Queer!! Un poco por eso, la actividad de los fines de semana de noviembre siempre se comprime porque sería imposible programar nada durante ese sábado en el que fatalmente no hay persona relacionada con el arte y la cultura que no esté pensando en qué ponerse para la Parade anual, sobre todo, a medida que se agregan categorías a la convocatoria (bastaría con agregar “hétero-curioso” para que directamente fuera un feriado nacional). Un famosísimo fotógrafo y curador me preguntó, todavía en Plaza Mayo, antes de que comenzara el desfile: “¿Qué es i y q?” (las letras que se agregaron este año).
Como ya he señalado muchas veces, la Marcha es un batibarullo de consignismo un poco hueco y fiesta popular (en lo que radica su encanto). La aparición de lo queer en esa serie (tan extemporánea y tan tardíamente) podría importar si nos pusiéramos teóricamente rigurosos, pero en relación con un acontecimiento que lo que quiere, en última instancia, como se dijo desde el escenario, es cambiar el estado de las cosas “para que reine el amor” (por un momento temí que se reclamara una Legislación del Amor Igualitario o algo semejante) no tendría demasiado sentido.
La marcha fue, como siempre, una contradicción andante, pero al menos este año recuperó su carácter no partidario, que parecía haber perdido en 2010, un poco por la algarabía matrimonialista que alcanzó hasta para que el Sr. Amado Boudou estuviera entonces en el escenario (graciadió, no cantó) y, al mismo tiempo, por la pena funeraria que atenazaba los corazones todos.
No me detengo en el análisis de las consignas de este año, porque no las escuché bien y cada vez es más amplio el registro que involucran (tan lejos ya de lo comunitario), pero sé que se reclamaron algunas leyes nuevas y la reformulación de otras, la más inminente de las cuales era la “Ley de Identidad de Género”, cuyo tratamiento parlamentario puede ser filosóficamente significativo o gracioso (“Toda persona mayor de 16 años” podrá solicitar la rectificación de los datos registrales que no coincidan “con su género autopercibido” y "en ningún caso será requisito acreditar intervención quirúrgica por reasignación genital total o parcial, ni acreditar terapias hormonales ni ningún tratamiento psicomédico").
Como dice Humpty-Dumpty, así como tenemos en el año 364 días de no-cumpleamos para recibir regalos, también tenemos esa misma cantidad de días para el debate teórico-político (quiero decir: teológico-político). Quedémonos, durante este único día, en el ámbito de lo festivo: “Dejen de etiquetar la carne”, reclamó uno de los organizadores, Diego Trerotola, responsable también del segmento de los abucheos que, no por previsible -la Iglesia, los medios fóbicos (ya no se trata sólo de homofobia), Macri, un juez, la provincia de Formosa- careció de encanto: muchos de los asistentes a la Marcha, después de los abuchear rabiosamente, se fueron a comer a La Continental, esperando el recital final de Leo García (confieso que me sumé al hambriento cortejo).
Entre los homenajeados del sábado pasado estaba el enorme poeta y performer Fernando Noy (“Ava Gaaaarner”, me dijo, como siempre, antes de que nos confundiéramos en un profundo abrazo que aprovechó, debo decirlo, para deslizar un flyer de su nuevo espectáculo en mi bolsillo).
Sí, todo fue mágico, como en las marchas anteriores a la de 2010 e incluso hubo nuevas carrozas, nuevos personajes, mucha más gente. Decidimos que la conejita con el vestido sucio (la Conejita Sucia) que colgaba de la parte trasera de un camión.... ¿de cumbia? era la ganadora de este año, muy por encima de la cordobesa de Gran Hermano, Emiliano, que se movía (tal vez mal pago) con incomodidad, liderando otro camión, entre unos gogo-dancers de madera (dos de ellos habían participado de mi fiesta de casamiento).

Las dos mejores drag-queens: Oxiura Mallman y Andy Mac. La mejor carroza, indiscutible y previsiblemente, la de Amerika.

viernes, 11 de noviembre de 2011

La cadena te buscará para matarte

Este año vamos a experimentar la última fecha inusual: El día 11-11-11. Este es el día del dinero!!! Esto sucede cada 1.646 años... Este día es conocido en China como.... "Poseedor de fortuna".
Y eso no es todo. Toma los últimos dos dígitos del año en que naciste, ahora súmale la edad que vas a cumplir este año, y el resultado será 111 para todos!!*
Dice el proverbio chino que si envías este correo a todos tus buenos amigos, el dinero aparecerá en los próximos o inmediatos días posteriores al 11-11-11 como se explica en el feng-shui.
Tus beneficios económicos serán insospechados.... Es un misterio de 1.646 años... vale la pena intentarlo . Envíalo como mínimo a 33 amigos (11+11+11) Házlo, no te arrepentirás!!!**

*Confieso que este matema me mató.
**Considérese cumplido el mandato.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Narrar o describir

¿Qué es el realismo? Un dispositivo óptico (mucho más que un método de representación). ¿En qué se reconoce el realismo? En una determinada actitud (una gestualidad) respecto de la realidad. En la presentación (no se trata de la representación) de determinadas unidades de discurso y determinadas relaciones entre esas unidades. Finalmente, el realismo es un plan de consistencia: vuelve consistente mediante un complejo artificio singularidades irreductibles, acausales y atemporales. O sea: no tanto una forma de pensamiento cuanto una instancia de inteligibilidad. El realismo es (será) siempre descriptivo. Sólo que subordina la descripción a una determinada distribución de las masas semánticas.
La mayoría de las veces, el realismo audiovisual termina siendo aburrido, precisamente por la necesidad de mantener como constantes las articulaciones principales de sus postulados de intelegibilidad. Una vez comprendido el sistema, el automatismo lleva al hastío. Salvo que.
Salvo que la descripción sea tan intensa que permita olvidar esas articulaciones y focalizar la atención en el detalle: Lukács pensaba que eso es la ruina del realismo, que eso es el naturalismo (cuyo ejemplo más famoso será siempre Flaubert).
Finalmente, la decisión de catálogo importa poco y aún la realidad más convencional puede presentarse bajo un dispositivo óptico más bien alucinatorio. Es lo que pasa con Boss (2011), la serie protagonizada por Frazier (¿alguien es capaz de recordar el nombre del actor, quiero decir, de Kelsey Grammer?). Ya ese pliegue nominativo alrededor del nombre del actor principal complica el aparato óptico, porque es como si Frazier, el personaje no de una serie, sino de dos series diferentes (Cheers, Frazier), hubiera migrado de ciudad una vez más (de Boston a Seattle y, ahora, a Chicago) para aparecer en otra posición laboral, y, por alguna razón que desconocemos, hubiera tenido que cambiarse el nombre.
Frasier es ahora el alcalde de Chicago, formalmente casado con una mujer que es más mala que él (y él es de una maldad rayana en el delirio de un teleteatro latinoamericano). Es el "Mayor Tom Kane" (por supuesto, tratándose de una postulación de inteligibilidad sobre la ciudadanía, para qué usar otro apellido).
Tom Kane es muy de derecha, extremadamente corrupto (pero sus subordinados, los sindicalistas con los que hace negocios, sus agentes de seguridad, sus rivales políticos son todavía peores). ¡Se trata de Chicago (la Rosario norteamericana)!
Al comienzo de la serie, lo vemos en situación de diagnóstico: se va a morir de una enfermedad neurológica degenerativa, de la que prefiere no decir nada a nadie, ni a su esposa formal (con la cual no vive), pero sí a la hija ex-drogadicta (ahora pastora), con la cual hace cinco años que no habla porque, en fin, ya se sabe el daño que un hijo drogadicto puede causar a una carrera política.

Eso es todo: el Mal gobierna y la cámara perspicaz nos revelará los detalles de ese malgobierno (que no es desgobierno sino un exceso de gobernancia).
Las cosas que hace esta gente son de una maldad metafísica, esquemática, de un énfasis rayano en la ridiculez, inverosímil. Y sin embargo...
Boss tiene (ha tenido, en sus cuatro primeros episodios) secuencias memorables, pequeños detalles que lejos de revelar algo sobre una realidad más bien lo que hacen es sostener un pensamiento sobre la mirada: la cámara es titubeante (en ese estilo abusivo de la cámara de documental que la ficción ha usado tanto últimamente), pero sus titubeos no quieren tanto instalar la ilusión de una participación furtiva de los entretelones del poder, sino más bien postular la imposibilidad del centramiento: lo que aparece como visible la mayoría de las veces no se entiende: no lo entienden los personajes, que no saben que el Alcalde está mentalmente cada día más incapacitado; ni los espectadores, que nos preguntamos a dónde quieren ir a parar esos fragmentos de ignominia.
Lo que brilla en las mejores escenas de Boss (que son muchas) es el silencio, la incomprensión, la opacidad de sentido, la exageración (por qué no decirlo) barroca, que lejos de establecer cualquier forma de pedagogía, mueve a risa. ¿Y ahora qué, uno se pregunta, por ejemplo, en relación con el personaje de la desdichada médica que ha ejercido el diagnóstico fatal? Y bien: la serie progresa en el horror hasta que ya no se sabe bien si lo que uno está mirando es una historia con vocación realista o directamente volcada a lo fantástico o lo teológico.
Porque, en definitiva, el único enunciado que repite cada escena de esta serie asfixiante y mortuoria, con una monotonía litúrgica es: "una palabra tuya bastará para sanarme" ("sanarme" no es aquí la cura, sino el bien morir, en todo caso: la redención).
No es la primera vez que Gus Van Sant, que dirigió el primer capítulo de Boss para mejor marcar esa línea de sentido, dice algo semejante y, como siempre, dice que el problema es no saber a quíen pedirle esa palabra redentora.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Puentes y fronteras

martes, 8 de noviembre de 2011

Negro sobre blanco



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lunes, 7 de noviembre de 2011

De frente, march!




















(Foto: S.F., Marcha LGTTBIQ 2011)

¡Mamita querida!



Lluvia de arañas sobre el Riachuelo en el Puente Transbordador de La Boca

Of Bridges & Borders. Capítulo IV

Noche de los museos, 12 de Noviembre 2011 - Buenos Aires - Argentina

Kültur Büro Barcelona/Buenos Aires y Fundación x la Boca presentan :

Lluvia de arañas sobre el Riachuelo

Un proyecto de Sigismond de Vajay, en colaboración con Buenos Aires Sonora, Biosphere y Scanner
Noche del 12 al 13 de Noviembre, desde el anochecer hasta el amanecer.

Lluvia de arañassobre el Riachuelo es un proyecto multidisciplinario ideado por el artista visual y productor Sigismond de Vajay, que propone un diálogo entre las artes visuales, el medio ambiente, el arte sonoro, la música, el diseño lumínico y el público. Un evento que busca generar un entorno mágico que contribuya a la recuperación del Riachuelo como espacio eco sensible.

Lluvia de arañas sobre el Riachuelo comenzará el sábado 12 de noviembre a las 20 hs., con la caída del sol. Durante 60 minutos, un espectáculo de luces en distintos puntos de la zona acompañará el comienzo de La Noche de los Museos 2011.

Lluvia de arañas intervendrá así el puente transbordador Nicolás Avellaneda con una atmósfera poética y surrealista. Por un lado, decenas de botes repartirán centenares de velas sobre el agua. Por otro lado, desde lo alto del puente, se irán encendiendo lámparas de tipo "arañas", colocadas a varias alturas. La iluminación pública de la ribera también estará integrada al diseño general del proyecto.

Acompañando el desarrollo lumínico, el colectivo Buenos Aires Sonora presentará dos situaciones musicales. Un grupo de performers accionará cinco "llamadores de ángeles" construidos a gran escala. Un segundo grupo se ubicará en diversos sectores del transbordador para elaborar texturas musicales a partir de los materiales que el propio puente ofrece.

La segunda parte del programa continúa con la intervención de dos músicos internacionales, figuras centrales de la escena electrónica ambient, que actuarán por primera vez en Argentina: Biosphere, de Noruega, y Scanner, de Inglaterra. Cada uno de ellos, creará un diálogo entre sonidos electrónicos, medio ambiente y sonidos clásicos.

El espectáculo finalizará con fuegos artificiales.

Lluvia de arañas sobre el Riachuelo es una creación especial de KBB (Kültur Büro Barcelona/Buenos Aires) en el marco del evento La Noche de los Museos 2011, coproducido por KBB y Fundación x la Boca, y con la colaboración del Ministerio de Espacio Público del Gobierno de la Ciudad, Fundación Proa, Programa de Mecenazgo Cultural y la empresa Philips. El evento también cuenta con el generosa aporte de varios anticuarios y fabricantes de arañas de la ciudad, y con el aval de Vialidad Nacional, Acumar, Prefectura, Administración General de Puertos y el cuerpo de bomberos de La Boca.

Lluvia de arañas sobre el Riachuelo es un proyecto de Cuerda Producciones, la Asociación Toit du Monde, Buenos Aires Sonora, el Programa Teatro Acústico de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), dirigido por Oscar Edelstein, y tres proyectos especiales: Arte Sonoro y Sitios Específicos, dirigido por Martín Liut, Puesta Sonora e Innovación Tecnológica, dirigido por Mariano Cura y Hernán Kerlleñevich y el Laboratorio de Acústica y Percepción Sonora, dirigido por Manuel Eguía.

Lluvia de arañas sobre el Riachuelo es un trabajo coordinado por KBB (Kültur Büro Barcelona/Buenos Aires) en el marco del proyecto multifacético Of Bridges & Borders, surgido del libro homónimo publicado en 2009, y que ya redundó en varios eventos desarrollados en la ciudad durante todo el 2011.


Para más información: potentialmuseum@yahoo.com

¡A sacudir el esqueleto!

Dr Trincado* presenta : Performance Festival

Sábado 12 Noviembre : Acción Simple 1 ( El Puente Protector)
Av. Cerviño y el puente ( Av. Dorrego)
17:00 hs.

Domingo 13 Noviembre: Acción Simple 2 ( Después de Hora)
Plaza Unidad Latinoamericana ( Av. Medrano y El Salvador)
Entrada cancha de bochas
17:00 hs.

Ambas son BICI FRIENDLY y se suspenden por lluvia.

GRACIAS a Carla Tintoré, Laura Bilbao, Zoe Di Rienzo, Patricia Rizzo, Melisa Cámera, Santiago Bengolea y Juampi Malvasio, artistas, musas y amigos en diferentes casos o combinándose, ya que sin su invalorable ayuda hubiera sido imposible llevar a cabo estas acciones.

*Dr Trincado es un nombre elemental al nombrar los orígenes de la escena Electrónica Argentina, su espíritu rebelde y confrontador lo llevo a revelarse contra el sistema corporativo y mafioso de los grandes festivales, fiel creyente de la autogestión, apuesta desde hace un tiempo a tomar nuevos riesgos en el campo del arte y ahora le toca el turno a la
performance.
Sus trabajos discográficos fueron presentados en galerías de arte ( Fundación Proa, Galeria Dabbah-Torrejón), también ha generado acciones ( Confesiones de un Dj - CCEspaña-Córdoba) y fue actor en el Biodrama
Disc-Jockey de la directora teatral Vivi Tellas.
Ha realizado en este año presentaciones como cantante y músico en formato acústico a las que no considera acciones musicales sino performaticas adonde mezcla Folclore Latinomericano con canciones de Music Hall de origen estadounidense.
Fue parte de Los Peinados Yoli, grupo de vodeville de la década del ochenta liderado por Doris Night por donde pasaron Batato Barea, Divina Gloria y Ronnie Arias en su ultima etapa antes de disolverse. También es parte del primer grupo de disc jockeys argentinos, la Dj Union junto a Carla Tintoré y Diego Ro-k con quienes siguen haciendo fiestas a lo largo y ancho del país.
Es el director artístico de la radio online Mirrorball.fm, donde presenta a los mejores dj´s de la argentina y del mundo.

SON TODOS BIENVENIDOS A BAILAR UNOS TEMAS Y A DOCUMENTAR CON SUS CAMARITAS!!!!!

Nuevo dominio

Acá, su nueva página.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Morfología de los cuentos de hadas

Es parecido al ted, pero mejor. Con TV shows 2, una bonita aplicación de código abierto para mac, programamos los episodios que querríamos ver (no necesariamente los que veremos) y automáticamente comienzan a bajar una vez que los torrents están disponibles.

O sea, eleminamos un paso (la busca de los episodios) y todo se graba automáticamente a la espera de algún tiempo libre. En la base de datos hay 360 series en emisión, la página está traducida a 30 idiomas y tiene 30.000 usuarios activos. Basta de promociones y vayamos a lo nuestro.
Conocida es la importancia de los cuentos de hadas y el folclore en el desarrollo de la narratología (Propp). El sencillismo de esos relatos consolatorios, que vienen a resolver los conflictos entre la imaginación y el mundo, es decir: los secretos terrores de las mentes infantiles, o mejor dicho: la de cualquier mente puesta en situación de infancia (infans: sin lenguaje) por el terror, ha sido la cantera de la cual se han extraido como piedras preciosas las funciones narrativas básicas que estructura(ría)n cualquier relato, desde las formas simples hasta las más complejas (la novela, la narración televisiva).
La investigación formal emprendida por Lost, en ese punto, fue decisiva para la revitalización (ahora en un nuevo contexto) de los inventarios morfológicos y funcionales del cuento. ¿Qué podría venir después? Literalmente, los cuentos de hadas y las historias de terror.
Grimm (2011) y Once Upon a Time (2011) son, en su impulso, gemelas, pero muy diferentes en sus resultados. La primera es estúpida, la segunda no.
Grimm pretende que hay un detective (un policía) que es el último descendiente de los Grimm, que no habrían sido recopiladores de cuentos sino localizadores de monstruos y los encargados de contener su potencia para el mal. Fatalmente, cuando su tía agoniza, Nich Burckhard heredará sus poderes (su videncia) y sus archivos, y se dará cuenta de que los casos que le caen entre manos involucran.. hombres lobos (como en Caperucita roja), hombres osos (como en Rizitos de Oro), en fin, ya imaginarán el resultado, totalmente desangelado, de tomar unidades del género "cuento de hadas" e introducirlas en el formato thriller, protagonizado, por si ese error fuera poco, por un actor que no sabe qué hacer con su cara de "odd Clark Kent" (reseñador de IMDB, gracias) que nunca alcanzará para Superman.
Once Upon a Time parece haber entendido mejor el desafío: se trata de continuar el (los) cuentos de hadas y, como su hermana boba, parte de un hitazo, pero otro: Blancanieves.


(Foto: S.F., Marcha LGTTBIQ 2011)

La escena primera de OUT encuentra a la madrastra (no tan derrotada) en los esponsales de Blanquita y el Charming Prince, jurando venganza y maldiciendo. Lo que hará la malvada es usar un conjuro poderosísimo que pondrá a todos los personajes de los cuentos de hadas (todos ellos) en una especie de limbo con forma de pueblito norteamericano donde el tiempo no sucede, los happy endings han sido suprimidos y donde nadie sabe bien quién es (sobre todo: nadie sabe bien qué pesonaje es). En las primeras escenas de conjunto se ve a una indiscutible Caperucita (con cara de trolita y un pañuelo rojo en la cabeza, que es camarera de la taberna), un Pepe Grillo que es psicólogo de niños, la mismísma Madrastra, que es la alcaldesa del pueblito, y así...
En la extensión de Blancanieves, ella llega a tener una hija y, para salvarla del hechizo malévolo, la colocan en un armarito de tronco de árbol, que la transporta lejos en el tiempo y en el espacio. Ella será la encargada de restaurar el equilibrio del mundo, cuando cumpla 28 años, fatídica noche en la que, luego de pronunciar un deseo, se le aparece en la puerta un niño que dice ser su hijo. La rubia, que en efecto ha entregado en adopción a la criatura, lo devuelve a su madre adoptiva, que no es sino la perversa alcaldesa del pueblo de hadas congelado. Y ahí se precipitan los acontecimientos, porque el tiempo empieza a fluir y la hija de Blancanieves (que no sabe que lo es, y que tampoco sabe que en otra ficción, House, fue la rubia cara de sartén que hacía pucheros) decide quedarse en el pueblo para ver qué onda con ese niño medio psicótico.
No es fácil deducir hacia dónde puede ir un relato semejante, pero ha sido urdido con ingenio, las escenas "de cuento" (introducidas como flashbacks) son deliciosas en su tratamiento "serio" (bordeando el género de aventuras) de una materia irrisoria, y el enfrentamiento entre la Madrasta y la bruja de La Bella Durmiente tuvo cierto encanto visual. Es probable que la serie no consiga sobreponerse a su irremdiable carácter de ejercicio inteligente desarrollado por un alumno aventajado de los cursos de posgrado de la Gran Universidad Narratológica, pero como detrás está Adam Horowitz, uno de los creadores de Lost, es posible esperar una profundización colosal del disparate y la puesta en correlación de las funciones narrativas de los cuentos, que van apareciendo en sucesión por ahora previsible, con unidades de presente. En todo caso, desprogramamos Grimm, para no seguir recibiendo esa maledicencia y seguiremos viendo qué pasa con Once Upon a Time, a la que intensidad, por cierto, no le falta (en cierto momento, la Madrastra-Alcaldesa le ofrece a la Madre-Turista una manzana, que su hijo biológico le obliga a tirar. Y como la Alcaldesa ha hecho poner presa, trampa mediante, a la rubia asartenada, ella, para vengarse, va a la casa de la mala y con una motosierra le tira abajo medio manzano: tomá para vos, vieja bruja).
El problema será siempre la trivialidad: ¿cómo evitarla? American Horror Story está allí para enseñarnos algo. El corpus ha cambiado un poco: no son los cuentos de hadas europeos sino las historias de terror americanas (el carácter de "corpus" queda subrayado por el título).
La hipótesis sigue siendo la misma: ¿cómo combinar unidades narrativas más o menos libres en un relato que las contenga más allá de la previsibilidad de la repetición y, después de Scream (1, 2, 600), sin caer en la autorreferencialidad?
La historia es así: un matrimonio con una hija (que será clave en el desarrollo de la intriga) se muda a esa casa maldita de Los Ángeles para tratar de recomponer un vínculo dañado por la repetida infidelidad de Él (que, hay que decirlo, ya no se desnuda: fuimos engañados). Es precisamente la hija la que decide que esa casa les conviene. Ellos, que son evidentemente un poco idiotas y un poco mezquinos, no atinan a darse cuenta de que algo habrá sucedido para que esa gigantesca mansión se les ofrezca a un precio ridículamente barato. Muy tarde descubrirán que ha sido el escenario de espantosos crímenes que volverán a ellos como la violencia pegajosa de lo que vive todavía (aunque esté ya muerto). Ella queda embarazada (hacía un año que no tenía relaciones sexuales con su marido), pero no de Él sino de... no se sabe todavía.
La hija se pone de novia con un adolescente psicótico. A Él (analista), su antigua amante, embarazada, no cesa de hostigarlo hasta que un canceroso medio quemado (literalmente: con la cara quemada a medias) la mata por Él y entre los dos la entierran en el jardín. Pareciera que estoy contando mucho, pero no estoy contando sino una millonésima parte de la densa peripecia y, sobre todo, no estoy contando nada importante, así que sigan el hilo sin temor.
Todo sucede en un vértigo de pesadilla y las mil historias de terror comienzan a entrecruzarse en escenas de una intensidad que quita el aliento (de paso: la presentación de la serie es de las mejores que se hayan visto en mucho tiempo, incluso mejor que la de Dexter). Él (el actor), una vez que dejó de mostrar el culo ya no le importa a nadie, pero su cara de "no entiendo lo que me está pasando" está siempre muy bien utilizada. Ella (la actriz) crece a medida que los horrores le suceden (Ella no intuye nada sobrenatural y responde en términos realistas lo que vive).
Jessica Lange no podría estar mejor y sin embargo, cada episodio hace una escenita más conmovedora todavía (cuando maquilla el rostro muerto de su hija mogólica en la morgue, por ejemplo).
De hecho, sólo así se entiende bien la rara calidad de American Horror Story (y la cualidad de su empeño). Se trata, como en Lost, de jugarlo todo en la intensidad de cada escena, porque en cada escena brilla, como no podría ser de otra manera, un fantasma diferente, un terror americano. Todos y cada una de las unidades narrativas de la serie han sido puestas en correlación con uno de esos terrores. Por ejemplo, los primeros crímenes de la casa (en la década del veinte del siglo pasado, cuando fue construida) suceden en relación con abortos clandestinos. A finales del ochenta, los entonces dueños de la casa,
Zachary Quinto y su novio, en relación con el sida. La escena de apertura del cuarto capítulo (que es doble, así que mejor verlo junto con el quinto) es de una rara perfección, donde el amor, el rencor, el sinsetido de la vida en común, le permiten a Zachary (deslumbrante actor) una de sus mejores actuaciones. "Lo único que pretendo es tener un Halloween decente, con la casa bien arreglada, para poder venderla y que cada uno pueda seguir con su vida". Eso no sucederá y los dos quedarán estancados en ese terror al sexo contagioso.
Estancados en el terror: así están todos los personajes. Como si no pudieran salir de la atonía en la que nos sume el miedo (tal o cual) y la imposibilidad de cambiar las condiciones de la propia existencia: siempre hay un problema material (las hipotecas, la ruina, la falta de perspectivas económicas, la disolución o el debilitamiento de un vínculo o un lazo) que ata a los personajes a esa casa maldita y victoriana: una casa finalmente muy moral que impone a sus habitantes unas condiciones de vida (¡unas formas de vida!) terribles en las que, fatalmente, quedarán atrapados para siempre (quiero decir: por toda la eternidad: eso es lo que hasta ahora se nos dice).
En fin: los cuentos de hadas y las historias de terror han servido siempre como espacios de pasaje entre un nivel y otro de conciencia. En escala, de Grimm hasta American Horror Story lo que se deja leer son esos dramas de conciencia o mejor: la manera en que una conciencia desgarrada resuelve un drama, en fin, una escena.
Dejo para otro día el comentario de la serie Boss, producida por Gus Van Sant (director del piloto, también). Hasta yo soy capaz de sucumbir a las falsas mieles del realismo cuando hay algo brutal en la representación.
Les dejo el teaser:


Para los defensores de Mad Men y de The Sopranos, esto es serio.

ProFITeroles

Queerología (2)

sábado, 5 de noviembre de 2011

Por un puñado de dólares

Por Daniel Link para Perfil


¿Será cierto, como puntualizó el Sr. Prat Gay, que las medidas de control cambiario alientan el deseo de comprar divisas? Puesto en esa lógica...: creo que en psicoanálisis la relación entre Ley (restricción) y Deseo es casi un lugar común. Tampoco sé mucho sobre economía, pero parece que sus leyes se intersectan con algún tipo de economía libidinal (recuerdo vagamente una relación entre capitalismo y máquinas deseantes).

Uno podría pensar que los arbolitos (esa terrible fauna del microcentro porteño, de la cual ya casi nos habíamos olvidado) son algo así como la válvula de escape para tanto deseo desatado. ¿Volverán a infectar el paisaje céntrico con su lubricidad monetaria susurrada en el oído del paseante?

Puse a prueba el veredicto del Sr. Prat Gay y que fuera lo que Dios quisiera. Ingresé a la página de la AFIP para ver cuántos dólares me autorizaban a comprar. Puse una cifra un tanto ridícula (muy por encima de mi capacidad de ahorro), $ 40.000, y la página consideró, con razón, que “el cuit presentaría insuficiente capacidad económica para realizar la operación cambiaria ingresada”. Con 20.000 pesos sucedió lo mismo, y así sucesivamente hasta llegar a los u$s 1.000 que, en efecto, yo podría comprar (no sin esfuerzo y, naturalmente, no cada mes).

Curiosamente, no siento ganas (“deseo” es una palabra que tal vez todavía quiera reservar para otras experiencias) ni necesidad de comprar esos mil dólares o alguna otra suma superior. Es más, me doy cuenta de que nunca tuve ni tendría “el deseo de” comprar y atesorar dólares (de gastarlos..., tal vez, pero no sé si es el mismo deseo).

A lo mejor tiene razón el Sr. Prat Gay (él es un economista y yo no), y todo sucederá como él lo prevé (deseo desatado, arbolitos, mercado negro). Después de todo, no hay quien no haya sufrido en su vida no una, sino varias veces, la incertidumbre provocada en el mercado cambiario mediante la manipulación de su (delicado) equilibrio. Aunque nada de eso interpela mi deseo, yo trataría, sin embargo, de evitar un escenario semejante: es medio feo imaginar que la gente anda caliente por un puñado de dólares.