Mostrando las entradas con la etiqueta Copi. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Copi. Mostrar todas las entradas

viernes, 4 de noviembre de 2022

viernes, 26 de agosto de 2022

martes, 9 de agosto de 2022

sábado, 8 de enero de 2022

La grieta charrúa

Por Daniel Link para Perfil

Comentando las fotos que le mando de nuestra escapada de año nuevo, un amigo nos dice: “Uruguay es una utopía” y después cambia: “O un barrio cerrado”. Le contesto: “¿Acaso hay diferencia?”.

Es cierto que Uruguay da una impresión de tranquilidad que los argentinos no sentimos hace décadas y, al mismo tiempo, la complejidad del país admite lecturas tanto en una dirección como en otra. Basta vagar por Montevideo, esa ciudad que en los índices de calidad de vida aparece bendecida con posiciones para nosotros inalcanzables.

Se me ocurre que Montevideo es el resultado de una mezcla bastante infrecuente de socialismo y de liberalismo: ahí están esos edificios soviéticos en la Rambla más cercana al centro, brillando al atardecer mientras el sol se pone sobre un agua que es mar y río al mismo tiempo, ahí están esos nombres estatales de los que la sociedad uruguaya no quiso desprenderse nunca: ANCAP, ANTEL; o esos nombres colectivistas como CONAPROLE que, en efecto, suenan a utopía de décadas más dispuestas a imaginar formas comunes de organización.

A eso se superponen los barrios como Punta Carretas, con su shopping incluido y, sobre todo, la Interbalnearia con sus coqueterías ABC1 y su adhesión entusiasta a las diferentes variantes de lo eco-chic, que tanto éxito tienen en nuestros barrios cerrados del norte de la provincia de Buenos Aires (no conozco otros, pero supongo que funcionarán según parámetros semejantes).

A uno le parece que todo eso convive armoniosamente y que las exenciones impositivas para la construcción con mano de obra local y capital extranjero (argentino, sobre todo) congenian bien en Uruguay y que en una sociedad civilizada la alternancia democrática está garantizada por una tolerancia ciudadana bien entrenada. Craso error.

Al querer pasar un peaje en la Interbalnearia, pensé que había una casilla de pago manual habilitada más allá de la cola tremebunda que tenía por delante. No fue así y cuando quise reincorporarme a la fila de autos (más adelante de lo que me permitía mi anterior posición) fui increpado por un conductor que me dijo que esperaba hacía largo rato. Le pedí que me disculpara, le expliqué que me había equivocado, y le desee feliz año. No me dejó meterme en esa fila y me gritó “¡No lo votes más, no lo votes más!”, porque pensó que yo era un votante del Sr. Lacalle Pou a quien él, claramente un votante del Frente Amplio, responsabilizaba por todos los males de Uruguay, incluida la deficiente organización de los peajes.

Tal vez tenga razón (pero yo, como nuestro presidente, prefiero no inmiscuirme en asuntos de otros países), pero me sorprendió que un mínimo desarreglo involuntario en una cola desatara una pasión política tan intensa. Lo mismo que en casa, pensé. Ni utopía ni barrio privado: Uruguay es nuestro espejito de madrastra de Blancanieves.

 


sábado, 21 de noviembre de 2020

Fan club

sábado, 5 de enero de 2019

Intervención cortante

Por Daniel Link para Perfil



El año parecía haber ya terminado sin sorpresas. Y no fue así. En el momento en que estábamos haciendo el check in en el mismo hotelito retirado donde habríamos de despedir un año más de nuestras vidas, vimos que esperaba el uber quien había oficiado de madrina en nuestro casamiento. Partía rumbo a otra playa, donde se la esperaba para organizar la fiesta de año nuevo. Nos habló bien del lugar al que llegábamos y nos recomendó a uno de los huéspedes, un uruguayo joven, solo, llamado Alejandro.

Después de algunos intercambios anodinos, coincidimos en el jacuzzi, donde me contó algo íntimo: su punto G era el ombligo, cosa que comprobé allí mismo.

El asunto me conmovió profundamente porque me recordó El baile de las locas de Copi, en la que Pietro Gentiluomo entra en éxtasis cuando le meten el dedo y la mano en el ombligo. Una vez consigue que su partenaire le meta el brazo entero y toque su corazón por dentro. Le conté eso, y no llegué a decirle que esa novela es una de las más conmovedoras historias de amor que se hayan escrito jamás. “Yo no sé aún que voy a matarlo, él no sabe que yo puedo olvidarlo. Y, desde el momento en que he empezado a escribir ya lo he matado, el movimiento hipnótico de la Bic sobre mi libreta bloquea el recuerdo de su olor”.

Cuando le dije que Copi había escrito también una novela llamada El uruguayo, respondió lacónicamente: “En Uruguay nada pasa”.

Hasta ahí yo pensaba que Copi, como con el Papa argentino y con las mujeres vestidas de carne, había acertado de nuevo. Las unidades móviles del imaginario que Copi nos regala se actualizan cada tanto, acá y allá. Y cuanto más regular y homogéneo es el imaginario que nos envuelve como una película pegajosa y húmeda, tanto más perturbador es el efecto Copi. Alejandro no podía saberlo, pero era una actualización de un personaje de Copi, la realización del imaginario.

Mucho más perturbadora fue nuestra segunda conversación, cuando me mostró una foto suya, con un cuchillo apoyado sobre su ombligo, y me preguntó: “¿Encontraré mi carnicero?”.

Dejo de lado la fantasía trans de la cual la frase y la foto eran expresión, que volvían a confirmar lo mismo de antes, lo que yo había definido en La lógica de Copi como una intervención cortante. Nuestra madrina de bodas es nuevamente, testigo: el uruguayo no es sólo un personaje de libro de Copi, es personaje de un libro mío. El fin de año estaba, ahora sí, salvado.


sábado, 2 de junio de 2018

Copi presidente

por Daniel Link para Perfil

Yo no sé si me quedé dormido y me desperté con un coágulo cerebral o me golpee la cabeza (que me provocó un coágulo cerebral). Yo había pensado (antes del sueño, el golpe, el coágulo) que íbamos a tener un gobierno de derecha, más o menos penoso, durante cuatro años y que después, cuando el Sr. Macri ganara las elecciones para un segundo período, nos iba a hacer bailar con la más fea. Más o menos como lo que pasó con Menem.
Pero de pronto se levantaron todos los telones y los bastidores y quedó claro que el baile empezó ya mismo y será a oscuras (o con lucecitas led, que me son tan detestables), para que no se noten las ropas raídas de los participantes.
El año que viene, en cambio, bailaremos por un sueño.
Dicen, ¿será cierto?, que el Sr. Tinelli se reunió con el Sr. Duhalde para afinar los detalles de su candidatura presidencial. O eso entendí desde mi coágulo, porque salvo por la entrada masiva en un registro psicótico de ésos a los que nos tiene acostumbrados nuestra querida patria, me niego a considerar racionalmente una hipótesis tan pedorra.
En La vida es un tango, el gordo Bochinchola patrocina la candidatura de Silvano Urrutia, joven entrerriano. En La internacional argentina, Nicanor Sigampa, después de darse cuenta de que no tiene chances presidenciales porque es negro promociona a Darío Copi (poeta maoísta) como presidente.
Copi ya acertó varias veces, una de ellas con el Papa argentino en El uruguayo. No quisiera que esta vez también su delirio fuera premonitorio. 



sábado, 12 de mayo de 2018

Las repitontas



viernes, 11 de mayo de 2018

Día de Feria








martes, 26 de septiembre de 2017

Dicen que...

Una obra con leyes propias

por Gabriel Caldirola para La Nación

En la lectura de Link, que desde la crítica literaria intenta conversar con la filosofía contemporánea, la obra de Copi "se funda en la tierra de nadie de la ensoñación, la imaginación y la memoria" para proponer la concepción radical de "mundillos" habitados por personajes monstruosos, en los que la catástrofe y el milagro logran trastocar el orden de lo conocido y realizar lo imaginario, llevándolo hasta sus últimas consecuencias.

jueves, 20 de julio de 2017

Vivita y coleando





El oficial Copi


Por Daniel Link para Anfibia 

Si bien Copi ya había sido representado en un teatro oficial (una palabra en desuso que hoy ha sido reemplazada por la más ambigua “públic@”), la llegada al Cervantes de Eva Perón, su pieza más emblemática (aunque seguramente no la mejor) marca un antes y un después no solamente en relación con el reconocimiento del talento monstruoso del mejor dramaturgo argentino de todos los tiempos sino en relación con un puñadito de deudas que el teatro argentino había venido acumulando.

El alma y las formas A los argentinos, Copi les llega tarde, como la historia entera. Es muy probable que la responsabilidad sea del sentimiento peronista, que atrasa irremediablemente, y con el que Eva Perón, recién estrenada en el Teatro Nacional Cervantes, guarda una relación intensa y plagada de contradicciones. Copi nos llega una vez que el mundo entero ya ha comprendido las operaciones que propone y la grandeza del impulso que habita en su obra.
Hace veinte o treinta años, tal vez hubiera tenido algún sentido discutir si la pieza hiere “la fibra más íntima del alma peronista" como sostuvo con impecable retórica hegeliana Pablo Moyano y como ratificó inmediatamente la Juventud Sindical Nacional de la CGT a través de su secretario de Juventud y Protección de la Niñez, el aeronavegante Juan Pablo Brey, que encontró un respiro en sus anacrónicas protestas contra las aerolíneas de bajo costo para pronunciarse contra una pieza que, en relación con Eva Duarte, “representa una deshonra a su vivo recuerdo".
El alma herida del peronismo seguirá atormentándonos como un fantasma, con sus balbuceos de muerto-vivo y su incapacidad para salir del pozo de ignominia en el que se encuentra. No lo hará, sin embargo, a costa de Copi, que fue capaz de resistir con su propio cuerpo la fatwa que sobre su cabeza (y la de sus familiares directos) pronunció el peronismo en la década del setenta del siglo pasado, cuando la pieza fue estrenada por primera vez en París.
“Con mis amigos”, rememora un peronista de fuste y hoy con gran predicamento, “salimos entonces a arrancar adoquines de las calles para arrojarlos contra las vidrieras de Renault y de Citröen”.
Eso también forma parte del archivo peronista, tanto como la imagen de Evita capitana, o la “mujer del látigo”, la ópera rock y las relaciones de poder de un coronel del ejército (luego general) con la masa peronista que, en el momento en que consideró que un rostro la sintetizaba, comenzó a perder su potencia revolucionaria, poco a poco.
Si Arkhé es tanto origen como mandato, la arqueología que Copi practica cuando revuelve archivos patrióticos y memorias familiares para hacer su teatro, sus novelas y sus tiras cómicas, tiene una función desestabilizadora respecto del conocimiento y sus funciones institucionales. Es lo que últimamente se ha estabilizado bajo el nombre (un poco equívoco) de “anarchivo”. El anarchivo sólo puede ser un prototipo y por tanto es extitucional, mundano y provisional.
En Copi, la práctica del anarchivismo se toca con una idea de teatro del mundo, que sirve como instrumento para proyectar las condiciones de posibilidad de lo viviente a un futuro siempre utópico o atópico, hiperespacial, monstruoso. Los saberes que produce su teatro son necesariamente subalternos porque participan antes de lo común que de lo universal.
Lo “público” es la expresión de lo que se diseña o propone para todos, lo común en cambio sólo puede existir en la medida en que se co-produce entre todos. Lo público supone una abstracción biopolítica como la que evocamos al usar la noción de ciudadanía (proliferativa, ciega, omnipresente y universalizante). Lo público esta habitado por normas, abstracciones y estándares. Lo común sobrevive entre minorías, resistencias y excepciones.
Lo que el teatro de Copi nos dio y nos sigue dando es la posibilidad de explicar lo que hemos vivido y sobre lo que nos faltan las palabras para decirlo. El acontecimiento peronista es, naturalmente, una de esas figuras obsesivas (para Copi, pero también para nosotros). Contra la imagen pública de Evita (ésta o aquella), Copi propone una acción común (que él llama, sencillamente, teatro) que desestabilice la imagen como cosa muerta, como predicado de un “alma peronista” inmortal y la pone a andar por el mundo.


Decir Copi
Dejemos las salpicaduras peronistas de lado, concentrémonos en Copi y su teatro.
Raúl Damonte Botana (1939-1987) fue el nombre civil de quien será será este año recordado a través de brillantes tesis de maestría y doctorado, libros, puestas en teatros oficiales y del circuito alternativo, muestras de obra gráfica en la Biblioteca Nacional (que estuvieron antes en otras partes del mundo, lo que constituye un acontecimiento planetario del que no podemos jactarnos demasiado todavía: nos cuesta abrazar la causa Copi y decir que él es el más grande entre los grandes y que, por él, estamos dispuestos a seguir adelante con la literatura, el teatro y las micropolíticas que sostienen lo viviente en su multiplicidad.
Mucho de lo que Copi produjo hoy ya no produce escándalo y está bien que así sea porque el escándalo no era el motor de su obra, sino apenas una herramienta para liberar las zonas más primarias de una imaginación cada vez más amortiguada por presión de la cultura y sus habituales vilezas. El teatro de Copi propone los parlamentos más difíciles de desempeñar y los diálogos más imposibles de decir porque todavía no hay una conciencia emancipatoria que permita comprenderlos del todo.
El encargo que el Teatro Nacional Cervantes (dirigido por Alejandro Tantanián) hizo a Marcial di Fonzo Bo, quien había desempeñado previamente una Evita que muchos recuerdan como memorable, incluyó El homosexual o su dificultad de expresarse y Eva Perón en una función doble.
Nada hacía prever que en el espectáculo brindado por el Cervantes, El homosexual... (cuyo texto es posterior al de Eva Perón, y mucho más complejo) ocupara el primer lugar, separada de Eva Perón por una performance bastante siniestra a cargo de Gustavo Liza, innecesaria, mal desempeñada y que perturba la comprensión de un universo que, si no se explicara por sí solo, menos lo haría a través del conjunto de indicaciones pedagógicas que decidieron incluirse en un montaje que no las necesitaba.
La escenografía de Oria Puppo para las dos obras es soberbia (mucho más elegante para El homosexual que para Eva Perón) y el vestuario de Renata Schuscheim adecuado en las dos piezas.
De la dirección general y la toma de partido habrá que hablar por partes.
El homosexual o su dificultad de expresarse dice, desde su título que parodia el título moralizante de las novelas de la Ilustración (Cándido o el optimismo, Justine o los infortunios de la virtud, Pamela o la virtud recompensada), algo que el texto de la pieza subraya: los nombres propios y las categorías son apenas el espacio de interrogación de una moral y de una ética. En el caso de Copi, se trata de una ética salvaje que desprecia todos los lugares comunes y se proyecta hacia un futuro donde no se sabe bien (y nunca se sabrá) qué asignación de género corresponde a determinados acontecimientos de discurso. Irina es presentada como una chica que vive en la estepa siberiana con su madre y que ha dejado de tomar lecciones de piano con la señora Garbo. A esos tres personajes principales se suman Garbenko y el General Pushkin. Entre todes, planean una huida hacia China.
En distintos momentos de la pieza, Irina aborta analmente, se quiebra una pierna, luego se mete un ratón en el culo (el episodio fue eliminado de la versión que se ve en el Cervantes, por razones inexplicables) y finalmente se corta la lengua.
De los tres actores principales de la puesta, descolla Hernán Franco en la piel de Garbo, quien junto con Carlos Defeo (que hace aquí el muy secundario papel de Garbenko y en Eva Perón el fundamental de la Madre) sostienen performances memorables y que, por si mismas, justifican el espectáculo entero.
Cualquier corte, en una pieza que fue concebida como una intervención cortante (respecto de todas las tradiciones y en relación con todos los archivos teatrales) resulta, en principio, sospechoso (sino abusivo). Mucho más si viene con añadidos incomprensibles como la cantante china que no consigue hacer su lip sync y que, en otras latitudes, habría merecido un unánime “sashay away”).
En la escena IX de la pieza, Garbo interroga a Irina y Hernán Franco aprovecha esos diálogos para ofrecer una performance memorable, precisa en cada uno de movimientos, angustiante en cada una de sus repeticiones y que, a través de un crescendo demencial, lleva a la platea al punto exacto de locura común que Copi había previsto. Es una pena que no se le dé al actor la posibilidad de recibir el reconocimiento (el aplauso) que se merece.
Después de un intervalo sobre el que nada puede decirse salvo la pena que provoca, Eva Perón se revela como otra cosa.
El extraño partido que el director tomó para el tono de la pieza la lleva al realismo trágico (también aquí hay agregados: retratos y gigantografías de Eva Duarte, un discurso radial de la líder). Si Benjamín Vicuña necesitaba de esa capitis deminutio de una pieza que habría funcionado mejor en un registro delirante, hay que reconocer que aprovecha la decisión del director y ofrece una Evita que, si no es la que se esperaba, es muy sólida y consistente. Aunque Carlos Defeo, como la madre, funciona como quien organiza todo el juego teatral (y lo hace brillantemente), Vicuña encuentra (antes con su voz que con su cuerpo) una Evita para salir del difícil paso en el que la producción lo ponía. Una vez más, los números musicales añadidos son incomprensibles e innecesarios.
Una Evita, hay que decirlo, hecha para el gusto del peronismo, que no es ni bueno ni malo sino, sencillamente, incorregible.
Que los líderes sindicales no hayan podido ver, en estos días, el homenaje que la puesta del Cervantes significa a uno de sus más fervorosos símbolos y que la haya considerado “una afrenta a los sentimientos de los más humildes” no habla mal de Copi, ni del Cervantes, ni de Vicuña ni de Marcial di Fonzo Bo sino de la conciencia peronista, ya abandonada incluso por su última figura trágica. 


miércoles, 19 de julio de 2017

viernes, 14 de julio de 2017

Preguntan si...

Se chocan los planetas

Por Mariano López Seoane para Soy

Atesorado durante mucho tiempo como un nombre secreto, contraseña conocida solo por entendidas, el nombre de Copi empezó a diseminarse hace unos años y hoy, con el estreno de su obra Eva Perón, gana la centralidad y el brillo que le corresponde. Atenta a menudencias como el género y la vida privada del actor que compone a Eva, la prensa no especializada empezó a paladear este sobrenombre compacto, tan sucinto que sólo puede deber su existencia al artificio. Notas sobre la obra, discusiones sobre su misterioso signatario, reacciones alarmadas o tibiamente simpáticas. En suma, manoseo del nombre y circulación que no deja marca. Ojo. Esto no es protesta. Es necesario que el nombre de Copi se vuelva tan corriente como el de Borges y todos los demás. Pero es aún más necesario contar con la guía de un crítico loco, capaz de alcanzar las alturas de Copi sin apunarse. Es reconfortante saber que no tenemos que esperar la llegada de un Mesías. Ése crítico ya existe y se llama Daniel Link.


domingo, 25 de junio de 2017

Anticipo

El artista que profanó el imaginario peronista

por Daniel Link para revista Ñ

A treinta años de la muerte de Copi, su figura no ha dejado de crecer con el tiempo. En Roma se presentó un volumen que analiza y celebra sus contribuciones a las artes gráficas, el teatro, la literatura; en Barcelona se dedicó una gran muestra retrospectiva a su obra gráfica en el Palacio de la Virreina; en Buenos Aires se estrena (¡47 años después de haber sido escrita!) Eva Perón en el Teatro Nacional Cervantes.
Sería imposible siquiera considerar las líneas fundamentales de la literatura contemporánea sin hacer referencia a la figura de Copi. Fogwill publicó una recopilación de textos periodísticos, que tiene entre otros méritos el de recordarnos cuán tempranamente había presentado a Copi a la sociedad cultural argentina, cuyos miembros más prominentes consideraron poco serio al recién llegado. Salvo César Aira, que le dedicó un seminario y una lectura incompleta pero decisiva para las nuevas generaciones de lectores.


(anticipo de La lógica de Copi)

 

sábado, 28 de enero de 2017

Treinta años sin Copi


Por Daniel Link para Perfil

El 14 de diciembre de este año se cumplen treinta años de la muerte de Copi (nacido como Raúl Damonte). El año pasado, en el CCK, Marilú Marini inauguró los homenajes con El día de una soñadora (y otros momentos), montaje de Pierre Maillet sobre dos textos del autor. En el mismo lugar, la muestra Copi en el Río de la Plata exhibió, entre otra memorabilia, el gran telón que en 1981 hizo Juan Stopani para Le Frigó.
En Barcelona, el Palau de la Virreina encomendó a Patricio Pron que organizara una muestra sobre su obra gráfica. “La hora de los monstruos”, que abrió sus puertas en noviembre pasado, ha sido prorrogada hasta marzo y se espera que, en algún momento, pueda venir a Buenos Aires.
El Teatro Nacional Cervantes prepara un doble estreno: Eva Perón y El homosexual o la dificultad de expresarse se verán a partir de mediados de año. La editorial porteña el cuenco de plata, que viene publicando las obras teatrales de Copi, se apresta a preparar una edición de su Teatro Completo.
Copi fue, además de uno de los mejores dramaturgos de su tiempo, un extraordinario humorista gráfico y un notable novelista (como dos de sus piezas están escritas en verso, también se lo puede leer como un poeta). Se merece esos homenajes y muchos más.
Formado en la contestación propia de su época (el mayo del 68, que constituye un leitmotiv de su obra narrativa), Copi alcanzó a proponer una concepción de mundo radical que, al mismo tiempo que atentaba contra la lógica brutal del capitalismo más avanzado, proponía nuevos rituales (en el teatro, en la novela, en la obra gráfica) para fundar un universo trans: transgénero, translingüístico, transnacional.
Para Copi, como para todo espíritu de revuelta, el Pop (como potencia de desclasificación) había sido culturalizado. Él fue, por lo tanto, más allá, hacia el horizonte donde cesa el desorden de las categorías (característico de la cultura pop) y se puede postular una antropología nueva. No un arte nuevo (eso es totalmente secundario), sino una nueva relación entre arte y vida, un nuevo concepto de vida.
La lógica de Copi es sencilla: se trata de oponer al Estado-Nación y sus ficciones guerreras (la vanguardia es una de ellas) la idea de comunidad (transnacional y, al mismo tiempo, imposible).
Por eso Copi se sale del mundo y propone una cosmopolítica donde hace estallar todas las ideas heredadas para fundar una nueva antropología que subsume lo cálido (la sangre del cordero sacrificial de las religiones monoteístas) en lo frío (el cuerpo helado del drogado), que hace aparecer en lo ascensional (la Pirámide, el Sacré Cœur, La Défense), los monstruos del inframundo (la serpiente, la rata), que traza, en la fachada del capitalismo, las líneas de su desmoronamiento, que hace coincidir el ojo de Dios (y su corporeización cordérica) con el ano de la serpiente.

lunes, 9 de enero de 2017

martes, 27 de enero de 2015

Il est Charlie



Eran otras épocas: 

On l'a un peu oublié, mais Copi fut aussi l'un des invités permanents de Charlie Hebdo, qui s'appelait alors Charlie Mensuel (le journal de Delfeil deTon puis de Wolinski). Il entre dans la revue en août 1970, lorsque Wolinski en devient le rédacteur en chef et il y publiera 52 histoires jusqu'en août 1980. Il fera pas moins de quatre covers (mars 1971, septembre 1972, septembre 1974 et septembre 1976), de nombreux éditos et d'innombrables stories, souvent sur près de quatre doubles-pages. "Je sais que je ne pourrais pas être tout à fait ami avec quelqu'un qui n'aimerait pas Copi", expliquait alors Wolinksi.


"Vi confusamente amontonados los cuerpos de los candidatos homosexuales de los distritos 18 y 17, el de un periodista de LIbération y otro de Paris-Match, además de un periodista de Charlie Hebdo, todos ellos caídos sobre mi Chesterfield.  (...) dos dibujantes de humor, Wolinski y Topor, yacían entrelazados a la entrada". (Copi. La guerra de los putos)


(Gracias, Germán)



viernes, 7 de noviembre de 2014

Preguntan si...

Entrevista de Nacho Damiano para el ciclo "Los especialistas" de Eterna Cadencia:

Nacho Damiano: En tu libro Clases hablás de «una protesta en contra de los dispositivos de normalización que la cultura lentamente ha amasado para nosotros». ¿Copi aún hoy no es comprendido, sigue estando por afuera de estos dispositivos de normalización?

Daniel Link: Sí, entendiendo que Copi no hace cultura: hace arte, literatura, teatro.

(...)

Sigue aquí una transcripción parcial.

 

lunes, 28 de julio de 2014

Al pie de las barrancas, del río Paraná


El programa, acá.