sábado, 17 de noviembre de 2018

El zorrito y las uvas

Por Daniel Link para Perfil

El problema no es el déficit primario, dijo la Sra. Fernández, y tiene toda la razón. Por algo el capitalismo incentiva el uso de tarjetas de crédito, préstamos bancarios, compras hipotecarias, en fin, todo lo que hace que uno pueda comprar aquello para lo cual no tiene dinero suficiente. Por algo los Estados aumentan (controladamente) sus pasivos, que son la llave maestra de la felicidad de todos.
Cuando el zorrito dice “no me gustan las uvas”, ya sabemos que lo que quiere decir es otra cosa.
Gastar un poco de más es necesario para poder seguir adelante, porque uno confía en que hay (debe haber) futuro mejor. Durante el pasado cyber monday, yo pude renovar en cuotas fijas el colchón en el que duermo, porque el anterior me estaba destrozando la espalda, después de quince años de sueños intranquilos. Si hubiera seguido la premisa del zorrito, que durmió siempre en cama de oro, no tendría descanso posible, sobre todo hoy, cuando no tengo sino pesadillas.
Deber o no deber no es el problema, sino quién pagará. Es como si yo contrajera hoy una deuda personal y obligara a mis descendientes y a las personas que para mí trabajan a hacerse cargo del pasivo.
El déficit de hoy, para los argentinos, está formado por puros intereses de una deuda que, se nos dice, esquizofrénicamente, nosotres no debemos tomar: vivamos con lo que tenemos, no aspiremos a más. El zorrito se pone contento porque llegará al final de su temporada de caza, aunque sin haber probado las uvas, que se pudrirán en la rama.


lunes, 12 de noviembre de 2018

Lean, che


¿Te digo más?



sábado, 10 de noviembre de 2018

La marca de la Bestia

por Daniel Link para Perfil


Mi marido gusta del género maravilloso (con preponderancia de hechizos y criaturas subnaturales), que yo más bien detesto. Últimamente se ha dedicado, después de que me duermo, a las remakes de series como Sabrina o Charmed. Una mañana, durante el desayuno, desarrolló sus teorías: Sabrina es mucho más oscura que su predecesora. La nueva Charmed es tan estúpida como la original, pero los personajes son latinos y negros. Agregó: deberían hacer Buffy, la cazavampiros, que era más experimental. La frase me despertó del todo. Sí, le dije, después de las películas de Warhol, viene Buffy.

Nos enredamos en una discusión sobre el sentido del predicado “experimental”. Experimental, en sus partes y en el todo, le digo, es la muestra de Jacoby en el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario, que vimos juntos hace unas semanas. La muestra misma es un experimento que incluye experimentos vivos, cuyo resultado todavía desconocemos, en todos y cada uno de los pisos que incluye.

El MACRO funciona en unos antiguos silos y sus salas se ordenan en siete pisos que, por lo general, se miran de arriba hacia abajo, como antes en el Guggenheim de Frank Lloyd Wright. Las “ capas” que forman el hojaldre de Traidores los días que huyeron se llaman: Clásico, Cinético, Poeta, Musical, Conceptual, Clown y Dark.

La muestra es muy diferente de El deseo nace del derrumbe (Reina Sofía, 2011), aunque algunas piezas se repitan. De hecho, el recorrido del MACRO-silo puede querer decir: he aquí unas semillas raras, que tal vez puedan plantarse para ver qué sale. En el caso del Jacoby Musical es evidente: Roberto, allí, canta sus canciones marcianas (que, dicen, pronto se toparán con el disco).

No es tanto, como se ha dicho (la crítica tiende a repetir los gestos distraídos y las palabras circunstanciales de los artistas, sin pensar demasiado en ellas), que se trate de un “lado B” o de una muestra de descartes.

Se trata, por el contrario, de una muestra que subraya cartesianamente el horizonte necesario para comprender las intervenciones de Jacoby. Porque estamos acostumbrados a pensar a Jacoby en relación con Chacra (1999), Proyecto Venus (2000-2006) o la Brigada Argentina por Dilma (2010) que la Bienal de San Pablo censuró, pero no estamos tan acostumbrados a pensarlo en relación con todo aquello de lo que tuvo que despojarse para llegar a hacer lo que hizo, lo que hace y lo que hará.

Lo “clásico” de Jacoby, constituido por un conjunto de ejercicios pictóricos de por sí impresionantes y una escultura duchampiana (objet trouvé intervenido), podrían haber llevado a Jacoby en una dirección (anunciada particularmente por uno de los cuadros expuestos sobre una suntuosa pared color borravino). Pero en el mismo espacio está Vernissage, hecha con Alejandro Ros: una mesa de copas vacías (o bien: dispuestas para ser llenadas) abatidas por unas conversaciones en off en portugués (sobre fútbol, el servicio doméstico, la mediocridad y poca originalidad de la muestra), el sonido de unos cuencos tibetanos y un atentado terrorista con un gran ruido de fracaso y metralletas tronando.

En cada capa de hojaldre (en cada piso) puede notarse esa apertura por un lado hacia el arte hecho en colaboración (lo que ya no dice demasiado) y, por el otro, hacia un concepto que desestructura las líneas de lectura hegemónicas del piso.

Pero además esta no es una muestra de lo que quedó fuera de El deseo... sino parte de su fundamentación: las vanguardias de finales de los cincuenta y los años sesenta, los efectos del fin del arte (“El arte ha muerto. Viva la joda”), la diseminación de las artes en cualquier parte y en cualquier soporte.

Mi marido deploró que la muestra, mayormente dominada por la alegría de las apuestas excesivas y los pasos de vida, terminara con los videos de Dark, angustiantes y depresivos.

Pero ese final sirve comprender el presente de terror en el que vivimos y su relación con las artes (el singular es ya un poco presuntuoso). Jacoby dice que las copas de Vernissage son 300 (en San Pablo fueron 600). Yo entendí que eran 666, la marca de la Bestia: eso es un artista, eso señalan los experimentos jacobinos.


miércoles, 7 de noviembre de 2018

sábado, 3 de noviembre de 2018

Perro que ladra y muerde

Por Daniel Link para Perfil

Una querida amiga me pregunta desde Brasil si no habremos tensado demasiado la cuerda como para provocar una reacción tan enérgica de la derecha fascista como la que estamos viviendo: la Liga italiana gobernando la península, el neonazismo creciendo en cada elección alemana, Bolsonaro con su coordinador de educación, el General Aléssio Ribeiro Souto, reivindicando la Dictadura y las disparatadas posiciones creacionistas.
La pregunta me sorprende en su cautela. Por cierto, le contesto que no. Nuestras reivindicaciones son las que enarboló el siglo XX en sus comienzos, con sus experimentos comunitarios, sus combates en contra de la discriminación de las minorías sexuales y su apuesta a un mundo más justo, menos ceñido a la luz cegadora de la Ilustración que, cuando se vuelve mito, habilita al fascismo más desinhibido (como bien demostraron Adorno y Horkheimer en su momento).
Hicieron falta dos guerras para que esos experimentos, esas propuestas y esas reivindicaciones fueran silenciadas. Pero volvieron. Y cuando volvieron, en la década del sesenta y, sobre todo, después del sesenta y ocho, se instalaron con la misma fuerza.
Cincuenta años después, es tanto lo que se ha conseguido, que parece mentira. Y parece mentira que haya que volver a luchar contra los mismos ideólogos del Mal, que enarbolan la ciencia para salir a matar disidentes sexuales, mujeres, negros, migrantes y que amenazan: “con mis hijos no te metas”.
No hemos tensado demasiado la cuerda del perro rabioso (la hemos dejado floja alrededor de su cuello). Sencillamente vivimos en un contexto de guerra muy diferente de las de la primera mitad del siglo XX pero que pretende lo mismo.
Ahora nos amparan algunas leyes, pero eso no debería engañarnos: cuando ya se ha quebrado el propio hogar, los enemigos siguen estando, cada vez más desembozados y más dispuestos a tomar el poder en momentos de desesperación económica.


viernes, 2 de noviembre de 2018

Si-sí, Sasá



sábado, 27 de octubre de 2018

Vestite y andate

Por Daniel Link para Perfil

La foto que me manda Laura Isola desde algún lugar de Escocia es impresionante por su intensidad erótica y por la lectura de la historia a la que induce. No sabemos quién la tomó pero sí que es que es la primera foto de un encuentro memorable “en una de esas frías noches de México”, que sella un amor a primera vista, hacia junio de 1956.
La foto muestra el interior de una habitación donde hay varias camas revueltas, una mesa de luz, una silla, dos hombres, uno en cada extremo de la habitación, que coinciden con los cortes de la fotografía.
A la izquierda, un joven de 28 años, de pelo corto, lampiño, semidesnudo, que todavía no ha alcanzado a abrocharse el cinturón, inclina su cuerpo hacia el borde de la fotografía y pone las manos en sus espaldas, con cara de espanto. En la otra punta, delante de una ventana, un hombre apenas dos años mayor (pero que parece llevarle al menos diez años al otro), cabizbajo y con los ojos entrecerrados, se abotona el saco. Seguramente piensa: “esto no puede volver a suceder, tengo una responsabilidad ante la historia, necesitamos una disciplina estricta”.
Acaba de decirle al joven semidesnudo que piensa que está ante “un hombre extraordinario”, después de una noche turbulenta: “Yo no te abandono. Esto no volverá a suceder. “Nosotros morimos perseguidos, en la oscuridad. El verdadero cementerio es la memoria. Ahí te guardo, te acuno, te celebro”.
El joven, que ha atravesado el mundo en motocicleta en busca de un destino, ahora deberá abrazar una causa y las palabras de su compañero se le grabarán a fuego en la memoria. Le escribirá, antes de morir, once años después: “Si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último pensamiento será especialmente para ti”.
Ernesto murió en Bolivia, perseguido. Fidel lo sobrevivió. Quien haya tomado esa fotografía en México no sabía que estaba fotografiando un amor constante, más allá de la carnicería.



martes, 23 de octubre de 2018

Amor constante más allá de la muerte o "Vestite y andate. Hilda te espera"



Nosotres, les representantes


Por Daniel Link para Perfil

Como sabemos, el carácter totalitario del poder se deduce de la paradoja que le es inherente: la ley está fuera de sí misma. Otro enunciado paradójico: el soberano, que está fuera de la ley declara, sin embargo, que no hay un afuera de la ley.
El ministro Finocchiaro acaba de proporcionarnos un par de sentencias contundentes que ilustran esos principios: “nadie debe condicionar al Presidente”, dijo. Rara sentencia, porque la figura presidencial está condicionada, en principio, por el mandato de sus votantes y, en segundo término, por las alianzas políticas en las que la soberanía se funda.
Las democracias parlamentarias, si alguna virtud tienen, es precisamente la de condicionar el ejercicio del poder soberano, sometiéndolo a una serie de protocolos de control que impiden que el soberano ejerza el poder según su capricho.
Aspirar a un poder incondicionado, a un salirse de la ley es pretender ejercer el poder totalitario propio de épocas pasadas.
Otras declaraciones del ministro de Educación (cuyo conocimiento de los textos fundamentales de nuestra época no habría que poner en duda por el cargo que desempeña) son congruentes con esa posición autocrática.
A propósito de el lenguaje inclusivo manifestó su desacuerdo, porque en nuestro país “rige la lengua castellana que dicta la Real Academia Española (RAE)”.
Una lengua se usa y no rige nada (alguien dijo que la lengua era fascista, para hacer notar su pretensión regia). Y mucho menos es dictada por una academía, cuyo propósito es administrar los usos de la lengua en un determinado territorio. Si fuera cierto que alguna vez aceptamos la regencia soberana de la Academia Real, no usaríamos el vos, y hablaríamos de tú y pronunciaríamos gilipolleces sin ton ni son, como en España.
El lenguaje es cambiante, muta”, aceptó el ministro, “pero los cambios de lenguajes no son imposiciones de grupos o minorías. Se dan cuando la sociedad los acepta”. Qué cosa sea la sociedad sino un debate sin cuartel de grupos (todos ellos minoritarios: por eso existen las “primeras minorías”), no lo sabemos. El momento en que la sociedad se piensa como plenamente homogénea es un momento, ya, totalitario.
Es probable que los esfuerzos que muches de nosotres hacemos para poner en perspectiva los usos inclusivos del lenguaje al ministro lo dejen frío. No porque él suponga un modelo de evolución lingüística diferente del nuestro, sino porque su modelo de la soberanía sostiene que el poder es incondicionado, se trate de un presidente de una república o de una academia de la lengua cualquiera.
Los usos inclusivos del lenguaje no se proponen como ya constituidos (incorporados a la gramática, sancionados por los académicos, aceptados por el poder) sino como constituyentes. Nadie está afuera de la ley, pero además, la ley misma depende del debate.


sábado, 13 de octubre de 2018

Ideología degenerada

Por Daniel Link para Perfil

El video es penoso por la ignorancia de quienes lo guionaron, y amedrentador por la violencia fascista que anuncia. En Brasil sucedió lo mismo con la “ideología de género” y así terminó la historia: con un triunfo en primera vuelta de la ideología fascista más desembozada.
“Si te dijeran que en las aulas están adoctrinando a tus hijos con enseñanzas de Hitler, te parecería un desastre, ¿o no?”. Los jóvenes descerebrados, inmediatamente, sostienen que “los padres de esta ideología eran tan aberrantes como lo fue Hitler”.
Ahí ya hay un problema, que ya había resuelto en su momento Victor Klemperer en su impresionante libro La lengua del Tercer Reich. Apuntes de un filólogo. La palabra “aberrante” anuncia lo que sigue. “Drogadictos, locos y con tendencia al suicidio”, dice la joven fascista en el video para referirse a “los fundadores de la ideología del género”. Esos sujetos, drogadictos, locos y con tendencia al suicidio que ella desprecia (junto con los alcohólicos, los esquizofrénicos y sus hijos) fueron las primeras víctimas del programa de exterminio del Tercer Reich.
Por supuesto, se trata de una “guerra sin cuartel contra la naturaleza” la que se deriva de los presupuestos “relativistas” de esos padres fundadores. Pero la teoría de la relatividad que Einstein produjo fuera de toda perspectiva de género, también decía que las leyes físicas son relativas, salvo una constante: la velocidad de la luz. Por supuesto, la vida de Einstein corrió peligro en la Alemania nazi cuando anunció su teoría.
Pero ellos, que lo ignoran todo sobre el siglo XX, incluido el fascismo que practican, siguen: “es como si se hubieran abierto las puertas del manicomio y las teorías de sus locos más célebres se convirtieran en doctrina mundial”. La fraseología nazi se precipita con urgencia: “prácticas sexuales degeneradas”, dice un morochito ya en edad de merecer.
Wilhelm Reich. Masturbador compulsivo desde los seis años, practicante de zoofilia, odio al padre. Que tuvo que huir de los nazis, no se menciona en su acotadísimo (y falseada) biografía. Luego le llega el turno a Maiquel (así nombrado) Foucault. No hace falta más: decadentes, degenerados, aberrantes son palabras del léxico fascista. Más democrática, la mentira enfática caracteriza en general a la derecha.
Una buena: la asociación católica que firma el video es uruguaya. Supuesto que quieran cruzar el río, sépanlo: No pasarán.

viernes, 12 de octubre de 2018

sábado, 6 de octubre de 2018

Papel mojado


Por Daniel Link para Perfil

Volver a la patria es volver a un entramado de teorías envenenadas, conspirativas, novelescas. Cualquiera tiene todas las piezas del rompecabezas en la mano, pero cada quien las dispone como quiere y la figura queda igual de bonita. ¡Aplausos!
Escuché una teoría preciosa sobre el asunto Cuadernos Fotocopiados. Sería, si nos atenemos a algunos nombres de empresarios, según el Turco Asís, la reproducción de la milenaria hostilidad entre la Italia del norte y la Italia del sur, transpuesta al suelo criollo, digamos: acocolichada. La Ndrangheta calabresa contra la Sacra Corona Unita, para decirlo en términos mafiosos.
Por supuesto, está el caso de la mascota elegida para los Juegos Olímpicos Juveniles, que hoy comienzan: se llama Pandi (?) y es un... ¡gato! Dicen que eso pasó por haber tenido tanto kirchnerista militante en las terceras y cuartas filas de los organismos.
Sobre el FMI no vale la pena detenerse, porque o se trata de un error gigantesco o todo está hecho a propósito, pero en todo caso, el efecto es el mismo: nos secamos lentamente en el horno, junto con los pesos desaparecidos del mercado.
Pero hay un efecto colateral: la aparición de unos dólares mojados. Hay quien dice que son los dólares enterrados que sirven hoy para pagar actos contrarios al gobierno (que no son los mismos que hace el propio gobierno). Otros dicen que son dólares que vienen de Venezuela.
Propongo otra teoría: son dólares mojados por las lágrimas de los argentinos, que no pueden salir de la tristeza. 


jueves, 4 de octubre de 2018

¿Aléjate, qué?



Respecto de sus dichos despectivos por la nacionalidad de las jóvenes, explicó: "Me tildan de xenófoba y la cuidadora de mi mama es peruana, la señora que limpia es paraguaya tuve amigos ecuatorianos, lo que menos soy es xenófoba".

sábado, 29 de septiembre de 2018

Tutti Frutti


Por Daniel Link para Perfil

¿Me gustarían Beijing, Bagdad, Bombay? No lo sé, y en este caso sólo puedo pensar por analogía, lo que casi siempre es malo. Imagino a Bagdad un poco como El Cairo, que no me gustó demasiado, pero tal vez se trate de un prejuicio orientalista. Para pensar Beijing y Bombay no tengo términos de comparación. Bruselas me pareció bastante sosa, pero no tanto como Boston.
Por fortuna me gustan Buenos Aires, Barcelona y Berlín y en cada una de ellas encuentro lo poco que a las otras les falta para ser perfectas. Que ninguna lo sea no depende tanto de un valor objetivo de esas ciudades sino de mi capacidad de tolerancia: cero tolerancia al frío, al turismo masivo, a la polución auditiva.
Si me detengo en estas ciudades y no en otras no es por azar, sino por la coacción de una regla que nos hemos impuesto con mi equipo de trabajo: el año que viene sólo pensaremos en libros firmados por autores cuyos apellidos comiencen con la letra B y sólo recomendaremos las lecturas y las teorías (literarias, sobre el sujeto, políticas, historiográficas) que también ser correspondan con nombres propios con B.
La decisión no fue muy meditada pero tampoco es completamente caprichosa. A propósito del “Bien”, el tema que nos ocupaba, empezamos a enumerar autores cuyos apellidos empezaban con B. Un minuto después ya habíamos formulado la regla y nos juramentamos para atenernos a ella.
En materia literaria, todo da más o menos lo mismo, pero en materia de perspectivas críticas el asunto se vuelve más complejo, porque nos obliga a prescindir de ciertas nociones o a parafrasear algunas otras. Tendremos que decir “en un libro que nació de un cuento de Borges, su autor propone...” y así.
Con las ciudades podría haber sido fatal porque no nos detuvimos a pensar en las enormes implicancias de la regla, que nos habría condenado a Nueva York (esa Mar del Plata donde bailan los payasos), a Edimburgo (esa Cosquín donde los unicornios son el símbolo de la resistencia), a París o a Madrid (¡líbrenos el cielo de semejante infierno!).
La regla es tirana porque nos priva de San Francisco, la ciudad más amable del mundo, de Valencia (esa Córdoba mejorada por el mar), de Roma y de Estambul. Por suerte B es la letra que da nombre a tres de las más hermosas ciudades del mundo, en una de las cuales trabajamos. Las tres son bastante mundanas y conservan todo el encanto de lo cosmopolita y lo local. En las tres hay una alta intensidad que domina los comportamientos sin volverlos, sin embargo, maniáticos. Berlín tiene la mejor iluminación nocturna (dicen les berlineses que es para no molestar a pájaros e insectos), el mejor sistema de transporte público y es infinitamente más liberal que las otras dos, especialmente en materia sexual. Barcelona tiene el Mediterráneo y una de las mejores cocinas del mundo (finalmente, y contra toda protesta independentista, es una ciudad que participa de la sencillez culinaria de la Madre Patria). Buenos Aires tiene una energía un poco insoportable de continuo pero que se extraña mucho cada vez que uno la abandona por un tiempo. Tiene, también, una mezcolanza de registros inconcebible en cualquier otra parte. Siempre está a punto de estallar (“caos” dicen los medios) pero es, sin embargo, resistente a las tendencias autodestructivas de sus habitantes.
Sin haber nacido en ninguna de ellas, en las tres he hecho nido en algún momento de mi vida. Las conozco bastante, puedo volver a ellas y comprobar lo que ha cambiado o lo que se mantiene idéntico. Cada una tiene una parte que no uso porque no me gusta (los Palermos en Buenos Aires; el Gótico en Barcelona; Neukölln o Prenzlauer Berg en Berín. No quisiera vivir en invierno en Berlín y los diciembres de Buenos Aires son bastante detestables. Barcelona es amable casi todo el año, pero la prefiero en otoño, cuando las hordas turísticas no la abandonan del todo, pero al menos merman.
En las tres tengo amigues, pero sólo en Buenos Aires tengo familia y sólo en Buenos Aires puedo pensarme un futuro, por lo general teñido de pinceladas berlinesas o barcelonesas, porque en esas ciudades aprendí aspectos de la felicidad urbana.



sábado, 15 de septiembre de 2018

Las palabras y las cosas


Por Daniel Link para Perfil

No comparto la opinión de que los discursos del Sr. Macri son pobres conceptualmente. Por el contrario, los considero extraordinariamente densos. En su última alocución a la ciudadanía, subrayó repetidas veces y con todo el énfasis posible que hay que vivir y conformarse con lo que se tiene y no aspirar a más. Hay que saber cuál es el propio lugar en el mundo y asumirlo como destino. Es una posición filosófica con una larga tradición a lo largo del siglo XX y que tiene que ver con la relación entre el ser y la facticidad.
Se es sólo en relación con determinadas condiciones de existencia. Se puede querer o no el propio ser ahí, dijeron algunos filósofos. Otros, en cambio, creyeron que el ser ahí era una condena definitiva. Los campos crematorios son la consecuencia de esa segunda convicción filosófica.
Conformarse a lo existente, vivir con lo que se tiene, no imaginar un mundo diferente o una relación más plástica con los semejantes, eso nos recomendó el Sr. Macri y ese consejo no es una mera instrucción de economía doméstica, sino una posición ante lo imaginario.
Las posiciones hedonistas, el carpe diem, los postulados de vanguardia (en lo que se refiere a las políticas sobre el Estado o a las micropolíticas sobre el género, las minorías raciales o los desclasados), los sueños y las apuestas a un futuro mejor son irresponsabilidades que ya no podemos permitirnos.
El Sr. Macri, con todo el dolor del alma, ha aceptado la responsabilidad histórica de decirnos que debemos ser lo que somos y nada más oorsque todo lo demás conduce a la catástrofe.
Un poco por eso, las alocuciones presidenciales prescinden de la retórica, del relato, incluso a veces de la corrección sintáctica y de la correcta pronunciación. Esas florituras serían contrarias al concepto que se defiende: lo que se es como destino. Y el ornamento, incluso el discursivo, es contrario al progreso y nos acerca al abismo. 


domingo, 9 de septiembre de 2018

Manteca al techo

por Daniel Link para Perfil

La casualidad (¿pero acaso existe?) quiso que, mientras la moneda argentina estallaba por los aires y se esparcía por los cielos como un papel picado completamente festivo e inútil para cualquier otra cosa que una carnestolenda, yo estuviera embarcándome rumbo a Europa, donde mi marido y yo teníamos obligaciones laborales que atender. Lo primero que me sorprendió fue la rapidez con la que nuestro (de todos modos magro) poder adquisitivo se adelgazó. Nunca hemos sido de preocuparnos demasiado por los precios, pero esta vez directamente no era un desequilibrio futuro lo que podíamos poner en la balanza sino una escasez actual: contábamos (y seguimos contando) las monedas que nos quedan. Lo segundo, lo caro que todo se había vuelto desde nuestro último viaje al Viejo Mundo. Naturalmente, no en nuestra moneda casi inexistente, sino en euros. Entre el bolsillo argentino y Uniqlo, que supo abastecer de camperas de pluma a vastos sectores poblacionales, parecía haberse producido un divorcio definitivo, desde ya. Pero también entre los bolsillos de los demás turistas que, a diferencia de otros años, directamente no entraban a la tienda (ni siquiera en su sede berlinesa, que podría suponerse más barata). De modo que entre el peso, el euro y el dólar la relación es mucho más compleja de lo que parece a simple vista, y el mundo entero parece estar ajustándose a estándares de consumo diferentes a los de hace dos años. Cuando comenté mis impresiones en los chats de los que participo, obtuve dos tipos de respuesta. La primera, “que se jodan, ya que votaron a Macri”, lo que presuponía que entre la práctica del viaje y la adhesión a un credo de derecha hay una relación lineal y necesaria y, por el contrario, la segunda: “ya todo se acabó, lo mejor es pasar lo mejor posible las últimas horas del Titanic”. Aunque las dos posiciones me resultan igualmente simplistas, creo que la primera me convenció un poco más, pero no por el lado de la relación entre viaje y adhesión liberal, sino por el lado, tan cacareado por los diarios, de la confianza en la forma Estado, la moneda y los ciclos de la historia. Puede sonar a pensamiento mágico, pero entre la posición apocalíptica y la integrada, la segunda parecía la más adecuada para definir la conciencia del paseante argentino en tiempos de devaluación irrefrenable: alguien pagará (probablemente los más pobres). Un poco por eso, los argentinos que viajan siguen, como en el estereotipo que indignó a Céline en el Viaje al fin de la noche, tirando manteca al techo. Quienes, como nosotros, no tenemos una confianza semejante en que alguien proveerá elegimos juntar esa manteca tirada, y guardar para después un sobrecito de edulcorante o una porción de Nutella para improvisar un desayuno callejero. Suena triste, y lo es. También, inevitable.

sábado, 1 de septiembre de 2018

Acción y reacción

Por Daniel Link para Perfil

Del 27 al 30 de marzo de 2019 se realizará en la doctérrima ciudad de Córdoba el VIII Congreso de la Lengua Española, o mejor “castellana”, como cuando yo era chico, dado que el reino de España es multilingüe y el castellano se usa en vastos continentes que deliberadamente se independizaron de la metrópoli y sus delirios imperiales.
Vendrán, por supuesto, los soberanos de la casa de Borbón (tercera Restauración) a garantizar los negocios espurios de la corona española con esa materia prima que es el lenguaje (hablado, escrito, impreso, radiotransmitido, digitalizado) como si la lengua que usamos hubiera sido un invento de las monarquías que a golpe de espada pretendieron unir a la península bajo un estandarte expansionista y totalitario, y no el resultado de lentos procesos de usos vernáculos del latín.
Siguiendo esa lógica mezquina y concentracionaria, los italianos (legítimos herederos de los romanos) podrían reinvindicar derecho de autoría sobre todas las lenguas romances (incluidos el francés, el portugués, el catalán). Lo siento, monarcas: aprovechen el ruidoso desorden de las repúblicas latinoamericanas mientras puedan, porque más temprano que tarde retomaremos la gestión soberana del lenguaje que hablamos y escribimos, incluida su explotación literaria y comunicacional.
Uno de los temas sobre los que los Conquistadores pretenderán imponer autoridad es el del lenguaje inclusivo o las estrategias de inclusión en el lenguaje, ligado con políticas de género.
A muches lectores les molesta el uso de la e o cualquier otro artilugio para dar cuenta de una cierta conciencia en relación con el carácter fascista y discriminatorio del lenguaje. Cuanto más se retuerzan en sus lechos castellanos y cuanto más les académiques reales insistan en negar el problema, tanto más divertido será ensayar variaciones para no tener que decir día del niño (“día du niñe” y “día des niñes” me encantan).
¿Cunde la alarma? ¿Destruimos el idioma? Señoris (en este caso la “e” sería masculina): de pronto les plebeyes se inclinaron masivamente a la poesía y el uso experimental de los lenguajes (que haya uno solo y se lo considere uniforme es insostenible ya desde antes del franquismo). ¿No es eso hermoso, no es gongorino?
Les independentistes más radicales del XIX propusieron abandonar la lengua castellana en favor de una más plástica. Sigamos buscando y, como decía Darío, que bufen los eunucos.


sábado, 25 de agosto de 2018

Caso testigo

Por Daniel Link para Perfil

Avital Ronell, la autora del libro Crack Wars: literatura, adicción, manía, fue recientemente declarada culpable por las autoridades de la Universidad de Nueva York (NYU), donde ella enseña literatura alemana y comparada, de acosar sexualmente a Nimrod Reitman, a quien dirigió mientras se doctoraba. Avital Ronell fue suspendida sin goce de sueldo por un año.
Inmediatamente, les colegues y amigues de Avital Ronell escribieron una carta en su defensa. Slavoj Žižek y Judith Butler, entre ellos. ¡Para qué! Setenta y nueve asociadas le pidieron a Butler la renuncia a la presidencia de la prestigiosa asociación MLA, para la que fue electa.
La insanía del caso se comprende mejor si se aclara que Ronell (66) es una feminista lesbiana y Reitman (34) es gay y está casado con un hombre. Supongamos que entre ellos hubo una relación de camaradería que incluyó correos que iban un poco más allá de lo previsible en la relación entre tutor y doctorando. ¿Pero cómo puede considerarse “acoso sexual” a una relación establecida por dos personas que participan de universos que, precisamente, se excluyen sexualmente?
El caso debe entenderse en toda su fuerza represiva: no es lo mismo una denuncia de violación formulada por una estrella de Hollywood contra un productor, que la demanda de un joven ávido de dólares (2 millones, para ser exactos) contra alguien que le dijo que lo quería mucho y “mi cuchi-cuchi” (o su equivalente en inglés). Esto es la rabia contra quienes han puesto límites al patriarcado.


viernes, 24 de agosto de 2018

Dicen que...

Re-visiones de un lector apasionado

POR CANDELARIA PÉREZ BERAZADI para Catalejos. Revista sobre lectura, formación de lectores y literatura para niños


(...)
Link no duda en reflexionar sobre cada obra literaria que cita y genera
momentos oportunos para fomentar el pensamiento crítico sobre aquello que afirma y
describe. Su idea de lectura, entendida como práctica silenciosa, se afila en el tercer
capítulo al correlacionar su impacto en el ámbito político-histórico-cultural: la lectura
es comprendida, entonces, como una necesidad de situarse en el mundo, y la escuela
media genera “modos de leer” que implican prácticas diferentes a las propuestas por
la enseñanza primaria.

(...)

jueves, 23 de agosto de 2018

Preguntan si....

“A literatura argentina já é pós-borgiana” 

por Ronaldo Bressane para Cândido

“É melhor não fechar nenhuma janela, para que todos os ventos nos atravessem”, pede Daniel Link, perguntado sobre seu interesse no cruzamento entre gêneros na literatura. Um cruzamento que se cristalizou com os contos-ensaio de Jorge Luis Borges, nome central da literatura argentina do século XX — centralidade, para Link, já abandonada em favor dos diálogos entre as obras de Borges e de César Aira (o mais prolífico autor contemporâneo), ou entre Borges e Copi (tema de muitos estudos de Link). 

Nascido em Córdoba em 1959, Daniel Link é escritor, jornalista (colunista do jornal Perfil, foi editor da Magazine Literario e do suplemento “Radar”, no jornal Página 12), crítico literário, professor na Universidade de Buenos Aires e diretor do Programa de Estudos Latinoamericanos Contemporâneos e Comparados. Dirige a revista de estudos latinoamericanos Chuy e o Dicionário Latinoamericano da Língua Espanhola. Editou na Argentina grande parte da obra de Rodolfo Walsh e de Michel Foucault e é autor, entre outros, do romance Monsterrat (2006), o volume de contos La mafia rusa e o monumental ensaio Suturas. Imágenes, escrituras, vida (que teve uma edição resumida no Brasil sob o título Suturas. Um breviário, pela editora Azougue). Seu livro mais recente é La lógica de Copi, em que pesquisa a inventiva obra do dramaturgo, ator, escritor e cartunista argentino Raúl Damonte Botana, mais conhecido por Copi, que no Brasil só teve lançado até agora o romance O Uruguaio, de 1972 (em 2015, pela Rocco).