martes, 13 de abril de 2021

Gallica Molloy

sábado, 10 de abril de 2021

La nueva ola

por Daniel Link para Perfil

Qué pesadilla. Vuelve “el extraño de pelo largo”, vuelve “despeinada”, vuelve “estoy muy solo y triste aquí en este mundo abandonado” y sobre todo vuelve “hoy para mí es un día especial, hoy saldré por la noche”.

Pasamos un año de pandemia aceptando las limitaciones a la movilidad, el encierro y el confinamiento, los trabajos perdidos, el distanciamiento y las burbujas porque esperábamos los planes de vacunación. Mientras tanto, comentábamos los cuadros de situación de Giorgio Agamben, Bifo o María Galindo a quienes el tiempo les dio la razón.

Hoy estamos ante nuevas órdenes de confinamiento, de distancia y ante terrores potenciados. Porque no tenemos vacunas. Porque las vacunas, que compran los Estados a las farmacéuticas, cerrando un círculo perfecto de capital y gobierno, escasean.

La mercantilización de la salud (ya ni siquiera alcanza con decir “pública”, hay que decir “planetaria”) determina la escasez de vacunas y la apropiación del 90 % de las producidas por las principales potencias.

Desde el mes de diciembre, Naciones Unidas viene reclamando el cese de la crueldad que supone someter el régimen social de producción de conocimiento a la lógica de la propiedad intelectual y el patentamiento.

Se han presentado ante la OMS varios pedidos para que, en esta situación de emergencia, se libere la producción de las vacunas de comprobada eficacia en los laboratorios capacitados para producir genéricos. Médicos sin Fronteras ha reclamado de las multinacionales farmacéuticas el gesto de generosidad que la hora les reclama: ceder las fórmulas para curar al mundo.

La situación de Argentina es crítica. Al crecimiento exponencial de la curva de contagios (con circulación comunitaria de las cepas de Manaos, Reino Unido, etc.) sólo se ha podido oponer (en tres meses de “desplante de vacunación”) un 7 % de la población con una sola dosis y un 1.4 % con dos dosis.

Es una situación de emergencia. ¿Cuál es el diagnóstico? La culpa es de la gente: los jóvenes que salen, toman cerveza, mate, se pegotean unos con otros con lubricidad; los que se van al mar o a la montaña, los adolescentes que cumplen su rito de pasaje “viaje de egresados”, los deportistas que juegan con el jabón en el suelo en las duchas, los y las que toman trenes, subterráneos y colectivos. ¿Cuál es la solución? Toque de quena.

En Argentina, como se sabe, ya se ha producido el principio activo de la vacuna patentada por AstraZeneca equivalente a 40 millones de dosis. Aunque las autoridades nacionales no se han pronunciado sobre los riesgos de trombosis de la vacuna, la discusión en el mundo parece haberse resuelto en su favor.

Sin embargo, la empresa del Sr. Hugo Sigman exportó a México, donde la vacuna se fraccionará y se envasará en las empresas del Sr. Carlos Slim, la totalidad de la producción, sin que Argentina recibiera todavía ni una sola dosis (no confundir con la Covishield, de la cual llegaron 580.000 dosis desde la India).

Como respuesta a las denuncias de, por ejemplo, la Federación Sindical de Profesionales de la Salud (Fesprosa) y los partidos de izquierda (FIT), el Gobierno nacional anunció una partida para la tercera semana de abril (sólo el 4% de lo comprometido).

La situación es rarísima: Argentina es capaz de no pagar la deuda externa, insultar al FMI, enemistarse con los Estados Unidos, retirarse de Grupo de Lima, enemistarse con Uruguay (¡con Uruguay!) por unos puntitos arancelarios, pero no es capaz de habilitar a laboratorios públicos y privados argentinos a fraccionar y envasar la vacuna, lo que aceleraría considerablemente la “planilla de vacunación”.

Las razones del nuevo confinamiento deben de estar en los contratos suscriptos por Argentina, cuya confidencialidad ha sido expuesta por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en resolución de abril de 2020 (Pandemia y Derechos humanos en las Américas) y por el Comité de DerechosEconómicos, Sociales y Culturales del Consejo Económico y Social de Naciones Unidas de diciembre de 2020 (“el Comité recuerda a los Estados partes que la propiedad intelectual no es un derecho humano sino un producto social con una función igualmente social”).

viernes, 9 de abril de 2021

El error de Foucault

Por Daniel Link para Soy

Michel Foucault cometió un par de errores de distinto alcance que, sin embargo, no opacan la importancia decisiva de su pensamiento que no ha mermado con el cambio de milenio sino todo lo contrario.

Una de las objeciones más sostenidas a su pensamiento ha sido la de su descuido hacia las temáticas de la diferencia sexual (y, por lo tanto, hacia las mujeres). Menos atendibles son los reproches por el ninguneo de las temáticas trans. Foucault dedicó al asunto un texto fundamental, “Sobre el sexo verdadero” (1978), que funciona como prólogo a las memorias de Herculine Barbin, cuya intersexualidad (que la época llamaba hermafroditismo) Foucault comenta para deplorar la exigencia de una correspondencia rigurosa entre “el sexo anatómico, el sexo legal y el sexo social”. Antes del siglo XVIII (y, naturalmente, después del siglo XIX) existe un margen de movilidad bastante amplio que permite pensar la obsesión por “el sexo verdadero” como un efecto de época y el carácter mortífero de su observancia (obligade a elegir, Herculine muere).

Pero me detengo en uno de sus mayores errores, que paraliza a Foucault durante años. El primer tomo de la Historia de la sexualidad, La voluntad de saber (1976) está todavía enmarcado en la estructura de la transgresión: transgredir significa ignorar la prohibición de la Ley. No un combate contra la Ley, sino la suspensión de su acatamiento.

Aunque luego lo abandonará, Foucault define allí un mapa de la política “del sexo desde hace dos siglos” organizada en cuatro líneas: la pedagogización del sexo del niño y la histerización del sexo de las mujeres, el control de los nacimientos y la psiquiatrización de las perversiones. En el plan de trabajo propuesto, Foucault planeaba el libro La cruzada de los niños, que nunca escribió.

Recién en 1984, poco antes de su muerte, retomó la publicación de la Historia, con dos volúmenes que modifican radicalmente el plan, el marco teórico y la escala del proyecto.

La idea (heterosexista) de la transgresión, que supone la capacidad (y la voluntad) de suspender el acatamiento de la Ley, es reemplazada por la idea queer de la ascesis, según la cual el sujeto debe construirse a sí mismo allí donde ha sido arrojado por un veredicto social. Escoger el Mal no significa transgredir lo prohibido, sino abrazar y transformar en principio de vida lo que la sociedad ha hecho de une. 

No es que Foucault niegue ahora el poder, como muchos creyeron legítimo leer, sino que se interesa por la articulación entre los juegos de poder, los juegos de saber y “las formas según las cuales los sujetos pueden y deben reconocerse como sujetos de su sexualidad” (El uso de los placeres). Foucault elegía, de algún modo, la vía que Roland Barthes venía transitando desde 1971, una ética con la cual quienes aceptan su propia sexualidad como un mandato del héteropatriarcado son incapaces de experimentar.

El 4 de abril de 1978, Michel Foucault participó junto con Guy Hocquenguem (Álbum sistemático de la infancia) y Jean Danet de un programa de radio conducido por Roger Pillaudin para France Culture. La trascripción de esa conversación fue publicada como “La ley de pudor” (está disponible en Internet) y su objetivo central es defender la despenalización de las relaciones sexuales entre adultos y menores, asunto que seis meses antes había recibido la adhesión del Partido Comunista Francés (que nunca se caracterizó por el libertinaje) y de Françoise Dolto, psicoanalista clínica francesa especializada en infancias (La causa de los niños es un libro que sigo regalando a cada joven embarazade, porque allí se propone una crianza para la autonomía).

Lo que Hocquenguem y Foucault intentan subrayar son las aporías sobre la sexualidad infantil que sostiene la derecha cuando se niega a bajar la edad de consentimiento sexual. Las personas de buena fe y curiosidad intelectual pueden consultar ese programa de radio. Subrayemos la advertencia que entonces hicieron: no sólo se penaliza una determinada relación erótica o sexual sino que se crea un tipo completamente nuevo de delincuente, una categoría especial de pervertidos, una monstruosidad intolerable.

Las mismas personas (el mismo poder) que reguló la explotación laboral infantil y que se manifiesta desde hace cuarenta años por la baja en la edad de la imputabilidad penal, se rasga las vestiduras ante cualquier intento de modificación de la edad de consentimiento sexual. Unx niñx puede ser penalmente responsable, pero sexualmente responsable, en modo alguno. El Niño (imaginario) debe ser protegido contra su propio deseo.

Las recientes declaraciones de ese individuo repugnante cuyo nombre no recuerdo sobre comportamientos privados de la vida de Foucault (quien ya había tenido que soportar el mote de “asesino” por parte de James Miller en la biografía La pasión de Michel Foucault) nos obligan a construirnos en el lugar del veredicto social. Tal como dijo Agamben sobre otros asuntos: “No somos ni jamás seremos terroristas; pero aquello que ustedes consideran terrorista, eso somos”.

 

miércoles, 7 de abril de 2021

Aquella nueva ola

Declaración sobre el acceso universal y equitativo a las vacunas contra la enfermedad por coronavirus (COVID-19)

por el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, Naciones Unidas (15 de diciembre de 2020

(...)

6. Muchas de las vacunas que podrían aprobarse han sido desarrolladas por empresas privadas y pueden estar sujetas al régimen de propiedad intelectual. Esas empresas esperan obtener un beneficio, y es justo que reciban una compensación razonable por sus inversiones e investigaciones. No obstante, el Comité recuerda a los Estados partes que la propiedad intelectual no es un derecho humano sino un producto social con una función igualmente social. Por consiguiente, los Estados partes tienen el deber de impedir que los regímenes jurídicos de propiedad intelectual y de patentes menoscaben el disfrute de los derechos económicos, sociales y culturales, por ejemplo haciendo que bienes públicos esenciales, como vacunas o medicamentos, resulten inaccesibles para los países en desarrollo o las comunidades empobrecidas debido a estructuras de costos poco razonables. Así pues, como se afirma en la Declaración de Doha relativa al Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC) y la Salud Pública, el régimen de propiedad intelectual debe interpretarse y aplicarse de manera que apoye el deber de los Estados de “proteger la salud pública”. Los Estados partes deben utilizar, en caso necesario, todas las flexibilidades del Acuerdo sobre los ADPIC, como las licencias obligatorias, para asegurar el acceso de todas las personas a la vacuna contra la COVID-19. Sin embargo, es muy probable que esas flexibilidades no basten para hacer frente adecuadamente a la pandemia, especialmente en países en desarrollo. Por lo tanto, algunos Estados han propuesto, como medida adicional, que la Organización Mundial del Comercio (OMC) permita excepciones a algunas de las disposiciones del Acuerdo sobre los ADPIC en el contexto de la crisis sanitaria mundial. La propuesta, que cuenta con el apoyo de varios procedimientos especiales del Consejo de Derechos Humanos, debería examinarse y aplicarse a fin de facilitar la prevención, la contención y el tratamiento de la COVID-19 haciendo las vacunas asequibles a nivel mundial.

7. Las entidades comerciales, incluidas las empresas farmacéuticas, tienen, con arreglo a las normas internacionales, la obligación, como mínimo, de respetar los derechos esbozados en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Por consiguiente, dichas entidades deben abstenerse de invocar los derechos de propiedad intelectual de manera incompatible con el derecho de toda persona a tener acceso a una vacuna segura y eficaz contra la COVID-19 y con la obligación de los Estados de garantizar, con la mayor rapidez posible, el acceso universal y equitativo a esa vacuna.

8. En virtud del Pacto, los Estados partes pueden ser considerados directamente responsables de la acción o inacción de las entidades comerciales en determinadas circunstancias. Además, tienen la obligación extraterritorial de adoptar las medidas necesarias para proteger los derechos económicos, sociales y culturales a fin de garantizar que las empresas domiciliadas en su territorio y/o bajo su jurisdicción no vulneren esos derechos en el extranjero. Por lo tanto, los Estados deben adoptar todas las medidas necesarias para asegurarse de que esas entidades comerciales no invoquen la legislación sobre la propiedad intelectual, ya sea en su propio territorio o en el extranjero, de manera incompatible con el derecho de toda persona a tener acceso a una vacuna segura y eficaz contra la COVID-19.

9. En virtud del Pacto, los Estados tienen el deber de prestar cooperación y asistencia internacionales para asegurar el acceso universal y equitativo a las vacunas dondequiera que se necesiten. El hecho de que la crisis actual sea una pandemia refuerza esa obligación de los Estados. Por consiguiente, estos deben intensificar su cooperación internacional para garantizar, lo antes posible, el acceso universal y equitativo a las vacunas contra la COVID‑19 a nivel mundial, incluyendo a las poblaciones de los países menos adelantados, que tal vez no dispongan de los recursos económicos para garantizar el acceso de su población a las vacunas.

10. Es comprensible que los Estados den cierta prioridad a asegurar el acceso a las vacunas, en primer lugar, de sus propios ciudadanos, pero esta preocupación no debe dar lugar a una forma de aislacionismo sanitario o a una carrera entre los Estados por las vacunas contra la COVID-19, en la que algunos de ellos, especialmente los desarrollados, compitan con otros para llegar a acuerdos costosos y poco transparentes con empresas privadas a fin de asegurar primero las vacunas a todos o a la mayoría de sus propios ciudadanos. Esta competencia entre los Estados puede ocasionar un aumento del precio de las vacunas e incluso podría crear, para algunos Estados desarrollados, un monopolio temporal de acceso a las primeras que se produzcan, socavando, al menos temporalmente, la posibilidad de que otros países, especialmente los Estados en desarrollo, garanticen el acceso de su población a las vacunas. Dicha competencia entre los Estados por las vacunas es contraproducente desde el punto de vista de un enfoque mundial de la salud, ya que hace que el control de la pandemia sea mucho más difícil y duradero. Mientras una parte importante de la población mundial no tenga acceso a medidas de control, prevención y tratamiento de la COVID-19 y a sus vacunas, seguirá existiendo el riesgo de que se produzcan brotes de la pandemia. Además, esa competencia por una vacuna es contraria a las obligaciones extraterritoriales de los Estados de evitar la adopción de decisiones que limiten las posibilidades de otros Estados de hacer efectivo su derecho a la salud, y obstruye el acceso a las vacunas de quienes más las necesitan en los países menos adelantados. El carácter secreto de ciertos acuerdos también se opone al deber de los Estados de establecer mecanismos transparentes que permitan la rendición de cuentas, el escrutinio público y la participación de los ciudadanos en las decisiones relativas a la asignación de recursos y la aplicación de tecnologías para hacer efectivo el derecho a la salud.

11. En lugar de intentar lograr un aislacionismo sanitario y ganar una carrera por la vacuna, los Estados deben cumplir sus obligaciones de contribuir al disfrute de todos los derechos humanos, incluido el derecho a la salud, a nivel mundial. La distribución de las vacunas y el establecimiento de prioridades en el acceso a ellas deben organizarse y contar con el apoyo de la cooperación y la asistencia internacionales, lo que incluye compartir los beneficios del progreso científico y sus aplicaciones. Por consiguiente, los Estados partes deben elaborar estrategias y mecanismos para distribuir equitativamente los costos financieros inherentes a la investigación, la producción y la distribución de las vacunas contra la COVID-19, entre otras formas mediante la reducción de la carga de la deuda de los países que la necesitan. Asimismo, deben adoptar mecanismos transparentes y participativos que garanticen que el establecimiento de prioridades en la distribución mundial de las vacunas se base, como debería ser también el caso a nivel nacional, en las necesidades médicas y en consideraciones de salud pública. Ese apoyo puede organizarse utilizando el Mecanismo Mundial de Vacunas COVAX, respaldado por la OMS.

12. Por último, si bien la presente declaración se centra esencialmente en el acceso equitativo y universal a las vacunas contra la COVID-19, el Comité considera que sus principales consideraciones son pertinentes, mutatis mutandis, para las obligaciones que tienen los Estados de garantizar también el acceso universal y equitativo al tratamiento contra la COVID-19. Además, el Comité recuerda a los Estados partes que toda medida que se adopte para limitar los derechos económicos, sociales y culturales a causa de la pandemia debe cumplir las condiciones establecidas en el artículo 4 del Pacto. A este respecto, el Comité recuerda su declaración de 6 de abril de 2020 sobre la pandemia y los derechos económicos, sociales y culturales (E/C.12/2020/1).

 

domingo, 4 de abril de 2021

sábado, 3 de abril de 2021

Roger Caillois, una antropología imaginaria

Antropología del imaginario... by Jose Antonio Pineda Alfonso

¡Al infinito, y más allá!

Por Daniel Link para Perfil

Para toda la humanidad (Apple TV) empieza con una escena equívoca y brillante: en 1969, toda la humanidad sigue por TV el primer alunizaje. Cuando pone su pie en la luna, el cosmonauta pronuncia sus célebres palabras: lo ha hecho en nombre del estilo de vida marxista leninista”. Es que en esta versión alternativa de la historia, la Unión Soviética llega a la luna un mes antes que los norteamericanos.

A partir de ahí, todo es ligeramente distinto. Las misiones Apolo se suceden sin pausa. El segundo alunizaje soviético lleva, por primera vez, una cosmonauta a la luna.

La carrera espacial no se detiene y hacia el final de la primera temporada habrá dos bases lunares permanentes, una de cada potencia (se espían y se boicotean).

La segunda temporada comienza con sendas potencias dedicadas ya al extractivismo salvaje, la explotación mineral de la luna y la carrera espacial. Ted Kennedy es presidente. John Lennon está vivo, pero el Papa Juan Pablo Segundo fue asesinado. El imperio soviético no ha caído. Los transbordadores espaciales norteamericanos llegan a la luna cargados de astronautas de todos los géneros (y sexualidades) y todos los colores de piel, hay autos eléctricos y se preparan misiones a Marte y Mercurio.

La serie condensa lo peor de lo peor de la ideología: la paranoia política, el heroísmo americano y la conquista del espacio exterior como bandera que oculta las iniquidades en la Tierra.

Pero yo, culpable, la miro fascinado. Yo, que me abstengo de casi cualquier forma de propaganda política encubierta bajo la forma de un guion, sucumbo al encanto infantil de las bases lunares (yo tenía diez años cuando el alunizaje).

De esas aventuras y esas empresas sé todo lo que está mal y, al mismo tiempo, me entrego culposamente al placer de la ensoñación. La frase inicial del cosmonauta, además, me reconforta: el “estilo de vida marxista leninista” sigue sonando mejor que “la humanidad”.


jueves, 1 de abril de 2021

Pascuas que no has de querer...

sábado, 27 de marzo de 2021

Lira mínima

Folkloreyliteratura by Diana Echeverri

Propiedad intelectual

Por Daniel Link para Perfil

En un viaje habíamos coincidido con Miranda Pauls. Promovimos y celebramos su romance con un portentoso afroamericano que conoció gracias a nosotros. La estimulamos para que produjera una flor novísima: un Pauls afroamericano. Pero el asunto entonces no prosperó. Ahora nos enteramos de que de la unión matrimonial de Anita Pauls nacerá lo que habíamos imaginado. Nos alegramos por ella y apostamos a su felicidad pero maldecimos nuestro poco compromiso con la ideas que dejamos que se nos escurran entre los dedos.

Ahora pasó de nuevo. Le había propuesto a Rafael Spregelburd que nos lanzáramos al radioteatro para resolver la crisis sanitaria que afecta a la actuación y la dramaturgia. Rafael me contestó con vaguedades. El asunto tampoco prosperó. Ahora acaba de estrenarse Llamadas (Calls) del uruguayo Fede Álvarez en la plataforma de streaming de Apple TV.

No es exactamente un radioteatro, pero con justicia se podría caracterizar a la serie de episodios breves (alrededor de 15 minutos cada uno) como capítulos de una radionovela, porque en ninguno de ellos hay imágenes convencionales sino sólo voces, música minimalista y efectos de sonidos acompañados por unos diseños estilo “salvapantallas” de gran elegancia que ilustran el tema del relato: el fin del mundo (o mejor: del “multiverso”) como resultado de unos experimentos irresponsables.

Fede Álvarez sampleó (simplificó) algunos de los muchos hilos narrativos de Calls (2017-2020), la radionovela original francesa escrita y realizada por Timothée Hochet para Canal+, que tiene ya tres temporadas emitidas.

La mayor diferencia entre el original y la adaptación que ahora nos llega son los diseños visuales (las demás variaciones son intrascendentes).

Tenía razón Rafael: nada nuevo hay bajo el sol, ni siquiera la pereza de la crítica especializada, que no fue capaz de buscar el original en el archivo de youtube para contarnos qué nos estábamos perdiendo.

 

jueves, 25 de marzo de 2021

Antes de la pandemia....

¡Viva la herejía!

por Daniel Link para Soy

No se sabe bien quién ni en nombre de quiénes preguntó formalmente al Vaticano si el clero católico puede bendecir las uniones homosexuales. En todo caso no fue en nuestro nombre, cosa que la respuesta oficial de dos páginas (publicada en siete idiomas, no sea cosa que algún curita de morondanga alegue desconocimiento de la lengua) deja bien en claro.

El decreto vaticano, elaborado por la oficina de ortodoxia del Estado Pontificio, la Congregación para la Doctrina de la Fe, fue negativa, lo que no puede sorprender a nadie.

Mucho más sorprendente es que en los fundamentos de esa negativa (que, se aclara, no se aplica a las personas homosexuales sino a los actos que realizan y los encastres físicos a los que se entregan) se insiste en caracterizar a la sexualidad homosexual como “intrínsecamente desordenada” dado que el plan de Dios, para las uniones matrimoniales, es que éstas contribuyan a la creación de una nueva vida, cosa que las uniones homosexuales no están destinadas a conseguir (está la ciencia, diríamos..., pero ese es otro enemigo del que podemos prescindir en estas líneas).

Dios, dice el documento, “no bendice ni puede bendecir el pecado: bendice al hombre pecador, para que reconozca que es parte de su plan de amor y se deje cambiar por él”.

De modo que, señores, señoritas y señorites, la Iglesia no bendecirá ninguna unión que no reproduzca la moral héteropatriarcal.


TODAS LAS BODAS Pero aclaremos los tantos, porque nuestras uniones han sido bendecidas innumerables veces. Escribo esto en el exacto día del décimo aniversario de mi casamiento con Sebastián Freire, a quien le agradezco la paciencia durante todos estos años que nos han llevado a las bodas de aluminio (lo que no se oxida) o, si consideramos incluso los años de noviazgo, a las bodas de porcelana (lo que se cuartea). ¿Ante quién o quiénes bendecimos nuestra unión? Ante el Estado argentino, ante nuestros amigos, ante Sebastiano mártir, que presidió la fiesta ya decana y hubiera presidido también el festejo de este aniversario, si la Peste (para la que el mismo santo sirve de protector) no nos lo hubiera impedido. Y San Sebastián, lo sabe cualquier catequista, está más cerca de Dios que los funcionarios vaticanos. O sea: nuestra unión, si así lo quisiéramos, también estuvo bendecida por Dios, porque es tanta idolatría pensar que una estatuilla es aquello que representa como arrogarse el derecho a la representación de la voz divina.

Vivimos en pecado y desarrollamos una sexualidad intrínsecamente desordenada (que los testamentos caracterizan como onanista, un desperdicio). No sólo eso, sino que además disfrutamos de ella. Y no sólo eso, sino que desarrollamos formas de amor que decididamente son una protesta contra el orden de la moral héteropatriarcal.

Dicho esto, agradezcamos a la Iglesia su negativa a bendecir lo que hacemos y lo que somos porque gracias a esa posición que ve como inmundicia lo que desde nuestro punto de vista es belleza, es seguro que seguirán reproduciéndose las disidencias sexuales, en rizos espiralados cada vez más sutiles (algunos de ellos, para las personas de mi generación, son ya casi incomprensibles).


HIJXS DEL PECADO Doy un ejemplo: hace unos días yo esperaba que mi madre se recuperara de una intervención quirúrgica menor en un famoso nosocomio de la zona norte de la provincia de Buenos Aires, puesto bajo el patronato del Opus Dei. Sabido es que en situación de espera es difícil leer o mirar una serie en el celular así que me dediqué a escuchar conversaciones. Las señoras hablaban de comuniones, negocios de ropa para esos acontecimientos, intercambiaban números de celulares para invitarse al lanzamiento de nuevas líneas de textiles.

Para no gritar, decidí abrir la aplicación Grindr y de inmediato me asaltaron los que imaginé de inmediato como hijos de esas señoras: tenían 18 y 19 años (ninguno más de 21) y las cosas que me proponían ruborizarían al libertino más afiatado. Por supuesto, como no soy de la zona y hay ríos en los que ya no pesco (un poco por aburrimiento, otro poco por falta de tiempo), me quedé meditando. Lo que pensé entonces vale ahora después del Decreto condenatorio del Vaticano: Gracias, gracias, gracias, querida Iglesia Católica Apostólica Romana (lo mismo podría agradecerse a cualquier otra iglesia monoteísta).

Gracias a Ustedes, como ha señalado la Dra. Taube (esa eminencia danesa invocada por El beso de la mujer araña de Manuel Puig) nuestros hijes, hijas e hijos, tan necesaries para poder continuar nuestras vidas de pecado, seguirán reproduciéndose porque nada es más claro que el deseo de apartarse de una norma violenta que ha producido de manera directa tantos crímenes y torturas, tantas decapitaciones y hogueras, tanta pena. Les mandamos un Papa Peronista pero no hay caso. Dios es el Amor (o viceversa). Nosotres somos el Amor. Ustedes son un Terror antiguo.

 

Y yo con éste dolor de espalda...

 

 
 

Con alumnos así...

 .... una puede jubilarse tranquila:

"(...) No sé qué quiero decir con todo esto, porque el objetivo de este mailing sigue siendo vender mis cosméticos. Anotación al margen: el otro día, a raíz de mi mail en que comparaba estos anuncios tallerísticos con la venta de cosméticos, me escribió un profesor muy querido a quien hace mucho tiempo que no veo para contarme una anécdota: “¿Te acordás de Buenos Aires No Duerme? Yo di ahí, alguna vez, a las tres de la mañana, una charla llamada ‘La belleza’. En la cola había gente rara. Cuando les preguntaron qué esperaban... contestaron, precisamente, consejos y trucos de estilismo y cosmética.

Así que tu encendido detractor dio sin quererlo en la tecla: todas somos peluqueras.”

La venta de belleza siempre tiene algo raro, porque la belleza por definición es lo inútil, lo que sobra, lo que no tiene función." (Santiago Llach)


sábado, 20 de marzo de 2021

Negras planeras

Por Daniel Link para Perfil

En un reciente artículo, irreprochable en todas sus líneas, Verónica Gago analizaba el concepto de “tarea esencial” en el capitalismo sanitario actual. Concluía diciendo que “es una concepción del trabajo lo que está en juego, de quién produce valor y qué modos de vida merecen ser asistidos, cuidados y pagados, y también de dónde vendrán los recursos si apuntamos a una reorganización global del mundo del trabajo”.

Por fortuna el artículo salió publicado en inglés. Será casualidad o escucha atenta, pero la administración Biden empezó a pensar en esa dirección y presentó al parlamento un proyecto de ley que incluye un experimento sobre ingreso universal. Algunos ya se habían realizado en los Estados Unidos a nivel municipal (Stockton), pero ahora el asunto alcanza escala nacional.

El proyecto de ley incluye cláusulas para otorgar pagos únicos de mil cuatrocientos dólares a las personas que ganan menos de ochenta mil dólares al año y para aumentar el seguro de desempleo en trescientos dólares por semana hasta principios de septiembre. Nada de eso sorprende.

Lo novedoso es que se propone un crédito tributario por hijos, con montos anuales de 3.600 dólares por cada menor de seis años y 3.000 para los de seis a diecisiete años.

Esta nuevo crédito fiscal funciona de manera diferente a todo lo ensayado hasta ahora: “a partir de julio y hasta diciembre, el gobierno federal enviará dinero cada mes a los padres por cada hijo que tengan, independientemente del estado laboral de la familia, y el saldo restante se desembolsará una vez que las familias presenten su impuestos el año próximo” (The New Yorker).

La herramienta (que se espera dure en el tiempo, más allá de la pandemia) elevará sobre todo el nivel de vida de millones de mujeres y sus hijes. Además de ese costado “feminista” (porque premia sobre todo a las trabajadoras informales, las más explotadas del sistema), se prevé que el plan contribuya de manera desproporcionada en favor de las familias negras e hispánicas, con lo cual se convertirá en un dispositivo de contrapeso racial de gran envergadura, como nunca hasta ahora se ensayó en los Estados Unidos.

Uno de los objetivos del programa, y aquí es donde el clamor de Verónica Gago se cruza con una política “real” es el apoyo al trabajo de cuidado no remunerado de las mujeres, esas “tareas esenciales” sistemáticamente invisibilizadas.

Es un experimento, y no se sabe bien cómo resultará, pero al menos la experiencia de Stockton (citada como antecedente) ya contradice la cantinela que los conservadores suelen repetir respecto de la renta básica universal: poner plata en el bolsillo de los sectores más vulnerables es invitarlos a no trabajar nunca más.

Lejos de eso, el experimento presupone que podrán mejorar sus emplazamientos laborales, sin el estrés de la miseria.


sábado, 13 de marzo de 2021

La campaña electoral ha terminado

Por Daniel Link para Perfil

Hoy mi mamá (86) recibió la segunda dosis de su vacuna rusa. El sábado pasado murió de COVID un tío mío, que no había alcanzado a vacunarse. La madre de una amiga (que vive en Barcelona pero viajó con urgencia) está desde hace semanas en terapia intensiva con pronóstico incierto, sin vacuna. La madre de otra amiga tuvo COVID, pero como había alcanzado a darse la primera dosis, la infección fue leve. Son los casos más cercanos, que agotan más o menos todas las posibilidades combinatorias entre edad de riesgo e inmunización. Seguramente se multiplican por cientos y por miles.

Eso permite evaluar los altísimos niveles de angustia de la población ante el quimérico y errático plan de vacunación que se nos ha impuesto, plagado de posiciones estratégicas y de escasez de dosis.

El plan de vacunación ha sufrido un golpe mortal de credibilidad en las últimas semanas y, lejos de revertirse, cada día que pasa muestra más agujeros, más arbitrariedades y más deshumanización por parte de quienes son los encargados de administrarlo.

Cada vacuna mal asignada cuesta una vida en alguna parte, y no se sabe cómo hay gente que es capaz de minimizar semejante ecuación. ¿Será que, como el bello Moyano, piensan que todo el asunto es un poco psicosomático?

Beatriz Sarlo (con una generosidad que yo no comparto) dijo que quienes vulneraron el orden de prioridades deben de estar viviendo “un infierno ético”. Lo más probable es que ni siquiera. No porque sean personajes entregados al Mal absoluto, sino por frivolidad.

Puesto a imaginar cómo fueron capaces de anteponerse a si mismos por encima de los demás tampoco creo que el miedo ante la propia enfermedad haya sido el único motor. Seguramente habían confiado en las promesas gubernamentales: durante el verano íbamos a tener decenas de millones de dosis disponibles. Si iba a ser así, no era tan grave saltearse un lugar en la fila y privilegiar los propios 30 años de edad, con una mínima relación con la burocracia partidaria, antes que los más de 70 de cualquier jubilado de quien, por lo general, nadie se entera ni lo que piensa ni lo que sufre.

Por razones bastante incomprensibles, sin embargo, esas dosis no llegaron ni llegarán antes del inminente otoño lo que, lejos de provocar la indignación de los estratégicos aumentará sólo su codicia: lo poco que venga será para los happy few, antes de que empiece el manoseo propio de la campaña electoral.

 

sábado, 6 de marzo de 2021

Santa Federica

Por Daniel Link para Perfil

El Complejo Teatral de Buenos Aires ya ha puesto en línea la penúltima aventura de Vivi Tellas (hay que ser precavidos porque mientras uno escribe estas magras líneas es probable que Vivi ya esté dando formas a un nuevo sueño).

Esta vez se trata de “Muy Bodas desangre. Un biodrama trágico”, una experiencia realizada a partir de la imposibilidad. Habiendo recibido la encomienda de imaginar una puesta para ese peso pesado, Bodas de sangre de Federico García Lorca (Vivi había ensayado una primera titubeante aproximación a su universo con la puesta de La casa de Bernarda Alba), Tellas, el elenco y el equipo de trabajo se encontraron de pronto en situación de aislamiento: había que imaginar cómo seguir.

La opción más fácil hubiera sido seguir como si nada, y volcar la dramaturgia y la coreografía en una película lorquiana (ha habido tantas...).

Pero Vivi es enemiga de la facilidad (no de la gracia, que tal vez ella lleve en si desde la cuna) y, asociada con Agustina Comedi, produjo tres registros videográficos en los que el elenco va mezclando sus propias tragedias amorosas con algunas líneas del texto lorquiano en unos monólogos de rara intensidad, especialmente porque a priori uno diría que la intensidad de Federico es bastante difícil de alcanzar. Pero para desmentir el prejuicio, sugiero dejarse llevar por el monólogo que pronuncia Rita Pauls, de una belleza y una emoción que en estos tibios tiempos distanciados nos arrastran a ese pozo en el que las niñas de Lorca se están ahogando.

 

jueves, 4 de marzo de 2021

Y lo hicimos...

sábado, 27 de febrero de 2021

Inventos argentinos

Por Daniel Link para Perfil

Llegué casualmente a este asunto gracias a un encargo periodístico (el trabajo dignifica).

Entre 1867 y 1880, Pablo Subieta Dávalos, escritor potosino, residió como exiliado en la ciudad de Salta. En una conferencia destinada a halagar a la sociedad que lo recibía, ensalza los méritos de dos mujeres salteñas, Juana Manuela Gorriti y Jacoba Tejada. La primera tuvo más suerte en las efemérides y los nombres de calles que la segunda, de quien Subieta Dávalos sólo subraya el haberse convertido en una de las primeras matronas de Padua, donde fue a residir con su esposo.

Los Tejada pertenecían a una noble familia salteña. De hecho, en 1821, el año su muerte, el General Martín Miguel de Güemes vivía en la casa de doña Josefa Tejada de Saravia, a quien le pagaba alquiler. No es ésta la Josefa que alabó el potosino, sino otra de una generación siguiente, que fue casada el 6 de noviembre de 1856 en la Catedral de Salta con el Dr. Paolo Mantegazza, médico y antropólogo italiano recién llegado a Argentina y que había conocido a la niña salteña en una de las exclusivas reuniones del recién fundado Club 20 de Febrero. “Acaso una partitura de Donizetti o de Berlioz dio principio a la historia romántica que llevó a la sencilla joven del hogar colonial a la corte de Italia”, conjeturó el historiador salteño Miguel Solá.

Paolo Mantegazza (neurólogo, fisiólogo, antropólogo) se entretuvo en el norte investigando las propiedades de la coca, sobre las que escribió una monografía (“Sulle virtù igieniche e medicinali della Coca”, 1859) que no pasó inadvertida en el Viejo Mundo. Descubrió incluso el principio activo de la planta, pero eran tantos sus intereses (publicó libros en favor del amor libre, consejos prácticos para la elección de parejas, descripciones botánicas y etnográficas, novelas de ciencia ficción) que no se preocupó en darle nombre al alcaloide, cosa que sí hizo el alemán Albert Niemann en 1860, arrebatando a los argentinos la propiedad intelectual sobre una sustancia que habría de cambiar el mundo. Niemann explicó el proceso para la extracción de lo que llamó cocaína y luego el boticario Heinrich Emanuel Merck se dedicaría a producirla en su fábrica (de allí el usual sobrenombre de “merca”).

Se me dirá que aunque Mantegazza recorrió íntegramente el país en los períodos entre 1854-58, 1861 y 1863, y recogió testimonios orales de usos y costumbres de la coca (fue amigo de Juan María Gutiérrez y Lucio V. Mansilla y por su intermedio, conoció a los caciques Mariano Rosas, Coliqueo y Calfucurá), no era argentino.

Pero eso no debería ser obstáculo para nuestro orgullo patriótico. ¿Acaso la birome no fue un invento de un inmigrante húngaro, László József Bíró, cuya contribución a las arcas del tesoro argentino y a la invención criolla no cesa de celebrarse?

¿Y acaso cocaína y birome no han formado parte de un pequeño escándalo en el salteño colegio Jean Piaget en 2017, cuando unos niños simularon tomar cocaína (era azúcar impalpable) con una carcaza de birome para publicar el video en youtube? ¡Vermú con papas fritas!

En todo caso, Mantegazza aísla la cocaína y estudia también el guaraná: “Inmerso en un estado de beatitud mantuve siempre la conciencia limpia y pude apuntar algunas de las extrañas imágenes que pasaban ante mis ojos: una gruta repleta de lianas y, en el fondo, una tortuga de oro sentada en un trono de jabón”.

Entusiasmado por las observaciones de Mantegazza, el Dr. Freud las dará a todas por certeras y las llevará más lejos: la cocaína suelta la lengua, estimula, aligera la pesadumbre y las tensiones, tiene un poderoso efecto afrodisíaco (Mantegazza ya lo había notado). Todo esto podrá ser cierto o no. Pero es indudable que sin el influjo mágico del norte argentino y sus saberes alquímicos subalternizados, ni Mantegazza ni Freud hubieran llegado a nada, o hubieran llegado a otra cosa.

Vaya esta lección para futuros inventores: el nombre importa. “Birome” no tuvo demasiado éxito, mucho menos “esferográfica”. “Bolígrafo” se impuso en el idioma castellano y Bic (a quien Biró le licenció su invento en 1951) en el mundo entero.

sábado, 20 de febrero de 2021

Marketing electoral

Por Daniel Link para Perfil

El peronismo (político, sindical, parlamentario, burocrático) viene acusando al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (en manos del macrismo o Juntos Por el Cambio: no se sabe bien qué quedará de esa rara alianza electoral) de usar el retorno a la educación presencial como herramienta de mercadotecnia política.

El argumento es raro, porque supone de inmediato que la educación presencial constituye un rédito político. Esto es: que la mayoría del electorado ve con buenos ojos el retorno a las aulas y el gobierno de la ciudad de Buenos Aires quiere sacar partido de ello.

Con el mismo criterio, se podría acusar al peronismo gobernante en la provincia de Buenos Aires de lo mismo, porque esta semana comenzó la vacunación a los grupos de riesgo (ayer fue el turno para mi mamá, a quien yo había inscripto en el programa de vacunación hace unas semanas).

Y así siguiendo, el buen gobierno no sería sino un ejercicio cínico de mercadotecnia. Quien elija pensar de ese modo bien pronto llegaría a la conclusión de que los sistemas eficientes de transporte, los sistemas equitativos de salud, los programas de asistencia a los sectores más vulnerados, las leyes de protección de la infancia, la reducción de la carga impositiva a los trabajadores, los aumentos jubilatorios, la transparencia de la gestión y la condena de la corrupción administrativa, la protección de los bosques y el uso social de la tierra no son sino estrategias de mercadotecnia.

Mejor es pensar que las medidas electoralistas son las que se anuncian pero no se cumplen, o las que sólo alcanzan para calmar la angustia ciudadana hasta la elección (ni un día más) o que disimulan detrás de palabrerío hueco el hecho de que no se sepa bien cómo salir de un atolladero.

Educar y vacunar, en un contexto como el nuestro, no pueden entenderse como herramientas electorales, cualquiera sea el partido que ejecute esas acciones. Son el Bien.