sábado, 12 de junio de 2021

Shakespeare y Borges

Por Daniel Link para Perfil

Anne Hathaway se despertó alarmada en su casa de Temple Grafton. El cronotopo de muñeca, un dispositivo para viajar a través del tiempo y el espacio que además le enviaba informaciones sobre las coordenadas que visitaba, había estado sonando desde hacía varios minutos y finalmente le dio una leve punzada que la arrancó del sueño.

Chequeó la pantallita y verificó que su marido, William Shakespeare, acababa de morir de nuevo, esta vez como el primer hombre que había recibido la vacuna de Pfizer contra el virus covid-19.

Se vistió a toda prisa y calibró el cronotopo para que la transportara a su residencia de Los Ángeles, a finales de mayo de 2021. Anne tenía esperanza de convertirse en la heredera del que se decía que acababa de morir, pero sobre todo terror de que esa nueva desgarradura temporal destruyera un mundo de por si en precario equilibrio.

Ya en Hollywood, se dedicó a revisar las publicaciones sobre la noticia. La BBC había consignado que la presentadora Noelia Novillo comunicó consternada el fallecimiento de William "Billy" Shakespeare de 81 años.

No era raro que el informe original se originara en la televisión de un país que tantas veces se había rebelado al Imperio Británico (con aceite hirviendo en el Siglo XIX y con una guerra destemplada bien entrado el Siglo XX). Después de todo, el nombre Shakespeare había sido sostenido como ariete cultural del imperio y, como Anne sabía, todas las hipótesis sobre la autoría de los dramas y poemas de Billy (que firmaba lo que Christopher Marlowe, luego de su muerte fraguada, escribía para su teatro) habían sido sepultadas por el bien de la Corona.

Otro escritor nacido en el mismo país que la señorita Novillo había escrito que, en efecto, “Shakespeare es cifra de Inglaterra; así lo ha querido el consenso del tiempo y del espacio” (la infatigable Anne se había encargado de consolidar ese consenso usando su cronotopo de muñeca).

Para casi todo el mundo, incluso para Borges, a quien Anne había conocido en Ginebra, “logrado el bienestar económico”, Shakespeare “dejó caer la pluma que había registrado, casi al azar, tantas inagotables páginas, y se retiró a su pueblo natal, donde esperó los días de la muerte y no de la gloria”. Pero Billy que “se había adiestrado en el hábito de simular que era alguien, para que no se descubriera su condición de nadie”, no esperó la muerte, sino que se sustrajo a ella, viajando a través del tiempo y del espacio para siempre.

Casi al mismo tiempo de ese nuevo fallecimiento, comprobó Anne, la policía de un conocido balneario argentino detuvo a los integrantes de una organización delictiva que actuaba bajo las órdenes de Jorge Luis Borges. Entre otros crímenes, se comprobó que Borges había robado identidades amparado en la certeza de que “yo soy los otros, cualquier hombre es todos los hombres”.

 


viernes, 11 de junio de 2021

Juego de tronos

Drag Race, la genial invención de RuPaul, llega a España el mismo año en que una competencia salteña domina la virtualidad desde Youtube. La expansión del mundo drag (con su política de los nombres y los gestos inapropiados) es ya una marea imparable.

por Daniel Link para Soy

En una de sus más celebradas ficciones, el cuento “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, Borges escribe la premonición “El mundo será Tlön”, porque a partir de “la primera intrusión del mundo fantástico en el mundo real”, “la realidad cedió en más de un punto”.

De todas las interpretaciones del cuento de Borges, la mejor es la que hace equivaler el país Tlön (y el Orbis Tertius con él relacionado) con el advenimiento de la cultura global de masas como un régimen de producción de diferencias y semejanzas y como una política de los nombres y los gestos inapropiados.

En ciertas performances que hoy reconocemos como drag o como crossplay, pero que tienen una larga trayectoria en Occidente, se aúnan el uso de un disfraz asociado con un nombre genérico (“hombre” o “mujer”) que recubre un cuerpo que desnudo se asocia con el nombre paradigmáticamente opuesto, y el desempeño de una serie de gestos tradicionalmente asociados con el traje que se viste. El efecto de estos usos de gestos y ropajes es la interrupción del género como categoría continua.



La función dragamática supone la cita de gestos en el sentido en que Brecht la concebía, como una interrupción de la relación entre lo mostrado y el mostrarse a si mismo. Los gestos deben impedir que la diferencia entre ambos registros desaparezca. La interrupción, glosa Benjamin en sus Tentativas sobre Brecht, es uno de los procedimientos de forma fundamentales. Citar un gesto implica interrumpir su contexto identitario. El gesto es siempre, en su esencia, gesto de no conseguir encontrarse en el lenguaje (en el propio nombre), es siempre drag. En el caso que hoy nos interesa, ciertos seres tienen nombres fantásticos y se apropian de la gestualidad femenina (pero no son propiamente “mujeres” ni necesariamente aspiran a serlo).

Drag Race A mediados de 2008 RuPaul Andre Charles (1960) comenzó a producir su programa de telerrealidad (o reality show) Drag Race, que venía a coronar no sólo su propia práctica sino también su lema: “You can call me he. You can call me she. You can call me Regis and Kathie Lee; I don't care! Just as long as you call me” ("Puedes decirme él. Puedes decirme ella. Puedes llamarme Regis y Kathie Lee. ¡No me importa! Siempre y cuando me llames"). En esa realidad aumentada o en ese mundo fantástico que toma a la realidad por asalto, la única norma es la política de los nombres y pronombres inapropiados que, naturalmente, es correlativa de una gestualidad impropia y, por eso mismo, política.

Muy pronto el show se duplicó y a la carrera de debutantes se agregó una segunda, la carrera de “all stars” (concursantes previas que no habían alcanzado la corona). A partir de 2010, RuPaul's Drag U (suerte de escuelita pública de dragueo para “mujeres” así designadas al nacer) tuvo tres temporadas. Si bien careció del éxito de los otros shows, es una pieza imprescindible para comprender la lógica y la filosofía del drag, que no necesariamente implica una dialéctica del género, sino una estética del simulacro (en la última temporada de Drag Race llegó a la final un hombre trans, el primero en concursar, que obligó a reformular los latiguillos discursivos de RuPaul).

La explosión Pareciera que nuestro tercer milenio ha encontrado en el dragueo una forma de pensar el presente. A los shows decanos de RuPaul se sumaron hace poco su versión canadiense (bastante penosa, muy lejos de los originales), la versión UK (que supera todo lo conocido, abriéndose a un universo donde todas las referencias previas colapsaron), la versión holandesa, la versión “sur global” (Australia y Nueva Zelanda), las giras y los especiales sobre los shows permanentes en Las Vegas, y varias concursantes de RuPaul lanzaron sus propias telerrealidades, etc.

La última joya de la corona es Drag Race España que, a las previsibles cualidades de sus versiones anglosajonas, agrega el “salero” peninsular y una cierta incorrección política (en fin: guaranguería) que mejora todavía más el efecto final. La conducción, a cargo de Supremme de Luxe es burocrática y deslucida, pero el brillo de las concursantes permite disimular ese traspie de producción. Se destacan la sevillana Carmen Farala, la valenciana Hugáceo Crujiente (ganadora del primer episodio) y la jovencísima Inti, de Bolivia (de identidad trans y que forzó durante un segmento la declaración de “no binario”: que levante la mano quiénes se reconocen como no binario. Fueron cuatro).

No es el primer o único intento de una carrera de drags en la lengua de Cervantes. Chile lo intentó en 2015 con el show The Switch Drag Race, todavía atado a los valores del transformismo (“hombres de día, mujeres de noche”, decía la presentadora; “imitación” era la descripción de la práctica drag y “sufrimiento” el anzuelo para la audiencia). Duró poco.

En Argentina, Salta lo está haciendo desde marzo de este año con su Juego de reinas, que no sigue el formato de Drag Race. Si bien la producción del Canal 10 salteño es algo precaria, el programa se apropia con soltura de los fundamentos del dragueo: la apropiación de gestos, la interrupción de las identidades continuas, el juego o simulacro y la danza libérrima de los nombres. Puede verse por youtube.


Mientras tanto, en los Estados Unidos, el ex “American Idol” Clay Aiken producirá un nuevo programa de noticias diario, NewsBeat, con Bianca Del Rio y más ex concursantes de RuPaul's Drag Race como presentadors y corresponsals.

Como en Juego de Tronos, las dragonas se apoderan del universo. Y, como en Borges, el mundo será drag.

 

 

jueves, 10 de junio de 2021

Metafísica de la presencia

 


miércoles, 9 de junio de 2021

lunes, 7 de junio de 2021

Todo sobre Molloy

 

 

Se emite a través del canal de youtube de UNTREF

 



sábado, 5 de junio de 2021

El mundo de Molloy

Por Daniel Link para Perfil

Hace un par de años empezamos a planear un homenaje a Sylvia Molloy. Habíamos comprometido una lista de invitados de todo el mundo y de todas las especialidades, que se habrían dado cita en Buenos Aires en octubre de 2020. Nada de eso pudo suceder por razones sanitarias, confinamientos, prohibiciones de viajes.

Pero el entusiasmo de los convocados, sin embargo, no cesó: desde hace dos años giramos como derviches desbocados o como satélites averiados alrededor de Sylvia, nuestra estrella en un mundo desastrado. Meses atrás decidimos hacer pública esta celebración colectiva mediante un número fuera de serie de Chuy. Revista de estudios literarios latinoamericanos, la revista que la cuenta en su consejo académico, que ya está colgado y listo para su lectura. El número será presentado el próximo 9 de junio con un brindis, ay, virtual.

Yo, que había leído casi todo lo que Sylvia había escrito, me sentí obligado a revisitar algunos textos que volvieron a deslumbrarme pero en los que, además, fui capaz de notar cosas en las que antes no había reparado.

Por supuesto, siempre supimos que Sylvia es una de las más exquisitas lectoras que Argentina ha dado (y exportado). Así como existe un Kafka de Deleuze (es decir: una manera de entender a Kafka que no puede prescindir de Deleuze) o un Baudelaire de Benjamin (por lo mismo), hay un Borges de Molloy, porque hoy ninguna lectura de sus lecturas puede prescindir de Las letras de Borges (1979), libro que yo había leído en mis años de estudiante sin entenderlo bien del todo.

Allí Sylvia escribe, como al pasar, que los fragmentos de texto (de un texto único, incesante) son “hechos móviles”. Pero esa definición acompaña todo su trabajo de escritura (no importa en qué género se instale). Escribir no es exactamente darle una forma discursiva a una imagen, ni tampoco imprimir en una página determinados trazos, porque la literatura es un “hecho móvil”, lo que involucra no sólo una dimensión lingüística o textual sino, sobre todo, gestual y vital.

Gestos, ademanes, poses. Como si se nos dijera: lo que te define no es tu encarnizamiento en tu propia práctica, sino un cierto deseo, una inclinación, una atracción, un gusto.

Se trata de una manera de estar en el mundo lo que, fundamentalmente, hoy tenemos que agradecerle a Sylvia (sí, claro, también su inteligencia, también su sutileza, también su generosidad). Ilumina una parte del mundo y nos deja vivir en él.

sábado, 29 de mayo de 2021

Cataratas de pasión

Por Daniel Link para Perfil

Habíamos aprovechado el último congreso de la Latin American Studies Association al que fui en 2019 para visitar Toronto y las cataratas del Niágara. Se trata de un congreso que se organiza para que coincida más o menos con el Día de los Caídos, feriado estadounidense.

Como este año el Congreso se adelantó un poco (comenzó el 25 de mayo) y yo tengo obligaciones a las que no puedo renunciar ni virtualmente, en marzo canjeamos millas para el 19 de mayo y reservamos tres noches de hotel, porque me parecía poco patriótico que mi marido no conociera nuestras cataratas, más majestuosas aún que las norteamericanas.

Ya prácticamente sobre la fecha del viaje, comenzaron los rumores de encerrona. Viajamos bien (con el horario del vuelo cambiado como cuatro veces), nos hisoparon en Iguazú, el resultado fue negativo, disfrutamos de la Garganta del Diablo, del Circuito Superior y de la extraordinaria vista desde nuestra habitación (yo había llevado a mis hijos, hace 20 años al Hotel Internacional: no correspondía que mi esposo aceptara un destino inferior).

El vuelo de vuelta era el sábado al mediodía, con el nuevo DNU ya vigente. Durante el desayuno, un señor muy apesadumbrado vino a comunicar a los huéspedes que los Parques Nacionales habían cerrado desde las cero horas, así que quienes habían llegado en los vuelos del viernes no iban a poder ver las Cataratas.

Cuando al volver le comenté a mi mamá la penosa circunstancia me contestó, con un kirchnerismo de amianto: “bien hecho, para qué se fueron”.

 

viernes, 28 de mayo de 2021

El armario de los recuerdos

La película El baile los 41 ficcionaliza uno de esos acontecimientos que parecen iluminar la pequeña historia de una comunidad ya muy antigua y tal vez un poco caduca (integrada por homosexuales masculinos) pero que, bien mirados, muestran los momentos de riesgo de la Historia con mayúscula.

Por Daniel Link para Soy

Netflix acaba de estrenar una película simpática y mediocre, El baile de los 41, que ficcionaliza los acontecimientos de la “Gran Redada”, cuando 41 o 42 caballeros de la alta sociedad mexicana fueron arrestados por conducta indecorosa en una fiesta en la que se entregaban a placeres reñidos con una concepción tradicional de la hombría mexicana (incluidos el dragueo de la mitad de ells y una rifa para pasar la noche con el más hermoso de los chicos de alquiler de la ciudad de México).

Más allá de las cualidades específicamente cinematográficas (el relato es pobre en pormenores psicológicos, el guión es endeble, las escenas sexuales son un poco antiguas en su coreografía, los planos exteriores son siempre demasiado cortos porque ampliarlos hubiera significado dar cuenta del paso del tiempo) lo que hay que señalar de la película es la misoginia y la homofobia de su punto de vista. La esposa del protagonista (la hija del Presidente Porfirio Díaz) es mala y resentida y las locas que se dan cita detrás de la tienda de tabaco son superficiales, mezquinas, ambiciosas y corruptas.

Un poco de historia

Todo sucede casi al final del Porfiriato, el período (28 de noviembre de 1876 al 25 de mayo de 1911) durante el cual México estuvo bajo el control militar de Porfirio Díaz, quien debió exiliarse en Francia pocos meses después del triunfo de la Revolución Mexicana.

La fiesta de las 41 maricas a las que el título se refiere sucedió el 18 de noviembre de 1901 cuando la “Gran Redada” desmanteló el Club de Caballeros que se entregaban al amor que, por entonces, no osaba a decir su nombre.

Cuentan las malas lenguas que esa institución había sido fundada años antes bajo la regencia de Fernando Maximiliano José María de Habsburgo-Lorena, quien había renunciado a todos sus títulos para ser el emperador de México con el título de Maximiliano I (que coincidió con el gobierno de Benito Juárez, responsable de la consolidación del Estado mexicano como tal). Hace veinte años, en la crónica que escribió a propósito de la Gran Redada, Carlos Monsiváis se quejaba de lo poco que se sabía de la homosexualidad durante el Porfiriato antes del Baile de los 41. Según Salvador Novo en sus memorias (publicadas póstumamente recién en 1998), Antonio Adalid, hijo de un caballerango del emperador Maximiliano y ahijado de los emperadores, fue el alma de las fiestas clandestinas de fines del XIX y principios del XX con el sobrenombre de Toña la Mamonera. El periódico El Hijo del Ahuizote, que publicó la noticia de la Gran Redada, sin dar nombres propios, aclaró además: "No daremos a nuestros lectores más detalles por ser en sumo asquerosos".

Así no hay investigación ni película posible. En “Los 41 y la gran redada”, Monsiváis se lamenta: “Casi toda la información disponible viene del cotejo con los documentos de otras sociedades”. Habrá que hacerle caso, porque al comienzo del siglo XX el armario sexual comenzaba a requebrajarse globalmente (así en México como en Berlín), aunque en otras latitudes la prensa cumplió un papel más útil para los nostálgicos y los historiadores.

La raza maldita

En una carta de 1908 Proust cuenta que ha pasado 60 horas sin dormir (del 4 al 6 de julio). La hipótesis de los biógrafos y los críticos: es el período en el que comienza a escribir En busca del tiempo perdido porque encuentra los nombres de sus personajes, en particular el de esa forma de vida que Proust llama la “raza maldita”. Las fechas coinciden, en efecto, con el escándalo que estalla por esos días en el círculo de Liebenberg, como se conocía al grupo más íntimo de los asesores del emperador alemán Guillermo II (de los Hohenzollern). El nombre se derivaba del palacio de Liebenberg, pripiedad de Philipp zu Eulenburg, asesor destacadísimo del Kaiser, que da nombre al escándalo que a Proust le llamó tanto la atención.

En 1902, el periodista Maximiliam Harden, en desacuerdo con la política exterior del Kaiser, chantajeó personalmente a Eulenburg para que abandonase su puesto de embajador en Viena. Eulenburg se retiró temporalmente de la vida pública. Cuando reapareció en 1906, Harden volvió a la carga y comenzó a denunciarlo públicamente por sus preferencias sexuales, su anti-imperialismo y sus anglofilia (como si una cosa fuera consecuencia de la otra).

En 1908, en una sobremesa imperial, el secretario militar Dietrich von Hülsen-Häseler cayó muerto de un ataque al corazón mientras realizaba un pas seul vestido sólo con un tutu de ballet. El episodio reveló un trasfondo alarmante en los altos mandos del ejército alemán y el servicio exterior y motivó una serie de juicios marciales en los círculos en los que participaban centralmente el príncipe Philipp von Eulenburg y el general Küno von Mottke, quienes fueron acusados de homosexualität y conspiración para influir en Guillermo II. De los juicios participaron activistas de la “causa gay” muy reconocidos (Adolf Brand, Magnus Hirschfeld), además de todos los involucrados, sus esposas y parientes.

El caso fue muy documentado en la prensa europea y en particular la francesa, donde la homosexualidad pasó a llamarse “el mal alemán” e incluso en los urinarios públicos, donde los “entendidos” se preguntaban: “¿Hablás alemán?”.

Revolución y Guerra

La documentación de la Gran Redada es muy escasa, y todo se limita a las habladurías y las sospechas porque “de esas cosas no se habla”. Los listados de la policía incluían 41 o 42 nombres porque uno de ellos era el de Ignacio de la Torre (para más datos: vestido de mujer), el yerno del presidente Porfirio Díaz, quien prefirió que los asuntos de Nacho no salieran a la luz.

La prensa de la época sólo insiste en que todos eran “niños ricos” y “pollos gordos”. Pero, de todos modos, el pasaje de la “fiesta” del ámbito de lo privado al de lo público marca un umbral de visibilidad que el siglo XX se encargará de amplificar y de depurar de la moral veterotestamentaria. En Cancionero folclórico mexicano, Margit Frenk consigna esta copla:

De aquellos que están allá,

no me parece ninguno:

el uno ya está muy viejo

y el otro es 41.


Según los entendidos, el abandono de Guillermo II de las posiciones moderadas después del affaire Eulenburg terminaría desembocando en la I Guerra Mundial. En la hacienda de Ignacio de la Torre, en Morelos, trabajó por un tiempo Emiliano Zapata, que fue por vez primera a la ciudad de México como caballerango de don Nacho, quien le tuvo especial afecto por su destreza en la monta. En ese viaje, en el que sabe Dios qué pudo haber pasado, Zapata perfeccionará su desprecio hacia los sectores aristocráticos y también su homofobia.

Nunca hay que subestimar el poder de un escándalo de locas que, bien visto, es capaz de cambiar el curso de la Historia. Eso sí, hay que saber contarlo.

 

sábado, 22 de mayo de 2021

Cono Sur

Por Daniel Link para Perfil

Argentina se acerca a pasos agigantados a su peor pesadilla, ser la lacra de esa inestable unidad geopolítica conocida como “Cono Sur”, además del lastre del Mercosur (caracterización que desencadenó una respuesta airada y completamente fuera de lugar del Sr. Fernández, el principal responsable de nuestros sueños intranquilos).

A la derecha de Argentina (lo que es su Oriente), Uruguay es una república de solidez indiscutible que se ha convertido en el paraíso de los cultores del libre mercado, la acumulación (a veces insensata, a veces no) de capital y, más recientemente, la meca de la industria audiovisual de la región. Además, el país ha implementado una política migratoria de atracción de grandes y medias fortunas y se ha aliado con Brasil para bregar por una mayor apertura de las economías del bloque. En los últimos días, incluso, se ha convertido en destino de asilo político para algunos argentinos “perseguidos por la ley”.

A la izquierda de Argentina (lo que es su Occidente), Chile acaba de celebrar unas elecciones para constituyentes ejemplares. El resultado favoreció ampliamente a los sectores de izquierda independiente que protagonizaron la protesta de octubre de 2019 (lo que significa que la pandemia no necesariamente detuvo todos los procesos políticos), quienes bajo el rótulo “Del Pueblo” consiguieron 24 constituyentes. “Apruebo Dignidad” (Partido Comunista y Frente Amplio) obtuvo 28 escaños, “Apruebo” (buena parte de la Concertación que gobernó Chile entre 1990 y 2010) se quedó con 25 sillas y la derecha gobernante (que utilizó el absurdo y amedrentador lema “Vamos por Chile”) obtuvo la magra cifra de 37 representantes, lo que no le permitirá influir en la redacción de la nueva constitución ni vetar artículos (para lo que era necesario contar por lo menos con un tercio de la asamblea, es decir 52 convencionales).

Además, la elección se realizó según un mecanismo de paridad de género único en el mundo, que garantiza un mínimo de 45% de convencionales mujeres, los miembros de la Constituyente no pueden participar de la gestión de gobierno al mismo tiempo y, además, se reservaron 17 puestos para representantes de los pueblos indígenas. A fines de junio comienzan las deliberaciones que deberán arrojar, después de 9 meses un nuevo texto constitucional.

Mientras tanto, en Argentina la coalición gobernante actúa como un boxeador ebrio al borde del knock out, tirando golpes al aire sin ton ni son, sin que se sepa bien cuál es el consejo más adecuado para guiar el brazo del combatiente. Ah sí, en Argentina todo es un combate y todo es heroico: desde la llegada de un avión con unos cientos de miles de vacunas rusas, pasando por la defensa a rajatabla de los subsidios energéticos a los sectores más privilegiados, hasta la sempiterna pelea con la oligarquía ganadera, privada en estos días de la posibilidad de exportar.

En el exterior, nadie sabe bien para dónde va Argentina y aquí adentro, nadie parece querer reconocer que el país se hunde irremediablemente por el embrutecimiento de su clase política (cualquiera sea la alianza que se considere), incapaz de cualquier gesto de grandeza, aferrada a sus pequeños terrores y anteponiendo siempre, siempre, el negocio personal a la aventura colectiva, el resentimiento al horizonte compartido.

Boqueamos en una ciénaga con el barro hasta el cuello y el chistecito de “hay que pasar el invierno” se ha convertido ya en una sentencia dantesca: “hay que pasar el infierno” (que nunca llega, que nunca se acaba). ¿Qué vendrá después? Probablemente más inflación, más miseria (¿se puede ser todavía más miserable?), más omertá y menos humildad, más obstrucción a cualquier iniciativa razonable y menos imaginación, más palabrerío hueco y la misma obsesión insensata por un poder que no se vuelca a la solución de los problemas del pueblo, cada vez más atónito ante el egoísmo y la insensibilidad de la clase política.

El proceso chileno ha sido caracterizado desde diferentes posiciones como una “esperanza” para América latina. ¿Hay esperanza para América Latina? Sí, sí, infinita esperanza, pero no para nosotros.

martes, 18 de mayo de 2021

Ciberfilologías

La nueva aplicación de Google puede ayudar a preservar los idiomas en peligro de extinción

Google ha lanzado una nueva aplicación que puede ayudar a preservar las lenguas en peligro de extinción. A través de la aplicación "Woolaroo", los usuarios pueden aprender diez idiomas que desaparecen tomando fotografías de objetos. Además de ofrecer una nueva herramienta de aprendizaje, la aplicación proporciona una forma para que las comunidades indígenas preserven su patrimonio.

Woolaroo admite diez idiomas de todo el mundo: criollo de Luisiana, griego de Calabria, maorí, náhuat, tamazight, siciliano, Yang Zhuang, Rapa Nui, yiddish y yugambeh, sitio web de noticias holandés NU.nl informó. Dado que estos idiomas no se hablan con frecuencia durante décadas, corren el peligro de ser olvidados. La aplicación debería evitarlo.


sábado, 15 de mayo de 2021

Bésame mucho

Por Daniel Link para Perfil

En enero de 2010 se estrenó el episodio “Moon Landing” de la primera temporada de Modern family. Allí Alex, la hija del medio, pregunta en un momento: “¿Qué es Jägermeister?”. Su padre le contesta: “Uhm, viste cómo en los cuentos de hadas siempre hay una poción que hace que la princesa se duerma y entonces el muchacho empieza a besarla? Es más o menos como eso, excepto que no te despertás en un castillo, sino en una fraternidad, y con una mala reputación”.

Más de diez años después, la ocurrencia de unos guionistas memorables volvió con toda su fuerza, ahora de la mano de militantes feministas que reclaman la suspensión del beso a Blancanieves en Disney World porque entienden, con razón, que un beso a una chica narcotizada no es un comportamiento a ofrecer como modelo.

Del mismo modo habría que objetar que un lobo disfrazado de anciana espere en la cama a la niña inocente para susurrarle al oído “para comerte mejor” o que dos hermanos desesperados arrojen al horno encendido a la anciana que les brindó su hospitalidad.

Los cuentos de hadas abundan en peripecias más o menos espeluznantes y en general se entiende que canalizaban los terrores de épocas pretéritas. No sé si es posible convencer a las infancias actuales de que conserven la distancia filológica necesaria para entender esos relatos.

Pero incluso más inquietantes que esos episodios de velada sexualidad (naturalmente, héteropatriarcal por dónde se la mire) son directamente los personajes principescos como modelos a adoptar.

Una vez le compré a mi nieta un juego de piezas de madera con dibujos, que se encastran aleatoriamente para formar una historia. Había una princesa, una especie ausente de su repertorio de lecturas. Juntos inventamos el cuento de que, desde la torre, veía pasar al niño campesino triste y que, para aliviar su pena, le exigía al rey la reforma agraria y, de paso, la abolición de los títulos nobiliarios.

viernes, 14 de mayo de 2021

miércoles, 12 de mayo de 2021

domingo, 9 de mayo de 2021

Invitación

 


sábado, 8 de mayo de 2021

Microfascismos

Por Daniel Link para Perfil

En febrero de este año el rapero español Pablo Hasél fue arrestado por rapear y escribir en sus redes mensajes contra la monarquía. El catalán fue condenado a nueve meses de prisión por los delitos de “enaltecimiento del terrorismo e injurias a la Corona y a las instituciones estatales”. En uno de sus videos, mostró a “Juan Carlos el Bobón” en su juventud haciendo un elogio chocante del General Franco. Por eso, se refiere a sus perseguidores como “Hijos de Franco condenando por ser franco” y, en entregas posteriores, junta en un mismo verso las palabras “guillotina”, “Letizia” y “botox”. En las principales ciudades españolas, los simpatizantes de Hasél que se manifestaron por su liberación fueron reprimidos por las fuerzas de seguridad.

Por su lado, el 1º de mayo, el rapero italiano Fedez denunció haber recibido presiones por parte de la RAI para que no leyera, durante un concierto, una proclama en contra del partido ultraderechista La Lega, citando las palabras de varios de sus integrantes en contra de la comunidad LGTBIQ+, a propósito de una ley antihomofobia y antitransgénero trabada en el Parlamento italiano por la resistencia de la derecha.

Si bien la RAI negó la censura, Fedez publicó la grabación de una llamada telefónica con un ejecutivo de la compañía pública que lo conminaba a no citar nombres propios en su proclama en defensa de la ley.

Nada de esto habría escapado de la esfera de los análisis críticos de los microfascismos contemporáneos, que todavía hoy se levantan en guerra contra la negatividad de la música y el arte, si no fuera por el triunfo brutal del PP, el martes pasado, en las elecciones autonómicas de Madrid y el espectacular retroceso de la izquierda.

El presidente del PP, Pablo Casado, dijo que “Hoy Madrid es el kilómetro cero del cambio en España”. Un cambio que implicará pasar del microfascismo al fascismo a secas. Contra la guillotina del rap, los fusilamientos regios.

sábado, 1 de mayo de 2021

El virus bizantino

Por Daniel Link para Perfil

En el Lacio italiano (cuya ciudad principal es Roma) un 70 % de la población ya ha sido vacunada con al menos una dosis anti COVID. Esto ha provocado una masiva apertura de los bares y terrazas (Roma sin aperitivo no es Roma), lo que inquieta a las personas más responsables porque temen que el semáforo amarillo se les vuelva de nuevo rojo en cualquier momento.

Aquí, en cambio, estamos en rojo intenso, tirando a púrpura y recién ahora las autoridades sanitarias repararon en el disparate que significa andar exportando oxígeno o pagar anticipadamente vacunas que nunca llegan (aún cuando se fabriquen en suelo patriótico).

Por fortuna, ya se sabe que la presencialidad escolar no ha sido motivo de incremento de contagios. Si bien estos han crecido un 10 % en la franja etaria de hasta diez años, esto ha sucedido con independencia de la asistencia a las aulas (igual en la ciudad de Buenos Aires que en el Conurbano, donde no hay clases). Los sindicatos docentes no reconocen estos porcentajes e insisten en el riesgo de mantener las aulas abiertas, pero la mayoría de las jurisdicciones desoyeron la recomendación presidencial.

El problema no estaría en las escuelas. Los que más traccionan los porcentajes de contagio hacia arriba son las personas entre 20 y 40 años quienes, hay que subrayarlo, no tienen en principio obligaciones escolares que cumplir.

Los partidos y sindicatos de izquierda vienen advirtiendo desde hace semanas el incremento de contagios en los lugares de trabajo (especialmente fábricas), donde se han registrado altos porcentajes de ausentismo y, lo que es peor, ocultamiento de síntomas (porque no se cumplen con los protocolos sanitarios) ante el temor de una suspensión con salario recortado o, en el caso de los trabajadores precarizados, directamente una desvinculación de la relación laboral.

De eso, claro, no se habla, porque se trata de un callejón sin salida del cual los gobiernos de todos los signos políticos han decidido desentenderse.

Mi informante romana me había dicho: “Somos privilegiados, porque nos paga el Estado”. Y es cierto. Aunque aquí el ajuste haya llegado con toda su violencia a las jubilaciones y los sueldos docentes, algo es algo y los pedagogos que se entregan a la virtualidad seguirán cobrando sus sueldos aunque sepan que la eficacia de esa forma de aprendizajes en hogares empobrecidos hasta el horror es nula, sencillamente porque la mayoría de las familias argentinas no tienen acceso a la tecnología (tampoco a los alimentos) y porque en la mayoría de las familias argentinas no es fácil organizar y tutelar los aprendizajes de les niñes.

Alguien comparó la situación que vivimos con el hundimiento del Titanic. Una mejor analogía es Constantinopla: discutimos el sexo de los ángeles mientras el cerco de la muerte cada vez se estrecha más.

 

sábado, 24 de abril de 2021

Educar al soberano

Por Daniel Link para Perfil

Entre las muchas cosas que habría que agradecerle a Michel Foucault figura su analítica del poder. Con precisión quirúrgica rastreó el momento histórico (lo que se llama modernidad) en que hubo una transformación radical en los regímenes de gobierno. Hasta cierto momento, lo que predomina es un ejercicio subjetivado de la soberanía (un poder soberano más o menos absoluto y, como es un poder subjetivo, sujeto sólo a su propio capricho o su propio saber). Luego, se impone un régimen de poder más objetivo, fundado en mecanismos de regulación, un ejercicio de poder mucho más burocrático, anónimo, diseminado. La soberanía se ejerce desde la grisura de los escritorios donde se contabilizan los nacimientos, los casamientos, los impuestos pagados, los traslados en el territorio, los estudios cursados y los trabajos realizados. La soberanía se vuelve más difusa aunque no por eso menos implacable (Kafka propuso la versión paroxística de ese poder total).

El modelo piramidal del poder (ejercido desde un vértice hacia abajo) pega entonces un vuelco. En los archivos que revisó junto con Arlette Farge, Foucault encontró un dispositivo bien curioso: las cartas que los ciudadanos corrientes escribían a los soberanos denunciando a sus vecinos, a sus parientes, al vendedor del mercado por tal o cual asunto y pidiendo un castigo para delitos o desarreglos que, de otro modo, a nadie se le hubiera ocurrido investigar o penar.

En estos días hemos asistido en Argentina a un retroceso a regímenes de soberanía más bien arcaicos, incomprensibles. No se trata de invervenir aquí en la polémica sobre la relación entre escuelas abiertas y contagio, sino de notar el efecto de un mandato apoyado sólo en una soberanía subjetiva (“he decidido”, “nadie me hará cambiar de idea”) basada en pobre evidencia (“me mandan fotos”), el mismo día que los aparatos burocráticos que ejercen el poder (los ministerios) decían lo contrario.

Ya se sabe lo que sucedió después: sólo cinco jurisdicciones se pusieron al amparo del manto soberano y, en una de ellas, los padres comenzaron a organizar escuelas paralelas.

Mi nieta, que vive en la provincia de Buenos Aires, disfruta con siete niñes más de un aula informal, que lleva adelante una maestra contratada a tal efecto. Otres no tendrán la suerte de ese privilegio, por un capricho soberano que podría haberse fundamentado (así fue el año pasado) en la racionalidad burocrática.

 

viernes, 23 de abril de 2021

Ad Astra, Ad Séneca, Ad India

 


Un melodrama gay

Por Daniel Link para Soy

¿Es Genera+ion, la nueva serie de HBOmax, la típica pelotudez norteamericana ambientada en un colegio? Sí, y no.

La serie (de la cual se han emitido ya siete capítulos, la mitad de la primera temporada) está dirigida por Daniel Barnz y, supuestamente (aunque todo es posible) guionada por su hija Zelda Barnz, de 19 años. Un poco por eso, la prensa especializada catalogó a la serie como el funeral del millennialismo y el paso al frente de la generación Z (uso estas categorías imbéciles porque la serie misma las nombra, no porque tengan algún interés).

O sea: se supone que lo que la serie cuenta está narrado desde la perspectiva misma de los personajes que están involucrados en el teleteatro escolar.

Crismorenismo 3.0 Repasemos el catálogo: los caracteres principales tienen todos ellos entre 16 y 18 años (los actores, por supuesto, superan holgadamente la veintena) y van a un instituto en Anaheim (sí, allí donde está Disneylandia). El protagonista es Chester, un chico gay encantador que concurre a la escuela casi dragueado. Las autoridades reprimen ese exceso enviándolo a la oficina del consejero escolar, Sam. Luego hay... otro chico gay, pero de armario, a quien le gusta Chester, pero que se besa secretamente con el novio de su hermana, quien ve frustradas sus expectativas de felar el extraordinario miembro de su novio (se ve una foto) porque éste acaba antes en la cara del hermanito. Luego hay una chica fotógrafa que se dice bisexual, de quien está enamorada una chica mexicana que vive con su tía (su madre ha vuelto a Guadalajara y la reta por zoom). Hay también una adolescente feminista que examina hasta las cantidades de mujeres que aparecen en los problemas matemáticos (pesadilla para el cuerpo docente) pero que no se ha dado cuenta de su avanzado embarazo. Finalmente, una chica afroamericana adoptada por un matrimonio de hombres gays que aprovecha la circunstancia para hacer chistes homofóbicos que todos los demás censuran. Más adelante en la serie aparecerán una lesbiana gimnasta que busca novia, un chico hétero que se involucra con el resto de la tropa porque tiene un hermano trans (asignado mujer al nacer, pero que ha transicionado) al que quiere entender mejor.

La guionista habría declarado: "Genera+ion da un enfoque a personajes queer muy diferente a otros en el pasado. Sus sexualidades son una gran parte de lo que son pero no abarca la totalidad de su personalidad, muchos son gays, pero su sexualidad no es lo único que define sus narrativas". O sea, algunos tendrán problemas con sus padres, otras con sus madres, tendrán expectativas desmesuradas sobre su futuro o desengaños de todo tipo. Lo mismo de siempre, pero en un contexto bastante permisivo con las categorías de la identidad y de la sexualidad. Si hay un problema es la afectividad, ese pozo ciego del que se alimentan todas las penas.

Si la serie fuera sólo esto no merecería figurar en Soy. Podría incluso decirse que es ofensiva al usar los nuevos usos identitarios y sexuales como si fueran modas, para atraer público a las pantallas de TV, y anacrónica porque destrata las identidades trans. Pero hay más.

El retorno de lo (gay) reprimido El hilo narrativo central explotará como una granada en el capítulo 7. Chester está desempeñado por Justice Smith, un joven de una simpatía arrolladora a quien conocíamos previamente por su rol de Theodore Finch en la película de Netflix Violet y Finch (All the Bright Places) donde salvaba del suicidio a la infumable Elle Fanning (en su rol de Violet Markey). No se entiende bien por qué, en la película, él termina suicidándose, pero haberla visto valió la pena para comprender que Chester es exactamente el mismo personaje que Theodore, querificado. Que HBO haya considerado aceptable el robo de un carácter de ese repertorio de choreos que es Netflix es un hito televisivo y da para pensar sobre la creatividad de la “generación Z”. Podría decirse que usan lo que les gusta, sin preocuparse demasiado en señalar la fuente. La relación de Chester con su consejero estudiantil, Sam, está calcada de la que tiene Theodore con el suyo, salvo por la tensión sexual.

Y éste es, tal vez, el costado más interesante de una serie que gira alrededor de un melodrama gay protagonizado por Chester y su consejero, Sam. ¡Un melodrama gay, cuando lo gay parece ya una pesadilla del siglo XIX! ¿Cómo sostener cierta tensión narrativa alrededor de un amor que ya no osa decir su nombre para no aburrir a las audiencias?

Sam está desempeñado por el actor británico Nathan Stewart-Jarrett, especialmente recordado por su papel en Misfits (2009-2013). Allí había sido un atleta olímpico que, a partir de la tercera temporada, adquiere el “superpoder” de cambiar de sexo (genital) a voluntad. Esta especie de Tiresias del tercer milenio servía para pensar, metafóricamente, el vínculo entre la autopercepción de género y la morfología corporal e incluso el placer sexual y la mapaternidad (como mujer, el atleta queda embarazade).

Sam envidia a Chester por su desparpajo (quisiera haber sido como él en sus años escolares), Chester está perdidísimo por Sam. Ése es el drama: un amor entre un hombre gay negro de 30 y pico de años y un adolescente mestizo de 17 que no está dispuesto a sacrificar su amor en nombre de convenciones sociales. “Puedo perder mi trabajo, o peor”, le dice Sam durante una frustada excursión escolar a San Francisco para ver Paris is burning.

Yo te eligiría para irnos a una isla desierta”, le grita Chester al final del capítulo 7. Sam le contesta (pero sabemos que miente): “Yo no”.

Ignoro cómo continuará la historia de este amor prohibido. Así como dejé de leer las novelas de David Leavitt después de Mientras Inglaterra duerme, prefiero abstenerme de más Genera+ion para no quitarle a la familia Barnz el mérito de haberse atrevido a plantear una auténtica situación trágica contemporánea.

Dejemos todo librado al encanto magnético de Justice Smith y de Nathan Stewart-Jarrett. ¿Será el símbolo que reemplaza a la t en "generation" un signo que suma o que marca una tumba?