sábado, 22 de enero de 2022

Plan de operaciones

Por Daniel Link para Perfil

Cualquier persona educada sabe que el Plan revolucionario de operaciones atribuido a Mariano Moreno es más falso que una novela gótica francesa. De hecho, en 2015 quedó definitivamente demostrado que gran parte de su contenido había sido copiado de la novela histórica El cementerio de la Magdalena (1801) de Jean Baptiste Philadelphe Regnault-Warin. Moreno no tuvo nada que ver con el asunto (aparentemente se trataba de forzar a la corte portuguesa de Río de Janeiro a tomar decisiones sobre la Banda Oriental).

Eso no lo invalida del todo, porque queda su aura imaginaria. ¿Por qué no elaborar planes “revolucionarios”, más allá de la posibilidad de sus realizaciones? Nada más adecuado que la temporalidad veraniega que el libre ejercicio de la planificación.

El 2021 se cerró con el melancólico recuerdo del Sr. Alberto Fernández de los planes para mudar la capital argentina (no al sur, como había imaginado el Sr. Alfonsín, sino al norte). Suscribo esa ensoñación (que más recientemente Egipto llevó a cabo).

Leí por ahí que alguien proponía reformular los límites de la Ciudad de Buenos Aires, incorporándole el conurbano para mejor garantizar la gobernabilidad de la provincia homónima. Desde la izquierda peronista se contestó airadamente esa propuesta de “desguace” territorial. No estoy seguro ni de una posición ni de la otra pero, en todo caso, ¿por qué no considerarlo?

De cualquier idea, ahora, pareciera que lo primero es decidir (ad hominem) si es de izquierda o de derecha o, como se dice en la prensa cotidiana: “populista” o “liberal” (esas antiguallas). Tampoco estoy seguro de que valga la pena semejante bloqueo de la imaginación, que termina obligando a los políticos a no arriesgar ninguna idea (pobres, no es que las tengan, pero tienen asesores) por miedo al qué dirán.

Hagámolos hablar, y veamos qué utilidad tienen sus propuestas para una patria justa, inclusiva y sustentable.

 

jueves, 20 de enero de 2022

Best kiss ever


 

Rocco Morabito (1967)
 

martes, 18 de enero de 2022

Marcelo Cohen entendió todo

"La duplicidad originaria del escenario de los cuentos de Link genera posibilidades incontrolables, y ese descontrol es fuente del escalofrío, desasosiego, risa y ebriedad. Hoy las series de televisión son más intrincadas que montones de novelas, más opacas; abundan en subtramas, personajes plenos y/o huidizos, referencias varias y llamados a la cooperación del espectador, pero también en galletitas de misterio. Link usurpa el terreno de la tele, saquea trucos, se aprovecha de algunos y de otros obtiene efectos más rotundos porque suceden en la letra, es decir en la mente". 

Fuente: Página/12


Hoy es el cumpleaños de...

 ... Gilles Deleuze, de Rubén Darío, de Arguedas, de Gastón Gallimard, de Arno Schmidt, ¡de José Luis Perales!

 (caracterizame el signo, caracterizame...)

 

Signos y símbolos

  1. Zodiaco: Capricornio
  2. Planeta regente: Saturno, el maestro
  3. Símbolo: El de cuernos de cabra
  4. Fecha de nacimiento Regente: Marte, el guerrero
  5. Carta del Tarot: La Luna (imaginación)
  6. Números de la suerte: 1, 9
  7. Día de la suerte: Sábado y Martes, sobre todo cuando estos días caen los días 1 y 9 del mes
  8. Los colores de la suerte: Negro, rojo brillante y café rojizo
  9. Piedras de la suerte: Granate

domingo, 16 de enero de 2022

La Reina del Plata

Vemos el capítulo de Bones que corresponde a la luna de miel de Brennan y Booth (emitido originalmente el 4 de noviembre de 2013 y escrito por Dave Thomas). Han decidido, después de una boda muy dilatada en el tiempo (sucede en la novena temporada), disfrutar de las bellezas naturales de Buenos Aires (sus playas, sus olivares en las colinas):

y su patrimonio arquitectónico (las catedrales de la época colonial, su clasicismo criollo y los laberintos góticos de sus callecitas estrechas):

Buenos Aires, con todo su esplendor robado un poco de aquí y otro poco de allí (después de todo, es una ciudad de contrabandistas), tiene su reverso, Ciudad Evita, donde imperan el crimen y el ascenso social por la vía rápida:


  

Como Brennan ha trabajado con los equipos de antropología forense locales, le propone a su marido visitar la Morgue de Buenos Aires:

 

  

La visita social pronto se transforma en otra cosa, cuando Brennan descubre unos restos cuya antigüedad no se corresponde con los restos rescatados de una fosa común de la Dictadura y decide involucrar a sus compañeros de trabajo del Jeffersonian Institute (que no ven con buenos ojos el sobrecargo de tareas y están a punto de llamar al FMI):



La investigación involucra a un comisario intachable:

 

al juez Oyarbide:

 

las famosísismas casas de prostitución porteña:

 

el oro nazi (sugerido ya por el título del capítulo):




y, por supuesto, la cartera de Cristina:


 
Hacia el final, se nos brinda la clave del delirante disfrute que el capítulo nos provoca (muy por encima de la Buenos Aires de Los cuatro jinetes del Apocalipsis o Gilda o la Villa Gesell de X Men). La cita es prácticamente el núcleo central de la teoría literaria de César Aira y la pronuncia la viuda del asesinado (desempeñada por Lucila Solá, ex de Pacino, suegra de Leonardo DiCaprio):

 


Eso mismo: somos una nación imaginaria.

 

sábado, 15 de enero de 2022

El mal de la banalidad

Por Daniel Link para Perfil

Yo también titubee, como Rafael Spregelburd, ante Don't Look Up, el suceso del verano meridional. En mi caso las razones para verla o no eran puramente éticas. Sucede que tengo dos reglas de conducta contradictorias. Según una, estoy condenado a no poder ver ninguna película en la que actúe Leonardo diCaprio. Según la otra, me obligo a ver toda cinta en la que el nombre de Cate Blanchett aparezca. ¿Qué hacer ante esta película que aúna ambos nombres al frente de un casting rutilante? Ya una vez me había enfrentado ante el mismo dilema con El aviador, donde ambos actuaban y en la que se sumaba otra regla que me obliga a nunca ver películas dirigidas por Martin Scorsese.

Entonces, opté por una salida tangencial (una vez que emitían la película en algún canal de cable, pedí que me avisaran cuando aparecía Katherine Hepburn, desempeñada por mi amiga Cate), un poco tramposa lo sé, pero que esta vez ni siquiera habría de servirme porque sabía que los personajes desempeñados por esas estrellas regladas aparecían juntas en casi todas las escenas.

Como creía estar saliendo de una etapa más bien negra de mi vida, decidí apostar al amor y promover al primer plano la regla positiva. Puse play y vi la película, lo que me permitió refrendar la infinita sabiduría de la regla prohibitiva que involucra al Sr. diCaprio: Don't Look Up es mayormente intolerable, a pesar de los manierismos actorales de Cate.

Como Rafael, también me dejé dominar por la tristeza de que el “mensaje” del film sucumbiera tan rápidamente a los mismos idiotismos que pretende condenar. Vivimos en un mundo imbécil y cínico que pretende hacer oidos sordos a las señales de alarma que nos vienen del cielo y del infierno.

Más cerca de Esopo que de El 18 Brumario de Luis Bonaparte, la película no quiere que saltemos o bailemos aquí y ahora, cuando el mundo está en peligro. Apenas que digamos: “Qué barbaridad, suerte que esto es ficción”.

 

viernes, 14 de enero de 2022

Wordle (ES) #8 1/6 🟩🟩🟩🟩🟩 
https://wordle.danielfrg.com 
 
 

sábado, 8 de enero de 2022

La grieta charrúa

Por Daniel Link para Perfil

Comentando las fotos que le mando de nuestra escapada de año nuevo, un amigo nos dice: “Uruguay es una utopía” y después cambia: “O un barrio cerrado”. Le contesto: “¿Acaso hay diferencia?”.

Es cierto que Uruguay da una impresión de tranquilidad que los argentinos no sentimos hace décadas y, al mismo tiempo, la complejidad del país admite lecturas tanto en una dirección como en otra. Basta vagar por Montevideo, esa ciudad que en los índices de calidad de vida aparece bendecida con posiciones para nosotros inalcanzables.

Se me ocurre que Montevideo es el resultado de una mezcla bastante infrecuente de socialismo y de liberalismo: ahí están esos edificios soviéticos en la Rambla más cercana al centro, brillando al atardecer mientras el sol se pone sobre un agua que es mar y río al mismo tiempo, ahí están esos nombres estatales de los que la sociedad uruguaya no quiso desprenderse nunca: ANCAP, ANTEL; o esos nombres colectivistas como CONAPROLE que, en efecto, suenan a utopía de décadas más dispuestas a imaginar formas comunes de organización.

A eso se superponen los barrios como Punta Carretas, con su shopping incluido y, sobre todo, la Interbalnearia con sus coqueterías ABC1 y su adhesión entusiasta a las diferentes variantes de lo eco-chic, que tanto éxito tienen en nuestros barrios cerrados del norte de la provincia de Buenos Aires (no conozco otros, pero supongo que funcionarán según parámetros semejantes).

A uno le parece que todo eso convive armoniosamente y que las exenciones impositivas para la construcción con mano de obra local y capital extranjero (argentino, sobre todo) congenian bien en Uruguay y que en una sociedad civilizada la alternancia democrática está garantizada por una tolerancia ciudadana bien entrenada. Craso error.

Al querer pasar un peaje en la Interbalnearia, pensé que había una casilla de pago manual habilitada más allá de la cola tremebunda que tenía por delante. No fue así y cuando quise reincorporarme a la fila de autos (más adelante de lo que me permitía mi anterior posición) fui increpado por un conductor que me dijo que esperaba hacía largo rato. Le pedí que me disculpara, le expliqué que me había equivocado, y le desee feliz año. No me dejó meterme en esa fila y me gritó “¡No lo votes más, no lo votes más!”, porque pensó que yo era un votante del Sr. Lacalle Pou a quien él, claramente un votante del Frente Amplio, responsabilizaba por todos los males de Uruguay, incluida la deficiente organización de los peajes.

Tal vez tenga razón (pero yo, como nuestro presidente, prefiero no inmiscuirme en asuntos de otros países), pero me sorprendió que un mínimo desarreglo involuntario en una cola desatara una pasión política tan intensa. Lo mismo que en casa, pensé. Ni utopía ni barrio privado: Uruguay es nuestro espejito de madrastra de Blancanieves.

 


sábado, 1 de enero de 2022

Plegarias atendidas

Por Daniel Link para Perfil

No debería quejarme, porque todo sucedió según mi deseo, aunque los lectores de Teresa de Ávila o de Truman Capote saben que «Se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por aquellas que permanecen desatendidas».

Siempre odié a esa tribu urbana llamada “taxistas”, que nos miraban cuando necesitábamos de sus servicios y aceleraban frente a nuestras narices haciéndonos gesto de no con el dedito, o que cuando se dignaban a detenerse nos preguntaban antes de que abriéramos la puerta a dónde íbamos para decirnos que iban para el otro lado.

Si teníamos la suerte de que accedieran a llevarnos nos encontrábamos con la radio a todo volumen saliendo por los parlantes traseros y, algunas veces, éramos testigos de peleas callejeras entre diferentes integrantes de la tribu o con integrantes de esa otra tribu ominosa, los motoqueros.

Más allá de la guerra, de todos modos el taxista iniciaba una conversación imposible de sostener alrededor de tópicos como las tetas de alguna mujer parada en una esquina, los vagos que cortan las calles o las formas de exterminio a las que someterían a las personas que adherían a tal o cual opción política.

Sucedió la pandemia, sucedió el confinamiento. Sucedió que mi marido y yo nos quedamos sin auto y descubrimos, en octubre de 2021, que los taxistas habían desaparecido de Buenos Aires. Ya no hay taxis, es inútil buscarlos o esperarlos.

No me quejo de eso, pero sí tal vez de lo que surgió en reemplazo.

Ahora hay que pedir ubers o cabifys, si es que uno todavía se resiste a usar el transporte público por precaución sanitaria. Y sucede que esas compañías incluyen un suplemento tarifario por “alta demanda”. Y sucede que, advertidos de tal variación, nos han contado los choferes mismos de esas compañías, complotados en una plataforma de chat apagan sus aplicaciones hasta que la señal de “alta demanda” se enciende y entonces, sí, corren a buscarte.

Lo de “corren” es más bien metafórico, porque uno puede ver en la aplicación el movimiento lentísimo del cochecito de juguete en el planito y las circunvalaciones inexplicables que da para llegar al lugar de la espera. Pero al menos los autos están limpios, los conductores no hablan y no nos someten a la sordera.

¿Llegará el día en el que consigamos liberarnos para siempre de los aparatos, las aplicaciones y las intimidaciones?

Ése es mi sueño: encontrar un lugar donde cada movimiento no implique un desgaste irrevocable.

 

sábado, 25 de diciembre de 2021

Inteligencia y humanidad

Por Daniel Link para Perfil

El sopor del 25 no da para la disección de temas de alta filosofía. Dejo el planteo para más adelante.

Con las sucesivas versiones de Matrix (la última de las cuales acaba de estrenarse) y la proliferación de robots en los chats de whatsapp (atención al cliente, trámites municipales, bancos) ya es evidente que estamos en manos de una “inteligencia artificial” cuya incapacidad para resolver cualquier problema sólo es comparable con su capacidad para amedrentar a las personas.

Vayan como muestra mi últimos encuentros con esas inteligencias bélicas. Una universidad alemana me hace un pago muy módico por unas actividades académicas. El robot del banco me escribe con un tonito intimidatorio: “Estimado cliente: hemos recibido un pago en su cuenta de JOHANN-WOLFGANG-GOETHE. ¿Quién es esta persona en relación con usted y cuál es el motivo del pago? Le informamos que cualquier pago que no contenga un motivo claro será rechazado”. Estoy tentado de responder que le vendí al sujeto alimento para caniches (el animal que el diablo elige para entrar en la casa de Fausto) pero estoy seguro de que con eso me expongo a los robots asesinos que circulan por el mundo.

Ya nadie sabe cómo resolver la mínima cosa pero siempre hay un robot amenazándote. Como éste de una compañía de autos que, porque escribí “Esto parece una burla”, me contestó: “Este espacio está libre de insultos, te invitamos a conversar en otros términos”.

Pienso en Giorgio Agamben y en Massimo Cacciari. Levanto mi copa y les digo: “felices fiestas, chiquis”.

 

martes, 21 de diciembre de 2021

Duda y precaución

 

Y el final agambeniano suelto, para los perezosos:

sábado, 18 de diciembre de 2021

Vivir es jugar un poco

Por Daniel Link para Perfil

Fundación Proa inaugura hoy una muestra deliciosa, curada por Rodrigo Alonso, cuyo nombre lo dice todo: “Arte en juego”. Esa aproximación lúdica al arte argentino que gira en torno a los juguetes de artistas, los juegos y los deportes subraya la mutua implicación entre juego, imaginación y arte.

        La ocurrencia no puede ser más feliz, no sólo porque, como sabemos, la palabra “juego” convoca las ideas de límites, de libertad y de invención sino porque, como también sabemos, hay una mutua implicación entre juegos de lenguaje y formas de vida. Desde los juguetes de artista hasta las lógicas del juego aplicadas al arte, desde los juegos de roles hasta los aspectos lúdicos de las redes sociales y las nuevas tecnologías, todo en esta muestra permite interrogarnos al mismo tiempo sobre el arte y sobre la vida. 

        En sus Investigaciones filosóficas, Wittgenstein había subrayado que no siendo el lenguaje meramente designativo, sino una fuerza y un efecto (un acto de habla o de discurso), se comprende claramente que el lenguaje produzca formas (jurídicas) de vida. La infancia está constantemente producida por juegos del lenguaje. “Puede imaginarse fácilmente un lenguaje que conste sólo de órdenes y partes de batalla. —O un lenguaje que conste sólo de preguntas y de expresiones de afirmación y de negación. E innumerables otros.E imaginar un lenguaje significa imaginar una forma de vida.” 

        Lo mismo cabría señalar sobre el arte, que no representa el mundo sino que lo produce. O, como decía Goya: “El sueño de la razón produce monstruos”. No importa tanto (o sí, pero no tenemos tiempo) la oposición entre sueño y razón, sino el hecho de que un juego de imaginación-lenguaje produce formas de vida (monstruosas, potenciales, hipotéticas). 

        Samuel Beckett escribió como parodia del Génesis en Murphy: “In the beggining was the pun” (“el juego de palabras”). En 1719, Jonathan Swift había propuesto en Ars Pun-ica 79 reglas para componer juegos de palabras. Nabokov, que tradujo al ruso Alicia en el país de las maravillas (se sabe que las diferencias entre las Alicias reposa en los diferentes juegos que las organizan: un juego de cartas, un juego de tablero), se entregó sin pudor a esas pesadillas para los traductores. En Lolita leemos: “Guilty of killing Quilty” (“culpable de asesinar a Quilty”). 

        Por supuesto, no se trata de detenerse meramente en los juegos de palabras, pero si nos interesara el asunto, allí están Oliverio Girondo con sus poemas de En la masmédula (“soy yo sin vos / sin voz / aquí yollando / con mi yo sólo solo que yolla y yolla y yolla / entre mis subyollitos tan nimios micropsíquicos” o Cortázar con su gíglico en Rayuela. 

         Entre los antropólogos que elaboraron teorías culturales basadas en los juegos, Roger Caillois se destaca con Los juegos y los hombres (1967) donde, al mismo tiempo que especifica las actitudes elementales que rigen la dinámica lúdica —competencia, suerte, simulacro, vértigo— examina con el mayor detenimiento la sintaxis posible entre esas cuatro categorías, que a veces pueden mezclarse y a veces no. Caillois considera que los juegos guardan un misterio, precisamente por su estabilidad a lo largo del tiempo y a lo ancho del mundo: “Los imperios y las instituciones desaparecen, pero los juegos persisten, con las mismas reglas y a veces con los mismos accesorios”.  

        Entre la obra visible de Pierre Menard, Jorge Borges le hace enumerar a un narrador infatuado “un artículo técnico sobre la posibilidad de enriquecer el ajedrez eliminando uno de los peones de torre. Menard propone, recomienda, discute y acaba por rechazar esa innovación”. Antes, el ajedrez hindú de cuatro reyes se había transformado en el ajedrez medieval con reyes y reinas. 

        Esa permanencia de lo insignificante, que goza de una continuidad fluida y obstinada, ¿no evoca una dicha parecida a la que vibraba y nos interpelaba en el teatrillo de títeres El escándalo de la serpentina o el Proyecto Las Berninas, para los cuales Arturo Carrera y Emeterio Cerro convocaron a sus amigos artistas? 

        Jugar, imaginar, vivir: no se sabe bien dónde una cosa empieza y otra termina.

 

sábado, 11 de diciembre de 2021

Tecnologías del yo

por Daniel Link para Perfil

Es notable el escaso impacto que la noción de “tecnologías del yo”, acuñada por Michel Foucault, ha tenido entre las disciplinas asociadas con la puericultura y más en general con la infancia. Por supuesto, ese desdén se explica porque esa noción denuncia los obstaculos que las disciplinas (medicina, pedagogía, religión) ponen a la emancipación del self. Las tecnologías del yo “permiten a los individuos efectuar, por cuenta propia o con la ayuda de otros, cierto número de operaciones sobre su cuerpo y su alma, pensamientos, conducta, o cualquier forma de ser, obteniendo así una transformación de sí mismos con el fin de alcanzar cierto estado de felicidad, pureza, sabiduría o inmortalidad”.

Es verdad que Foucault no analiza sistemáticamente la infancia, pero su teoría da por supuesto que el proceso de formación del self está ya capturado desde el comienzo por las disciplinas: “el poder de los hombres sobre las mujeres, de los adultos sobre los niños, de una clase sobre otra, o de una burocracia sobre una población— supone cierta forma de racionalidad, y no de violencia instrumental”.

Hoy vivimos una etapa de transformación radical de las tecnologías del yo porque prácticamente no hay vida que no esté puesta al servicio del registro (fotográfico y videográfico). Una vida sin registro, parecería, es una vida que no merece ser vivida. La realidad ha sido reemplazada por el reality, con sus imperativos sobre el yo.

Véase este pequeño drama del último episodio del reality de mi nieta de cuatro años (que me mandaron ayer). Ella está guardando un trípode y un control remoto en una bolsita de terciopelo negro y dice: “No me agarra el wifi tan rápido”. Su padre le pregunta, esperando desestabilizar el hilo de su pensamiento: “¿Y para qué querés agarrar el wifi?”. Mi nieta (de cuatro años) le contesta: “Para que la música sone”.

El padre, y nosotros con él, dice sencillamente “Ahá”.


lunes, 6 de diciembre de 2021

Bird sings while Cage flies

 


sábado, 4 de diciembre de 2021

¡Llegó la navidad!

Por Daniel Link para Perfil

Hay un documental inquietante que Apple+ acaba de poner a disposición del público. Se llama Pelea antes de navidad y cuenta el enfrentamiento entre un fanático ultraderechista que considera legítimo su derecho a organizar un evento navideño en el barrio acomodado al que acaba de mudarse y los vecinos que no ven con buenos ojos que, de pronto, cinco mil personas o más paseen por el barrio de Idaho donde viven para mirar la casa iluminada a full del abogado Jeremy Morris, cantar villancicos, adorar al camello alquilado y tomar un chocolate caliente.

La asociación de vecinos le informa al recién llegado que ese evento viola las reglas de convivencia del barrio (un mamotreto de quinientas páginas) y allí comienzan las hostilidades. Morris convoca a la prensa y se declara perseguido por sus creencias religiosas (es un barrio de ateos, dice, que vulnera la libertad de culto), clama por su libertad amenazada (sus amigos le dan la razón: en Idaho no gustamos del gobierno federal, queremos ser libres, portar armas, rezar a nuestro Dios).

Luego de cinco festivales navideños de ocho días con creciente tensión entre ambas partes, con intervención de las brigadas paramilitares “constitucionalistas” de Idaho, el asunto llega a la justicia.

En primera instancia, la asociación de vecinos (muchos de ellos jubilados de buenos ingresos) es condenada. Luego, un juez federal anula el veredicto y condena a Jeremy Morris, que grita “socialistas” a los vecinos y “comunista” a su abogado a través de la pantalla de youtube donde mira el juicio. Ahora, todo está en manos de la Corte Suprema.

Dirigido magistralmente por Becky Read, el documento es precioso para nosotros porque nos muestra, en un contexto de psicosis americana, los valores semánticos y conflictivos de la libertad, que nunca viene sola, sino siempre acompañada de fantasmas que, entre nosotros, últimamente han adquirido una potencia amenazante.

 

jueves, 2 de diciembre de 2021

sábado, 27 de noviembre de 2021

Albertítere

Por Daniel Link para Perfil

Todavía no habíamos salido del éxtasis en el que nos había sumido la aparición de La follia di Hölderlin. Cronaca di una vita abitante (1806-1843) de Giorgio Agamben, con ese extraordinario concepto de una vida que vive según hábitos y habitudes y con el encanto añadido de que nos hizo recordar al Roland Barthes de Cómo vivir juntos) y ya estamos ante un nuevo regalo y un nuevo prodigio, su libro (de Giorgio) sobre Pinocho (Pinocchio. Le avventure di un burattino). ¡Qué año!

En los dos libros, Agamben se deja llevar por el rigor filológico que lo caracteriza para definir lo viviente y, en el segundo, la máquina antropológica en toda su potencia. La fábula de Pinocho, nos dice, se desarrolla de principio a fin a través de una serie de reveses inesperados y de pasajes incesantes de un contrario a otro. La única moraleja es que nada es como es: ni el bosque el bosque, ni el amigo el amigo, ni el burro el burro, ni el hada el hada, ni el grillo el grillo, sino que todo cambia y se transforma continuamente.

Como el pícaro (ese personaje tanto de la novela clásica como del Martín Fierro), Pinocho sólo puede vivir desviviéndose, perdiéndose y escapando obstinadamente de su propia vida. De allí el apuro de Pinocho. Cuando se encuentra con el caracol que tarda nueve horas en llegar del cuarto piso hasta la puerta y le pide que apure su marcha, éste le contesta: "Soy un caracol, y los caracoles nunca tienen prisa".

La marioneta anda a los saltos como un galgo o una liebre; no camina, sino que "corre" por los campos; va "siempre por delante de todos: parecía que tenía alas en los pies". ¿Por qué tiene tanta prisa Pinocho? No porque quiera convertirse en un niño. Más bien, la prisa forma parte de su naturaleza indefinida, de su des-vivir constitutivo, de su no ser, como el caracol, sólo lo que irremediablemente es. Al axioma del caracol, la marioneta podría responder especularmente: "No soy lo que soy, y por eso siempre tengo prisa".

Antes de su definitiva transfiguración, Pinocho sufre otra: se transforma en burro. Las dos naturalezas -la del títere y la del burro- definen entonces el verdadero tema de la historia de Pinocho. La marioneta - ¿el hombre? - es el misterio del burro, y el burro es el misterio de la marioneta demasiado humana.

Todas las aventuras narradas en el libro -incluida la última, la falsa transfiguración- no serían más que un sueño del títere maravilloso, que al final sueña que se despierta y se ve en un sueño, dormido y "apoyado en una silla", igual que al principio se había dormido en una silla, "apoyando los pies en una estufa". Pero el sueño (tan real como la vigilia) es sólo la otra cara del misterio que, como la marioneta y como el burro, seguimos llevando en nosotros sin darnos cuenta. Tal vez, agregamos a espaldas de Agamben, Pinocho sea Chucky.

 

sábado, 20 de noviembre de 2021

Las alarmas del sistema

Por Daniel Link para Perfil

Uno de los grandes filósofos del lenguaje, Karl Vossler, fijó su atención en los “desajustes” que se producen entre las dimensiones descriptiva y tensiva del lenguaje (Filosofía del lenguaje, 1923). Vossler se detiene ante determinadas experiencias escritas u orales que constituyen otros tantos actos de expresión que no necesariamente obedecen a esquemas y que se resisten a la sistematización. Tales formas no pertenecerían, en rigor, a la lengua como sistema, pero su existencia no puede ser desestimada como un mero “accidente” del sistema que debiera corregirse.

En los últimos días, hemos escuchado las voces de pánico ante el crecimiento del voto en favor de partidos o coaliciones que, ya sea porque abrazan y se sostienen en una hipótesis revolucionaria o ya sea porque impugnan el funcionamiento corporativo de la política como coartada para reducir la acción compensatoria del Estado, son designadas como “anti-sistema”.

¿De qué sistema se habla? ¿Y en qué sentido importa el “sistema” más que los actos de expresión que esos votos que se fugaron de las grandes coaliciones representarían?

¿Y por qué, finalmente, se obtura cualquier análisis sobre el acontecimiento de la expresión en favor de partidos pseudo-libertarios (pero cuyos programas de gestión abundan en las más atrabiliarias censuras, represiones y limitación de libertades) o en favor de posiciones que expresan todo lo contrario?

Hemos visto, en programas de televisión aterrados ante el posible desmoronamiento del “sistema” (¿pero cuál, cuál?) al Sr. Gabriel Solano (¡felicitaciones por su performance!) divertidísimo sacándose de encima acusaciones pronunciadas desde la más profunda ignorancia de lo que el trotskismo significa. Al mismo tiempo, hemos visto las sonrisas complacientes del periodismo ante los exabruptos de los señores Javier Milei y José Luis Espert.

Si la expresión de una sociedad pasa por acontecimientos que el sistema no puede procesar según su propia lógica, habría que analizar esos acontecimientos para comprender qué implican, y sobre todo, qué diferencias sostienen (no respecto del sistema, esa entelequia, sino mutuamente): el F.I.T es una cosa, Avanza/ Libertad (en cualquier orden) es otra muy distinta. El único riesgo del sistema es permanecer idéntico a si mismo, encaprichado en ignorar los desajustes, las expresiones, el cambio (que puede ser hacia adelante, pero también hacia atrás).

 

martes, 16 de noviembre de 2021

Una rareza