por Daniel Link para Perfil
El punto-fulcro es el punto de apoyo alrededor del cual pivotea una palanca (las articulaciones funcionan son puntos fulcros del cuerpo). Es lo que permite que se ejerza una determinada fuerza y, por lo tanto, el punto de riesgo del sistema. Podemos aplicar esa noción a.... los relatos.
Steven Spielberg, por ejemplo, es un buen narrador, hasta cierto punto. Basta con localizar los puntos fulcro donde la resistencia de la materia desbarata el relato para darse cuenta de su medianía. Pienso en Disclosure Day, de reciente estreno.
Es una película cuyo tema es la revelación de un secreto, el relato construido alrededor de él y por lo tanto, sobre unidades de información y su relación con la verdad. Empieza con un gran despliegue narratológico, in medias res. Y todo avanza con precisión hasta un cierto punto (fulcro). Ya bien avanzada la película, el personaje desempeñado por Emily Blunt va a conectarse telepáticamente con lo extraterrestre y la están monitoreando médicamente: tiene unos electrodos en la frente y un presurómetro amarrado al brazo sobre su pullover color mostaza. Parecerá un detalle insignificante, pero el diablo está en los detalles. ¿Es que nunca nadie en el gigantesco equipo de filmación de Spielberg se tomó la presión? ¿No saben que el aparato se aplica directamente sobre la piel?
Que el personaje de Emily se duerma con un papelito en la mano con la dirección del hotel donde se esconde (lo que permite que la encuentren mediante telepatía) es otro punto fulcro. Y ya con dos, todo el edificio se viene abajo, el relato se desmorona y empiezan a sucederse las estupideces y los caprichos. Aferrada a un dispositivo, Emily Blunt hace desaparecer a un grupo de personas y dos gigantescos camiones de bomberos, los malos provocan un corte de electricidad en una estación de televisión, que sigue funcionando mágicamente gracias a los poderes de Emily (y sin el delay de la conexión a internet), etc.
Retrospectivamente afecta a lo que ya habíamos visto: la réplica de una casa dentro de un galpón, hasta el más mínimo detalle (“para regresarte a la experiencia de la manera más familiar posible”) no tiene correlato en la presión arterial de Emily Blunt. La persecución asesina de la que es objeto es excesiva (que culmina con ¡un corte eléctrico!). Y lo que habíamos considerado prodigios de economía narrativa tal vez sean en verdad, cortes en una narración de duración inmoderada en relación con la estupidez alarmante de una trama que abusa del capricho y tergiversa su propio impulso hacia la verdad y la narración pura.
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