miércoles, 28 de julio de 2021

lunes, 26 de julio de 2021

Mirá, querida...

.... Yo fui unx de tus descubridorxs. Esperé, esperé, esperé. 

Me alegro mucho de último oro. 

 

Y bueno, sí, un poco de orgullo también. 

Pero tanta sobada de ganso, en fin...


 


 

 

El archivo te buscará para matarte

sábado, 24 de julio de 2021

La extrema derecha

Por Daniel Link para Perfil

El 16 de julio, Giorgio Agamben publicó en el blog de la editorial italiana Quodlibet una columna titulada “Ciudadanos de segunda” que centra su atención en la implementación del “green pass” europeo que autoriza los movimientos de los vacunados. Agamben asimila el “régimen despótico de emergencia” que vivimos al fascismo: “El hecho de que la vacuna se convierta así en una especie de símbolo político-religioso destinado a establecer una discriminación entre los ciudadanos queda patente en la irresponsable declaración de un político que, refiriéndose a quienes no se vacunan, dijo, sin darse cuenta de que estaba utilizando una jerga fascista: «los vamos a purgar con el green pass»”.

En Francia, la decisión de Macron de establecer la obligatoriedad de la vacuna para trabajadores de la salud desencadenó grandes manifestaciones, caracterizadas como de “extrema derecha”. Pero no se sabe bien dónde está la extrema derecha, sobre todo porque el presidente francés dijo que “la vacuna equivale no solo a salud, sino también a la plena libertad”, lo que parece avalar más bien la posición de Agamben que la de los periódicos europeos.

Tampoco se sabe bien cómo interpretar la “objeción de conciencia”, porque muchas veces se la evalúa en relación con el objeto sobre el que recae la objeción. Si un pacifista se niega, por propias convicciones, a participar de una guerra, pareciera que se trata de una buena conciencia, pero si lo que se objeta es la interrupción voluntaria del embarazo o, como en este caso, una vacunación de efectos todavía imprevisibles (mi hija tiene petequias desde que se dio la primera dosis de AstraZeneca, hace ya más de un mes), la conciencia es mala, malísima.

No se puede discriminar entre buenas y malas conciencias tan fácilmente porque eso implica, de inmediato, establecer jerarquías ciudadanas. Todos deberíamos tener los mismos derechos, con independencia de nuestras convicciones y las formas de vida que hayamos elegido.

Entre nosotros, los “pases de vacunación” ya empiezan a funcionar. Si un bar ya ha completado su aforo, podrá incrementarlo en un 20 % con la condición de que ese porcentaje esté integrado exclusivamente por personas vacunadas con al menos una dosis de vacuna.

Ese privilegio puede significar más bien poco aplicado al ejercicio de una actividad más bien nimia (¡ir a un bar!), pero aplicado a aspectos de la vida con un peso específico mayor (concurrir a un aula, a una sala de conciertos, subirse a un tren) la cosa cambia.

Podría desentenderme del problema, pero eso sería como repetir el gesto de indiferencia que denunció el pastor Martin Niemöller a partir de 1946: “Primero se llevaron a los no vacunados, pero a mí no me importó porque estaba vacunado”. Cuando el año pasado vimos Songbird, protagonizada por Demi Moore, nos pareció un disparate. ¿Lo era?

 

jueves, 22 de julio de 2021

sábado, 17 de julio de 2021

¿Por qué se mata?

Por Daniel Link para Perfil

No me voy a andar haciendo el cristiano primitivo (así llamaba Adorno a los cultores incondicionales de las dificultades del alto modernismo). Tengo mi corazón puesto en cierto trash industrial. Pero todo tiene un límite: las historias organizadas alrededor del superheroísmo y la brujería me duermen (literalmente), porque los superpoderes y los conjuros desbaratan la posibilidad misma de la narración. ¿Por qué en determinado momento se los usa, y en otros no? Todo eso arruina un poco la capacidad de disfrutar de un relato, porque uno sabe de antemano que no hay lógica narrativa posible (cuando la lógica narrativa está bien planteada, todo es posible).

Me duermo con Loki, la última excrecencia de Marvell, ahora incorporada al menú de Disney. Y me duermo también con 30 Monedas, que parecía una versión cachivache de ficciones paranoicas hasta que apareció una bruja. Alguien escribió por ahí que era lo mejor de la televisión española en toda su historia (le hago responsable por haberme hecho torrentear ese bodrio indigesto de HBO Europa). ¿Y El Cid de Amazon, qué? La primera temporada fue deliciosa. La semana que viene estrena la segunda.

A mi marido no lo sublevan (virtud de la que yo carezco) las incongruencias narrativas de los poderes sobrenaturales. En fin, que me duermo. Después, cuando me despierto, me dedico a lo mío. Por ejemplo, Marcella (2016). La serie estuvo ahí, disponible, pero con ese nombre...

Es un drama policial negrísimo creado por el sueco Hans Rosenfeldt, el mismo de Bron-Broen (The Bridge) y estelarizado por Anna Friel en el papel de una detective que tiene una cantidad enorme de problemas, entre los cuales se cuentan unos black-outs durante los cuales hace cosas que luego no recuerda.

Al final de la segunda temporada, luego de haber resuelto dos complejísimos casos, está al borde del suicidio. Y sin embargo hay otra temporada más, soberbia, que deja a las anteriores (que eran ya de por sí excelentes) como ejercicios preparatorios de un desenlace shakespeareano.

El guion es perfecto, progresivamente asfixiante y todo funciona como un mecanismo de relojería gracias a un equipo de directores que ya había brillado en Broadchurch, en Downton Abbey, en Wallander, en The Bridge.

Todo buen policial debe contestar con rigor a la pregunta de por qué se mata. Marcella va mucho más allá y trata de responder a la pregunta de por qué todos se matan entre si.

 

sábado, 10 de julio de 2021

La ñata contra el vidrio

Por Daniel Link para Perfil

En una entrevista reciente, Alejandro Katz caracterizó a la nuestra como una “sociedad fallida” y sostuvo que “lo que tenemos que empezar a decirnos es que la Argentina ha dejado de existir”.

Le escribí de inmediato lamentando su diagnóstico penoso (pero difícil de refutar) y le dije: “Hagamos algo”.

El problema va a ser, naturalmente, a quienes incluye ese plural del que depende todo.

Pienso, naturalmente, en Chile, un país que siempre nos pareció rarísimo y que, de pronto, nos da lecciones de democracia intensa. El domingo pasado, los constituyentes elegidos para redactar una nueva Carta Magna que reemplace a la actual, pergeñada por Pinochet y sus secuaces, consagraron como presidente de la Convención (con 96 votos en segunda vuelta) a Elisa Loncón, doctora en literatura, lingüista y activista mapuche.

¿Se imagina alguien un proceso semejante en Argentina, donde el resultado de la elección chilena (el triunfo de las fuerzas de la izquierda independiente y el partido comunista) fue condenado en la prensa como la venida del Anticristo?

¿Quien se animaría a dejarse representar en una Convención Constituyente argentina? ¿Y por quién, por cuál forma del resentimiento? ¿La de esa señora que mandó a los argentinos que quedaron varados no sé dónde a vender empanadas en las esquinas? ¿La de ese gobernador que cobra peaje para entrar a su provincia? ¿O la de ese ecónomo que todavía considera que el Sr. Cavallo fue el mejor ministro de la historia? Hagamos algo, sí, pero que se parezca a Chile.



jueves, 8 de julio de 2021

lunes, 5 de julio de 2021

sábado, 3 de julio de 2021

Las cenizas de Colón

La lotería de Babilonia

Por Daniel Link para Perfil

Y sí, hermanes, quélevamohacé, Borges está siempre ahí, es lo más a mano para explicarnos el vértigo que nos domina. “Soy de un país vertiginoso donde la lotería es parte principal de la realidad” dice (y al hacerlo hace coincidir nuestra voz con la suya) el narrador de “La lotería de Babilonia”, relato que ha sido leído como una alegoría del fascismo (la movilización total), de la democracia (la posibilidad de sustraerse a la fatalidad, a los dictados de las determinaciones), del peronismo (“los agentes de la Compañía usaban de las sugestiones y de la magia. Sus pasos, sus manejos, eran secretos. Para indagar las íntimas esperanzas y los íntimos terrores de cada cual, disponían de astrólogos y de espías” y “Los escribas prestan juramento secreto de omitir, de interpolar, de variar. También se ejerce la mentira indirecta.”)

Como esas cabezas forman hoy para nosotros parte de la misma Hidra, bien puede pensarse que el cuento cifra una postulación metafísica sobre Argentina.

He aplicado la interpretación babilónica a mi propio presente. La tirada de dados me favoreció con una primera dosis de la vacuna AstraZeneca (su versión indiana). No es que confíe más en su potencia de inmunización respecto de la de, digamos, Sputnik. Eso supondría alguna razón, completamente reñida con el azar. En este caso: AstraZeneca me permitirá atravesar fronteras una vez que complete mi esquema de vacunación, mientras que (por lo menos hasta ahora) Sputnik no.

¿Para qué someterme a una suerte inaudita? Tengo compromisos laborales allende los límites de la patria que debería atender, pero un nuevo giro de la rueda de la fortuna podría arrojarme a costas desconocidas.

Hoy conocemos un nuevo capricho de la lotería. En las siguientes semanas, sólo 600 personas por día de las miles que se han ido por diferentes razones (no haría falta invocar ninguna para viajar a donde uno se le dé la gana) podrán volver al suelo patrio. El número de desterrados crecerá exponencialmente hasta que en cada puerto aéreo del mundo haya una pequeña colonia habitando en carpas y aguardando la próxima suerte, una ficha imposible de prever dado el carácter completamente sobrehumano de la inteligencia que la fragua. ¿Seré parte de esos campamentos precarios cuyo objetivo último se nos escapa salvo como ejercicio de un poder subjetivo? “El pueblo logró que la Compañía aceptara la suma del poder público. (Esa unificación era necesaria, dada la vastedad y complejidad de las nuevas operaciones.)”

Esas operaciones, indiscernibles para el común de los mortales, afectan no sólo a la posibilidad de movimiento, sino también a los ingresos personales y a nuestra relación con el fisco. “La Compañía, con modestia divina, elude toda publicidad. Sus agentes, como es natural, son secretos; las órdenes que imparte continuamente (quizá incesantemente) no difieren de las que prodigan los impostores.”

Cada mañana es imprescindible que cada uno de los empleados de la Compañía (que es el único empleador del país, incluso cuando parezca haber otros) controlemos la danza de la fortuna (expresada en relaciones de cambio) para conocer cuántas monedas podremos ahorrar de nuestro salario o cuántas deberemos robar en la calle.

En un resultado de la lotería, se determinó el monto de la contribución que deberían realizar los inscriptos en el registro de artesanos y practicantes de las artes liberales. Un segundo resultado hizo que ese monto fuera retroactivo. La turbamulta elevó su voz destituyente. Un tercer resultado negó los anteriores (todo sucedió en el transcurso vertiginoso de media fase lunar) y transformó a los que antes eran deudores en acreedores del fisco.

“La Compañía (así empezó a llamársela entonces) tuvo que velar por los ganadores, que no podían cobrar los premios si faltaba en las cajas el importe casi total de las multas. Entabló una demanda a los perdedores: el juez los condenó a pagar la multa original y las costas o a unos días de cárcel. Todos optaron por la cárcel, para defraudar a la Compañía”, etcétera.

Por la sola fatalidad de ser argentino, “he conocido lo que ignoran los griegos: la incertidumbre”.

domingo, 27 de junio de 2021

Minas, criptas, textos

Por Rafael Spregelburd para Perfil

El portal de Business Insider de México dio cuenta de la decisión de China de prohibir a veintiseis minas de criptomonedas que sigan haciendo eso que se supone que están haciendo. Son muchas suposiciones: que el portal exista, que haya minas que creen valor, o que sepamos si es cierto que los bitcoins se pueden desplomar tan imprevistamente como surgieron. Cayeron un 11% y no sé si es mucho porque no sé cuánto es el 11% de equis.

No es la invención de un valor basado sólo en su capacidad de encriptamiento lo que preocupa al gobierno chino; los motivos son ecológicos. Las computadoras que pican la piedra de lo inasible para acuñar criptomonedas consumen una cantidad enorme de energía y China se preocupa por el impacto ambiental de tan esquiva praxis, tan espinosa como el criptoarte. Así como antes un artista podía imprimir una cantidad de copias de sus serigrafías y vender cada una a un precio en relación con el número limitado de reproducciones, el criptoarte supone algo así como la repartición en acciones de una imagen. El comprador tiene acceso a una versión en píxeles y su placer de posesión va ligado a la certeza de que unas computadoras le garanticen que esa imagen no se reproducirá más veces de las prometidas en la compra. Es cierto que si lo llamamos compra la cosa huele a estafa, pero si lo pensamos como donación (coleccionistas actuando como mecenas que hacen posible la vida de artistas emergentes) la estafa presenta su doble filo más inquietante: no importa cuál sea el soporte material de las imágenes, éstas parecen surgir de una mina inacabable que es financiada por el excedente de otras operaciones económicas. Gastar el dinero que no se necesita para la subsistencia primaria en financiar la producción de imágenes.

Este cambio de paradigma material proviene –no podía ser de otra manera- del campo de las artes visuales, siempre a la vanguardia en relaciones de poder entre imagen, materia, posesión, frivolidad, placer y evanescencia.

¿Pero qué sucederá con las otras ramas del arte y la expresión? Por ejemplo, con las palabras. Pronto también los escritores podrían escribir a pedido o casi de mecenas lectores, que financiarían novelas o poemas entre varios para que su autor no dependiera de las reglas del comercio o del gusto hegemónico. Que algunas bandas de música ya lo hacen no es tampoco novedad, como Einstürzende Neubauten, que produce sus canciones al amparo de donaciones de los fans. Canciones a veces invendibles.

La cosa se pone más picante si ahora hemos de considerar que el soporte que permite la difusión virtual del arte consume energía y es contaminante. ¿Habrá que seleccionar qué obras vale la pena producir? Como cuando se tala un bosque para editar un libro y entonces el libro debe ser tan bueno que justifique el hacha.

Estamos lejos de desanudar la trama entre arte y mercancía.

 

sábado, 26 de junio de 2021

O inventamos o erramos

por Daniel Link para Perfil

Y de pronto, el dedo tieso de la segadora toca los corazones y los paraliza. Odio las necrológicas y los elogios fúnebres. El domingo, Juan Forn murió de un infarto y el martes Horacio González cedió al abrazo de la peste.

No hace falta cometer la torpeza de fingirse amigo de ellos para lamentar sus muertes.

Llorar a los otros es llorar la propia soledad porque cada vez que alguien muere nos quedamos atónitos ante la falta de interlocución, de complicidad, de disidencia.

Cuando alguien de la generación previa a la nuestra desaparece nos sentimos abandonados a nuestra suerte y a nuestra ignorancia. Y cuando alguien de nuestra propia generación nos deja es como que una puerta queda abierta para que los vientos entren y se lleven todo por delante. Queda un lugar vacante, una herida que tal vez nunca termine de cerrar.

Yo me había reservado, para esta semana, la historia de ese semi dios escandinavo que cayó muerto en el campo de combate para resucitar después de un cuarto de hora.

Pero nuestros muertos no son como Christian Dannemann Eriksen. Los nuestros se van del todo y para siempre y nos obligan a revivirlos de otro modo.

Lo que hay que hacer es encarnizarse en el empeño de sostener una mirada sobre todo lo que hicieron y el modo en que definieron el presente nuestro, cada uno desde su lugar, que no necesariamente coincide con el propio.

Y transmitir a quienes nos sucedan la obligación no de ver el mundo a través de los ojos de ellos sino de ver en lo que inventaron la posibilidad del salto hacia un futuro.

Juan Forn inventó, entre otras cosas, una literatura argentina que antes de la colección Biblioteca del Sur no sólo no existía sino que era insospechable. Horacio González nos regaló versiones memorables de nuestro pasado cultural, político, estético e ideológico.

Sé que la divisa de Simón Rodríguez que titula esta nota le gustaba a Horacio, pero a Juan también le sentaba.

 

miércoles, 23 de junio de 2021

Horacio González (1944-2021)

por Daniel Link para Mu

Se pueden discutir las opciones ideológicas de una persona que, como Horacio González, nos ha abandonado a nuestra suerte. Se puede discutir también su obra inmensa. Lo que no se puede negar es que esa obra existió y existe. Que Horacio González modeló buena parte de lo que consideramos nuestro presente.

Horacio fue un militante, un intelectual, un funcionario público, un conversador incansable y un gran escuchador. Nunca fui su alumno, pero lo imagino un profesor generoso, dispuesto a compartir sus saberes. Después de todo, así funcionaba fuera de las aulas. En contra de lo que suele suceder con figuras de su talla, compartir un panel con él implicaba siempre (subrayo: siempre) su escucha atenta y una devolución enriquecedora.

Como bien señaló María Pía López, Horacio funcionaba en tribus o manadas. La más célebre de ellas fue sin duda el colectivo Carta Abierta, que sesionaba en la Biblioteca Nacional durante su gestión al frente de esa institución a la que le devolvió el brillo que había perdido, sosteniendo la revista La Biblioteca y una innumerable cantidad de colecciones de libros.

Pero hubo, por supuesto, otras tribus: las cátedras de las que formó parte, los proyectos de investigación e intervención pública de los que participó.

Creo que no hay una sola fotografía de Horacio González donde su cara no aparezca dominada por una melancolía profunda. Le había tocado en suerte esa máscara, pero no era una persona exenta de alegría.

De hecho, su prosa tan rica, tan brillante, abunda precisamente en eso, en explosiones de alegría, en volutas y circunloquios que son como una espuma riente superpuesta a la gravedad de las cosas que tenía que decir.

Cualquiera de esos acontecimientos que nos paralizan por un rato porque nos exigen una toma de posición encontraba en Horacio una resonancia particularmente rica. Había que esperar a que Horacio se expidiera en sus columnas de Página/12, no tanto para mimetizarse con sus opciones (aunque casi siempre tenía razón) sino para conocer mejor el campo de tensiones respecto del cual había que decidirse.

Al faltarnos Horacio nos faltan, hoy, su amabilidad, su capacidad crítica, su orientación sobre qué deberíamos ser capaces de pensar. Nos falta casi todo.

 

Juan y yo

por Daniel Link para La Agenda

No creo que haya habido un universo posible en el que Juan Forn y yo compartiéramos gustos literarios o ideas sobre la cultura.

Y sin embargo, trabajamos frente a frente durante siete años, él editando las 32 páginas de Radar y yo las 8 páginas de Radarlibros, trabajo para el cual él me había convocado, con una confianza ciega.

Para mí fue una experiencia al mismo tiempo enriquecedora y dichosa. Podíamos discutir con Juan, pero siempre había un acuerdo fundado en el respeto mutuo. Además, siempre supe que nuestras diferencias se neutralizaban en un horizonte ético donde el trabajo tenía que ejercerse sin dañar a nadie.

A Juan le gustaba formar tanto como a mí me gusta enseñar. Son incontables las personas que aprendieron periodismo cultural de la mano de Juan.

Cuando tenía que editar una nota, muchas veces lo hacía con sus colaboradores sentados a su lado, para que vieran qué cosas podían mejorarse.

Cuando decidió retirarse para mejorar su calidad de vida, yo supe que mis días como editor estaban también contados. Lo extrañé entonces, y voy a extrañarlo todavía más ahora, porque sé que ya ningún azar alcanzará a reunirnos.



jueves, 17 de junio de 2021

Soy moderna

Por Daniel Link para Perfil

Sólo muy cada tanto me desvelo. Anoche, a las 4 de la mañana, me desperté incomodado por ciertos restos diurnos, y ya no pude dormirme.

Prendí el televisor en el instante justo en que empezaba una “comedia romántica” protagonizada por Anne Hathaway en el papel de una enferma de Parkinson en fase 1. Su contrafigura es un visitador médico de la empresa Pfizer en los años en que se lanza el Viagra, que llevó a la farmacéutica a una ganancia neta de US$21,308 millones en 2018, antes de que se venciera la patente del vasodilatador y empezaran a aparecer genéricos a troche y moche.

Con semejante balance, no sorprende que Pfizer gaste cientos de millones de dólares anuales en promoción y honorarios jurídicos. Amor y otras adicciones (2010) no escatima detalles sobre el arte que ejercen los visitadores para convencer o engañar a los médicos, presentados como víctimas de la máquina farmacológica: congresos-orgía pagos en diferentes paraísos del mundo, cuando no directamente sobres con miles de dólares para que receten la propia droga y no la de la competencia (en la película, Pfizer compite con Lilly por la hegemonía en el campo de los odiosos antidepresivos: Zoloft vs. Prozac).

Ahora, el departamento publicitario de Pfizer ha impuesto las ideas de que su vacuna es maná caído del cielo y de que sólo los tratos con otras compañías son sospechosos de corrupción.

No estaría mal que quienes participan del decadente universo periodístico argentino vieran esa película que pone en evidencia su ignorancia y su mala fe, antes que nada.

Gracias a la manía bien paga de la prensa, tememos a los trombos de Astrazeneca (cuya segunda dosis ya fue prohibida en dos países) porque nadie informa sobre las miocarditis que provocaría la vacuna de Pfizer.

Odiar la propaganda fascista no implica venderse a la propaganda capitalista. En tren de adherir imaginariamente a una vacuna elijamos el “¡Soy Moderna!”

 


sábado, 12 de junio de 2021

Shakespeare y Borges

Por Daniel Link para Perfil

Anne Hathaway se despertó alarmada en su casa de Temple Grafton. El cronotopo de muñeca, un dispositivo para viajar a través del tiempo y el espacio que además le enviaba informaciones sobre las coordenadas que visitaba, había estado sonando desde hacía varios minutos y finalmente le dio una leve punzada que la arrancó del sueño.

Chequeó la pantallita y verificó que su marido, William Shakespeare, acababa de morir de nuevo, esta vez como el primer hombre que había recibido la vacuna de Pfizer contra el virus covid-19.

Se vistió a toda prisa y calibró el cronotopo para que la transportara a su residencia de Los Ángeles, a finales de mayo de 2021. Anne tenía esperanza de convertirse en la heredera del que se decía que acababa de morir, pero sobre todo terror de que esa nueva desgarradura temporal destruyera un mundo de por si en precario equilibrio.

Ya en Hollywood, se dedicó a revisar las publicaciones sobre la noticia. La BBC había consignado que la presentadora Noelia Novillo comunicó consternada el fallecimiento de William "Billy" Shakespeare de 81 años.

No era raro que el informe original se originara en la televisión de un país que tantas veces se había rebelado al Imperio Británico (con aceite hirviendo en el Siglo XIX y con una guerra destemplada bien entrado el Siglo XX). Después de todo, el nombre Shakespeare había sido sostenido como ariete cultural del imperio y, como Anne sabía, todas las hipótesis sobre la autoría de los dramas y poemas de Billy (que firmaba lo que Christopher Marlowe, luego de su muerte fraguada, escribía para su teatro) habían sido sepultadas por el bien de la Corona.

Otro escritor nacido en el mismo país que la señorita Novillo había escrito que, en efecto, “Shakespeare es cifra de Inglaterra; así lo ha querido el consenso del tiempo y del espacio” (la infatigable Anne se había encargado de consolidar ese consenso usando su cronotopo de muñeca).

Para casi todo el mundo, incluso para Borges, a quien Anne había conocido en Ginebra, “logrado el bienestar económico”, Shakespeare “dejó caer la pluma que había registrado, casi al azar, tantas inagotables páginas, y se retiró a su pueblo natal, donde esperó los días de la muerte y no de la gloria”. Pero Billy que “se había adiestrado en el hábito de simular que era alguien, para que no se descubriera su condición de nadie”, no esperó la muerte, sino que se sustrajo a ella, viajando a través del tiempo y del espacio para siempre.

Casi al mismo tiempo de ese nuevo fallecimiento, comprobó Anne, la policía de un conocido balneario argentino detuvo a los integrantes de una organización delictiva que actuaba bajo las órdenes de Jorge Luis Borges. Entre otros crímenes, se comprobó que Borges había robado identidades amparado en la certeza de que “yo soy los otros, cualquier hombre es todos los hombres”.

 


viernes, 11 de junio de 2021

Juego de tronos

Drag Race, la genial invención de RuPaul, llega a España el mismo año en que una competencia salteña domina la virtualidad desde Youtube. La expansión del mundo drag (con su política de los nombres y los gestos inapropiados) es ya una marea imparable.

por Daniel Link para Soy

En una de sus más celebradas ficciones, el cuento “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, Borges escribe la premonición “El mundo será Tlön”, porque a partir de “la primera intrusión del mundo fantástico en el mundo real”, “la realidad cedió en más de un punto”.

De todas las interpretaciones del cuento de Borges, la mejor es la que hace equivaler el país Tlön (y el Orbis Tertius con él relacionado) con el advenimiento de la cultura global de masas como un régimen de producción de diferencias y semejanzas y como una política de los nombres y los gestos inapropiados.

En ciertas performances que hoy reconocemos como drag o como crossplay, pero que tienen una larga trayectoria en Occidente, se aúnan el uso de un disfraz asociado con un nombre genérico (“hombre” o “mujer”) que recubre un cuerpo que desnudo se asocia con el nombre paradigmáticamente opuesto, y el desempeño de una serie de gestos tradicionalmente asociados con el traje que se viste. El efecto de estos usos de gestos y ropajes es la interrupción del género como categoría continua.



La función dragamática supone la cita de gestos en el sentido en que Brecht la concebía, como una interrupción de la relación entre lo mostrado y el mostrarse a si mismo. Los gestos deben impedir que la diferencia entre ambos registros desaparezca. La interrupción, glosa Benjamin en sus Tentativas sobre Brecht, es uno de los procedimientos de forma fundamentales. Citar un gesto implica interrumpir su contexto identitario. El gesto es siempre, en su esencia, gesto de no conseguir encontrarse en el lenguaje (en el propio nombre), es siempre drag. En el caso que hoy nos interesa, ciertos seres tienen nombres fantásticos y se apropian de la gestualidad femenina (pero no son propiamente “mujeres” ni necesariamente aspiran a serlo).

Drag Race A mediados de 2008 RuPaul Andre Charles (1960) comenzó a producir su programa de telerrealidad (o reality show) Drag Race, que venía a coronar no sólo su propia práctica sino también su lema: “You can call me he. You can call me she. You can call me Regis and Kathie Lee; I don't care! Just as long as you call me” ("Puedes decirme él. Puedes decirme ella. Puedes llamarme Regis y Kathie Lee. ¡No me importa! Siempre y cuando me llames"). En esa realidad aumentada o en ese mundo fantástico que toma a la realidad por asalto, la única norma es la política de los nombres y pronombres inapropiados que, naturalmente, es correlativa de una gestualidad impropia y, por eso mismo, política.

Muy pronto el show se duplicó y a la carrera de debutantes se agregó una segunda, la carrera de “all stars” (concursantes previas que no habían alcanzado la corona). A partir de 2010, RuPaul's Drag U (suerte de escuelita pública de dragueo para “mujeres” así designadas al nacer) tuvo tres temporadas. Si bien careció del éxito de los otros shows, es una pieza imprescindible para comprender la lógica y la filosofía del drag, que no necesariamente implica una dialéctica del género, sino una estética del simulacro (en la última temporada de Drag Race llegó a la final un hombre trans, el primero en concursar, que obligó a reformular los latiguillos discursivos de RuPaul).

La explosión Pareciera que nuestro tercer milenio ha encontrado en el dragueo una forma de pensar el presente. A los shows decanos de RuPaul se sumaron hace poco su versión canadiense (bastante penosa, muy lejos de los originales), la versión UK (que supera todo lo conocido, abriéndose a un universo donde todas las referencias previas colapsaron), la versión holandesa, la versión “sur global” (Australia y Nueva Zelanda), las giras y los especiales sobre los shows permanentes en Las Vegas, y varias concursantes de RuPaul lanzaron sus propias telerrealidades, etc.

La última joya de la corona es Drag Race España que, a las previsibles cualidades de sus versiones anglosajonas, agrega el “salero” peninsular y una cierta incorrección política (en fin: guaranguería) que mejora todavía más el efecto final. La conducción, a cargo de Supremme de Luxe es burocrática y deslucida, pero el brillo de las concursantes permite disimular ese traspie de producción. Se destacan la sevillana Carmen Farala, la valenciana Hugáceo Crujiente (ganadora del primer episodio) y la jovencísima Inti, de Bolivia (de identidad trans y que forzó durante un segmento la declaración de “no binario”: que levante la mano quiénes se reconocen como no binario. Fueron cuatro).

No es el primer o único intento de una carrera de drags en la lengua de Cervantes. Chile lo intentó en 2015 con el show The Switch Drag Race, todavía atado a los valores del transformismo (“hombres de día, mujeres de noche”, decía la presentadora; “imitación” era la descripción de la práctica drag y “sufrimiento” el anzuelo para la audiencia). Duró poco.

En Argentina, Salta lo está haciendo desde marzo de este año con su Juego de reinas, que no sigue el formato de Drag Race. Si bien la producción del Canal 10 salteño es algo precaria, el programa se apropia con soltura de los fundamentos del dragueo: la apropiación de gestos, la interrupción de las identidades continuas, el juego o simulacro y la danza libérrima de los nombres. Puede verse por youtube.


Mientras tanto, en los Estados Unidos, el ex “American Idol” Clay Aiken producirá un nuevo programa de noticias diario, NewsBeat, con Bianca Del Rio y más ex concursantes de RuPaul's Drag Race como presentadors y corresponsals.

Como en Juego de Tronos, las dragonas se apoderan del universo. Y, como en Borges, el mundo será drag.

 

 

jueves, 10 de junio de 2021

Metafísica de la presencia

 


miércoles, 9 de junio de 2021

lunes, 7 de junio de 2021

Todo sobre Molloy

 

 

Se emite a través del canal de youtube de UNTREF

 



sábado, 5 de junio de 2021

El mundo de Molloy

Por Daniel Link para Perfil

Hace un par de años empezamos a planear un homenaje a Sylvia Molloy. Habíamos comprometido una lista de invitados de todo el mundo y de todas las especialidades, que se habrían dado cita en Buenos Aires en octubre de 2020. Nada de eso pudo suceder por razones sanitarias, confinamientos, prohibiciones de viajes.

Pero el entusiasmo de los convocados, sin embargo, no cesó: desde hace dos años giramos como derviches desbocados o como satélites averiados alrededor de Sylvia, nuestra estrella en un mundo desastrado. Meses atrás decidimos hacer pública esta celebración colectiva mediante un número fuera de serie de Chuy. Revista de estudios literarios latinoamericanos, la revista que la cuenta en su consejo académico, que ya está colgado y listo para su lectura. El número será presentado el próximo 9 de junio con un brindis, ay, virtual.

Yo, que había leído casi todo lo que Sylvia había escrito, me sentí obligado a revisitar algunos textos que volvieron a deslumbrarme pero en los que, además, fui capaz de notar cosas en las que antes no había reparado.

Por supuesto, siempre supimos que Sylvia es una de las más exquisitas lectoras que Argentina ha dado (y exportado). Así como existe un Kafka de Deleuze (es decir: una manera de entender a Kafka que no puede prescindir de Deleuze) o un Baudelaire de Benjamin (por lo mismo), hay un Borges de Molloy, porque hoy ninguna lectura de sus lecturas puede prescindir de Las letras de Borges (1979), libro que yo había leído en mis años de estudiante sin entenderlo bien del todo.

Allí Sylvia escribe, como al pasar, que los fragmentos de texto (de un texto único, incesante) son “hechos móviles”. Pero esa definición acompaña todo su trabajo de escritura (no importa en qué género se instale). Escribir no es exactamente darle una forma discursiva a una imagen, ni tampoco imprimir en una página determinados trazos, porque la literatura es un “hecho móvil”, lo que involucra no sólo una dimensión lingüística o textual sino, sobre todo, gestual y vital.

Gestos, ademanes, poses. Como si se nos dijera: lo que te define no es tu encarnizamiento en tu propia práctica, sino un cierto deseo, una inclinación, una atracción, un gusto.

Se trata de una manera de estar en el mundo lo que, fundamentalmente, hoy tenemos que agradecerle a Sylvia (sí, claro, también su inteligencia, también su sutileza, también su generosidad). Ilumina una parte del mundo y nos deja vivir en él.

sábado, 29 de mayo de 2021

Cataratas de pasión

Por Daniel Link para Perfil

Habíamos aprovechado el último congreso de la Latin American Studies Association al que fui en 2019 para visitar Toronto y las cataratas del Niágara. Se trata de un congreso que se organiza para que coincida más o menos con el Día de los Caídos, feriado estadounidense.

Como este año el Congreso se adelantó un poco (comenzó el 25 de mayo) y yo tengo obligaciones a las que no puedo renunciar ni virtualmente, en marzo canjeamos millas para el 19 de mayo y reservamos tres noches de hotel, porque me parecía poco patriótico que mi marido no conociera nuestras cataratas, más majestuosas aún que las norteamericanas.

Ya prácticamente sobre la fecha del viaje, comenzaron los rumores de encerrona. Viajamos bien (con el horario del vuelo cambiado como cuatro veces), nos hisoparon en Iguazú, el resultado fue negativo, disfrutamos de la Garganta del Diablo, del Circuito Superior y de la extraordinaria vista desde nuestra habitación (yo había llevado a mis hijos, hace 20 años al Hotel Internacional: no correspondía que mi esposo aceptara un destino inferior).

El vuelo de vuelta era el sábado al mediodía, con el nuevo DNU ya vigente. Durante el desayuno, un señor muy apesadumbrado vino a comunicar a los huéspedes que los Parques Nacionales habían cerrado desde las cero horas, así que quienes habían llegado en los vuelos del viernes no iban a poder ver las Cataratas.

Cuando al volver le comenté a mi mamá la penosa circunstancia me contestó, con un kirchnerismo de amianto: “bien hecho, para qué se fueron”.

 

viernes, 28 de mayo de 2021

El armario de los recuerdos

La película El baile los 41 ficcionaliza uno de esos acontecimientos que parecen iluminar la pequeña historia de una comunidad ya muy antigua y tal vez un poco caduca (integrada por homosexuales masculinos) pero que, bien mirados, muestran los momentos de riesgo de la Historia con mayúscula.

Por Daniel Link para Soy

Netflix acaba de estrenar una película simpática y mediocre, El baile de los 41, que ficcionaliza los acontecimientos de la “Gran Redada”, cuando 41 o 42 caballeros de la alta sociedad mexicana fueron arrestados por conducta indecorosa en una fiesta en la que se entregaban a placeres reñidos con una concepción tradicional de la hombría mexicana (incluidos el dragueo de la mitad de ells y una rifa para pasar la noche con el más hermoso de los chicos de alquiler de la ciudad de México).

Más allá de las cualidades específicamente cinematográficas (el relato es pobre en pormenores psicológicos, el guión es endeble, las escenas sexuales son un poco antiguas en su coreografía, los planos exteriores son siempre demasiado cortos porque ampliarlos hubiera significado dar cuenta del paso del tiempo) lo que hay que señalar de la película es la misoginia y la homofobia de su punto de vista. La esposa del protagonista (la hija del Presidente Porfirio Díaz) es mala y resentida y las locas que se dan cita detrás de la tienda de tabaco son superficiales, mezquinas, ambiciosas y corruptas.

Un poco de historia

Todo sucede casi al final del Porfiriato, el período (28 de noviembre de 1876 al 25 de mayo de 1911) durante el cual México estuvo bajo el control militar de Porfirio Díaz, quien debió exiliarse en Francia pocos meses después del triunfo de la Revolución Mexicana.

La fiesta de las 41 maricas a las que el título se refiere sucedió el 18 de noviembre de 1901 cuando la “Gran Redada” desmanteló el Club de Caballeros que se entregaban al amor que, por entonces, no osaba a decir su nombre.

Cuentan las malas lenguas que esa institución había sido fundada años antes bajo la regencia de Fernando Maximiliano José María de Habsburgo-Lorena, quien había renunciado a todos sus títulos para ser el emperador de México con el título de Maximiliano I (que coincidió con el gobierno de Benito Juárez, responsable de la consolidación del Estado mexicano como tal). Hace veinte años, en la crónica que escribió a propósito de la Gran Redada, Carlos Monsiváis se quejaba de lo poco que se sabía de la homosexualidad durante el Porfiriato antes del Baile de los 41. Según Salvador Novo en sus memorias (publicadas póstumamente recién en 1998), Antonio Adalid, hijo de un caballerango del emperador Maximiliano y ahijado de los emperadores, fue el alma de las fiestas clandestinas de fines del XIX y principios del XX con el sobrenombre de Toña la Mamonera. El periódico El Hijo del Ahuizote, que publicó la noticia de la Gran Redada, sin dar nombres propios, aclaró además: "No daremos a nuestros lectores más detalles por ser en sumo asquerosos".

Así no hay investigación ni película posible. En “Los 41 y la gran redada”, Monsiváis se lamenta: “Casi toda la información disponible viene del cotejo con los documentos de otras sociedades”. Habrá que hacerle caso, porque al comienzo del siglo XX el armario sexual comenzaba a requebrajarse globalmente (así en México como en Berlín), aunque en otras latitudes la prensa cumplió un papel más útil para los nostálgicos y los historiadores.

La raza maldita

En una carta de 1908 Proust cuenta que ha pasado 60 horas sin dormir (del 4 al 6 de julio). La hipótesis de los biógrafos y los críticos: es el período en el que comienza a escribir En busca del tiempo perdido porque encuentra los nombres de sus personajes, en particular el de esa forma de vida que Proust llama la “raza maldita”. Las fechas coinciden, en efecto, con el escándalo que estalla por esos días en el círculo de Liebenberg, como se conocía al grupo más íntimo de los asesores del emperador alemán Guillermo II (de los Hohenzollern). El nombre se derivaba del palacio de Liebenberg, pripiedad de Philipp zu Eulenburg, asesor destacadísimo del Kaiser, que da nombre al escándalo que a Proust le llamó tanto la atención.

En 1902, el periodista Maximiliam Harden, en desacuerdo con la política exterior del Kaiser, chantajeó personalmente a Eulenburg para que abandonase su puesto de embajador en Viena. Eulenburg se retiró temporalmente de la vida pública. Cuando reapareció en 1906, Harden volvió a la carga y comenzó a denunciarlo públicamente por sus preferencias sexuales, su anti-imperialismo y sus anglofilia (como si una cosa fuera consecuencia de la otra).

En 1908, en una sobremesa imperial, el secretario militar Dietrich von Hülsen-Häseler cayó muerto de un ataque al corazón mientras realizaba un pas seul vestido sólo con un tutu de ballet. El episodio reveló un trasfondo alarmante en los altos mandos del ejército alemán y el servicio exterior y motivó una serie de juicios marciales en los círculos en los que participaban centralmente el príncipe Philipp von Eulenburg y el general Küno von Mottke, quienes fueron acusados de homosexualität y conspiración para influir en Guillermo II. De los juicios participaron activistas de la “causa gay” muy reconocidos (Adolf Brand, Magnus Hirschfeld), además de todos los involucrados, sus esposas y parientes.

El caso fue muy documentado en la prensa europea y en particular la francesa, donde la homosexualidad pasó a llamarse “el mal alemán” e incluso en los urinarios públicos, donde los “entendidos” se preguntaban: “¿Hablás alemán?”.

Revolución y Guerra

La documentación de la Gran Redada es muy escasa, y todo se limita a las habladurías y las sospechas porque “de esas cosas no se habla”. Los listados de la policía incluían 41 o 42 nombres porque uno de ellos era el de Ignacio de la Torre (para más datos: vestido de mujer), el yerno del presidente Porfirio Díaz, quien prefirió que los asuntos de Nacho no salieran a la luz.

La prensa de la época sólo insiste en que todos eran “niños ricos” y “pollos gordos”. Pero, de todos modos, el pasaje de la “fiesta” del ámbito de lo privado al de lo público marca un umbral de visibilidad que el siglo XX se encargará de amplificar y de depurar de la moral veterotestamentaria. En Cancionero folclórico mexicano, Margit Frenk consigna esta copla:

De aquellos que están allá,

no me parece ninguno:

el uno ya está muy viejo

y el otro es 41.


Según los entendidos, el abandono de Guillermo II de las posiciones moderadas después del affaire Eulenburg terminaría desembocando en la I Guerra Mundial. En la hacienda de Ignacio de la Torre, en Morelos, trabajó por un tiempo Emiliano Zapata, que fue por vez primera a la ciudad de México como caballerango de don Nacho, quien le tuvo especial afecto por su destreza en la monta. En ese viaje, en el que sabe Dios qué pudo haber pasado, Zapata perfeccionará su desprecio hacia los sectores aristocráticos y también su homofobia.

Nunca hay que subestimar el poder de un escándalo de locas que, bien visto, es capaz de cambiar el curso de la Historia. Eso sí, hay que saber contarlo.

 

sábado, 22 de mayo de 2021

Cono Sur

Por Daniel Link para Perfil

Argentina se acerca a pasos agigantados a su peor pesadilla, ser la lacra de esa inestable unidad geopolítica conocida como “Cono Sur”, además del lastre del Mercosur (caracterización que desencadenó una respuesta airada y completamente fuera de lugar del Sr. Fernández, el principal responsable de nuestros sueños intranquilos).

A la derecha de Argentina (lo que es su Oriente), Uruguay es una república de solidez indiscutible que se ha convertido en el paraíso de los cultores del libre mercado, la acumulación (a veces insensata, a veces no) de capital y, más recientemente, la meca de la industria audiovisual de la región. Además, el país ha implementado una política migratoria de atracción de grandes y medias fortunas y se ha aliado con Brasil para bregar por una mayor apertura de las economías del bloque. En los últimos días, incluso, se ha convertido en destino de asilo político para algunos argentinos “perseguidos por la ley”.

A la izquierda de Argentina (lo que es su Occidente), Chile acaba de celebrar unas elecciones para constituyentes ejemplares. El resultado favoreció ampliamente a los sectores de izquierda independiente que protagonizaron la protesta de octubre de 2019 (lo que significa que la pandemia no necesariamente detuvo todos los procesos políticos), quienes bajo el rótulo “Del Pueblo” consiguieron 24 constituyentes. “Apruebo Dignidad” (Partido Comunista y Frente Amplio) obtuvo 28 escaños, “Apruebo” (buena parte de la Concertación que gobernó Chile entre 1990 y 2010) se quedó con 25 sillas y la derecha gobernante (que utilizó el absurdo y amedrentador lema “Vamos por Chile”) obtuvo la magra cifra de 37 representantes, lo que no le permitirá influir en la redacción de la nueva constitución ni vetar artículos (para lo que era necesario contar por lo menos con un tercio de la asamblea, es decir 52 convencionales).

Además, la elección se realizó según un mecanismo de paridad de género único en el mundo, que garantiza un mínimo de 45% de convencionales mujeres, los miembros de la Constituyente no pueden participar de la gestión de gobierno al mismo tiempo y, además, se reservaron 17 puestos para representantes de los pueblos indígenas. A fines de junio comienzan las deliberaciones que deberán arrojar, después de 9 meses un nuevo texto constitucional.

Mientras tanto, en Argentina la coalición gobernante actúa como un boxeador ebrio al borde del knock out, tirando golpes al aire sin ton ni son, sin que se sepa bien cuál es el consejo más adecuado para guiar el brazo del combatiente. Ah sí, en Argentina todo es un combate y todo es heroico: desde la llegada de un avión con unos cientos de miles de vacunas rusas, pasando por la defensa a rajatabla de los subsidios energéticos a los sectores más privilegiados, hasta la sempiterna pelea con la oligarquía ganadera, privada en estos días de la posibilidad de exportar.

En el exterior, nadie sabe bien para dónde va Argentina y aquí adentro, nadie parece querer reconocer que el país se hunde irremediablemente por el embrutecimiento de su clase política (cualquiera sea la alianza que se considere), incapaz de cualquier gesto de grandeza, aferrada a sus pequeños terrores y anteponiendo siempre, siempre, el negocio personal a la aventura colectiva, el resentimiento al horizonte compartido.

Boqueamos en una ciénaga con el barro hasta el cuello y el chistecito de “hay que pasar el invierno” se ha convertido ya en una sentencia dantesca: “hay que pasar el infierno” (que nunca llega, que nunca se acaba). ¿Qué vendrá después? Probablemente más inflación, más miseria (¿se puede ser todavía más miserable?), más omertá y menos humildad, más obstrucción a cualquier iniciativa razonable y menos imaginación, más palabrerío hueco y la misma obsesión insensata por un poder que no se vuelca a la solución de los problemas del pueblo, cada vez más atónito ante el egoísmo y la insensibilidad de la clase política.

El proceso chileno ha sido caracterizado desde diferentes posiciones como una “esperanza” para América latina. ¿Hay esperanza para América Latina? Sí, sí, infinita esperanza, pero no para nosotros.

martes, 18 de mayo de 2021

Ciberfilologías

La nueva aplicación de Google puede ayudar a preservar los idiomas en peligro de extinción

Google ha lanzado una nueva aplicación que puede ayudar a preservar las lenguas en peligro de extinción. A través de la aplicación "Woolaroo", los usuarios pueden aprender diez idiomas que desaparecen tomando fotografías de objetos. Además de ofrecer una nueva herramienta de aprendizaje, la aplicación proporciona una forma para que las comunidades indígenas preserven su patrimonio.

Woolaroo admite diez idiomas de todo el mundo: criollo de Luisiana, griego de Calabria, maorí, náhuat, tamazight, siciliano, Yang Zhuang, Rapa Nui, yiddish y yugambeh, sitio web de noticias holandés NU.nl informó. Dado que estos idiomas no se hablan con frecuencia durante décadas, corren el peligro de ser olvidados. La aplicación debería evitarlo.


sábado, 15 de mayo de 2021

Bésame mucho

Por Daniel Link para Perfil

En enero de 2010 se estrenó el episodio “Moon Landing” de la primera temporada de Modern family. Allí Alex, la hija del medio, pregunta en un momento: “¿Qué es Jägermeister?”. Su padre le contesta: “Uhm, viste cómo en los cuentos de hadas siempre hay una poción que hace que la princesa se duerma y entonces el muchacho empieza a besarla? Es más o menos como eso, excepto que no te despertás en un castillo, sino en una fraternidad, y con una mala reputación”.

Más de diez años después, la ocurrencia de unos guionistas memorables volvió con toda su fuerza, ahora de la mano de militantes feministas que reclaman la suspensión del beso a Blancanieves en Disney World porque entienden, con razón, que un beso a una chica narcotizada no es un comportamiento a ofrecer como modelo.

Del mismo modo habría que objetar que un lobo disfrazado de anciana espere en la cama a la niña inocente para susurrarle al oído “para comerte mejor” o que dos hermanos desesperados arrojen al horno encendido a la anciana que les brindó su hospitalidad.

Los cuentos de hadas abundan en peripecias más o menos espeluznantes y en general se entiende que canalizaban los terrores de épocas pretéritas. No sé si es posible convencer a las infancias actuales de que conserven la distancia filológica necesaria para entender esos relatos.

Pero incluso más inquietantes que esos episodios de velada sexualidad (naturalmente, héteropatriarcal por dónde se la mire) son directamente los personajes principescos como modelos a adoptar.

Una vez le compré a mi nieta un juego de piezas de madera con dibujos, que se encastran aleatoriamente para formar una historia. Había una princesa, una especie ausente de su repertorio de lecturas. Juntos inventamos el cuento de que, desde la torre, veía pasar al niño campesino triste y que, para aliviar su pena, le exigía al rey la reforma agraria y, de paso, la abolición de los títulos nobiliarios.