jueves, 4 de octubre de 2012

Lo importante es saber quién manda, eso es todo

Hace un par de días vinieron a hacerme el molde de yeso para el corset de polipropileno que me acompañará (que me vestirá) durante las próximas semanas (o meses). Pedí encarecidamente que la parte exterior de mi armadura tuviera six-packs bien marcados y unos pectorales sobre los cuales poder dibujar luego unas areolas suculentas y que dieran envidia al mismísimo Batman (el de Szuchmacher).
Hoy, cuando vinieron a probarme el dispositivo inmovilizador de mi columna (se supone que no debo agacharme, ni rotar el torso, en fin: las cosas que uno más gusta hacer cuando anda por el mundo), para mi sorpresa, la parte exterior de mi coraza me volvía más parecido a Humpty Dumpty que al vengador enmascarado de Ciudad Gótica. "No se puede todo", dijo el técnico, despreciando mis reclamos.
Mis amigos diseñadores y artistas plásticos ya fueron avisados, a ver si, un día de éstos, pueden intervenir el horrendo dispositivo como para que tenga algún sentido la fiesta de disfraces con la que se pretende celebrar mi regreso al mundo.


La semilla de la vida

10 motivos para luchar contra el proyecto de ley que pretende privatizar las semillas en la Argentina
Sectores del Agronegocio, de las transnacionales, asi como el Ministro de agricultura y otros funcionarios, vienen trabajando sobre un nuevo proyecto de Ley de semillas. Segun los borradores que se conocen y por las declaraciones publicas, el mismo busca subordinar la politica nacional de semillas a las exigencias de la UPOV y las transnacionales.
Las consecuencias las sufriran los campesinos y agricutores familiares, pero tambien el pueblo argentino, ya que golperá sobre el mercado interno de alimentos.
Podemos afrimar que:
  1. La ley propuesta no protege los conocimientos ni la biodiversidad; sólo fomenta la privatización y protege la propiedad sobre lo que es un patrimonio colectivo de los pueblos, especialmente de las comunidades campesinas y los pueblos indígenas. De esta forma expande un principio inaceptable, el de que es posible y aceptable privatizar los conocimientos y diversas formas de vida La ley es parte de un conjunto de normas e iniciativas políticas que fomentan la privatización de los conocimientos y de las formas de vida, como las leyes de patentes, la privatización de los sistema de investigación, la privatización de la educación, etc. Este tipo de normas concentra un poder creciente en manos de unas pocas empresas transnacionales, expropia y privatiza el patrimonio biológico nacional, arruina los sistemas nacionales de investigación, dificulta el intercambio de información -fundamento del avance científico-, agrede e impide el normal desarrollo de las formas campesinas e indígenas de relacionarse y hacer agricultura, y violenta principios éticos fundamentales, como es el libre acceso al conocimiento. Al permitir la privatización de las semillas, esta ley y su antecesora además ponen el lucro por sobre el derecho fundamental a la alimentación.
  1. Abre las puertas para que se profundice la expropiación y privatización de la biodiversidad agrícola y silvestre de Argentina. El proyecto de ley hace posible la mayor privatización de los recursos genéticos y de la biodiversidad nativa de Argentina al expandir los llamados derechos de obtentor sobre las especies vegetales. Al aplicarse la ley a todas las especies vegetales, el proyecto permite que toda especie nativa pueda transformarse en propiedad de empresas nacionales o extranjeras. Lo único que se requerirá es hacer un trabajo simple de selección para lograr una población o grupo de plantas relativamente homogéneas. Adicionalmente, el proyecto de ley facilita que cualquier empresa se apropie de las variedades campesinas e indígenas, al considerar como “nuevo” cualquier variedad que no haya sido comercializada ampliamente o inscrita en registros de propiedad intelectual.
  1. Ilegaliza o restringe gravemente prácticas que han estado en vigencia desde los inicios de la agricultura, como es el seleccionar, mejorar, obtener, guardar, multiplicar e intercambiar semilla libremente a partir de la cosecha anterior. Esta práctica es un derecho fundamental de los agricultores y agricultoras del mundo -incluso reconocida por el Tratado de Recursos Fitogenéticos de la FAO- que además fue central en crear la diversidad y riqueza genética utilizadas por las mismas empresas semilleras que buscan hoy prohibir aquella práctica. El proyecto de ley impedirá que las comunidades campesinas e indígenas experimenten, mejoren e intercambien libremente las semillas, proceso a través del cual generaron toda la diversidad que hoy sustenta a la agricultura. Peor aún, la combinación de esta ley con la ley de patentes hará posible que los agricultores cuyas variedades hayan sido contaminadas por cultivos transgénicos sean penalizados y sus variedades sean confiscadas. Se crea así una clásica situación del ladrón detrás del juez.
De esta manera, el proyecto de ley entra en conflicto con el Tratado de Recursos Genéticos de la FAO, del que Argentina es signatario.
  1. Fortalece las condiciones para que se profundice la introducción de nuevos cultivos transgénicos y su expansión, al otorgar propiedad sobre variedades sin exigir prueba efectiva de mejoramiento y en base a la simple expresión de un carácter. La definición de los requisitos para otorgar propiedad no exige que una variedad sea efectivamente mejor que las ya existentes, ni siquiera exige que sea útil o inocua. Al definir que basta la diferenciación de un carácter, facilita significativamente la práctica común de las empresas biotecnológicas de utilizar variedades antiguas para adicionar transgenes o genes cosméticos (sin valor productivo, pero capaces de provocar una diferencia visible) y luego registrarlas como “nuevas”. La no exigencia de mejorías comprobables o de inocuidad facilita además la introducción de cultivos tóxicos.
  1. Crea condiciones para expandir la presencia de empresas semilleras transnacionales en el país, en desmedro del desarrollo nacional de variedades vegetales. La experiencia mundial ha demostrado que las leyes de propiedad industrial sobre las plantas han provocado un proceso de concentración extrema de la producción de semillas a nivel mundial, restringiendo así el acceso a nuevas variedades. Al no permitir el libre uso de las variedades existentes para crear nuevas variedades -base de los grandes avances en mejoramiento genético- la nueva ley hace muy difícil el ingreso de nuevos actores a los procesos de mejoramiento genético, reduciendo así la oferta tecnológica.
  1. Al otorgar poderes monopólicos sobre las semillas, dificultar los procesos de mejoramiento genético independiente, impedir que los agricultores produzcan sus propias semillas y facilitar los procesos de concentración de las empresas semilleras, provocará inevitablemente el alza de los precios de las semillas, encareciendo la producción agrícola en general y la de alimentos en particular. El proyecto de ley crea las condiciones para un control monopólico del primer eslabón (las semillas) de la cadena de producción de los alimentos, quedando gran parte de la población expuesta a esta vulnerabilidad. Esta situación a la fecha no ha sido posible debido a que la producción de semillas se encuentra en manos de muchos y muchas agricultoras.
  1. Otorga a las empresas semilleras el “poder de policía”, ya que deja en sus manos el asegurar que las disposiciones de la ley se observen adecuadamente. Es conocido que empresas como Monsanto y Syngenta han creado verdaderos cuerpos policiales para controlar que los agricultores y campesinos no utilicen lo que ellos consideran su propiedad. Se violan así incluso normas fundamentales del país, como el que los cuerpos policiales están bajo el control y mando del Estado y los poderes fiscalizadores dependen o son supervisados por éste. Es inadmisible la privatización del poder de policía.
  1. Permite el decomiso y embargo de los cultivos y cosechas de quienes sean acusados de no cumplir con la ley. Esto se puede traducir en la destrucción de cultivos y plantaciones frutales, en el decomiso de productos ya a la venta, e incluso en el embargo de exportaciones argentinas. La ley facilita demandas sin fundamento y limita el derecho a defensa de los demandados.
  1. El proceso de negociación de la ley está viciado de secretismo y sectarismo al ser llevado adelante a puertas cerradas y únicamente con la participación de sectores corporativos, sin darse a conocer al público el borrador que se está discutiendo ni posibilitar la participación de toda la sociedad en el debate. Una nueva Ley de Semillas de estas características afectará al conjunto de la sociedad. Impedir su debate público es un atentado a los derechos humanos de todo el pueblo argentino. Negar la información sobre el Proyecto, como ha hecho el CONASE a las organizaciones que lo han solicitado (no respondiendo el pedido) demuestra que no existe intención alguna de abrir las puertas al debate.
  1. El anuncio de la modificación de la Ley hecho simultáneamente con la aprobación de la soja rr2 de Monsanto confirma quien es el principal beneficiario de este Proyecto. La anunciada “Alianza Estratégica” con Monsanto tiene a la modificación de la Ley de Semillas como uno de sus pilares. De hecho, la mayor corporación biotecnológica del mundo ha expresado este reclamo desde comienzos del Siglo 20 exigiendo que Argentina le garantice la “seguridad jurídica” para introducir nuevos transgénicos.
Hacemos un llamado a Rechazar un proyecto de ley que atenta gravemente contra el conjunto de los habitantes de nuestro país. La agricultura tiene un carácter eminentemente social, puesto que tiene la función de sustentar y alimentar a toda la población. Poner en riesgo la seguridad y soberanía alimentaria de Argentina a través de la concesión de nuevos privilegios para las empresas transnacionales que están en el negocio agrícola es avanzar por el camino de la pérdida de soberanía para nuestro pueblo.
  • NO A LA PRIVATIZACIÓN DE LAS SEMILLAS Y LA VIDA
  • FUERA MONSANTO Y LAS CORPORACIONES DEL AGRONEGOCIO DE AMÉRICA LATINA
  • POR UNA AGRICULTURA PARA ALIMENTAR Y EN MANOS DE LOS PUEBLOS
Organizaciones firmantes:
Movimiento Nacional Campesino Indígena
CLOC - Vía Campesina Argentina
GRAIN
Amigos de la Tierra
Acción por la Biodiversidad
Enviá tu adhesión a: carlos@grain.org  o secretaria.mnci@gmail.com 
 

miércoles, 3 de octubre de 2012

Codo a codo, todos juntos somos más...


¡No se cuelguen de mis tetas!

The Gay Elements: Buenos Aires Salon Life and The End of Cool

por Canuto Cañete

The final group are the Susan Sonntag-like poofters. These are the self-proclaimed intelligentsia of intelligence and brilliance of intelligent proportions. Their ethos is based on a precarious belief of self worth that even a whisper could shatter. Before that happens they run towards self monumentalisation and, in many cases, through persistence and boldness they achieve it. Daniel Link a.k.a The Soviet is one example. He is so up there with other self made men turned into Gods through apotheosis such as Hercules and Evita (Christina?) that nothing touches him. I answered in this blog his ‘theory’ of love and he replied by copying and pasting making a joke about when in the second page of his recent book he states: ‘prohibida la reproduccion parcial o total de este libro sin mi autorizacion’. So the fact that I state that my writing has ‘all rights reserved’ seems funny to him  as if I had no rights. Not really addressing the issue of love he, I would say, disqualified me as ‘Canuto Cañete, Conscripto del Siete’. Like an 8 year old child, Link receives either devotion or rejection, nothing in between. 
In his ‘Textos de Occasion: Metodo/Politicas/ Forma de Vida/ Amor al Arte/ Diario de un televidente/Lost’, he gathers a series of commentaries that are the outcome of the mechanics of his Augustan mouth, fingers or fingertips moving and all this is expected to be considered in the context of the economy of the relic. At least, he thinks so. Ninety pesos poorer and somehow annoyed by the lack of, which word to use for this book, ‘curatorship’ (?) I found an article called ‘ Le temps retrouve’ (unsurprisingly only the title is in French). In that article he tells how boring he is and how little effort he puts in showing that boredom when invited to the house of a ‘dear friend’ for a ‘soiree’. And he says: ‘I tried to disguise my discomfort wandering around the salons and the splendid gardens, always in fear of being caught by someone wanting to know something new about my life’. An embarrassment of riches of sorts, Link discloses not only lack of gratitude as a guest but he dismisses with elan other people’s interest. Soviet as he is, he forgets that this is a society where small talk does not mean what it seems but it is a tribal way of keeping us alive, together, warm and motivated in the illusion that same day we are not going to die alone. The problem with Link is that all this comes as a reversal of values of low over high. A Fuenteovejuna without stories to tell, Daniel Link finds cool-ness in boredom and greyness. He is what in my Tango-bound country we call a puto triste

martes, 2 de octubre de 2012

Oikonomía

Según Aristóteles, tres círculos concéntricos organizan el comportamiento: el comportamiento individual se rige por la ética; el de la vida familiar, se rige por oikonomia (cuyo valor supremo es el desinterés),  y el político, el gobierno de la polis, la ciudad autónoma, por la soberanía.
En los últimos casos los tres círculos han coincidido uno sobre otro en mi casa, transformada en sede de internación domiciliaria.
Además de la manada habitual (nosotros y nuestras gatas), acuden a nuestro hogar dos enfermeras por día: una muy temprano (hacia las siete de la mañana), la otra a primeras horas de la tarde (las 3) y últimas de la noche (las 23). La razón es monótona: deben administrarme por vía endovenosa los antibióticos necesarios para la recuperación de mi cuerpo (no para mí, sino para el bien, es decir: el amor)
Las gatas han reaccionado con fidelidad de manada y no dejan de controlar el procedimiento sanitario, como si entendieran algo o como si, en su estupor felino, pensaran que sus lenguas constituirían mejor tratamiento reparador que cualquier otro. Fueron las primeras que supieron que yo estaba no sólamente adolorido, sino gravemente invadido por una bacteria "decimonónica".
La muerte de Eric Hobsbawm, hace unos días, me llevó a pensar en frases hechas del insigne historiador marxista que incorporamos a nuestro vocabulario. El "siglo XIX largo" vs. el "siglo XX corto", es un ejemplo que, inmediatamente, trasladé a mis padecimientos y otros males afines. Hay enfermedades largas y enfermedades cortas. Naturalmente, las enfermedades largas son las que requieren largos, larguísimos tratamientos: la osteomielitis, la tuberculosis, ésas y otras similares.
Pero volvamos a los círculos que organizan el comportamiento según variables diferenciales.
Mis enfermeras (provistas por la cobertura médica que tengo) son dominicanas: una es una dominicana enfática, a la que habríamos colocado más del lado del pete que del suero, y  la otra es una dominicana igualmente baja, menos pulposa, y que trabaja en un geriátrico. Es obvio que nos pusimos, prontamente, mientras el suero baja de su recipiente plástico a mi vena, a conversar sobre asuntos de trabajo, migraciones, economías regionales y delicias tales.
Las dos abandonaron su patria en momentos en que Argentina era un destino de moda (el momento "Cucurto"). Ahora, me dicen, las dominicanas eligen antes Chile que Argentina o España.  
La razón es sencilla, en lo que a nuestro país se refiere. Paloma (o Carmen, según el documento) ha dejado a su hijo de 13 años en la patria y tiene que mandarle remesas de dinero a la abuela que lo cuida. Antes, con la misma cantidad de dinero argentino ganado, podía girar doscientos dólares (lo que en la isla, parece, es una cifra respetable). Ahora, con el mismo dinero, apenas si alcanza los cien. Además, las autoridades migratorias argentinas exigen, desde hace poco, visa a los dominicanos (lo mismo empezó a suceder en Chile cuando la marea isleña cambió de destino migratorio).
En esto, su historia se parece a la de Marta, asistenta doméstica, que sufre desde hace meses la misma suerte: sus dos hijos, que quedaron en Lima, no pueden recibir las remesas por las cuales su madre trabaja aquí de sol a sol. Y tampoco puede traérselos con ella porque no hay manera de encontrar al padre para que firme los papeles correspondientes (éste es otro tema, pero merece ser mencionado como variable oikonómica).
Antes, Paloma podia aquí vivir (alquilar un cuarto en un hotel, comer), girar dólares a su familia (lo que constituye una parte nada desdeñable de las economías latinoamericanas) y ¡ahorrar!
La ética, la oikonomía y la política atraviesan mi hogar (que es como un péndulo que se mueve lentamente del siglo X)X al XXI) de parte a parte y, como anoche, me arroja a las playas de sueños inquietantes... Pero eso es otra historia.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Yo, la recomiendo



















Foto: Sebastián Freire (ahora también en twitter)


Pienso, luego existo

--> por Daniel Link para Perfil

¿Son mejores o peores los alumnos y los docentes de Harvard que los de La Matanza? Por muchas razones, la pregunta es incontestable, pero decir “Esto es Harvard, no La Matanza”, ya sea por una pregunta mal digerida o por un comportamiento inadecuado (las crónicas difieren en este punto, pero me atengo a la de Página/12) es de mal gusto, insultante y, sobre todo, irresponsable, dado que se trata de una universidad estatal que depende, como todas, de las autoridades que rigen su destino, en primer término, y del Estado Nacional, que les remite fondos para su funcionamiento, en última instancia...
Digo “última instancia” y llego al corazón de esta reflexión. El carácter profundamente reaccionario del kirchnerismo se reconoce en el rechazo alérgico a las categorías clásicas de la interpretación cultural marxista, dentro de las cuales, la noción de “imaginario” ocupa un lugar incómodo pero, al mismo tiempo, central (la categoría no debe ser escondida debajo de la alfombra, sino revisada constantemente).
Para el kirchnerismo no hay pensamiento (ni propio ni ajeno), no hay dimensión imaginaria (ni propia ni ajena). Nadie se equivoca. Todos somos, sencillamente, piezas móviles (idiotas útiles o estúpidos imberbes) en un juego incomprensible del que participan sólo ciertos poderosos. Si alguien pregunta al poder regente algo que éste no quiere contestar, es porque fue mandado literalmente por los conspiradores del campo enemigo y no porque haya una dimensión, la ideología, que haya interpelado y moldeado esa conciencia (la tarea de la universidad no es sino desmontar esos mecanismos ideológicos). El que pronuncia una pregunta idiota (todos de acuerdo) está leyendo un papelito que le pasó Lanata o un mensaje de texto que le mandó Magneto.
El retroceso que significa un pensamiento semejante ha quedado claro con la desafortunada referencia de la Sra. Fernández a la Universidad de la Matanza, a la que se refirió como el otro extremo de una escala (equivocándose en eso, como en tantas otras cosas, por pura logorrea) y la airada defensa de sus canes cerberos que, aplicando la misma regla que ellos aplican al campo enemigo, sólo podrían ser entendidos como peones ciegos de un juego que no entienden.
El rector de la Universidad de la Matanza se manifestó dolido y el Intendente del partido y no sé qué otros obsecuentes salieron a desmentirlo y a decir que las palabras de la Sra. Fernández, cuándo no, habían sido malinterpretadas.
No importa cuan idiotas pudieron haber sido las preguntas formuladas por los alumnos presentes en Harvard (cualquier docente sabe que las preguntas estudiantiles casi siempre se formulan, legítimamente, desde el lugar de la incomprensión: un alumno es un educando, alguien que no sabe, cuya conciencia está en un lugar equivocado y que, por eso, estudia), pero lo que es seguro es que respondían no a un mandato conspiracional sino a una configuración ideológica compleja.
Simplificar el asunto como lo han hecho los perros de palacio durante los últimos días es una forma de soberbia peor que la que puede deducirse de las palabras de la Sra. Fernández: la soberbia de los subalternos.
La “dorada juventud” a la que ahora se quiere dotar de los derechos de voto, tiene esas cosas (evidentes tanto en Harvard como en La Matanza): a menor formación teórica, mayor permeabilidad y sujeción a la ideología dominante que, en nuestro país, se llama Kirchnerismo, y cuyas unidades (casi todas ellas) son nefastas: el ser viviente como consumidor, en primer término; y es mejor reinar en una Villa que gobernar en una República, en segundo lugar.


sábado, 29 de septiembre de 2012

Copy-paste

--> por Daniel Link para Perfil

Mi última columna sabatina en Perfil se llamó "Vandalismo" y su objetivo era censurar una cierta obstinación del poder regente en destruir lo que existe y no en construir lo inexistente.
Por desgracia, el cierre (anticipado) de la semana pasada me pescó armando el bolso, no para aprovechar el fin de semana largo, sino para someterme a una severísima terapia antibiótica contra una bacteria que me habita en contra de mi voluntad.
Entre una cosa y otra, terminé enviando al editor de estas páginas un borrador más bien deshilachado, sin conclusión alguna y con larguísimas citas textuales tomadas (sin aclaración) de otros diarios. De la penosa confusión de los archivos me di cuenta recién el sábado y no antes, pese a las advertencias de Guillermo Piro, a quien le respondí con lacónicos correos como de personaje de La montaña mágica.
Aclaro, pues: las autoridades tienen todo el derecho del mundo de despreciar la Feria del Libro en su forma actual y no tendría yo argumentos para defender ese círculo del infierno salvo una cierta expectativa favorable a la actual directora, Gabriela Adamo. Por lo demás, es verdad que la Rural es odiosa, los stands resultan carísimos para los editores de menores recursos, etc.
Pero la Feria del Libro, iniciativa privada, funciona con éxito desde hace décadas según sus criterios, y no parece la mejor idea el chantaje estatal para intervenirla ("o la mudan a Villa Martelli o suspendemos las compras de libros a través de la CONABIP"), sobre todo porque la mudanza, por si misma, no va a mejorar el evento y muy probablemente lo aniquile por la carestía de transporte público.
El Estado tiene el poder, el derecho y la obligación de imaginar instituciones de cultura y pedagogía adecuadas a su ideario (no importa que yo los comparta o no). No debería, en cambio, destruir lo ya existente so pretexto de llenar un vacío de políticas propias que no es sino el índice de una pobre y esquemática imaginación.
Pero, en fin, nada de esto quedó claro porque mandé un archivo equivocado: pido disculpas a los lectores pero, sobre todo, a los compañeros periodistas cuyas notas fueron copiadas sin aclaración alguna.

viernes, 28 de septiembre de 2012

La casa del ser

La internación y el arresto domiciliarios son como las astucias últimas del panoptismo, cuya eficacia está naturalmente relacionada con el costo social del servicio de separación y secuestro de los cuerpos.
Hagamos de la casa propia una sucursal de la cárcel y el hospital, donde el delincuente y el paciente serán tratados como en esas instituciones pero con costos sensiblemente inferiores al sostenimiento de un ejército sanitario y carcelario por parte del Estado y, sobre todo, comprometiendo al sujeto (al sujetado) en su propia sujeción.
Se dirá que se trata de regímenes más liberales (es decir: menos autoritarios) que los que regían en los grandes centros panópticos del XIX, y eso es cierto: en mi casa puedo regular a mi antojo el régimen de visitas, las comidas y los consumos recreativos (de tabaco, por ejemplo). Pero, al mismo tiempo, se trata de responsabilizar al anormal (el enfermo, el criminal) de su propia recuperación social, lo que da un poco de vértigo. Y el aplastamiento de la dimensión imaginaria del asunto (las fantasías carcelarias, las ensoñaciones hospitalarias, El expreso de medianoche, La montaña mágica) nos sume en el aburrimiento.
Mi régimen de internación domiciliaria supone la visita cada ocho horas de personal de enfermería que me administre el antibiótico que la aniquilación del Staphylococcus aureus que anida en mi tercera vértebra lumbar requiere. En cuanto a la analgesia y al reposo (imprescindibles en los casos de osteomielitis), todo corre por mi cuenta: yo lo administro y yo lo pago.
En su sermón 12, Maister Eckhart (1260-1328) señaló que "El hombre que se mantiene así en la Voluntad de Dios nada quiere de nada que no sea Dios y lo que es la voluntad de Dios. Si estuviera enfermo, no desearía la salud. Todo sufrimiento le es un gozo, toda multiplicidad es para él la Unidad, a condición de permanecer verdaderamente en la Voluntad de Dios. Le fueran adjudicados los tormentos mismos del infierno, tendría gozo y beatitud. Es libre, ha salido de si mismo; y debe estar desapegado de todo lo que le pueda tocar. Para que mi ojo pueda ver los colores, debe estar libre de todo color. Cuando veo un color azul o blanco, la visión de mi ojo que ve el color, es decir aquello que ve, es idéntico a lo que ven los ojos. El ojo en el que veo a Dios es el mismo ojo en el que Dios me ve. Mi ojo y el ojo de Dios son un solo y único ojo, una sóla y la misma visión, un sólo y el mismo conocimiento, un sólo y un mismo amor".
La herejía del Maestro fue retomada  siglos más tarde (tachando la parte más sadomasoquista o mística o capitalista del asunto: el sufrimiento como gozo, pagate tus analgésicos), por Angelus Silesius (1624-1677), de donde la citan Borges y Barthes. 
Traducida a la situación panóptica, la reversibilidad del ojo y la mirada hace del anormal su propio vigilante.
La casa (οἶκος) se transforma así en un diminuto campo de batalla donde los antibióticos luchan contra el invasor (las únicas enfermedades no imaginarias, como se sabe, son las que dependen de esa lógica de lo alienígena: virus y bacterias) y donde lo público (la sanidad pública) instala su lógica soberana devorando todo el espacio privado.
Dejo para mañana la crónica mariamorenesca de mis encuentros con la enfermería ambulatoria. Tengo, ahora, que encargar mi corset de polipropileno, que me transformará en una mezcla de Robocop y Carmen Miranda.
"Sacate fotos. Es ahora o nunca", me escribe Guillermo Piro. Tal vez consiga que la prensa pague por ellas.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Qué opio...

Muchos amigos me preguntaron: ¿qué onda la morfina? Vuelto a casa, en régimen de internación domiciliaria y con analgésicos ya no endovenosos sino orales, puedo decir, sin culpa (porque la ciencia me llevó a ese camino que yo no hubiera elegido por mí mismo): la extraño.
La morfina es, como todo el mundo sabe, un opioide controlado utilizado como anestésico y analgésico. Doy fe de sus excelencias en esas áreas. Al mismo tiempo induce a un cierto desapego de la conciencia respecto del cuerpo (ni mío ni de nadie), particularmente apto para los estados de ensoñación.
No tratándose de heroína, ni de puro opio, naturalmente, hay que esforzarse un poco en el control del flujo ensoñativo. O, más bien, en el marco o umbral de imágenes en relación con las cuales uno se dejará llevar (aunque el factor de arrastre de la morfina no sea muy elevado).
Una experta en estas lides, mi chamana hospitalaria, me escribió que "al principio cuesta y puede pasar como con esa máquina que inventó Cohen para un Once del futuro: fallar en sus promesas de jolgorio y la alucinación consistir en encarnar en un camionero que está ajustando algo bajo el mionca. Una vez fallé en mis destrezas y aparecí frente a un conmutador lleno de luces prendidas, incomprensible, además se sospechaba que no llevaba a charlas íntimas sino de una empresa plomo". 
En todo caso, mis ejercicios de morfinómano han quedado atrás y ahora debo contentarme con unas pocas gotas de Tramadol, del que no puedo abusar porque los médicos se negarán a renovar la receta antes de tiempo.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Ahora en kindle


El último curso, o de los acontecimientos

Los alumnos de Letras recordarán mi último curso, que incluía una reivindicación como instaurador de discursividad (o como logoteta) de Daniel Paul Schreber, ese triste retoño penúltimo de la dinastía de los Daniélidas que nos legó ese libro extraordinario, las Memorias de un enfermo nervioso.
Recordarán el pormenorizado análisis del árbol genealógico schreberiano y el desdén con el que tratamos al padre de Daniel Paul, ese sanitarista y ortopedista tan preocupado por la salud de la especie que su hijo no pudo sino decretar que ésta había muerto, que no había ya más hombres sobre la tierra y que por eso Dios lo había señalado con sus rayos para engendrar con él, luego de cogérselo bien cogido, una nueva especie.
Recordarán también que a mis últimas lecciones me presenté cojeando (Lábdaco, Layo, Edipo, otra dinastía), con apenas capacidad para apoyar el pie izquierdo (mi pie izquierdo). La transfiguración del punto de apoyo en síntoma sucedió de la noche a la mañana, y los médicos encargaron el abanico completo de los grafos (radiografías, ecografías), sin ver en ninguna de esas imágenes cuerpo extraño alguno. Lo más probable es que durante esa semana atroz de junio pasado haya llorado, y más de una vez, pero ya no me acuerdo. Me acuerdo de la vergüenza de poder moverme apenas, del dolor al pisar y de la última clase, cuando les dije a los chicos: "volveremos a vernos, o no, porque como verán, me estoy muriendo..."
En respuesta a su airada protesta, aclaré que hablaba en broma, sobre todo porque "yerba mala nunca muere" y me retiré cojeando, como el amado Federico.
En algún momento los traumatólogos (que no son taumaturgos, ni mucho menos) me enviaron a cirugía, destino que atiné a esquivar con ayuda de un "podologo UBA" que trabajó con la delicadeza del caso la planta de mi pie izquierdo hasta que consiguió drenar una considerable cantidad de pus (¡infección!), pero sin localizar, de nuevo, cuerpo extraño.
Lo demás, ya se sabe: Staphylococcus aureus, osteomielitis, internación y secuestro. 
Entre mis médicos hay dos partidos: los que creen que el episodio plantal fue la primera manifestación maléfica del staphylococcus, ya instalado en mi cuerpo, y los que creen que fue entonces cuando entró en mi torrente sanguíneo, dispuesto a anidar allí donde más daño pudiera infringirme: el corazón o la columna.
Pero en el medio, sucedió todavía algo extraordinario que nos retrotrae al discurso paranoico y los instauradores de discursividad. Mis persistentes dolores de cintura me habían llevado de un traumatólogo a otro, sin que ninguno consiguiera otra cosa que aligerar mi pena lumbar con diferentes dosis y marcas de analgésicos (algunas de ellas, prohibidas en países más civilizados que el nuestro).
Finalmente uno de ellos, especialista en columna, ordenó la punción (dolorosísima) que terminó descubriendo el bajtiniano polizonte de mi tercera vértebra lumbar. 
A ese médico lo había elegido yo, y lo había elegido por su nombre: Dr. Gottlieb. Y no por el significado de ese nombre que invoca el amor divino, sino porque Gottlieb había sido el nombre del padre del penúltimo trastornado de la dinastía de los Daniélidas.
El padre de Daniel Paul Schreber se llamaba Daniel Gottlieb Schreber. ¿Cómo iba yo a ignorar esa llamada, esa interpelación que me venía desde el fondo de mis cursos y que trazaría una línea de sombra en los acontecimientos de mi vida? 
Mi cuerpo no me pertenece: es apenas la cicatriz, el punto de juntura de dos dinastías, la de los Labdácidas y la de los Daniélidas.
 

martes, 25 de septiembre de 2012

Flor de serruchada

Arrecifes: con un serrucho, le cortó el pene a su ex pareja

Una mujer denunció que el hombre la golpeó y habría intentado abusar de ella; se defendió y le provocó un corte que debió ser curado con siete puntos de sutura.
 

Instituciones de secuestro

Desapropiado, pues, mi cuerpo (porque nunca fue mío, porque aquellos a quienes pertenece deben entregarlo como parte de pago de la larga hipoteca de la vida o como botín de guerra en las escaramuzas en las que se deciden las propiedades de lo vivo), y por lo tanto desidentificado (por no decir deshecho o, incluso, desecho), la carne ingresa en una lengua extranjera: comienza a llamarse de otro modo.
Basta prestar atención al vocabulario clínico para darse cuenta de que una barrera se ha franqueado. No el vocabulario propio de la ciencia médica (aunque, naturalmente, de eso se trate) sino el vocabulario de la institución hospitalaria, donde uno pierde el nombre o donde el nombre queda disimulado en un desbarajuste de números y posiciones de expectación ("el paciente", "el sujeto").
Porto, desde hace casi una semana, una pulsera de papel que dice mi nombre, mi número de documento, mi edad y mi género (el evidente o el autopercibido), la fecha y hora de ingreso a la institución y un código de barras. 
Si me perdiera en una morgue, ¿con eso alcanzaría para definir mi estatuto en el mundo de los vivos?
Contra todo lo que pudiera pensarse no detesto a los médicos (en todo caso, no detesto a todos los médicos por igual) y me conmueve el terror a la muerte que, en el fondo, les ha dictado una vocación por el cuidado (la cura) de lo que vive todavía. Si ellos (¡y ellas!) participan de una institución un poco sombría, la medicina, no son más responsables de sus desaguisados que los que a ella se entregan con algarabía, desposeyéndose de si.
Me detengo en una palabra que he escuchado varias veces y que he sido obligado a pronunciar en la última semana: "rescate". 
Estoy seguro de que para los médicos y enfermeras (se me perdonarán las elecciones genéricas, pero es para abreviar), "rescate" se asocia con liberación (del dolor). 
Pero "rescate" es también lo que se paga en casos de secuestro. El "libre de dolor", la ampolla de morfina, la bomba de analgésicos que porto por el mundo, es la moneda que la institución de secuestro hospitalaria me exige (amablemente) que use para reconocer su soberanía sobre lo que vive todavía.
"Pedí rescate", me dice mi médica preferida, y, cuando me pongo un poco sombrío (porque no veo el cielo, porque no me dejan caminar, porque los equipos de especialistas se pelean por el tratamiento o correctivo a aplicarme), "Ponele un poco de onda".
Es muy curioso: en el sanatorio está muy mal visto fumar un cigarrillo en el balcón; pedir morfina, en cambio, es algo que llena el piso de alegría.
Confieso que le pongo onda y pido rescate, y, mientras siga encerrado, seguiré pidiendo. Más tarde o más temprano, almorzaré desnudo.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Homo tantum

¿De quién es mi cuerpo? No mío, naturalmente, porque eso supondría adherir a una teoría del yo y de la propiedad (haberla desarrollado, previamente) completamente liberal, capitalista. 
No, mi cuerpo no es mío sino de aquellos a quienes amo (y de quienes supongo un amor recíproco, aún cuando me esté equivocando en esa suposición). 
Un poco por eso, cuando uno muere (mi vida no está en juego, pero la praemeditatio malorum nos obliga a considerar incluso esa circunstancia), su cuerpo (o los restos de él, pulvera) quedan bajo la responsablidad de los deudos: lleven mis cenizss a Córdoba (Andalucía), donde fui tan feliz, o a Córdoba (Argentina), donde empezó mi vida.
"Hay un momento que es simplemente el de una vida jugando con la muerte. La vida del individuo ha dado lugar a una vida impersonal y sin embargo singular que desencadena un puro acontecimiento liberado de los accidentes de la vida interior y exterior, es decir de la subjetividad y la objetividad de lo que sucede. Homo tantum al que todo el mundo compadece y que alcanza una especie de beatitud", escribía Deleuze en el artículo de la muerte.
Mi cuerpo es el efecto de esa compasión universal y de esa beatitud singular y por eso nos duele el abandono de nuestro cuerpo por parte de aquellos que amamos (La Celestina: "¿por qué te mostraste tan cruel? ¿Por qué me dejaste, cuando yo te había de dejar? ¿Por qué me dejaste penado? ¿Por qué me dejaste, triste y solo, in hac lachrimarum valle?")
Abandonado por el amor de quienes creíamos que poseían nuestro cuerpo, la carne se deshace, el sentido me abandona, me abismo y el puro acontecimiento de una vida se desdibuja. 
De allí la estremecedora eficacia de aquellos versos lamborghinianos:

Y no me abandones
Prematuramente
No te comportes
Como un ingrato
Recuérdame siempre
Yo soy tu proveedora de droga


Abandonado por quienes (porque los amo) son los dueños de mi cuerpo, mi cuerpo se vuelve mero territorio de experimentación, laboratorio, campo de batalla. 
Como no hay "yo" que pueda hacerse cargo de este cuerpo (no mío, sino tuyo), que lo hayas abandonado a su suerte (que no es sino la suerte de la ciencia médica) es como haberlo matado para siempre.

¿Por qué me dejaste, cuando yo te había de dejar?18 ¿Por qué me dejaste penado? ¿Por qué me dejaste, triste y solo, «in hac lachrimarum valle»?
¿Por qué te mostraste tan cruel con tu viejo padre? ¿Por qué me dejaste, cuando yo te había de dejar?18 ¿Por qué me dejaste penado? ¿Por qué me dejaste, triste y solo, «in hac lachrimarum valle»?
¿Por qué me dejaste, cuando yo te había de dejar?18 ¿Por qué me dejaste penado? ¿Por qué me dejaste, triste y solo, «in hac lachrimarum valle»?1

domingo, 23 de septiembre de 2012

La ciudad de las ratas

No soy bueno para las situaciones hospitalarias, ni como paciente ni como visitante, de modo que entiendo perfectamente la renuencia (que comparto) a visitar internos o internados. Supongo que, en mi caso, la situación se remonta hasta algún trauma de infancia que incluía esas instituciones de anatomopolítica. En todo caso, jamás recriminaría a alguien que no me haya visitado en tal o cual circunstancia porque, después de todo, lo que importa es el acompañamiento, como se dice, espiritual, que puede darse a la distancia (acabo de hablar con un amigo que está en Brasil y dos que están de viaje en Estambul y sus risas alcanzaron para alegrarme la tarde).
Sin embargo, y por lo mismo, no deja de sorprenderme y conmoverme la cantidad de visitas que he recibido en los úlltimos días, aquí, en mi domicilio provisorio en las inmediaciones de Facultad de Medicina. Por supuesto, agradezco las muestras de solidaridad y preocupación y vuelvo a repetir que "volveré, y seré millones".
Hay casos, eso sí, que merecen un análisis aparte. Ya se sabe que las situaciones críticas son ideales para la ruptura de vínculos que uno valoraba equivocadamente sólidos, y expondré un episodio doloroso de los últimos días que así lo demuestra. 
Los fines de semana largos (los feriados-puente que el amor kirchnerista nos regala) solemos pasarlos afuera, ya en la quinta que a esta altura de la primavera vuelve a ser un destino amable, o bien en otra parte, allí donde nunca estuvimos o donde ya estuvimos pero queremos volver.
No es raro que algún amigo quiera colarse en estas escapadas que nosotros, generosos como somos, siempre estamos dispuestos a compartir con terceros (cuartos o quintos). 
El miércoles pasado, cuando yo ya tenía la orden de internación firmada y sellada y sólo me quedaba "esperar cama" (hay aparentemente "saturación hospitalaria" y es difícil conseguir cama en cualquiera de los niveles sanitarios que se consideren), un "amigo" llamó para ver cómo estábamos. Yo no lo atendí porque mis prioridades estaban puestas en otras travesías diferentes de una gira turística de fin de semana largo. Insistió en el teléfono de S., que le informó con exactitud la situación penosa en la que yo estaba.
El "amigo" dijo que cuando tuviéramos alguna precisión le avisáramos y nunca más supimos de él. Olvidé el episodio, porque la rutina sanitaria me arrebató totalmente, hasta ayer. Siendo fin de semana (alargadísimo por el "día de la sanidad"), la cantidad de estudios de los que soy objeto mermó sensiblemente y pude ponerme a pensar en "las cosas de la vida". 
Recordé al "amigo" y le escribí un mensaje de texto tremebundo: "¿Así que llamaste para ver si te podías colar a algún lado el fin de semana y cuando viste que, por nuestra parte, no había chance, decidiste que no merecía yo ni un SMS? Por fortuna la morfina afinó mi percepción y me mostró la clase de RATA que sos". 
Lo extraño es que la RATA me contestó airada.... alegando que esperaba que le notificáramos el número de habitación y que, como el dato no llegó, entendió que preferíamos que así fuera. Y agregó: "estoy preocupado". 
Ya a esa altura tuve que pedir nuevas dosis de analgésicos porque la ira me dominaba a tal punto que mi espina dorsal, tan frágil estos días, amenazaba con quebrarse. Uno se preocupa por el derretimiento de los casquetes polares o por el precio de la tonelada de la soja. Ante un problema de salud de un amigo, uno levanta el teléfono, o escribe un mail, o lo que fuere, o muestra que es una persona extremadamente vil. Lamentablemente este "amigo" prefirió alojarse en la vileza que yo traduje mal como RATA.
 El Staphylococcus aureus no está en mi corazón, pero igual lo envenena. O mejor: los antibióticos limpiaron mi corazón de dorados falsos. Uno menos para tener en cuenta.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Canuto Cañete, conscripto del siete


 

Earlier this year, a rather ambitious article was publishedin Pagina 12 in the midst of, what could be called, the Argentine on going politicisation of the private sphere. The author of that article was no other than UBA professor Daniel Link. In a previous article I qualified his writing style as Soviet because of its formalisation of that same process of advancement on the private sphere that started with the free and public University down there. Along this path, its logical governmental embodiment, Christina Kirchner, who has transformed the State into an employer led a cultural revolution which consequences will still be suffered by our grandchildren. I used the possessive in the plural as a cowardly misuse of the pronoun ‘We’ because like Daniel Link, I am gay. Again, as in many of Link’s pieces, there is a dialectical constitution of the subject by opposition which is problematic when discussing gay love from an experiential point of view…love as it happens. Love as lived. Love, actually. 

El texto completo de Rodrigo Cañete (¡todos los derechos reservados!) puede leerse acá

(Gracias, Mariano López Vaqueros)

El círculo de Bajtín

Mijail Bajtín nació el 17 de noviembre de 1895 en el seno de una familia aristócrata en decadencia, de ésas que hicieron las delicias del cine puesto por Andrés Di Tella bajo el rótulo de "lirismo breshneviano". Mijail estudió en Odesa y  San Petersburgo pero no es por sus estudios ni por sus escritos que me interesa recuperar su figura. 
Padeció, como yo mismo, pero en épocas previas a los antibióticos, una osteomelitis crónica que, además de intensos dolores, lo salvó de un confinamiento y fue la causa de que le amputaran una pierna. 
En enero de 1929, Mijaíl Bajtín fue acusado de “actividades antigubernamentales”, reunirse con un grupo de estudios filosófico-religiosos; conspirar contra Stalin y “corromper a la juventud”. Fue arrestado y condenado a diez años de prisión en un campo hiperbóreo. 
Cinco meses después, la osteomielitis crónica que le habían diagnosticado en la infancia seguía impidiendo el traslado. Gorki y Tolstói enviaron telegramas a las autoridades. Se apeló a la Cruz Roja. Durante esos meses de detención en el hospital, Bajtín publicó su primer gran libro, Problemas en la poética de Dostoievski, que deslumbró al comisario Lunacharsky, y que ayudó a la conmutación de la pena de diez años en las islas Solovetsky por seis en Kustanai, al sur de la Siberia Occidental.
En 1938, le amputaron la pierna afectada por la osteomelitis crónica lo que le produjo un mejoramiento de salud y una mayor capacidad de trabajo. En 1940 Bajtín volvió a Moscú y en 1941 leyó su tesis sobre Rabelais, que sigue siendo su libro más hermoso, pero que al Estado soviético, sin embargo,, no le pareció merecedor del título de doctor que el osteomielítico buscaba. 

viernes, 21 de septiembre de 2012

Volveré y seré millones

Querid@s amig@s:

Como algunos de ustedes saben, venía arrastrando desde hace semanas unos dolores lumbares entre tediosos y patéticos que me hicieron pensar en los años por venir en los peores términos.
Finalmente, los más modernos métodos de diagnóstico (no exentos de barbarie medieval: aguja, martillo) determinaron que lo que padezco es una infección en la tercera vértebra lumbar, donde el Staphylococcus aureus hizo nido.  

Osteomielitis se llama, pues, la enfermedad que padezco y que me obligará a faltar a varias fiestas. No es una enfermedad contagiosa, por cierto, y todavía no hemos establecido la secuencia más ajustada para explicar su desarrollo en mi cuerpo, pero cierta lesión en cierto pie ocupa un lugar preponderante en la historia médica.
El tratamiento es simple: dos semanas de antibióticos por vía endovenosa (lo que implica internación) y, luego, una brida, que viene a ser una versión mejorada (hecha a medida, y más ajustada) de la faja que ya me había ganado el mote de "Barbierísima"....
Por fortuna, un querido amigo ya ha sobervivido a todo esto y ya le he pedido disculpas por imitarlo en su peor faceta y no en la que más admiro, la calidad de su prosa.
En fin, todo sucede, entre nubes de morfina, en las inmediaciones de Facultad de Medicina.
Pido disculpas a quienes había prometido una presencia pedagógica o un articulo para fechas inminentes, y a quienes habían sospechado el abandono de estas páginas, pero los médicos no me dejan hacer nada (sobre todo, ni una sola de mis famosas piruetas sexuales).
Trataré de ponerme al día cuanto antes, y, mientras tanto, meditaré sobre la fragilidad de la vida.
Besos a todos


DL

sábado, 15 de septiembre de 2012

EL trabajo dignifica

--> Por Daniel Link para Perfil

Hay personas que nacen con estrella y otras que nacen estrelladas. Yo pertenezco al segundo grupo, y la señora que compró un Renoir en un mercado de pulgas norteamericanopor siete dólares (perdón por la mala palabra), al primero.
Yo cobro un sueldito, algunos honorarios que facturo, y a veces sucede que algún error de sistema determina que mis haberes queden atascados (este año me pasó ya tres veces). Sueño con mudarme y cosas por el estilo, pero estoy más bien convencido de que nunca me voy a ganar la lotería (sobre todo, porque no compro billetes), de que jamás encontraré un portafolio repleto de dólares (una vez más, discúlpenme) que, naturalmente, no devolvería y, sobre todo, de que nunca tendría la dicha de comprar a precio de baratija una obra de arte.
Una vez me vendieron, como auténticas piezas precolombinas, unas cabecitas divinas de piedra. Me salieron casi nada (los pocos billetes y monedas que tenía en el bolsillo), pero yo sé que son chucherías hechas por los mexicanos para confortar a los turistas, que gustan de rapiñar tesoros aztecas. No obstante, les mandé hacer una vitrina en miniatura para realzar su (falso) valor.
En los mercados de pulgas, que me encanta recorrer, he comprado alguna que otra antigualla por unos pocos euros, pero siempre para regalar, de modo que si hubo un salto cualitativo en el valor de la pieza, fue otro el que se benefició.
¡Un Renoir! Qué no daría yo por un Renoir de siete dólares. Lo vendería por cien mil dólares azules y me compraría una casita donde mis libros pudieran estar mejor acomodados.
Pero no, lo mío es el reclamo persistente a Tesorería, la llamada en espera, la averiguación de qué pasó con mi cheque, el emparchado de los agujeros financieros de cada mes, el riguroso pago del monotributo y las declaraciones periódicas a la AFIP.
No me quejo de mi suerte casi nunca, pero cuando pasan cosas como éstas, elevo mis ojos al cielo y hago algún gesto obsceno: ¿Por qué no a mí?
Sin embargo, cuando me olvido de que la fortuna podría caerme del cielo, como una lluvia inesperada, pequeñas alegrías compensan mi mala fortuna: me llegan liquidaciones de derechos de autor por sumas que no alcanzan siquiera para pagar los cigarrillos que consumo, pero que, después de todo, yo no había presupuestado.
Son esos días en los que me digo: mejor que comprar un Renoir a precio de descarte sería poder escribir un best-seller que me vuelva millonario. Pero tampoco para eso he nacido.
Soy un humilde trabajador, sin suerte y sin Evita.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Soberanía etérea

Por Daniel Link para Perfil

En contra de lo que sus detractores señalan, me preocupa el cansancio de la Sra. Fernández. Durante la última cadena prime-time, en ocasión del día de la industria, se la vio agobiada, ojerosa, titubeante ante una audiencia que no es la que ella más prefiere: la de los incondicionales festejantes de cualquiera de sus mil ocurrencias.
Para colmo, tuvo que salir a hablar después de la espantosa publicidad que terminaba con la sigla GenIA (Generadora de Industria Argentina). ¿En qué presupuesto, más allá de la obsecuencia, se puede justificar un recurso tan bastardo en un espacio y ante una audiencia totalmente inadecuados para semejante charada?
Creo que ese traspié inicial quitó brillo a un discurso además impropio para la circunstancia. Fue como si en una celebración cualquiera (un cumpleaños, una boda), el orador se dedicara a exaltar sus propios méritos antes que los de los festejados.
Hubo, incluso, enredos en los que la Sra. Fernández no suele tropezar. Comenzó apelando a la política para realizar luego una pormenorizada (y, por lo tanto, aburridísima) exposición económica que, para los legos como yo, era incluso inconsistente (¿el dólar barato es adecuado para la sustitución de importaciones?). Pero no quiero discutir los farragosos argumentos, porque no tengo capacidad para hacerlo.
Como medio país, yo esperaba que el discurso terminara para ver qué decía el Sr. Tinelli sobre la “primera dama” de Ideas del Sur . Me sorprendió el desatino de los organizadores de la emisión: ¿lanzarse directamente a la competencia con el zar de la televisión? El asunto debe de estar relacionado con la promovida soberanía etérea, pero la Sra. Fernández debería ser resguardada de una aventura semejante.