sábado, 31 de enero de 2026

Querido diario (5): Fin de fiesta

Por Daniel Link para Perfil

18. Un taradito de esos que ahora se llaman influencers se va a Mar del Plata en bicicleta. La nota que lo cuenta subraya las “muchas situaciones” de su perpecia: parar en el medio de la ruta, comer en una estación de servicio, encontrar un lugar al costado del camino para descansar unas horas... La nota es más idiota que su tema. La “proeza” ya había sido realizada previamente por tres amigos de Lomas de Zamora, que además no pararon a dormir e hicieron el viaje de un tirón. El influencer tardó cuatro días. Y sus aventuras coinciden un ciento por ciento con la de cualquier viajero. Que lea Los cuentos de Canterbury y que vuelva en marzo.

19. Muchos de quienes leyeron la reciente peripecia de Lío, nuestro gato, o escucharon las versiones orales previas a su refundición (incluida mi mamá) preguntaron cómo podía estar seguro de que el gato asesinado era un vagabundo y no Lío, si tan iguales eran. Esa fantasía, que no me desagrada del todo, desdeña la diferencia de color en el pelaje pero, además, supone que el gato vagabundo se las ingenió para convencer a las perras para que mataran al legítimo integrante de la manada y, luego, pudo sostener la impostura de que él era Lío (con sus caracteres personales e incluso sus desórdenes alimentarios). Mi protesta de que esa línea narrativa estaba condenada al fracaso fue recibida con estupor, lo que volvió a demostrar (más allá de la política, que dice todo el tiempo lo mismo y no queremos o no podemos hacernos cargo) que no hay círculo de realidad que no esté dominado hoy por la demencia.

20. A Julio Iglesias lo traicionó la doble negación. Dijo: “niego haber abusado de ninguna mujer”. O sea que abusó de alguna. Lingüística forense ya. ¡Un perito lingüístico no se le niega a nadie.

21. Cambiamos el histórico portón por uno nuevo, alto, ciego y corredizo. Las perras se desconcertaron y entraron en depresión: habíamos destruido su razón de ser. Antes, ladraban a todo lo que pasara por la calle: niños, carros, caballos, motos. Ahora no ven nada salvo lo que pueden adivinar a través del ligustro. Casi no ladran. Se quedan tendidas a nuestro alrededor, recordando sus antiguas correrías alrededor de los límites del terreno. Las hemos jubilado prematuramente.

22. Un amigo nos hizo una generosa invitación: nos cede gratuitamente su casa y su auto en el Caribe norteamericano. Los pasajes salen baratísimos. Aceptamos la oferta a ciegas. Días después, comienzan las advertencias: ataques de tiburones en las playas donde se hace snorkel (me da igual, porque no lo practico), las bases navales de los Estados Unidos, con una avidez de sangre venezolana probada en las últimas semanas (le pido que me averigüe a qué bar van los marines, ávido de una experiencia del tipo Reto al destino) y, sobre todo, el hecho de que la isla no ofrece NADA para hacer (leeré su biblioteca entera). Si acaso nos aburriéramos, estamos muy cerca de Vieques y de San Juan, donde tenemos lazos que todavía duran.

23. La ranita célibe me indica el horario del whisky vespertino. La llamamos así porque su croar es solitario y desesperado: es un llamado a la reproducción que nadie contesta. No sabemos dónde vive (pero creemos que en un cantero elevado, por la fuente sonora del croar, que se interrumpe en cuanto nos acercamos). Hace un par de décadas, el concierto de ranas y el espectáculo de luces de las lucciole eran cotidianos. Luego, el corte sistemático y semanal de pasto alejó a los batracios (que hacen sus cuevitas en la tierra) y la mutación antropológica apagó las bioluminscencias. Entre las muchas cosas que le envidiamos a Liliana, una vecina que tiene casa a dos puentes de la nuestra, hay que mencionar que ella todavía disfruta de la danza erótica de las luciérnagas en su jardín que, por descuidado, es todavía un ecosistema completo (vive en sus fondos hasta un lagarto overo de gran tamaño). Eso sí, como no riega, no tiene ranitas. Así que cuidamos la nuestra (y le conseguiríamos pareja si supiéramos cómo) para compensar un poco.

24. Supongo que ya no volveremos a Mar del Plata hasta marzo, si acaso. Y supongo que las vacaciones de verdad ya se terminan. En todo caso, nuestro último día coincidió con la visita del Sr. Milei, de la cual se enteraron pocas personas. De hecho, la misma noche de su caravana por la calle Güemes, estuvimos circulando, sin ningún trastorno, por la calle paralela. Las laterales estaban todas cortadas y custodiadas por fuerzas de seguridad preparadas para rechazar una invasión extraterrestre (que tampoco se produjo). Lejos de los millones de seguidores alucinados por los partidarios del paladín de la derecha rancia, el centro de Mar del Plata se abstuvo de caer en la demencia política. Fue un lunes más, sin penas ni glorias.

sábado, 24 de enero de 2026

Querido diario (4): Los buenos días

Por Daniel Link para Perfil

13. Durante todo el año pasado, mis perras recibieron una visita ocasional. Un hermoso perro negro, de pelo largo y totalmente amigable que entraba a saludarlas. El jardinero se cansó de reforzar el cerco, él siempre encontraba otro hueco. Además de marcar el territorio, y olisquearse un poco con las perras, no hacía mucho más. El día de reyes reapareció después de un par de meses de ausencia, como quien recordara un viejo hábito abandonado. Como siempre, las perras mías se acercaron a él con cortesía (y supongo que un poco de perplejidad, porque el perro no es de la casa, pero se comporta como si lo fuera). Lo que les pareció completamente fuera de lugar es que el perro se acercara a mí, como para confraternizar y empezaron a gruñirle hasta que se fue, sin escándalo, como había llegado. Ellas saben que se me va la vida cuidándolas. No sería justo para ellas que se me adosara un tercer cánido a la manada.

14. En una terraza marplatense, tomando un aperitivo, escucho una conversación en otra mesa. “Me dijo que si estaba libre el fin de semana se tomaba un avión”. “¿Y qué le dijiste?”. “Que no podía.... Me sonó tan raro...”. Raro para mí es que un gesto de tanta entrega fuera entendido con suspicacia, y rechazado.

15. “El buen fragmento es denso en algo del orden del afecto (tono, cadencia, dicción, timbre) antes que del pensamiento.”

16. Otra película de Luca Guadagnino, Bones and All (2022), ganadora en Venecia. La excusa es la historia de dos caníbales: un chico y una chica con compulsión a la ingesta de carne humana (para lo cual, a veces, tienen que matar) y que forman parte de un selecto grupo de seres marginales. Lo que se ve es un viaje a través del interior de los Estados Unidos, que recuerda mucho el mismo periplo en la Lolita de Nabokov. La película explora hasta los huesos esos otros márgenes de una sociedad deshecha en la que cualquier exceso pasa inadvertido porque la anomia hace de la monstruosidad un evento cotidiano más.

17. Releo los papeles acumulados para mi próxima novela. Me entusiasmo. Es más de lo que pensaba que tenía escrito. Es 16 de enero. Ya tengo dos libros en imprenta y uno más en borrador.

sábado, 17 de enero de 2026

Querido diario (3) : Esperando la carroza

Por Daniel Link para Perfil

12. Me levanto a las 7:30, tardísimo para lo que suelen ser mis madrugones, porque el gato no me despertó. Preparo los desayunos: huesos para las perras, que ya estaban ladrándome por la ventana de la cocina en cuanto me oyeron levantado. El gato está inapentente de nuevo así que le pongo comida sólida, atún y un poco de carne picada que compré para darle la pastilla contra la artitris a Rita, una de las perras. El gato se sube a la mesada y olisquea apáticamente sus desayunos. No come nada. Mientras caliento mi café compruebo que la luz está cortada. Me siento a la mesa para hacer el reclamo a Edenor. Tengo que verificar que el corte no sea local y cuando salgo por la puerta de la cocina veo al gato muerto en el pasto. Lo llamo (“Lío, Lío”), inútilmente. Está en una de esas posiciones típicas de las películas que indican “muerto”. Todo descuajeringado. La llamo a Balbina, el ama de llaves, que hoy no tenía obligaciones en la casa. Viene Balbina. “Ay, pobrecito”. Lo examina (con pericia profesional). Dice: “está todo mordido”. La examina a Lola, la doberman chocolate: “fue ella, tiene arañazos en el hocico”. “Mala, Lola, mala”. “¿Cómo puede ser?”. Pregunto: “¿Hay cal?”

Hay cal. Vamos al fondo a hacer un pozo más en el cementerio de animales, donde están enterrados Tango, Cala, Sissi, Greta, Niro, Mía, Sabático, Tita, Cartulina, Tres. Balbina hace el pozo, agarra el gato con la mano, lo acomoda y creo que lo despide porque mueve los labios en silencio.

Le echo cal encima. Tapamos el pozo. Le pongo encima una maceta que robo de una tumba vecina. Despejamos la mesada de comidas del gato. Le digo a Balbina que al día siguiente se lleve las piedritas y todo lo demás . Me llama mi marido: “Me da pena”. “Y bueno, es el círculo de la vida”. “Un problema menos”.

Me siento ante la máquina para liquidar cuentas pendientes. De repente, entra a la cocina el gato, Lío. ¡Resucitó!

No, dejemos a Edgar Allan Poe en paz. El gato enterrado era un vagabundo muerto de hambre que las perras mandaron a mejor vida. Igual a nuestro Lío pero un poco más claro (comparando la foto del muerto con el original vivo). La vida es una montaña rusa de emociones.

sábado, 10 de enero de 2026

Querido diario (2): Fragmentos veraniegos

Por Daniel Link para Perfil

7. La “seguridad” ha sido siempre una coartada odiosa. “Por su seguridad” hacemos esto o prohibimos aquello. Pero “nuestra seguridad” es una amenaza todavía más intolerable, porque justifica violaciones de las condiciones de vida de quienes quedan fuera del “nosotros”. La seguridad de unos se convierte lisa y llanamente en la aniquilación de otros. Eso es la política después de Gaza. Y a esa cristalización de falsas certezas hay que oponerse.

8. Leo Cine vivo de Albertina Carri. No es una mera recopilación de textos. Es un libro muy orgánico, que desarrolla un pensamiento y que usa piezas viejas reescritas y reensambladas ahora para dar cuenta de un pensamiento. Un pensamiento sobre cine, claro, pero también sobre la vida, porque ambas cosas no pueden pensarse por separado. Albertina continúa la pista propuesta por Manuel Puig: no es tanto que el inconsciente esté articulado como un lenguaje (hipótesis decisiva pero un tanto trivial de Lacan) sino que está articulado como el lenguaje cinematográfico.

9. A Mar del Plata cada tanto se la lleva el viento. Huimos a tiempo de la sudestada y nos volvimos al campo nuestro, bonaerense y pobre como una araña. Encontramos los pastos quemados por un sol de una agresividad pretérita, como de formación del sistema solar. Me puse a regar como un bombero desesperado, aún sabiendo que el agua no repararía lo incinerado. Ya crecerán nuevas gramas, agradecidas por mi atención aquífera. Los pajaritos, todavía agobiados, vienen a bañarse y a sacar gusanos gordos de la tierra blanda. Lo importante no es tanto lo que nos pasa sino de qué lado nos colocamos: del lado del cuidado, de la reparación, de la atención a lo otro o del lado de la amenaza, la hostilidad, la destrucción del ambiente (ecológico o estilístico) en el que vivimos.

10. La Rabia de Pasolini es un texto decisivo porque desmiente cualquier ilusión “progresiva” en relación con su obra que, ya desde el comienzo (La Rabia es su tercera película, de 1963), oscila entre el documento y la ficción, entre la apropiación y la creación, entre lo personal y lo apersonal, (Pasolini afirma que no filmó ni una sola imagen para esa película, extraída de un archivo de 90.000 metros de pelpcula preexistente), entre el furor y el erotismo. El texto, que acompañó su tercera película, aparece ahora en una impecable edición de el cuenco de plata, al cuidado de Diego Bentivegna. Diego no sólo traduce bellamente el largo comentario poético que funcionó como banda sonora, sino que lo sitúa con una precisión y un alcance de perspectiva que exceden largamente la competencia del erudito: es un libro hecho por un poeta para otro poeta. Por supuesto, hace juego con su Queda un cuerpo. Clases y apuntes sobre Pier Paolo Pasolini que yo tuve el privilegio de leer en su versión manuscrita. Ahí Diego desarrolla la noción de lo “informe”, que tan bien le cabe, también, a La rabia.

11. El verano sigue con sus extrañas circunvalaciones. Las sigo, sin pensar demasiado.

 

sábado, 3 de enero de 2026

Querido diario

Por Daniel Link para Perfil

1. Pasa un joven semidesnudo por enfrente de la terraza donde tomamos un aperitivo. Lo que me enamora es que está en el momento exacto de la belleza. Dentro de dos días la habrá perdido para siempre, porque la belleza es una acompañante voluble, delicada, traicionera.

2. 7 Promenades avec Mark Brown, la mejor película que vi en 2025. Siete paradas junto al botánico Mark Brown en un recorrido por la historia, la estética y el valor (medicinal, ecológico, alimenticio) de ciertas plantas y ciertas flores. La película es profundamente conmovedora y, además, sexy. El rol del "camarógrafo" (que protagoniza otra película igualmente extraordinaria de Pierre Creton, Un príncipe, anterior a las 7 Promenades, pero que yo vi después) es esencial. Tiene dos mitades: en la primera el rodaje y las conversaciones. La segunda parte muestra las flores filmadas en movimiento y en primer plano, con sus nombres científicos en latín.

3. Elecciones complicadas en una casa impropia cuando nos olvidamos de llevar nuestras lecturas. La biografía de Edison y la de Mia Farrow. Cuatro tomos de la colección de clásicos de La Nación. Una edición ilustrada de Bartleby, el escribiente, El conde lucanor... Me decido por este último, que me arrrastra a las moralidades propias del Trecento español. Y me lo llevo a la playa. Nunca sería capaz de ajustarme a la máxima: “El que esté bien sentado, no se levante”.

4. Me cuenta que recién se acuesta (son las 9 de la mañana) y que no cree que pueda dormir por el hambre que tiene. Su padre y sus hermanos se fueron a pescar a Tigre. Me pregunta: “¿Vos no tendrías que me banques para comprar algo de pan y 200 de fiambre?”. Le pido el alias.

5. Una película vieja de Darren Aronofsky, Mother! (2017), vista después de un sueño. Me sorprende que no figure entre los grandes clásicos de este siglo, porque es de una potencia extraordinaria. Alcancé a contar el barroquísimo sueño, que incluía un cumpleaños, a mi marido, que cumplía años. Yo me había quedado dormido, pero sabía que debía despertarme y lo hice. Después de brindar, nos pusimos a ver la película, que parecía una continuación de mis actividades cerebrales cuando estaba dormido.

6. Se vino a Mar del Plata hace veinte años, para rescatarse de la droga, como tantos. Lo consiguió, “pero soy alcohólico”. Tiene dos hijos grandes y ahora sale con una ayudante de cocina. Trabaja en la Escuela 20 de día y de noche hace esto (trapito) para comprar escabio los fines de semana. Pero tranqui. “Gracias por el cigarrillo, campeón”.