Esposa de cineasta, especializada en truculencias familiares y decadencias de la burguesía, la mujer llama por teléfono a un amigo de la familia para que la acompañe en la vigilia de su suegra, mujer muy anciana que agoniza en el sanatorio, postrada por un cáncer que ha tomado todo su cuerpo.
Cuando el amigo llega al Hospital Británico para confortarla, la encuentra en un pico de ansiedad. Ella le dice: "La enfermera le está haciendo la paja...". Estupefacto, el amigo intenta sacarla del error o la alucinación: "¿Pero qué decís? Si está dopada con morfina... La estará higienizando...".
La mujer niega con la cabeza y, sin mirarlo, sentencia: "La mano, la tenía adentro".
(anterior)
Tadeys, saga nacional
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Leo *Lo que sobra y lo que falta en los últimos veinte años de la
literatura argentina* (Libros del Rojas, 2004). Se trata de un libro que
recopila una ser...
Hace 4 días.

4 comentarios:
y está bien, está bien!!
Dios mío y la Vigen Desatanudos, Linkillo. Qué horror!
Muy impresionante.
Me gustó sobre todo la indeterminación genérica. ¿Es un mini relato? ¿Un indiscreta irrupción en la vida de Torre Nilson y Beatriz Guido? ¿Importa?
Impresiona como el pasaje de “El pasado” en el que Rímini pajea a su ex suegro.
Sí, impresiona.
Eso es paliativismo! Y estoicismo también.
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