sábado, 3 de enero de 2026

Querido diario

Por Daniel Link para Perfil

1. Pasa un joven semidesnudo por enfrente de la terraza donde tomamos un aperitivo. Lo que me enamora es que está en el momento exacto de la belleza. Dentro de dos días la habrá perdido para siempre, porque la belleza es una acompañante voluble, delicada, traicionera.

2. 7 Promenades avec Mark Brown, la mejor película que vi en 2025. Siete paradas junto al botánico Mark Brown en un recorrido por la historia, la estética y el valor (medicinal, ecológico, alimenticio) de ciertas plantas y ciertas flores. La película es profundamente conmovedora y, además, sexy. El rol del "camarógrafo" (que protagoniza otra película igualmente extraordinaria de Pierre Creton, Un príncipe, anterior a las 7 Promenades, pero que yo vi después) es esencial. Tiene dos mitades: en la primera el rodaje y las conversaciones. La segunda parte muestra las flores filmadas en movimiento y en primer plano, con sus nombres científicos en latín.

3. Elecciones complicadas en una casa impropia cuando nos olvidamos de llevar nuestras lecturas. La biografía de Edison y la de Mia Farrow. Cuatro tomos de la colección de clásicos de La Nación. Una edición ilustrada de Bartleby, el escribiente, El conde lucanor... Me decido por este último, que me arrrastra a las moralidades propias del Trecento español. Y me lo llevo a la playa. Nunca sería capaz de ajustarme a la máxima: “El que esté bien sentado, no se levante”.

4. Me cuenta que recién se acuesta (son las 9 de la mañana) y que no cree que pueda dormir por el hambre que tiene. Su padre y sus hermanos se fueron a pescar a Tigre. Me pregunta: “¿Vos no tendrías que me banques para comprar algo de pan y 200 de fiambre?”. Le pido el alias.

5. Una película vieja de Darren Aronofsky, Mother! (2017), vista después de un sueño. Me sorprende que no figure entre los grandes clásicos de este siglo, porque es de una potencia extraordinaria. Alcancé a contar el barroquísimo sueño, que incluía un cumpleaños, a mi marido, que cumplía años. Yo me había quedado dormido, pero sabía que debía despertarme y lo hice. Después de brindar, nos pusimos a ver la película, que parecía una continuación de mis actividades cerebrales cuando estaba dormido.

6. Se vino a Mar del Plata hace veinte años, para rescatarse de la droga, como tantos. Lo consiguió, “pero soy alcohólico”. Tiene dos hijos grandes y ahora sale con una ayudante de cocina. Trabaja en la Escuela 20 de día y de noche hace esto (trapito) para comprar escabio los fines de semana. Pero tranqui. “Gracias por el cigarrillo, campeón”.


sábado, 27 de diciembre de 2025

La película más linda de mi año

No se sabe bien si es un documental o un poema. Para un espectador tan enfático como yo, la apatía de su tono es conmovedora hasta la perturbación. 

7 Promenades avec Mark Brown de Pierre Creton no promete nada pero nos transporta a un plano de pensamiento inusitado. Después de las siete paradas en paisajes donde se describen plantas y flores (que para nuestras miradas desatentas serían simplemente yuyos) sabemos que la canción de la Tierra todavía puede oirse. Por razones que sería tortuoso desmenuzar, la primera mitad de la película (que muestra la filmación de las plantas y flores) es muy sexy. 



 

Preguntas desde el borde

Por Daniel Link para Perfil

Me pregunto si el año que viene seguiremos tolerando (no digamos admirando, no digamos gustando de, no digamos envidiando, porque ninguna de esas pasiones jamás han tenido a esa especie como objeto) a los influencers.

La esfera de la opinión pública, en sus formulaciones más clásicas, era formadora de opiniones y por lo tanto, las “influencias” tenían su peso político. Pero hoy todo eso se ha reducido a que una persona (por lo general muy pelotuda) use un producto o una marca a cambio de un monto siempre ridículo de dinero con el presunto objetivo de “influenciar” a alguien para que compre ese producto o adhiera a esa marca.

El asunto es de una vileza extrema, porque es clarísimo que la gente no va a comprarse un perfume, un reloj o un auto porque lo use tal o cual idiota (perdón, quise escribir “influencer”). Lo saben incluso quienes les pagan a los influencers. ¿Por qué continúa ese círculo vicioso de falsedades, inequidades y desconsideración hacia la inteligencia general de las poblaciones? Yo diría que en esas “estrategias” del mercado publicitario lo único que importa es mantener lo más abyecto de la máquina tecno-capitalista en funcionamiento. Me imagino un año en el que la gente directamente bloquee a los influencers y sus recomendaciones, una aurora en la que la gente decida desprenderse del charco de inmundicia que son las redes.

También me pregunto hasta cuándo seremos capaces de soportar que nos humillen nuestros gobernantes. No me refiero sólo al Poder Ejecutivo, sino a la lacra del Poder Legislativo, que borra hoy con el codo lo que ayer sostuvo con algarabía. Esos buitres dispuestos a vender sus “influencias parlamentarias” por una prebenda personal o una cuota de medicina prepaga merecen público escarnio.

Por supuesto, también me pregunto hasta cuándo seguiremos aceptando el delirante sistema de tránsito que estrangula a Buenos Aires. En la Provincia, acaban de descolgarse con una medida ejemplar (un ejemplo de estupidez). En el único tramo del Acceso Oeste donde la velocidad máxima era hasta ahora de 130 km/h (velocidad imposible de alcanzar salvo a altas horas de la madrugada), fue reducida a 110 km/h.

O sea: como la autopista está, como todas las demás vías de circulación, colapsada, la única solución que alguien se le ocurre es disminuir los límites de velocidad, en lugar de pensar cómo arreglar el embrollo, el atasco, el estreñimiento. Que cada quien se arregle. Baste observar lo que sucede cuando dos autopistas se encuentran (la Perito Moreno con la 25 de Mayo, el Acceso Oeste con la General Paz, la Panamericana con el Ramal a Pilar) para darse cuenta de que todos esos cruces o confluencias presentan defectos de diseño que impiden el tránsito (agregando un mínimo de diez minutos de tiempo de viaje y de 50 milímetros de mercurio a la presión sanguínea) de los que nadie se hace cargo. Todo es demente, psicótico y culpabiliza al que conduce el vehículo. ¿A mí me descuentan puntos de mi licencia por exceso de velocidad? ¿Por qué no le descuentan puntos a los que diseñaron las autopistas? ¿Por qué no les descuentan puntos a los pelotudos que chocan (¡en una autopista!) por manejar mirando el celular o sacándose los mocos? Quiero decir: a quien choque en una autopista le deberían retirar para siempre el registro de conducir (en todo caso, una vez determinada la responsabilidad, cosa que las agencias de seguro hacen muy bien y muy rápido). Pero no: mejor descontarle puntos al distraído que se pasó una cámara porque el tráfico fluía y no tiene velocidad crucero en su auto. A los que chocan, nuestra simpatía. A quienes diseñan las autopistas, nuestro agradecimiento. Al gobierno, que no piensa invertir un peso en arreglar el desaguisado vial bonaerense, nuestro voto útil.

Otra intriga para el año venidero. ¿Volverá a existir el peronismo como fuerza? Sigue siendo un sentimiento (incomprensible), pero por ahora con forma de charco de agua estancada, que no desemboca, que no desemboca. Supongo que lo primero que tendrían que hacer los amigos peronistas es un examen de conciencia, un vendaval moral que les permita pensar más allá del clientelismo corrupto que ha dominado su práctica en los últimos lustros o décadas. Charlando con algunos de ellos compruebo que siguen naturalizando el mismo sistema que los llevó al colapso y al desmoronamiento. Sencillamente esperan que les vuelvan a dar plata (no importa de dónde salga) para repartir (irregularmente, desde ya) a los pobres, que somos todas.

Otra pregunta, o deseo (en italiano pregunta se dice domanda): ¿conseguiré vender mi casa del conurbano para irme a vivir a Mar del Plata, que es el destino de los locos que huyen, de los enemistados con el mundo, de los que ya no dan más, de los que quieren encerrarse a escribir?

 


martes, 23 de diciembre de 2025

domingo, 21 de diciembre de 2025

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo...

 

¡Gracias, Hinde, por una conversación tan estimulante!

 

No se vende en boutiques, tampoco en quioscos....

 Pero está al alcance de todas....


Aquí, la versión preliminar, oral, sin acabado final
 

 

 

 

sábado, 20 de diciembre de 2025

Rituales matutinos

Por Daniel Link para Perfil

La semana pasada me revelé como hipertenso. Antes, nunca me habían dicho antes que mi presión fuera alta. Desde que empecé a controlarme a diario, entré en estado de alarma. Fui a una guardia, donde me medicaron y me tuvieron en observación.

Por supuesto, yo ya sabía lo que iban a prescribirme: dosis diaria de Valsartán, en concentración creciente (empecé con la dosis más baja).

No estoy seguro, pero creo que el “estado de alarma” hace que me levante todavía más temprano. A las 6 de la mañana ya estoy tomándome la presión. Luego me preparo un desayuno frugal y ahora sin café porque he comprobado que la presión me sube luego de tomar una taza. Hasta que no haya normalizado mis índices, me parece una amenaza adicional. Siento (o imagino que siento) en todo el cuerpo los latidos de mi corazón asustado. Tomo mi dosis de Valsartán y me siento a leer en las noticias el ritmo de la decadencia argentina, que pocos comentadores miden en su justo alcance.

Un gobierno de muertos en vida, liquidados por su propias contradicciones, finge que hay futuro para su gestión, acelerada en estos días en los que la reina del fracaso, la Sra. Bullreich, pretende, no sé, ¿instalarse como candidata presidencial, de nuevo?

Del otro lado, una bandita de desesperados que se saben expulsados de la política por venir y unos canallitas sueltos que juntan las monedas que caen al suelo, como el mono del organillero.

Si es lunes, elijo tema para estas columnas y trato de escribir algo. El domingo pasado vi algunos fragmentos de Tron Ares, ese experimento fallido y deficitario que, una vez más, enfrenta al Mal absoluto y al Bien supremo en el territorio abstracto de la red, de donde salen soldados, cohortes, batallones, para pelearse en el mundo físico (durante 29 minutos, antes de deshacerse). Cada bando responde a una corporación: la del Mal sólo quiere fabricar soldados y armas de destrucción; la del Bien quiere hacer medicamentos, paliar el hambre, salvar a la humanidad. Como siempre, el Mal es Rojo y el Bien es Blanco.

Nuestro presente, en cambio, es gris oscuro, verdoso por la podredumbre. Me llamo a sosiego y me voy a duchar.

 

domingo, 14 de diciembre de 2025

sábado, 13 de diciembre de 2025

Saltar la tapia

Por Daniel Link para Perfil

Hay soluciones clarísimas que nadie quiere tomar por no se sabe bien qué compromisos con la realidad, pero que en todo caso dejan entrever una corriente turbia de corrupción, insensatez y locura de poder.

Pongamos por caso el combate de las drogas, del que tanto se jacta su abanderada la Sra. Bullreich. ¿Qué implica ese combate y a quién beneficia? A la política (incluida la tan ciega Justicia) en primer término, cuya complicidad con la narcoesfera es cada vez más evidente. Y a los narcotraficantes, desde ya, que pueden prescindir de tantos o cuantos kilos incautados, pero cuyo negocio no deja de prosperar al amparo de la casta, sencillamente porque la gente quiere drogarse al grito de ¡libertad, libertad! y, digámoslo de una buena vez, tiene derecho a hacerlo.

¿Cuál sería la mejor solución? Pues despenalizar todo el proceso (fabricación, distribución y consumo) y regularlo de acuerdo con principios de sensatez.

¿A quién beneficiaría una solución semejante? Al consumidor, en primer término, que sabría exactamente qué está consumiendo. Al Estado, que incorporaría la base imponible de una industria muy lucrativa como fuente de financiamiento de sus necesarias políticas. Y finalmente, a toda la ciudadanía, para la que habría no sólo un “Estado (realmente) presente” sino una transparencia de gestión que no se conoce en el país desde hace treinta años. Hoy por hoy, leer los diarios da asco, porque no hay política pública detrás de la cual no se pueda ir el ruido de la corriente turbia de corrupción, narco y juego clandestino. A veces la superficie se desgarra y quedan a la vista, con sus ropas mojadas, los más conspicuos Espertos en articulación de lo público y lo clandestino.

Combatir “el flagelo” no hace sino producir el ambiente del que el flagelo mismo se alimenta: crimen organizado y desprecio por la vida, esclavitud y pobreza extrema. Hacerlo en nombre de la “adicción” (que es una estructura para la cual no hay objeto predeterminado) es políticamente cínico y moralmente hipócrita.
Hay que atreverse a saltar la tapia hecha de cinismo e hipocresía. Del otro lado, a lo mejor, hay un mundo feliz.

 

sábado, 6 de diciembre de 2025

El libro amigo

Por Daniel Link para Perfil

Sólo leo, a esta altura, los libros que publican mis amigos, de modo que mi selección nunca se corresponde con un diagnóstico.

La amistad es un vínculo imaginario y se sostiene apenas en algunas inclinaciones que a veces son imperceptibles, e incluso evanescentes. Cuando digo amigos me refiero a personas que no sólo respeto intelectualmente sino por las que siento alguna forma de afecto personal. Toda relación libresca, a final de cuentas, responde a esa misma lógica. Todos los años que leí a Kafka, ¿no lo hice como quien trata de entender los caprichos de alguien que quiere?

Libros que he leído últimamente: Pensar después de Gaza de Franco Berardi, un diagnóstico sombrío pero sumamente necesario de una de las mentes más lúcidas de Europa. Bifo cree, con una posición muy punk, que no hay futuro para la civilización después de que Gaza se convirtirera en una reproducción minuciosa del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau.

Oreja madre de Dani Zelko hace juego con el libro de Bifo. Habla de lo mismo desde una posición interior al ser judío. ¿Cómo se procesan la guerra y el exterminio cuando se es la coartada de esos procesos de aniquilación? Quisiera subrayar, sin embargo, otra cosa: lo bien escrito que está escrito el libro de Dani, lo que suma a su indagación conmovedora un plus de verdad. Ese libro está ahí para siempre.

Digo “bien escrito” y me doy cuenta de lo subjetivo de esa apreciación. Raúl Antelo me regala Modernismos múltiplos, su último libro en portugués. ¿Escribe bien Raúl? Su prosa está siempre trabajada como una joya de brillos enceguecedores. Las ideas de Raúl (sobre tradición y ruptura, sobre concepto e imagen, sobre modernidades y políticas), muy torsionadas por el dispositivo, son tantas y todas tan atractivas que dentro de cinco años apareceran en todos los libros de teoría que se publiquen (aunque los autores de esos libros pretendan negarlo).

La merma de María Moreno (desde ya, uno de sus libros mayores) también pone en escena la escritura, ese aferrarse ciego a lo único que importa: “Había sucedido una hecatombe y yo quería llegar al final de mi frase”. María cree que después del ACV su prosa perdió en calidad poética, visual (“excesos barrocos”) y que ha ganado en transparencia. Se equivoca: su prosa es más filosa que nunca, lo que la vuelve un arma todavía peligrosa. Ya no es culterana, pero sigue siendo barroca a la manera conceptista. Retuerce los conceptos, que se arrastran como personajes de Beckett, hasta volverlos irreconocibles.

Devoré Prueba de cámara de Andrés Di Tella, que es el cuento de su vida (o de una media vida suya). Está muy bien escrito y pone justamente a la amistad como un enigma imposible de resolver, o como un fracaso incomprensible. Las idas y vueltas del relato (así es la vida) permiten interrogar nuestros propios centros ciegos.

Yendo de Analía Couceyro es un prodigio inesperado. Ella lee e interpreta chats que lee en el transporte público, como un vicio del que trata de salirse. Por suerte, no lo consigue.

 

sábado, 29 de noviembre de 2025

Foucault explicado a los niños

Por Daniel Link para Perfil

A Luca Guadagnino se le dan bien los ambientes universitarios. Fue convicente en Call Me by Your Name (2017), un melodrama con tesista, tutor, adolescente extraviado y joie de vivre en la campiña italiana donde, como se sabe, el que no coge es un inglés.

Ahora vuelve a ese ambiente, pero plagado de normas: el asunto de After the Hunt (2025) sucede en Yale, ¡donde dio clases Josefina Ludmer! Y te digo más: en el Departamento de Filosofía, donde Julia Roberts desempeña a una profesora que enseña bastante bien a Foucault (las otras menciones filosóficas son, en cambio, un poco triviales y huelen a “efecto de realidad”). Ella y su mejor amigo compiten por el codiciado tenure (titularidad vitalicia), que ninguno de los dos ganará mientras dura la película. Él, porque es denunciado por una alumna afroamericana (que está en pareja con un varón trans) por intento de violación (o violación a secas, nunca queda claro). Ella, porque es adicta a analgésicos para proveerse de los cuales le roba una receta a una amiga, que la denuncia (es, tal vez, lo menos verosímil de toda la película). También es un poco borracha, pero eso no parece inquietar demasiado a nadie.

En un posfacio, vemos a Julia Roberts convertida en decana, enfrentando a su pupila (a quien antes había acusado de plagiar el Homo sacer de Agamben) como para hacer las paces sin hacerlas del todo.

Todavía no sé bien si la película es buena o no (probablemente no lo sea), pero se deja ver y para quien ha participado toda su vida de las humanidades y de los chismorreos de las instituciones americanas es muy, pero muy simpática (esto se parece a lo de Princeton, esto se parece a lo de NYU, esto se parece a lo de Stanford, etc).

Caza de brujas es mucho menos amarga que Tár (2022), la película protagonizada por Cate Blanchet y dirigida por Todd Field, pero bastante más compleja. Superpone al melodrama de ambiente highbrow (ópera, universidad, Mahler, Foucault) un debate explícito sobre los límites institucionales (por más caprichosos que estos sean) y los riesgos de franquearlos y sobre el deber moral enfrentado a la ética personal.

En tiempos en que estas discusiones son arrojadas al vasto saco de la caducidad o de la inutilidad, la discusión de Julia Roberts (el personaje que desempeña) con una alumna es reconfortante porque muestra que la historia de la filosofía no sólo sirve para el lucimiento personal en una fiesta (lo que también sucede) sino para marcar el ritmo de los tiempos.

La próxima de Guadagnino es una nueva versión de American Psycho, que esperamos con ansias.


sábado, 22 de noviembre de 2025

Todo sea por el Papa Francisco....


 

Saber de menos

Por Daniel Link para Perfil

Escribo desde Santiago de Chile, donde no he podido coincidir con mi amiga Carolin Emcke, que estuvo la semana pasada, ni con mi amiga Nuria Girona, que llaga la que viene. Siempre me resultan simpáticos esos encuentros fugaces de personas que vivimos en ciudades muy remotas, como naves que cruzan en un puerto, para segur su camino hacia otra parte. 
Pero es cierto que esta vez mi agenda era muy apretada y tenía que socializar con mis nuevos y viejos amigos santiaguinos, que me pusieron al día en chismes pero también sobre la situación política y cultural de Chile.
Me di cuenta de que los diarios argentinos habían informado con bastante fidelidad sobre el primer aspecto (por supuesto, ningún análisis tan fino como el de los propios locales) pero que, en cambio, no tenía mucha idea de la cultura trasandina de los últimos años, meses, días.
Dándole vueltas al asunto caí en la cuenta de que en realidad se nos informa más bien poco sobre las culturas de otros países, salvo de los Estados Unidos, cuyas festividades ya integran nuestros calendarios. Lo que sabemos, lo sabemos por nuestras amigas, lo que en algún sentido no hace sino potenciar la necesidad de un vínculo humano para poder comprender la complejidad del mundo que nos rodea.
Pero cuando no hay informante amistoso, nos quedamos en penumbras.
Pienso, sobre todo, en culturas que en el pasado fueron muy ricas y tuvieron un gran impacto entre nosotras pero que hoy, como están en guerra, han sido silenciadas hasta el anonadamiento. 
¿Qué sabemos del cine, la literatura, el teatro y la música rusa? Es inverosímil pensar que la patria de Pushkin, de Jakobson, de Trubetskoy, de Ajmátova, de Eisenstein y de Tchaikovsky no tenga alguna marca interesante para compartir con nosotras y sería injusto cancelar todo lo ruso por la conducta de sus generales. En los países en los que, en efecto, se suspendieron los “contenidos” rusos de los programas de enseñanza, esa decisión fue recibida con escándalo.
Lo mismo podría decirse de las artes chinas: ¿no es inocebible, acaso, que sólo podamos pensar en ese mundo entero en términos del intercambio comercial que les conviene a los gobiernos estadounidenses?
Todos los que no somos sinólogos dependemos de informes por lo general tendenciosos. No hay noticia sobre la IA Deep Seek que no subraye con malicia su peligrosidad, como si las inteligencias artificiales de las corporaciones americanas fueran actualizaciones de la Maria Rainer de Julie Andrews.
Nada de eso se nos ahorra, desde ya: el absolutismo chino y su capacidad infinita de control, los oligarcas rusos y la sed de sangre de los generales de Putin, etc.
Todas las promesas de achicamiento de las distancias y de circulación irrestricta de la información en un mundo globalizado han sido desmentidas por la ignorancia a las que se nos somete. “¡Es que son países con censura!”, se nos dice. No puedo negar ese aserto, desde ya, pero me es evidente que tampoco se nos cuenta nada de sociedades más liberales pero que resultan igualmente insignificantes en términos del conocimiento que de ellas se nos ofrece.
Finalmente, la cultura global no es sino la máscara actual de la cultura imperial, que decide sobre qué se sabe más y sobre qué se sabe menos.
El New York Times acaba de publicar una nota contando que los disientes sexuales huyen de Rusia. ¿A dónde? A Buenos Aires, por supuesto.
Ojalá, pienso, entre tanta loca harta del terrorismo estatal haya algunas que nos cuenten cómo es la música, la poesía, el cine y el arte con el que crecieron y en el que encontraron (si así fue) las fuerzas necesarias para correr a nuestro abrazo.
Nos obligan a identificar a estados y a decisiones geopolíticas con comunidades de vida y con estilos de pensamiento, lo que está mal, porque bien sabemos que en los momentos más oscuros de las peores políticas estatales, nosotras encontramos la forma de resguardar el lazo comunitario, que poco y nada tenía que ver con las decisiones soberanas.
Pienso todo esto, lo escribo, y ya querría tacharlo porque me doy cuenta de la falsedad del razonamiento. ¿Acaso no ignoramos también las culturas que se forman y sostienen más allá de Buenos Aires? 
Tal vez no sea que nos imponen saber menos sobre ciertas comunidades, sino que no nos interesa saber más sobre ninguna que no sea la propia.
No sé si será una onfaloscopía o un mecanismo de supervivencia. En todo caso, sólo el conocimiento de lo que nos es ajeno nos permite poner en perspectiva lo propio, desabsolutizarlo, rebajarlo a sólo una variación de las infinitas posibilidades de existencia, que incluye a las existencias rusa, chilena, china, cordobesa, de las que necesitamos noticias, detalles, esperanzas.


sábado, 15 de noviembre de 2025

Mis pensamientos

Por Daniel Link para Perfil

Tener ideas no es lo mismo que sostenerse en un pensamiento. La idea es brillante, se impone en la oscuridad, crece como una pompa de jabón, por lo general explota salpicándonos con sus gotículas. Las ideas son como pedos de la mente. Los estilos de pensamiento permiten que una idea aparezca como una flor rara o como un cáncer repentino.

Por supuesto, las ideas tienen su vida propia y que desaparezcan en un momento histórico no significa que no puedan volver a seducirnos. Y, al revés, una idea triunfante, de pronto puede tropezar y convertirse en humo, en polvo, en nada.

El pensamiento es más aburrido, pero más sólido. Esa solidez puede ser a veces engañosa, como la de un ladrillo mal cocido. Pero el pensamiento no flota en el aire, sino que se desliza como el caracol, con su baba que marca un andar.

Siempre hay que ser capaz de determinar qué pensamiento es capaz de generar qué ideas o, una vez abrazada la idea (¡votemos a la ultraderecha!), en qué pensamiento se la justifica: ¿que está bien que cada uno se salve por su cuenta; que está bien atar el futuro de una comunidad, un país a los vaivenes de la especulación financiera? ¿que está bien desdeñar los poderes republicanos (que es el ámbito en que la ultraderecha tiende al fracaso)? ¿que está bien humillar al diferente? ¿que está bien aceptar sin análisis crítico cualquier gansada que a una le digan, por mero principio de autoridad? ¿que, inferiores como somos, debemos aceptar las condiciones que nos imponen los mamarrachos que ejercen el poder mundial? ¿que la naturaleza es algo para ser meramente explotado? ¿que te podés coger lo que se te de la gana en la privacidad de tu domicilio, pero no andar dando besos en público a quienes no se supone que tengas que besar?

Sí, los pensamientos son como ladrillos (a veces más sólidos, a veces menos), que sirven para hacer puentes, casas, caminos. Si uno usó un ladrillo, sabe que el que viene tiene que encastrar con ese para poder construir algo. Las ideas, en cambio, son autónomas y compiten entre si por la atención. Tengo esta idea. La mía es mejor, sorete. Qué tristeza.

 

viernes, 14 de noviembre de 2025

sábado, 8 de noviembre de 2025

Chicago Girls

Por Daniel Link para Perfil

Vuelvo de Chicago, donde hoy mismo se está desarrollando el congreso “Imaginarios autoritarios” en el mismo lugar (la Universidad de Chicago) donde estudiaron los Chicago Boys, famosos sobre todo por la implementación del modelo económico neoliberal durante la dictadura de Pinochet. “Imaginarios autoritarios” es una acción del proyecto “Un contraimaginario en tiempos autoritarios”, liderado por Judith Butler (UC Berkeley), Shannon Jackson (UC Berkeley), Debarati Sanyal (UC Berkeley), and Denise Ferreira da Silva (New York University), lo que introduce una variable fundamental a la hora de considerar los imaginarios autoritarios: el género.

Más allá de eso, el trabajo de definir las nuevas formas imaginarias en que el autoritarismo se procesa está en marcha y nos involucra directamente. No deja de sorprenderme, por ejemplo, la resistencia militante del periodismo argentino para reconocer rasgos de neofascismo en las ecologías políticas en las que vivimos. “No es lo mismo” no se cansan de decir los aterrados cronistas del presente, que seguramente temen que en algunos años les reprochen no haber sido suficientemente críticos con la marea discursiva fascista que se nos pega al cuerpo.

Doy un ejemplo. En la fila de seguridad del aeropuerto en el que tomé uno de los aviones de regreso (fueron tres), había un cartel que decía: “Autodepórtese”. Estaba en castellano, con lo cual quedaba claro quiénes eran sus destinatarios. La “deportación” (que no es una “repatriación”) es un acto de violencia estatal, aquí apenas mitigado por el prefijo “auto”. Ahora bien, más allá de hablantes de español, ¿quiénes son los destinatarios de esta amenaza autoritaria (“Si no se auto deporta, el ICE seguirá dando prioridad a su expulsión”) y por qué? No pueden ser “criminales”, porque en ese caso no se entiende que el Estado financie el viaje y otorgue un premio de 1000 dólares por familiar. Tampoco puede tratarse de personas que hayan desestabilizado el mercado laboral (ninguna estadística avala esa hipótesis).

La razón es puramente imaginaria: son personas “no blancas”, hispanoparlantes, cuya mera existencia bloquea la ilusión de pureza. Si eso no es fascismo, no sé qué puede serlo.


 

miércoles, 5 de noviembre de 2025

¡Autodepórtese!

 
Si esto no es fascismo, no sé qué puede serlo... 

 

sábado, 1 de noviembre de 2025

La tajada de sandía



por Daniel Link para Perfil

La doctrina del “Destino manifiesto”, cuyo nombre se estabiliza recién en 1874, fue formulada en 1630 por el ministro puritano John Cotton, quien sostuvo que “Ninguna nación tiene el derecho de expulsar a otra, si no es por un designio especial del cielo como el que tuvieron los israelitas, a menos que los nativos obraran injustamente con ella. En este caso tendrán derecho a librar, legalmente, una guerra con ellos y a someterlos”. La expresión “destino manifiesto” aparece por primera vez en el artículo «Anexión» de John L. O'Sullivan, publicado en la Democratic Review (Nueva York: julio-agosto de 1845). Allí se lee que “El cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia, para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno. Es un derecho como el que tiene un árbol de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades y el crecimiento que tiene como destino”.

A partir de este supuesto, los Estados Unidos anexaron los territorios de Texas (1845), California (1848) e invadieron México (1846), apropiándose de Colorado, Arizona, Nuevo México, Nevada, Utah y partes de Wyoming, Kansas y Oklahoma (2 millones 100 mil kilómetros cuadrados, el 55 % del territorio mexicano de entonces). Estados Unidos intervino militarmente en Nicaragua en 1860 y en 1912, en Honduras en 1903, 1905, 1919 y 1924 para “restablecer el orden”, y en Cuba en 1898, después de haber vencido a las tropas ibéricas.

Particularmente interesante es el episodio de la “tajada de sandía” (cuya intensidad semiótica no puede disimularse). El 15 de abril de 1856 desembarcó en Panamá de un buque procedente de California el estadounidense Jack Oliver. Acompañado de unos amigos, se detuvo en el puesto de frutas de José Manuel Luna en el barrio de La Ciénaga, tomó una tajada de sandía, se la comió y quiso irse sin pagarla (valía un real, equivalente a cinco centavos de dólar de entonces). Reclamado el pago, Oliver insultó y amenazó al puestero a punta de pistola. El vendedor respondió con su puñal. Miguel Abraham (de nacionalidad peruana) arrebató la pistola a Oliver y salió corriendo, perseguido por la muchachada californiana, a los tiros.

El resultado de la batalla entre arrabaleros panameños apoyados por la gendarmería y aventureros norteamericanos fue de 14 norteamericanos y un francés muertos, en un bando, y 2 muertos y media docena de heridos en el otro, y la destrucción de las instalaciones de la Panama Railroad Company. El 18 de julio de 1856, el comisionado estadounidense Amos Corwine recomendó “la ocupación inmediata del istmo de océano a océano por Estados Unidos a menos que Nueva Granada nos convenza de su competencia e inclinación para suministrar adecuada protección y una rápida indemnización”. Ambas cosas sucedieron (indemnización y garantías de seguridad). Lo demás es historia reciente y manifestación de un destino latinoamericano que por fin nos alcanza cabalmente.

sábado, 25 de octubre de 2025

La mala educación

Por Daniel Link para Perfil

Hoy vuelo a los Estados Unidos, de modo que mañana no voy a acudir a las elecciones legislativas. Como mi voto ha sido siempre para la izquierda, no significará nada en la batalla de monstruos de final abierto (King Kong vs. Godzilla, Alien vs Predator, lo que quieran). Estaré atento a las novedades del domingo.

Mientras tanto, no deja de preocuparme mi estancia en el país del Norte, donde arrastrado el Ejecutivo por el delirio de nuestros gobernantes, nos ha hecho blanco móvil del odio del común de los norteamericanos. Mis amigas de Chicago me dicen, a propósito de mi destino final: “En South Bend hablaría con acento caribeño… Ojo que si suenas mexicano - o sencillamente hablas español- te paran y te piden documentos… y si te escuchan argento o venezolano, ¡son los mismos vecinos los que te delatan!”

Es la persistencia del siglo XX: antes, yo imaginaba una experiencia kafkiana en los controles migratorios. Ahora, anticipo una experiencia brechtiana en las ciudades.

Creo que no será para tanto. Después de todo el americano del Midwest no tiene el oído tan entrenado como para identificar argentinos. Llegado el caso, diré que soy uruguayo o paraguayo.

Más grave es dejar el lugar donde se vive pendiente de un hilo, que puede cortarse en nuestra ausencia. Creo que desde 2001 no había una sensación de fragilidad semejante.

Pero esta vez hay que recordar la pareja marxiana tragedia-farsa. Lo de hoy cae del lado de la farsa y despierta la carcajada en todo el mundo. Para nosotras, la vergüenza. Toda la cadena o serie: Libra, Karina, Coimera, Expert, Rescate, Carry Trade, Gobernabilidad, “Libre”, Caputo, Conan nos arrojan del lado del bufón del capitalismo financiero.

Una vez más, Brecht. La ficcional Mahagonny es una ciudad emblema del capitalismo ordenado alrededor de la timba (financiera, diríamos hoy), fundada por prófugos de la justicia. Siempre sostuvimos la equivalencia (pedagógicamente pertinente) entre Mahagonny y Las Vegas. Hoy, en cambio, esa relación parece desactualizada. La mescolanza nunca vista antes entre gobierno y crimen organizado compite con las payasadas y fortunas que se hacen y se transfieren a la sombra de un electorado hambreado, harto de promesas incumplidas y atónito ante la decadencia de la clase política. Ahora parece que vamos a entregar uranio a cambio de un puñado de dólares.

Hubiera querido estar presente en el momento de definitiva disolución de Argentina. Pero los compromisos laborales tienen esos caprichos. Volveré a juntar pedazos. Y a repetir: con una buena educación....

 

martes, 21 de octubre de 2025

Último llamado

Los pasajeros con destino a O'Hare embarcan por puerta 10

 



 

 

 

sábado, 18 de octubre de 2025

Pensamientos sobre el aborto

Por Daniel Link para Perfil

En estos días se están presentando muchos libros sobre Pasolini (el de Eduardo Grüner, el de Diego Bentivegna) como homenaje a cincuenta años de su asesinato. A mí me toco presentar, ayer, el más incómodo. Pasolini sobre el aborto recopila todos los textos que el Amadísimo dedicó al asunto hacia mediados de la década del setenta, traducidos y editados por Guillermo Piro y con una cuidada introducción de Laura Klein.  

Subrayemos esto que dice Laura: lo que Pasolini discute no es la interrupción voluntaria del embarazo en si, sino las condiciones para pensar el aborto, es decir: las condiciones para pensar cualquier objeto o relación socialmente significativos. La consigna “mi cuerpo, mi decisión” le fue al Amadísimo (y a nosotras mismas) intolerable porque supone un decisionismo liberal que abstrae a los individuos de los colectivos de los que forman parte.

Más allá de mis malestares personales o mis desacuerdos, el libro va encontrando su lógica a medida que leemos las (a veces disparatadas) contribuciones de Pasolini a un debate mal planteado. El libro no nos interpela (no puede interpelarnos) como un libro sobre la legalización del aborto (discusión ya saldada). Si bien plantea su pertinencia, su necesidad, su regulación, su legalidad, su colocación respecto de la vida y de la muerte, lo que nos toca en las intervenciones del Amadísimo es que nos pregunta cuáles son las condiciones de posibilidad y las herramientas para sostener un pensamiento sobre la interrupción del embarazo.

Pasolini sobre el aborto supone, pues, dos intervenciones mayores: un corte y una sutura. No sabemos bien si los argumentos de Pasolini se corresponden con los “estilos de pensamiento” de la época que habitó (muy distintos de la nuestra). En todo caso, la verdad de los enunciados del Amadísimo deben revisarse de nuevo (es lo que hace Laura Klein impecablemente). En tiempos de Pasolini todavía existía el temor a la sobrepoblación; hoy, en cambio, el tema demográfico dominante es la drástica disminución de la natalidad.

Eso, en cuanto al corte. El punto de sutura, muy delicado y admirable, radica en la noción de reserva conceptual o suspensión, que no permite leer los faltantes, los descuidos, los puntos ciegos y las preguntas sin resolver del pensamiento pasoliniano. El recurso a la reserva o suspensión nos permite encontrar vías alternativas para discutir un pensamiento más allá de la mera identificación imaginaria (Pasolini es misógico / Pasolini es edípico / Pasolini es católico / Pasolini es puto).

Pasolini nos dice que en la interrupción del embarazo resuenan los problemas éticos de la responsabilidad y el consentimiento. Él dice: el problema del aborto es el problema del coito. Se puede inferir que de lo que está hablando es de un coito ejercido sin responsabilidad, sin evaluar las consecuencias que involucra. Fue el argumento principal de Fogwill, quien también se manifestaba contrario al aborto. Es como si Pasolini dijera: estos prefieren abortar antes que ponerse un forro.

Se le ha reprochado a Pasolini su poca referencia a las mujeres. Laura se detiene en este punto. Yo creo que el asunto es estratégico y por eso Pasolini repone al varón y su responsabilidad (en el coito él estaba ahí, insiste). Sabe que, a lo largo de los siglos, se ha atribuido a las mujeres una capacidad seudosoberana de dañar a los embriones, a los niños y al futuro. Han sido identificadas como blancos no solo de la optimización biopolítica, sino también de las medidas de la soberanía legal (y con la precariedad del acceso al aborto fuertemente inmiscuida en ambos extremos).

La ética que interroga la posibilidad del cálculo biopolítico no prescinde de la responsabilidad y del consentimiento y admite que, incluso, puede haber errores (porque una no ha elegido las condiciones en las que debe elegir) y, con certeza, hay pérdidas incalculables (tanto en la “vida” como en la “muerte”).

Pasolini acierta al proponer que el aborto es el gemelo de lo queer porque los dos apelan a una ética que se resiste al cálculo biopolítico. Ahí está, creo, la utilidad de este libro, que repone un pensamiento que ahora podemos reconocer como un instaurador de discursividad.

Asuntos a tener en cuenta en relación con cualquier pensamiento sobre el aborto: cálculo biopolítico, sustentabilidad ambiental, soberanía, control poblacional, derechos reproductivos, subjetividades disidentes e imperialismo. La vida (o la muerte) de la especie, por un lado, la vida (o la muerte) de las comunidades, por el otro. Dicho en dos palabras: biopolítica y tanatopolítica. Las figuras que hay que manipular: la vida potencial, el Niño Imaginario, la Madre Imaginaria, el Padre (siempre, el Padre).