lunes, 2 de julio de 2007

Pedagogía

En el teatro, más que en cualquier otro género, el público es una categoría decisiva. ¿Cómo es el registro imaginario según el cual una obra ha sido producida? ¿Cómo es el registro imaginario en el cual esa misma obra es recibida? ¿Qué relaciones complejas pueden establecerse entre la experimentación formal y un producto consumido como espectáculo? El teatro que me interesa se hace entre dos voluntades: el experimento y la comprensión. Es lo que se ha llamado teatro de boulevard y, ahora, bodriovil.
La oposición entre teatro experimental y teatro comercial es un poco caduca y más valdría pensar en las relaciones entre teatro experimental, comercial y de repertorio, porque cada una de esas variedades implica una relación diferente con las audiencias y, también, contextos institucionales diferenciales.
¿Quiénes pueden tener o no ciertas obras de arte y, en este caso, quiénes pueden patrocinar o no ciertas obras de arte? El teatro de repertorio, es decir el teatro clásico, incluyendo a los grandes clásicos del siglo XX (Pirandello, Brecht, etc.), sólo puede ser patrocinado por el Estado, en el mismo sentido en que la Capilla Sixtina o las catedrales sólo puede ser sostenidas por un Estado. Se trata de incorporar el teatro en un repertorio de objetos de pedagogía (pedagogía respecto de la cual, en muchos casos, el teatro nunca pensó tener relación alguna: "mejor la destrucción, el fuego", etc.).
Fuera de los intereses del Estado, estrictamente considerado, queda el teatro concebido como ritual (experiencia) o como entretenimiento. Una ecología como el Centro Cultural Ricardo Rojas, que puede imaginarse a sí mismo como marginal (o, por el contrario, hiperespecializado) en el contexto de las instituciones de pedagogía estatal, parece el ambiente más apto para una reflexión sobre esas complejas relaciones entre experiencia, entretenimiento y pedagogía.

(anterior)

1 comentario:

emeygriega dijo...

Una ecologia como el Rojas es apta para reflexionar sobre esas relaciones y sobre muchas otras. El Rojas es un bello y mugriento laboratorio contra natura, unico en America latina y quiza en el orbe, que ofrece desde hace 20 años teatro en un quinto piso sin ascensor....y la gente sube.
El Rojas es el lugar donde, cuando era gratis como corresponde, Batato leia a Alejandra Pizarnik para los linyeras, los pibes de la calle, los faloperos deambuladores y los borrachines de Halley Discoteque, un tugurio metalero de los 80 que fue vecino durante años y cuyos vomitos salpicaban siempre la puerta de Corrientes 2038.
Todas las pequeñas maravillas geneticas y esteticas que el Rojas preparo en sus tubos de ensayo tienen que ver SOLAMENTE con dos cosas: que esta inscripto en el corpus de la Universidad de Buenos Aires- por eso nunca, felizmente, nunca se parecera al Malba ni al Recoleta- y que su segundo e inolvidable director, el profesor Leopoldo Sosa Pujato, un hombre de progreso, le imprimio una belleza y una pedagogia de practica democratica que las siguientes administraciones no pudieron derribar, a pesar del intento.
Por eso tu bodriovil no podia estar en otro lugar.