Esta mañana, temprano en la ciudad de México, fuimos con Mario y su perro al mercado a comprar las flores anaranjadas que son de rigor para festejar el Día de muertos. ¿A quién le dedicaríamos nuestro altar? ¿Quiénes serían nuestros muertos? En todo caso, una botella de tequila podía servir para cualquiera, y la caja de alfajores Havanna que le traje de regalo, también.
Ahora, al cementerio. Y más tarde, a la inauguración de los principales altares. Y a la noche, cena en las Lomas de Chapultepec.
H. A. Murena y el ciclo "El sueño de la razón"
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Leer hoy a H. A. Murena es un gesto anacrónico.
En los últimos años su poesía y sus ensayos han sido revisitados por
distintos libros y reediciones, pero...
Hace 5 horas.

1 comentario:
Por qué acá nunca prendió el Día de los Muertos? Aunque sea con un 2x1 en el Panteón...
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