Esta mañana, temprano en la ciudad de México, fuimos con Mario y su perro al mercado a comprar las flores anaranjadas que son de rigor para festejar el Día de muertos. ¿A quién le dedicaríamos nuestro altar? ¿Quiénes serían nuestros muertos? En todo caso, una botella de tequila podía servir para cualquiera, y la caja de alfajores Havanna que le traje de regalo, también.
Ahora, al cementerio. Y más tarde, a la inauguración de los principales altares. Y a la noche, cena en las Lomas de Chapultepec.
Los índices de la revista Opium (1a parte)
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Los que pasaron por Lecturas y exhumación, quienes conocen este blog, saben
que me interesan los paratextos. Le he dedicado, por ejemplo, posteos a las no...
Hace 6 días.

1 comentario:
Por qué acá nunca prendió el Día de los Muertos? Aunque sea con un 2x1 en el Panteón...
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