sábado, 24 de septiembre de 2011

Signos musulmanes

por Daniel Link para Perfil

Ayer, la noticia era que Francia prohibia (habría de prohibir) la ocultación del rostro en el espacio público (léase: el uso de chador). Ahora, el veredicto afecta al rezo: no se podrá orar en el espacio público que, cada vez más, se parece a un espacio concentracionario (¿si yo pienso en Dios y canto mientras camino por la calle, estaré violando la Ley?).
El ser musulmán es extraño a Occidente y se lo penaliza de todas las formas posibles en las ciudades occidentales como si se tratara de una lepra.
Pienso en todas estas cosas mientras camino por las calles elegantes de Taksim, en Estambul, y me cruzo con mujeres musulmanas. No esas chicas que llevan el pelo oculto por pañuelos con estampados chillones y visten impermeables de nylon de colores pastel, sino ésas que parecen salidas de nuestras pesadillas, cubiertas de sedas negras de la cabeza a los pies, incluida la cara, y con anteojos oscuros para evitar siquiera el contacto ocular (digo bien: ocular y no visual; lo que está en juego es la relación táctil que, a través de la luz, se establece entre un ojo y otro).
Ellas van de la mano con sus maridos o novios, vestidos con bermudas y remeras, como cualquiera de nosotros (¡nosotros!; digo mal: como cualquiera que no adhiera a los rigurosos códigos establecidos por los seguidores del Profeta). ¿En qué se funda una diferencia semejante? ¿En la relación de dominio de hombres sobre mujeres, como le gustaría pensar a cualquier liberal à la Sarkozy?
Para mí el asunto es más grave y pienso en el rito salvaje y cruel al que son sometidos los varones, la circuncisión. ¿Cómo, si ellos han debido aceptar lo Descubierto como mandato cultural y religioso de por vida, habrían ellas de negarse a la obligación simétrica de lo Cubierto? No es sólo un problema de fe lo que se juega en esas parejas andantes de ocultamientos y desocultamientos, ni tampoco una teoría del amor (
reservo la exposición de lo más íntimo de mi para quien amo solamente) sino un principio de simetría típico de las sociedades monoteístas en las que la diferencia, que para "nosotros" es el fundamento de las multiplicidades, produce sólo tachaduras.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Es muy importante que leas "Nieve", de Orhan Pamuk. No sólo es un libro muy esclarecedor sobre el velo -prohibido principalmente en espacios públicos musulmanes: Túnez, la universidad en Turquía...-, además te ayudaría a revaluar tus apresuradas conclusiones. Ah, por cierto, el equivalente de la circuncisión no es el velo, sino la ablación del clítoris, otra bonita tradición del Islam ...

Linkillo dijo...

Es que yo me apresuro a concluir (Ejaculatio praecox) antes de que venga algún pelotudo a cortarme el mambo. No pienso leer nada de lo que me recomendás. Estoy "de viaje".

Larsen dijo...

Las mujeres a su vez, carecen de encantamiento y seducción femenina, provocador del sobresalto imaginativo o poético. Desfiguradas en el interior de sus mantas, la cabeza encapuchada, la frente vendada, el rostro cubierto casi hasta el nacimiento de la nariz con una tela cruzada que deja visible únicamente los ojos, son menos atractivas que una monja tornera, cuyo aspecto reproducen con ostensible y superior deformidad. Leo no sé en qué revista, de un señor que encarece la poesía de Oriente, que “estas mujeres se pierden por las calles como fantasmas”; a mí más que fantasmas, me parecen bolsas ambulantes. Descalzas, mostrando los calcañares amarillentos por las babuchas aplastadas, desafío a nadie que pueda encontrar inspiración poética en fuentes tan bastas.

(De las "Aguafuertes africanas", de Roberto Arlt)

casetera dijo...

me cuesta señalar con el dedo a las musulmanas y su "falta de libertad sexual" cuando aqui en occidente las mujeres son obligadas a parir en sanatorios atadas a un suero y en la posición que más cómoda le quede al sr. dr. obstetra.... y sin chistar un, dos, tres, puje!
eso, si tienen el "privilegio" de contar con una obra social por ejemplo...
(perdón por la digresión, pero mi "estado" me vuelve monotemática)

Viva la medicalización dijo...

Casetera:
Tené a tu hijo en tu casa, en la posición que quieras, sin pedidural y sin ningún médico. Nadie te lo impide, no te sientas obligada a nada.
Eso sí, después, si te infectás o la cosa se complica, ni se te ocurra pedir asistencia médica ni nada por el estilo, ya que tanto te molestan las disposiciones del Sr. Dr. Obstetra, el Cuco.
Los lectores berretas de Foucault son una peste.

Oruga Viajera dijo...

La tinelización intelectual me aburre. Por qué arremeten unos contra otros? Eso sí, sin olvidar mencionar a un autor, una nota al pie. No vaya a ser que los confundan con Rial.

Anónimo dijo...

no son tan retrógrados en ese respecto: a las chicas les destruyen el clítoris.

Anónimo dijo...

Cuántos países musulmanes prevén la pena de muerte para los homosexuales?

casetera dijo...

lamentablemente, las mujeres sí son obligadas e impedidas de tener a sus hijos como les plazca en los hospitales públicos y clínicas
y perdé cuidado: yo voy a pedir toda la asistencia que se me ocurra cuando tenga necesidad de ella porque es mi derecho y la obligación de los profesionales.
ah... y ya no leo a viejitos caducos como sí lo hacen los berretas, retrógados y provincianos que celebran la medicalización y la cientificación de todo, como en el tiempo del ñaupa.