domingo, 23 de septiembre de 2012

La ciudad de las ratas

No soy bueno para las situaciones hospitalarias, ni como paciente ni como visitante, de modo que entiendo perfectamente la renuencia (que comparto) a visitar internos o internados. Supongo que, en mi caso, la situación se remonta hasta algún trauma de infancia que incluía esas instituciones de anatomopolítica. En todo caso, jamás recriminaría a alguien que no me haya visitado en tal o cual circunstancia porque, después de todo, lo que importa es el acompañamiento, como se dice, espiritual, que puede darse a la distancia (acabo de hablar con un amigo que está en Brasil y dos que están de viaje en Estambul y sus risas alcanzaron para alegrarme la tarde).
Sin embargo, y por lo mismo, no deja de sorprenderme y conmoverme la cantidad de visitas que he recibido en los úlltimos días, aquí, en mi domicilio provisorio en las inmediaciones de Facultad de Medicina. Por supuesto, agradezco las muestras de solidaridad y preocupación y vuelvo a repetir que "volveré, y seré millones".
Hay casos, eso sí, que merecen un análisis aparte. Ya se sabe que las situaciones críticas son ideales para la ruptura de vínculos que uno valoraba equivocadamente sólidos, y expondré un episodio doloroso de los últimos días que así lo demuestra. 
Los fines de semana largos (los feriados-puente que el amor kirchnerista nos regala) solemos pasarlos afuera, ya en la quinta que a esta altura de la primavera vuelve a ser un destino amable, o bien en otra parte, allí donde nunca estuvimos o donde ya estuvimos pero queremos volver.
No es raro que algún amigo quiera colarse en estas escapadas que nosotros, generosos como somos, siempre estamos dispuestos a compartir con terceros (cuartos o quintos). 
El miércoles pasado, cuando yo ya tenía la orden de internación firmada y sellada y sólo me quedaba "esperar cama" (hay aparentemente "saturación hospitalaria" y es difícil conseguir cama en cualquiera de los niveles sanitarios que se consideren), un "amigo" llamó para ver cómo estábamos. Yo no lo atendí porque mis prioridades estaban puestas en otras travesías diferentes de una gira turística de fin de semana largo. Insistió en el teléfono de S., que le informó con exactitud la situación penosa en la que yo estaba.
El "amigo" dijo que cuando tuviéramos alguna precisión le avisáramos y nunca más supimos de él. Olvidé el episodio, porque la rutina sanitaria me arrebató totalmente, hasta ayer. Siendo fin de semana (alargadísimo por el "día de la sanidad"), la cantidad de estudios de los que soy objeto mermó sensiblemente y pude ponerme a pensar en "las cosas de la vida". 
Recordé al "amigo" y le escribí un mensaje de texto tremebundo: "¿Así que llamaste para ver si te podías colar a algún lado el fin de semana y cuando viste que, por nuestra parte, no había chance, decidiste que no merecía yo ni un SMS? Por fortuna la morfina afinó mi percepción y me mostró la clase de RATA que sos". 
Lo extraño es que la RATA me contestó airada.... alegando que esperaba que le notificáramos el número de habitación y que, como el dato no llegó, entendió que preferíamos que así fuera. Y agregó: "estoy preocupado". 
Ya a esa altura tuve que pedir nuevas dosis de analgésicos porque la ira me dominaba a tal punto que mi espina dorsal, tan frágil estos días, amenazaba con quebrarse. Uno se preocupa por el derretimiento de los casquetes polares o por el precio de la tonelada de la soja. Ante un problema de salud de un amigo, uno levanta el teléfono, o escribe un mail, o lo que fuere, o muestra que es una persona extremadamente vil. Lamentablemente este "amigo" prefirió alojarse en la vileza que yo traduje mal como RATA.
 El Staphylococcus aureus no está en mi corazón, pero igual lo envenena. O mejor: los antibióticos limpiaron mi corazón de dorados falsos. Uno menos para tener en cuenta.

6 comentarios:

Marivale dijo...

La enfermedad nos trae altas dosis de auto compasión y extrema nuestra sensibilidad. Quizás es una rata, o quizás es culpable de no saber cómo actuar para no molestar. No semos perfectos y si tiene buenos sentimientos procurará enmendarse.

Anónimo dijo...

a veces la gente no quiere romper las pelotas. a veces la gente se asusta de más y no sabe qué hacer. a veces la gente es idiota para la pena. no todos tienen los mismos skills en la alegría y en la preocupación.

Anónimo dijo...

cómo empieza un tema de lennon "who is it, who is it"
ivo

Anónimo dijo...

es una rata, efectivamente

Espero que pase rápido la tortura hospitalaria y vuelvas pronto a tu casa

Daniel

Linkillo dijo...

¿Y hasta cuándo, y cuántas veces, sería criterioso esperar la enmienda? Un poco cristiano soy, pero tampoco fundamental o fundamentalista, es decir: sebastiano.... ¿Y por qué el egoísmo se interpreta como "no saber actuar"?

Linkillo dijo...

Sea: pero no hablamos de Larry y Ramírez en Maldición eterna a quien lea estas páginas. Hablamos de un mensaje de texto... la forma más penosa del distanciamiento. De todos modos, es sólo una figura de relato, una de las tantas interrogaciones a las que me abandono.