sábado, 19 de diciembre de 2020

La expresión americana

Por Daniel Link para Perfil

Joseph Pierce, un querido amigo ciudadano de la Nación Cherokee, acaba de publicar un artículo en el que se refiere a un episodio de intolerancia que sufrió cuando osó criticar “una performance chilena por su utilización de cuerpos negros como elementos de adorno monstruoso” (se trata de Cuerpos para odiar). Se lo acusó de colonialista, y de extractivista. Se lo consideró lisa y llanamente un agente del Imperio, sin reparar en lo que podía haber de común entre su situación como integrante de una nación subalternizada en el hemisferio norte y los grupos subalternizados en el hemisferio sur de Abya Yala (las Américas), para usar las palabras de Joseph.

El prejuicio de que cualquiera que viva en los Estados Unidos es cómplice de todos los atropellos que pudieran asignarse a la política exterior de ese país es fácil. Pero tal vez no sea intelectualmente honesto, y la historia nos lo demuestra. 

En 1836, Ralph Waldo Emerson publicó anónimamente el libro Naturaleza, que se abría con la pregunta “¿Por que no habríamos de disfrutar también nosotros de una relación original con el universo?” y se cerraba con una exhortacion a “construir un mundo propio”. Al año siguiente pronunciaría su célebre conferencia “The American Scholar”, que fue considerada la Declaración de Independencia literaria, una escritura de enmienda o mejora de la propia Constitución de los Estados Unidos de America. Si “El Scholar americano” es, probablemente, el texto original de la descolonización, Los condenados de la tierra de Frantz Fanon es el texto final de la perspectiva decolonial.

Sabemos la importancia que tuvo Emerson para Sarmiento, quien, cuando se entero de su muerte, escribio en El Nacional de Buenos Aires: “Emerson. ¡Los dioses se van!...”.
Algunos años después, Jose Ingenieros dedicó un curso a Emerson, publicado luego como Hacia una moral sin dogmas, cuyo sentido se mezcla inexorablemente con el de la Reforma del 18. Allí señala que una cierta “filosofía social” llegó simultáneamente a las dos Américas. Emerson y Echeverria fueron el alma de agrupaciones (el Club de los Trascendentales, la Asociación de Mayo) alentadas por idénticos principios. En la perspectiva de Ingenieros Emerson aparece como un miembro excéntrico de la Generación del 37.
Antes podía pensarse en una cierta traducción de políticas (decoloniales entonces, ahora antirracistas) de un hemisferio a otro. ¿Por qué hoy no?

 

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