martes, 14 de julio de 2015

Campaña anti-argentina


Del New Yorker a CFK, con amor: "Dictatorial, corrupta y agresiva" 


La revista estadounidense critica duramente a la Presidenta pese a los elogios que la mandataria había hecho del periodista. “La reina del bótox”.



 

Cristina fue entrevistada a solas por el periodista Dexter Filkins. | Foto: cfkargentina.com 
 

La revista estadounidense The New Yorker tuvo la posibilidad de entrevistar a Cristina Fernández de Kirchner a solas para hablar, entre otras cosas, sobre la muerte del fiscal Alberto Nisman. Para evitar tergiversaciones, la mandataria se anticipó e hizo grabar la entrevista para difundirla ayer, un día antes de que salga el artículo publicado.
Sin embargo, el medio estadounidense optó por realizar un análisis político sobre la entrevista en lugar de hacer una transcripción del reportaje. Allí, bajo el título de "La muerte de un fiscal", el periodista critica duramente a Cristina Kirchner al considerarla “más dictatorial”, “más corrupta", con “comportamiento agresivo” y “obsesionada con la imagen”.
"Cristina Kirchner se ha vuelto más dictatorial y, de acuerdo con las denuncias de la prensa, más corrupta", asegura el periodista Dexter Filkins en su artículo, para luego agregar que tiene "modales erráticos y una perspicacia política despiadada".
En otro de los párrafos, Filkins recuerda los cables confidenciales dados a conocer por WikiLeaks y destaca que "los diplomáticos norteamericanos señalaron el 'comportamiento agresivo' y su obsesión con la imagen’”.
“Según informan, gasta 'miles de dólares por año en las últimas tendencias y enponerse inyecciones de silicona en la cara y extensiones de pelo para parecer más joven'. Los medios le dieron el sobrenombre de 'Reina del botox'. La propia Cristina Kirchner a veces sigue el juego, diciéndole a los periodistas: 'Yo ya nací maquillada'", publicó.
Como dato color, el periodista sostuvo que al momento de la nota, la mandatario llegó con "un vestido de volados y un pesado maquillaje", y que, según el mismo relató, la propia Cristina Kirchner se acercó para peinarlo. "Antes de que la entrevista comenzase, ella se inclinó para arreglarme el pelo. '¿Hay alguna chica que pueda ayudarlo?' –preguntó– 'Queremos que salgas lindo'". Luego, ella empezó a alisarse el suyo: "'Quiero arreglarme un poco', dijo. 'Perdoname, además de Presidenta soy una mujer: el vestido, la imagen...'. Detrás de cámara, una asistente le gritó: '"¡Estás divina!'".
Elogios K. “Hace unos meses recibí un pedido de entrevista de la revista The New Yorker, de USA, para hacer una nota en Argentina, hacía unos días que había vuelto de mi visita de Estado a la República Popular China. El periodista Dexter Filkins vino hasta Olivos donde mantuvimos una extensa charla el día 11 de marzo”, recordó ayer Cristina vía Twitter, horas antes de que la nota se publicara.
La mandataria afirmó que una vez que Filkins “se encontró en Argentina quiso saber más sobre ‘el país y sobre los años extraordinarios que han tenido aquí’”. “Me contó entre otras cosas que lo que más lo había sorprendido fue ‘la manera en que la Argentina ha realmente juzgado a los militares’’durante la democracia por delitos cometidos en los ‘70 y principios de los ‘80. Y esto no se ha producido casi en ninguna otra parte del mundo”, agregó.
”Fue una extensa nota que me parece que les va a interesar”, tuiteó no sin antes linkear un artículo con la desgrabación textual de la entrevista y concluyó saludando elogiosamente al periodista: “Un gran saludo a Dexter Filkins por la excelente charla que mantuvimos. Multipremiado periodista, que en el año 2009 obtuvo un Pulitzer”. Sin lugar a dudas, hoy Cristina se llevó una sorpresa.

lunes, 13 de julio de 2015

Rolando, me estás cansando....




sábado, 11 de julio de 2015

¡Viva la patria!




Kafka para todos y todas


Por Daniel Link para Perfil

Los comicios electorales son cada vez menos democráticos y cada vez más autoritarios. Contamos, en este momento con ciudadanos de tres clases diferentes. Los adultos y los adultos mayores de 70 años se diferencian porque para los primeros el voto es obligatorio y para los segundos, no. ¿Por qué? No queda damasiado claro, pero es como decir que los viejos tienen dificultades de movilidad. Entonces, votan si quieren. Más lógico hubiera sido que la obligatoriedad del voto rigiera también para ellos y, luego, aclarar que no se los sancionará en el caso de que no cumplieran con ese trámite obligatorio.
A esas dos clases de ciudadanía, que da por tierra con la universalidad democrática, se suma ahora el caso de quienes tienen entre 16 y 18 años. Ellos pueden votar, pero no están obligados, lo que violenta todavía más la pretendida universalidad del voto. O es igual para todos, o es nada.
Como ciudadano, tengo el derecho a votar o a no votar, a votar en blanco o a votar de tal modo que mi voto sea impugnado. Deberé hacerme cargo de las consecuencias de mis actos, pero es inadmisible que se pretenda condicionarlos mediante reglamentos oportunistas (la ley es universal o es nada). El sistema de boleta única electrónica agrega todavía más opacidad a las reglas del juego democrático.
¿Cómo se vota en blanco? Las nuevas máquinas de impresión de boletas contemplan esa posibilidad, aunque si uno no busca el botón, el ojo no lo verá, tan pequeño es en la pantalla. ¿Cómo se hace para que el voto resulte impugnado? El asunto es más misterioso y hay foros enteros dedicados al problema. No es lo mismo un voto nulo que un voto impugnado o un voto recurrido (¡a mí qué me importa!). ¿Alcanzará con tachar la boleta? ¿Hay que romper el chip? ¿Es delito romper un chip estatal?
Como ni la Marianella (fuera de carrera) ni la Frankenstein plantearon nada al respecto, en esta querella filosófica hay que votar a la Guga.


viernes, 10 de julio de 2015

Un poeta que hacía libros


por Daniel Link para Soy

Edgardo Russo nació en Santa Fe en 1949. Empezó su relación con los libros, que no abandonaría hasta el último día de su muerte, con una librería llamada El Aleph. El Centro de Publicaciones de la Universidad del Litoral, Espasa-Calpe, El Ateneo, Adriana Hidalgo e Interzona fueron los nombres de las casas editoras a las que aportó su extraordinario talento, antes de dedicarse por entero a El cuenco de plata, cuyo catálogo, le dijo alguna vez a Natu Poblet en su programa de radio, “tiene la aspiración de un lector renacentista, que pueda pasar de la alta literatura a la filosofía o a algo más liviano como El señor de los venenos, de Enrique Symns: un catálogo diverso donde el núcleo es la calidad literaria y cierta diversidad que permite pasar de una colección a otra con fluidez.”
En los 70 filmó en 16 milímetros una película basada en “El acomodador” de Felisberto Hernández y escribió una novela vanguardista llamada Tantalia en homenaje a Macedonio Fernández, que nunca dio a la imprenta y cuyos manuscritos se perdieron en alguna mudanza. En el número 2/3 de Literal publicó un texto autobiográfico (“Nosotros no somos los polacos”). Su libro de poemas Reconstrucción del hecho (1989), obtuvo el Premio Fondo Nacional de las Artes. Exvotos (1990), Landrú por Landrú (1991), el ensayo La historia de “Tía Vicenta” (1992) y la novela Guerra conyugal (1999) son las muestras del amplio arco en el que eligió que su escritura se desarrollara, además de las traducciones, a las que era un adicto (W. H. Auden, George Steiner, Harold Bloom y Henry James). Su último proyecto, cuyos progresos fui siguiendo, fue la revisión de la traducción de Ulises de James Joyce, que en 2010 le propuso Marcelo Zabaloy desde Bahía Blanca, un desconocido sin ninguna relación con las letras. Durante cinco años avanzaron lentamente en el intrincado día de Leopold Bloom y Stephen Dedalus. Durante 2014 dedicó seis meses enteros a revisar el texto.
Contento con el resultado, planeaba ahora emprender lo imposible: la traducción, con Marcelo Zabaloy, del Finnegans Wake. El proyecto quedará entre uno de sus grandes sueños, porque el miércoles pasado Edgardo sufrió un infarto en su oficina, mientras trabajaba hasta tarde.

*
Un amigo me escribe desde lejos, conmovido por la muerte de Edgardo, a quien apenas conocía. Supongo, me dice, que no se cuidaba, que fumaba, que tomaba. Le contesto que no, que desde su primer ataque cardíaco (hace... ¿cuánto, doce años?) no fumaba, caminaba, se cuidaba mucho.
Seguía trabajando como un endemoniado y seguía enojándose con el mundo sin parar (¿quién no se peleo, alguna vez, con Edgardo?). La guerra conyugal que le dio título a su novela, paracía ser para él un estado de ánimo permanente. Por suerte, en los últimos años había aprendido a reírse un poco de sus intransigencias. Y también consiguió restañar viejas heridas familiares que lo habían hecho sufrir. Con quienes le habían deseado la muerte (guardaba las “cartas anónimas” donde así se lo decían, cuando tuvo su primera crisis cardíaca), esos que hoy están un paso más cerca del infierno, no se reconcilió nunca.
Tampoco se reconciliaba con la mediocridad. Cuando lanzó el cuenco de plata (“Algo elegante: hielo granizado, mezclado con jarabe de bejuco, en un cuenco de plata reluciente”, Sei Shônagon) le dijo a Walter Cassara para Radarlibros: “La existencia de los cartoneros es un síntoma, la cultura cartonera es una enfermedad: parece una parodia de Fourier, a su vez parodiado por Engels. La división del trabajo encuentra aquí en lo cultural una coartada nefasta. El carácter dramático de la situación se vuelve casi obsceno en la parodia de un artesanato del libro mal pegoteado con engrudo, donde autores reconocidos prestan textos a un juego snob y sin retorno, souvenirs de una crisis que no padecen. En la Argentina, la situación es inmejorable para producir. Pero una vez más, ¿producir qué? ¿Cultura cartonera for export, como una variante renovada y desgraciada del «realismo mágico»? Los libros pueden seguir siendo bellos, e inclusive mucho más baratos”.
En la edición, en la gestión de derechos, en la distribución, Edgardo usó mecanismos poco convencionales que le valieron la admiración de sus pares y el agradecimiento de sus autores (entre los que me cuento). Los libros de su catálogo están allí y cualquiera puede darse cuenta del acontecimiento estético que, reunidos, significan. Pero Edgardo era, también, un extraordinario poeta. Y un poeta que hace libros es lo más parecido a un ángel que uno pueda pensar:


Nada, de este lado de la tela donde se agrieta
abovedada contra la ventana la sombra del que mira.
Pero si en este preciso instante aparecieras deteniéndote
bajo el arco que dibuja la hoja de la palmera al caer
y desde esa quietud del retrato me miraras, quebrarías
-única cosa viva entre las verdes mortajas-
esta naturaleza muerta, este instante enjaulado.

(Naturaleza muerta Nº 3, en Reconstrucción del hecho)

miércoles, 8 de julio de 2015

Vita Nova



martes, 7 de julio de 2015

24 de marzo de 1977

Capturan en Brasil a un policía argentino acusado por el crimen de Rodolfo Walsh

Roberto Oscar González, de 64 años, era buscado por Interpol por la desaparición del periodista. Hace cuánto que vivía en ese país.



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Daniel Idolo Grande espero seas el verdadero y mi busqueda halla sido atinada.
Tengo que decirte con mis 22 Años y la saviduria que tengo por mi propio cultivo interior que tengo las armas como para darte la fuerza y llevarte a la gloria en el club que tanto amas.
Seguramente pienses que soy una persona prepotente, pero creo que soy todo lo contrario creo que tengo mucha humildad conciencia y amor 
y quiero que disfrutes seas feliz y nos llenes de gloria a los bosteros
y que los problemas comunes que se te agrandan como una cacerola llena de caca
no te afecten ni nada porque pienso que sos el 9 que boca necesita para estar donde tiene que estar el 9 aguerrido bien tano con personalidad garra y una fuerza interiror que derriba muros por eso me gustaria solamente hablar con vos porque te admiro y quiero ayudarte sin recibir nada a cambio  porque amo a boca juniors y para mi es lo mas importante el club del huevo la victoria y las buenas intenciones
con amor J.F.G.V.
 
 

domingo, 5 de julio de 2015

Fascismo aeronáutico

por Daniel Link para Perfil

No quisiera que se entendieran las siguientes líneas como una defensa de la Srta. Xipolitakis, a quien no contrataría ni para que limpiara mi inodoro. Su miserabilidad y su vileza, al difundir un video que comprometía el trabajo de dos personas, ha quedado suficientemente demostrada.
Todas las “celebridades”, ahora lo sabemos, son invitadas a la cabina. Yo mismo, cuando era un niño, fui invitado varias veces a visitar a los pilotos. Ahora, esas gentilezas comprometen la “seguridad” y el periodismo televisivo se rasga las vestiduras ante la gravedad de la intromisión de la Srta. Vicky en un ambiente supuestamente “estéril”. Se me dirá que no hay que pecar de bovarismo, pero en las películas de avión, siempre termina aterrizando el aparato una azafata descerebrada y valiente. Quiero decir: hay cosas más importantes de las cuales preocuparse en relación con los aviones.
El tratamiento que recibe cualquier pasajero de cualquier aerolínea en cualquier parte del mundo muestra que vivimos una situación propiamente concentracionaria: los aeropuertos y los aviones son espacios en los que somos despojados de todos nuestros derechos ciudadanos y somos tratados como terroristas enloquecidos, culpables antes de cualquier consideración: botellitas de agua no se pueden subir a los aviones, los desodorantes son incautados, así como los encendedores (yo siempre llevo dos, porque he comprobado que cuando descubren uno, ya se quedan tranquilos). Hay que sacarse los zapatos y someterse a escaneos con dispositivos cancerígenos. Hay que pasar todos los controles con una sonrisa y evitar toda protesta porque eso podría costarnos el vuelo y, todavía más, una prohibición a largo plazo.
Ya en el cielo, hay que soportar estoicamente el suplicio de espacios cada vez más reducidos, la escasez de mantas y de almohadas, la impertinencia del personal de a bordo. Como si viajáramos en trenes de la muerte.

viernes, 3 de julio de 2015

Cuando un amigo se va...

Murió Edgardo Russo, una elegante figura de la edición independiente en nuestro país

También fue escritor y traductor.Entusiasta de su trabajo, sostenía que "El dicho debería ser: plantar un árbol, tener un hijo, editar libros".


por Diego Erlan para Clarín

Suele decirse que el mejor retrato de un editor está en sus catálogos. Elegante y exquisito, entonces podrían ser los trazos del retrato de Edgardo Russo, poeta, ensayista, traductor y uno de los nombres imprescindibles de la edición argentina independiente, que murió el miércoles a los 66 años.
Nacido en 1949, empezó como librero en su Santa Fe natal con una librería llamada El Aleph. En los 70 filmó en 16 milímetros una película basada en el relato “El acomodador”, de Felisberto Hernández donde gastó todos sus ahorros y escribió una novela vanguardista llamada Tantalia en homenaje a Macedonio Fernández (“de la que no quedan rastros”, decía). Fue en esos años de oscuridad y represión en los que empezó a escribir un texto autobiográfico (“Nosotros no somos los polacos”) que aparecería en el número 2/3 de la mítica revista Literal. “Aquello que estaba intentando se relacionaba en muchos sentidos con Nanina de Germán García, El frasquito de Gusmán y El fiord de Osvaldo Lamborghini”, recordaba Russo en la edición facsímilar de la revista Literal que publicó la Biblioteca Nacional. En esas esquirlas de una vida cultural inquieta podría restituirse su mapa estético.
En el año 1988 armó la editorial de la Universidad del Litoral. A mediados de los años 90, ya instalado en Buenos Aires, fue responsable de varias colecciones para la editorial El Ateneo así como el catálogo de Adriana Hidalgo, en el que reunió poetas como Leónidas Lamborghini, Marosa di Giorgio, Juana Bignozzi, Juan José Hernández y Diana Bellessi. Participó también de la fundación de la editorial Interzona (donde armó el sello y publicó los primeros títulos para dejarle su lugar a Damián Ríos) y terminó en El Cuenco de Plata, donde publicó toda la obra inédita de Manuel Puig (un verdadero acontecimiento editorial), y siguió publicando a Copi, Felisberto Hernández, Rodolfo Walsh, Leopold Sacher Masoch, Marguerite Duras, Antonin Artaud y Witold Gombrowicz, entre tantos otros autores clásicos pero muchas veces escasamente leídos.
No sólo a ellos publicó. También al Premio Nobel Patrick Modiano. “Mi actividad como editor es casi más gratificante que la de publicar un libro propio. Es la literatura más allá del escritor, es poner al alcance de los lectores autores u obras olvidadas. El dicho debería ser: plantar un árbol, tener un hijo, editar libros.” Ese es el manifiesto que lo llevó a ser elegido por la Asociación de Libreros Argentinos como Editor del Año.
Consideraba que el libro como objeto sagrado (sea La Biblia o el Talmud) se superpone siempre a la realidad más procaz del libro como mercancía. Así se lo decía en 2004 a Walter Cassara: “A partir de allí se generan equívocos insolubles y a menudo ridículos. La vieja disputa 'cultural' sobre el best-seller vs. libro de calidad sólo se dirime en el tiempo.” Russo entendía a El Cuenco de Plata como “una editorial de catálogo”, un catálogo vigente en un territorio donde predomina “la guerra de las novedades”, disparaba. Rebeldía e iconoclasia fueron algunas de las marcas de identidad en su paso por librerías.
La solidez de su proyecto editorial no sólo se basaba en la calidad literaria que derramaba sino también en una seria planificación económica, con la que pudo llegar a distribuir en España y autogestionarse la distribución en el mercado argentino. Eso lo ubicaba entre los editores díscolos que optaba por no llevar sus libros a las grandes cadenas.
Su libro de poesía Reconstrucción del hecho, de 1989, obtuvo el Premio Fondo Nacional de las Artes. Le siguieron Exvotos (1990), Landrú por Landrú (1991) y el ensayo La historia de “Tía Vicenta” (1992). En colaboración con Leopoldo Brizuela publicó Cómo se escribe una novela (1992) y, junto a Daniel Freidemberg, Cómo se escribe un poema (1994). Guerra conyugal fue su novela, publicada en 1999 por Adriana Hidalgo. Además, tradujo a diversos autores como W. H. Auden, George Steiner, Harold Bloom y Henry James.
En noviembre de 1990, convocado por Clarín entre una selección de importantes poetas, tuvo que elegir algún poema propio que fuera su preferido. Eligió “Love streams”: “Navaja, como filosa te das, Amor/ a lo que filtras por la línea discreta de tu vena.// En la muñeca se perfila el viaje tumultuoso:/ desde un nudo –por el brazo– hasta el codo./ Pequeña cicatriz, pálida peca, lunar/ bajo el vello que destacas al desliz del dedo./ Y desde allí subiendo al escarpado paisaje de músculos,/ nervios como trenza en una calva, carne,/ remontas hasta el hombro donde una mano confiada se apoyaba./ Y trucha derivas bajo el amoroso hueco articulado al tronco por la aorta/ hasta la zona dilecta para el beso, allí, segundos antes de que el corazón se rompa.” Podría funcionar como una despedida. Edgardo Russo fue encontrado muerto, al parecer de un infarto, en las oficinas de su editorial. Una postal estremecedora y emocionante. Se lo extrañará.

jueves, 2 de julio de 2015

Está todo dicho



Los voto hasta sin los subtítulos.










martes, 30 de junio de 2015

domingo, 28 de junio de 2015

¡Qué copado!






sábado, 27 de junio de 2015

El libro gordo te enseña, el libro gordo entretiene, y yo te digo contento: ¡hasta la tapa que viene!







El error Randazzo


Por Daniel Link para Perfil

A veces se equivoca tanto la Sra. Fernández... Pienso en la última Cumbre de las Américas, cuando un presidente norteamericano dijo “Que el presidente Raúl Castro y yo estemos sentados aquí es un momento histórico para el continente", mientras la Sra. Fernández se dedicaba al recuento de ocurrencias pretéritas: “Perón decía que se vuelve de cualquier lugar, menos del ridículo. Y es ridículo considerarnos una amenaza". El Ministerio de Relaciones Exteriores le había dictado esas líneas de compromiso con un régimen que tiene compromisos con otros regímenes, pero ese desvío de la atención de lo que estaba sucediendo fue un error conceptual tan penoso como el que fundamentó, durante una década que recordaremos con cierta confusión, una política económica organizada alrededor de la figura del hombre endeudado.
La adhesion de la pequena burguesía al capitalismo, su carácter fundamental del actual sistema “democratico” se sustenta en la creencia de que es posible una vida de holgura a credito (por qué no se aplica el mismo concepto a los países, no se sabe). Pero el sistema capitalista, en su trance actual, ya no estáen condiciones de proponer esa vida a credito de manera sostenida y duradera. El problema es que somos incapaces de imaginar un modelo de intercambio que se diferencie de ese sistema dominante, y en esa incapacidad se funda la actual crisis mundial.
Durante la celebración del día de la bandera, la Sra. Fernández se dejó llevar hacia otros lugares oscuros de pensamiento, reivindicando “política y Estado para hacer pueblo y Nación” (confusión típica del peronismo, que no casualmente se identifica con los peores momentos de Hegel, que son muchos). La tarea del Estado es formar ciudadanía para que ésta, por su cuenta, se organice políticamente y haga lo imposible: pueblo (o Pueblo). “Ser Uno Solo”, como quiere la Sra. Fernández, es, sino una fantasía concentracionaria, una vez más el delirio del Espíritu buscando su emancipación. Pero no seamos injustos: este último enunciado, como la mitad de los que públicamente pronuncia por cadena, están dirigidos a los peronistas de la interna, particularmente a aquellos enojados por el asunto Florencio.
Vivo como un error grave haber obligado al Sr. Randazzo a un renunciamiento que es, al mismo tiempo, la negación de la institucionalidad tan cacareada y que, además, me priva del único regocijo político compartido con mi madre: los dos queríamos a Randazzo (aunque tal vez por diferentes motivos). Yo por su cabello crespo y su nombre, ambas características tan de principios del XX. Y por la amorosa ingenuidad de creer que, en el movimiento peronista, la eficacia de gestión tiene algún valor. Que en paz descanse.
Hegeliana (pero nunca de izquierda), fanática de los deudores (pero no del crédito), desconfiada (pero nunca sobre sus propias razones), pragmática: no sé cuál vicio de pensamiento es peor. Tal vez ya no importe. 


viernes, 26 de junio de 2015

lunes, 22 de junio de 2015

Echo's Bones



domingo, 21 de junio de 2015

Sale en julio

672 de lomo. 

sábado, 20 de junio de 2015

Un libro, todos los libros

Por Daniel Link para Perfil

Habitualmente no presento libros (propios o ajenos). Pero es tanto el amor y la admiración que me unen a la Obra Reunida de Arturo Carrera que no pude reprimir el deseo de interrogarla en público: ¿Por qué se llama Vigilámbulo? ¿Por qué los libros están dispuestos en un orden invertido, desde el más nuevo, Vigilámbulo, hasta el más antiguo, Escrito con un nictógrafo?
El gesto de hacer retroceder el tiempo nos impulsa hacia el ritornello, esa figura de pensamiento que tanto tiene que ver con el ciclo artúrico de la poesía, que es como decir la poesía a secas, puesta bajo el emblema de una casa poética (la casa de Arturo). Vigilámbulo escribe el nombre de Deleuze en la portadilla del libro que no duerme ni dormirá nunca, y con él nos dice que no hay repetición de cualidades o de sensaciones porque la repetición es la diferencia sin concepto, es decir, repetición para si misma. Cada uno de los libros de Arturo, separadamente, decía eso a gritos y ahora, en la espléndida edición en tres tomos de Adriana Hidalgo, llegamos el meollo del asunto.
¿Qué es el vigilambulismo? Ese estado de automatismo ambulatorio con desdoblamiento de la conciencia que se parece y no se parece al sonambulismo. Un nombre traído de la psicología experimental del siglo XIX para designar la experiencia poética de Artaud, la experiencia cinematográfica de Resnais, la experiencia pictórica de Bacon y la experiencia de pensamiento en Beckett, algo del orden de la fisura, de la hendidura, eso que otros han llamado síndrome de Elpénor, ese marinero niño y tonto que se rompe la cabeza al caerse de las altas camas de Circe, el primero que Odiseo encuentra cuando baja a los infiernos y el primero que Ezra Pound hace hablar al comienzo de sus Cantos.
Brutalmente despierto, el vigilámbulo, que nunca duerme, entra con los ojos abiertos en el mundo de los sueños y, como el poeta, somete el sueño a un tratamiento diurno. Eso es lo que caracteriza el tratado de las sensaciones que Arturo fue escribiendo a lo largo de veinte libros cada uno más hermoso que el otro y que ahora Teresa Arijón ha dispuesto para nuestro banquete y nuestro regocijo en función de retroceso.
Leo en Vigilámbulo, este extraordinario regalo que nos hacen Arturo, Teresa y Adriana Hidalgo, una danza como de polillas que se acercan peligrosamente al fuego: In girum imus nocte et consumimur igni (Giramos en la noche y nos consume el fuego). 



viernes, 19 de junio de 2015

Llevo carilinas