sábado, 18 de julio de 2026

Corran la bola

Por Daniel Link para Perfil

En las cafeterías de aeroparque el domingo 12 de julio, los muchachos ya ensayaban el éxito del mundial pasado, “Corran la bola”. La chica que los acompañaba se reía y me dijo: “es más fuerte que ellos”, refiriéndose a sus compañeros. Del “Cometrabas” que la letra mienta podría decirse lo mismo, pero no es en eso en lo que quería detenerme.

Me pareció prematuro el ensayo, porque faltaba todavía jugarse el partido contra Inglaterra, y aunque allí es seguro el ya incorporado a la memoria de la especie, “El que no salta es un inglés”, faltaba una pieza singular, un poco injuriosa como debe de ser, para cantar en la cancha. “Quiero volver a robarle un gol al ladrón” es simpática, pero pretende saltarse toda la tecnología actual, que aplica el panoptismo a cualquier roce corporal antirreglamentario.

En todo caso, quería detenerme precisamente en eso: la centralidad del canto en los partidos que juega Argentina en cualquier lugar del mundo. Creo que fue el partido de Noruega contra Inglaterra el más áspero auditivamente: sonaba como un gruñido constante, sin variación, que era imposible asignar a un bando u otro, pero eso sucedió en casi todos los enfrentamientos, salvo en los que participaba Argentina, acompañada siempre por unos cánticos que, si bien ininteligibles a través de la pantalla, eran variados, imponentes y muy reconocibles en su afiliación. Argentina es un paisaje sonoro, entre otras cosas, y por eso el poema fundacional de su cultura, el Martín Fierro, tiene al canto como su tema obsesivo (en sus dos tonos principales: el lamento y el desafío).

Gabriel Giorgi, en su extraordinario libro Parar la oreja, ha decidido explorar la actual transformación del paisaje sonoro argentino en relación con mutaciones políticas de profundo alcance. Sea. Pero la precondición de esa intervención decisiva es la existencia de una sonoridad reconocible en sus tonos, sus mordacidades, sus esperanzas y sus rencores.

Si fuera un certamen de canto, como los olímpicos, es evidente que España se volvería a su casa con la cola entre las patas. De un modo o de otro, su “Soy español, la la la” va a sonar mañana como una elegía identitaria.

 

sábado, 11 de julio de 2026

Ambientes estilísticos

por Daniel Link para Perfil  

Nan Goldin actualizó su libro de 2019, The Other Side, en un video que lleva ese mismo título, con sus típicas imágenes de la escena LGBT. Junto con otros, la muestra que está recorriendo el mundo y que tal vez llegue a Buenos Aires incluye también el video The Ballad of Sexual Dependency: aquí también aparecen las fotos “intimistas” y “documentales” de Nan, ordenadas en series con canciones de fondo. Lo que impresiona de esta “balada” es que de inmediato nos identificamos con la banda sonora (son las canciones que escuchamos siempre, las canciones que amamos) y, progresivamente, nos damos cuenta de que hemos estado en los mismos lugares que Nan, con las mismas personas, en las mismas situaciones.

Por supuesto, es un efecto de identificación completamente imaginaria, pero hay algo más poderoso que ese proceso de progresivo reconocimiento de un mundo al mismo tiempo propio y ajeno y tiene que ver con la conformación de un ambiente estilístico del que estas fotos (y quienes están retratadas en ellas) participaron y participan. ¿Es posible pensar que ese mismo ambiente estilístico constituyó nuestra ecología porteña en las décadas del ochenta, noventa y dos mil?

Lo que parece un mero efecto perceptivo, sin embargo, pronto revela su verdad. Una de las series está musicalizada con la milonga Packard, cantada por Edmundo Rivero en 1968 (“era una mina bien..... / pero un día la droga la hizo suya... / ayer la vi pasar / iba dopada”). Lejos de constituir un disturbio en la serie audiovisual cosida por Nan Goldin, la voz de Edmundo Rivero (completamente necesaria en el segmento en que aparece) nos reconforta porque muestra el alcance de un ambiente que no es metropolitano sino descentrado o multicentrado.

Tan así es que la revista Balam comisionó una serie de fotografías del Archivo de la Memoria Trans que dialogara visual y afectivamente con The Other Side. “Un puente entre estas dos constelaciones, distantes en tiempo y geografía, pero unidas por un mismo impulso de memoria, visibilidad y resistencia”. Y, podríamos agregar, un mismo ambiente estilístico que todavía nos interpela.

sábado, 4 de julio de 2026

La guerra del Paraguay

por Daniel Link para Perfil

La primera hipotética entrada intensa de mi “Diario del Mundial” estaría dedicada a Paraguay, que acaba de derrotar heroicamente a la escuadra alemana, lo que acelerará el ascenso del fascismo europeo (“Vergonzosa eliminación contra Paraguay / “¡Otra pesadilla del fútbol alemán!” rezaban los titulares de la mañana siguiente). “Sueño” (un sueño alemán) y “Pesadilla” son palabras recurrentes en la tradición alemana, que siempre se imagina más grande y poderosa de lo que es: una Germania hinchada. “Nueva Germania”, justamente, se llamaba la colonia aria fundada por Elizabeth Nietzsche y su marido en el corazón salvaje de Paraguay, hacia 1870, bajo consejo de Richard Wagner (¡Netflix, a mí!). Había que recrear el sueño alemán fuera de una Europa ya totalmente dominada por los judíos (pensaba el grupete). La hermana de Friedrich, ya sospechosamente viuda, tuvo que abandonar la colonia y se dedicó a cuidarlo y a falsificar sus manuscritos, dotándolos de un antisemitismo ajeno al pensamiento de Nietzsche.

La colonia Nueva Germania sobrevive hasta nuestros días, pero ya despojada de toda fantasía racista. Dicen, los que en ella estuvieron, que es muy simpático escuchar a los niños rubios y de ojos celestes hablar guaraní con fluidez.

Este triunfo paraguayo nos obliga a pensar también en el triunfo del guaraní como lengua no tanto de Estado (lo es) sino de comunidad. Yo tengo en este momento la casa llena de paraguayos (cuyo talento para la construcción compite con su belleza física) que apenas han terminado de hablar conmigo en castellano, vuelven a sus intercambios en guaraní, una lengua que ha sobrevivido heroicamente a todas las violencias coloniales. Eso dice bastante de un pueblo.

Los alemanes quisieron domar una selva tropical que, naturalmente, convirtió su sueño en pesadilla (me refiero a los alemanes de Nueva Germania, pero también puede aplicarse a la escuadra de la DFB). Se tuvieron que volver a casa o adaptarse, someterse a las potencias de la naturaleza, o quedarse, con la condición de rendirse al encanto de lo que te subyuga.

Por supuesto, lo que se juega no es una caracterología, sino una historia política. Entre 1864 y 1870, Paraguay sufrió la agresión incruenta y desproporcionada que se conoce como Guerra de la Triple Alianza (Argentina, Brasil, Uruguay), un conflicto devastador que destruyó el modelo económico paraguayo, lo despojó de territorios y aniquiló al 90% de la población adulta masculina.

Si aguantaron hasta el último hombre los delirios sudamericanos, cómo no iban a superar los delirios alemanes.