sábado, 17 de mayo de 2014

Volver a los 17

Por Daniel Link para Perfil

Peugeot suspendió a 1000 empleados (2100 son los suspendidos en el sector automotriz en las últimas semanas). En muchos restaurantes ya no aceptan tarjetas de crédito y en algunos negocios el posnet “no funciona”. Los peajes aumentan tanto que ya ni los corruptos pueden concurrir a los juicios que les hacen, y el nivel de miseria y desigualdad es el mismo que en los 90. Mientras tanto, el Sr. Capitanich insiste en que “Argentina tiene una agenda que estimula no sólo el sostenimiento del empleo sino también la expansión económica".
En lo personal, me siento un adolescente de nuevo. Cada mañana, visito con desesperación la página de mi banco para ver si aparece alguno de los pagos que me deben. No: mi cuenta sigue en rojo. Como el año pasado las paritarias docentes se cerraron a 18 meses, ahora tendremos que esperar hasta julio para ver cuántos metros en la carrera contra la inflación ganamos (o perdimos).
Mientras tanto, si organizo una cena, reparto entre los comensales el costo de los ingredientes: ya nadie paga nada de más y todos contribuimos para achicar los gastos. Si me ofrezco para llevar a una amiga a su casa (porque es tarde y no me atrevo a dejarla sola en las calles) le pido una colaboración para pagar el estacionamiento donde dejé el auto. Los optimistas aplaudirán el consumo racional. No es mi caso: ningún comportamiento caballeresco, ninguna generosidad con el que tiene menos, todo es cálculo presupuestario y ya estoy pensando en sacar del chanchito las moneditas de divisas que me sobraron de los viajes de los últimos diez años. ¿Cuánto habrá ahí, entre centavos y dimes norteamericanos, liras turcas y soles peruanos? ¿Veinte dólares?
Una amiga me cuenta por teléfono que, por un “error administrativo”, este mes no cobrará su sueldo. Temiendo el sablazo, estoy a punto de cortarle. Pero no, sólo me pide que, en mi próximo viaje, le traiga zapatillas para el hijo.

jueves, 15 de mayo de 2014

All that jazz



miércoles, 14 de mayo de 2014

La sangre de un poeta




martes, 13 de mayo de 2014

Junio en París, Agosto en Buenos Aires



Du champ du cygnes




El b&w sigue rindiendo...





domingo, 11 de mayo de 2014

Y la ganador@ es.....



(gracias, Leo)

Muy pronto en las mejores salas de cine de Buenos Aires y Cairo...



Disco "Disco"

 

El antólogo solitario

Prólogo a Walsh, Rodolfo (comp.). Antología del cuento extraño. Buenos Aires, el cuenco de plata, 2014

por Daniel Link


Rodolfo Walsh había nacido en 1927. Desde sus 17 años, y hasta fines de 1950 trabajó en Hachette. Corrector de pruebas, traductor, editor de antologías (Diez cuentos policiales argentinos, 1953), autor premiado de esa casa (Variaciones en rojo, 1953, Premio Municipal de Literatura): nada de lo que tenía que ver con la producción material del libro le había sido ajeno.
En el verano de 1955, publicó en Leoplan (XXI: 493. Buenos Aires: 15/1/1955) “El misántropo” de J. D. Beresford y “El precio de la cabeza” de John Russell, como anticipos de la Antología del cuento fantástico que publicará Hachette al año siguiente con el título de Antología del cuento extraño.
1956 no es sólo el año de publicación de esta antología: es el encuentro de Walsh con el que será su destino literario y político. “Hay un fusilado que vive”, le dicen. “Yo quería ganar el Pulitzer”, recordaría él años más tarde, refiriéndose a Operación masacre, un libro que comienza siendo una serie de notas publicadas en Revolución nacional entre enero y marzo de ese año: el embrión de un libro monstruoso (ése es su mérito mayor) de tema siniestro que se va modificando edición tras edición.
Durante 1957 escribirá dos “obras” que considera mutuamente excluyentes: la segunda serie sobre los fusilamientos de José León Suárez, que publica en Mayoría, y las notas que seguirá entregando a Leoplán y que firma muchas veces con el seudónimo Daniel Hernández, su alter ego de Variaciones en rojo.


El texto completo, acá.



sábado, 10 de mayo de 2014

Carreras delictivas

Por Daniel Link para Perfil
 
Mi madre acaba de cumplir 79 años y es una mujer extremadamente perfeccionista. La semana pasada un muchacho “muy buen mozo” acompañado de una chica “rubia”, pasó por el portón de su casa y le pidió prestado un martillo para arreglar su motoneta. Cuando se acercó con ánimo de ayuda (sensible a la belleza como es ella), el joven, armado, saltó el portón de su casa, la maniató con precintos plásticos y la tiró al suelo en el patio, pidiéndole que le entragara la plata que mi hija le había dado unos minutos antes de partir rumbo a Venado Tuerto, para que comprara comida para sus gatas. Como mi mamá gritaba locamente “911” (su afán de perfección corre parejo con su heroísmo), la dejaron abandonada en ese estado, pero el daño a su escápula ya estaba hecho y ahora está inmovilizada y con el brazo derecho en cabestrillo. Mi mamá ni pudo firmar la denuncia cuando la policía apareció tres horas después.
Al contarme el incidente, en la guardia del Otamendi (ella sólo se deja atender en los lugares bendecidos previamente por la Sra. Fernández, de quien es una ferviente creyente y seguidora: el Austral, el Otamendi, etc.), destacaba la impericia del caco: “el arma ni debía estar cargada”, “me puso mal los precintos, un brazo me lo liberé al instante”, “se asustaron de nada”.
Yo le contestaba: “quedate tranquila, que ya van a aprender”. “Conmigo, no”, me decía. No claro, pero ya van a encontrar otras viejas para robar y perfeccionar su método de inmovilización (si no hubiera podido liberarse, quizá habría muerto tirada en el piso, pienso).
Eso la tranquiliza, porque, en su adhesión incondicional a un gobierno que ha hecho escuela en carreras delictivas, premiándolas con los más altos sillones de poder, no concibe que se pueda fallar en aquello por lo que el país es más reconocido en todas partes. Robar, roba cualquiera. Para robar bien, hay que saber cómo engañar a viejas heroicas y perfeccionistas.

viernes, 9 de mayo de 2014

A Chorus Line



Coñex!

Oscar del Barco rechaza el Premio Konex

El intelectual cordobés, poeta y filósofo de gran trayectoria, envió a este diario un comunicado en el que explica sus razones. Dice que está en contra de esas distinciones, y que no se considera un ejemplo para los jóvenes debido a que apoyó dictaduras y asesinatos.

El poeta y ensayista Oscar del Barco rechazó el premio que le concedió la Fundación Konex el martes pasado. Este jueves se lo comunicó a la institución y mediante un comunicado enviado a este diario hizo públicas sus razones. 
En el documento, explica que no acepta ese “tipo de premios y menos cuando se los jerarquiza como de diamante, de platino, gran premio, etcétera". También manifiesta su desacuerdo en que se premie sólo a intelectuales y "no a obreros, enfermeras, empleados, albañiles, empleadas domésticas".
Los dos puntos cruciales de su texto de rechazo son los siguientes. El primero: “No puedo participar de ningún modo en premios que se les han concedido a personajes como Amalia Fortabat, quien fuera cómplice de la dictadura militar genocida de nuestro país, a Mariano Grondona y otros de los que no conozco sus posiciones respecto de dicha dictadura”. El segundo: “No me considero de ninguna manera un ejemplo ético a proponer a los 'jóvenes' por cuanto no sólo apoyé la dictadura totalitaria de la Unión Soviética y la falta de libertades en Cuba, sino que acepté en 1964 el asesinato de dos integrantes del llamado Ejército Guerrillero del Pueblo".
El Konex de literatura se entrega cada 10 años a las figuras destacadas de la década anterior y es uno de los premios más prestigiosos del país. Este año el jurado estuvo presidido por Noé Jitrik y entre sus integrantes están Horacio González, Andrew Graham Yooll, Daniel Divinsky, Luis Chitarroni y Cristina Mucci, entre otros. 
Oscar del Barco, nacido en 1928 en Villa María,  es autor de libros de poesía, como Infierno, Dijo, Espera la piedra, Partituras, y de ensayos como El abandono de las palabras y Exceso y donación. Fue docente en la Universidad Nacional de Córdoba y estuvo exiliado en México entre 1975 y 1983.  
En 2005, una carta abierta que publicó en la revista La intemperie, conocida como “No matarás”, generó una polémica acerca de la lucha armada y la violencia guerrillera en las décadas de 1960 y 1970 en la Argentina. En 2011, también fue crítico del Premio Universitario de Cultura 400 Años concedido al poeta Juan Gelman por parte de la Universidad Nacional de Córdoba. 

martes, 6 de mayo de 2014

¿Felipe, sos vos?

Encuentran a un jubilado muerto y atado a una silla en Saavedra

El cuerpo del hombre fue encontrado esta mañana en su casa por la empleada del servicio



Tres ancianos fueron brutalmente golpeados en distintos robos

En Tandil, un delincuente le dio un palazo en la cabeza a una mujer de 82 años; en Olavarría, un matrimonio fue atacado salvajemente

lunes, 5 de mayo de 2014

El porvenir




Bellatin en Filo



sábado, 3 de mayo de 2014

¿Tené flore, loco?

Uruguay reglamenta la ley de la marihuana

La norma que regula su venta entrará en vigor el martes.

Walsh y lo siniestro

Por Daniel Link para Perfil

Tres veces junio, tres escenas: en la primera, unos amigos se reunen para leer historias de fantasmas. El resultado de ese encuentro es célebre: El vampiro, firmada por John Polidori, y Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley. Ante la grandeza inalcanzable del segundo título, Percy Shelley y el hospitalario y romántico Lord George Gordon Byron decidieron no revelar los manuscritos de sus tentativas. Era el 17 de junio de 1816.
En la segunda escena, unos amigos, Jorge Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, una noche de junio de 1937, “hablábamos de literatura fantástica, discutíamos los cuentos que nos parecían mejores; uno de nosotros dijo que si los reuniéramos y agregáramos los fragmentos del mismo carácter anotados en nuestros cuadernos, obtendríamos un buen libro”. Compusieron la Antología de la literatura fantástica, “reunión de los textos (...) que nos parecen mejores”, cuya primera edición se terminó de imprimir en 1940 como título inaugural de la Colección Laberinto que lanzaba la recién fundada Editorial Sudamericana, como mascarón de proa de una política editorial de largo aliento, (efecto, en algún sentido, de la guerra europea).
De la tercera escena sabemos poco: un solitario Rodolfo Walsh compone su Antología del cuento extraño, publicada en 1956 en Hachette, mucho más voluminosa que su predecesora pero con una cantidad considerablemente menor de textos.
Walsh vuelve, tal vez por última vez, a refugiarse en esos mundos de pesadilla que ha estado leyendo en los últimos dos años para terminar de pergeñar su antología, que ya no se llamará del cuento fantástico (como había sido anunciada en 1955), sino del cuento extraño, retomando una etiqueta bastante frecuente en las recopilaciones anglosajonas de literatura de género: The Queer Side of Things.
1956 no es sólo el año de publicación de esta antología: en junio de ese año, Walsh se encuentra con el que será su destino literario y político. “Hay un fusilado que vive”, le dicen. “Yo quería ganar el Pulitzer”, recordaría años más tarde, refiriéndose a Operación masacre, que comienza siendo una serie de notas publicadas en Revolución nacional, el embrión de un libro monstruoso (ése es su mérito mayor) de tema siniestro que se va modificando edición tras edición hasta llegar a su forma definitiva, al guion cinematográfico, a la historia.
En ese sentido, podría decirse que “un fusilado que vive” será el tipo de fantasma o de entidad siniestra que Walsh comenzará a urdir en el momento mismo en que entrega a la imprenta esta antología de 912 páginas y cuatro tomos que ahora la editorial el cuenco de plata vuelve a publicar, para nuestro beneficio.
Operación masacre nacionaliza los fantasmas y le pone nombres propios a lo siniestro. Al hacerlo, marca un territorio de operaciones para cualquier fantasmología y cambia la consideración histórica de la guerra.

viernes, 2 de mayo de 2014

Nos siguen pegando abajo

Duro informe de EE.UU por la piratería en Argentina

Nuestro país quedó bajo "vigilancia comercial prioritaria" después de que se difundiera un informe sobre violaciones a los Derechos de Propiedad Intelectual. 

jueves, 1 de mayo de 2014

Kant, el regreso

Vuelto de un viaje de negocios, el agente de obras de arte (soltero, para más datos) cuenta sus aventuras amorosas, que se resumen en un garche sin pasión y para nada memorable (no porque él lo diga, sino porque no hubo repetición), unos besos en una pista de baile (si es que entendí bien) y otros besos en un baño público.
Ante el azoramiento de la audiencia ante tan pobre cosecha, el aprovisionador de colecciones de arte muestra las fotos de sus "conquistas", un manojo de fotografías donde caras de cierta belleza (algunas más que otras, y otras que movían francamente a la carcajada) eran descriptas según nacionalidades: de Ecuador, de Guatemala, de Lima...
Nos damos cuenta que el narrador no colecciona experiencias, sino imágenes para mostrar a los amigos, postales de viaje (da lo mismo haber subido a la Torre de Pisa o no, lo importante es tener una foto de ella).
Lo más paralizante es su defensa ante las carcajadas de sus interlocutores, que lo acusan de frígido y de poco apasionado: "Yo soy un servidor de la belleza. Si veo a una persona bella, voy y la sirvo".
En su caso, la servidumbre a la belleza se limita a mostrarla. Lo que se llamaba, antiguamente, "contemplación desinteresada".

(anterior)

Muy pronto en las mejores salas de cine