miércoles, 9 de abril de 2014

Decime que me morí y me fui al infierno




En Buenos Aires no se consigue...

Murray Guy 453 West 17 St New York, NY 10011 +1 212 463 7372 www.murrayguy.com

April 4th, 2014 is the 100th anniversary of the birth of Marguerite Duras. 
To commemorate this please join us Thursday, April 17 for a re-installation of Alejandro Cesarco's Marguerite Duras's India Song.

The installation will be up for only two weeks, don't miss it!
Alejandro Cesarco Marguerite Duras's India Song
April 15 - 26, 2014


Marguerite Duras's India Song is a video installation with sculptural elements and a commissioned short text by Argentine writer Daniel Link. The project continues Duras’s own transpositions from novel to novel and from novel to play to film, raising questions of intertextuality, mediums and forms. The installation takes an existing text, a pre-text, and re-tells it as a way of transforming discursive practice through repetition. At stake in this return to a previous text is a negotiation of the limit between repetition and reduplication. In the installation the love story of the play is retold by a voice over that recounts the narrative structure or device of how this love story is told, in turn the two video channels show establishing shots that are doubled or mirrored in Duras’s film. The installation dramatizes the possibilities of representation and recollection and uses the colonial aspiration of territorial, gender and cultural appropriation as a metaphor for practices of repetition and translation. 
Marguerite Duras's India Song was originally commissioned by Art in General in 2006.
 
Gallery hours are Tuesday – Saturday, 10am – 6pm.  For more information or images, please contact Murray Guy at +1-212-463-7372 or info@murrayguy.com.
 
 

lunes, 7 de abril de 2014

domingo, 6 de abril de 2014

Ahora sí

Abierta la pre-inscripción, aquí.


El programa (abierto a sugerencias) del taller, aquí.



Kafka

por Beatriz Sarlo para Perfil

Kafka representa por medio del detalle. Los gestos son, obviamente, el detalle de lo subjetivo. Así, Benjamin lee en Kafka su propia epistemología: “Seguramente lo más inabarcable para Kafka es el gesto. Cada uno de ellos es un suceso, incluso podría decirse un drama, en sí”.
Con su genio para encontrar y contraponer textos, Benjamin somete esta tesis suya a una fulgurante demostración, que comunica a Scholem en una carta de 1938. La obra de Kafka “es una elipsis cuyos focos, muy alejados entre sí, están determinados por la experiencia mística (que es ante todo la experiencia de la tradición), de un lado; del otro, por la experiencia del hombre moderno de la gran ciudad”. El profetismo moderno es contemporáneo del de la ciencia.


El texto completo, acá.


 

Milanesa con papas fritas

por Daniel Link para Perfil Cultura

Hay combinaciones insuperables: Kafka y Benjamin es una de ellas, mucho más que Kafka y Adorno (suprema de pollo) o Kafka y Deleuze (milanesa a la napolitana). La lectura de Adorno tiene ese “tonito” dietético (¡basta de dislates!), la de Deleuze inventa una receta que puede dar en un plato sabroso pero que desvirtúa por completo el original, perdido bajo tantos agregados.
Benjamin encuentra en Kafka todo lo que le interesa o, por la fuerza de su lectura, nos hace creer que todo lo que le interesa estaba ya en Kafka: el carácter destructivo (que “hace escombros de lo existente, y no por los escombros mismos, sino por el camino que pasa a través de ellos”), las “imágenes dialécticas” (que son los “gestos” que, en Kafka, cortan la narración y, al mismo tiempo, establecen una conexión directa con una tradición discontínua, horadada, rota, los dislocamientos de la realidad por los que “lo kafkiano” se reconoce), el lema que puede parecer a simple vista poco kafkiano, pero que, por la vía de Bretón, se encuentra con la risita del judío de Praga: “La calle es el único campo de experiencia válido”, porque en la calle se cruzan los ociosos, los vagos, los mendigos y las prostitutas (en Kafka, piensa Benjamin, pereza y disposición sexual van de la mano).
Y finalmente los niños, los discursos de infancia (la parábola, el apólogo, las zoologías fantásticas), los juguetes. Los niños están, para Benjamin, más interesados por los residuos de un mundo preexistente que por ese mundo mismo. Por eso se sienten atraídos por objetos que carecen de propósito o función (“Los utilizan no tanto para reproducir las obras de los adultos, como para relacionar entre sí, de manera nueva y caprichosa, materiales de muy diverso tipo”, Dirección única).
Pocos libros de su biblioteca era para Benjamin más queridos que sus libros infantiles (no había muchos otros “en el reino de los libros con los que yo tenga una relación tan cercana”).
La literatura de Kafka es para Benjamin como un ejercicio de infancia, y no sólo porque sus personajes sean infantilmente torpes, sino porque la máquina ficcional de Kafka supone un desmantelamiento del mundo para hacerlo funcionar según una lógica nueva, exterior a la enfermedad de la tradición y la cultura. En ese espacio vaciado, Kafka es capaz de imaginar formas de vida radicalmente nuevas: la rata cantante de vanguardia, el mono académico, el coleóptero melómano e incestuoso.
Tal vez ya nadie pueda escribir como Benjamin o como Kafka. Nunca estaremos demasiado cansados del mundo como ellos.

sábado, 5 de abril de 2014

El saber que viene

Por Daniel Link*

No vengo aquí con ánimo de presentar ni a Eduardo Grüner, a quien todos conocemos, ni a este libro precioso, Un género culpable, que vuelve, como el Quijote de Ménard, para decir lo mismo y otra cosa, veinte años después de su primera edición y todavía más, si consideramos las fechas originales de publicación de algunos textos en las revistas donde
Eduardo tuvo a bien hacer estallar sus intempestivas consideraciones, la más famosa de ellas: la revista Sitio, cuya importancia decisiva para las personas de mi generación no ha sido suficientemente subrayada.“Sitio” es un lugar, pero también una situación intolerable, si pensamos en el “Estado de sitio” o en el “Estado de excepción” del que nos despertamos en 1983 de la mano de una revista que nos enseñó a leer, pero sobre todo a escribir y a intervenir (porque la lectura y la escritura no eran por entonces sino formas de intervención en un campo devastado por la noche negra del desastre). 
Vengo, pues, con ánimo de de festejar la reaparición de este libro (ahora aumentado con algunas apostillas) que podemos entender como la hoja de ruta que siguió el autor de El fin de las pequeñas historias (2002) La cosa política o el acecho de lo real (2005), Las formas de la espada. Miserias de la teoría polítitca de la violencia (2007), La Oscuridad y las Luces (2011), entre otros títulos imprescindibles que Eduardo tuvo la generosidad de escribir para nosotros.
Una hoja de ruta o un mapa de intereses (“Entredichos”, “Preferencias” e “Intromisiones”, él los llama) que también podría entenderse como un diario de preocupaciones de un intelectual heterodoxo, el caldero en el que se fueron cocinando las frases que luego encontraron espacio en argumentaciones más largas, en meditaciones más focalizadas en tal o cual problema de la historia, la teoría o las artes (convengamos en que el apetito al que Eduardo nos convida es rabelesiano). Un género culpable es la cocina e incluso la despensa donde se guardan los ingredientes y también las recetas para cualquier banquete. Y no habrá banquete que se pueda preciarse de tal sin las cosas que Eduardo incluye en Un género culpable.
Me refiero a frases, a párrafos, a páginas que yo ya he subrayado varias veces, desde la primera vez que las leí en Sitio o en Conjetural o en El cielo por asalto hasta ahora.
Algo diré de esas frases y sobre el modo en que Eduardo las consigna a un género de pensamiento, el ensayo.
Decir que hay pensamiento en Un género culpable es decir que existen en su obra proposiciones. Pero nada existe si no tiene propiedades. Y nada tiene propiedades si éstas no son, parcialmente al menos, independientes del medio. Hay que establecer que existen en Un género culpable proposiciones suficientemente sólidas como para ser extraídas de su propio campo, para soportar cambios de posición y modificaciones del espacio discursivo. No es necesario, en este punto, ser exhaustivos: basta con que algunas propiedades de ese tipo sean reconocidas para algunas proposiciones.
Lo primero que quisiera señalar es el progresivo enrarecimiento del lenguaje que a muchos lectores exaspera (pero que a mí me encanta), por la vía del entrecomillado o de la cursiva: esas palabras así marcadas, respecto de las cuales “el autor” (yo mismo entrecomillo) se distancia, son como palabras desasignadas de cualquier subjetividad, que aparecen en los textos como si se tratara de un polvillo inevitable o, incluso, de un déficit del mismo lenguaje para hacer pasar a través de si los pliegues infinitos de un pensamiento complejo.
Wittgenstein, a quien Eduardo cita, consideró, cuando era un joven jactancioso y dominado por el ennui propio de la catástrofe, que era mejor no hablar de aquello para lo cual nos faltan las palabras. Eduardo insiste, sin embargo y hostiga al lenguaje para que diga lo que no quiere decir (es decir: su incapacidad para coincidir consigo mismo, el hecho capital de que falta en su propio lugar) y por eso leemos: “el improbable lector no podrá observar ninguna clase de «progreso»: a lo sumo, quizá, alguna «regresión», y muchas, igualmente inevitables, repeticiones”, donde “progreso” y “regresión” están entrecomilladas.
El lector perezoso terminará odiando esas marcas, que son como señales de atención sobre lo que no hay tiempo de explicar pero que debe ser pensado: ¿qué son el progreso y la regresión en el contexto de una explicación de la lógica del pensamiento, sino una ilusión decimonónica de saber positivo y acumulativo? A partir de esas comillas y cursivas (imagino una monografía maníaca que se dedicara a examinar todas y cada una de esas marcas en los textos de Grüner) queda claro que Eduardo piensa fuera o por encima de los lugares comunes del discurso, pero como los lugares comunes del discurso son, por así decirlo, inevitables (la lengua es fascista), conviene señalar la circunstancia con un gesto de escritura que invalida para siempre toda ilusión de transparencia lingüística o de tersura discursiva. Más que polvillo, entonces, esas palabras caídas de un cielo tormentoso son piedras en el medio del camino del pensamiento que el lector atento debería o bien patear al costado o guardar en el bolsillo si es que quiere, alguna vez, volver a casa.
Señales de un combate que, conviene subrayarlo, Eduardo siempre gana.

El texto completo, acá.

Argentina fascista


Por Daniel Link para Perfil

En septiembre de 2013, cuatro vecinos de La Matanza fueron absueltos por la muerte a palazos y patadas de Lucas Navarro (15 años). Cincuenta personas lo habían golpeado y nadie quiso brindar testimonio en contra de los acusados.
En Rosario, otros cincuenta “justicieros” golpearon a David Moreyra (18 años), lo patearon en el medio de la calle y lo dejaron en coma con pérdida de gran parte de la masa encefálica. Murió a los cuadro días. Otros dos jóvenes, en Rosario y en Santa Fe, fueron casi linchados por voluntariosos ciudadanos. En el finísimo barrio de Palermo, también se repitió el escándalo de una violencia totalmente desinhibida, ejercida por ciudadanos corrientes contra un menor, cuya pasión fue testimoniada por un sociólogo atónito que casualmente pasaba por ahí (otro tanto hizo Mario Weinfeld en Página/12).
El humanismo (y sus instituciones asociadas: la escuela, en primerísimo término) fue siempre la mejor mecánica inhibitoria de la bestialidad humana (la humanitas clásica se oponía al circo romano)
Todo eso parece haber desaparecido y hoy las personas corrientes se entregan al asesinato con una algarabía que parece sacada de la peor pesadilla fascista: la metafísica de la deshinibición que domina a una masa dispuesta a destruir hueso por hueso, nervio por nervio, a aquel que pone en el lugar de un enemigo indeterminado (“negro”, “peruano”, “ladrón”, “villero”).
De quién sea la responsabilidad es difícil saberlo, pero no se debe pasar por alto que todo sucede en un contexto de desvalorización sin precedentes de la educación y sus valores.
Es intolerable que haya una sociedad dispuesta a mirar hacia otro lado mientras sus vecinos matan a patadas a un pobre diablo, y mucho más que haya políticos que pretendan sacar un rédito de ese umbral que la humanidad cruza para volverse jauría salvaje. De las lacras que aplauden tan tristes sucesos en las redes, mejor ni hablar.

viernes, 4 de abril de 2014

Y los argentinos, también

Las argentinas son las más lindas del mundo, según un ránking mundial

El sitio TargetMap se basó en encuestas para elaborar el listado, donde la Argentina figura con las mujeres más atractivas del mundo.

Éramos pocos...



jueves, 3 de abril de 2014

Aguante el conductor del Lamborghini

Esos pelotudos que usan autos familiares no deberían tener registro... (y el video es más trucho que un billete de tres libras).






martes, 1 de abril de 2014

¡Precios cuidados, ya!

"Los que tienen plata consumen de la buena"

lunes, 31 de marzo de 2014

Éste sí que te lava bien la cabeza

Un peluquero ganó casi $6 millones de pesos por distribuir publicidad oficial

En paralelo a su actividad como estilista, inscribió a su agencia de medios en Télam y recibió múltiples órdenes de publicidad oficial; Aníbal Fernández reconoció que es su cliente pero lo desvinculó de la pauta estatal.

sábado, 29 de marzo de 2014

Orígenes de la humanidad


Por Daniel Link para Perfil

En 1980 se estrenó la serie de divulgación científica Cosmos: un viaje personal, guionada y presentada por Carl Sagan. Treinta y cuatro años después, la cadena Fox realizó una nueva versión, ahora llamada Cosmos: una odisea del espaciotiempo que, por esos misterios de la historia (humana, demasiado humana) parece más vieja que su antecesora, pese a sus deslumbrantes efectos visuales.
El segundo capítulo fue particularmente revelador en ese sentido, ya que, centrado en la evolución de las especies, fueron incontables los rodeos, las metáforas y las incomodidades que el guion le propuso al nuevo conductor, el astrofísico Neil deGrasse Tyson, para que no abundara en las razones que hacen que el ser humano y los grandes simios sean especies genéticamente emparentadas.
Sin negar la teoría darwiniana sobre el origen de las especies, Tyson la puso en una perspectiva espiritualizante, como si lo que el siglo XIX había establecido, subrayado y sancionado de una vez y para siempre no pudiera ya decirse sin despertar la ira de los partidarios de las hipótesis creacionistas, esas hordas de conservadores protestantes que tanto ocupan escaños parlamentarios como sillones corporativos en un país que alguna vez se soñó liberal.
Al no poder sostener hoy el mismo discurso que en 1980 Carl Sagan pronunciaba en las pantallas con simpatía arrolladora, la nueva Cosmos cancela la posibilidad de discutir qué cosa es la humanidad y en qué se sostienen los procesos de hominización, cosa que los grandes teólogos católicos del siglo XX (Karl Rahner, Joseph Ratzinger) y los filósofos contemporáneos no han dejado de interrogar sin por eso negar las hipótesis de la evolución biológica, que constituyen apenas un costado del problema.
Entendida la televisión actual como el soporte discursivo de la opinión pública, revela que hemos retrocedido cuarenta años en casi todos los temas de debate que importan.

jueves, 27 de marzo de 2014

Que la inocencia le valga...


Un género culpable, de Eduardo Grüner
El Viernes 4 de abril a las 19.00 horas en el Museo del libro y de la lengua,
Av. Las Heras 2555 Luis Gusmán, Horacio González, Daniel Link y Sebastián Russo presentan Un género culpable, de Eduardo Grüner.

Habrá libros con descuento y vino de cortesía.
¡Los esperamos!
Ni víctimas ni verdugos. Albert Camus

Un género culpable
Eduardo Grüner

Colección Crítica

En librerías $ 181
En la presentación se venderá con un importante descuento.
 

martes, 25 de marzo de 2014

Madonna, al vesre...




Dicen que...

Soirée de honor argentina en París

por Pola Oloijarac para Eñe

Daniel Link llegó un poco más tarde: su conferencia sobre Copi, la supernova exiliada cuyas obras siempre están en cartel en alguna parte de Francia (toda drag tiene su Evita) lo había ralentado en las medianías de Paris Huit. Al llegar desplegó su abanico mientras recobraba el aliento, e intentó desviar la atención de la prensa francesa, en vano; vencido por la insistencia, comentó que sí, entre sus condiciones de contratación había exigido viajar con su gata Tita Merello y la gata no habría asimilado “el agua tan dura de París” dado que es “artera a su aristocracia intestinal”, a lo que agregó “perdón pero me tengo que ir”. 


domingo, 23 de marzo de 2014

Punto de inflexión


sábado, 22 de marzo de 2014

Urbanismo comparado

Por Daniel Link para Perfil

Todo lo que se diga de la gestión del Sr. Macri y sus equipos de trabajo al frente del gobierno de la ciudad de Buenos Aires será siempre malinterpretado, pero el horrísono fallo de la jueza en lo contencioso administrativo porteño Elena Liberatori (la misma que en 2004 ordenó el cierre provisorio de una muestra de León Ferrari) obliga a un análisis de detalle.
Cualquiera que haya realizado un mínimo análisis de urbanismo comparado en lo que se refiere a las tarifas del transporte público sabe que éstas se establecen escalonadamente, favoreciendo a los usuarios frecuentes (en Nueva York, en Berlín, en Londres, en París).
Si algo se puede objetar al sistema tarifario ahora propuesto por la ciudad de Buenos Aires es la lentitud en abrazarlo (vengo proponiendo sistemas semejantes, en esta columna, desde el año 2008). El gobierno de la ciudad aducirá que por entonces no estaban bajo su control los subterráneos, pero no recuerdo una sola manifiestación en ese sentido. Lo segundo a objetar del sistema tarifario escalonado es que no contemple el costo financiero del pago adelantado (lo que debería sumar descuentos de al menos un 3 % sobre el precio nominal de los boletos). Y lo tercero es que no esté integrado con los trenes y colectivos de la ciudad de Buenos Aires, pero una vez más, cada servicio está bajo un gobierno diferente.
Dicho eso, el esquema es virtuoso porque establece descuentos para quienes más utilizan el subterráneo con mayor frecuencia. Es falsa la suposición de la jueza libertadora: que un trabajador y estudiante use sólo dos viajes diarios, uno de ida y otro de vuelta (al menos que se sostenga la fantasía de que se trabaja y se estudia en el mismo lugar físico), y es malévolo suponer que la persona sujeta al modelo tarifario sólo sale de su casa para estudiar y trabajar y que los fines de semana no utiliza el transporte público (para ir a algún museo, a la casa de sus amigos o para entregarse al juego de la bestia de dos cabezas).
Por otro lado, los abonos, en todos los lugares en los que existen (incluso en los trenes metropolitanos de la ciudad de Buenos Aires) tienen fechas de vencimiento y a nadie se le ocurriría objetar el término: si uno compra un boleto semanal, éste vence cuando caduca la semana y si el abono es mensual, dura un mes y no sesenta días.
El sistema tarifario propuesto es, como queda dicho, perfectible (y no alcanza para inclinar mis simpatía política en favor del Sr. Macri), pero guarda tales visos de racionalidad que, teniendo en cuenta que proviene de un equipo de gobierno que no se caracteriza precisamente por la luminosidad de sus ideas, merece festejarse y, luego, ser corregido en la medida de lo posible: que lo adopte el gobierno nacional también para colectivos y trenes metropolitanos, que las tarifas se combinen en un solo y único esquema, que los abonos contemplen descuento por pago adelantado. La felicidad, al alcance de la mano.

viernes, 21 de marzo de 2014

Preguntan si...

por Leandro Filozof para Revista Veintitrés

A diez años de la recuperación de la ESMA, Buenos Aires  reunirá a académicos e investigadores para pensar cómo se cuenta el pasado. Intervención estatal, reacción pública y el lugar de la palabra.

Interacción. El coloquio debate la llegada a distintos públicos. El Parque de la Memoria porteño.
 
¿Cómo se resignifican y funcionan los ex centros clandestinos de detención? ¿Es posible ubicar una mirada y un tratamiento de la “memoria” que trascienda experiencias puntuales y fronteras internacionales? ¿Cómo captar nuevas audiencias y cuál es el lugar del arte en relación con la memoria? Son algunos de los interrogantes que el Coloquio Internacional “Espacios de memoria en el Cono Sur: nuevos afectos, nuevas audiencias, diálogos transculturales en el duelo” buscará responder. Con un subsidio de la British Academy y en alianza con la Universidad de Tres de Febrero, el evento coordinado por Cecilia Sosa (ver recuadro) y Valentina Salvi se realizará el 27 y 28 de marzo en el Centro Cultural Borges con investigadores, activistas y artistas de Argentina, Chile y Uruguay y académicos de Inglaterra. El coloquio, además, tendrá intervenciones, instalaciones y performances. Según la presentación, “estas jornadas buscan explorar cómo ciertas prácticas curatoriales y museísticas, así como formas no convencionales de intervenciones artísticas, performáticas y literarias, pueden despertar un sentimiento de pertenencia compartido en relación a esos pasados traumáticos”. En diálogo con Veintitrés, varios de los conferencistas intercambian su opinión.
Jens Andermann, profesor titular de Estudios Latinoamericanos y Luso-Brasileños en la Universidad de Zurich, Suiza, y editor del Journal of Latin American Cultural Studies, realizó ya un encuentro en esa ciudad y sostiene que le interesaba “comparar, tanto a escala latinoamericana como en contraste con otros contextos regionales como Ruanda o Cambodia, cómo la creación de memoriales, museos y otros tipos de sitios de memoria impactó sobre los relatos sociales y estatales sobre dictaduras y genocidio: al abrir espacios permanentes que reconocieran los horrores, ¿se ha avanzado en cuanto a forjar un consenso social sobre el pasado? ¿O más bien se han desatado debates hasta entonces marginados o forcluidos? ¿La ‘recuperación’ de ex centros de detención y otros lugares de terror abrió para los familiares y activistas de derechos humanos una suerte de refugio desde donde formular objeciones a procesos ‘transitoriales’ muchas veces inclinadas a enterrar o tapar el pasado? Obviamente, no hay una respuesta única: más bien, casos como el monumento ‘El Ojo que Llora” en Perú (profanado por pandillas fujimoristas y atacado desde la prensa hegemónica) muestra la extrema fragilidad de estos sitios ‘ganados al olvido’ cuya aspiración a la permanencia nunca está garantizada por sí misma, o por el mero hecho de haber recurrido a un lenguaje arquitectónico o escultural. E incluso, hay que interpelarlos nuevamente desde el presente, como en el caso chileno, donde la misma democracia que construye Museos de la Memoria y de los Derechos Humanos sigue aplicando legislación ‘antiterrorista’ a la resistencia mapuche. Hay que reinscribir y reformular entonces continuamente la enunciación monumental, precisamente para que no se vuelva objeto de museificación (que es otra forma de abandono)”.

Andermann va a hacer una ponencia sobre un trabajo fotográfico de Juan Travnik, Malvinas: “Me interesaba a raíz de la manera en que investiga el potencial nemónico del paisaje (en un sentido amplio incluyendo el paisaje urbano). Y su trabajo (que combina la fotografía del paisaje con el género del retrato) me permitió pensar esa obra a partir de las ideas de ciudadanía y abandono. Para abreviar: creo que Malvinas (al menos hasta hace poco) representa un caso de ‘inclusión excluyente’ en la ciudadanía de la memoria, y es esa fractura sobre la que trabaja la fotografía de Travnik”.

El catedrático y escritor Daniel Link asegura que “en nuestro país los sitios de memoria deben pensarse y debatirse (porque no han sido pensados todavía). Los Estados que se han otorgado (por voluntad o por necesidad histórica) una política estatal de la memoria lo han hecho en términos de una pedagogía progresista, podríamos decir, de la catástrofe: se presupone que la propagación de la memoria evitará la repetición del desastre. Sobre este punto no podría haber desacuerdos y no hay razones que puedan esgrimirse en contra de una hipótesis semejante, sobre la que sólo podría lamentarse su fracaso. Por supuesto, muy diferente es la relación que se puede establecer con el modo en que tal pedagogía puede desarrollarse y las representaciones que constituyen el contenido de esa memoria en relación con la cual se decide una política. No hay política sin contenidos, pero la definición misma de los contenidos es ya una opción pedagógica y, por lo tanto, política. Una pedagogía de la catástrofe sólo podría funcionar a partir de la conciencia de que todo habla, pero a sabiendas también de que las imágenes no dicen toda la verdad, aunque sean un jirón de ella. Se usan para mostrar lo irrepresentable e imposible de la historia. Lo imposible pero indispensable porque, pese a todo, a lo real hay que imaginárselo”. Link va a responder a una lectura de Albertina Carri sobre una videoinstalación que regresa a su película Los rubios (2003): “El arte (visual, literario, sonoro) es el laboratorio donde se investiga cómo se propaga la memoria (el sonido, la voz, el trazo, la cultura). No hay coincidencia necesariamente entre pedagogía de la memoria (que, como puede entenderse, es sobre todo un hecho de la política) y el arte. Pero es posible pensar una a partir del otro, sin dudas. Las intervenciones como las de Carri no son propiamente memorialistas sino más bien lanzadas hacia el futuro. Lo que se deja leer en el pensamiento de Albertina (puesto en imágenes, pero altísimo pensamiento) es una desestabilización del lugar de las imágenes plenas propias de la memoria y del testigo y el testimonio como fuente de verdad”.

(...)

jueves, 20 de marzo de 2014

Animaladas