sábado, 26 de agosto de 2023

El mañana efímero

por Daniel Link para Perfil

El liberalismo del siglo XIX no era ni plano ni carente de contradicciones. Un poco por eso, hubo liberales de derecha y liberales de izquierda (con los hegelianos, naturalmente, sucedió lo mismo y Marx se encargó de mandar a los hegelianos de izquierda con los que había compartido ruta y encuentros previos a un lugar incómodo, en cuanto decidió que su teoría estaba en un más allá).

Habría que ver si Milei es un liberal de derecha o, sencillamente, un conservador. De hecho, sus últimas intervenciones en contra de la ciencia, por completo antiliberales, y su posición frente al aborto (cuya prohibición quiere plesbiscitar) son de un conservadurismo de amianto.

Si a eso se le suma además una retórica anarcoide (con todo el encanto que puede llegar a tener esa retórica para jóvenes con ansias de algún futuro), la mezcla resultante es sumamente contradictoria e, incluso, turbia.

Habría que ver si Milei es un liberal de derecha o, sencillamente, un conservador

Sus apelaciones a los patriotas de mayo resultan, miradas desde este perspectiva, meros trucos de prestidigitador que ocultan una mescolanza indigerible de dogmas y de posiciones: liberal de derecha para esto, para aquello conservador; y en el medio, anarquizante y siempre y ante todo: anticomunista.

Se equivocan, sin embargo, quienes, para tranquilizarse, tildan a Milei de fascista. El fascismo fue anticapitalista, estatalista, fanático del orden y de lo colectivo. La mezcla mileinarista es mucho más explosiva y, al mismo tiempo, de efectos desconocidos y probablemente devastadores.

Y se equivocan todavía más quienes consideran su palabra como un discurso fuera de lugar. Es la consecuencia (por supuesto, es fácil darse cuenta retrospectivamente) de un sistema político decadente que, sobre todo ante la inminencia de perderlo todo, se aferra a manías incomprensibles y simétricamente pavotas: de un lado, bloquear la privatización de una compañía de aviación; del otro, mano dura contra el crimen y las manifestaciones.

Mal que nos pese, Milei parece ser el único que ha sabido escuchar la sensibilidad de una época, el único que ha sabido recuperar palabras nobles (aunque para darles un sentido totalmente diferente).

Solo podríamos salvarnos de él si alguien entendiera que la política es ponerse al servicio del pueblo, escucharlo, llevarlo a la felicidad.

sábado, 19 de agosto de 2023

La cruzada de los niños

Por Daniel Link por Perfil

Lo del domingo pasado me tomó por sorpresa y me obligó a cambiar el ritmo de mi pensamiento y el tema de esta columna (iba a versar sobre la performance en Ibiza de DJ Padre Peixoto, en relación con una idea religiosa de pueblo).

Yo me decía, contra las advertencias de nuestras maestras, que el fenómeno Milei no era importante y servía para que lo más reaccionario de la sociedad encontrara un palenque donde rascarse. Craso error.

Más grave todavía era mi desconocimiento del programa de gobierno de Milei, al que no había escuchado nunca hablar desde que comenzó su carrera política.

A partir del lunes pasado traté de instruirme. La mitad de las cosas que dice Milei están bien; la otra mitad meten, en efecto, miedo, porque nos arrojan a lo desconocido. Entonces, ¿cómo evaluar su discurso y sus propuestas?

En principio, Milei es un apasionado, y eso rinde. Su retórica supera ampliamente la de la media de la casta política, a la que detesta. Su misma vicepresidente no puede hilvanar dos frases seguidas sin trastabillar. Patricia Bullrich ignora la sintaxis. Etc.

En cuanto al contenido, es muy sorprendente la cantidad de referencias librescas que Milei enarbola para justificar sus posiciones (desde textos económicos hasta la Torá). Y ciertos latiguillos (“humanismo” es uno de ellos) nos dan la clave de interpretación.

Javier Milei es un personaje del Siglo XIX. Alberdi es, no tanto su antecedente, sino su compañero de ruta, y su programa para el sector educativo es totalmente sarmientino. Milei cree en la libertad de viejo cuño y quiere arrancar a la noción de “revolución” su tufillo marxista. El bunker desde el cual se dirigió a sus votantes y a la ciudadanía se ubicó en el hotel “Libertador”. Y luce patillas patrióticas.

Milei repite un gesto que no nos es extraño: vuelve al Siglo XIX y hace de cuenta que el Siglo XX no sucedió o fue sencillamente una pesadilla de la que debemos despertarnos. La recompensa será un encuentro pleno y total con la libertad, la verdad y la justicia, como si esas nociones positivas del siglo XIX no estuvieran en si cargadas de deformaciones (el humanismo no existe a secas, sino que es “humanismo burgués”).

Su catastrofismo (su milenarismo) es necesario para justificar una segunda venida, esta vez de una sociedad transparente que no necesita del Estado sino en mínimas cantidades para alcanzar la redención universal.

Es un programa (ideológico, filosófico) que nadie más sostiene, un poco porque, como él señala, la casta política es corrupta y otro poco porque es un modelo ya históricamente probado y cuyos resultados han sido poco edificantes (el imperialismo, el colonialismo, el extractivismo, las grandes purgas y procesos de exterminio, la precarización de lo viviente). Habrá que ver qué queda de su discurso si es que accede a los aparatos de gobierno, pero por el momento todo resulta una mezcla rara de luz cegadora y opacidad. Que sus seguidores se cuenten entre los más jóvenes y los más humildes nos obliga, además, a revisar las ideas políticas de pueblo con las que nos manejamos.

(continuará...)

 

viernes, 18 de agosto de 2023

En busca del estilo perdido

 Hablemos de cosas importantes...



Instrucciones para una mateada

Exhibido hasta hace dos semanas en el Malba e inmediatamente adquirido por el museo, el video “Cebame” (2019) de Valentín Demarco se pregunta qué somos a partir de la puesta en contacto de algunas figuras tomadas de las tradiciones de donde venimos y una hipótesis sobre en qué podríamos llegar a convertirnos. El arte como máquina de querificar.


por Daniel Link para Soy*

La persona Es una tarde muy fría. Valentín Demarco (1986) nos abre la puerta de calle y nos conduce por un largo pasillo al fondo, donde está su taller. Ya resguardadas de la intemperie, Valentín nos ofrece un mate con medialunas, que ha calentado expresamente.

Nos cuenta que tomó clases durante su adolescencia en la Escuela Municipal de Orfebrería de Olavarría, con el maestro Armando Ferreira, “inventor” el estilo olavarriense. A los 18 años se mudó a Buenos Aires para estudiar diseño industrial en la UBA, carrera que abandonó después de dos años para cursar la licenciatura en Artes Visuales de la UNA. Se graduó en 2017 con una tesina que se explaya sobre los vínculos entre la artesanía tradicional y el arte contemporáneo. “Más allá de mi formación académica”, subraya, “el espacio que más marcó mi rumbo como artista es la clínica de obra de Diana Aisenberg, de la que participé entre 2012 y 2020”. Obtuvo el Tercer premio revelación (Fundación Andreani a las Artes Visuales, 2013), Premio Lucio Fontana (Consulado General de Italia en Buenos Aires, 2014), Premio Ópera Prima (Casa Nacional del Bicentenario, 2016) y fue seleccionado para el Premio Braque (2017). Obtuvo la Beca Bicentenario a la Creación (Fondo Nacional de las Artes, 2016). Varios de sus videos están disponibles en Vimeo (“Men Art Work”, “Mi puñado de esplín”, “Cebame”).

En 2020 participó del 9° encuentro Nacional de Plateros de Olavarría con una obra que produjo un módico escándalo: “Cuchillo y tanga haciendo juego”, en la que su culo en primerísimo primer plano lucía una tanga de metal labrado por el mismo, con un facón también de su factura. La obra participó también de Art Basel (Miami) y marca un tono y una dirección: el artesanado popular tensionado hacia experimentaciones con el propio cuerpo y la puesta en primer plano de una querificación intensa de las reglas del arte contemporáneo. En 2021 montó la muestra “¿No soy de aquí?” en el Museo Dámaso Arce de Olavarría, donde mostró una impresionante colección de exvotos (ofrenda hecha a un dios o dioses) producidos en su propio taller, con la misma torsión: algunos son más clásicos, otros lo son menos (vergas, dildos). Todos son hermosos.

En la obra que puede verse en la galería Isla Flotante, se anticipan algunos de los motivos que son el objeto de esta nota y de este encuentro con Valentín.

Lo visitamos porque nos enteramos de que el MALBA, luego de haberlo exhibido este año, ha comprado para su colección el video “Cebame” (2019) y todos los objetos con él asociados, en un gesto de canonización inesperado, sorprendente por su audacia. En la muestra que terminó eel 30 de julio, funcionaba como una instalación (se lo veía a través de una mirilla, referencia al Étant donnés de Duchamp).


El ritual “Cebame” comienza con una pava sobre una cocina y una conversación de dos mujeres, tan insustancial como la que inaugura una de las mejores novelas argentinas. Luego, un plano muestra una repisa de cocina donde hay varios mates, tres de calabaza (porongo), uno de madera y uno de metal. Uno de los porongos dice Olavarría, el otro es más moral y reza “Sin lugar a dudas, mantener vagos nos salía más barato que mantener ricos” acompañado del anagrama MMLPQTP (Mauricio Macri La Puta Que Te Parió).

Podría decirse que esa repisa cita el campo de lo popular: están los mates, con su típico llamado a satisfacer la pulsión oral, está la demarcación (en este caso sí se traza un límite) de lo exterior al campo: el liberalismo, está la propia población. Está lo más tradicional (como costumbre y como rasgo de sociabilidad) y en el centro, un mate de metal, con forma de dildo, boca labrada, sobre un pie también de metal. Se intercalan primeros planos del mate de metal y de la pava con el agua ya caliente, y luego se ve el mate chorreando una sustancia gelatinosa y transparente. Hay que aclarar que las imágenes son de una calidad extraordinaria, tanto en lo que se refiere a la iluminación como al equilibrio de los planos. Una estetización extrema de un hecho cotidiano o lúbrico como preparar un mate. Mateemos. Cebame. Hagamos un arte a partir de eso.

Suena un rasgueo de guitarras y vemos un plano cenital de la boca del mate, los hermosos labrados en primer plano, algo de yerba ya dispuesta en el fondo, sobre un fondo rosado que cubre toda la pantalla y que pronto identificamos como piel humana. El mate está inserto (no puede haber otra explicación) en un ano. El porongo ha encontrado su lugar.

El siguiente plano muestra la inserción del mate en un ano, de perfil. No es el mate de metal que estaba en la repisa y que chorreaba, ahora lo comprendemos, gel lubricante, sino otro más pequeño, pero de boca más ancha. En planos sucesivos, una mano sigue llenando el agujero con yerba. La cuchara entra en el agujero y descarga la yerba.

Siguen tres escenas puntillosamente fotografiadas. Un hombre y una mujer en la cama miran sus celulares y toman mate del culo erguido que está entre los dos. Apenas si se miran, comentan cosas que ven en las pantallas, alternan el chupado de bombilla. En la siguiente escena, el culo-mate reposa a medias en el regazo de un hombre y a medias en el apoyabrazos de la silla en la que está sentado, vistiendo pantalón corto de cuero, borceguíes y arnés. Enfrente, en un sofá, duerme un perro. La luz que entra por el ventanal es exquisita. El hombre sorbe y mientras tanto, acaricia distraído las nalgas del yacente.

Ya no veremos más la boca del mate, abierta y en proceso de llenado, sino un cuerpo inerte del cual diferentes personas disfrutan sorbiendo el líquido del mate inserto en el ano (que es, por supuesto, el del artista, el pequeño valiente, Valentín Demarco). Las dos mujeres que hablaban al comienzo aparecen ahora en la cocina, donde el cuerpo yace en una mesa (cuelgan el torso y la cabeza, que nunca se ve). Conversan de banalidades y toman mate, alternativamente. En la escena final, un exterior, un hombre toma mate dentro de un auto, al costado de una autopista.


El mate culero La obra es un acontecimiento de larga proyección. “Cebame” desasocia el ritual del mate de la felación (sorber el jugo del fondo del porongo) y lo asocia con el anilingus (chupar el culo). Desbarata, así, incluso la lengua popular, según la cual el “chupaculos” es un ser despreciable y “chupame el orto” es un desafío odioso. Valentín Demarco toma una figura central de la cultura popular y abre la idea de pueblo (la desmarca) como se abre el ano para recibir el mate culero. El que pide “cebame” ya no es el agujero del mate sino el ano, ese centro oculto de la cosmogonía neobarroca (si hay que creerle a Severo Sarduy), gloriosamente iluminado por la luz de “Cebame”. Lo popular, en la perspectiva de Valentín no es necesariamente lo que se ve, sino aquello que puede imaginarse, una hipótesis, una estrategia (entrar al arte por la puerta de atrás).

Claudio Iglesias ya había señalado en Página/12 , a propósito de la obra de Valentín, un giro notable del arte contemporáneo argentino, que vuelve a ciertos aspectos del artesanado, donde encuentra sus condiciones de posibilidad.

La operación de Valentín es muy minimalista, pero toma como objeto el inmenso edificio del barroco americano, el lenguaje popular, los ritos de la sociabilidad criolla, las identidades flotantes y una práctica que no aparece sugerida por retórica visual sino en su total esplendor figurativo: no hay distancia entre la boca del mate que se ceba y la boca del culo que lo contiene. En manos de Valentín Demarco, el arte es un gigantesco dispositivo de enajenación, de vaciamiento de nombres, una máquina para imaginar alguna lengua, alguna historia, algún pueblo.


Destacados:


“El mate está inserto (no puede haber otra explicación) en un ano. El porongo ha encontrado su lugar. En planos sucesivos, una mano sigue llenando el agujero con yerba. La cuchara entra en el agujero y descarga la yerba.”


“Me gusta inventar una mitología local donde quepan las cosas que no fueron incluidas, como el homoerotismo criollo del que hablábamos antes.”




“Un costumbrismo enajenado”

Entrevista a Valentín Demarco

¿Cómo hiciste el clic para pasar de la práctica de la artesanía al concepto de arte. ¿Cómo fue ese proceso?

En realidad diría que recuperé de mi mismo el oficio artesanal que llevaba adentro una vez que ya estaba inserto en la esfera del arte y pensando en su lógica y problemáticas. De hecho, comencé a indagar en el imaginario local porque me molestaba que el arte contemporáneo -que en ese entonces era un concepto que me obsesionaba- se presentara como de ningún lugar, o de cualquier lugar, todo igual de estéril. Y a mi me parecía que tenía que haber algo más. Y ese algo más creo que lo encontré en Ema, la cautiva (1981), la novela de César Aira. Comencé a ensayar cruces entre el cubo blanco y el territorio nacional, que casi siempre fue pensado como espacio negativo, inmenso y desierto; entre el arte contemporáneo y todas las cosas nuestras que no tenían lugar en sus confines, como ser las artesanías y la picardía.

Ahí enganchaste con la gauchesca...

Sí, viendo los afectados gauchitos que pintó Juan Manuel Blanes y los paisanos culones de Molina Campos, pero sobre todo viendo todo lo que no había, o más bien las ganas que había que poner para poder ver algo -los ojos desviados-, pensaba que tenía que haber un desarrollo más explícito y consistente de un (homo)erotismo criollo. En esa línea realicé en 2016 una exhibición titulada “Un episodio en la vida del artista popular” donde contaba en imágenes un hecho de la biografía temprana de Florencio Molina Campos a través de unos dibujos inspirados en su obra y en la de Tom of Finland. Para ese entonces la platería ya estaba otra vez en mis manos -retomé el oficio a fines de 2014-, pero también en mi cabeza como un legado que me sentía un poco responsable de reimaginar. Él era una suerte de desclasado que rememoraba su pasado feliz de hijo de estanciero y abonaba en una visión anacrónica e idílica de la vida rural, pero la manera de construir sus imágenes trastocan ese mensaje edificante y pacato en otra cosa, en algo popular, que genera empatía y una mueca risueña.

Hablame del encuentro extraordinario entre el mate y el culo...

Diría que el mate, por empezar, me fascina porque señala un territorio. Por darte un ejemplo, hay una pequeña obra de Monvoisin en la Colección Fortabat donde se ve una escena típicamente europea, sin embargo un matecito pintado la afinca acá. Esto aún no explica cómo llega el mate al ano. La conexión esa viene de un reconocimiento formal.
Habiendo visto muchos mates de plata, objetos paradigmáticos dentro del repertorio de la platería gauchesca, y como conocedor del universo de los juguetes sexuales anales, no podía dejar de reparar en las similitudes que guardaban. Entonces empecé -no sin cierto pudor de compartirla- a forjar la idea de crear un objeto que cumpliera ambas funciones. Una vez que realicé el primer mate culero, como le puso Santiago O. Rey, o mate tapón -como lo nombró un gran platero-, me encontré con el problema de tener que estar explicando la funcionalidad de la nueva invención.
Ahí fue que decidí hacer un video donde pusiera en escena esta práctica de matear del culo. En un principio imaginé una escena bastante más gay y pornográfica de lo que resultó la pieza al final. Pero no me convencía, yo quería que muchas más personas pudieran incorporar la posibilidad de la costumbre improbable que les estaba proponiendo. En ese sentido quise que fuera cándido y luminoso, que se viera cotidiano y “normal”. En definitiva también estaba pensando en lo que se asume como normal y en cómo se construyen las tradiciones y las costumbres. Los mates y las bombillas de plata de hecho aparecen como forma aceptable para las aristocracias virreinales de incorporar el mate -que es de origen guaraní, aunque se nombre con una palabra quechua-, bebida que al principio era considerada poco higiénica y bárbara.

En Cebame hay una tensión muy bien resuelta entre obscenidad y estetización. Digamos: hay goce, pero hay también belleza...

Como te comentaba antes, quería que el video se viera lo menos sórdido posible; que la dimensión del goce estuviera presente pero filtrada por una delicada capa de costumbrismo de fácil incorporación, que placiera a la vista en un sentido convencional. Por decirlo de algún modo, que se vea aceptablemente mainstream para mostrar algo que puede ser impensado o inaceptable para algunas personas. Esta tensión es algo que me interesa mucho y admiro en otrxs artistas -no necesariamente de las artes visuales-: la posibilidad de insertar lo raro y peculiar en circuitos de circulación masivos y estandarizados. Para realizar el video, convoqué a Emilio Bianchic, que es un referente para mi. Con él hicimos la edición del video y me ayudó a convocar al equipo. La cámara y la fotografía la hizo Juan Renau, y Santiago Guidi, con quien ya había trabajado en el video “Exilio” (2016), hizo la producción. Y bueno, luego hay un reparto maravilloso.

¿Podés hablar un poco de “lo que vendrá”? ¿En qué estás trabajando?

Si en "Cebame" había una decisión de insertar la costumbre de matear del culo en la esfera de lo real y cotidiano, diría que ahora estoy trabajando con un enfoque distinto, intentando construir una fantasía vernácula, que destaque lo extraordinario de nuestras imágenes y prácticas, un costumbrismo enajenado. Inventar una mitología local donde quepan las cosas que no fueron incluidas, como el homoerotismo criollo del que hablábamos antes.
Pienso en cómo Horacio Ferrer reimagina la poética del tango y las paicas y las grelas pueden convivir con los ovnis. Y bueno, con Piazzolla y Amelita Baltar hacen el último hit del tango que es “Balada para un loco”. Por otra parte estoy trabajando en el guión de una película junto a Fermín Eloy Acosta, un escritor que admiro y encima es olavarriense también, con producción de Oh My Gómez, que imagina el despertar homosexual de un adolescente bonaerense en los 70’s, con el trasfondo del boom del folklore en esos años.

 

domingo, 13 de agosto de 2023

Primicias exclusivas


 

sábado, 12 de agosto de 2023

Nuestra vida precaria

Por Daniel Link para Perfil

La noción de “vida precaria” ha tenido una extraordinaria carrera en lo que va del milenio, a tal punto que uno podría caracterizar la era a través de procesos de precarización cada vez más acelerados. El humor social que se corresponde con esos procesos es de cada vez más irritación, desconcierto, descrédito y furia.

Habría que evitar, sin embargo, la metafísica de la precariedad, que pretende que la vulnerabilidad y la precariedad son intrínsecas de la vida humana.

La precarización es un efecto y afecta a lo viviente en general y no sólo a los seres humanos, aunque no conviene salteárnoslos para llegar rápidamente al oso panda.

Los sociólogos llaman “precariado” (en oposición al proletariado) a esa especie de clase en formación que agrupa en principio a quienes han sido despojados de sus derechos laborales y, por lo tanto, del acceso a la seguridad social. Luego, esa precarización se extiende a una relación más general con la Ley: las vidas precarias quedan en la práctica excluidas de todo derecho. Las crisis migratorias profundizan el efecto de precarización y vulnerabilidad. A diferencia de lo que sucedía con el antiguo proletariado, que era sujetado a la máquina de producción capitalista que extraía plusvalía de su trabajo, el precariado se somete a actividades no remuneradas como única garantía para conservar el acceso a algún empleo y algún ingreso.

No es un problema sólo de países desvencijados políticamente como Venezuela, sino también de Japón y Reino Unido. Algunos analistas señalan que en España el 15 % de los trabajadores están bajo el nivel de pobreza. Además de una escandalosa concentración de la riqueza, la llamada clase media retrocede sin prisa pero sin pausa.

Hace algunas décadas el movimiento Okupa fue la punta de lanza todavía glamorosa que señalaba un problema de precarización habitacional. Pero hoy, la agudización de los procesos de precarización han inmunizado a las sociedades sobre los problemas de otros y las tomas son condenadas como actos destituyentes de un orden que, paradójicamente, casi nadie considera justo.

La precarización de lo viviente incorpora un alto contenido de desprecio y criminalización de las acciones civiles que pretenden reparar un daño, porque en algún lugar de la imaginación pública se entiende el peligro de su generalización. De ahí a las adhesiones a la ultraderecha no hay más que un paso (es lo que estamos viviendo). Pero las ultraderechas sostienen programas que no hacen sino aumentar la precariedad. ¿Podemos imaginar una salida de este laberinto?

 

sábado, 5 de agosto de 2023

Retención y revuelta

Por Daniel Link para Perfil

Hay un debate persistente alrededor de un tema viejo y anacrónico. En campaña, algunas candidatas presidenciales (incluyo en este colectivo, como corresponde, a los postulantes masculinos: la Solano, la Larreta, la Grabois, la Moreno) han levantado la bandera del liberalismo a ultranza: “basta de retenciones a las exportaciones”.

Ese debate ya saldadísimo se remonta por lo menos a 1763, cuando Luis-Paul Abeille publicó su “Lettre d'un négociant sur la nature du commerce des grains”. Esa carta fue seguida por unos Principes sur la liberté du commerce des grains (1768), donde el fisiócrata abogaba por la libre producción, el libre comercio, la libre exportación (en suma: el libre abuso) y proponía una cuasi metafísica de la plantación: “Acontecimientos tan decisivos como aterradores, y siempre los mismos, advierten que el régimen de un Comercio tan complicado como el del grano está más allá de las fuerzas del hombre más superior, y que, en consecuencia, es imprescindible abandonarlo a sí mismo”.

Muy pronto el ancien régime se toparía con los revolucionarios de 1789, ebrios de reglamentaciones. Bastante después, Foucault encontraría en Abeille, quien era consciente de que las formas de gobierno liberal corren siempre el riesgo de generar su propio monstruo, una figura con potencia para rebelarse contra el propio sistema. Para Foucault, que encuentra allí los fundamentos para su teoría del poder y de la resistencia, esa figura insumisa predicha por Abeille se reconoce por el nombre “pueblo”.

Hagan los que mejor les parezca, pero aténganse a las consecuencias, previstas desde el fondo de los tiempos.

 

viernes, 4 de agosto de 2023

jueves, 3 de agosto de 2023

sábado, 29 de julio de 2023

Baño clausurado

Por Daniel Link para Perfil

El señor Roberto García Moritán insiste en demoler el edificio del Ministerio de Desarrollo Social y Salud como parte de su programa de gobierno para la Ciudad de Buenos Aires.

"En el medio de la ciudad hay un adefesio que solo genera caos, conflicto y anarquía", ha sentenciado, revelando la relación fetichista que tiene con el edificio (muchos observadores han arriesgado que, en efecto, “tiene cara de fetichista”, hipótesis que no podemos suscribir porque conocemos la distancia abismal que se establece entre el ser y el parecer): no le basta con refuncionalizarlo, trasladando por ejemplo el Ministerio de Desarrollo Social (objeto de la protesta piquetera) a alguno de los barrios populares que necesitan de procesos de urbanización. No, no. Él supone que la demolición de ese edificio de más de ochenta años (inaugurado en 1936 como sede del entonces Ministerio de Obras Públicas), de estilo racionalista y declarado (con justicia) Monumento Histórico Nacional mejorará la calidad de vida de los habitantes de la ciudad, que él identifica con “mejorar el tránsito”.

Uno podría aferrarse a la vis cómica y enumerar otros edificios fetiche que podrían entrar en su lista, pero mejor es tomárselo en serio y pensar en la pobreza imaginativa sobre la que reposa su propuesta.

La siniestra solución del marido de Pampita dice: he aquí un problema. Eliminemos el problema con explosivos plásticos. Me recordó la situación del baño del piso 4 en un edificio universitario al que voy con frecuencia. Una vez, en febrero, uno de los inodoros empezó a perder agua. Después de haber dado aviso a la oficina correspondiente (el edificio ha sido recientemente refaccionado: los baños son nuevos), hacia abril apareció un cartel que decía: “Baño clausurado”. Todavía sigue igual, sin poder usarse, porque alguien prefirió dinamitar metafóricamente el baño antes que arreglar lo que su propia torpeza había provocado previamente.

Es una posición horrible que implica reconocer que no se sabe resolver un problema más que mediante una prohibición, una clausura o, directamente, la destrucción.

Por supuesto, sorprende que el señor Moritán haya aceptado sumar a su campaña una idea seguramente susurrada por un desafortunado equipo de prensa (es cierto, pobre gente, que tienen que trabajar con lo que les dan, que seguramente es bien poco). Pero resulta más alarmante aún que no haya habido un general repudio a sus dichos entre quienes comparten su espacio político, que pueden ser arrastrados por la misma idiocia hasta nadie sabe qué umbrales.

Les parecerá que hablarse encima y encima adjuntar un video como “de acción” sostiene el nombre del candidato circulando y que eso es lo que importa.

Esto es, incluso, más penoso que lo anterior porque agrega una cuota importante de cinisimo, que parece ser lo que domina el panorama político de estos tristes tiempos sin ideas, sin vergüenza y sin imaginación.

Fetichismo, idiocia y cinismo. Por supuesto, esos rasgos pueden chequearse en varias de las candidatas a los cargos electivos que votaremos en pocos días. Teniendo en cuenta ese contexto, ¿no es lógico que, independientemente de nuestras adhesiones políticas, usemos las PASO como lo que son: internas abiertas en las cuales podemos decidir qué candidatos irán a las elecciones verdaderas?

El kirchnerismo porteño levantó su voz de protesta porque algunos peronistas declararon que votarían en las PASO para desfavorecer la candidatura del Sr. Jorge Macri. Pero es bastante sano que un sector que sabe que no va a ganar elija el candidato menos nocivo para la ciudad (y vote su lista de legisladores). Y otro tanto podría decirse para las presidenciales. ¿No convendría ponerle freno a la ambición sin fundamento de la señora Bullrich desde ahora, para no tener que aguantar su “A todo o nada” durante los meses venideros?

Sabiendo más o menos quiénes ganaran las internas en los demás espacios (de Massa no nos salva Grabois, a quien muchos habrían votado con algarabía), ¿no habría que pensar estratégicamente las internas como eso y sólo eso, y usarlas para sacarnos de encima las amenazas de destrucción, de mano dura, de privatizaciones y de modificaciones de los regímenes jubilatorios, pero sobre todo la vergüenza de que alguien crea que esos discursos son todo lo que nos espera?

Mejor que clausurar un baño, es arreglarlo.

 

lunes, 24 de julio de 2023

Barbie-zombie

Estamos dispuestas a demostrar que Barbie es una mierda, pura basura ideológica, no importa qué. El juicio demorará porque no vamos a pagar para verla, así que dependemos de los ritmos de la piratería.

Además, se impone volver a dar en clase los textos de Theodor Adorno, que considerábamos un poco viejos. Pero ni Deleuze ni Foucaut habilitan a una celebración descerebrada de lo que ayer era el Pato Donald. 

Los ambientes estilísticos (la prosa plúmbea de los adornianos) pueden pasar de moda. Pero el enemigo es siempre el mismo.

 

sábado, 22 de julio de 2023

La guerra de los clones

Por Daniel Link para Perfil

Nunca entendimos bien el éxito entre nosotras de La niñera, que focalizaba su atención en el choque entre la cultura judía de clase media y la cultura de los magnates del mundo teatral, a partir de un esquema de comedia ya muy superado por los tiempos en el momento en que la serie se emitía y con algunas obvias remisiones a La cenicienta y Pigmalión. Las actuaciones estaban a la altura del Teatro de Darío Víttori.

Hasta que, la semana pasada Fran Drescher, ahora líder del poderoso Screen Actors Guild, pronunció un discurso incendiario, justísimo en sus reclamos, en la línea de las grandes intervenciones evitistas. “¡Ah, claro!”, nos dijimos. En el fondo esperábamos algo así: la pasión y la excepción.

Entre sus varias puntualizaciones para sumarse a la huelga que mantiene desde comienzos de mayo el gremio de los guionistas, rescato éstas: "No se puede cambiar el modelo de negocio tanto como ha cambiado y no esperar que cambie también el contrato", o "Si no nos mantenemos firmes en este momento, todos vamos a estar en problemas. Todos vamos a estar en peligro de ser reemplazados por máquinas y grandes empresas".

En efecto, el primer capítulo de la última temporada de Black Mirror ya había producido una sátira al respecto: una vida cualquiera era interpretada no por una actriz (en este caso Salma Hayek), sino por un avatar generado por una “computadora cuántica” a partir de sus rasgos físicos y actorales y otros de la vida cualquiera.

La fuerza del capitalismo digital había quedado clara ya el final de la saga La guerra de las galaxias. La muerte prematura de Carrie Fisher obligó a los productores a generar un avatar que representara a una princesa Leia un poco impedida de gesticular, pero presente.

Harrison Ford, por su parte, aceptó que su doble digital rejuvenecido compartiera protagonismo con él en Indiana Jones y el Dial del Destino (donde hay, incluso, un tercer clon digital, entre el falso joven y el viejo real). En Misión imposible: sentencia mortal el director desistió, dijo, de presentar a un Tom Cruise jovencísimo, por respeto al actor.

En el lugar donde las imágenes se cruzan con el dinero (la Industria Cultural) clavó su lanza Fran Drescher y dijo: “no pasarán”. Tiene nuestro apoyo.

 

sábado, 15 de julio de 2023

Clásica y moderna

Por Daniel Link para Perfil

Casi todos quienes asistimos al congreso del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana en Atenas teníamos entradas para ver la puesta del Hippolytus de Eurípides en el marco del festival de verano de Atenas-Epidaurus.

El teatro de Epidauro, concebido por el arquitecto Policleto el Joven hacia el 330 a. C., permanece hasta nuestros días como el mejor conservado de la Antigüedad. Tiene una capacidad de 14 mil espectadores y está a dos horas de Atenas. La aventura demandaba, pues, no menos de seis horas y sabemos de varias académicas frívolas que decidieron perder su ticket antes que arriesgarse a dilapidar sus preciosos minutos.

Por supuesto, se equivocaron. Entrar al teatro era ya de por sí una experiencia conmovedora y aunque simplemente hubiera cantado Juan Carlos Baglietto, el viaje habría valido la pena.

Eurípides, uno de los tres grandes trágicos de la antigua Grecia, escribió dos veces Hipólito, para poder ganar los agones. La tragedia cuenta el desaforado deseo de Fedra por su hijastro Hipólito, devoto de Artemisa, la diosa cazadora y bastante poco inclinado a los encantos de Afrodita quien, para vengarse, lo enreda en una serie de equívocos trágicos. Fedra se suicida, Teseo es inducido a creer que su hijo Hipólito la violó. Lo destierra y el joven muere pisoteado por sus propios caballos.

La crítica a las veleidades de los dioses, tan típica del teatro de Eurípides, queda aquí muy en evidencia, así como su sutil psicologización de los caracteres dramáticos.

La puesta estuvo a cargo de Katerina Evangelatos (directora del festival, que también funcionó en el Odeon, al pie de la Acrópolis). Con gran inteligencia, justificó cada uno de los sofisticados recursos que introdujo. Afrodita filma en ángulos extrañísimos la acción (punto de vista inhumano), que vemos proyectada en una pantalla.

Hacia el final, como todas estamos fatalmente inermes ante el capricho de los dioses, los 20 actores de reparto aparecen espléndidamente desnudos. La escenografía es preciosa y el cadáver de Fedra es dispuesto en el agua como la Ofelia de Millais. La tragedia es eterna, como el portentoso deseo.

Volvimos a casa con la excitación de quien sabe que participó de una experiencia única.

 

viernes, 7 de julio de 2023

La Atenas del Plata

Por Daniel Link para Perfil

Profilaxis, ética, helicóptero. Énfasis, metáfora, cosmos. Poesía, dialéctica, biografía. Son tantas las palabras griegas y los helenismos con los que vivimos con naturalidad que, cuando resulta que habitamos temporalmente esa lengua sin entender más que las palabras sueltas que hemos heredado de antiguos o modernos traductores, nos sorprende la cercalejanía tan paradójica que las lenguas establecen entre sí.

Estamos en Atenas, y somos un grupo numeroso de americanos hspanohablantes que participamos de un congreso de literatura que ha comenzado con una extraordinaria presentación de Lina Meruane que satiriza los vicios académicos y literarios de encuentros como éste, organizado por el Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana.

Entre los argentinos circula la palabra crisis, desde ya. Nos preguntamos cómo un tan copioso contingente ha podido reunirse en Atenas, teniendo en cuenta la situación de nuestra economía. Aquí y allá surgen los financiamientos externos que pagaron los viajes.

La noche del miércoles, una colega estadounidense pagó la cena de los becarios del Conicet que la acompañaban.

Comentamos con cierto malestar la reticencia del actual gobierno a avanzar en el proyecto de integración entre la Unión Europea y el Mercosur que, entendemos, a todas nos beneficiaría.

El canciller dice que no, y habla de asimetrías pero no explica cuáles son y, mientras tanto, juega al gato y al ratón con los Estados Unidos y con China.

Lo cierto es que podríamos evaluar con cierta competencia esas asimetrías, si se tomarán el trabajo de exponerlas para nosotras.

Sobre todo, estando en Atenas, una ciudad muy en los márgenes de Europa, cuya temporalidad, contra toda presuposición, como nos recordó el presidente del IILI, el cordobés Fernando Degiovanni, es tan parecida a la nuestra.

No hablamos, claro, de la Grecia o la Atenas clásica y escolar, sino de la política moderna (la independencia griega fue proclamada en 1822 y efectivamente establecida ocho años después). Grecia tuvo su propia anarquía, sus golpes militares, su fascismo, sus guerras con los turcos, su guerra civil, sus propias tribulaciones con el FMI.

Atenas no parece una ciudad europea, sino una ciudad americana. Si no fuera por sus desniveles, su heterogeneidad arquitectónica se confundiría con la de Buenos Aires. Otro tanto podría decirse de su vivacidad.

Atenas fue el modelo de nuestros próceres y nuestros intelectuales (¡Argirópolis!) y es claro que la analogía no tuvo tanto en cuenta al Partenón o al Banquete platónico, sino a una ciudad cuyo modelo de civilización está en tensión con el Occidente, que es más bien Romano que Griego.

Hay algo irremediablemente exótico y oriental en Atenas, que es uno de los bordes trágicos de Europa. Ya el hecho de que las palabras que amamos se escriban en un alfabeto casi ilegible nos evita la ilusión de lo homogéneo.

Tal vez nos convenga recuperar la figura mitológica de la “Atenas del Plata”, con otros contenidos políticos: el borde indio de Europa, su pesadilla.

 

sábado, 1 de julio de 2023

Desinteligencia natural

Por Daniel Link para Perfil

¿Qué es una inteligencia artificial, además de la capacidad para movilizar una cantidad sobrehumana de información y argumentos literalmente robados a quienes pensaron eso antes? Las exigencias de open access, que hasta ayer nos parecían lo más democrático, nos resultan hoy un escalón más en un proceso de extractivismo y apropiación intelectual completamente desbocado. Pues bien, además la IA es un modelo de pensamiento bastante aterrador, porque hace de lo módico, de lo medido, de lo cuantificado y de lo verificable su regla dorada.

Si nuestros maestros nos enseñaron a pensar en contra del propio pensamiento, esa aventura tan propia del Siglo XX se nos aparece ahora como una vía bloqueada, de acuerdo con el modelo de la inteligencia artificial general (dejo de lado las aplicaciones específicas de inteligencia artificial: los correctores de ortografía y sintaxis, los diccionarios, los buscadores, que siguen siendo herramientas legítimas y de gran utilidad).

Si una conoce un poco las instituciones del conocimiento, muy pronto comprende que en el universo de la inteligencia natural, por llamarlo de algún modo, reina el mismo pensamiento burocrático y levemente autoritario, que sanciona no sólo sobre la verdad de lo que otro ha escrito, sino también sobre su originalidad y su estilo.

Las jóvenes que ingresan al mundo académico deberán producir “papers”, preferentemente publicados en revistas que adopten el formato de la evaluación ciega (evalúa un “experto” anónimo, que teóricamente no sabe quién escribió lo que evalúa). Presunta neutralidad y tranquilidad ilusoria. Es como presuponer que en la neutralidad del juicio hay un valor y que el conocimiento no es, por definición, polémico.

Evaluado el texto, es posible que la joven encuentre que su contribución no cita la bibliografía que al evaluador le parece, que sus enunciados deben ser matizados o que el uso (supongamos irónico) de ciertas palabras no es el adecuado al registro científico.

Por supuesto, la joven no tiene más remedio que aceptar esas insolencias porque aunque escribiera cuatro libros brillantes, nada pesa tanto como un artículo evaluado “ciegamente”.

Con el tiempo, esa joven pensará y escribirá exactamente lo que quiere la institución (porque en eso se le juega su supervivencia), sin mayores disturbios, sin iluminaciones, sin riesgos y, naturalmente, sin ningún interés.

La inteligencia artificial no es más que la automatización del tedio y de los modos de reproducción de las instituciones del conocimiento.

sábado, 24 de junio de 2023

Crisis infinitas

Por Daniel Link para Perfil

Después de un año o más, volví al cine. No es que interesara particularmente la película que iba a ver, pero la daban en el complejo nuevo debajo de Plaza Houssay, donde no había estado. Es una cuadra que, para mí, tiene un intenso significado personal porque cuando era muy joven, durante la Dictadura cívico-militar, los policías que vigilaban la entrada a la Facultad de Ciencias Económicas cruzaron la calle y me golpearon sin razón aparente. Yo hacía tiempo con un amigo para rendir un examen. Para mi sorpresa él se fue y me dejó solo ante las fuerzas del orden. Nunca más volví a verlo.

La plaza tuvo varias intervenciones arquitectónicas. La de 1980 establecía circuitos muy rígidos de circulación que (nosotros pensábamos) eran especialmente aptos para la represión de las manifestaciones estudiantiles, que quedarían literalmente acorraladas.

La nueva versión (después de una tímida remodelación en 2007 o cosa así) mejora un poco el perfil que da a la avenida Córdoba. La barranca de pasto que baja hacia el patio de comidas y los cines le agrega un poco de desnivel a una ciudad que carece de relieve.

Los cines tienen pantalla muy chica y todo en ellos funciona automáticamente. Es raro que no haya boleterías, pero por fortuna hay empleadas muy amables y ansiosas por ayudar.

Fuimos a ver Flash que es, según mi ya desvencijada memoria, el primer episodio de Crisis en las tierras infinitas, un choque entre la Gesamtkunstwerk wagneriana y los superhéroes de la pop culture marca DC. Desde una perspectiva adorniana es abominable, pero desde mi odio inclaudicable al universo Marvell, está bien.

 

domingo, 18 de junio de 2023

Efemérides

La Cátedra Libre en Estudios Filológicos Latinoamericanos "Pedro Henríquez Ureña" organizó el panel "Filología, teoría, vida" como conmemoración del centenario del Instituto de Filología y Literatuas Hispánicas "Dr. Amado Alonso", donde se dan cita tanto proyectos de investigación folklórica como de literaturas extranjeras. Contó con la presencia de Nora Catelli (“Joyce sin sus signos. Enseñar los clásicos traducidos”), Ottmar Ette (“Filología polilógica y ecología de la convivencia”) y Jean Bessière (“Des théories littéraires à une ontologie mineure de la littérature et à quelques points d'histoire littéraire contemporaine”). Presentó Daniel Link y tradujo Valentín Díaz. A continuación, las palabras de presentación: 

En el corazón de junio 

por Daniel Link 

Buenas tardes, les agradecemos la compañía en este día tan especial. Es Bloomsday en el hemisferio norte, el día del Ulises de Joyce. En el hemisferio sur, sin embargo, es todavía un “mes más cruel”, porque conmemoramos además los bombardeos a Plaza de Mayo, por parte de aviadores sublevados que, como en Guernica, atacaron inadvertidamente una población civil indefensa.

La semana pasada se celebraron los exactos cien años del Instituto de Filología y Literaturas Hispánicas “Dr. Amado Alonso”, al que venimos a rendir nuestro tributo. Aclaro el plural: represento a la Cátedra Libre de Estudios Filológicos Latinoamericanos “Pedro Henríquez Ureña”, creada a instancias de la actual dirección del Instituto e integrada por Diego Bentivegna (quien suma al significado de este día el nacimiento de su primer hijo, Nicanor), Rodrigo Caresani, Valentín Díaz, Daniela Lauría y Cecilia Magadán como investigadoras docentes y Francisco Bariffi, Lautaro Paredes e Ignacio Repetto como investigadoras alumnas.

Para nosotras es, pues, al mismo tiempo una obligación y una alegría participar de este homenaje. Nos sentimos parte de esta institución centenaria, cuya generosidad intelectual merece subrayarse y nos gusta inscribir lo que hacemos (o lo que pretendemos hacer) en el horizonte de tensiones que han caracterizado y caracterizarán al Instituto. Este panel se explica un poco por eso.

Desde la decisiva gestión de Amado Alonso al frente del Instituto los temas locales siempre estuvieron muy imbricados con los desarrollos de las ciencias del lenguaje y del texto en la tradición europea, de lo que dan cuenta las traducciones de Bally, de Saussure, de Spitzer, entre tantos otros.

Es por eso que convocamos a tres personalidades ilustres, cuya relación con las “literaturas hispánicas” es más bien remota, pero que han desarrollado pensamientos decisivos respecto de la filología general y comparada, los lenguajes, los textos, las historias literarias, los bordes en que lo literario se cruza o se superpone con lo viviente.

En el acto central de la semana pasada, la línea final del acto decía “El lenguaje es la casa”.

Me acerqué a la protagonista del homenaje, la actual directora del Instituto de Filología de la Universidad de Buenos Aires, Guiomar Ciapuscio y le repetí, pero con tono de pregunta: “¿El lenguaje es la casa? Qué final heideggeriano”. “¿Viste?”me contestó conteniendo las lágrimas.

Más tarde, desmenuzamos esa metáfora con los demás integrantes de la cátedra. “El lenguaje es la casa del ser”, había dicho Heidegger, subrayando el hecho de que (no lo dice de ese modo, pero se deduce de su aforismo) la política es un asunto de seres hablantes. Estamos pagando cara esa arrogancia, pienso, mientras los inusitados calores del mes de junio empiezan a disolverse en el viento helado que viene de una Antártida que se descongela de a poco.

Para mí, le digo a Diego Bentivegna, “El lenguaje es una ventana”, porque es el marco desde el cual miro el mundo. Percibo y actúo en el mundo desde una determinada posición lingüística. Él me recuerda una operación crítica de hace algunos años, cuando opuso “el lenguaje como casa del ser a la poesía como caza de la lengua”.

La relación de caza respecto de la lengua supone una predación nómade, no un asentamiento. Al territorio estabilizado del sedentarismo se opone la persecución y el agenciamiento con la presa (la lengua como presa) y los territorios. Ningún sedentarismo, sino más bien una deriva incesante. Es lo que yo, inspirado por él, llamé castrametari o castrametación (el arte de disponer un campamento, algo más duradero que el mero acantonamiento, aunque no tan permanente como una ciudad).

Claro, me dijo Diego ahora, “yo creo con Wittgenstein que el lenguaje es un ciudad, con partes en ruinas y partes en construcción”.

La relación de predación, de deriva o flânerie urbana necesita de un territorio más amplio, un afuera, una relación atenta a la respiración, los movimientos y el habla de los otros: no una mera política de los seres hablantes, sino una política ambiental, incluso un “animalismo”.

No importa ponerse de acuerdo (casa, ventana, o ciudad, qué más da). Lo que importa es que todo esto nos viene de la frecuentación de la filología y sus transformaciones en esta queridísima institución y afuera de ella.

Reivindicamos nuestra filología novomundana, porque quiso y supo articular asuntos de lenguaje con asuntos de territorio: la pluralidad de lenguas y de pueblos.

Avancemos ahora hacia una filología queer, una filología de lo sensible, una ecofilología de los mundos habitables. Seguimos la exigencia que nos dejó Amado Alonso, cuando escribió: “América tiene algo que decir sobre la especial iluminación de problemas lingüísticos ya planteados y puede por su parte proponer otros de primera importancia. (...) Pero nos creemos en el deber de ser algo mas que colectores”.

sábado, 17 de junio de 2023

Metáforas cotidianas

Por Daniel Link para Perfil

Un poco desencantado de la vida ciudadana, voy al acto central de una institución que cumple cien años y que ha formado parte sustancial de mi formación.

La oscuridad me cobija, me obliga a relajarme y a entregarme a un ritual de escucha. En algún momento me sobresaltan unas imágenes que proyectan donde se me ve exultante, copa en alto, participando de no sé qué celebración.

La línea final del acto dice “El lenguaje es la casa”. Me doy cuenta de que durante la hora que duró mi abandono de la realidad, recuperé parte de mi curiosidad por las cosas dichas.

Aplaudimos, alguien llora. Miro alrededor y reconozco a algunas personas y a otras no. Me doy cuenta de la mezquindad de los ausentes que, porque consideran a esta institución un poco anticuada, se abstuvieron de la celebración. Me resulta extraño, porque precisamente el anacronismo, ese rasgo desdeñado por los snobs (que repiten inmutables los dictados de las modas intelectuales neoyorquinas), es lo que más me atrae de ese sitio, de esas personas, de los discursos que sostienen, con los que yo mismo entable relaciones de intensidad crítica pero que no podría abandonar nunca.

Me acerco a la protagonista del homenaje, la actual directora del Instituto de Filología de la Universidad de Buenos Aires, Guiomar Ciapuscio. Le repito, pero con tono de pregunta: “¿El lenguaje es la casa? Qué final heideggeriano”. “¿Viste?”me contesta conteniendo las lágrimas.

Más tarde, comentando el veredicto con mis amigos, desmenuzamos esa metáfora. “El lenguaje es la casa del ser”, había dicho Heidegger, subrayando el hecho de que (no lo dice de ese modo, pero se deduce de su aforismo) la política es un asunto de seres hablantes. Estamos pagando cara esa arrogancia, pienso, mientras los inusitados calores del mes de junio empiezan a disolverse en el viento helado que viene de una Antártida que se descongela de a poco. Una política que ha despreciado a los entes y que ha hecho del paisaje un mero destino extractivista muestra sus ruinas. No es culpa de Heidegger, claro, sino más bien del mandato testamentario. Pero hay que empezar a cortar por lo sano.

Para mí, le digo a Diego Bentivegna, “El lenguaje es una ventana”, porque es el marco desde el cual miro el mundo. Percibo y actúo en el mundo desde una determinada posición lingüística.

Él me recuerda una operación crítica de hace algunos años, cuando opuso “el lenguaje como casa del ser a la poesía como caza de la lengua”.

La relación de caza respecto de la lengua supone una predación nómade, no un asentamiento. Al territorio estabilizado del sedentarismo se opone la persecución y el agenciamiento con la presa (la lengua como presa) y los territorios. Ningún éxtasis del Ser, ningún sedentarismo, sino más bien una deriva incesante. La casa, si acaso, se lleva a cuestas y se instala en cualquier parte. Es lo que yo, insipirado por él, llamé castrametari o castrametación (el arte de disponer un campamento, algo más duradero que el mero acantonamiento, aunque no tan permanente como una ciudad).

Recordé entonces a Rubén Darío, quien había escrito antes que Heidegger: “Si la palabra es un ser viviente, es a causa del espíritu que la anima: la idea. Así, pues, las ideas, con sus carnes de palabras, vivientes, activas, se congregan, hacen sus ciudades, tienen sus casas. La ciudad es la biblioteca, la casa es el libro”. También en la perspectiva dariana la casa es lo que se lleva a cuestas al atravesar del mundo.

Claro, me dice Diego ahora, que no por nada es un gran poeta, “yo creo con Wittgenstein que el lenguaje es un ciudad, con partes en ruinas y partes en construcción”.

Se dice que “el casado, casa quiere” y Heidegger se contenta con ese confort doméstico y patriarcal. La relación de predación o de deriva necesita de un territorio más amplio, un afuera, una relación atenta a la respiración, los movimientos y el habla de los otros: no una mera política de los seres hablantes, sino una política ambiental, incluso un “animalismo”.

Todo esto nos viene de la frecuentación de la filología y sus transformaciones. Reivindicamos nuestra filología novomundana, porque quiso y supo articular asuntos de lenguaje con asuntos de territorio: la pluralidad de lenguas y de pueblos.

Avancemos ahora hacia una filología queer, una filología de lo sensible, una ecofilología de los mundos habitables.

 

sábado, 10 de junio de 2023

Los nombres de Kafka

Por Daniel Link para Perfil

La delirante política argentina se explica, entre otros factores, por una crisis de identidad. Nadie sabe quién es quién, a quién representa, qué imagen de pueblo enarbola. Así, resulta que las dos alianzas más importantes están partidas porque interiormente cada fracción se parece más a una parte de la otra alianza que a sus propios compañeros de sufrimiento electoral.

El nombramiento de Jorge García Cuerva como arzobispo de Buenos Aires desató una persecución identitaria: es un cura villero, no es un cura villero; es amigo de Massa, se lleva mejor con Carolina Stanley; es pro LGBT (y “toda esa porquería”); es conservador, es comunista.

El mismo sacerdote impugnó el "vicio de encasillar a alguien de un lado o de otro". Ese encasillamiento es índice de una angustia identitaria (¿quién soy? ¿quién es aquél?).

Resumo una clase sobre el tema. Franz Kafka escribe en su diario el 11 de febrero de 1913: “Soy un pájaro imposible, un cuervo. Estoy perdido y así revoloteo entre los hombres. Ellos me miran con desconfianza y yo soy un ave peligrosa, un ladrón, un cuervo”. Pregunto de qué está hablando Kafka y sobreviene una catarata de interpretaciones (la paranoia de sentido).

Relaciono esas frases con el apólogo del cazador Gracchus, en el mismo Diario. Llega un barco transportando a un muerto vivo: un hombre que ha muerto en un accidente pero que sigue vivo porque cuando el barco lo llevaba a su descanso definitivo se desvió por un viento súbito y entonces quedó condenado a navegar entre ambas aguas. El alcalde de la ciudad le pregunta: “¿Y ahora piensa usted quedarse en Riva?” y Gracchus contesta: “No tengo intenciones” y después: “Estoy aquí, es lo único que sé, es lo único que puedo hacer”.

Sintetizo el juego pedagógico: Gracchus viene de graculus que quiere decir grajo, cuervo. Y Kavka, pero escrito con v y no con f (sin embargo, suenan igual) quiere decir...“cuerva”. Todo lo que se dice son variantes del propio nombre.

De modo que no habría que desesperarse demasiado por las identificaciones imaginarias (de uno o de los otros) y atribuir intenciones y sentidos (“ave peligrosa”) fundados en prejuicios. El “ser” es escurridizo, lo que importa es el “estoy aquí”. Con eso basta para empezar a hacer.

 

sábado, 3 de junio de 2023

Tres mujeres

Por Daniel Link para Perfil

En julio se cumplirán 430 años del nacimiento de Artemisia Gentileschi, la gran pintora barroca de cuya vida puede aprenderse tanto como de su pintura.

Hija del pintor toscano Orazio Gentileschi, amigo de Caravaggio, fue encomendada por su padre a otro de sus amigos, Agostino Tassi, para que le diera clases de perspectiva.

A sus 18 años, en mayo de 1611, el instructor la violó brutalmente. En 1876 se encontraron en los archivos vaticanos las actas íntegras del juicio por violación promovido por Orazio contra Tassi, quien fue declarado culpable por la violación.

El proceso duró siete meses, a lo largo de los cuales Artemisia es sometida a interrogatorios bajo apremios físicos y a humillantes exámenes ginecológicos.

Dos meses después de terminado el proceso, Orazio obliga a su hija a casarse con un mediocre ayudante de su taller, para restaurar el honor familiar. La pareja se muda a Florencia, donde Artemisia comenzará una nueva vida. A lo largo de los años vuelve a Roma, viaja a Nápoles, a Venecia, a Londres, donde se la reclama como a una de las grandes proveedoras de las cortes europeas.

Una de sus mejores pinturas, Judith decapitando a Holofernes (circa 1613), retoma un tema truculento que Caravaggio ya había transitado, pero con una fuerza y una complejidad tan convincentes que casi nadie duda de que la escena es una respuesta a su propia violación: “hay que cortarle el cuello al cerdo”.

Pensaba todo esto cuando veía los destinos finales de dos grandes mujeres protagonistas de sendas series: La encantadora Mrs. Maisel termina inverosímilmente rica, pero sola, odiada por sus hijos, mirando un programa de preguntas y respuestas mientras conversa telefónicamente con su amiga y representante de toda la vida.

Más abajo todavía, Siobhan Roy (el único personaje querible de Succession), que ha vivido ignorada por su padre y maltratada por sus despreciables hermanos, termina embarazada por descuido de un hombre al que detesta y que la ha traicionado, pero que en la escena final le extiende la mano como a un perro para que se la lama, cosa que ella hace figuradamente.

Pareciera que lejos de debilitarse, el patriarcado encuentra formas cada vez más sutiles para humillar a quienes lo desafían.

Cfr. Roland Barthes. "Dos mujeres".