sábado, 12 de marzo de 2022
Birds sings while Cage flies
Una canción que está en el aire
Por Daniel Link para Perfil
Caja Negra publicó las cartas de John Cage con el título de Escribir en el agua, editadas por Laura Kuhn y traducidas por Gerardo Jorge, quien les ha agregado un prólogo en el que subraya algo sobre las que estas cartas no dejan de decirnos cosas: la disolución del self, la suspensión de todo intento de controlar la materia sonora, la busca de una expresividad que no sea ya del sujeto sino del mundo. Una “ecopoética” que dice que el arte no es un antropomorfismo, sino un geomorfismo, la canción de la Tierra que, en nuestros tiempos (que son también los de John Cage) ya es un compuesto indiscernible junto con la técnica.
El primer poema que Jonathan o John Jr. Cage publica se llama “Song Ghosts”. Aparece en Manuscript, la revista literaria del College de Pomona al que asistía y ya desarrolla un tema que lo acompañará toda la vida: “Y hay una canción / Que está en el aire; que crece / Flota siempre lejos: una débil / pero oscilante melodía que fluye y se balancea”. Se trata del sonido ambiente y de la impersonalidad. La música está en el aire y, como sabrá siempre John Cage, se trata de oirla más allá incluso de la escucha.
Escribir en el agua es un libro de cartas “selectas”. Las correspondencias tienen una importancia relevante en relación con las operaciones de Cage, que insisten en la discontinuidad y en la parataxia: se puede entrar al libro por cualquier parte y salir a cualquier paisaje o diagrama que uno quiera. De allí que, cuanto más variado sea el repertorio de cartas que leemos, tanto más bifurcados y encantadores serán esos caminos. Conocíamos ya los epistolarios entre Cage y Boulez o los epistolarios entre Cage y David Tudor. Mucho más interesantes son estas cartas ordenadas sólo cronológicamente, donde los destinatarios se suceden y permiten imaginar diferentes recorridos e, incluso, olvidarnos de la grandes estructuras narrativas, expositivas o argumentativas. Leer sus cartas es tal vez el mejor homenaje que podemos hacerle a Cage. Siempre me pareció que la asimilación entre el arte de Cage y el de Schönberg (con quien tomó algunos cursos) era excesivo. Aquí, en una carta a Peter Yates (una de las tantas en las que tiene que protestar ante el amigo que nada entiende), Cage nos brinda la fórmula perfecta para dar cuenta de la distancia entre Satie (ese hito ineludible en la formación de la música que John Jr. ama) y Schönberg, al que caracteriza como un Beethoven neurótico, atrapado en el formalismo y, probablemente, un poco resentido por eso. “En cambio”, leemos, “Satie y Webern son libres y originales en sus formas”.
Hay un segundo momento en el que Satie divide las aguas. Más allá de la mutua admiración inicial, Boulez no podía entender el interés de Cage por Satie. Y Cage lamentaba que Boulez se preocupara demasiado por los controles minuciosos sobre sus composiciones. El alejamiento de los dos titanes de la música se produjo gradualmente luego de una intensa camaradería, de la cual hay pruebas suficientes en este epistolario delicioso. En noviembre de 1957, Boulez publicó en La Nouvelle Revue Française el ensayo "Alea" donde, si bien no mencionaba a Cage por su nombre, atacaba violentamente el uso “liberal” del azar. La grieta ya jamás podría restaurarse.
De un lado quedaba una concepción tal vez empantanada en los trascendentales de la composición (otro Beethoven neurótico), del otro una apertura al sonido que podía prescindir de todo plan e, incluso, de toda realización prevista y abrazar cualquiera de las aporías que sus críticos le echaban en cara (muchas veces, no sin razón). El asunto no es sólo estético sino que implica una geopolítica que bien puede entenderse como decolonial donde la pasión por Oriente de Cage juega un papel decisivo, junto con su reverencia a Henry David Thoreau, cuyos dibujos combinó libremente en Score Without Parts y retomó en Signals. Cage replicaba (en un rizo de retornos infinitos) también ideas de Emerson, que en su gran ensayo Nature (1836), describe un estado de percepción despersonalizada: "Me convierto en un globo ocular transparente; no soy nada; lo veo todo". Cage oyó todo.
jueves, 10 de marzo de 2022
Elige tu propia aventura
Panamá 1989
Iraq 1991
Kuwait 1991
Somalia 1993
Bosnia 1994 – 1995
Sudan 1998
Afganistán 1999
Yemen 2002
Irak 1991 – 2003
Irak 2003 – 2015
Afganistán 2001 – 2015/2021
Pakistán 2007 – 2015
Somalia 2007 / 8, 2011
Yemen 2009 – 2011
Libia 2011, 2015
Siria 2014 – 2015
lunes, 7 de marzo de 2022
Instrucciones para leer el presente
Instrucciones para leer dinosaurios
por Daniel Link para Radar (oh tempora, oh mores!)
Antes
de Los Simpsons, el dibujo animado que reina hace años en el primetime
de los Estados Unidos, sólo Los Picapiedras consiguió sostener
un suceso semejante. En esa simpática versión paleolítica
del american way of life no hacía falta, desde ya, ningún
rigor histórico: la mascota de la familia (Dino) y los animales
domésticos que cumplían las tareas más pesadas del
hogar pertenecían todos al período jurásico. Y la
convivencia entre especies diferentes era tan armónica como la
época que servía de contexto a Los Picapiedras –la
década del 60– podía o quería sostener como
utopía: en una sociedad sin fracturas (y en la que, todavía,
no se había producido la crisis del petróleo, ese extracto
destilado de vida jurásica), los norteamericanos podían
y necesitaban convivir alegremente con los dinosaurios, que les prestaban
su fuerza y su docilidad: su combustible.
Después, Pebbles y Bam–Bam crecieron y se dieron cuenta de
que el mundo era mucho más hostil de lo que podía suponerse:
estaba lleno de árabes fundamentalistas, de narcotraficantes, en
fin, de enemigos del sueño americano. Hoy, el cada vez más
resquebrajado imperio americano no incluye ninguna convivencia armónica
salvo la paz conseguida a punta de misiles.
Las películas de Steven Spielberg (desde el disparate de Tiburón
hasta el disparate de La lista de Schindler) encarnan a la perfección
el imaginario norteamericano: por algo gustan tan masivamente. Si en la
“obra” de Spielberg se deja leer la ideología es precisamente
por el olímpico desdén que manifiesta hacia el punto de
vista del otro, por el manierismo visual en el que incurre el director–productor
y por la subordinación de las ideas a la pirotecnia vacua de efectos
afectivos (sonoros y visuales). Si en sus películas es pertinente
leer la ideología es precisamente porque, descuidados como son
sus guiones, coinciden con la mentalidad de las masas del imperio, a las
cuales adula con la misma intensidad con que un vendedor de autos usados
(ese arquetipo norteamericano) es capaz de adular a su cliente. Y porque,
entonces, nos dicen cómo hay que leer la realidad desde el punto
de vista de los Estados Unidos.
Como objetos culturales, las películas de Spielberg están
apenas (a duras penas) construidas: apenas escritas, apenas fotografiadas,
apenas compaginadas, apenas actuadas. La trama de Jurassic Park, por ejemplo,
es de una puerilidad que abruma, el desarrollo de la acción es
caprichoso, las caracterizaciones son esquemáticas (esa madre que
hace Tea Leoni en Jurassic Park III sólo pide que la silencien
a cachetazos, cosa que la platea de todas las funciones reclama unánimemente),
las (a duras penas) actuaciones son primitvas, los escenarios
son burocráticos, el montaje es previsible y la indigencia visual
se salva a duras penas por el lujoso verismo de los dibujos de los dinosaurios.
Y, sin embargo, Jurassic Park III es una película que vale la pena
ver. Es que la tercera parte de esta zaga jurásica funciona como
fantasía republicana y, así leída, nos permite pronosticar
algo sobre nuestro futuro, digamos: nuestro destino sudamericano.
La idea de Jurassic Park III es sencilla y prístina: los norteamericanos,
para divertirse (o para ahorrar impuestos, o gastos de mano de obra) han
realizado experimentos en los “mercados emergentes” de América
latina. Los experimentos se les escaparon de las manos y entonces los
americanos abandonaron apresuradamente el terreno, a la espera de que
la ONU y los gobiernos locales (en este caso, el de Costa Rica) arreglen
el asunto. Años después, el experimento –que ni la
ONU ni los gobiernos locales consiguieron resolver– amenaza la seguridad
de los ciudadanos estadounidenses. Entonces los marines desembarcan en
América latina para acabar con el monstruo desbocado.
Un clásico como Instrucciones para leer al pato Donald de Ariel
Dorfmann y Armand Mattelart insistía en la década del 70
en el modo en que los dibujos de Walt Disney colonizaban la imaginación
latinoamericana. Si el análisis ideológico tiene hoy todavía
algún sentido (además de ilustrar a las nuevas generaciones
en los problemas de siempre) no habría que situarlo tanto en relación
con un sistema de prohibiciones (¡no ver películas de Hollywood!,
¡no escuchar pop anglosajón!, ¡no mirar televisión
por cable!) sino más bien como diagnóstico del presente
y como pronóstico del futuro.
Que agradezcan nuestros hijos, en estos tiempos de globalización,
fantasma de default, oscilaciones del riesgo país, déficit
cero, factores de convergencia, pactos de gobernabilidad y de independencia,
devaluaciones encubiertas, aniquilación del poder adquisitivo de
jubilados, docentes y médicos de los hospitales públicos,
estas sencillas explicaciones a base de dinosaurios que los guionistas
y directores de Spielberg hacen de los monstruos fuera de control que
azotan los mercados emergentes.
sábado, 5 de marzo de 2022
Milenarismo y mundialización
Por Daniel Link para Perfil
Al comienzo del siglo XXI se nos había ocurrido, en la UBA, ponerlo bajo la imaginación del Milenio, que llama a la destrucción y al apocalipsis. Nos habíamos entrenado en las lecturas necesarias (desde la Apocalíptica hasta las concepciones finalistas de la historia y las teratologías) pero después nos pareció que tal vez no fuera para tanto, para qué alarmar. “Ustedes siempre igual”, nos habrían dicho.
Pero ya en la segunda década del Siglo la imaginación se realizó: la crisis ecológica, de la cual pende ya de un hilo una humanidad exhausta, la pandemia que suspendió el tiempo durante el cual, sin embargo, las voces de alerta en relación con una creciente paranoia estatal fueron varias (Agamben, Bifo Berardi) y finalmente la guerra senil y psicótica (así la definió Bifo) de dos provincias de la supremacía blanca. Occidente no es una región geográfica sino un Estado Universal Homogéneo y, sobre todo, homogéneamente racial.
El mundo “libre” reaccionó airadamente: Rusia fue expulsada primero de Eurovision, después de Pornhub (los videos gay rusos siguen ahí, sin embargo) y del fútbol, después del espacio aéreo “occidental”, después del sistema financiero mundial, finalmente del transporte marítimo y las tarjetas de crédito. En cualquier momento Rusia quedará también fuera de Google Play y de Apple Store, lo que desencadenará la rebelión final de ls moscovits.
La guerra en curso no es una guerra del Imperio contra los bárbaros sino algo nuevo, una guerra del Capital consigo mismo, que enfrenta diferentes formas de acumulación, y que le sirve como excusa para dejar en segundo plano la catástrofe ecológica que es nuestro día a día.
Mientras las bombas rusas de racimo siguen cayendo sobre Kiev, Corrientes no termina de quemarse y Brisbane, en Australia, está bajo el agua. Lo que antes podía suceder cada cien años ahora inevitablemente sucede cada diez.
¿Milenarismo? ¿Imaginación?
viernes, 4 de marzo de 2022
Alejandra Pizarnik, inventora del Multiverso
lunes, 28 de febrero de 2022
La mafia rusa
por Daniel Link para Perfil
Hace catorce años publiqué La mafia rusa, un divertimento narrativo anclado en ciertas observaciones de la realidad alemana, profundamente infiltrada ya entonces por la oligarquía rusa.
Con los años, descubrí que esa mancha de aceite se extendía ya por toda Europa y había llegado hasta Barcelona y más allá (cierta teoría conspirativa aseguraba que la Declaración de la Independencia de Cataluña en 2017 fue el producto de una alianza entre la burguesía nacionalista catalana y la oligarquía rusa, que pretendía de ese modo garantizarse un puerto en el Mediterráneo). No quedaba casa ni casino en el Ampurdán que no tuviera un dueño eslavo.
La mañana del 24 de febrero la zarpa moscovita rasgó toda prudencia y se abalanzó sobre Ucrania (¿se acuerdan del Mago Ucraniano de Olmedo?) desencadenando un conflicto bélico de resultado incierto.
Pareciera que la Rusia actual no ha perdido su apetito expansionista, pero eso sí, sin comunismo, con lo cual es como una recuperación del zarismo (claro que más violento y más berreta) por parte de una oligarquía corrupta asociada con un líder autoritario, belicista y (convengamos) un tanto ridículo en sus obsesiones machirulas.
Treinta años le demandó a la patria de Lenin recuperarse de su retroceso militar mientras, en el mismo lapso de tiempo, las democracias occidentales se volvían más timoratas y decadentes.
Lejos quedaron los años en que Alexandre Kojève (que era ruso y marxista, pero trabajó desde París para construir la Europa contemporánea; o que era francés, pero trabajó como espía de la Unión Soviética) imaginó la sutura de dos mundos que hasta entonces eran irreconciliables.
Parece, sin embargo, que la herida no cicatrizó y la carne siguió pudriéndose. Hoy supura, y la soldadesca camina no hacia Moscú para liberarla de la tiranía, sino hacia el Oeste, sobre la ruta contaminada de Chernobil. Ojalá no se les ocurra seguir hasta Praga.
sábado, 19 de febrero de 2022
Bochinche diverso
Por Daniel Link para Perfil
Estoy en la ciudad de Córdoba, ¡en un festival! La provincia de Córdoba es famosa en el mundo entero por sus festivales (desde el gran evento de doma en Jesús María hasta Cosquín en sus dos versiones: folklore y rock, pasando por la Fiesta Nacional del Pejerrey en Las Rabonas o la Fiesta Nacional del Maní en Hernando, cuya primera reina trans, la exquisita Agustina Ottani, ha sido designada como ángel de Sebastián Freire, jurado del Festival Internacional de Cine LGBT+ Diversidades y Géneros “Amor es Amor”, un evento ciudadano que se incorpora ahora al calendario regular de festivales cordobeses.
Yo he venido como consorte, en vuelo separado. Como es sabido, los organismos públicos están obligados a comprar vuelos en Aerolíneas Argentinas. Yo, un poco por antipatía a esa política y otro poco para conocer, elegí vuelos en compañías low cost a los que, aplicados además el “previaje”, me salieron casi regalados (en todo caso, la cuarta parte del pasaje que le compraron a Freire).
Llegamos el lunes a tiermpo para la fiesta de inauguración a la vera del río Suquía, mucho más caudaloso que otros años. Sobre el puente peatonal del mismo nombre habían instalado al DJ y en el hermoso parque donde los runners cordobeses se cruzan habitualmente con las trabajadoras de la carne habían dispuesto un delicioso catering donde lo más granado de la diversidad cordobesa se entregaba al mejor de los pasatiempos: el chismorreo.
Yo lamenté que el festival no estuviera asociado de algún modo con los espectáculos homoeróticos de Jesús María, pero los funcionarios presentes no parecieron notar lo mucho que ganarían ambos encuentros y, sobre todo, los delicadísimos desplazamientos entre formas de vida y formulaciones identitarias que ese bucle patrocinaría.
Todo siguió a un ritmo de vértigo, con exhibición de películas (para la categoría de ficción y documental hubo más de cien presentaciones). Varios de los jurados, incluido mi marido, Sebastián Freire, presentaron sus películas fuera de competencia.
La premiación sucederá esta noche en Carlos Paz, donde además han prometido fiestas pantagruélicas (y todo hace suponer que se cumplirá la promesa, porque a las celebraciones previas no les ha faltado nada).
No sé muy bien qué desencuentros impidieron que Camila Sosa Villada, la mejor escritora actual de la Argentina, oriunda de esta provincia tan rara pero a la que yo quiero tanto, haya reinado en este festival como se merecía o que Albertina Carri, quien también fue jurado del festival, nos acompañara en las tardes de proyecciones y en las noches de canto y baile. No sé si se trata de políticas o de desajueste de organización. Como soy convidado de piedra, no me meto demasiado en esos asuntos.
Pero ojalá que el festival se consolide y crezca: la cordobesada se merece un evento como éste.
sábado, 12 de febrero de 2022
Cuesta abajo
Más bajo no se puede caer, creo (pienso mientras reviso la cotización de mis cibercoins). No me refiero a las vacaciones pagas con séquito de la Sra. Pampita en Punta Cana, ni al dilema del FMI (al que de todos modos no vamos a pagarle) ni a las alabanzas más insensatas a los regímenes más homofóbicos del globo.
Me refiero a los al menos 23 muertos por la venta de cocaína adulterada con un opioide o un precursor, la mitad de los cuales ni siquiera llegaron al hospital. Casi todos ellos eran varones de entre 30 y 40 años, habitantes de esos barrios populares que antes se conocían como "villa miseria".
En Pulp Fiction Mia Wallace confunde, por golosa, un sobre de heroína con uno de cocaína y se inhala una generosa línea que la deja al borde de la muerte. La llevan a lo de Lance, donde Jody, la esposa del dealer, le administra una inyección de adrenalina (o algo así) que la salva por milagro. No es el caso de esta pobre gente, que fue llevada a la muerte por razones de salud pública y de seguridad ciudadana.
En este punto tuvo razón en su recomendación enfática el Sr. Berni, “descártenla”, y muy penoso el verdugueo del Sr. Fernández, como si su función fuera sólo decir “qué barbaridad” y pasar de página.
Más bajo no se puede caer... Que a una pobre gente le vendan veneno sin que lo sepa y que eso no haya sido previsto ni por los servicios de inteligencia (que aparentemente se encargan de espiar sólo a los políticos) ni por las fuerzas de seguridad y que, además, el tema no convoque a una marcha pública de repudio en contra de un Estado que de presente sólo tiene lo griego (“presente griego”) asquea un poco. Que Rosario (que alguna vez fue la Chicago argentina) acepte el espantoso título de la Sinaloa sudamericana (16,4 homicidios por cada 100.000 habitantes cuando el promedio nacional es de 5,3) pone los pelos de punta.
El Sr. Berni acertó nuevamente cuando dijo que el paradigma de combate al narcotráfico ha fracasado. ¿Entonces, qué?
Lloremos y respetemos a los asesinados por un sistema de seguridad pública que abandonó el control del narcomenudeo a las corruptas policías locales.
Lloremos y respetemos a los asesinados por un mercado sin control y sin límites.
Nos queda la esperanza de que alguna vez cese la criminalización de la producción y el consumo de sustancias recreativas y que la gente pueda aspirar (sí, aspirar) a no morirse de pobreza, de abandono, de mala educación.
jueves, 10 de febrero de 2022
Suspensión de la distancia en Proa
sábado, 5 de febrero de 2022
Ortos y quimeras
Las quimeras representan un problema ético sobre lo viviente. Quimera propiamente dicha era un monstruo híbrido, un animal fabuloso con partes de diferentes especies: cuerpo de cabra, cola de serpiente y cabeza de león. De su unión con Ortos, el perro de dos cabezas hermano de Cerbero, nació otra quimera, la Esfinge (cara de mujer, cuerpo de leona, alas de pájaro).
Las quimeras actuales son igualmente inquietantes: embriones desarrollados experimentalmente a partir de la mezcla de material genético animal y humano. Las normas éticas no permiten desarrollar esos embriones más allá de los 28 días.
Por ejemplo, los científicos partieronde blastocitos de macaco a los que, seis días después de su creación, les inyectaron 25 células humanas. Los que trabajaron a partir deun embrión de cerdo, crearon una "interespecie" de humano y cerdo, para verificar si era posible editar el ADN para que generara, digamos, un páncreas humano apto para transplante.
En estos días de intensidad política impar hemos asistido a un nuevo experimento, así reconocido tanto por Federico Sturzenegger (“el plan macrista de Alberto”) y Horacio Verbitsky (“los nuevos préstamos, por el mismo monto que comprometió Macrì, pero a partir de este año ratificados por Alberto”): la quimera que reúne partes de kirchnerismo con partes de macrismo. Como se ve, ya no hay ADN político en estado de pureza.
Habrá que ver si este monstruo político sobrevive más allá de los 28 días, o si todo nos sale, una vez más, como el padre de la Esfinge.
miércoles, 2 de febrero de 2022
Menos mal que es miércoles...
sábado, 29 de enero de 2022
La verdad del calentamiento
Hay dos formas de la verdad en el archivo: una de ellas es plena y surge de la mera correlación de series de datos y registros. Por ejemplo, el extraordinario trabajo realizado por el Jardín Botánico de la ciudad de Buenos Aires, que desarrolló una aplicación que permite comparar doce variables históricas para evaluar el impacto del cambio climático en las especies vegetales, a escala mínima (la de un parque botánico, la de una ciudad). Gracias a ese trabajo sabemos, por ejemplo, que hay muchos más días de verano y menos con heladas, y que la temperatura media anual aumentó 2.5% (+0,4°C).
La otra verdad es más bien elusiva e inestable y surge antes de los huecos y las cosas no dichas que del dato empírico. Propongo este recorrido.
Investigando algunos aspectos de la formación la nacionalidad mexicana, encontré que José Vasconcelos (responsable en gran parte de la política educativa de la Revolución mexicana), durante un viaje oficial a Río de Janeiro había tenido un entredicho con Pedro Henríquez Ureña a propósito de Alfredo B. Cuéllar, promotor de la charrería y de los deportes organizados.
En esa gira de agosto de 1922, Vasconcelos observó con irritación que el “delegado deportivo” se dedicó a lucir “por la capital brasileña el traje charro mexicano. Con ímpetu de joven hacía declaraciones a los diarios, disponía formar en tal cortejo, participar en tal otra fiesta. El traje charro, la buena presencia y nuestra compañía le abrían todas las puertas, y aunque siempre se portó como caballero, sus indiscreciones comenzaron a alarmarme”.
Las indiscreciones habrían sido tantas (aunque no se nos aclaran cuáles) que Vasconcelos ordenó al jefe militar de la expedición: “—Arréstelo —le dije— esta noche, cuando se presente a dormir, y téngalo preso los días de las ceremonias con desfiles.”
Según Vasconcelos, Cuéllar formaba parte del “circulito” de Pedro Henríquez Ureña, que le reprochó el escandaloso arresto y determinó un distanciamiento definitivo entre los dos.
Al mismo circulito pertenecía Salvador Novo, quien registraría las cabalgatas de Alfredo los domingos por la mañana en el paseo de Chapultepec.
En sus memorias, Salvador contó cómo conoció al joven y bello Pedro (“Cruzamos una mirada rápida y lo seguí, intrigado, adentro de la Escuela”), y a quien intentó arrancarle un beso al que Henríquez Ureña se negó, no sin reconocer la legitimidad del deseo. “Ciertamente, puede darse el caso de una atracción entre dos hombres, el impulso de besarse”, dice Salvador que le dijo Pedro, pero “eso está muy mal”. El archivo tiene esas circunvalaciones imprevistas e inciertas, pero hay que seguir todas las pistas.
Volvamos a Alfredo Cuéllar. En 1915, el gobierno carrancista lo había nombrado inspector de deportes en las escuelas del Distrito Federal. Cuéllar aprovechó la circunstancia para crear un almacén de calzado y uniformes de fútbol cuyo cliente principal era la misma institución de la que el gimnasta estaba a cargo.
Alfredo era un reconocido atleta que, durante los nueve años que había vivido en Estados Unidos, se había formado en la celebérrima YMCA que, años después, Village People habría de colocar en un lugar central del imaginario pop.
En la década del 20, Cuéllar revalorizó la figura del charro pues temía que los norteños, con sus pantalones kakis y sus sombreros tejanos, enterraran la charrería, a la que impulsó como “deporte nacional”.
Los rasgos identitarios del charro: la heroicidad, la herencia hispano-arábiga, la sangre derramada por la libertad, la inspiración para el canto y la habilidad para las tareas rurales. El lema de “Charros de Jalisco”, una agrupación pionera de la década del veinte era “Patria, mujer y caballo y en cada charro un hermano”. En esa consideración casi instrumental de la mujer, el charro se parece al gaucho: “Mi caballo y mi mujer se me fueron para Salta/ que vuelva mi caballito, mi mujer no me hace falta”.
Alfredo B. Cuéllar (colección Carlos Monsivais)
Más elusiva, la verdad de la historia de Cuéllar, que se nos escapa un poco, parece otra forma de calentamiento, una que lo llevó a ser arrestado en Río de Janeiro.
La plena verdad llama a la acción; la verdad inestable, a la novela.
sábado, 22 de enero de 2022
Plan de operaciones
Por Daniel Link para Perfil
Cualquier persona educada sabe que el Plan revolucionario de operaciones atribuido a Mariano Moreno es más falso que una novela gótica francesa. De hecho, en 2015 quedó definitivamente demostrado que gran parte de su contenido había sido copiado de la novela histórica El cementerio de la Magdalena (1801) de Jean Baptiste Philadelphe Regnault-Warin. Moreno no tuvo nada que ver con el asunto (aparentemente se trataba de forzar a la corte portuguesa de Río de Janeiro a tomar decisiones sobre la Banda Oriental).
Eso no lo invalida del todo, porque queda su aura imaginaria. ¿Por qué no elaborar planes “revolucionarios”, más allá de la posibilidad de sus realizaciones? Nada más adecuado que la temporalidad veraniega que el libre ejercicio de la planificación.
El 2021 se cerró con el melancólico recuerdo del Sr. Alberto Fernández de los planes para mudar la capital argentina (no al sur, como había imaginado el Sr. Alfonsín, sino al norte). Suscribo esa ensoñación (que más recientemente Egipto llevó a cabo).
Leí por ahí que alguien proponía reformular los límites de la Ciudad de Buenos Aires, incorporándole el conurbano para mejor garantizar la gobernabilidad de la provincia homónima. Desde la izquierda peronista se contestó airadamente esa propuesta de “desguace” territorial. No estoy seguro ni de una posición ni de la otra pero, en todo caso, ¿por qué no considerarlo?
De cualquier idea, ahora, pareciera que lo primero es decidir (ad hominem) si es de izquierda o de derecha o, como se dice en la prensa cotidiana: “populista” o “liberal” (esas antiguallas). Tampoco estoy seguro de que valga la pena semejante bloqueo de la imaginación, que termina obligando a los políticos a no arriesgar ninguna idea (pobres, no es que las tengan, pero tienen asesores) por miedo al qué dirán.
Hagámolos hablar, y veamos qué utilidad tienen sus propuestas para una patria justa, inclusiva y sustentable.
jueves, 20 de enero de 2022
Best kiss ever
miércoles, 19 de enero de 2022
Mientras tanto, en otro lugar...
Cine catástrofe
martes, 18 de enero de 2022
Marcelo Cohen entendió todo
"La duplicidad originaria del escenario de los cuentos de Link genera posibilidades incontrolables, y ese descontrol es fuente del escalofrío, desasosiego, risa y ebriedad. Hoy las series de televisión son más intrincadas que montones de novelas, más opacas; abundan en subtramas, personajes plenos y/o huidizos, referencias varias y llamados a la cooperación del espectador, pero también en galletitas de misterio. Link usurpa el terreno de la tele, saquea trucos, se aprovecha de algunos y de otros obtiene efectos más rotundos porque suceden en la letra, es decir en la mente".
Fuente: Página/12
Hoy es el cumpleaños de...
... Gilles Deleuze, de Rubén Darío, de Arguedas, de Gastón Gallimard, de Arno Schmidt, ¡de José Luis Perales!
(caracterizame el signo, caracterizame...)
Signos y símbolos
- Zodiaco: Capricornio
- Planeta regente: Saturno, el maestro
- Símbolo: El de cuernos de cabra
- Fecha de nacimiento Regente: Marte, el guerrero
- Carta del Tarot: La Luna (imaginación)
- Números de la suerte: 1, 9
- Día de la suerte: Sábado y Martes, sobre todo cuando estos días caen los días 1 y 9 del mes
- Los colores de la suerte: Negro, rojo brillante y café rojizo
- Piedras de la suerte: Granate
domingo, 16 de enero de 2022
La Reina del Plata
Vemos el capítulo de Bones que corresponde a la luna de miel de Brennan y Booth (emitido originalmente el 4 de noviembre de 2013 y escrito por Dave Thomas). Han decidido, después de una boda muy dilatada en el tiempo (sucede en la novena temporada), disfrutar de las bellezas naturales de Buenos Aires (sus playas, sus olivares en las colinas):
y su patrimonio arquitectónico (las catedrales de la época colonial, su clasicismo criollo y los laberintos góticos de sus callecitas estrechas):
Buenos Aires, con todo su esplendor robado un poco de aquí y otro poco de allí (después de todo, es una ciudad de contrabandistas), tiene su reverso, Ciudad Evita, donde imperan el crimen y el ascenso social por la vía rápida:
Como Brennan ha trabajado con los equipos de antropología forense locales, le propone a su marido visitar la Morgue de Buenos Aires:
La visita social pronto se transforma en otra cosa, cuando Brennan descubre unos restos cuya antigüedad no se corresponde con los restos rescatados de una fosa común de la Dictadura y decide involucrar a sus compañeros de trabajo del Jeffersonian Institute (que no ven con buenos ojos el sobrecargo de tareas y están a punto de llamar al FMI):
La investigación involucra a un comisario intachable:
al juez Oyarbide:
las famosísismas casas de prostitución porteña:
el oro nazi (sugerido ya por el título del capítulo):
y, por supuesto, la cartera de Cristina:
Eso mismo: somos una nación imaginaria.
sábado, 15 de enero de 2022
El mal de la banalidad
Yo también titubee, como Rafael Spregelburd, ante Don't Look Up, el suceso del verano meridional. En mi caso las razones para verla o no eran puramente éticas. Sucede que tengo dos reglas de conducta contradictorias. Según una, estoy condenado a no poder ver ninguna película en la que actúe Leonardo diCaprio. Según la otra, me obligo a ver toda cinta en la que el nombre de Cate Blanchett aparezca. ¿Qué hacer ante esta película que aúna ambos nombres al frente de un casting rutilante? Ya una vez me había enfrentado ante el mismo dilema con El aviador, donde ambos actuaban y en la que se sumaba otra regla que me obliga a nunca ver películas dirigidas por Martin Scorsese.
Entonces, opté por una salida tangencial (una vez que emitían la película en algún canal de cable, pedí que me avisaran cuando aparecía Katherine Hepburn, desempeñada por mi amiga Cate), un poco tramposa lo sé, pero que esta vez ni siquiera habría de servirme porque sabía que los personajes desempeñados por esas estrellas regladas aparecían juntas en casi todas las escenas.
Como creía estar saliendo de una etapa más bien negra de mi vida, decidí apostar al amor y promover al primer plano la regla positiva. Puse play y vi la película, lo que me permitió refrendar la infinita sabiduría de la regla prohibitiva que involucra al Sr. diCaprio: Don't Look Up es mayormente intolerable, a pesar de los manierismos actorales de Cate.
Como Rafael, también me dejé dominar por la tristeza de que el “mensaje” del film sucumbiera tan rápidamente a los mismos idiotismos que pretende condenar. Vivimos en un mundo imbécil y cínico que pretende hacer oidos sordos a las señales de alarma que nos vienen del cielo y del infierno.
Más cerca de Esopo que de El 18 Brumario de Luis Bonaparte, la película no quiere que saltemos o bailemos aquí y ahora, cuando el mundo está en peligro. Apenas que digamos: “Qué barbaridad, suerte que esto es ficción”.
