sábado, 1 de agosto de 2009

Discursos de mala muerte

por Daniel Link para Perfil

Hay variedades de discurso audiovisual que no sólo ofenden la inteligencia del espectador sino que además hieren de muerte toda posibilidad de buena vida, arrojándonos en un mar de estupor y mala muerte: son variedades de discurso de mala muerte y, como tales, su frecuentación debería estar limitada (esperemos que la nueva Ley de Radiodifusión lo haya contemplado), por el daño irreparable que nos causan.

Días atrás, me encontré con una amiga y con su hijo encantador. Le pregunté si había visto esa publicidad en la que un niño lee un texto en off: la voz era idéntica a la de su hijo. Me preguntó qué promocionaba el tal anuncio y no supe contestarle. La pieza ciertamente no servía para promocionar el producto y mucho menos para imponer la marca.
Resultado del capricho, como tantos otros, mi amiga y yo no llegábamos a imaginarnos cómo quienes hicieron el anuncio llegaron a convencer a la empresa que lo compró (y que paga costosos segundos de televisión para emitirlo) sobre su pertinencia.
En rigor, sabemos que la publicidad ya no tiene por objeto el consumo (si acaso alguna vez lo tuvo), al que apela muy marginalmente, sino apenas su autoafirmación, que es como una apoteosis de la nada (por la cual pagan las empresas, trasladando luego las cuantiosas sumas invertidas al consumidor, bajo la forma de costos indirectos).
En una publicidad de cerveza, cuatro tarados gritan como mujeres ante un armario-refrigerador: nadie querría ser como ellos, pero el aviso (producido en quién sabe qué latitudes nórdicas) atraviesa las fronteras y nos arrastra en su carrera hacia la subnormalidad. En una publicidad de juegos de azar, un grupo étnico o etario grita como una manada de animales excitados. Ése es el umbral más bajo de la consideración de las audiencias, pero dice bastante del tipo de comunicación que la publicidad supone: son mensajes producidos por bestias, destinados a las bestias.
Me dicen que los mensajes publicitarios no están orientados a las personas educadas, porque sabido es que éstas son refractarias a seguir indicaciones irracionales sin análisis. Yo, sin embargo, no conozco ni amas de casa ni empleadas domésticas que hayan modificado sus hábitos de limpieza en relación con las
réclames que les destinan (y si así fueran de manipulables, estarían ya desquiciadas, obedeciendo a mandatos tan contradictorios, cambiando de marcas de jabón en polvo después de cada anuncio).
No, la publicidad no está hecha para convencer a nadie cuya mentalidad supere el horizonte del mandril entrenado. Existe porque sí, como una excrecencia autoritaria que adviene a nosotros como un exceso de realidad para que no nos olvidemos nunca jamás quién manda en esta casa: ¿querías ver una película? Pues tendrás enjuagues bucales, cremas reparadoras, exprimidores de jugo, desodorantes afrodisíacos, bebidas energizantes, autobrillos para cerámicos, laxantes y analgésicos. Y todo eso, además, en canales pagos de televisión.

Cuando el Estado recurre a las mismas estrategias, el resultado es todavía más desolador. Pienso en Don Carlos, ese industrial bonachón que cada vez que dice “tudo bom, tudo legal” nos arrastra a la sublevación fiscal en contra de los “planes tentadores” para el blanqueo de trabajadores. ¿A quién quieren engañar?
Ningún industrial que se precie de tal podría caer en esa trampa. Ese anuncio fue urdido para hacer creer a los trabajadores en negro que el Estado se preocupa por ellos. Pero si así fuera, ¿para qué gastar plata en anuncios? ¿Por qué no destinan ese presupuesto a pagar inspecciones laborales?

Mejor sería que los fabricantes (grandes o pequeños) cesaran en gastar la poca plata que les queda en anuncios pubicitarios y la invirtieran en mejorar la calidad de vida de sus trabajadores. Que les dijeran a los publicitarios: “muchachos, vayan a laburar” y se dejaran de patrocinar la mala muerte que producen.
La buena vida es sólo una y está al alcance de la mano de cualquiera. Cualquier variedad de discurso que diga lo contrario merece nuestro voto de censura. Sólo se me ocurre otro ejemplo de lacra audiovisual que haya llegado tal lejos y tan bajo en el proceso de degradación de la vida: es la pornografía.
Tal vez convenga desarrollar esa otra condena separadamente, pero bastenos sostener, por ahora, que la pornografía, como la publicidad, participa de la misma deformación y la misma deformidad de las conciencias y los cuerpos. La publicidad y la pornografía producen mala muerte, y por lo tanto, angustia.


13 comentarios:

Toto Terry dijo...

adhiero, aunque nada importe, sigo adhiriendo con fervor, con mucho fervor, a cualquier despotrique de esta indole.

Persio dijo...

No sé hasta qué punto habría que interpretarlo literalmente, pero decir que «sabemos que la publicidad ya no tiene por objeto el consumo (si acaso alguna vez lo tuvo), al que apela muy marginalmente, sino apenas su autoafirmación» y quedarse con eso, me parece bastante poco. Así planteado, no habría ninguna relación entre el mercado y la publicidad, (entre el mercado y el mercado publicitario, entre la publicidad y la publicidad de mercado,) y el consumo sería un ritual extraño que la gente realizaría -amontonada en supermercados y shoppings- por el mero goce del derroche. No me animo a decir qué función cumple y es innegable que la publicidad de hoy cambió, así como el consumo y el mercado. Pero es también me parece bastante disparatado decir que la publicidad sólo existe para autoafirmarse y que ese "apelar muy marginalmente" es la única relación entre consumo y publicidad. La publicidad no es un juego narcicista de publicistas ni de empresas que quieren ver brillar sus logos en el espejo, sino que, a pesar de sus cambios abismales y desmedidos, sigue estando dentro del mercado, de la economía, de la política y de la sociedad. ¿O no?

Ferko dijo...

te amo un poco.

y cuando decía desodorantes afrodísicos pensé en esto: http://www.smellmeand.com/

L. C. dijo...

Don Carlos tuvo a sus empleados en negro durante ocho años, y cuando fue a anunciar el blanqueamiento, todos se cagaron en las patas porque estaban seguros de que los rajaba. Despues del anuncio le agradecieron como locos algo que es un derecho laboral. Eso no es una propaganda, es una bajada de linea del gobierno, una payasada que desmuestra lo corridos que estan los valores. Un muy buen actor, "Don Carlos".

Laura dijo...

Yo también suelo preguntarme a quien se dirige la publicidad (incluso se autodenominan "cortos publicitarios" como si fueran un subgénero del cine!). Y me contesto que sin duda a los niños, mi hijo de 4 años, para mi desesperación, las absorbe y me las recuerda y me recomienda comprar tal o cual jabón o shampú. Creo que desde el mismo discurso publicitario hay una puerilización del público.

Fernando Terreno dijo...

Daniel:
Los gastos siderales en publicidad son la herramienta de los dueños/o del poder real dentro de las empresas para desviar el dinero a sus cuentas (trianguladas vía empresas de publicidad) y currar a los accionistas. Tambien para blanquear guita y para "arreglar balances".

La regulación de la publicidad debería empezar por limitarla a un porcentaje del costo, digamos el 4 o 5% de la facturación y eso, sólo, traería paz a nuestros oídos, ojos y otros efectos benéficos.
Por supuesto una propuesta de este tipo traería un aluvión de protestas similar a las del proyecto de ley de medios y se opondrían un montón de involucrados. Casi adivino que vos estarías entre ellos, ¿o me equivoco?

Dro! dijo...

Tambien están las publicidades que venden ética, como esas que hablan de la amistad y "los codigos"; hasta hay publicidades "ontologicas" como una de wrangler que dice "we are animals". El otro dia vi una de gaseosa que gira exclusivamente en torno a la idea de variación linguistica...
La peor: esa de la bebida energizante que imita las publicidades japonesas, con el de los Pells.
Ni hablar de las publicidades de porno... aunque tal vez sean unas de las poacas que anuncian el producto.

diego dijo...

a mi me encataba la de cerveza que decía "benditas sean las mujeres" y aparecía un flash de la virgen, ¡lástima que esa birra me da tanto dolor de cabeza (tengo un hígado flojito...)!, pero aprendí el amor por la camiseta y el respeto por mi mujer,
no sé qué vende, pero si trasmite esos mensajes: ¡hay que respetarla!

diego dijo...

... y destruirla

Anónimo dijo...

"son mensajes producidos por bestias, destinados a las bestias" Estoy totalmente de acuerdo Llama la atención como la publicidad se dirige a los potenciales consumidores como a animales, así explicitamente: por ejemplo, jirafas y rinocerontes tomando sopa inatantánea y el colmo, una de hamburguess dirigida a niños dice "es la hamburguesa que elige Scooby Doo!" Que aunque sea un perro de ficción es un perro. Que se pretenda que los niños coman hamburguesas que elegiría un perro... Una bestialidad

cocacolen dijo...

Y vieron ésa que dice: "¡Son los flanes que elige Carrió!"?
(La palabra de verificación que me tocó: ¡Mostaneza!)

elsebra dijo...

¡Gracias por el link al inefable "Don Carlos", Linkillo! Interesante texto el tuyo. Coincido en mucho con él.

Anónimo dijo...

primero y principal la publicidad no vende, la publicidad da a conocer un producto por ende si las empresas no realizan dichas publicidades, no se conocería su producto ni marca de esta forma la empresa no funcionaria.. hay pueden sacar sus propias conclusiones..
esto no quiere decir que no halla publicidades mal realizada, pero tienen que entender que hay muchas publicidades que realmente sirven tanto para la empresa o para el consumidor