martes, 26 de mayo de 2009

Cinefilia

Le preguntaron a la presidente de los argentinos qué le parecía su parodia televisiva. "No lo vi nunca", dijo. Y agregó: "soy cinéfila, seguí Montecristo" (así, rapidito y de corrido).
Conté la impresión que me causó la referencia en una mesa de despedida de un amigo que parte rumbo a Berlín, el domingo pasado. No sabía que varios de los presentes eran devotos admiradores de la Reina y fingieron no comprender la gracia: "Ah, es que no tiene tiempo de ver ahora televisión y sólo se pudo enganchar con cosas viejas". No, decíamos los demás: "es que la cinefilia.., ¿cachai?".
Me quedé, de todos modos, triste porque un chiste no me había funcionado (por suerte todos alabaron la sopa de verduras que había llevado como homenaje).
Ayer a la noche, para mi alegría, me contaron que el imitador de la presidente incorporó la palabra a la serie de latiguillos con los que divierte a las audiencias. Mi sentido del humor será berreta, pero sigue siendo algo, por lo menos.

domingo, 24 de mayo de 2009

Spam de otra parte: Tlaloc no se rinde

sábado, 23 de mayo de 2009

Per annum

por Daniel Link para Perfil

Que haya personas capaces de enarbolar un "derecho reprográfico" sin que les tiemble la garganta ni se les borre de la cara la cínica sonrisita del traficante de esclavos que se da cuenta de que el negocio se le está acabando y no sabe cómo continuará su carrera de comercio con el mal, habla a las claras del deteriorio de la ecología en la que sobrevivimos milagrosamente. La palabra "reprográfico", horrísona como es, sirve al menos para desenmascarar la vileza de quienes necesitan del neologismo para justificar prácticas de egoísmo, sometimiento y explotación viejas como el mundo que, por otro lado, las nuevas tecnologías de información y publicación (Internet) han puesto en severo entredicho.

CADRA (Centro de Administración de Derechos Reprográficos) y la Universidad de Buenos Aires (UBA), firmaron el pasado 29 de abril un convenio por el cual se otorga a la UBA con gracia regia una licencia de reproducción parcial (un 20 % como máximo) de obras literarias y científicas "administradas por CADRA y protegidas por el derecho de autor". A cambio de la anacrónica y colonial licencia, la UBA se obliga a abonar a CADRA $ 12,72 anuales por cada uno de sus 300.000 inscriptos, lo que arroja la nada despreciable cifra de $ 3.816.000 per annum, lo que representa el 2.5 por mil del presupuesto total de la UBA para 2009: el equivalente de algo así como sesenta rentas anuales de docentes-investigadores con dedicación exclusiva, tomando el cargo de Profesor Asociado como testigo. O, si se prefiere, el 4 por ciento del presupuesto total que la UBA destina a salud (el funcionamiento de los hospitales de Clínicas, Roffo, Lanari, Vacarezza y Odontológico).
Como se conoce el estado crítico de los presupuestos de las universidades estatales, y en particular de la UBA (cuyo nivel de excelencia, sin embargo, no ha mermado), la CADRA acepta, con una generosidad tan falsa como su sensibilidad lingüística, que durante los próximos cuatro años la casa de estudios pague simbólicos $ 300.000 anuales en concepto de peaje para bobos. Al mismo tiempo, se aseguró de meter en el convenio un artículo que fija en $ 1.700 la licencia anual por fotocopiadora (cifra que los centros de estudiantes con personería jurídica deberán distraer seguramente de los fondos de becas que ofrecen y otorgan).

Que la mezquindad y la ignorancia se organicen en cámaras y centros para defender los derechos al ejercicio de la barbarie no puede sorprendernos. Que haya "informadores" que aplaudan las confabulaciones de los traficantes de información y de saber tampoco debería preocuparnos (siempre habrá un zarpa de oso detrás de cualquier manera de reina o de princesa).
Lo que preocupa realmente es que una Universidad, sin consulta previa a los expertos en el tema que se cuentan en su seno, suscriba un acuerdo miserable de transferencia de recursos del sector público al sector privado, tomando como objeto una práctica caduca. El fotocopiado ya no se utiliza sino marginalmente para estimular los aprendizajes de los alumnos universitarios, hoy afortunadamente apartados de la acumulación inmunda de papeles "reprografiados" (que no aguantan el paso del tiempo y que, precisamente por eso, jamás fueron competencia para el libro), gracias a la proliferación de excelentes y democráticas bibliotecas digitales y gratuitas.
Con el acuerdo que acaba de firmar, la UBA se compromete a realizar desembolsos dinerarios por absolutamente nada, en lugar de utilizar esos dineros en reforzar las partidas más sensibles de su presupuesto de agonía.
En la práctica, es imposible saber cómo CADRA (que en junio de 2005 se pronunció en contra del movimiento denominado Open Access, Acceso Abierto) liquidará a los autores cuyos derechos pretende (falsamente) defender, el porcentaje correspondiente de las sumas millonarias que engrosarán sus arcas.
La escandalosa nota firmada por Susana Reinoso en La Nación (la última de una larga serie de intervenciones incomprensiblemente desinformadas en relación con el funcionamiento del sistema educativo en Argentina, y abiertamente a favor de los intereses sectoriales más retrógrados) establece cuáles son los autores más perjudicados por eso que ya casi nadie hace, el fotocopiado de libros. Dejemos a los muertos descansar en paz. Que nos digan los vivos, eso sí, qué gracia les hace que sus nombres se enarbolen en relación con esta causa envenenada. Yo, como autor, desautorizo públicamente a la UBA para que entregue a CADRA cualquier suma de dinero en relación con la "reprografía" de alguno de mis libros.

viernes, 22 de mayo de 2009

Fantasmas del biógrafo

Palacios plebeyos
Cinco films sobre las salas de cine en la Sala Leopoldo Lugones

Por primera vez en su historia, el Congreso anual de la Federación Internacional de Archivos de Films (FIAF) se reune en Buenos Aires, con sede en la Sala Leopoldo Lugones. En el marco del 65º Congreso de la FIAF se celebrará el Centenario del Cine Argentino -22 de mayo- y el 60º aniversario de la Fundación Cinemateca Argentina. El tema central del Congreso será “Las cinematecas al encuentro de sus nuevos públicos”.
En coincidencia con este Congreso reservado a profesionales –llegarán los responsables de las principales cinematecas del mundo— habrá un ciclo abierto al público, denominado Palacios plebeyos, que se llevará a cabo del martes 26 al viernes 29 de mayo, en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Avda. Corrientes 1530). Este ciclo celebra las salas cinematográficas a partir de la idea de que “la nobleza de una morada se mide por la calidad de sus fantasmas" (Edgardo Cozarinsky). Se verán films de Marco Ferreri, Tsai Ming-liang, Lisandro Alonso, Wim Wenders y Davide Ferrario.

La agenda completa es la siguiente:

Martes 26: Fantasma (Argentina/Francia/Holanda, 2006). Dirección: Lisandro Alonso. Con Argentino Vargas, Misael Saavedra, Carlos Landini. Argentino Vargas, de cincuenta y seis años, viaja a Buenos Aires. De pie en el Hall central del Teatro San Martín, espera que alguien lo encuentre y lo lleve hasta la Sala Lugones, donde será proyectada la película que protagoniza. Nunca ha estado en un cine anteriormente. Misael Saavedra también fue invitado a la proyección y está perdido dentro del teatro, buscando la sala. El gran edificio, sus baños, escaleras, ascensores y talleres son los verdaderos protagonistas de este misterio a descubrir por dos hombres ajenos al entorno. Filmada íntegramente en el Teatro San Martín, Fantasma recupera a los respectivos protagonistas de La libertad y Los muertos, los dos films anteriores de Alonso. Pero esta vez el director los filma fuera de su hábitat familiar, que es la naturaleza: ahora deambulan perdidos por ese laberinto de la cultura urbana que es el San Martín, mientras la película explora el sentimiento de inadecuación y extrañamiento en relación con el espacio circundante. Copia cortesía de la productora 4L. A las 19.30 horas (63’; 35mm).

Después de medianoche (Dopo mezzanotte; Italia, 2004). Dirección: Davide Ferrario. Con Giorgio Pasotti, Francesca Inaudi, Fabio Troiano. Un guardián nocturno del Museo Nacional del Cine de Turín, ubicado en la laberíntica Mole Antonelliana, brinda refugio a la amante de un ladrón de automóviles. Este curioso triángulo amoroso está cuidadosamente construido por el director y guionista Davide Ferrario como un homenaje -en varios niveles- a la historia del cine. El ménage à trois central recuerda al Jules et Jim de François Truffaut, pero además el protagonista pasa las noches revisando las joyas fílmicas del museo, como La dolce vita y la obra de Buster Keaton, y su propia actitud recuerda a la del genial cómico. Finalmente, el nocturnal escenario de la Mole y el contenido de su archivo crean un lazo permanente con toda la historia de la cinematografía. Copia cortesía de Impacto Cine. A las 22 horas (92’; 35mm)

Miércoles 27: Nitrato de plata (Nitrato d’argento; Italia/Francia/Hungría, 1997). Dirección: Marco Ferreri. Nitrato de plata es la última película rodada por Marco Ferreri, director genial e inclasificable. En ella, el realizador italiano se despidió del celuloide no sin cierta melancolía, legando un homenaje personal al Séptimo Arte. Repaso a la historia del cine y su evolución técnica y artística, el film pone de manifiesto la tremenda influencia que ha tenido y sigue teniendo este curioso invento sobre los corazones y la mente de los espectadores. “Todo Nitrato d’argento es un peregrinaje, caprichoso, imprevisible, por salas de cine de otros tiempos, entre via crucisy via dei Fori Imperiale: ruinas que evocan la grandeza de un imperio difunto, y que culmina con un público anónimo que espontáneamente canta a coro con Gardel, como una plegaria en una iglesia profana, ‘El día que me quieras’ durante la proyección del film homónimo” (Edgardo Cozarinskyen su libro Palacios plebeyos). Copia cortesía de Cineteca di Bologna, enviada a través del Instituto Italiano de Cultura de Buenos Aires. A las 19.30 y 22 horas (87’; 35mm).

Jueves 28: En el transcurso del tiempo (Im Lauf der Zeit; República Federal Alemana, 1976). Dirección: Wim Wenders. Con Rüdiger Vogler, Hanns Zischler, Lisa Kreuzer. "En forma de road movie, el film sigue, más allá de una anécdota de male bondage ocasional, a un camión, cine ambulante que recorre la provincia alemana en el momento en que la entonces República Federal tomaba conciencia de la cantidad de cines que cerraban definitivamente sus puertas. Al final, en una secuencia de resonancia casi mística, el operador-camionero llega a un cine cerrado cuya dueña mantiene el proyector en condiciones de volver a funcionar en cualquier momento. Esa mujer habla al lado de una foto de Fritz Lang, visibilísima en la imagen” (Edgardo Cozarinsky). Copia cortesía de Goethe Institut. A las 14.30 horas únicamente (175’; 16mm).

Viernes 29: Goodbye Dragon Inn (Bu san; Taiwán, 2003). Dirección: Tsai Ming-liang. Con Lee Kang-sheng, Chen Shiang-chyi, Tien Miao. Una enorme sala de cine, oscura y misteriosa, como ya casi no existen. Ese es el único, maravilloso escenario de Goodbye Dragon Inn, en la cual Tsai Ming-liang evoca uno de esos viejos palacios de su infancia y lo convierte en un espacio féerico, habitado por unos pocos personajes, que son quizás apenas fantasmas, recuerdos de un pasado que se resiste vanamente al olvido. Sus planos son siempre prolongados, casi infinitos, hasta evocar la melancolía, la soledad, el más puro vacío. “Con el lirismo sin énfasis y los tempi contemplativos propios del cineasta taiwanés, el film va tramando contactos furtivos, anécdotas entrevistas, historias apenas sospechadas, atisbos de sexo clandestino, sobre todo la desolación de un público en vísperas de perder la decaída morada de su imaginación” (Edgardo Cozarinsky). Copia de Homegreen Films, Taiwán, enviada a través de la Oficina Comercial y Cultural de Taipei. A las 19.30 y 22 horas (82’; 35mm).

jueves, 21 de mayo de 2009

¡Es que somos tan camp!

La terra trema



LA TIERRA INESTABLE


por Diego Bentivegna*

Viaggo in Italia es el titulo de una de las grandes películas de Roberto Rossellini. Protagonizado por George Sanders y por Ingrid Bergman, fue filmada en Nápoles y en varias localidades del golfo al que se asoma esa ciudad y estrenada en 1953. Por entones, el neorrealismo, el movimiento cinematográfico "nazional-popolare" que el propio Rossellini había codificado en películas como Roma. Città aperta, se encontraba en sus estertores. La película narra un momento crucial en la vida de una pareja británica (que, sintomáticamente, lleva el apellido Joyce) que debe descender desde su confortable existencia nórdica a los mares del sur en busca de una esquiva herencia. El destino de los viajeros es el golfo dominado por el Vesubio, una de las metas soñadas, con sus reminiscencias griegas y latinas, de los viajeros del norte de Europa, aunque, en el momento de filmación de la película, ya levemente anacrónico.
Nápoles, en la visión de Rossellini, cuya cámara registra la ciudad y su mundo con la mirada extrañada de la pareja británica, es una tierra enigmática, hasta cierto punto inescrutable para los ojos de la pareja extranjera. Así, en la película se entrecruza la historia de una disolución subjetiva de los personajes y la historia, o quizá la Historia, depositada en el territorio como una serie de sucesivas capas geológicas: una historia hojaldrada, desde los restos de modernidad que pueden verse en los barrios populares de la ciudad, hasta las estatuas del período griego y latino salvadas de las ruinas y de las olas mediterráneas.
Nápoles y su golfo es, pues, un lugar de vacilaciones y de transmutaciones. De la tierra de la Campania, a pocos kilómetros del ruinoso parque borbónico que contiene los monumentos mortuorios de Virgilio (illo Vergilium me tempore dulces alebat / Parthenope, canta el poeta al final de las Geórgicas, "En aquel tiempo a mí, Virgilio, la apacible Parténope/ nutría...") y de Leopardi, se difuma literalmente en el aire, en el humo de la sulfatara. Las ciudades mueren y en ocasiones renacen entre el mar y la montaña con la ira del exterminador Vesubio, como lo llama Leopardi. Más al sur, en las costas de Calabria o de Sicilia, surgen islas, como en los relatos maravillosos de los monjes viajeros de la Edad Media o en Stromboli. Terra di Dio, otro de los films de Rossellini interpretados por la Bergman, de las entrañas del Mediterráneo, que al poco tiempo el mismo mar devora. El territorio de Italia es un paisaje vacilante. En cierto sentido, es una tierra en fuga.
De una similar condición móvil, de una parecida geología movimentada es el panorama que este pequeño libro dibuja. El territorio que exploramos está habitado por ocho voces, ocho maneras de la poesía italiana estrictamente contemporánea, posterior a los poetas consolidados entre fines de los '70 y fines de los '80 (Patrizia Cavalli, Milo de Angelis, Patrizia Valduga, Valerio Magrelli). Se trata, en todos los casos, de poetas inmersos en plena producción poética. Sus trayectorias de escritura son, por ello, trayectorias abiertas, derroteros que se rozan por un segundo en este libro. El lector no está, por lo tanto, ni ante una selección puramente generacional, ni ante un conjunto de poetas que responden a una poética común más o menos delimitada, sino ante una mirada panorámica de la producción poética en lengua italiana que privilegia experiencias con esa lengua distantes entre sí y, en algunos casos, antagónicas.
(...)
En principio, el viaje que propone este libro debe mucho a la navegación errática por Internet, especialmente por sitios como Il primo amore, Nazione indiana o Ulisse, que suelen alojar fragmentos de la reciente producción poética italiana, fragmentos de la poesía que hoy se escribe en Italia particularmente preciosos para lectores para quienes, por cuestiones geográficas y económicas, el acceso a los libros publicados en Europa resulta problemático.
La mayor parte de los textos que incluimos en estas páginas fue leída en versiones electrónicas y, en menor medida, en antologías en papel de poesía italiana contemporánea. Sólo más tarde, a través del contacto con los autores, accedí a versiones electrónicas de libros enteros y, en algunos casos, a versiones impresas de ellos. Este libro es el resultado, pues, de una lectura en deriva, una exploración en gran parte aleatoria como la que permite la Web, una deriva que confía en lo que puede deparar la fortuna, en los hallazgos fortuitos que jalonan toda navegación y que obligan a repensar, creo, el estatuto mismo del trabajo de selección y traducción, es decir, el trabajo de curación.

* Bentivegna, Diego. "Prólogo" (fragmento) a Viaggio in Italia. Ocho poetas italianos contemporáneos. Buenos Aires, Sigamos Enamoradas, 2009, ISBN 978.987.24419.2.0, 160 págs.

lunes, 18 de mayo de 2009

Rewind

Acaba de distribuirse En la pausa, la parca autobiografía de Diego Meret (Buenos Aires, mansalva, 2009, ISBN 978-987-1474-14-1, 80 págs.), que resultó ganadora del Premio Indio Rico en su edición 2008.
Yo, como jurado de la edición 2007 del mismo premio, había leído con enorme placer la novela que, entonces, Meret había presentado a concurso, La ira del Curupí.
En la pausa, en rigor, también debería ser leída como una novela, y de las más intensas que tendremos ocasión de leer este año. Meret, que seguramente sabe desconfiar de la indulgencia que la autobiografía suele proponer, hace un relato de retazos y de olvidos, centrando el delgado hilo de una vida (la suya) alrededor de esos peculiares momentos de paranoia en los cuales el sentido parece disolverse y la conciencia se vuelve acuosa.
Muchos se preguntarán por la pertinencia de la publicación de una autobiografía de un escritor sin obra conocida (mi suerte ha querido que yo no integre ese conjunto casi universal). Pero eso, si no me equivoco en la interpretación de decisiones de las que no participé, también debe haber estado en la cabeza de los organizadores del Premio y del Jurado (Edgardo Cozarinsky, María Moreno, Ricardo Piglia): mediante la sencilla operación de establecer un límite etario, lo que se consigue es llevar lo autobiográfico a un umbral de experimentación y de abstracción que de otro modo no hubiera tenido. El texto de Meret carece por completo de cualquier complicidad con la autocomprensión y, libre de toda necesidad de mistificar (una vida a término, una carrera, lo que ha sido), se entrega a un proceso de ascesis y de transformación que, gracias a la calidad infrecuente de la prosa, arrastra al lector a los mismos abismos de indeterminación a los que el protagonista se asoma.
La autobiografía termina con el narrador acostado en una cama, al lado de su hijo y su mujer embarazada, que es como decir, precisamente, que todo está, todavía, por venir. Lo demás, lo que se ha leído, es probablemente una teoría de la infancia (de sus desarreglos, de sus terrores y de sus malos entendidos), de la lectura y de la escritura (pausa, rewind, play: ¿hace falta más?), en fin: de lo imaginario.
Si hubiera políticas editoriales, alguien debería estar ya contratando la edición de La ira del Curupí y revisando el sistema de archivos de la computadora de Diego Meret, a quien conviene imaginar mucho menos entregado al sinsentido de la vida que lo que En la pausa haría suponer.

sábado, 16 de mayo de 2009

Patria, Movimiento y pueblo

Teorías y consignas

por Daniel Link para
Perfil

En 1933, en un ensayo titulado "Estado, Movimiento, Pueblo" (subtitulado "La Tripartición de la Unidad Política"), Carl Schmitt definía la función política constitucional del "Movimiento" al mismo tiempo que proponía hipótesis sobre la estructura constitucional del Reich nazi. Para el jurista, la unidad política del Reich se fundaba en tres elementos: Estado, movimiento y pueblo. El Estado (el aparato de las instituciones) constituye el polo político estático. El pueblo, por otro lado, ocupa el polo impolítico: crece a la sombra y bajo la protección del movimiento, que es el elemento político real y dinámico cuya forma específica adopta en relación con el Partido Nacional Socialista y su dirección (Schmitt sugiere que esta tripartición está también presente en el aparato constitucional del Estado soviético).
El movimiento puede convertirse en un concepto político decisivo sólo cuando el concepto democrático del pueblo, como cuerpo político, entra en decadencia y pasa a ser considerado como elemento impolítico cuyo crecimiento el movimiento debe proteger y sostener mediante políticas de cría y reproducción. Es la transformación del pueblo en población: una mera entidad demográfica y biológica.
Lo que garantiza el carácter político del movimiento sería su capacidad para identificar un enemigo dentro del pueblo (un elemento, en el caso de Schmitt, radicalmente extraño). Donde hay movimiento siempre hay una cesura que corta a través y divide al pueblo identificando un enemigo*. La pregunta (obvia) que una teoría semejante nos obliga a formularnos: en tanto umbral de politización de lo impolítico, ¿puede haber un movimiento que sea diferente de la guerra civil? Como ha señalado Giorgio Agamben: "La democracia termina cuando el movimiento emerge".
En nuestro país, teorías como ésa tuvieron forma de consigna: "Primero la Patria, después el Movimiento, y luego los hombres", reza la octava proposición de las "Veinte verdades peronistas" (1950). Y la tercera: "El peronista trabaja para el Movimiento. El que en su nombre sirve a un círculo, o a un caudillo, lo es sólo de nombre".

* "Ser peronista es vigilar, dentro del peronismo, a los hombres que no cumplen con su deber, a los peronistas vergonzantes, a los infiltrados y a los aprovechadores, para ser con ellos totalmente intolerantes" (Gladys Pitrau).

viernes, 15 de mayo de 2009

Correspondencia

Mi muy estimado
Padre José Martínez Colín

Soldados de Cristo
s/d

Amadísimo amigo:


Con profunda consternación le envío Burundanga (Buenos Aires, Mansalva, 2009, ISBN 978.987.1474.13.4, 80 págs.), abominable folleto urdido en las entrañas mismas de la judería local. Como podrá comprobar a simple vista (ruego a los santos de nuestra queridísima Iglesia que lo ayuden a tolerar una lectura más atenta, si acaso la considera necesaria: mi cuerpo no fue capaz de aguantar la náusea y más de una vez tuve que cerrar el libelo cozarinskyano al borde mismo de la emesis), se trata de una afrenta especialmente dirigida en contra de los Padres de la Iglesia, cuyos santísimos nombres son convocados en escandalosa procesión para desprestigiar la Obra reverendísima que, en contra de la barbarie pagana, realizaron.
No sé si la mera solicitación de la rigurosísima marca del Index Vaticano alcanzará en este caso, y es por eso que me atrevo a enviarle el disoluto paquete en el cual no se sabe si repudiar antes la serie de inmundicias que presenta o la calidad de la prosa puesta al servicio de una infamia semejante. ¡Cuidado!, en todo caso, porque este libro es peligroso.

Me dicen los jóvenes que me visitan algunas tardes en busca de contentamiento espiritual que el tal Cosarinksy o Cozarinsky (hay titubeo en cuanto a la ortografía que le correspondería al patronímico, como si la oscilación de esa letra -
S/Z- sirviera para disimular el hedor infernal de este orgulloso hijo de Sion) había publicado parte del libelo en una plaquette, hace algunos años. Que insista nuevamente en la presentación de la ignominia es signo suficiente de la batalla que en nuestra contra ha entablado, y de la amoralidad y la perfidia de su causa. ¡Cuidado!, dignísimo amigo, al tocar estas páginas envenenadas. Yo mismo tuve que tapar mi boca más de una vez porque ya sabemos que la risa es el agujero inmundo por el cual la Bestia mete su pezuña para anidar en nuestros corazones. Y nada es más peligroso que un libro como Burundanga, que encuentra en la falsa ligereza el arma más poderosa para desarmar a la virtuosos. ¡No cedamos!
"Sottomondo Vaticano" podría haber sido uno de los tantos episodios de incomprensión y de envidia vil que hemos soportado a lo largo de los siglos, pero acompañado por "Opera buffa" (que, naturalmente, convoca al inevitable "bufarrón") y por (¡perdónadme San Gervasio y San Isidoro, mis santos y divinos patronos, por atreverme a reproducir el abominable título!) "Noches de verano en los taxis de Buenos Aires", revela un plan mucho más infame y más macabro que el que pudiera deducirse de estercoleros como
El código Da Vinci.
No conozco personalmente al autor, naturalmente, y en los archivos de nuestro boletín parroquial no he podido encontrar una sola foto suya, pero lo imagino como los monstruos que presenta como sus personajes, ese "Vicente" que invita a los trabajadores del transporte a los actos más abominables (haciendo uso per angostam viam, en ocasiones, de esas bayas solanáceas que tanto cultivan los infieles: si me detengo en este detalle de la página 39 es para que comprenda la inmoralidad a la que el sedicente "autor" llega, sin que se entienda cómo las personalidades a las que dedica semejantes escatologías lo consienten). Lo imagino "Vicente" o "Dumbo" o "Landrú de Villa Ortúzar", seudónimos que, a no dudarlo, utilizará para confundir a los niños a los que se acerca con aliento sulfurino y pezuña rapaz. ¡Cuidado! ¡Cuidado! Que nuestros jóvenes no lean Burundanga.
He puesto a leer algunas piezas escogidas de la asquerosa excrecencia de una imaginación perdida (pero no confundida: donde hay un judío habrá siempre complot) a algunos de los más viriles diáconos de nuestra diócesis. Los he visto (y oído) reírse a carcajadas, a mandíbula batiente. Los he obligado a confesar los pensamientos lúbricos que luego tuvieron, atenazados ya por la pesadilla de las "vedettes infantiles", ya por el demonio meridiano convocado por las "Noches".

Y entre una cosa y la otra, entre las vejaciones a la inmaculada infancia y la ingesta de pociones afrodisíacas, los Padres de la Iglesia son convocados para ridiculizarlos.
No hay moral en Burundanga, queridísimo amigo, y no la hay de la manera más radical que jamás los representantes del Mal pudieron imaginar. No dudo que en los círculos masónico-liberales y surrealistas que frecuenta el autor -cuyo nombre no me atreveré a pronunciar ya nunca más en mi vida- celebrarán la ocurrencia (porque el pacto inmundo establecido entre ellos y Ellos, unos y otros enemigos de la FE) no hay lugar para el disenso. Dirán que el opúsculo es encantador. Dirán que el autor ha inspirado a las nuevas generaciones de escritores. Dirán tantas mentiras, mi querido amigo, que la sangre me hierve, el estómago se me revuelve y me dan ganas de gritar palabras que ofenderían los oídos menos pudorosos. Pero no: ¡Alerta! ¡Alerta! Que no haya tregua en contra de quienes nos atacan. Ha llegado la hora de la batalla final en contra de los enemigos de la Fe. A sus manos encomiendo esta batalla. Suyo afectuosísimo en el Amor de nuestra Iglesia

Patrocinio Deleite Formoso

miércoles, 13 de mayo de 2009

Ideal para tardecita de otoño

martes, 12 de mayo de 2009

Invitación

Teatro épico

Si hay alguien en Buenos Aires capaz de recuperar el teatro épico tal y como Bertolt Brecht lo codificó a partir de 1927, es Rubén Szuchmacher, director de la puesta actualmente en cartel de El beso de la mujer araña de Manuel Puig (teatro El Cubo).
De hecho, la puesta es rigurosamente brechtiana, en este sentido: Szuchmacher ha pedido a los actores que desempeñen el texto con la menor cantidad de inflexiones posibles, sin silencios, sin transiciones, a toda velocidad. El resultado es (como corresponde) extraño: Verfremdungseffekt.
Podría objetarse que el texto de Puig no reclama un procedimiento semejante, pero esa objeción es banal: cualquier texto, finalmente, debería ser pasible de ser interpretado en los términos que la contemporaneidad nos reclama. Al principio (una vez que la puesta acaba de concluir) es inevitable sentir como falta el ilusionismo, la potencia afectiva de la pieza, etc... Pero con los días y las noches todo comienza a resonar de otro modo en la cabeza y es como una amplificación ensordecedora que por momentos asusta.
Como es sabido que el objetivo del extrañamiento brechtiano es impulsar a los espectadores a la toma de decisiones, no podemos cesar de debatir internamente cuáles son las decisiones que, de nosotros, la pieza de Puig reclama. Mejor homenaje, pienso, no podría hacerse a un texto.
Tal vez no sea Tortonese la persona más indicada para encabezar un experimento semejante porque, inevitablemente, muchos espectadores serán arrastrados al teatro por la fama de su encanto irresistible, que lo precede. Pero, en ese caso, y como en el cuento de Kafka, "El silencio de las sirenas", encontrarán que Tortonese tiene un arma todavía más poderosa que su canto, el silencio.
Si la atracción es (desde su título) uno de los temas de El beso de la mujer araña, el experimento de Szuchmacher adquiere toda su dimensión y su sentido. Pero, insisto, para eso hay que dejar pasar unos días.

lunes, 11 de mayo de 2009

Como en Chilecito y en Chivilcoy

"Mirá que dice ATP", dije. "Eso no tiene nada que ver", contestó S. Estábamos, el sábado, en la cola de los cines de Moreno, esperando para comprar nuestras entradas para la función de Startrek 11 (así anunciada). Yo sospechaba que la película, como suele ser habitual en Moreno, iba a estar doblada. "¿Está en inglés?", pregunté a la cajera. "No, en castellano". "¿Y entonces por qué la anuncian así?", se metió S., indignado. La chica no le contestó porque yo ya le estaba pidiendo las entradas para Wolverine (segunda opción). Después de la última X Men no teníamos muchas ganas de recaer en ese universo encantador, pero arruinado por la incompetencia de los guionistas y la vileza de la cultura industrial. Si alguien todavía duda sobre las complejas relaciones entre figuras de lo imaginario y cultura, ahí está aquella lápida de la felicidad. Wolverine hace lo que puede (que no es mucho) para resucitar a aquel muerto. La película no es mala, pero tiene tanto miedo de quedar atrapada en la exposición de la diferencia que se desparrama hacia direcciones poco interesantes.
Además, lo sabemos por lo que está pasando con Lost (por favor, detengan a esa gente), las manías explicativas conducen a lo peor: el tedio y el terror.
En todo caso, algo para destacar: tanto la película que vimos como la que ya no veremos nunca (mi cuota anual de "cine de verdad" ya fue cumplida) se inscriben en la vertiente "Mocedades": como la épica tardía (y decadente: ¡oh Anakin Skywalker!), que vuelve sobre las figuras ya harto transitadas de los héroes amados para contarnos sus inicios. Qué pena.

sábado, 9 de mayo de 2009

Tiempo de Apocalipsis

por Daniel Link para Perfil

Esperamos a fin de mes la visita de un amigo mexicano que va a quedarse a vivir en casa. Le escribo: "No traigas la influenza". Me contesta que está en Lima y que no piensa volver a México hasta que no disminuya el riesgo. Agrega: "Más miedo me da el dengue".
Le contesto: "Pero el dengue no es pandemia, apenas epidemia" (aunque se ofusquen los dueños del poder en la Argentina). Postdata: "Y no te vuelvas a México, porque acá han decidido cancelar los vuelos". Me responde: "Qué vergüenza". Callo.
Qué extraños se han vuelto nuestros intercambios, organizados alrededor de los motivos más reconocibles de los programas de devastación. El papa negro, las plagas, el derrumbe del sistema financiero, el fin del Estado y el eterno retorno del Milenio (¡2001!, ¡2001!). Pareciera que todo el Folies-Bergère del Apocalipsis de Juan de Patmos se nos vino encima.
¿Pero qué es el Apocalipsis sino una variable temporal? Los profetas judíos inventaron el destino diferido, que ponía al pueblo (el único sujeto político posible) en situación de espera. Lo nuevo del Apocalipsis (Deleuze decía) es que transforma la espera mediante una programación maníaca sin precedentes: los siete sellos, las siete trompetas, los jinetes, la primera resurrección, el Milenio, la segunda resurrección, el Juicio Final bastan y sobran para colmar todas las expectativas y para mantenernos ocupados a nosotros, que esperamos. Las almas martirizadas tienen que esperar a que los mártires formen un número suficiente antes de que comience el verdadero espectáculo. Alguien habrá dicho: para entretenerlos, armémosles un Festival de la Devastación.
La multiplicación de las figuritas de la catástrofe que intercambiamos por correo son índice, en todo caso, de que hay un tiempo diferido, un tiempo que resta, antes del final. Sólo se trata de averigüar (es decir, de proponer) qué nos sucederá una vez que el fin de los tiempos nos alcance. Poner a jugar el Fin de la Historia y el Fin del Estado el uno en contra del otro para producir una forma de vida, para garantizar la proliferación de lo viviente en contra de las fantasías de exterminio a las que se pretende que adhiramos.

jueves, 7 de mayo de 2009

Invitación

miércoles, 6 de mayo de 2009

Correspondencia: convocatoria

Bases del Premio González-Ruano de periodismo

  1. Podrán participar todas las personas que presenten un artículo escrito en lengua española que haya sido publicado en formato impreso durante el año 2008 en periódicos o revistas de cualquier parte del mundo.

  1. El premio se concederá atendiendo a la calidad literaria de los artículos, y a su interés general como reflejo de algún aspecto de la realidad viva de nuestro tiempo. El tema será libre, pero la Fundación se reserva el derecho a excluir aquellos artículos que, por su forma o contenido, sean a su juicio incompatibles con los criterios expuestos, con el respeto exigible a las personas y a las instituciones, o con la neutralidad respecto a las distintas opciones ideológicas, políticas o religiosas que debe presidir la actuación de la Fundación.

  1. El premio tiene carácter anual y no podrá dividirse ni declararse desierto. Está dotado con:

    • 15.000 euros en metálico.

    • Una escultura original de Venancio Blanco.

  1. Los trabajos –uno por autor, original del diario o revista del artículo publicado-, irán acompañados del nombre o seudónimo habitual y domicilio del autor, teléfono de contacto, mencionando lugar, fecha y título de la publicación y breve curriculum vitae1.

La falta de presentación de la anterior documentación será motivo suficiente para su no admisión.

Su envío se hará a la siguiente dirección: Premio González – Ruano de Periodismo. FUNDACIÓN MAPFRE. Instituto de Cultura. Paseo de Recoletos, 23. 28004 MADRID. ESPAÑA.

  1. El plazo de admisión de los trabajos terminará el 31 de mayo de 2009.

  1. Cualquier miembro del Jurado podrá, si así lo estima oportuno y previa autorización del autor, proponer artículos que a su juicio deban ser tenidos en cuenta dada su excepcional calidad.

  1. Con el Premio, el autor declina sus derechos sobre el artículo galardonado y acepta la difusión que se considere oportuna. La FUNDACIÓN MAPFRE no hará públicos los nombres de los concursantes. Los originales de los trabajos no premiados serán devueltos a sus autores.

  1. El Jurado lo compondrán: D. Alberto Manzano Martos (Presidente), D. Pablo Jiménez Burillo (Vicepresidente), D. Manuel Alcántara, D. Juan Cruz, D. Juan Fernández-Layos Rubio, D. Antonio Gala, D. Antonio Mingote, D. Fernando Rodríguez Lafuente, D. Daniel Samper Pizano, D. Vicente Verdú, D. Daniel Restrepo Manrique (Secretario no Vocal). También forman parte del Jurado D. Raúl del Pozo y D. Antonio Burgos, ganadores de las convocatorias 2005 y 2006.

www.fundacionmapfre.com

1 El participante autoriza el tratamiento de los datos personales suministrados voluntariamente para la gestión de la concesión del premio. Asimismo, acepta que sus datos puedan ser cedidos a los miembros del jurado para la evaluación de los participantes del referido premio. El fichero se encuentra bajo la supervisión y control de FUNDACIÓN MAPFRE, quien asume la adopción de las medidas de seguridad de índole técnica y organizativa y ante quien el titular de los datos puede ejercitar sus derechos de acceso, rectificación, oposición y cancelación.


¡Libertad al Padre Grassi!

El profesor de estudios clásicos está proponiendo a sus alumnos un análisis comparativo de las instituciones sexuales en el mundo antiguo: de la pederastía griega (paidos + erastés) al matrimonio romano. No ha notado (o ha olvidado) que están en el aula los niños que habitualmente entran a mendigar durante su seminario. Uno de ellos (¿ocho, diez años?) se ha sentado (tal vez a descansar, tal vez a escuchar) muy cerca del escritorio del docente, que explica cómo la pederastía ritualizaba el acceso a la masculinidad mediante el traspaso de la virilidad del amante maduro al adolescente.
Asumir la carga de una relación pederástica era costoso (banquetes, regalos rituales -buey, equipo militar, copa). El erastés adquiría un estatus similar al de un familiar masculino del adolescente y se hacía responsable de su educación (en especial, la militar), además de su amigo y amante. De ese modo el joven era sacado del gineceo (la vida oikonomica) e introducido en la polis.
El niño murmura algo que distrae al profesor, quien le pregunta: "¿qué?"
"¡Qué interesante!", contesta el niño para risa y estupefacción del docente quien, después, resume la situación diciendo: "Ya ven, después le echan la culpa al padre Grassi, pero son ellos los que provocan".

(anterior)

martes, 5 de mayo de 2009

La danza de las mercancías

por Daniel Link para Perfil

En 1851 fue inaugurada, en un clima de apoteosis, la primera Exposición Universal en Hyde Park. Karl Marx, quien por entonces afinaba en Londres su monumental análisis de la forma mercancía, la visitó. Si hay que creer a los comentaristas más contemporáneos y más italianos de Marx (Agamben), es probable que en sus consideraciones sobre el fetichismo de la mercancía (la cuarta parte del capítulo primero del Capital que lleva por título "El carácter de fetiche de la mercancía y su secreto") haya contribuido el recuerdo de la impresión experimentada en aquella ocasión.
Marx se preocupa por la transformación de los productos del trabajo humano (las cosas) en meras apariencias fantasmagóricas de cosas (la mercancía cae y a la vez no cae bajo los sentidos).
Si las cosas se caracterizan por su valor de uso (por su capacidad para satisfacer necesidades de algún tipo), la mercancía, en cambio, "a la vez asible e inasible", es un bien inmaterial y abstracto, cuyo goce concreto es imposible salvo a través de la acumulación y el intercambio. La mercancía sepulta el valor de uso de las cosas bajo el valor de cambio que le agrega y, así, el producto del trabajo humano adquiere un "carácter místico" ("se abandona a caprichos más extraños que si se pusiera a bailar", escribe Marx).
El secreto de la mercancía, su carácter de fetiche (es decir: objeto a la vez presente y ausente, sensible e inmaterial) se encuentra no en un centro vacío, sino en la juntura entre el valor de uso y el valor de cambio, que progresivamente va aniquilando la posibilidad de goce concreto de las cosas, transformándolas en objetos mágicos sólo sujetos a la contemplación, pero no a la apropiación.
Muchos años después, Walter Benjamin definirá a las Exposiciones Universales como "lugares de peregrinación al fetiche-mercancía". Los peregrinos concurren (para reforzar un credo) en tanto público, que sabe ya que no podrá gozar de tales apariencias de cosas, por completo alejadas de su esfera de experiencias: van a contemplar un caprichoso baile de fantasmas.
Muchos malosentendidos desencadenó una caracterización tan decimonónica (Marx no sabía que era el don y no el trueque la forma original del intercambio), cuando se intentó trasladar ese conjunto de definiciones al universo cultural (donde los bienes simbólicos no son, propiamente, cosas). ¿Habría que decir que los libros, como mercancía, sepultan el valor de uso (la lectura) y que, por lo tanto, las Ferias del Libro no son sino la apología del fetiche-mercancía? ¿Habría que decir que la Feria del Libro de Buenos Aires ("Del autor al lector"), sostiene la fetichización del libro y sobre todo, de esas ominosas nociones, el autor y el lector, transformados mágicamente en mercancías? ¿Habría que insistir en que el público que concurre a la Feria del Libro carece, por principio, de toda capacidad de uso (de lectura) de las mercancías que se exponen ante sus ojos y que éstas han perdido su potencia? ¿Nos abandonaremos a la nostalgia marxiana por el valor de uso perdido?
Mejor sería pensar la Feria del Libro (que se postula, indudablemente, como celebración y como epifanía) en el contexto de una teoría de la fiesta (es decir, del gasto improductivo, del
potlatch). Mejor sería pensar los fundamentos de un programa que se propusiera una nueva relación con las cosas, que permitiera una apropiación de la irrealidad más allá de la acumulación capitalista y más allá del retorno imposible al goce del valor de uso, que nos pusiera a bailar con los fantasmas. No hay otra redención posible sino ese programa de apropiación y de desposesión.


domingo, 3 de mayo de 2009

Preguntan si...

Entrevista de Paloma Vidal a Daniel Link para Cronópios - Literatura e Arte

E o novo livro de ensaios, sobre o que é?

Fantasmas é como a continuação de Clases: tem exatamente a mesma estrutura, suponho que terá a mesma quantidade de páginas, mas é sobre a imaginação. Se chama Fantasmas: imaginación y sociedad. Que é um pouco essa coisa border estranho entre o real e o imaginário que aparece na ficção. Em geral, os núcleos temáticos são os mesmos, pois não tenho duas cabeças. Estou pensando, dando aulas e escrevendo palestras sobre a relação com a imaginação e naturalmente isso me leva a que apareça de outro modo no que escrevo ficcionalmente ou inclusive, sei lá, na poesia.

La entrevista completa puede leerse acá.


sábado, 2 de mayo de 2009

Pan y trabajo

por Daniel Link para Perfil

Sólo he tenido con la Feria del Libro de Buenos Aires una relación laboral. Al principio, iba a la Feria porque trabajaba para una editorial y dentro de mis tareas se contaba la organización de actos. Después, empecé a ir como periodista.
Cuando uno y otro horizonte profesional desaparecieran de mi vida cotidiana, sin embargo, comencé a recibir pedidos de la misma Feria o de las embajadas para que coordinara alguna mesa o participara de alguna de las actividades que se desarrollan durante su duración.
Este año nadie me convocó, por lo que podré prescindir de ese paseo que siempre me atormentó un poco (la luz de estadio y las muchedumbres nunca me fueron confortables).
Los editores que conozco siempre se quejan de la Feria: los dueños de las editoriales, porque los costos son altísimos; los empleados, porque supone horas extras de trabajo que no siempre son recompensadas.
Se podría agregar que la Feria no paga bien a quienes participan de las actividades que organiza, pero al menos paga algo. Las embajadas, por el contrario, suelen considerar que la comida después de la mesa redonda es suficiente honorario.
En todo caso, la Feria del Libro de Buenos Aires funciona y, de acuerdo con sus propios estándares, funciona bien. Es todo lo que se puede decir al respecto.
Pero, ¿por qué existe la Feria del Libro? Supongo que es una celebración tan establecida entre nosotros como la Navidad o la Pascua. ¿Qué se celebra? Muchos podrían decir que la Feria es la epifanía del libro y del autor como mercancías. Pero a lo mejor no es eso. La Feria es una fiesta que, como el carnaval, subvierte los órdenes habituales (y que, por eso mismo, se agota en si misma sin mayores consecuencias): quienes no leen nunca, acuden como público. Y los que leen, trabajan para ellos.

(continuará...)