lunes, 15 de junio de 2009

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domingo, 14 de junio de 2009

Transmutar

por Delio Galizzi para El litoral

Bentivegna prefiere llamarse a sí mismo curador (acorde con el término italiano que define al seleccionador y traductor de una antología: “curar el texto es explorarlo, como quería Contini, auscultándolo, concentrándose en él para percibir los distintos ritmos que lo habitan”), y ese carácter lo ejercita con solvencia y éxito tanto en la elección de los poemas como en la traducción guiada por la idea del “transmutare” con que Dante concibe al fenómeno: “Desde la perspectiva de Dante, no se trata ni de dejarse llevar por el texto del otro (¿el otro del texto?) en tanto otro ni de asumir la voz del otro en la propia voz, hasta hacer de esa otredad un mero timbre vocal, sino de someterse a uno mismo y al texto del otro a un proceso de cambio, a una gimnasia de mutación que se corresponde, como ha subrayado el filólogo Gianfranco Folena, con una concepción sustancialmente cristiana. Transmutar, en efecto, “es el verbo que indica el devenir y el mutar de las cosas humanas sometidas a la fortuna, como la lengua, las costumbres, las leyes y la sociedad’”.
En la cuidada edición acompañan a la versión bilingüe de los poemas una introducción previa general, y una concisa pero contundente presentación de cada uno de los autores.

Convocatoria

El CENTRO DE INVESTIGACIONES ARTÍSTICAS llama a concurso para 20 becas para participar de todas actividades del Centro.
Desde agosto de 2009 se llevará a cabo un amplio programa de cursos, talleres, seminarios, presentaciones y conferencias a cargo de artistas e investigadores alrededor de cuestiones teóricas, históricas y poéticas.
En el segundo semestre de 2009 se realizarán cinco proyectos de artistas internacionales en los que participarán exclusivamente los becarios.
Un jurado local e internacional seleccionará a los becarios a partir de sus proyectos. Estos proyectos serán desarrollados en el marco del Centro durante un mínimo de seis meses y un máximo de dos años, sin que requieran ser terminados dentro del período.
La convocatoria está abierta a practicantes de diferentes disciplinas: arquitectura, teatro, danza, performance, video, cine, fotografía, pintura, escultura, video, instalación, escritura, música, sonido, net-art, multimedia y otros medios.
Los proyectos pueden ser presentados hasta el 15 de julio de 2009.
Para más información visite: www.ciacentro.org

sábado, 13 de junio de 2009

La vida: parque zoológico

por Daniel Link para Perfil

En 1968 el informe de una comisión especial de la Universidad de Harvard
inventó el concepto de "muerte cerebral" que, a partir de entonces, se ha impuesto progresivamente (aunque no sin acaloradas polémicas) para determinar el delicado pasaje de todo lo viviente al océano oscuro de la muerte. Al haber desplazado al paro cardíaco como criterio de delimitación entre uno y otro estado, el Informe Harvard mostraba el carácter ni científico ni filosófico de la muerte, sino político (porque la muerte pasa a convertirse de esta forma en un epifenómeno de la tecnología del transplante: el cerebro es el único órgano que no puede ser transplantado).
En un artículo publicado el pasado 29 de marzo en el
Washington Post, el eminente investigador en transmisión de HIV y SIDA Edward Green (de la Harvard School of Public Health) ha arriesgado la hipótesis (fundada en sus estudios de veinte años en África) de que el Papa tal vez tenga razón en su maníaca oposición al uso de preservativos como formas de contrarrestar el contagio de HIV. Green razona que el uso de una tecnología de profilaxis (el condón lo es) no necesariamente evita la propagación del virus porque, al sentirse protegida, la gente se entrega a formas riesgosas de sexualidad (sobre las cuales, lamentablemente, nada se nos dice).
Como la tasa de propagación del virus no ha descendido en aquellos países que han aplicado agresivas campañas de profilaxis, Green concluye (y da como ejemplo el caso de la abstinente Uganda) que sólo la fidelidad monogámica "o al menos la reducción del número de
partenaires" podría poner freno a la epidemia. "La fidelidad poligámica (la poligamia 'cerrada') también podría funcionar". Habiendo decidido caprichosamente, hace cuarenta años, en qué momento se considerará muerta a una persona, ahora Harvard se lanza a una definición y regulación de lo viviente de profundo alcance: lo que se llama una biopolítica. El llamado papal a "humanizar la sexualidad" presupone que el modelo actual de interacción sexual es animal. Consecuente con ese presupuesto erróneo, los abogados de Harvard vienen a proponer, directamente, un parque zoológico cerrado.

jueves, 11 de junio de 2009

Ellos fueron a la guerra (2)

No siempre fue así. En las trincheras de la Primera Guerra Mundial, los ingleses llegaron a amarse los unos a los otros decentemente, sin vergüenza o simulación, bajo las verosímiles chances de su muerte súbita, y encontraron en los rostros de los demás jóvenes la prueba de visitas sobrenaturales, pobre esperanza que pudo haber ayudado a redimir hasta el fango, la mierda, los restos putrefactos de carne humana... Era el fin del mundo, era la revolución total (aunque no exactamente de la manera en que Walter Rathenau la había anunciado): todos los días, miles de miembros de la vieja y nueva aristocracia, aureolados todavía con sus ideas de lo justo y lo injusto, marcharon a la gran guillotina de Flandes, movidos continuamente, sin cesar, por manos invisibles, manos que no eran del pueblo, sin duda alguna... Una clase inglesa estaba siendo diezmada, los que se habían ofrecido como voluntarios morían por los que habían sabido algo de la verdad y no habían hecho lo mismo y, pese a todo, pese a que algunos de ellos no ignoraban la traición, mientras Europa moría vilmente en sus propios desechos, los hombres amaban. Pero hace ya mucho tiempo que el grito de batalla de aquel amor se convirtió en nada más que en esta vaga y emputecida mariconería (bitchy faggotry). En esta última guerra, la muerte no era un enemigo, sino un colaborador. Entre la gente acomodada, la homosexualidad es ahora una vacilación carnal, y la única y verdadera cogida sucede en la ficción...

Thomas Pynchon. Gravity's Rainbow. Londres, Jonathan Cape, 1973, pág. 616

miércoles, 10 de junio de 2009

Nacional y Popular

Premio "Indio Rico" (Tercera Edición)

BASES

1. LA ASOCIACIÓN ESTACIÓN PRINGLES convoca al Premio literario “Indio Rico”, edición 2009.

2. PUEDEN OPTAR A ESTE PREMIO autores entre 18 y 35 años de edad, nacidos en la República Argentina, con un mínimo de 3 años de residencia actual en la misma.

3. EN ESTA EDICIÓN se premiará un trabajo en el género epinicios, en idioma español. El epinicio se define como un poema o conjunto de poemas al vencedor en cualquier clase de juego o deporte. Aunque su origen es griego, la intención del presente concurso es que puedan presentarse textos celebratorios de una amplia variedad de motivos en relación al triunfo deportivo (por ejemplo: poemas a la Tigresa Acuña, a Maradona, a Nalbandián, a los pilotos de carreras –puesto que ya Píndaro alabó a los conductores de carros en los comienzos del género–, etc., etc.). Quedará a criterio del Jurado establecer si la obra presentada cumple con los requisitos temáticos del “epinicio”. No hay requisitos formales, retóricos, métricos ni estróficos que deban respetarse. Lo que no impide que se utilicen según la voluntad rítmica de la/el poeta.

4. EL PREMIO consistirá en la publicación del trabajo ganador, a cargo de ESTACIÓN PRINGLES. A criterio del Jurado podrán otorgarse dos menciones especiales por las que se entregarán diplomas.

5. EL JURADO estará integrado por Leónidas Lamborghini, Rodolfo Fogwill y Silvio Mattoni.

6. LOS TRABAJOS se presentarán con seudónimo. Tendrán una extensión mínima de cincuenta páginas y una máxima de noventa páginas, escritas en hoja A4, a doble espacio, tipografía Arial cuerpo 12, numeradas. La forma y la métrica de los textos es libre.


Consultas sobre las bases: info@estacionpringles.org.ar


martes, 9 de junio de 2009

Canalizando...

El fotografo Sebastian Freire invitado especial del festival LGBT de Panama

Este año la muestra de cine de Panama, LesGaiCinePTY, contará con la presencia del prestigioso fotografo argentino, Sebastian Freire. De igual forma el pintor panameño Erasmo Prado Rosas expondrá gran parte de sus dibujos en este espacio dedicado al arte.

lunes, 8 de junio de 2009

Preguntan si...

Entrevista de Silvina Friera a Daniel Link para Página/12

–En ese sentido, sus lecturas de El principito, Pedro Páramo o el film de Cozarinsky Ronda nocturna son arriesgadas en torno de una consistencia ética.

–Sí, últimamente estoy muy preocupado por el tema de la comunidad, cómo se puede sostener una comunidad en el momento en que sabemos que no hay comunidad posible, que no hay acuerdo posible en términos de identidad colectiva. Creo que hay que trabajar con las pequeñas diferencias que permiten procesos de identificación, pero también de distanciamiento. Me parece que por ese lado todavía es posible construir comunidad. No sé; en todo caso no me resigno a pensar que no se puede.

La entrevista completa (y la foto posando de Stephen Hawkins), acá.

Correspondencia: Vergüenza académica

VERGÜENZA ACADÉMICA

Nuestras Universidades Nacionales ocupan en el día de la fecha un espacio de privilegio en la sección que el diario Página/12 les dedica semanalmente. Pero no se debe a una necesidad del matutino por difundir los aportes a la sociedad que desde las mismas se realizan todos los días a través de sus trabajadoras y trabajadores y de los cientos de miles de jóvenes que cursan sus estudios y se esfuerzan por formarse como ciudadanos comprometidos con la realidad de nuestro país.
No, esa no es la noticia. Vergonzosamente la centralidad de la nota la ocupa la condenables decisión de los Rectores del CIN y del Gobierno Nacional de distribuir 86 millones de pesos (pequeñas migajas en relación a sus ganancias escandalosas y al saqueo de nuestros recursos que supone) provenientes del emprendimiento minero del Bajo La Alumbrera, cuya explotación corresponde al ente YMAD (ver artículos en los links al pie de esta nota).
El único saldo que dejan estas empresas multinacionales en los países de nuestra región con sus emprendimientos de extracción a cielo abierto, es la contaminación de nuestro ambiente (aguas, suelos), las enfermedades y la pobreza de vastas poblaciones, ya que la totalidad de lo producido en materia de explotación de estos recursos no renovables y de los millones que facturan son girados a sus países de origen.
Muchas fueron las voces que se alzaron en contra de esta, sin que los Consejos Superiores de las 40 Universidades Nacionales dieran el más mínimo debate (salvo un puñado de excepciones).
Nos preguntamos entonces: ¿Acaso el trasfondo político del origen de estos fondos puede ser soslayado por los órganos del cogobierno universitario?
Buena ocasión la fecha de hoy, 5 de junio "Día Mundial del Medio Ambiente" para intentar responder a esta pregunta.
Como Docentes Universitarios manifestamos que no solamente no fuimos parte de este debate, sino que rechazamos estas políticas nefastas y luchamos por transformarlas.
El Congreso Extraordinario de la CONADU HISTÓRICA que se realizó en la Ciudad de Buenos Aires el pasado 27 y 28 de Marzo en sede de CTA Capital, cuestionó y repudió severamente esta decisión de los Rectores, a partir de una resolución que dice:

"11. Repudiar al CIN por distribuir acríticamente los fondos provenientes de las regalías de las mineras transnacionales, y exigir a las Universidades la devolución de esos fondos y nulidad de convenios de organismos públicos o estatales con las minera que contaminan y saquean recursos y riquezas."


Desde nuestra Federación destacamos permanentemente la gigantesca labor de miles y miles de Docentes e Investigadores de las Casas de Altos Estudios, quienes cotidianamente - y pese a las restricciones presupuestarias y a la precaria situación laboral y salarial - entregan lo mejor de sí para enseñar y aportar al campo de la producción científica y tecnológica. Pero nunca desde una óptica "neutra", sino con la conciencia crítica de la comunidad universitaria que intentamos se plasme en los debates de los órganos del cogobierno universitario. Ni más ni menos que lo que es nuestra responsabilidad, intentando de algún modo retribuir a nuestro Pueblo por el esfuerzo que realiza al sostener a las Universidades Nacionales a través del pago de sus impuestos.
Y es rol indelegable del Estado Nacional el ser garante de su funcionamiento, del Congreso de la Nación, el que estos recursos de los contribuyentes lleguen a las UUNN para ser invertidos en docencia, investigación y extensión universitaria.
Y es obligación de los Rectores y de los Órganos del Cogobierno Universitario la aplicación de esos fondos con equidad en las áreas que se fijen como prioritarias, en el marco de lo que generalmente se conoce como "Planes o Programas Estratégicos Institucionales". Todo ello, en el marco de la Autonomía Universitaria, que cuenta con rango constitucional a partir de la última Convención Constituyente que se realizara en Santa Fe en el año 1994.
Pero condenamos que en nombre de esa autonomía que fue bandera y conquista de una de las gestas más grandes del movimiento estudiantil de nuestro país y de América Latina (la Reforma Universitaria de 1918) se abra camino a la mercantilización de la Educación y los negocios corporativos en el ámbito universitario que se hicieron carne en la época menemista y que hoy siguen intactos.
Para nosostros/as, el compromiso irrenunciable es aportar para que nuestras Universidades recuperen su carácter de públicas, gratuitas, democráticas, científicas y populares, ocupando la centralidad y el necesario protagonismo en la construcción colectiva de un proyecto emancipador de nuestra Patria.
Ciudad de Buenos Aires, 05 de junio de 2009.-

Claudia Baigorria
Secretaria General
CONADU HISTÓRICA - CTA
Notas:
http://www.pagina12.com.ar/diario/universidad/10-126118-2009-06-05.html
http://www.pagina12.com.ar/diario/universidad/10-126119-2009-06-05.html


sábado, 6 de junio de 2009

Casuística de la soberbia

por Daniel Link para Perfil

Ignacio Echavarría suministra un ejemplo del "esperpéntico anecdotario" de persecuciones que sufren hoy los ciudadanos en nombre de los derechos de autor: como una sentencia de 2006 autorizaba a la Sociedad General de Autores y Editores de España a cobrar por la música que se ponía en las celebraciones de boda y otros eventos de este tipo, la SGAE demandó hace unos meses a un salón de bodas de Sevilla por emplear música de sus afiliados sin pagar el canon correspondiente, utilizando como prueba de su denuncia un video de cuatro minutos grabado durante la celebración. Los novios demandaron la SGAE por grabar sin autorización ese video que vulneraba la intimidad del acto, y la entidad fue condenada a pagar 60.000 euros de multa.
Podemos agregar otros casos. Hace unos años, una profesora de literatura muy devota de los derechos de autor retrasó la inclusión de una novela agotadísima en sus programas de trabajo porque sabía que al año siguiente sería reeditada y no quería perjudicar a la editorial que habría de publicarla (el sello de referencia suele cobrar las ediciones que realiza, particularmente a los investigadores universitarios, que pagan con fondos que las universidades públicas proveen). Dicho de otro modo: la profesora (que sabe manejar un mercadito cautivo) modificó sus necesidades pedagógicas para favorecer a una editorial privada.

Un profesor norteamericano pide a su colega argentino que le mande un artículo que piensa recomendar como bibliografía obligatoria, "así me ahorrás el trabajo de escanearlo". El argentino se niega, amparándose en derechos abstractos y mezquinos.
Hace unos meses, los sabuesos del capitalismo bloquearon el acceso a las páginas Derrida en Castellano, Nietzsche en Castellano, Heidegger en Castellano. Por fortuna, sus contenidos fueron inmediatamente replicados en servidores extranjeros.
La mistificación y fetichización de los autores (y de sus derechos), sin precedentes, que domina nuestro horizonte, corre pareja con una creciente soberbia según la cual el autor es la única fuente de la obra y no debe nada al conjunto de relaciones que constituyen sus condiciones de existencia (ni a las instituciones que le paga salario y le otorga becas).
Invirtiendo los torcidos razonamientos de las cámaras y logias de los usureros del concepto, habría que decir que las universidades o los djs no deberían pagar un solo centavo en concepto de derechos, sino cobrar a las editoras un canon por la difusión y promoción de ciertas obras. Después de todo, el docente que recomienda la lectura de un capítulo de tal novelista o crítico está indirectamente promoviendo la compra del libro, como las radios que promocionan los lanzamientos de los discos de las multinacionales.
Que alguien pretenda, en nombre de otra abstracción, el "trabajo", arrogarse derechos de cobro en relación con públicos cautivos y agentes de prensa que cumplen obedientemente sus funciones sin pedir retribución a cambio, sólo puede molestarnos, nunca preocuparnos.

El Mal no puede triunfar y no va a triunfar. Cuanto más paranoicos se vuelvan sus agentes (y cuanto más cínicos se revelen sus aliados, los "autores") más claro quedará qué hay que recomendar que se lea y qué no. Los "convertidos en agentes del orden, en furibundos instructores de legislaciones restrictivas y penalizadoras, en vigilantes celosos, en ávidos controladores, en perseguidores", para usar palabras de Echavarría, que pasen a formar parte del
index de aquéllos cuya lectura no promoveremos.

viernes, 5 de junio de 2009

Comunidades imaginadas

por Daniel Link para Soy

El comienzo del siglo XX vio florecer en Alemania un conjunto de comunidades utópicas, la mayoría de las cuales fueron aniquiladas por las guerras. Fueron el germen de las defensas de derechos a la disidencia luego retomadas en otros contextos.


El siglo alemán La crisis del sujeto que caracteriza al siglo XX no es sólo un asunto de teóricos ni tampoco de artistas (no es, por cierto, un tema sólo surrealista, porque es una crisis generalizada del universalismo, correlativa de la degradación de los estados imperiales a finales del siglo XIX. La consecuencia más o menos lógica (pero en todo caso histórica) fue que las personas se lanzaran a diseñar comunidades que pudieran contener las diversas formas de vida que brotaban precisamente de la crisis de los sujetos universales, el hundimiento de los valores tradicionales (asociados con las familias dinásticas, el conocimiento nacional-comunitario, la pedagogía humanista, los dogmas religiosos) y una radical transformación del paisaje urbano (económico).
Los historiadores suelen hacer coincidir la historia del siglo XX con la historia soviética (porque el siglo estuvo obsesionado por ese extraño imperio comunista y sus potencias, consideradas el mal o el bien, según el punto de vista) o con la historia estadounidense (porque es el intervalo durante el cual Estados Unidos deja de ser un país más del Nuevo Mundo para convertirse en una fuerza planetaria que impone su cultura). Pero hay también otro siglo, que es el siglo alemán, el de los experimentos comunitarios que desembocaron en las peores utopías y en las formas más sanguinarias de represión de lo viviente. ¿Pudo haber sido de otro modo? Deberíamos ser capaces de ensayar una respuesta.

Desfamiliarización Entre 1896 y 1933, los bosques y los lagos de la Europa septentrional estuvieron literalmente ocupados por grupos que se llamaban Wandervogel (Pájaros Migratorios). Fueron institucionalizados en 1901 por Herman Hoffmann a partir de las enseñanzas del pedagogo Gustav Wyneken, que acuñó el término "Jugendkultur" (cultura juvenil). Habría que agregar: cultura juvenil de varones. En el seno de los Wandervögel se dirime la identidad masculina y se debate la modernidad. A partir de 1933, los Wandervögel (y grupos similares) fueron integrados a las Juventudes Hitlerianas. El nazismo tomará de los Wandervögel dos emblemas tristemente célebres: la denominación de "Führer" y la venia "Heil" con el brazo en alto, que había sido el saludo acostumbrado de los jóvenes desnudos de muslos apretados que se bañaban en los ríos y los lagos entonando sus canciones.
En 1911, Ernst Jünger había pasado ya por varias escuelas cuando tomó la decisión radical de unirse, junto con su hermano Friedrich, a los Wandervögel, donde seguramente adquirió su pasión ininterrumpida por la entomología y comenzó a elaborar su teoría de la
emboscadura como disidencia radical en relación con el Estado.
También en 1911, el niño bávaro Bertolt Brecht (13 años) compró una mandolina usada que cambió inmediatamente por una guitarra en la que practicaba todos los días, descuidando sus tareas escolares (para decepción de sus padres). Al año siguiente creó el septeto Amicitia, cuyo repertorio incluía canciones del movimiento Wandervogel y composiciones del propio Bertolt de estilo folk. Brecht registra en 1913 su legendario encuentro con la Juventud Libre Alemana, asociación pacifista que se convertirá en Asociación Juvenil Comunista con el correr de los años y que se oponía abiertamente a la tendencia nacional-patriótica del repertorio oficial de los Wandervögel. El septeto Amicitia terminó disolviéndose.
Había una fuerza de disolución que enfrentaba a los niños y jóvenes con sus familias (con independencia de las ideologías: Jünger y Brecht no fueron precisamente compañeros de ruta) y esa fractura de la familia (índice de un malestar comunitario) llevó a los jóvenes a adoptar estilos de vida radicales.

Naturalmente, los Wandervögel fueron fundamentalmente grupos de varones (el devenir manada o pandilla reconoce un límite de género). Pero hubo también mujeres en el movimiento: Annemarie Schwarzenbach (nacida el 23 de mayo de 1908 en Zurich), últimamente recuperada como la lesbiana andariega que fue, comenzó a escribir a partir de 1923 para la revista de ese movimiento que funcionó como una fuerza de atracción irresistible para los jóvenes germanoparlantes y en cuyo seno se impugnó el rumbo utilitarista de la modernidad (no a la pedagogía, no a la familia, no al comercio; sí a la vida comunitaria, a los espacios abiertos, al vitalismo y al desafuero sexual).
Se trata de una fuerza de la imaginación que arrastra a la época, desde Jünger, Heidegger y Rilke, por ejemplo, hasta el más rubicundo de los Wandervögel, entregado al rechazo radical de la técnica y la mercantilización de la cultura propia del capitalismo. Esas líneas de fuga pronto se encontraron con las líneas del nacionalismo teutónico (de allí al antisemitismo hubo sólo un paso: había que cruzar un abismo, pero era sólo un paso).
En el seno de los grupos Wandervögel, los niños eran entrenados (en campamentos de fines de semana y de vacaciones de verano) en la supervivencia en "estado salvaje", llevados a redescubrir la naturaleza (los campos, los lagos, la desnudez) como forma de reconectarse con los aspectos esenciales del ser: formas preindustriales de vida y rechazo de la cultura burguesa que el hippismo sólo tuvo que resucitar años más tarde. Un participante recuerda: "Jugábamos con las llamas de un mundo incendiado, y eso calentaba nuestros corazones. Fue entre nosotros que la palabra 'Führer' se originó, con su significado de obediencia ciega y devoción... Y nunca voy a olvidarme de aquellos días en que pronunciábamos la palabra Gemeinschaft (comunidad), con la garganta temblorosa de excitación".

Desnudamiento
El siglo XX comenzó con experimentos variados y mezclados de organización comunitaria. Fue también en Alemania (antes que en ningún otro lado) donde el nudismo fue formalizado como una actividad social colectiva (los jóvenes Wandervögel, queda dicho, lo practicaban). Los alemanes buscaron un remedio contra las "enfermedades del alma" del siglo XIX sacándose la ropa. Los inventores del nudismo: uno es Heinrich Pudor, autor de libros de teoría del arte, arquitectura y de "prácticas conyugales sanas" quien, con seudónimo, publicó Nackende Menschen (1894). Pudor encontraba la constumbre de vestir ropa una "inadmisible" renuncia a la naturaleza. Otro fue Richard Ungewitter, autor de Die Nackheit (1903).
Esos libros populares condujeron a la fundación de la primera colonia nudista del mundo, la "Freilichtpark", en 1905, donde la influencia de la severa disciplina de Ungewitter instauró un inflexible régimen vegetariano, gimnasia compulsiva y abstinencia de alcohol. La progresión es obvia: muy pronto comenzaron a aparecer campos nudistas llamados "Swastika" y "Valhalla".
Hitler, que era (además de otras cosas) un psicópata sexual, prohibió por decreto el nudismo entre 1933 y 1935, pero la prohibición se aplico sobre todo a las clases trabajadoras. Siguieron existiendo campos nudistas (depurados de miembros "no arios"), que se integraban en el Kampfring für völkische Freikörperkultur (Movimiento para la Cultura Popular del Cuerpo Libre). Heinrich Himmler se implicó personalmente en las actividades del FKK, uno de cuyos objetivos era hacer de los alemanes un pueblo más fuerte y sano.

Despenalización
Existía en el código penal prusiano un artículo (el Nº 175) que criminalizaba las prácticas homosexuales. El 15 de mayo de 1897, Magnus Hirschfeld fundó en Berlín el Wissenschaftlich-humanitäres Komitee (Comité Científico Humanitario), la primera organización de defensa de los derechos homosexulaes del mundo. En 1903 apareció la segunda organización, la Gemeinschaft der Eigener (Comunidad de los Peculiares), fundada por Adolf Brand, que veía con desagrado la tolerancia del afeminamiento propia de Hirschfeld y sus seguidores. La Gemeinschaft ponía el acento en la masculinidad y el eros pedagógico.
El grupo de Brand editaba una revista,
Der Eigene. Ein Blatt für Alle und Keinen ("Un periódico para todos y ninguno": el drama de la comunidad imposible). A partir del segundo año, la bajada cambia a Ein Blatt für männliche Kultur ("Un periódico de cultura masculina") y la periodicidad se declara nominalmente mensual, aunque sale irregularmente y con interrupciones (Ilustran esta nota algunas fotografías de esa publicación, cuyo Nº 8 del año XI, 1909 tenía la tapa que se reproduce).
Entre 1907 y 1909 el Comité Científico Humanitario sufrió una crisis a consecuencia del escándalo Eulenburg (que reveló al gran público orgías sodomitas en el seno de las tropas imperiales). Durante el período de entreguerras, Hirschfeld llegó a convencer a los Mann, a Rilke y a Hesse (entre otros) de la justicia de su causa.
Esos jóvenes formados en el espíritu comunitario y antimoderno de los Wandervögel, que despreciaban la política como juego burgués y que miraban con hostilidad a los adultos (padres o pedagogos) como parte de un aparato de domesticación de sus energías vitales, esos disidentes de la heteronormatividad, son los que marcharon con algarabía a la Primera Guerra Mundial, llevando en sus mochilas libros de Hölderlin y Goethe y entonando sus canciones contraculturales. La guerra, podría decirse (entonces como hoy) los estaba llamando para acabar con ellos.

jueves, 4 de junio de 2009

A por ellos, a por ellos

miércoles, 3 de junio de 2009

El arte es un geomorfismo







Gracias, Diego.

martes, 2 de junio de 2009

Psicosis 10

La noticia me llegó a través de un mailing (muy) académico y tal vez pase a la historia como el primer evento verdadero generado por Facebook. Decía, el angustiado mensaje enviado por una chica argentina y solidaria, que su amiga se había perdido, que nadie sabía de ella, que si podíamos ayudar a localizarla. Daba datos: es "robusta", estudia diseño gráfico, trabaja en la productora de Cris Morena, tiene una cicatriz en la mano derecha (o izquierda, "no me acuerdo"), fue vista por última vez en una esquina de Palermo Hollywood.
Borré de inmediato el mensaje por solidaridad con mis vecinos porque, si era cierto que la productora había sido secuestrada, lo más probable es que estuviera en alguno de los aguantaderos del barrio.
Al día siguiente, por la misma vía, me llegó la noticia de que la joven había sido localizada.
Leído el parte de noticias que se adjuntaba quedé estupefacto: la gorda, según mis ojos entrenados por tanta Agatha Christie, tanto Chandler y tantos episodios de CSI había querido fugarse con los 9.000 dólares de Cris Morena y se topó con su Norman Bates que, lejos de acuchillarla en la ducha (en fin, los tiempos cambian) la obligó a consumir una sobredosis de Tafiroles.
Quise ver la cara capaz de sostener una historia semejante. Por supuesto, como yo no uso Facebook tuve que pedir asistencia y mis pesquisadores asociados me enviaron esto como resultado. Lo más llamativo no era la foto, que más que picardía revelaba debilidad mental (lo que aparentemente no es obstáculo para trabajar en producción televisiva), sino que la anunciada "desaparición" tuviera "6 invitados confirmados" (aunque, como los invitados estaban autorizados a llevar acompañantes al evento, quién sabe). En el mismo trance ("hago lo que sea, pero no te metas con mis gatas"), yo esperaría juntar un poco más de gente.
Siguiendo mis investigaciones (yo sería un buen criminólogo) llegué a la solución del caso (que, de todos modos, el cine clásico había ya resuelto de antemano): Psicosis, pero sin Norman Bates, y una gorda que se quedó a mitad de camino.
Todo es taaaaan raro.

(anterior)

lunes, 1 de junio de 2009

Un arte muy reg(a)lado

El lenguaje está sujeto a reglas de todo tipo. El lenguaje cinematográfico (si tal cosa existiera), también. Pero además, el cine supone un conjunto de reglas de visibilidad. Por ejemplo:
1) yo no veo ya más películas de mafiosos. O:
2) yo veo todas las películas en las que actúa Dakota Fanning.
Las reglas 1) y 2) podrían entrar en colisión, naturalmente, y en ese punto habría que considerar reglas suplementarias para decidir el difícil entuerto. Por ejemplo:
3) yo veo todas las películas en las que actúa Cate Blanchett (que podría inclinar la balanza en una determinada dirección) o
4) yo no veo películas dirigidas por Martin Scorsese (que podría inclinarla en la otra).
Arbitrarias como son, las reglas suelen, por fortuna, funcionar en cascada. Por ejemplo, la regla 4) es bastante solidaria con la siguiente:
5) yo no veo (ni aunque me paguen por ello) películas protagonizadas por el mamboretá llamado Leonardo Di Caprio. Gangs of New York (2002) acumulaba tantas reglas en su contra, que todavía hoy no sé nada sobre ella (ni quiero).
Conviene anotar las reglas en alguna parte, porque, por su propio carácter, son proliferantes.
Hace unos días, incoroporé una nueva regla a mi manual de procedimientos, luego de intentar, sin ninguna felicidad, ver ese aborto llamado Blindness (2008):
6) yo no veo (ya nunca más) películas protagonizadas por Gael García Bernal, cuya máscara se me ha vuelto desagradable hasta la náusea. No se trata, claro, de identificaciones narcisistas provocadas por el efecto del alcohol. Es que García Bernal hace malas películas. Lo intuí con La mala educación (2004), que vi siguiendo una regla superior:
7) yo veo todas las películas de Almodóvar,
lo confirmé con La ciencia de los sueños (2006), que no pude terminar de ver.
Y con esta última, donde además está esa actriz de segunda selección, Julianne Moore (tan poco importante que ni siquiera está sujeta a reglas), Gael ya se ganó una norma propia. No sé qué pasará con
Pedro Páramo (pero el disparate de tener que asociar el nombre de Rulfo con el de García Bernal me orientará cuando llegue ese trance).
Mi sistema de reglas es particularmente útil sobre todo cuando uno ve películas acompañado, porque deja en claro los terrenos (pocos, lo sé) que admiten algún tipo de acuerdo.
Vivivendo, como es mi caso, con alguien con vocación de programador cinematográfico, porque mi regla dorada del tablero es
0) yo no elijo (libremente) películas para ver: sencillamente cumplo con una normativa,
contar con un sistema explícito de predilecciones y rechazos es una necesidad de primer orden.

domingo, 31 de mayo de 2009

Los perseguidores

por Ignacio Echevarría para El Mercurio

Supongo que en Chile existe algún equivalente de lo que en España se conoce por SGAE (Sociedad General de Autores y Editores). Esta entidad se dedica a la gestión de los derechos de autor de sus afiliados; es decir, a recaudar y distribuir los porcentajes que esos derechos les procuran.
De un tiempo a esta parte, el celo puesto en el desempeño de esta loable tarea ha convertido a la SGAE en una entidad muy impopular, objeto de todo tipo de contestaciones. La ha convertido, además, en una entidad rica y poderosa, cuyos ingresos en los últimos años se han visto incrementados portentosamente.
La explicación de esto último la tiene el llamado canon compensatorio. Por virtud de éste, hace ya un tiempo que la compra de determinados aparatos y soportes se ve gravada de forma generalizada e indiscriminada con un porcentaje que la SGAE y otras entidades de gestión colectiva cobran de antemano, en previsión del empleo que pueda hacerse de dichos aparatos y soportes (equipos de música y televisores, pero también CD/DVD, memorias portátiles, etc.) para realizar copias privadas de objetos sujetos a la propiedad intelectual, ya se trate de imágenes, películas, canciones, textos...
Son muchos los que consideran que el canon compensatorio vulnera la presunción de inocencia a que tiene derecho todo ciudadano. Desechando escrúpulos de este orden, la SGAE no ha cesado de discurrir todo tipo de mecanismos destinados a controlar y a gravar la transmisión y divulgación de contenidos sujetos a propiedad.
De este modo, los enfrentamientos de la SGAE con las asociaciones de consumidores y, sobre todo, de internautas han venido haciéndose cada vez más virulentos, y arrojan un esperpéntico anecdotario en el que se suceden descalificaciones, insultos, querellas criminales y manías persecutorias.
Como muestra, un botón: en 2006, un juez de Alicante autorizó a la SGAE a cobrar por la música que se ponía en las celebraciones de boda y otros eventos de este tipo. Sustentándose en esta sentencia, hace apenas unos meses la SGAE demandó a un salón de bodas de Sevilla por emplear música de sus afiliados sin pagar el canon correspondiente. Como prueba de su denuncia, la SGAE aportó un video de cuatro minutos grabado durante la celebración. Los novios demandaron la SGAE por grabar ese video sin autorización, vulnerando la intimidad del acto, y la entidad fue condenada a pagar 60.000 euros de multa. El caso puso de manifiesto el empleo, por parte de la SGAE, de detectives destinados a probar que en determinadas bodas, bautizos y comuniones se baila al son de canciones "protegidas" por el derecho de propiedad de sus autores.
Más acá de las exaltaciones y de las truculencias a que da lugar este estado de cosas, el traerlo a colación invita a una melancólica consideración acerca del lugar cada vez más paradójico que el artista (o lo que se presuma por tal) ocupa en la sociedad contemporánea.
El caso es que nuestra cultura participa todavía, si bien de un modo cada vez más residual, de una concepción del artista acuñada en el romanticismo, conforme a la cual solía ser visto -el artista en general, ya fuese poeta o pintor, cómico o cantante- como un individuo situado al margen de las convenciones, cuando no enfrentado resueltamente a ellas; un individuo puesto al servicio de un ideal superior, del que a menudo se derivaban actitudes transgresoras, cuando no abiertamente subversivas.
La casi automática identificación entre la vida artística y la bohemia ha sido capaz de resistir durante décadas, hasta hoy mismo, las evidencias flagrantes que tan a menudo la desdicen, y que apuntan, por el contrario, a la domesticación y estandarización de la mayor parte de los artistas, a la consolidación de un star system que ha convertido al artista consagrado en un privilegiado representante del lujo y de la sofisticación, también en un valioso orientador de las tendencias del mercado. En la misma dirección, el arraigado prejuicio que atribuye al artista, por el mero hecho de serlo, posiciones políticamente progresistas y contestatarias, pasa por alto toda suerte de incongruencias, y no cesa de dar pie a las más insospechadas alianzas (para no irse demasiado lejos: ¿puede alguien explicarme, por ejemplo, qué hacía Michelle Bachelet, en el cierre de su campaña presidencial, cogida triunfalmente de la mano de Miguel Bosé? ¿Es que la letra de canciones como "Sevilla", "Amante bandido" o "Hacer por hacer" promueven los valores de la izquierda chilena?).
Aupados al carro de las subvenciones y de las políticas proteccionistas con que los gobiernos socialdemócratas retribuyen su apoyo (obsérvese, si no, el caso español), autores y artistas han conseguido que la defensa de la "propiedad intelectual", noción lábil y peliaguda donde las haya, y por medio de la cual la doctrina capitalista coloniza subrepticiamente el ámbito supuestamente libre de la creatividad y de la comunicación humanas, haya pasado a ser, incondicionalmente, una premisa de la izquierda cultural.
No es lugar este de cuestionar los fundamentos jurídicos e incluso éticos que cargan de razón a quienes invocan los sacrosantos derechos de la propiedad intelectual. Baste, de momento, con subrayar un indeseable efecto estético: el que se desprende de ver a los más conspicuos representantes de aquella inconformidad, de aquella insolencia, de aquel espíritu aventurero tradicionalmente asociado a la más común idea del arte y de la vida artística, convertidos en agentes del orden, en furibundos instructores de legislaciones restrictivas y penalizadoras, en vigilantes celosos, en ávidos controladores, en perseguidores.
Puede que, como algunos dicen, esté en juego en todo esto la subsistencia misma de muchos artistas. En cualquier caso, lo que parece quedar fuera de juego -pero quizá ya lo estaba, desde mucho antes- es una determinada concepción del arte y de las relaciones que con él mantenían el artista mismo y la comunidad.

(Gracias, Fogwill)

sábado, 30 de mayo de 2009

Votar o no votar

por Daniel Link para Perfil

Como vivió muchos años en París, mi amigo está empadronado en el Consulado Argentino correspondiente a la jurisdicción de su domicilio legal. No sabe si el próximo 28 de junio estará o no cerca de la urna consular. De las personas que conozco, sería el único caso de alguien que viaja para ejercer su derecho ciudadano. La mayoría hace exactamente lo contrario: viaja para no votar. Porque, no nos engañemos, el voto será universal pero está bien lejos de ser obligatorio y, quienes pueden hacerlo, no titubean en tomarse un micro para estar más allá de los kilómetros que la ley dictamina como requisito necesario para liberarse de una responsabilidad retórica.

Una amiga, desde hace años, se toma un micro el sábado por la noche y el domingo almuerza lentamente a la vera del Paraná. Otro, cruza el Río de la Plata y pasa su fin de semana leyendo en Colonia. Un tercero, desde que hace algunos años tuvo que oficiar de presidente de una mesa capitalina (y lidiar con fiscales inescrupulosos que hacían desaparecer votos y sobres en el momento del escrutinio), prefiere irse a Córdoba a visitar a sus parientes. En cuanto la televisión anuncia los resultados, se toma el micro de vuelta.

Entre las muchas cosas que habría que revisar de nuestro caduco sistema político, una de ellas es la obligatoriedad del voto, porque es evidente que sólo están sometidos a ella quienes carecen de los medios suficientes como para huir del patriótico trance y no es justo que los pobres, además de tener que sufrir la impiedad de nuestros alocados gobernantes, tengan que pasar por responsables de sus triunfos. Que vote el que tenga convicción, o miedo o esperanza, con independencia de su nivel de ingreso.

viernes, 29 de mayo de 2009

Vivir juntos

por Daniel Link para Soy

El beso de la mujer araña de Manuel Puig, actualmente en cartel en Buenos Aires, es una obra maestra que examina hasta las últimas consecuencias las posibilidades de la cohabitación entre personas cuyas identidades se definen en registros imaginarios diferentes (cuando no opuestos).

Medios sin fin Juan Manuel Puig (General Villegas, Provincia de Buenos Aires, 28 de diciembre de 1932) nació en la madrugada del día de los Santos Inocentes en un pueblo asfixiante de la provincia de Buenos Aires. A partir de sus trece años, se instaló con su familia en Buenos Aires para hacer su bachillerato en el colegio Ward de Ramos Mejía. Después, intentó cursar estudios de Arquitectura y Filosofía y Letras y frecuentó las aulas de la Alianza, el British Institute y la Dante Alighieri, de donde surgiría una beca que le cambiaría la vida. A partir de 1956 se instaló en Roma, estudiando en el Centro Sperimentale di Cinematografia. Loco por el cine, entendido sobre todo como el archivo universal de los gestos (las maneras) que la humanidad había perdido ya para siempre, Puig se imaginó a si mismo cineasta. Durante esos años de equívocos juveniles, da los primeros pasos en un tipo de búsquedas a las que sólo la miopía de la crítica pudo definir como la inmersión irreflexiva en la aguas mansas de la pop culture. Su verdadero centro era el gesto como cristal de memoria histórica, y como sus investigaciones se llevaban a cabo en el ámbito de las imágenes, se pensó que la imagen seguía siendo su objeto. Muy lejos de eso, lo que hace Puig en toda su obra, pero en particular en El beso de la mujer araña es transformar la imagen (entendida como un arquetipo) en un elemento decididamente histórico y dinámico.
En este sentido, del demencial archivo cinematográfico de Manuel Puig (1260 videocasettes que contenían más de 3000 películas), de los cuales sus novelas son sencillamente el discurso del archivista, podría decirse lo mismo que dijo Giorgio Agamben del atlas Mnemosyne de Aby Warburg: no es un repertorio de imágenes, sino una representación en movimiento virtual de los gestos de la humanidad occidental.
Puig sabía, y por eso se desentendía de la calidad de la reproducción o de la integridad de las copias que sus "esclavitas" le mandaban desde todo el mundo (su archivo incluía muchos fragmentos), que el cine devuelve las imágenes a la patria del gesto. Introducir en el ensueño cinematográfico el elemento del despertar es la tarea del novelista.

Ética El programa Puig se deja leer completo desde su primera novela, La traición de Rita Hayworth: la presentación descarnada de las voces, la renuncia al lugar del supuesto saber narrativo, la identificación total (a muerte) con los personajes: "Yo no tengo una intención paródica. Uso a veces cierto humor porque mis temas son tan ácidos, tan mezquinos, que sería realmente muy árido un desarrollo de todo eso sin un elemento de humor... Parodia significa burla, y yo no me burlo de mis personajes, comparto con ellos una cantidad de cuestiones, su lenguaje, sus gustos. Si se escucha con atención lo que Puig está diciendo, no puede haber malentendidos: no es que los personajes representen a Puig (porque compartan su lenguaje y sus gustos). Muy por el contrario, es Puig quien ha decidido anonadarse para compartir con el universo que ellos habitan (sea éste cual fuere). Jamás la literatura obligó al autor a una ascesis semejante, a un renunciamiento tan radical. Y jamás la literatura fue tan lejos en una exposición del mundo tan respetuosa de las formas de vida.
No es, como muchos analistas de su obra han creído percibir, que Puig no pudiera salir de la cárcel de representaciones con las que la cultura industrial codificó todos nuestros comportamientos: es que Puig se obligó a habitar esas cárceles (y a escuchar esas voces) por solidaridad con quienes estaban, efectivamente, presos del mundo.
La literatura nunca fue para Puig un programa estético (una máquina de hacer novelas) sino, sobre todo, un dispositivo ético: la manera de analizar (postular, rechazar) formas de vida y formas de vivir juntos. Imaginada entre Roma, Nueva York, México, Río de Janeiro y Buenos Aires, durante los años en que todas las revoluciones parecían al alcance de la mano, la obra de Puig es el despliegue obsesivo y sistemático de una misma y única pregunta: ¿cómo vivir juntos?

Tres deseos El beso de la mujer araña es tal vez la novela más dogmática de Puig, y la de mecanismo narrativo más complejo. Si La traición de Rita Hayworth podía leerse como una reescritura del Ulises de Joyce y Boquitas pintadas como la versión subdesarrollada de La montaña mágica de Thomas Mann, El beso es obviamente Las mil y una noches, donde cada historia vale por un día más, y donde cada día sirve para la interrogación sobre formas de vida (sobre cómo vivir juntos en un universo que postula toda separación como necesaria y toda comunidad como insostenible).
A los habituales intercambios conversacionales y a la reproducción de documentación (informes de la policía), Puig agrega en este caso notas al pie que, a diferencia de las que había en The Buenos Affaire (episodios masturbatorios de la protagonista), reproducen el kitsch cientificista y psicologizante de las torpes teorías sobre la sexualidad humana. Frente al loco deseo de belleza que se escucha en la voz de Molina, un desesperado deseo de verdad que viene desde el fondo de la nada.
La novela encuentra a comienzos de 1975 a Valentín Arregui Paz, un militante de 26 años (ebrio de deseo de justicia), en una celda a la que ha sido trasladado Luis Alberto Molina (37 años, vidrierista y condenado en una causa por abuso de menores, protegido de Parisi, amigo del director de la cárcel). Molina ha sido trasladado a esa celda con el objetivo de que obtenga de Valentín detalles sobre la organización política de la que participa, que la tortura no ha podido arrancarle en el ya largo tiempo durante el que ha estado detenido.
Molina está dispuesto a todo, incluso a traicionar las confidencias de su compañero de celda, para poder salir de la cárcel para cuidar de su madre enferma:

"-¿Informante?
-Sí.
-Qué palabra fea"

A Molina se le ha prometido (de acuerdo con un sistema de creencias según el cual homosexualidad, deslealtad, debilidad y egoísmo se presuponen) que, le guste o no la palabra, saldrá en libertad condicional en la medida en que entregue información sobre Valentín y sus compañeros.
Al comienzo, Molina acepta el lugar de ignominia en el que lo ponen, como ha aceptado, previamente, el conjunto de injurias que delimitan el universo homosexual, y como ha interiorizado el discurso homofóbico en su totalidad (Molina es un tarado previo, pero no lo es más que Valentín, que alucina mundos nuevos fundados en sus jueguitos de guerra).
El beso de la mujer araña, entonces, pone a coexistir dos sistemas de sociabilidad, dos comunidades más o menos inconfesables: la militancia (que no puede decir su nombre por razones estratégicas) y la homosexualidad (que no osa decir su nombre por razones ontológicas: no hay, y nunca habrá, identidad sexual posible).
En ese petit comité carcelario circulan tres deseos: el deseo de belleza, el deseo de justicia y el deseo de verdad (y esos deseos, dice Puig, son el Bien).
Puestos a hablar, Molina y Valentín harán lo que mejor saben para seducir, cada uno, al otro: Molina contará películas -tres de las películas que se "cuentan" en la novela son glosas de películas existentes, tres son pastiches urdidos por Puig (¿o por Molina?) según necesidades compositivas. Valentín tratará de adoctrinar a su compañero con los lugares comunes del manual del joven revolucionario setentista.
Hacia el final de la novela, después de complejísimos procesos de identificación y distancia entre los dos personajes, resultado de lo cual es que no se sepa ya bien quién es quién (naturalmente, también se trata del coger: el pequeño valiente terminará pidiendo casi a gritos conocer el secreto del goce per angostam viam), Molina aceptará la última trampa y tomará la encomienda de comunicar a los amigos de Valentín "un plan de acción extraordinario".
Liberado de la prisión con las órdenes secretas, Molina arma una cita con los compañeros de la organización que, cuando descubren que el mensajero está bajo vigilancia de un organismo de inteligencia del gobierno de Isabel Martínez de Perón, lo asesinan ("para que no pudiese confesar"). Valentín, por su parte, morirá en la cárcel, luego de haber sido torturado.

Una adaptación La novela de Puig fue recibida en Europa con escepticismo por el modo en que articulaba sexualidad y revolución, el colmo de lo íntimo y el colmo de lo público, en tanto episodio de alcoba (aunque se tratara, en este caso, de una alcoba carcelaria). Bianciotti ("Bianca", en el sistema de denominaciones utilizado por Puig) hizo un informe negativo para Gallimard. Y Severo Sarduy ("La Poupèe Mécanique"), que consiguió que la contratara Seuil, aceptó que la traducción eliminara "algunas escenas de sexo explícito" (hoy sería imposible saber a qué se referían los diligentes censores).
En 1979, sin embargo, la novela fue adaptada para la escena por Marco Mattolini, que la estrenó en Milán. Puig vio la adaptación y no le gustó ("se perdió la palabra... Era teatro moderno: proyecciones, música, muy visual" escribió el que había sido ya condenado como una víctima de la imaginería contemporánea por los viriles barones del boom latinoamericano). De todos modos, la puesta le valió, ahora sí, el reconocimiento de la crítica italiana y, meses después, ¡una candidatura al Premio Nobel!
De inmediato comenzaron las conversaciones para una adaptación cinematográfica italiana que no prosperó y Puig se abocó a su propia adaptación teatral, que fue preestrenada en la sala Escalante de la Diputación de Valencia el 18 de abril de 1981, con Pepe Martín como Molina y Juan Diego como Valentín. La obra se ha dado en todas las ciudades del mundo (a fines de este año se repondrá en Broadway, protagonizada por el actor Philip Seymour Hoffman), antes y después de la versión cinematográfica (1985, con William Hurt, Raúl Julia y Sonia Braga, dirigida por Héctor Babenco), "una Scherezada típica, lenta y lúgubre" según Puig, y el musical de Broadway que el autor (declarado muerto a las 4.55 de la madrugada del 22 de julio de 1990) no llegó a conocer, pero del que se reía anticipadamente.

Una obra de teatro ¿Qué queda en la versión teatral de una de las novelas más admirables del siglo pasado? La reducción dramática urdida por Puig simplifica la historia hasta el esquematismo. De las seis películas que forman el dispositivo de atracción de Molina sobrevive sólo una, Cat people, porque sin ella no se sostendría la pieza:

"-Yo no soy la mujer pantera.
-Es cierto, no sos la mujer pantera.
-Es muy riste ser mujer pantera, nadie la puede besar. Ni nada.
-Vos sos la mujer araña, que atrapa a los hombres en su tela."

Los delirios febriles (que la novela reproduce en cursiva) no están. Las notas al pie, que Puig defendió hasta la agonía cuando los traductores querían eliminarlas o simplificarlas, desaparecen todas ellas. Puig consideraba imprescindible esa tercera modulación (la invención de un marco antropológico fundado en lo que Foucault, que por entonces realizaba las mismas investigaciones, llamará la Hipótesis Represiva o Hipótesis de Reich) para que las dos conciencias contrapuntísticas de los personajes adquirieran su cabal dimensión. Es extraño que las haya eliminado por completo. Su voz, sin embargo, sobrevive en el conjunto reducido.
"Si estamos en esta celda juntos mejor es que nos comprendamos, y yo de gente de tus inclinaciones sé muy poco", dice uno de los personajes. No importa, en rigor, cuál, porque bien puede ser Molina el que no conoce las inclinaciones delirantes de un miembro o líder del grupúsculo revolucionario que terminará sacrificando al vidrierista en el altar de lo Real, o el pequeño valiente o Valentino el que desconoce los goces de la sexualidad no reproductiva (y de la que disfrutará con furia).
En todo caso, lo que importa es la coincidencia "en esta celda juntos", que tanto puede decirse de ese modo como "juntos en esta celda": es la celda lo que establece el punto de juntura entre personas cuyas inclinaciones son tan misteriosas para el otro que cada diálogo, que comienza con una secuencia de encantamiento cinematográfico (o un fragmento de vida que se escucha igual que una película) se resuelve en una discusión antropológica para principiantes: "qué es ser hombre, para vos".

jueves, 28 de mayo de 2009

Preguntan si

por Gustavo Pablos para La voz del interior

–¿A qué se debe esa disposición a poner en relación objetos y fenómenos diversos?

–Me interesa la literatura antes que nada, pero soy consciente de que no hubiera podido sostener la literatura como cosa separada de las demás cosas del mundo. Y en relación con la imaginación, me parece, toda separación pierde un poco su sentido. Se trata de ver cómo lo imaginario nos atraviesa, nos arrastra y nos define.

"Los artistas y escritores son como los profesionales del reino de lo imaginario, pero en modo alguno tienen un lugar central en relación con esas fuerzas, por las que son arrastrados en el mismo sentido que, como se dice, cualquier hijo de vecino", señala Link. Y añade: "Si se trata de reivindicar una ética de lo imaginario ésta pasa precisamente por el sujeto qualunque".


La entrevista completa, acá.

martes, 26 de mayo de 2009

Hablando de finales...

American Idol: ¡qué final más puto!

por Maximiliano Potter para
RollingStone

Está más que claro que el triunfo de Kris Allen habla más de la hipocresía y el conservadurismo del público estadounidense que de las virtudes de este muchachito de Arkansas, amante de esas tibias baladas acústicas que tanto seducen a las chicas. En la tierra de la libertad, un gay está para ponerle voz a Cats o letra a Will & Grace, no para ser premiado en el espectáculo televisivo más importante del país. Menos si anda suelto por ahí revoleando las plumas, sacándose fotos travestido, besando tipos, y con un pasado de performances casi prostibularias, dignas de La jaula de las locas en un cabaret del infierno. No way.