lunes, 7 de mayo de 2007
Encuentro de editoriales independientes
domingo, 6 de mayo de 2007
Susan Sontag: Una conciencia atormentada
Siempre leí así la obra de Sontag, como la de una amiga distante a la que podía pedirle consejo. Nunca hubo entre nosotros una de esas ásperas discusiones que ponen fin a un idilio o una complicidad y que transforman a los viejos amigos en portaestandartes de bandos irreconciliables, pero de algún modo sentí que nuestros gustos estéticos y nuestros horizontes ideológicos se separaban. Teníamos, de todos modos, amigos en común (Barthes, Benjamin, Edgardo Cozarinsky). De Roland Barthes escribió en 1980: "«Ah, Susan. Toujours fidèle», fueron las palabras con que me saludó, afectuosamente, la última vez que nos vimos. Lo fui, lo soy".
Por supuesto, cualquier persona con dos dedos de realismo podrá argumentar que Sontag y Barthes (Susana y Rolando) fueron realmente amigos, mientras que yo sólo me inscribo en una relación inexistente y, aún más, imposible. Pero como no hay nada más imaginario que la amistad y la lectura repetida puede comprenderse como un pacto amistoso entre dos conciencias lejanas (en el tiempo y en el espacio), me considero con derecho a seguir manteniendo la impostura. Repito: siempre leí la obra de Sontag como la de una amiga y hablo de ella, ahora, en esos términos, para tratar de poner en negro sobre blanco nuestros desacuerdos.
Bovarismo intelectual Susana Domingo (o Susan Sontag, como la conocía todo el mundo), nació un 16 de enero de 1933 en la ciudad de Nueva York como Susan Rosenblatt, en el seno de una familia judía-americana. Cuando la niña tenía cinco años, su padre, Jack, murió de tuberculosis en China, donde se dedicaba al comercio de pieles. La que estaba destinada a convertirse en emblema de la gauche divine neoyorkina creció, sin embargo, en Tucson (Arizona), donde realizó sus primeros estudios y donde adquirió su apellido, por la vía del segundo matrimonio de su madre. A los doce años, Susan recibía de Nathan Sontag el regalo divino del nombre del padre.
Hizo su escuela secundaria en Los Ángeles (North Hollywood High School) y obtuvo su título de grado en
El matrimonio con el académico Riff le permitió a Sontag continuar sus estudios en las más diversas universidades (por ejemplo, estudios de filosofía, literatura y teología en Harvard University y en el Saint Anne’s College de Oxford). Pero todo llega a su fin. Después de ocho años de matrimonio, en 1958, se divorcian y Susan llega (¡por fin!) a Nueva York con sólo dos bultos (una valijita y su pequeño vástago), un bovariano hastío de la vida provinciana y grandes ilusiones.
El objetivo de esta muchacha de provincias es, naturalmente, convertirse en una "gran escritora" (ser simplemente "una escritora" no entró nunca en sus cálculos). En Al mismo tiempo se lee: "La lectura me salvó cuando era una colegiala en Arizona, mientras esperaba crecer, esperaba escapar a una realidad más amplia" (pág. 18). Crecer no es, para Sontag, ser abandonada por la infancia (o quedarse abrazada a la propia infancia como a un muerto-vivo), sino escapar "del provincianismo", "de los destinos imperfectos y de la mala suerte". Para escapar, precisamente, comienza, con habilidad de estratega, a investigar el reverberante mapa cultural neoyorkino y, al mismo tiempo, a pasar temporadas en París, su otra patria, donde prosigue su formación intelectual y sentimental.
En sus diarios de la época (que serán publicados el año próximo, pero que la voracidad periodística ya ha anticipado parcialmente), se leen sus encuentros con el amor que no osa decir su nombre: "Mi relación con Harriet [Sohmers] me perturba. Quiero ser espontánea, irreflexiva, pero la sombra de sus expectativas sobre lo que es tener un affair me desequilibra, me hace actuar con torpeza. Ella, con sus insatisfacciones románticas; yo, con mis románticas necesidades y nostalgias... Un regalo inesperado: es hermosa. Yo no la recordaba hermosa, sino más bien corpulenta y fea. No lo es, en absoluto. Y para mí, la belleza física es enormemente, casi mórbidamente, importante." (30 de diciembre de 1958).
Poco tiempo después la fama le llega por la vía más inesperada (como todo acontecimiento que se precie de tal). No por las novelas que va prolijamente escribiendo sino por el conjunto de ensayos en los que lee su época y en los que su época se siente leída, Contra la interpretación (1964). Ya nada podrá detenerla.
Susan Sontag murió el 28 de diciembre de
La sobrevivieron su hijo y su pareja durante sus últimos dieciseis años, la fotógrafa Annie Leibovitz, quien el pasado 19 de octubre inauguró en el Brooklyn Museum, como forma de hacer su duelo, una exposición con el título "Vida de una fotógrafa: 1990-2005" (a partir de mayo, en el High Museum of Art de Atlanta), con más de doscientas fotografías: sus célebres trabajos para Vanity Fair, pero también retratos intimistas de una vida en común con Sontag sobre la cual la fotógrafa ha declarado: "Palabras como «compañera» o «pareja» no formaban parte de nuestro vocabulario. Éramos dos personas que se ayudaban mutuamente en sus vidas. La palabra más cercana sigue siendo «amiga»". Ah, Annie. Toujours fidèle.
Otra elegía más Los restos de Sontag descansan (¿podía ser de otro modo?) en el cementerio parisino de Montparnasse, pero su pensamiento vivo habita nuestras bibliotecas, va y viene en nuestra imaginación y en nuestra conciencia. Fue una testigo privilegiada de su tiempo, con el que consiguió desarrollar una relación de profundo desconcierto que muchas veces la llevó a las afirmaciones más peregrinas. Como su tono fue siempre muy solemne y parecía fundar sus juicios en no se sabe bien qué lecturas, porque no las citaba, la gente tendía a no darse cuenta de los disparates que decía, como la absurda teoría sobre la "hipernovela" que atribuye, en Al mismo tiempo (pág. 225), a una vaga conspiración de académicos hostiles a la literatura. ¡Susan, cómo nos reimos!
El 9 de diciembre de 1961 anotó en su diario: "El miedo a envejecer nace del reconocimiento de que uno no está viviendo la vida que desea. Es equivalente a la sensación de estar usando mal el presente."
Esa sensación de usar mal el presente, ese miedo a la vejez (es decir, al tiempo), domina los dos libros que ahora podemos leer en castellano. Y es por eso que Sontag vuelve sobre sus propios pasos para corregir sus dichos o para ponerlos a la altura que ella siempre consideró que merecían. Hay mucha moralización en sus dos últimos libros, y esa moral se asocia con un sentido de final y desacomodamiento respecto del presente. "El arte facilón actual ha dado luz verde a todo" se lee en "Un argumento sobre la belleza" (incluido en Al mismo tiempo). En "La idea de Europa (otra elegía más)" (incluido en Cuestión de énfasis) no sorprende el paréntesis, porque declara el tono elegíaco de todas y cada una de sus intervenciones, sino más bien la persistencia en aferrarse a esa cosa muerta: "Si he de describir lo que para mí representa Europa como estadounidense, comenzaría por la liberación. La liberación de lo que en Estados Unidos pasa por cultura. La diversidad, seriedad, exigencia, densidad de la cultura europea constituyen un punto de Arquímedes desde el que puedo, mentalmente, mover el mundo". ¿Será que en esa desesperanza chic terminan los sueños de infancia de las chicas de Arizona? Envejecer como una relectura.
Pasado y presente Sería imposible decidir ahora, aquí, si las impresiones de Susan Sontag sobre el arte actual son correctas o no, pero lo inevitable es la constatación de que coinciden, grosso modo, con las impresiones de los enemigos históricos del alto modernismo y que, por citar sólo dos obras que ella ha transitado reiteradamente, ni Walter Benjamin ni Roland Barthes se hubieran atrevido a sostener.
Sobre Barthes, Sontag había escrito ya en Bajo el signo de Saturno (1972) un ensayo admirable al que poco agrega el que leemos en Cuestión de énfasis. Sobre Contra la interpretación, ese libro capital de los años sesenta, son tantas las correcciones que Sontag cree necesario introducir en el prólogo a la edición de su trigésimo aniversario, que casi no dan ganas de releerlo. ¡Qué lejos estamos de esas palabras que llaman a la resistencia y a la rebeldía en el posfacio a la edición española de Estilos radicales (la traducción tardía, 1985, del segundo libro de ensayos de Sontag, de 1969)!
En 1968, contra su propia expectativa, Sontag publicó su Viaje a Hanoi (un documento imprescindible para comprender la relación de los Estados Unidos con Vietnam). La experiencia vuelve en "Cuestiones de viaje" (incluido en Cuestión de énfasis), pero esta vez sólo para destacar la imposibilidad de conocimiento verdadero que involucra toda visita organizada a un "estado revolucionario".
Ante el dolor de los demás (2003), su corrección de Sobre la fotografía (1977), vuelve en "Ante la tortura de los demás" (incluido en Al mismo tiempo), texto significativo porque en él se notan los riesgos de los comentarios culturales sin una teoría sobre la cultura (o al menos alguna hipótesis consistente y duradera) que los justifique. Con la gravedad, la elegancia y la inteligencia que siempre la caracterizó, Sontag analiza el escándalo suscitado por las fotografías en las que alegres soldados estadounidenses torturaban a prisioneros iraníes en la cárcel de Abu Ghraib. "Sí, al parecer una imagen dice más que mil palabras", concluye Susan. "E incluso si nuestros dirigentes prefieren no mirarlas, habrá miles de instantáneas y videos adicionales. Incontenibles". Ese carácter incontenible, inocultable, de la barbarie reposa en un dato insoslayable de "nuestra" cultura: la digitalización. De modo que si es posible sostener una protesta enérgica contra las fuerzas más abyectas del capitalismo imperial, esto sucede precisamente gracias a una de las características de esa misma cultura de la que, en otros tramos del libro, se abomina.
Mariposeo y contradicción Hay en estos dos libros últimos de Sontag un mariposeo intelectual (lo que se reconoce como "pluralismo norteamericano") y un par de contradicciones irreductibles:
1) entre «lo viejo» y «lo nuevo» ("No podemos deshacernos de lo viejo porque en él está invertido todo nuestro pasado, nuestra sabiduría, nuestros recuerdos, nuestra tristeza, nuestro sentido del realismo. No podemos deshacernos de la fe en lo nuevo porque en ella invertimos toda nuestra energía, nuestra capacidad de optimismo, nuestro ciego anhelo biológico, nuestra capacidad para olvidar: la capacidad curativa sin la cual toda reconciliación es imposible");
2) entre la escritora y la intelectual ("la escritora en mí desconfía de la buena ciudadana, de la «embajadora intelectual», de la activista a favor de los derechos humanos" ("La literatura es la libertad" en Al mismo tiempo), que vuelven paradójicas todas las protestas (por otra parte, fundadísimas) en contra del antiintelectualismo de la cultura norteamericana, del cual Sontag no puede (y a veces, ni siquiera quiere) escapar: ¿por qué se citan como biblias de todo y cualquier razonamiento La democracia en América de Alexis de Tocqueville y La deshumanización del arte de Ortega y Gasett, sino por pereza o desconfianza intelectual ante formas de pensar más contemporáneas?;
3) entre, si se cruzan las dos contradicciones anteriores, radicalidad y conservadurismo. No es un ingrediente menor del cariño que nos inspira, que Susan Sontag haya conseguido construir una obra enérgica, severa, caprichosa y chisporroteante, en el borde exacto en el que entran en colisión esas posiciones irreductibles.
Recuadro 1: Ficciones y otras yerbas
Aunque se pensó a si mismo como una novelista, no fue sino hasta el año 2000, con la obtención del National Book Award para In America que fue reconocida como tal. En su vasta producción, sólo otros cinco libros de ficción: El benefactor (1963), Death Kit (1967), Yo, etcétera (relatos, 1977), The way we live now (relatos, 1991) y El amante del volcán (1995) no habían alcanzado, antes, el mismo grado de reconocimiento que su producción ensayística. Realizó cuatro películas: Duet for Cannibals (1969), Brother Carl (1971), Promised Lands (1974), rodada en Israel durante la guerra de octubre de 1973, y Unguided Tour (1983), basada en un cuento propio. Escribió tres obras de teatro: A Parsifal (1991), Alice in Bed (1993) y Lady from the Sea (1999) y dirigió el montaje de puestas célebres como el primer acto de Esperando a Godot de Beckett en Sarajevo durante el sitio de 1993 (en Cuestión de énfasis, dos textos se refieren a esa experiencia y a la idea de Europa que traumáticamente con ella se asocia).
Pero es en el ensayo donde la escritura de Sontag brilla con luz propia por su claridad, su elegancia y su erudición un poco rancia. Sus primeros ensayos, más fragmentarios y aforísticos, cedieron paso a colecciones más meditadas y razonadas de cuestiones ligadas tanto con el arte y la cultura como con la política, entre los cuales estos dos últimos, Cuestión de énfasis y Al mismo tiempo funcionan como una retrospectiva algo tendenciosa de lo que podía leerse en libros anteriores.
Al mismo tiempo se organiza en tres secciones: la primera recoge principalmente prólogos a traducciones de la más exquisita literatura europea y la última, conferencias pronunciadas en ocasión de los varios premios que se otorgaron a Susan Sontag (la más impresionante: el discurso de aceptación del premio de los libreros alemanes, que comienza con un contundente ataque al gobierno de Bush, que no envió representante).
En el corazón del libro, como formando parte de su sustancia medular, las reflexiones posteriores al 11.09.2001. De acuerdo con el método de revisión y corrección de las palabras propias, el primero de los tres es el más contudente (el más indignado, el más lúcido) sobre la posición de la opinión pública norteamericana ante los atentados. El segundo, "Unas semanas más tarde", ya espera "que se esté planeando algo inteligente para mantener a nuestras poblaciones a salvo de la yihad contra la modernidad" (como la traducción española no es precisamente buena, tal vez no se entienda que el acento está puesto en "algo inteligente", es decir, algo diferente de los previstos bombardeos a gran escala; de todos modos la identificación entre Torres Gemelas y modernidad no deja de alarmar. El tercero, "Un año más tarde", "ni por un instante" pone en duda "la obligación del gobierno estadounidense, como todo gobierno, de proteger la vida de sus ciudadanos"; "Estados Unidos tienen todo el derecho del mundo a dar caza a los perpetradores de estos crímenes y a sus cómplices". Lo único que se pone en duda es la "seudodeclaración de una seudoguerra".
Es probable que la ausencia de una esfera relativamente autónoma de opinión pública en los Estados Unidos obligue a sus intelectuales a piruetas argumentantivas como ésas, pero de todos modos siempre será un misterio la reticencia de Sontag a nombrar a otros intelectuales norteamericanos (Noam Chomsky, por ejemplo), o su falta en todas las listas de adhesiones que publica en Internet el movimiento "Not in Our Name" de resistencia contra la guerra imperialista.
viernes, 4 de mayo de 2007
Preguntan si...
1. ¿Cómo se aproximó originalmente a la obra de Mario Bellatin? ¿Qué le atrajo de ella?
Llegué atraído por un canto de sirena que decía que la obra de Mario era de las más interesantes que se estaban escribiendo en castellano. Me atrajo especialmente esa capacidad que muy pocas obras tienen de aparecer en cualquier parte, en todas partes.
2. Me gustaría que me dijera a qué lo remite el trabajo de Bellatin. Sé que todos los libros son diferentes, pero comparten una atmósfera muy particular: ¿podría contarme un poco su experiencia como lector en este sentido?
Los textos de Mario Bellatin se dejan leer como efectos de una catástrofe de la que no se nos habla. Ésa es la atmósfera y ése es el tono que todos comparten, aún en su diferencia. Por supuesto, cada vez que leo un texto de Bellatin no puedo dejar de pensar en Kafka.
3. ¿Cómo conoció a Mario Bellatin? ¿Tiene alguna anécdota al respecto?
Lo conocí en México, después de haber hablado por teléfono con él un par de veces y haber decidido que era una persona sumamente antipática. Por fortuna nuestro encuentro sirvió para demostrarme qué idiota era yo: Mario es una persona encantadora, con el agudísimo sentido del humor de los melancólicos profundos. Todavía usaba, entonces, su brazo ortopédico ideado por
4. ¿Le parece que el trabajo literario de Mario Bellatin va más allá de sus libros?
Por supuesto. Los libros de Mario son apenas la parte más visible de una obra compleja cuyo tema es, antes que nada, el arte de vivir.
5. ¿Qué opina de quienes dicen que Bellatin es, en realidad, un artista plástico y/o un artista conceptual? Muchos de sus admiradores dicen eso –y también muchos de sus detractores.
Bellatin es un artista a secas, lo que no es poco. Es lógico que su voracidad lo lleve a incorporar en su trabajo aspectos de otras disciplinas. Por otra parte, ¿hay arte que no sea conceptual? Perros héroes, por ejemplo, no es sólo una novela (si es que puede decirse de ese libro que sea una novela), sino un evento estético de larga proyección sintáctica, una de cuyas partes es el texto de Perros héroes.
6. ¿Conoce el proyecto de "las manos" de Mario Bellatin y Aldo Chaparro? ¿Qué opina de eso?
Conozco el proyecto de "las manos" y he colaborado con él. Sugerí que una de las prótesis debería ser una réplica de la lengua más aguda de la crítica latinoamericana.
7. Mario parece estar siempre metido en proyectos muy complejos y, por decirlo de alguna manera, multidisciplinarios. Muchos de ellos no han cuajado y son sólo parte del imaginario de Bellatin. ¿Conoce algún proyecto que Bellatin se haya planteado, le haya compartido y que, después, no se haya concretado? ¿Cree que, a partir de estos proyectos, surgen nuevos
libros o nuevos proyectos para Mario Bellatin?
Mario sabe, porque es un gran artista, que no hay proyecto que no se concrete: que la sola idea de imaginar una obra es ya hacerla. Lo demás sería artesanía.
8. ¿Qué le hace pensar la siguiente afirmación: "Mario Bellatin es Dios"?
Absolutamente nada, como todo enunciado totalitario.
9. Me han dicho varios entrevistados que a Mario Bellatin "le suceden cosas" y que él se limita a poner esas "cosas" en sus libros. ¿Qué opina de eso?
Mario es de una percepción aguda, casi sobrehumana. Yo mismo he sido testigo del proceso de transformación de la escucha de algo banal en un texto sorprendente. Es verdad: Mario escucha el murmullo, el lamento del mundo y hace, con eso, arte.
10. ¿Cuál es su libro favorito de Mario Bellatin?
El próximo, porque es el que espero con más impaciencia.
11. ¿Qué cosas comparten Mario y usted como escritores o como personas dentro del medio literario?
Creo que los dos aspiramos a un mundo menos desgarrado y menos cruel. Un poco por eso, ambos desdeñamos (pero tal vez sea abusivo que yo le atribuya sensaciones y posiciones) la vanidad y la jactancia del "mundillo literario", que muchas veces se parece a una asociación de exalumnos o a un club de compañeros de trabajo en alguna entidad financiera.
12. ¿Qué libro recomendaría leer a quien no se ha aproximado a la obra de Bellatin?
Su Obra reunida, naturalmente.
13. ¿Qué libro no recomendaría leer de Mario Bellatin?
…
14. ¿Por qué cree que Mario Bellatin tenga tan buena recepción en Argentina, mejor que en otros países latinoamericanos, incluyendo México?
Supongo que por su peculiar conformación, Argentina es un país que ha perdido más rápidamente toda ilusión nacionalitaria, lo que nos permite, a los argentinos, entregarnos a los placeres y los goces de lo imaginario sin los mandatos y las constricciones que imponen la xenofobia y el chauvinismo. La literatura de Mario Bellatin parece distante de la vida cotidiana de cualquier latinoamericano (incluidos los argentinos) y tal vez ése sea uno de sus méritos agregados: permite a los lectores no tanto la evasión por la vía del exotismo, sino la constatación de que la literatura, siempre, está en otra parte.
Entrevista a Daniel Link de Julieta García para revista El Gatopardo.jueves, 3 de mayo de 2007
Jorge Di Paola y Witoldo Gombrowicz
por Raúl Escari
Había escrito el título de este apartado (siempre pongo el titulo antes de empezar, como Link), cuando llegó Alfredo Prior para almorzar juntos.
Ya lo estaba esperando pero puse, sin embargo, el título para no olvidar el episodio que afloró esa mañana a la conciencia y no olvidarlo, escribirlo más tarde, cuando se fuera Alfredo.
Almorcé agradablemente con él en el club Eros, a una cuadra de casa. Al fin del ágape dormí una siesta mayúscula apuntalada por tres gramos de Ryvotril (que es mucho). Dormí como un rey pero me desperté entre vapores ansiolíticos. Decidí comunicarme con Beba Eguia, quien me había llamado desde Princeton por la mañana pero a quien debí cortarle, acuciado por necesidades artificiales poderosas: un fuerte laxante que justo comenzaba a producir el efecto esperado.
Para salir de los vapores pensé esta noche llamar a yo a Beba, quien siempre, en su brujería disimulada y blanca, me despierta las neuronas necesarias para escribir –si quiero escribir- de un modo espectacular. Me levanta la moral.
Pero la historia depara regularmente sobresaltos. Esta vez, al poco de hablar terminó por darme la noticia: se murió Dippi, dijo.
Jorge Di Paola estaba enfermo desde hacia tiempo, tenia dificultades motrices y hace unos diez días tuvo un nuevo ataque cerebral que lo había dejado sin habla.
¿Otra vez el azar objetivo? Ya había pensado en Carlos Correa, en Montevideo, a la misma hora (lo averigüé después) en la que él se tiraba por la ventana. Y ahora, después de la charla prevista con Beba, pensaba sentarme a escribir el episodio "Di Paola-Gombrovicz". Para atenerme al destino, empiezo el relato con las dos primeras frases que había escrito antes de llegar Prior, después del título.
*
Una noche cenamos en casa de Norma Bertol, quien recibió a Beba Eguia, Ricardo Piglia, Roberto Jacoby, Delia Cancela, Jorge di Paola y yo.
Terminamos una cena riquísima y pasamos al salón, donde Ricardo o Norma pusieron música de jazz norteamericano.
Ricardo, a bocajarro, cosa que yo no me hubiera atrevido a preguntarle (de boludo), le pidió a Dippi que contara su encuentro con Gombrovicz, al que el autor de Ferdydurke hace mención en su Diario.
Witoldo (como lo llaman aquí sus allegados) acababa de desembarcar en Tandil y, como siempre cuando llegaba a un lugar desconocido, fue a la alcaldía y pidió conocer a los jóvenes intelectuales lugareños. Sufría de problemas respiratorios y una amiga le había pagado una estancia en Tandil, conocida por la pureza del aire y el efecto benéfico para el asma.
Dippi, que por entonces tenia dieciséis anos, se encontró en la calle con unos muchachos veinteañeros, poetas, cuentistas, que su precoz tendencia por la escritura lo había llevado a conocer y frecuentar, pese a ser mucho menor en edad.
Los muchachos le ofrecieron acompañarlos; iban a un café, dijeron, a encontrarse con un intelectual polaco residente por entonces en Buenos Aires.
Dippi se unió al grupo y, cuando llegaron al establecimiento, Witoldo ya estaba instalado en una mesa, leyendo un diario local.
Se hicieron las presentaciones correspondientes, se ubicaron en la mesa cuadrada demasiado chica para tantos dispuestos a escuchar al desconocido Maestro. Gombrovicz tomo una hoja de papel y al empezar a escribir su nombre, dijo, con su marcado acento polaco:
-Tengo un nombre difícil, dijo y acto seguido dibujó una a una las letras de su nombre: una W, una I, una T, una O, hasta que Dippi que seguía la escritura del maestro, exclamó ante la sorpresa del novelista:
-Witold Gombrovicz.
-¿Me conoce? -respondió atónito el escritor.
Sólo hacia dos meses que había salido la versión en castellano de Ferdydurke, redactada por un comité de traductores que incluía al Maestro y dirigía el cubano Virgilio Piñera, entonces en Buenos Aires. Se publicaron pocos ejemplares en una editorial para mí desconocida, Arcos. La edición era muy limitada y pasó desapercibida en los medios.
Dippi había leído Ferdydurke en
Se lo dijo a Witoldo como pudo, tal vez con un discurso seguramente vacilante y aproximativo, producto de la emoción y la timidez. Al menos es lo que a mí me hubiera ocurrido ante esa situación y supongo que a él también.
Gombrovicz lo escucho con atención y, al término, dictamino, por lo alto:
-Lo nombro mi secretario personal -y retomó su monologo-fobia por las modas literarias francesas en el lugar en que había suspendido su diatriba. Ya la charla derivaba y Dippi preveía el inevitable olvido de su propuesta. Ansioso, temeroso de perder para siempre la posibilidad de ser su secretario y armándose de coraje, exclamo:
-¿Y qué debo hacer como secretario?
Tras una breve reflexión, Gombrovich respondió:
-Prácticamente nada.
*
La primera vez que lo ví, Dippi y yo deberíamos tener diecisiete-dieciocho años. Yo estaba en la revista El Escarabajo de Oro y él asistió a una o dos de las reuniones de la revista celebradas los viernes en el café Tortoni. "Lo ningunearon", dijo Piglia mucho después, una noche en casa de Roberto en la que hablamos de Dippi. Era una cena organizada por Roberto para recibirme porque acababa de desembarcar en Buenos Aires y por ello desconocía la palabra dicha por Ricardo, pero comprendí su significado y coincidí ampliamente con él. Dippi por entonces acababa de publicar una obra de teatro con prologo de W.G.
Pasaron mas de treinta anos (los viví en Europa y no fueron ilusorios). A mi vuelta lo encontré con inesperado placer en circunstancias que nos reunían sin que ninguno de los dos lo decidiera. Nos vimos en casa de Norma, en lo de los Piglia, y unas dos veces en
Mi último contacto con él fue telefónico. Yo estaba en casa de Beba cuando él la llamó desde Tandil. Al rato de hablar, Beba me dijo que tomara el aparato de la otra pieza y tuvimos una charla a tres.
Ese día Beba debe de haberle hablado de dinero porque los Piglia (lo supe por otros) le pasaban algo de plata. Dippi no tenía un peso. Fue al término del tema financiero cuando Beba me incluyó en la plática.
Alcé el tubo en el momento mismo en que Dippi se disponía a contar su construcción de "varitas mágicas". Lo que le exigía arduas lecturas, antiguas, en general, difíciles de conseguir, cabalísticas o de alguna otra rama esotérica y medieval.. Lo que contaba ya era mágico, el oyente que era yo escuchaba fascinado, pero él todavía no se había lanzado a su fabricación material.
Hoy, Beba, después de anunciarme su muerte, me dijo que Kiwi escribió un artículo que distribuyo por Internet y que dice que Dippi hacía feliz a la gente.
Las varitas mágicas las expuso en Belleza y Felicidad. Pero yo estaba en París y no pude verlas.
Más de y sobre Di Paola, acá.
De blanco te esperé, tan solo para vos
Presentaron un proyecto para legalizar las uniones entre homosexuales y permitirles adoptar hijos
Quince diputados de distintos sectores políticos presentaron un proyecto en la Cámara baja para autorizar, mediante una reforma del Código Civil, el matrimonio entre personas del mismo sexo y la adopción de niños por parejas homosexuales.
La iniciativa cuenta con el respaldo de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (Falgbt) y recibió en el Congreso Nacional el impulso del diputado socialista Eduardo Di Pollina, autor del proyecto, luego refrendado por otros colegas del socialismo, ARI y el kichnerismo, entre una amplia gama de partidos progresistas.
Di Pollina alegó que la Constitución Nacional, reformada en 1994, prohíbe toda forma de discriminación y consagra la igualdad ante la ley, principios también consagrados por tratados internacionales que la Argentina incorporó con fuerza de ley a su Carta Magna.
miércoles, 2 de mayo de 2007
Correspondencia: Nora Lezano - 17 años en media hora

"PAPEL TRANSPARENTE SOBRE PAPEL TRANSPARENTE"
(un video que muestra en sólo media hora una selección de material registrado en cuadernos de trabajo, fotos privadas, mensajes de contestador, dibujos, videos, mails y collages, acumulados durante 17 años).
n.
Fecha: 4 de Mayo de 2007 a las 19 horas Centro Cultural San Martín: Sarmiento 1551 - Hall de la sala AB Entrada libre y gratuita
Vuelve la Constituyente
Zaffaroni propone reformar la Constitución
LONDRES.- El título de la exposición en Chatham House, la prestigiosa sede del Royal Institute of International Affairs, era "Minorías, la ley y el Poder Judicial", pero el disertante, el juez de la Corte Suprema Eugenio Raúl Zaffaroni, aprovechó el ilustre oratorio para llamar a un debate profundo sobre el sistema de gobierno argentino con vistas a una eventual reforma constitucional.
"Yo creo que el modelo presidencialista está agotado en la Argentina. Ya no ofrece ningún efecto positivo y hasta es dañino", subrayó ante una audiencia de académicos y diplomáticos. "Nuestros controles constitucionales son débiles. Tenemos que ir en busca de más chequeos y balances. Estamos siendo testigos de la desaparición de los partidos políticos -destacó-. Elegimos a nuestros representantes mediante un sistema electoral proporcional que tiende a la atomización de las fuerzas políticas. Esto divide y debilita al Congreso, el cual pierde tanto su poder de contención del Ejecutivo como el de legislar, abriendo así el camino a "decretos de emergencia", una práctica que ha sido nefasta para nuestro país."
martes, 1 de mayo de 2007
El qué dirán
CULTURA Y MEDIA
Se trata del 2° Encuentro multidisciplinario sobre el uso creativo de nuevas tecnologías y el desarrollo de las nuevas tendencias en el arte y
Fechas: 3 al 6 de Mayo de 2007 desde las 18 hasta las 23
Centro Cultural San Martín: Sarmiento 1551
Entrada: libre y gratuita (salvo los shows del Ciclo Nuevo! cuya entrada vale $1)
+ info en: www.ccgsm.gov.ar / ccgsm@buenosaires.gov.ar
Diseño italiano

Nicolás Alberto González Varela, que me envió el vínculo (¡gracias!) se manifestó entusiasmado con el macinapepe. Yo no lo recomendaría.
lunes, 30 de abril de 2007
Serendipity
por Kiwi Sainz
SERENo marchó DIPI hacia la próxima juventud. PITY! ¡pucha! Joróbense todos los que no llegaron a conocerlo, que era igual a disfrutarlo. Bastaba un mínimo de humor y/o una pizca de curiosidad para atravesar un primer lejos tal vez demasiado idiosincrático, que los distraídos poco elegantes podrían confundir con un too much clochard. De todos modos él tenía tanto humor que si veía que valía la pena hacer dúo con vos te regalaba un poco del que le sobraba (porque lo prodigaba) y te invitaba a hacer de la amistad un "numerito” permanente de clowns. Y su inteligencia era tan generosa que hasta creías por un instante que la gracia era tuya.
Escritor de fábula, clown de las pampas, hechicero movedizo de Tandilia.
Él mismo era pura serendipity: descubrimiento (y descubridor de extrañezas: verdadero cool y head hunter), científico (el mundo era su laboratorio: con un físico tandilense tuvieron un show de tv que era un Cosmos de Carl Sagan pero de espíritu más etílico), afortunado (millonario en amigos y AMIGAS MUJERES), inesperado (un grado de imprevisibilidad que ponía a prueba en nosotros su fe en él una y otra vez) y accidental (hacía del accidente su esencia cómica y como verdadero trapecista del instante caía siempre bien parado).
Cómo se iba morir Dipi si siempre vivió recontra hecho pomada, y epur si muovia; si aun en versión termoserrana era de la raza highlander. Se enferman y mueren los saludables, no los achacosos. En la contratapa de su primer libro, La virginidad es un tigre de papel de 1974, el periodista Enrique Raab ya catalogaba algunas de sus nanas -que lo antecedían como fama: "fémur desenchufado, clavícula derrengada"... Pura coquetería.
Más que la enfermedad como dolencia (nunca se quejaba de lo realmente doloroso) era la enfermedad como posibilidad de relato y excusa para conocer gente, ¿chicas?
Nuestra primera vez fue un cruce en el kiosko Buena Estrella de la plaza de Tandil: él rengueando con ese tempo y elegancia tan teatral (se desplazaba por el mundo en estado escénico), levantó su manito en gesto gag mínimo tan suyo (como diciendo no es para tanto pero saludame que me gusta y te va a hacer bien). Era un político del slapstick (Fue candipidato a intendente de Tandil). Yo venía de mucha tuberculosis. ¡Genial! El encuentro fue perfecto.
Coreografiamos nuestras historias clínicas un rato y luego nos olvidamos para disfrutarnos "de chiripa" en muchísimos encuentros fortuitos y gustosos: el boxeo, la cumbia pre snob, hasta un día me sorprendió llamando como legítimo escuchador al programa de Víctor Hugo en Continental en el que yo participaba como columnista. ¡Aluciné!
Pero, ¿quién soy yo? Me alcanzaría con ser reconocida como amiga del Dipi (una categoría sublime). Me encantaría decir que soy uno de sus inventos, que me inventé a partir de haberlo conocido a él y a las personas que me regaló. Para decirlo fácil y precisa: le debo la felicidad. He vivido "Bajo el signo de Dipi", como si fuese mi cielo protector. Me regaló un marido divino que ahora es mi nieto. Y adivino que no fui la única que recibió tanto de él. Así como hay chicas Divito habrá chicas DipiTo (sin excluir lo sexual, que aunque parezca increíble siempre estuvo presente en su relación con las mujeres y que muchos hombres jamás comprenderán: ¿qué le ven!). ¿Será porque siempre fue joven? "La Fiera de Tandil", dice Bizzio en su maravilloso texto. Siempre rodeado de mujeres hermosas, intensas y divinas y no sólo para los dipi-ojos de él sino para otros más convencionales también. Y lo más genial era que el hecho de que las mujeres estupendas gustaran de él al Dipi le parecía natural. ¡Un Kpo!
Era tan moderno que los libros de marketing viral debieran nombrar la Ley de Dipi, The Diping Point, por jugar con un título al azar pero pertinente (The Tipping Point de Malcom Gladwell). El Dipi fue eso en muchos de nosotros: momento clave, punto de inflexión. Escojo frases al azar de este libro de moda de marketing viral cuando se refiere a esas personas claves: los Conectores, aquellos agentes valiosísimos capaces de comunicar y cruzar mundos, que cuando algo pasa por él adquiere otra dimensión y se vuelve contagioso, epidémico porque sabe expandirlo y mejorarlo : "La importancia de lo no verbal", "la persuasión como conversación" y "la conversación como una danza", "utilizar la narración como una forma de organizar el mundo", ¿no están hablando acaso del Dipi? Ay, qué problema es ser tan moderno en el lugar equivocado: las empresas pagan fortunas por conocer gente así. Ay, Dipi, casi hubieras sido millonario.
No pude lograr a aprender de Dipi a vivir como aristócrata. Su estilo era inimitable y yo me obstinaba infructuosa en plagiarlo.
Hace unos días, llegué al hospital de Tandil. Estaba rodeado y cuidado por un colchón de amigos y amigas. Tropezándome (típico) entré en puntitas de pie y le hice unos pasecitos mágicos con la varita de tamarindo que había diseñado para mí . Lo mismo que hubiera hecho él. Sólo que en el viaje largo la varita se me quebró. Creí curarla con una curita (estaba en un hospital, ¿no?). No alcanzó. Vimos Lost (le gustaba la tele) y luego sin perderse se escapó hacia su nueva juventud.
No hay nada para charlar
La mayor marcha contra Botnia paralizó Entre Ríos
Unas 130.000 personas volvieron a reclamar la relocalización de la pastera
GUALEGUAYCHU.- Las palabras estaban de más, ayer, sobre el puente internacional General San Martín, que une a la Argentina con el Uruguay. En la mayor movilización de la que se tenga memoria en la historia de esta ciudad, unas 130.000 personas manifestaron con su presencia un contundente y renovado rechazo a la instalación de la pastera Botnia en la vecina Fray Bentos, mediante un abrazo simbólico al río Uruguay.
Libros recibidos
por Beatriz Sarlo
En Escritos sobre literatura argentina (Siglo XXI), Beatriz Sarlo ha recopilado los artículos que escribió desde los años 80 hasta hoy. La autora reflexiona sobre su aprendizaje y su madurez, al mismo tiempo que evoca los conflictos intelectuales de ese período.
Gracias a Rest entendí qué extraño tipo de objeto era un poema. Nos había pedido que leyéramos "The Tiger" de William Blake para la clase siguiente. La biblioteca del Instituto de Literatura Inglesa estaba en un sótano de la calle Reconquista, y yo me mantenía sentada a una de sus mesas tratando de comprender los versos de Blake, sin lograr el menor vestigio de sentido. Me tomaba la cabeza y repetía esos versos que me parecían demasiado sencillos y demasiado abstrusos al mismo tiempo. Como Rest daba vueltas por allí, le pedí auxilio. Juntos leímos el poema y yo sentí que las palabras iban soltando algo. Hasta ese momento habían estado petrificadas sobre la página, pero, de pronto, empezaron a cruzarse en un orden que no repetía simplemente la horizontalidad de la escritura. Aprendí, sin darme cuenta de lo que estaba aprendiendo, que un poema no es sólo sucesión sino espesor semántico y espesor espacial de figuras. Parece increíble, pero mientras Rest hablaba, yo iba percibiendo la estrategia de una lectura (aunque en ese momento no hubiera usado la palabra estrategia).
sigue acá.
domingo, 29 de abril de 2007
Dicen que...
por Juan Terranova para Perfil (domingo: 29 de abril de 2007)
"La mayoría de las entregas que integran esta novelita fueron publicadas previamente en Linkillo (cosas mías) en las fechas que se indican en cada caso. Los hechos y los personajes son ficcionales y cualquier semejanza con la realidad es mera homonimia o coincidencia". Ningún lector más o menos avispado creerá esta advertencia inicial. Montserrat no tiene "coincidencias", poco exhibe de "novelita" y mucho de diario íntimo. Y si es verdad que el libro se puede atravesar sin percatarse de que fue publicado íntegramente en un blog, las marcas son visibles y el conjunto presenta una exploración de la revolución digital, y las posibilidades de sus géneros, menos arrebatada que La ansiedad, novela anterior de Daniel Link. Por otra parte, es sabido que ninguna escritura prescinde de la pátina de la ficción, y mucho menos lo hace ésta. Luego, más allá de los dulces entramados de situaciones domésticas -un ominoso vecino sospechado de loco, superpoblación de verdulerías, la sorpresa de descubrir a Marcel Duchamp como un ex vecino-, el barrio del título aparece como nucleo fuerte de la estructura narrativa. "Nuestras instituciones son sólidas, al igual que nuestro modo de vida", escribe Link en referencia a su hábitat.
Así, contra todo pronóstico que vaticinaría un libro fragmentario, incluso inconexo, aflora una sutil trama donde el barrio es el protagonista principal y el acercamiento del autor a sus características, sus verdades y sus secretos, un movimiento económico y justo. Es posible encontrar, en cada entrada, frases de extraña belleza teórica: "Con la microscopía barrial pasa lo mismo que con las grandes películas de Warhol y la Recherche de Proust: modifican el régimen de percepción".
Jugando a reivindicar la tradición de Boedo y los lugares periféricos, Link exagera la importancia de, entre otros, Álvaro Yunque -"uno de los grandes escritores argentinos", dice- por su pertenencia geográfica. Pero la operación rinde y, mientras el barrio se mistifica, el humor y ciertas escenas descarnadas redondean un libro equilibrado, que llega al lector con una amabilidad y una solvencia que se agradecen. Quizá, bastante rápido después de las primeras aproximaciones, hoy sea el momento de libros que usan la Web como soporte primero y laten, como Montserrat, a un ritmo urbano que no deja de ser en ningún momento fervientemente íntimo.
Notas para un homenaje a Dipi Di Paola
NOTAS PARA UN HOMENAJE A DIPI DI PAOLA
1
¿No es increíble que alguien llamado Dipi pueda también llamarse Jorge?
Mi lista de lo que podría llamar "maestros" es larga, pero a los veinte años tuve tres al hilo: dos de ellos no vienen al caso ahora, y Dipi. Ninguno de los tres tuvo nunca el propósito o la intención de enseñarme algo, propia del maestro que se asume como tal, pero nadie promovió como Dipi la idea de que tampoco había nada que escuchar. La ecuación era perfecta: un maestro que no enseña, y un discipulo que no escucha. Pero no había presencia menos inocente que la suya. Siempre sospeché que Dipi me ahorraba a consciencia el error que él mismo cometió con Gombrowicz, que fue escucharlo, lo cual puede parecer una herejía a quien no estuvo entre sus garras. La extravagancia del maestro de mi maestro me resultaba menos interesante que agobiante, pero Dipi era un festín. A mí no solamente me sorprendían su literatura (en esa época leía y releía los cuentos de La virginidad es un tigre de papel) y su por decirlo así- forma de ser, sino la combinación de esos extremos: la escritura sutil, casi epigramática y cargada de sentido, con la falta de seriedad más aparente que he visto en alguien durante años.
3
Estoy seguro, y a veces también lo creo, que la eterna dificultad de Dipi con el dinero, con el trabajo pago, es una forma loca y paradójica de la generosidad. Dipi no tiene nada porque lo ha dado todo sin renunciar a nada. Una vez me dijo que su problema eran los chistes. Que se hacía chistes en contra, que se tomaba el pelo a si mismo. Fue un momento dramático, porque se había quedado sin casa y no tenía dónde vivir. Hay que tener mucho valor para reconocer que "el problema" está justo ahí donde nadie mira. Esa fue toda una lección: a lo evidente, sumarle siempre lo central.
4
Basta leer su cuento "La forma" para notar que los sueños literarios de Dipi suelen ser geniales. Al lado de Dipi el iceberg de los paranoicos es nada. (También inventó el "viento tubular", en Minga!). Pero un artista, además de soñar, debe dormir. A mitad de camino entre el insomne y los grandes dormilones del arte (desde Finnegans hasta Eno) Dipi dormía literalmente salteado. No de día en día, como suelen hacer los adolescentes que le copian la energía, sino de hora en hora, y hasta de minuto en minuto. A mí me llamaba mucho la atención lo discontinuo de su descanso. Y más que eso todavía el audio que lo hacía particular: unos gritos ahogados, como de tenista. Lo inquietante de su manera de dormir alcanzaba su forma más alta en aquellas ocasiones en que había visitas, teniendo en cuenta que además de todo Dipi fue siempre bastante imprevisible. A veces abusaba de su capacidad de aparición y desaparición relacionada con el descanso. Cuando mis padres, que lo querían mucho, venían de visita, por ejemplo, podíamos estar cenando y charlando amablemente y de pronto, en mitad de una frase, Dipi desaparecía. Era una desaparición silenciosa y fluida, es decir: se levantaba con una cierta naturalidad inherente a la cena misma. Uno podía pensar que había ido a la cocina a buscar la sal, y entonces la charla quedaba cortésmente en suspenso, a la espera de su regreso. Pero de pronto se oía un grito de tenista en el dormitorio. Eso podía durar entre cinco y diez minutos, al término de los cuales Dipi volvía a la mesa y retomaba el hilo de la conversación como si no hubiera pasado nada. Otra lección: lo que desconcierta a los demás no tiene por qué afectar tu narrativa.
La amplitud del abanico de actividades de Dipi es tan grande y variada que basta con asomarse a los títulos con los que podrían encabezarse futuros trabajos sobre él para advertir que las posibilidades temáticas que ofrece son prácticamente inagotables:
-Dipi actor
-Dipi periodista
-Dipi anarquista
-Dipi escultor
-Dipi artista plástico
-Dipi zen
-Dipi lector
-Dipi y las mujeres (también al revés: las mujeres y Dipi)
-Dipi y el poder
Esa misma variedad permite, sin resultar falsa o impostada, tonos que van desde el susurro barrial a la poesía concreta y lo académico.
-El Dipi computarizado
-La mina del Dipi
Académico:
-Dipi como sistema
-El universo de variables únicas de Dipi
Poético:
-Dipi, máquina consciente
-Dipi, radiografía de la pompa
y hasta podríamos llegar al extremo de elipsar su nombre sin dejar por eso de saber que nos referimos a él: "La fiera de Tandil".
7
Abro Minga! al azar y leo, leo, leo. Me pasó más de una vez: si la leo entera es una novela, si leo sólo una página es poesía.
8
Su literatura tiene, como decía Cocteau, la forma de su espíritu. No el modo de decir las cosas, sino de pensarlas.
10
11
Eligió ser extravagante en un país que no tolera la extravagancia de sus artistas porque ha invertido toda su paciencia en tolerar la extravagancia de sus políticos. Igual no importa: sus varitas mágicas lo contradicen todo.
Sergio Bizzio para Perfil
sábado, 28 de abril de 2007
Yo fui un niño de ocho años
Lo que encontré, en una caja como abandonada en los fondos de uno de los tenderetes especializados en rezagos de guerra, fue una colección de animales de plástico idénticos a los que yo supe atesorar durante mi infancia. Eran (los míos, y éstos que ahora encontraba) minuciosas reproducciones a escala de animales frecuentes en las colecciones zoológicas: elefantes (yo tenía dos, uno grande y uno pequeño, con la cabeza articulada), jirafas (en mi recuerdo, contabilicé cinco), leones de ambos sexos (nunca conseguí que mi única pareja se reprodujera), cocodrilos (sólo tuve uno).
Formaban parte de mi diorama zoológico algunos animales de granja (pavos, corderos, vacas) que nunca fueron mis favoritos pero que ponía a interactuar, inverosímilmente, con la mantarraya gigante, las dos orcas y el pulpo que formaban parte del lote.
Pregunté, con curiosidad malsana, cuánto valían esos animales que en algún momento de mi vida perdí de vista y que ahora, de pronto, tenía de nuevo frente a mí, y que añoraba. Los precios oscilaban entre los 20 y los 50 oiros (como se dice en la lengua áspera que yo usaba por entonces). Sólo mis elefantes, jirafas y leones, si hoy los conservara, valdrían en un mercado de pulgas de Berlín poco más de 300 oiros. Mi colección completa, calculé con pena, podría venderse (si es que hubiera un comprador tan melancólico como el que se requería) a una suma por lo menos tres veces superior, digamos: un pasaje a Europa en baja temporada.
¿Qué había sido de mis animalitos? ¿Los había heredado mi hermano? ¿Por qué fui tan desaprensivo con ellos, como con el resto de mis juguetes, salvo con el tren Märklin, que todavía conservo y que jamás, jamás, cedí a mi hijo, pese a sus súplicas? ¿En qué momento se había acabado mi infancia?
*
No podía, y todavía no puedo, recordar qué pasó con esos animales pero estoy casi seguro de que mi hermano, cinco años menor que yo, nunca se interesó por ellos.
Sí recuerdo el destino de otras posesiones, como las revistas de Disney y otros personajes de dibujos animados que se acumularon durante años en un armario especialmente dispuesto a tal efecto en la cochera de la casa cordobesa en la que por entonces vivía con mi familia. Una vez, mi abuela paterna (que nos visitaba regularmente y "que no era mala sino estricta" como siempre dice su nuera, mi mamá, para contradecir mis recuerdos) sugirió que ya era tiempo de deshacerse de tanto papel inútil y puso entre los argumentos a favor de su veredicto que eran un llamamiento a la infestación de roedores. Fui consultado sobre la solución del problema en tales términos que no pude sino aceptar la venta completa de mi primera biblioteca, y el depósito de la suma resultante en una cuenta de ahorro, con el fin de que mi capital se multiplicara y pudiera utilizarlo más adelante, con fines más nobles. Nada de eso sucedió, porque al poco tiempo sucesivas devaluaciones habían transformado mi magra ganancia en una suma tan irrisoria que hubo que cerrar la cuenta de ahorro. Si soy capaz de recordar con más enfado el revés económico que sufrí por entonces, antes que la desolación que seguramente me provocó la pérdida de mi imaginario infantil completo, es porque no era ya un chico: la infancia me había abandonado.
¿Pero cuándo? ¿Y qué había pasado con mis animales? ¿Algún otro mal negocio inducido por mi abuela? No: lo recordaría. No sé qué pasó con mi zoológico en miniatura ni por qué lo olvidé durante tanto tiempo, cuando tan inmenso había sido el placer que me había dado. Podía pasarme horas jugando a los animalitos, que distribuía en fantasiosas escenografías que dibujaba con lápices de cera sobre hojas canson y que completaba con construcciones que hacía con mis Lego.
Incluso, los llevaba al colegio alemán donde cursé mis primeros estudios, para entretenerme con ellos en los recreos, mientras mis compañeros jugaban a las bolitas (juego que exigía tal pericia que siempre me intimidó) o a las carreras de autitos de plástico rellenos con masilla (en las que esporádicamente participaba sin demasiado éxito, pero con entusiasmo).
*
Para que yo no perdiera los vínculos con la familia de mi abuelo, un joven bávaro que había emigrado a
Como yo iba a ser un buen alumno (sobre eso nunca nadie tuvo dudas), las autoridades del Colegio Alemán aceptaron otorgarme una media beca sujeta a mis calificaciones. Mi familia, es decir mis padres, mi abuela y mis tíos paternos, vieron con buenos ojos un arreglo cuya validez dependía exclusivamente de mi responsabilidad, imposible de prever en una criatura de seis años. Me convertí, a temprana edad, en un niño pobre y responsable.
Mi pobreza era relativa, o mejor dicho, intermitente. Porque es verdad que a veces tenía dificultades para responder a las requisitorias sociales de la infancia por falta de ropa adecuada, o que vi la televisión antes en casa de amigos que en la mía propia; pero también es cierto que tenía tesoros que nadie más tenía: mi tren Märklin, mis animales, mis Lego (todo lo que venía envuelto para regalo con cada una de las visitas de mi abuela checa).
Como me sentía, comparativamente, muy pobre -el colegio quedaba, queda, en Argüello, mis compañeros de aula vivían en El Cerro de las Rosas o en Alta Córdoba, yo vivía en un barrio obrero: Barrio Talleres (O)-, no desperdiciaba ocasión para hacer gala de mis tesoros.
Durante varios años me senté siempre con el mismo condiscípulo, Bernardo Pereyra, un chico rubio, amable, sin ninguna de las estridencias que asociamos con la infancia (y de las que yo, tanto como él, nos declarábamos por entonces prescindentes). Bernardo vivía en otra punta de la ciudad, por lo que nuestra relación sólo era posible en los larguísimos dobles turnos escolares.
Mi otro amigo de infancia, de quien alguna vez ya he hablado, era "el loco" Bergman, con quien jamás me habría sentado en el mismo banco porque sus excentricidades, incluso a mí, que era un niño pobre, responsable, pero excéntrico, me intimidaban.
Un día, Bernardo trajo, al arenero bajo los eucaliptus donde gustábamos entretenernos durante el recreo, una pareja deslumbrante de tigres de bengala de plástico, que se sumaron con naturalidad a la exhibición que yo cargaba en mi portafolios (no se usaban, todavía, las mochilas). Cada día, entre los dos, teníamos que inventar un relato que involucrara a las figuras que, azarozamente, habíamos elegido de nuestras colecciones, sin que el otro supiera nada de la elección de cada uno. Él tenía dinosaurios, animales africanos, también algunos ejemplares de los insípidos animalitos de granja. Cada día inventábamos entre los dos un universo en peligro de desaparición, un planeta, un ecosistema raro.
Los dos amábamos la belleza con la misma intensidad, pero a mí se me escapaba. Todo en Bernardo era impecable, armónico, preciso. Su libro de lecturas parecía siempre nuevo mientras que el mío se me ajaba al segundo día de uso y ni las "orejeras" que me obligaban a ponerle impedían que las hojas se doblaran en sus ángulos. No sé por qué, también se me manchaban con tinta. Si algo me separaba de la felicidad, eso no era el alcoholismo de mi papá, del que fui progresivamente consciente, ni la pobreza que yo vivía como condena, ni los patéticos dramas en los que me veía involucrado por la intensidad meridional (ítalo-turca) de mi familia materna.
No, yo no podía ser feliz porque mi libro de lecturas era un desastre y el de Bernardo la versión inmaculada que yo nunca, nunca, nunca, jamás alcanzaría.
Un día tomé una decisión. Volví al aula durante el último recreo de la tarde, abrí el portafolios de Bernardo, saqué su libro de lecturas (sabía que no iba a notar de inmediato su falta porque usábamos el libro sólo de mañana) y lo guardé en el mío.
El ómnibus escolar que nos transportaba tardaba una hora en hacer el recorrido completo. Alejandra Castro se bajaba en la calle Chacabuco y yo, que sentía por ella una simpatía que entonces me parecía inexplicable, aprovechaba para dormir un poco hasta que llegábamos hasta mi casa, uno de los últimos destinos. Cuando llegué, me encerré en mi cuarto y saqué del portafolios mi libro de lecturas, ese asco, y el de Bernardo. Lo primero que tenía que hacer era cambiar el forro porque, si bien eran idénticos (papel araña azul), el mío tenía el rótulo con mi nombre, y el de Bernardo, no. Yo no estaba dispuesto a disfrutar del libro de Bernardo sólo por un rato, un día o dos, hasta que todo el mundo reconociera la impostura, sino para siempre. Escondí mi libro en un cajón recóndito. Con temblor, hojee el libro de Bernardo, cuya letra (ahora que lo pienso) presagiaba la misma elegancia por la que era famosa la de mi papá (que había escrito mis datos en los rótulos de todos mis libros y cuadernos). Fui borrando sus prolijas anotaciones hechas con lápiz. No quería que nadie pudiera darse cuenta de los hechos. No contento con el resultado, decidí que debía orejear las esquinas de las páginas, hasta que éstas se vieran como las de mi propio libro. Y, como tal vez ni siquiera eso alcanzara para disimular mi fechoría, borronee una firma con tinta en la retiración de contratapa, que después convertí en una mancha infame con la ayuda de un algodón humedecido. Sí, ahora el libro de Bernardo parecía mío*.
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*Sí, ahora sé cuándo me abandonó la infancia. Al día siguiente, después de las inevitables pesquisas, me llamaron de la dirección. Pese a las evidencias acumuladas en mi contra me negué a confesar. Pero lloraba en silencio. Sabía que me había convertido en un perverso dialéctico, o en un un canalla, qué más da. Sabía que, a partir de entonces, la infancia sólo me habitaría como el otro que ya no podría ser, un moriturum, un muerto-vivo, un pequeño príncipe perdido en un laberinto de espejos que parecen asteroides distantes.
Nunca más jugué a los animales con Bernardo. Incluso, los perdí de vista.
jueves, 26 de abril de 2007
Corrrespondencia: SALVEMOS AL CERVANTES. Movilización y Convocatoria
MOVILIZACIÓN A LA SECRETARIA DE CULTURA DE LA NACIÓN
Y CONVOCATORIA A "CERVANTES ABIERTO"
A todos los artistas, trabajadores y espectadores de teatro,
A todos los ciudadanos a quienes se les usurpa el derecho de usufructuar del Teatro Nacional Cervantes, cuya parálisis y decadencia material y funcional revela en qué medida el Estado se desentiende de la cultura:
El jueves 3 de mayo a las 13 tenemos que estar todos frente a la Secretaría de Cultura de la Nación. Hay que denunciar masiva y públicamente la indolencia y banalidad de sus máximos responsables que, no conformes con haber permitido que el Teatro Nacional Cervantes, único teatro nacional de la Argentina, se fuera convirtiendo progresiva e inexorablemente en devastado campo de luchas gremiales, terminaron acorralando a su último director, Lic. Alejandro Samek, hasta hacerlo renunciar.
A la ignominia de un Cervantes cerrado, sin presupuesto, sin funciones y amenazado por la carcoma de su estructura edilicia hoy se agrega la circunstancia vergonzante de que la renuncia de su director no tiene que ver con la eficacia o transparencia de su gestión sino con la molestia que sus recientes declaraciones, en una reunión del MATe (Movimiento de Apoyo al Teatro) luego levantadas por la prensa, provocaron en el Sr. Secretario de Cultura José Nun. La exposición del director del Cervantes irritó la sensibilidad del secretario de Cultura, muchísimo más preocupado por su imagen en los medios que por la crisis terminal del único teatro nacional de la Argentina, y un organismo bajo su órbita. Y a esa irritación respondió con una rapidez que no tuvo jamás para con las urgencias del Teatro. De inmediato hizo saber a Samek que le sería pedida la renuncia. El desprecio por la cultura es hermano del autoritarismo.
Es tan grave la situación que el Cervantes arrastra, que cada uno de los hombres de teatro que pasaron por su dirección invirtiendo allí oficio, pasión y prestigio personal, terminaron inmolándose gratis, en un sacrificio cuya inutilidad ha sido siempre funcional a la perversa intención política de que todo siga igual. Eso también tiene que cambiar.
Porque para la torpe concepción dominante en los círculos de poder, el teatro sirve sólo en la medida en que colabora con el ornamento y el marketing político. Y el Cervantes necesita tener una programación y una producción artística ambiciosa con el presupuesto que se merece.
Hoy, detrás de las puertas cerradas del Cervantes, varios elencos sufren el efecto mordaza de una situación que no les permite mostrar su trabajo al público, su legítimo destinatario. Los elencos de "Cremona", la obra de Discépolo dirigida por Helena Tritek y protagonizada por un elenco encabezado por Rodolfo Bebán y Enrique Liporace; los artistas de "Todo verde y un árbol lila", la obra escrita y dirigida por Juan Carlos Gené; el equipo de titiriteros dirigido por Gabriela Marges que prepara una versión del "Fausto Criollo"; así como las actrices Graciela Dufau, Luisa Kuliok, Marikena Monti y Perla Santalla con sus espectáculos unipersonales listos para ser estrenados, experimentan la frustración de haberse entregado apasionadamente para un fin estéril. Los potenciales espectadores que todavía siguen acercándose al Cervantes a preguntar si hay función también se retiran con la vaga sospecha de que algo que les pertenece les está siendo negado. Y sí, la estafa perpetrada afecta a TODOS los ciudadanos. Por eso, los artistas y el público integrantes de una comunidad teatral que respondió masiva y solidariamente expresando su adhesión a la causa del Cervantes a través de una reciente campaña por correo electrónico, nos autoconvocamos para hacer sentir que existimos y exigimos, ante la Secretaría de Cultura de la Nación (en Avenida Alvear y Rodríguez Peña), el próximo jueves 3 de mayo a las 13.
Y anunciamos la intención de volver a estar juntos el sábado 5 y domingo 6 de mayo en dos jornadas de CERVANTES ABIERTO, donde esperamos al público para ofrecerles ensayos abiertos de una programación en la que la falta de luces, escenografía y recursos técnicos será reemplazada por la porfiada voluntad de que la poesía prevalezca sobre la indolencia y la estupidez.
No podés faltar. Te esperamos.
MATe. Movimiento de Apoyo al Teatro
CELCIT. Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral

