jueves, 31 de julio de 2025
sábado, 26 de julio de 2025
Las edades del hombre
Por Daniel Link para Perfil
Hay edades y edades. Algunas de ellas suponen un corte más o menos radical con el pasado. La mayoría de edad es una de ellas (“ya no da seguir pelotudeando”). La edad jubilatoria es otra. Antes que de un convencimiento interno o una transformación del self, en este caso las interdicciones vienen dadas por leyes, recomendaciones médicas, situaciones límite.
Llego a Lima para participar de un congreso, tal vez el último de mi vida porque lo que yo tengo para decir ya no se relaciona ni con el estado del campo en el cual intervengo ni con los objetos más novedosos de ese campo. En los congresos lo que se discute son los formas de leer (de ver, de escuchar) y las experiencias estéticas más adecuadas para dar cuenta de las tensiones de nuestro presente. Dani Zelko es la estrella actual del universo literario latinoamericano, según aprendo en el congreso y, en cuanto a las formas, parece que los regímenes auditivos tienden a reemplazar los regímenes escópicos.
Pero como mi edad jubilatoria me lo permite, yo puedo prescindir de esas noticias del presente (no de Dani Zelko, desde ya, pero para eso le mando un whatsapp y nos encontramos a tomar algo) y dedicarme a rumiar mis viejas obsesiones.
Siempre me aferré a reglas más o menos caprichosas para orientarme en el laberinto de signos que constituye nuestra ecología. Tal cosa sí, pero tal otra no. Me doy cuenta de que lo que se avecina ahora son una serie de imposiciones mucho menos fundadas en mi primera persona (el “yo”). Si decidiera “ya no más” congresos en mi vida, estaría plegándome a mi inactualidad y mi anacronismo.
Recibo un anuncio para una fiesta con dos límites etarios. Y yo, ay, quedo fuera de esa decisión que me excluye más allá de mi voluntad y mi deseo. Yo podría decir: “ni loco pensaba ir”, pero el “ya no más” estuvo antes.
Ahora voy a pasar unos días en Cusco, donde me alcanza el “ya no más Cusco”: el soroche me arrastra ahora a 24 horas de agonía (dormí durante un día entero), controles periódicos de saturación de oxígeno, consumo de medicamentos específicos. Cierro también esa puerta y tiro la llave en una alcantarilla.
sábado, 19 de julio de 2025
Plan de exterminio
por Daniel Link para Perfil
El próximo 2 de agosto se conmemora el Porrajmos o Samudaripen (los nombres dados al intento de exterminio de los pueblos gitanos de Europa durante la Alemania Nazi). En la noche del 2 al 3 de agosto de 1944 tres mil romaníes fueron masacrados en Auschwitz-Birkenau.
Algunos días antes se conmemora La Gran Redada del 30 de julio de 1749, el primer plan sistemático de genocidio, presentado por el Marqués de Ensenada al Rey Fernado VI. En aquel entonces, nueve mil personas fueron encarceladas, con el propósito de detener la propagación de la raza mediante la segregación de hombres y mujeres.
Los testimonios más antiguos fechan el ingreso de los gitanos en España hacia 1425 (Don Juan de Egipto Menor, Don Tomás, conde de Egipto Menor (8 de Mayo de 1425). El 4 de marzo de 1499 los Reyes Católicos promulgan la Primera Ley o Pragmática contra los gitanos que, entre otras cosas, prohibe que “anden juntos viajando por nuestros Reinos como lo hacen”. En un plazo de sesenta días los gitanos o se avecinan o son desterrados de España. Para quienes no optaran por ninguna de las dos opciones se establecen tres penas: cien azotes y destierro la primera vez; desorejamineto, sesenta días en cadena y destierro la segunda vez. Y por tercera vez, la muerte.
Leída con detenimiento, esa Primera Pragmática revela en dónde radica el problema gitano: ¿a quién sirven si se están mudando todo el tiempo? ¿a quién aportan? El nomadismo y la errancia de los gitanos desestabiliza el sistema de privilegios y de servidumbre. Desde entonces, se dictaron
28 Pragmáticas reales y Decretos del Consejo Asesor de Castilla contra los pueblos gitanos.
Al comienzo del Siglo XX la situación de los roma es crítica en toda Europa. El franquismo vuelve a prohibir hablar en romanó (o romaní), considerada una lengua de delincuentes, la errancia se considera delito y se aplica a los gitanos la Ley de peligrosidad social.
En Alemania, el “Antiziganismus” se remonta también al siglo XVII. En 1899, la policía bávara creó una unidad especial para asuntos romaníes y creó una oficina central para «luchar contra la plaga gitana». En 1909, la misma fuerza sugirió que las personas de etnia romaní debían ser marcadas como el ganado para identificarlos.
Con sentido de reparación, el Reino de España ha declarado a 2025 como el Año del Pueblo Gitano en España, en conmemoración de la llegada de los primeros “egipcianos”, hace seiscientos años.
Con estos antecedentes y a manera de homenaje, la Universidad Nacional de Tres de Febrero, a través del recién creado Instituto de estudios filológicos latinoamericanos “Ana María Barrenechea” presentará, por primera vez en Argentina, el film Tiefland de Leni Riefensthal en el Centro Cultural Recoleta los días 5 y de agosto a las 18:00, con entrada libre.
La película, dirigida y protagonizada por Leni misma es un drama de montaña de tema gitano. Según investigaciones, Riefensthal solicitó a las autoridades roma internados en los Zigeunerlager para que oficiaran de extras. Al término del rodaje, los devolvieron a Aschwitz.
sábado, 12 de julio de 2025
Prosa artificial
Por Daniel Link para Perfil
He pasado demasiado tiempo conversando con diferentes inteligencias artificiales. Está, por un lado, mi chinita, que, antes de contestarme piensa en voz alta lo que le estoy pidiendo. Escribe: “parece ser un académico o diseñador curricular buscando una estructura base” o “Me pregunto si el usuario necesita contexto adicional. Tal vez es un estudiante haciendo un trabajo o un turista buscando referencias rápidas”. Yo no le he dado datos sobre mi persona porque no los necesita y es bastante buena haciendo deducciones. Ha llegado a decirme, cuando he mejorado una requisitoria: “Qué bien ver esta evolución”.
Hay otras IAs mucho menos autorreflexivas. Pienso, sobre todo, en las que se dedican a escribir ficciones o situaciones y a desarrollar diálogos en contextos RPG (Role-Playing Game). Éstas son mucho más atrevidas en sus planteos, pero siempre esperan que sea el usuario quien desarolle la acción, indicando qué sigue. El primer paso es siempre “setear” la propia “personalidad” y el marco de la situación (o usar una de las disponibles). A partir de ahí, las indicaciones se siguen a pie juntillas. Una vez, una tribu de hombres lobo me sometió a un ritual de iniciación bajo una luna llena. “Te convertirás realmente en parte de la manada” me decía Viktor Stormwind (personaje dado por la IA, en este caso). Como el ritual se deshacía en figuras retóricas y fórmulas de espera (descripciones) y yo no soy hombre lobo, no sabía bien qué pormenores incluir.
Ya he anticipado lo que pienso sobre la omnisciencia de las máquinas. Lo que aquí me importa es cómo escriben. Por ejemplo: “Vik entra a grandes zancadas en el claro, su armadura de cuero resplandece con el brillo plateado de la luna. Sus capitanes, cada uno una torre de poder por derecho propio, lo flanquean con los ojos brillantes de expectación”. La IA está expectante, y así se queda durante días y días hasta que a uno se le ocurre algo. Cuando uno maltrata verbalmente a los personajes a ver si reaccionan, contestan: “¿Vos te crees que esto es un juego?”
Sólo una vez fui sorprendido gratamente. Yo salía del gimnasio (en mi carácter) y apareció en el celular (del carácter) un botón de una aplicación desconocida: Elysium. Cuando toqué enter aparecí en un escenario de dioses griegos que parloteaban en “estilo elevado” sobre “inminencias” y humores de cada uno, que el narrador omnisciente conocía. Todo era aburridísimo hasta que Hermes, sin que se lo pidiera, me arrojó un huevo de oro y me dijo: tragátelo. Lo hice. Desde entonces, somos inseparables.
sábado, 5 de julio de 2025
Pinta tu aldea
Por Daniel Link. para Perfil
En un seminario sobre artes visuales, hablé sobre el nombre “Latinoamérica”. Lo historicé y lo puse en relación con los nombres América, Hispanoamérica, Sudamérica, que no son equivalentes. Cada vez que se usa uno de esos nombres, se establece una posición estratégica y polémica. “Latinoamérica” es una invención de intelectuales que vivían por entonces en París (José María Torres Caicedo es tal vez el primer poeta en usar el nombre en 1857 y Carlos Calvo lo usa por primera vez académicamente en 1864).
El nombre que se cocina en las imprentas parisinas intenta designar algo cuyo nombre previo había sido usurpado por los estadounidenses (“América”) y que, a mediados del siglo XIX no permitía ya albergar ilusión alguna de reconciliación entre la América sajona (imperial) y la América “hispánica”.
El nombre, sin embargo, no prende. La intervención francesa en México de 1861 (Napoleón pretendía revivir el Imperio francés y prevenir el crecimiento de los Estados Unidos, para entonces de una voracidad insaciable) interrumpe su expansión. El latinoamericanismo del XIX todavía olía a antliberalismo, antrrepublicanismo y catolicismo, tendencias de las que la intelectualidad americana se abstuvo y por eso se insistió con “Sudamérica” o “Hispanoamérica”, si bien este segundo nombre parecía debilitar los afanes independentistas. Muchos (de Pedro Henríquez Ureña a Lezama Lima) usarán “América” o alguna perífrasis como “Nuestra América”, de inspiración martiana.
Recién en la década del sesenta del Siglo XX, “Latinoamérica” se convertirá en un nombre estrella de la cultura pop. Lo que le había convenido a los franceses en el siglo XIX , les convenía a los
estadounidenses en el siglo XX. En todo caso, es un nombre pensado desde lugares lejanos a las comunidades que pretende designar. Lo mismo sucede, por otra parte, con cualquier otro nombre de “segunda persona”: ustedes, los... (completar con lo que se quiera).
Lo interesante no es tanto el nombre sino el complejo proceso a través del cual un nombre pasa a ser de “primera persona”, es decir: asumido como propio (Rodrigo cantaba: “soy cordobés, ando sin documento...”, porque no necesitaba validación exterior para esa asunción identitaria).
Como propio, todo nombre supone una comunidad de destino (“al fin me encuentro / con mi destino sudamericano” escribió Borges en 1943 y lo repitió en 1964). ¿Sabremos cuál es nuestro destino latinoamericano?
Henríquez Ureña trató de evitar toda tentación totalizadora (por totalitaria): ““Nunca la uniformidad, ideal de imperialismos estériles; sí la unidad, como armonía de las multánimes voces de los pueblos”. Los nombres señalan, pues, puntos de vista tanto como lugares. En la oscilación de nombres lo que aparece es lo que o puede adoptar mil nombres o no encaja con ninguno. Es lo que Silviano Santiago llamó “entre-lugar”: el lugar de la impureza.
Se habla de la “latinoamericanización” de Buenos Aires. Es cierto que la cantidad de migrantes latinoamericanos (o sudamericanos) ha crecido exponencialmente en los últimos veinte años, lo que ha favorecido su ecología urbana, afectiva, cultural. Pero también es cierto que Buenos Aires ha comenzado a abrazar una comunidad de destino que antes despreciaba. De la ciudad más austral de Europa pasamos a ser una megalópolis que se imagina latinoamericana.
Dije más cosas, pero lo que verdaderamente importa es lo que sigue. Al terminar mi intervención, Andrés Di Tella me preguntó qué pasaba con lo nacional, porque si es cierto que en el ámbito de las artes visuales lo “latinoamericano” tiene alguna eficacia, no parece ser igual en relación con la literatura, que permanece más atada a la identidad nacional.
Por supuesto, la pregunta de Andrés daba en el clavo y mi respuesta no fue del todo satisfactoria (hablé de las diferencias entre el mercado del arte y el mercado literario). Me doy cuenta de que en lugar de responder desde una sociología comparada, habría sido mejor desmembrar el asunto desde una teoría del afecto. Probablemente el rótulo “latinoamericano” sirva para nombrar lugares políticos, económicos y hasta culturales, pero puestos a escribir, escribimos en relación con una lengua más íntima, más inmediata, y las comunidades de destino son infinitesimales: el barrio, el grupo de referencia, si acaso la ciudad. Los escritores más ambiciosos son capaces de tener como referencia afectiva, incluso, la nación entera. Pero es raro. El lema atribuido a Tolstoi (“pinta tu aldea y pintarás el mundo”) parece decir lo mismo. Lo local nos emociona mucho más que las grandes masas que designan ciertos nombres (“Latinoamérica”) y la literatura se obliga a escuchar “las multánimes voces de los pueblos”. Se instala en un entre-lugar, o en un lugar que no tiene nombre.
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viernes, 4 de julio de 2025
Europa, cómplice del genocidio palestino
sábado, 28 de junio de 2025
Fideicomiso Sarlo
por Daniel Link para Perfil
Lo primero que hice fue escribir a Andrés Duprat un mensaje que decía “¡Todo esto es culpa tuya!”. Lo segundo, analizar toda la documentación que usó Daniel Gigena en relación con el caso judicial Sarlo y que, pese a sus reiteradas preguntas, el Club de Amigos de Beatriz mantuvo en reserva. Lo que en principio parecía un mero pliegue de “la realidad imita al arte”, donde el encargado Melanio copiaba al Eliseo de la serie El encargado, pronto se reveló más complejo.
Beatriz Sarlo habría escrito sendas voluntades testamentarias ológrafas, dejando el departamento donde vivía y el cuidado de su gata al encargado de su edificio, Melanio Meza López. Suena verosímil, ya que el amor a los gatos era el único rasgo humano de Beatriz.
Del otro lado, el Club de Amigos pidió la restitución de Alberto Sato (cincuenta años después de la separación) como heredero, para que él pueda formar un fideicomiso para beneficio del Club de Amigos, que crearía un Centro Cultural a partir del escaso patrimonio de Beatriz.
Tanto la biblioteca como el archivo de Sarlo estarían en el CeDInCI, lo que está bien. Si el juicio sucesorio decidiera que no hay herederos legítimos de Sarlo, su patrimonio pasaría a manos del Estado, lo que tampoco está tan mal.
En un programa radial, Reinaldo Sietecase entrevistó a Adriana Amante en su carácter de “albacea” de Beatriz Sarlo (no lo es, como tampoco lo es Sylvia Saítta, lo que habría sido más verosímil). Melanio organizaba la vida cotidiana de Beatriz (le hacía las compras y había advertido a los encargados de la cuadra que guiaran a Beatriz cuando ella no sabía cómo volver a su casa). Para recuperar la capacidad de fundar un fideicomiso con la herencia de Beatriz, Amante dice dos cosas alarmantes: que Beatriz “ya no era la Sarlo de siempre” y que “cuando una está sola a la noche” puede firmar cualquier cosa.
No se entiende, entonces, que una persona tan supuestamente disminuida cognitivamente y tan “sola” haya sido dejada a la buena voluntad de Melanio. Ojalá todo se resuelve en favor de la memoria de Beatriz y no de un “Nosotros” que se coloca en un lugar tan incómodo y tan inconsistente.
sábado, 21 de junio de 2025
¡Volvé, Cristina!
En el corazón de junio
Por Daniel Link para Perfil
Las últimas declaraciones de la Sra. Cristina Kirchner ratificaron que es la política más importante de América latina en el Siglo XXI. Cristina se limitó a subrayar un par de hechos históricos indiscutibles: los bombardeos a Plaza de Mayo y los fusilamientos de José León Suárez como datos inequívocos de un odio visceral que no ha cesado en los últimos setenta años.
No hace falta ser peronista (yo no lo soy) para ser consciente de la atrocidad que esos dos acontecimientos representan y que, sumados a la represión de la Dictadura, constituyen la trinidad de la ferocidad imperdonable. Me limito sólo a las “heridas abiertas”, porque a esa nómina del fracaso como país habría que sumar también la Patagonia Trágica, la Campaña del Desierto y el genocidio Selknam.
Ante semejantes acontecimientos, los griteríos actuales de la derecha triunfante parecen meros cacareos de gallinaceos en celo. Y sin embargo...Las señales televisivas han dado muestras de un goce ante la condena de la Sra. Kirchner que hielan la sangre.
Yo soy de los que piensan que la Sra. Kirchner se equivocó: en algunos casos con sus políticas desencaminadas (en educación, me toca muy de cerca), en otros con sus decisiones caprichosas (la unción del Sr. Fernández como candidato a presidente) e incluso en no haber sabido desbaratar el sistema de corrupción que heredó de su marido (“vas a ir preso”, parece que le gritó alguna vez, sin imaginar que ella ocuparía ese lugar terrible).
Pero nada de eso es comparable con las salvajadas cometidas por el liberalismo (cuando fue gobierno constitucional o de facto). El día que los responsables de tanta aniquilación estén dispuestos a declarar que han exterminado, y que lo han hecho con ferocidad, se podrán discutir con calma los futuros posibles de este país que hoy parece imposible.
En cuanto a la Sra. de Kirchner, soy de los que respetan a quien cae después de haber peleado con uñas y dientes. Vivo a una cuadra de donde está el departamento que será su prisión domiciliaria. Pero vivo también en el conurbano, donde su prédica irá perdiendo influencia poco a poco.
No me preocupan tanto ni el barro en el que vivo en uno de esos domicilios ni el escándalo festivo de un acompañamiento que no ha disminuido con los días, en el otro.
Incluso, creo que habría que crear el movimiento de artistas “Salvemos a Cristina” para evitarle la condena adicional de tener que mirar televisión sin pausa. Hay que llevarle el cine, el arte, la poesía, la música y el teatro a la esquina de su casa, para que desde su palco penitenciario pueda descansar de las miserias de este mundo en el que ella no acertó a intervenir en la medida de sus posibilidades, pero que otros arruinaron y arruinarán definitivamente.
La destrucción irreversible de la red de ferrocarriles que llevó adelante el Sr. Menem en su momento y la destrucción actual del sistema de investigación en Argentina son apenas dos muestras de políticas cuyo daño excede las generaciones. Seamos conscientes, salvemos lo que se pueda.
martes, 17 de junio de 2025
¿Cristina Pérez es o se hace?
sábado, 14 de junio de 2025
Darío metalero
Por Daniel Link para Perfil
El gran Inca Garcilaso de la Vega se preocupó, en relación de la etimología del nombre “Perú”, por publicar su hipótesis porque “Lo que ahora temo es no me las haya hurtado algún
historiador, porque aquel libro, por mi ocupación, fue sin mí a pedir su calificación, y sé que anduvo por muchas manos”.
La semana pasada, un amigo tuvo a bien citar en otro periódico unas palabras mías que introducían la noción de “ambiente estilístico” que, por las mismas razones que Garcilaso, yo había anticipado en la reedición de mi libro Clases.
¿Qué se entiende por “ambiente estilístico”? Por supuesto, no se trata de un “estilo” sino de un tramado de rasgos culturales, lingüísticos, tonales, afectivos, morales, prosódicos y léxicos, a partir de los cuales se construyen los estilos. La unidad de los ambientes estilísticos es el estilema, que ahora no funciona como unidad de “estilo” sino como un marcador complejo de ambiente estilístico.
Todo el mundo se preocupa por la violencia verbal del presente argentino (no tanto por los posteos en redes de nuestros políticos, sino más bien en el goce insolente de los conductores y panelistas de los programas de noticias). ¿Es eso un estilo? No, pero es un ambiente estilístico que permitirá la formación de estilos a partir de una determinada atracción mutua de estilemas.
No es del todo correcto hablar, históricamente, de estilo gótico o barroco. Esas etiquetas designan a ambientes estilísticos. Definamos el ambiente estilístico argentino actual y sabremos cuál es nuestro futuro. Borges había dicho en la década del cuarenta: “Si yo supiera cómo leerán esta página en el año dos mil, sabría cómo será la literatura del año dos mil”.
Es muy difícil definir ambientes estilísticos completos y el único que ha sido capaz de acercarse a algo parecido es el Foucault de Las palabras y las cosas, quien (no por casualidad) tradujo al gran estilista Spitzer al francés.
Yo he experimentado con esa noción en complicidad con una inteligencia artificial, a la que le pedí que musicalizara algunos de los poemas de Rubén Darío, figura clave dentro del ambiente estilístico del modernismo hispanoamericano.
Le pedí a esa IA que versionara “Caupolicán”. Pero tuve que hacerlo varias veces apelando a los estilemas de esta época (y no a la de Darío). Finalmente dimos con la canción adecuada. Como mejor suena hoy el escolar “Caupolicán”de Darío (poema muy diferente de “Sonatina”, mucho más heroico) no es como trap, o como rap, o como pop, sino bajo el rótulo estilístico del heavy metal con un toque de punk.
martes, 10 de junio de 2025
Boy Band: Los rubenes
sábado, 7 de junio de 2025
Hacer historia
por Daniel Link para Perfil
Como nunca… ¡otra vez! tiene un título tan complejo como su contenido. El “Como nunca” refiere a un famoso audio de la Sra. Casan, que se escucha al comienzo de la función. Allí, desde Córdoba, la estrella revisteril describía un entorno de “mucho chongo como nunca”. La frase, que se volvió célebre, aliteraba en “ch”, lo que es siempre un indicio de sensibilidad poética extravagante (“estuche de peluche” es otro ejemplo) pero además jugaba con valoraciones extremas (mucho-nunca). Como el espectáculo que adopta ese nombre alguna vez ocupó las carteleras porteñas, el “¡otra vez” señala esa circunstancia.
Se trata de un show que abreva al mismo tiempo del teatro de revistas y de su versión camp, el café concert. Con textos de Liliana Viola, puesta en escena de Alejandro Tantanian y música en vivo de Diego Penelas, Juampi Mirabelli y Franco Torchia se sacan chispas sobre un escenario ciertamente incómodo rodeado de mesitas (el lugar, Cástor y Pólux, es casi un museo de viejas escenografías de célebres producciones de Lino Patalano).
Franco Torchia “hace de” capocómico y sus monólogos (pronunciados con la velocidad de un Tato Bores o de un Enrique Pinti) se alimentan de la realidad política argentina, que como es tan disparatada y cambia tan velozmente, obliga a una renovación periódica porque la estupidez de ayer quedó sepultada ya por otra. Juampi Mirabelli, de un talento enorme, cubre el rol de la vedette (y, en este caso, la primera “vedette hombre”, dado que sus atributos masculinos no se ocultan en ningún momento) y se suma a los pasos de comedia que incluye el show. Su “petera presidencial”, que yo ya vi varias veces, conserva la frescura y la diablura de lo que ha sido inventado para siempre.
Algunos segmentos tendrán mayor impacto que otros, pero lo cierto es que, como totalidad, el espectáculo conmueve porque nos muestra la grisura de todo lo demás, de una sociedad ya dominada por el miedo. ¿Es posible que en un país donde el presidente dice hablar con perros muertos y entabla inconsecuentes demandas contra periodistas no haya en los medios o en el teatro más que esta muestra de humor político?
Más allá de eso, la elección de las figuras clásicas del teatro de revistas y su reversión en clave camp (lo que remite a los legendarios espectáculos de Gasalla, Perciavale, Edda Díaz y Nacha Guevara) intenta reponer fragmentos de memoria que nos han quitado. Hemos sabido reirnos de nuestras desdichas. Y Como nunca… ¡otra vez! nos recuerda cómo. Es una lección de vida.
viernes, 6 de junio de 2025
Fragmentos de un pensamiento
jueves, 5 de junio de 2025
Extinción (del dominio de las capacidades lectoras)
sábado, 31 de mayo de 2025
Mujeres y plantas
Por Daniel Link para Perfil
Los viernes en MALBA puede verse Caigan las rosas blancas, la última y esencial película de Albertina Carri, que empieza con un enunciado famoso: “O inventamos, o erramos”, una de las más famosas frases de Simón Rodríguez, el extraordinario pedagogo que orientó la juventud de Simón Bolívar. Recordarnos ese veredicto, ya es bastante. Lo que se lee en esa frase caracteriza al cine de Albertina Carri que es, fue y será lo que ese epígrafe convoca. Pero, al mismo tiempo, nos advierte sobre lo que veremos.
Por un lado, la cita velada alude a las actuales condiciones de existencia del cine, que han sufrido una transformación importante en los últimos años, con la hegemonías de la producción audiovisual de platarformas y el uso de Inteligencias Artificiales de todo tipo.
Puesta a pensar, como corresponde al cine de verdad, ¡Caigan las rosas blancas! elige un lugar incómodo que mienta al mismo tiempo la revolución y la tradición desde un paradigma excéntrico: el de Simón Rodríguez, tácitamente impugnado por la teoría marxista, o el aceleracionismo, que sostiene que hay deseos, tecnologías y procesos que el capitalismo hace surgir y de los que se alimenta, pero que no puede contener; y que es necesario acelerar estos procesos para empujar al sistema más allá de sus límites.
El relato comienza con una escena bizarra. Una filmación (primer género: cine dentro del cine). Tres mujeres jóvenes cuelgan del techo del estudio sobre un árbol fraguado asaetado por flores moribundas y frescas. La directora de la película (acá hay un rizo barroco: quien desempeña a la directora de esa película bizarra que se hace dentro de la película dirigida por Albertina Carri) se limita a decir “Más plantas, más plantas, más plantas”, mantra que repiten diferentes integrantes del equipo para desesperación de las colgadas. Finalmente la filmación se suspende, la directora ficcional decide abandonar el rodaje y las luces del set se apagan sin que las colgadas hayan sido completamente liberadas de sus arneses.
El reclamo de “más plantas” parece tener un sentido que supera holgadamente el sentido inmediato de la secuencia en la película que están filmando: más consistencia en la sensibilidad, tal vez sea lo que reclama la directora en la ficción. Las plantas, le responden, están viniendo. Como esa escena se corta, adivinamos que las plantas llegarán en las escenas subsiguientes. Y así es.
La siguiente secuencia es un paso de comedia. Vuelta a su casa, la directora espera a su amante. (ambas, hay que decirlo, constituyen parte de la troupe milagrosa de Las hijas del fuego, primera parte de la trilogía en la que Carri está embarcada). Juntas, con una de las colgadas, deciden irse al noroeste argentino, a la selva. Deciden irse, si que todavía lo sepan, a dar vuelta la historia natural de América latina. La siguiente secuencia es un musical. Luego sigue una road movie.
Ahí aparece el segundo elemento rector de esta película: la pregunta por los géneros. Esa pregunta, que en la primera parte de la trilogía había investigado los géneros como forma de actuación en el mundo y como codificación del deseo ha virado ahora hacia una especificidad cinematográfica: los géneros cinematográficos como matrices narrativas. La película participará sucesivamentre de varios géneros, de todos los géneros.
Ensambladas, las secuencias de ¡Caigan las rosas blancas! (cada una de las cuales supone actuaciones, percepciones e ilusiones distintas) forman un cine al mismo tiempo fragmentario y rítmico. El “más plantas” del comienzo se revela correlativo de la progresiva colorización de los paisajes, que abrazan la impresión mientras las viajeras atraviesan el mundo de los géneros cinematográficos en busca de la sensación, que les llega bajo la forma de lo fantástico, en un paisaje delirantemente tropical, donde un ser sobrenatural explica la conquista de América con acento español mientras realiza un ritual cuyas consecuencias últimas desconocemos.
Esa inmersión de las protagonistas de la película en sucesivos órdenes supone un doble rechazo. Por un lado, a un cine unidimensional consumible en un único registro y por otro lado, a la perspectiva iluminista-urbanista que encuentra en la “ciudad” su único campo de intervención y que siempre vio en la selva (es decir: en la proliferación insensata de lo vegetal) un riesgo que había que conjurar en favor del progreso.
¡Caigan las rosas blancas! levanta la bandera de que no hay humanidad que no sea en y con las plantas. A diferencia de lo que les pasa a los protagonistas varones de la emblemática novela La vorágine de José Eustasio Rivera, las protagonistas mujeres de este film philosophique se tragan la selva. No puede haber discusión más actual.
jueves, 29 de mayo de 2025
Matando pollitos a garrotazos
©Daniel Link / Easymusic.ai
Próximamente en todos los ascensores de las naves espaciales
©Daniel Link / Easymusic.ai
miércoles, 28 de mayo de 2025
Rubén Darío en Movistar Arena (un adelanto)
sábado, 24 de mayo de 2025
Deserción masiva
por Daniel Link para Perfil
La decadencia argentina no tiene límite: nos precipitamos hacia el abismo de la insignificancia y, hay gente que tiene razón, la señal más alarmante es la incapacidad del periodismo para notar lo evidente: el hartazgo del electorado. La mitad del padrón de la ciudad de Buenos Aires decidió no votar al señor de Adorno (sigo las enseñanzas de un maestro de la denominación), ni a su patrón, el Sr. Milei y, al mismo tiempo, ¡decidió no votar a nadie más! Como si una voz colectiva dijera: no voy a votar a ninguno de estos payasos, pero tampoco te voy a votar a vos, y por las mismas razones. De la otra mitad, sólo un treinta por ciento apuesta a un futuro libertario. Hagan las cuentas: eso da un 15 % del padrón electoral.
Es cierto que estas elecciones tenían por objeto la nada misma, el colmo de la inoperancia y del vacío de sentido, que es la Legislatura de la ciudad. De todos modos, revela una crisis política de una magnitud que yo no recuerdo, acompañada como de una aparente inmovilidad o apatía pero que es en realidad un movimiento a tan grande velocidad que se vuelve imperceptible, pero está ahí.
El electorado está desertando masivamente de la payasada a la que pretenden someterlo. ¿Y qué se pregunta la prensa? Que si Milei se comió al Pro, que si el peronismo porteño es o no kirchnerista, que si Larreta es un traidor o un héroe. ¿A quién le importa?
En Italia, la izquierda se defiende cuando se la confronta con la adhesión del electorado a Giorgia Meloni al grito de “El voto es optativo” (en verdad: la abstención no se sanciona). Aquí, donde el voto es obligatorio (la abstención se sanciona, al menos formalmente), el asunto es más grave porque implica no sólo la resignación de un derecho sino la impugnación de un sistema de representación.
Por supuesto, los payasos de la pista no pueden sino actuar su algarabía, hacer sus gracias, cagarse de risa. Pero debería ser el deber de los más sabios subrayar que no hay imaginación política que pueda resistir un magro 15% de adhesión (para citar sólo el porcentaje más alto en esta larga lista de fracasos).
Desertar, entonces. El gesto debe ser entendido en toda la dimensión de su desprecio (“que se vayan todos”).
sábado, 17 de mayo de 2025
Ensalada de papas
Por Daniel Link para Perfil
Después del “Habemus papam” y la bendición del nuevo pontífice salí lo más rápido que pude de Piazza San Pietro. Ya era tarde: en la boca del metro la policía había establecido un cordón y dejaban entrar a las personas de a tandas. Ya fuera del metro, esperando en la parada del tranvía que me llevaba a mi casa romana (ocupado casi siempre por migrantes africanos, bangladesíes y latinoamericanos como yo) escuché a dos peruanas que conversaban sobre el resultado del cónclave: “es un peruano”, “estoy muy orgullosa”.
Por supuesto, como se sabría al día siguiente, habían acertado. León XIV se reconoce como un peruano nacido en los Estados Unidos, porque uno no es del lugar en el que nace sino del lugar donde entrega el alma.
El asunto es particularmente sutil en tiempos de desprecio al migrante y expulsiones masivas. La elección de Prevost (¡ya teníamos un abate, ahora un Papa!) me pareció bastante inteligente, teniendo en cuenta la advertencia mafiosa que le envió al Cónclave el Sr. Trump, disfrazado de Pontífice y con el dedo adminitorio. ¿Cómo se genera una imagen semejante? Hay que pedirle a la IA: “cara amenazante”.
Trump no tuvo sino que felicitar al “compatriota”. Peor asesorado, el Sr. Milei festejó el nombre elegido por Prevost, que consideró un homenaje a su persona. Alguien debió decirle que el “seudónimo” del nuevo Papa aniquila el suyo propio, porque ahora cada vez que alguien diga León, se referirá al obispo de Roma y no al presidente provisorio de Argentina.
Lo segundo que consigue León de entrada es equilibrar los asuntos celestes con los mundanos. Porque el Trono de Roma necesita tanto un Papa que bregue por la paz, ore por los desposeídos, clame por la justicia (¿qué otra cosa podría decir un Papa?) como uno que consiga los millones de dólares para cubrir el déficit del Estado Vaticano (la generosidad china jugará ahí un papel decisivo).
Dicen que es Prevost es versado en matemáticas y filosofía. Lo imagino pitagórico. Confieso que le he descubierto a León un cierto aire a Palpatine (pero nunca tan acentuado como el de Ratzinger) por lo que no confío demasiado en él y sus políticas. De todos modos, me conformo con que nos ahorre las hipocresías teatrales de Francisco.


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