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Siempre pensamos que nuestros padres son idiotas o están locos. Hasta que nos descubrimos pensando lo mismo y teniendo las mismas conductas que habíamos deplorado en ellos. Mi madre está loca, pero no fue sino hasta que tuve que mudarme a la casa que ella había abandonado, cuando me di cuenta de que no lo estaba por las razones que yo suponía. Es la casa lo que te vuelve loca, el espacio, con sus requerimientos, sus demandas, sus exigencias: arreglar los techos, calefaccionar, ordenar, alimentar y alimentarse.
Todos los días tengo que estar gritando para que alguien cierre una puerta que ha dejado innecesarimente abierta, con la consiguiente pérdida de calor y gasto de energía. Cuando lo hacía mi mamá, pensábamos que estaba loca. Ahora nos damos cuenta de que esa parte de la locura era un agenciamiento con el espacio, el territorio, el complejo biopolítico.
Una carrera es también su espacio. Funcionamos en un campus, que tiene los atardeceres suburbanos que alguna vez elogió Jorge Borges de una Buenos Aires que ya no existe. Hay una biblioteca, una cantina, un estadio cubierto, aulas generosas y pocas oficinas. Por supuesto, usamos ese espacio, que no nos pertenece. Y allí intentamos hacer nido, lo que no siempre es fácil, porque existe el resquemor entre diferentes departamentos.
Nos encanta pararnos en la puerta principal del aulario y desde ahí examinar a quienes van entrando, con sus estrafalarios aspectos (muy propios de la juventud, por cierto), sus peinados raros. Los más inquietantes son los que parecen haberse despertado desnudos de una siesta, se pusieron un pantalón de fútbol, y bucito y se vinieron a escuchar una clase. Problema de registro, pienso, porque sé que el control de los registros es más o menos la clave de un éxito en la vida. Conozco gente que es capaz de hablar media hora sin decir nada o de escribir correos electrónicos larguísimos sin comprometer su pensamiento (cero sentido), pero que maneja a la perfección los registros de las situaciones.
En principio, en las primeras semanas hay que enseñar (deícticamente: ahí, eso) el registro universitario, para que quien quiera y pueda lo adopte. Por ejemplo: el hábito de fichar y de tomar apuntes. Esos hábitos han cambiado con el tiempo, pero siguen siendo imprescindibles. Sería irresponsable dedicar los escasos intervalos de las clases a abrumar a nuestros polluelos y polluelas con recomendaciones de registro, y por eso lo hacemos fundamentalmente a través de un chat grupal.
He dicho que voy a dictar el año entrante Literatura europea del Renacimiento y Barroco (creo que antes consigné mal el nombre). Es un objeto que me encanta porque, creo, suelda aquellas sensibilidades e inquietudes con las nuestras (para decir lo obvio: la Imprenta/ las Humanidades Digitales; las máquinas de pensar/ la IA, los estilos, la propiedad, la apropiación). Empiezo a revisar mis ficheros y encuentro cosas que van a servirme para ese proyecto, cosas que leí cuando yo mismo era estudiante. Rescato las fichas y las cuelgo del chat para que vean:
Como no se trata de sencillamente proponer como modelo una manía de loco, un desequilibrio de alguien que no tenía nada más que hacer que duplicar el tiempo de lectura, elijo estas fichas porque vuelven (y esa es la gracia de la ficha), muchas décadas después, en mis "Apuntes sobre San Sebastián" (fueron publicados todos en este blog, no quiero ni pensar hace cuánto tiempo):
"La perspectiva que domina el cuadro (“sotto in sú” de abajo hacia arriba), no hace sino acentuar la grandiosidad de la representación y, por lo tanto, universalizar el comentario de Mantegna: la iconografía de San Sebastián, con todo lo operístico que incluye, es el lugar donde la cultura anuncia (con ruido de fracaso) su propio punto de derrumbe)".
No tuve sino que recuperar lo que se había impreso en mi memoria por el ejercicio de fichado para poder entender un cuadro de Mantegna y ponerlo, como se dice, en perspectiva.
También en eso aquella época y la nuestra se parecen. Vivimos entre ruinas y nuestras disciplinas son partes de una ruinología. Para no hablar del tema de Mantegna: nosotros somos el cuerpo atormentado de Sebastiane. Y los que murmuran obscenidades al pie de su martirio son los libertarios. Contra ellos y para reconstruir todo lo que ellos destruyen y pretenden destruir es que esta carrera fue pensada.




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