sábado, 30 de abril de 2016

Uno de gallegos

El puente que se construyó al revés en Chile y ahora será demolido

Fue encargado a una empresa española que colocó una pieza clave al revés; está proyectado desde hace 25 años.




Política y corrupción


Por Daniel Link para Perfil

¿Puede haber sido tanta la corrupción, como parece? ¿Será que ahora, porque hay menos, todo reluce como lata (porque el oro se lo llevaron todo)? Imposible saberlo, me digo, mientras me zampo la Frecilina del día.
Como nos recuerda Artemio López, “El antecedente frentista inmediatamente anterior al impulsado por Néstor Kirchner en el año 2003 fue la convocatoria de Perón al Frente Cívico de Liberación Nacional (Frecilina) –la declaración se hizo en la revista Las Bases, en febrero de 1972–, que revitalizó la ofensiva política del movimiento peronista contra el gobierno militar que encabezaba el dictador Lanusse”.
No sería mala idea, con ese nombre que evoca a un antibiótico de amplio espectro, fabricar Frecilina 500 (o, mejor, de 1 gramo) para combatir la corrupción que, como todo el mundo sabe, designa tanto a un vicio o abuso como al proceso de echarse a perder o pudrirse.
¡Frecilina para todos y todas! Los jubilados y las jubiladas, las nativas y los migrantes, los embarazados y las abortistas. La Patria no puede esperar el lento paso del Aparato Judicial: ¡mejor es recurrir a la ciencia imaginaria!
¿Por qué nos duele tanto la corrupción? Tengo una respuesta, más bien apresurada: los gobiernos de derecha, por más ejemplarmente honestos que sean, siempre nos serán antipáticos porque sus proyectos son reaccionarios, retrasan y opacan el horizonte emancipatorio, la ansiada soberanía sobre si y la liberación de las energías potenciales del género humano, que es el norte de cualquier proyecto de superación del espantoso estado de las cosas de este mundo (lo que se llama “capitalismo”).
Los proyectos de izquierda (aún los que así se autoproclaman sin serlo, como es el caso del peronismo), en cuanto se complican con oscuros casos de corrupción, pierden toda su potencia simpática: nada es más horrible que una bella idea corrupta. Un médico a la izquierda: Frecilina 1 gr., endovenosa.

viernes, 29 de abril de 2016

Democracia offshore en la Argentina de Macri

 por Observatorio Argentino para openDemocracy

Tras la elección de Mauricio Macri en noviembre de 2015, la Argentina se ha convertido en punta de lanza de la nueva derecha latinoamericana; la misma que, en Brasil, acaba de aprobar el impeachment de la presidenta electa por un golpe parlamentario de un congreso plagado de corruptos y delincuentes. Macri comparte con sus socios brasileños, el líder del congreso Eduardo Cunha y el vicepresidente Michel Temer, no sólo la predilección por los negocios offshore y la desviación de fondos públicos a socios y amigos.
El co-titular de Fleg Trading, Kagemusha, Opalsen S.A. y Macri Group Panamá, involucrado también en más de una docena de otras empresas pantalla en paraísos fiscales, también sigue el ejemplo de sus pares de Rusia, Ucrania, Siria y Qatar nombrados en los Papeles de Panamá a la hora de usar la justicia para perseguir opositores y recortar la libertad de expresión. Pero a diferencia de lo que sucedió con Putin, Assad y Poroshenko, los medios argentinos afiliados al Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación han minimizado el involucramiento del presidente argentino en el escándalo de las cuentas offshore.
Con el beneplácito de sus socios internacionales, los diarios La Nación y Clarín mantuvieron en secreto las revelaciones sobre los negocios turbios de Macri hasta después de las elecciones presidenciales. Más aún, su gobierno fue informado de la publicación con al menos un mes de anticipación, lo suficiente como para armar estrategias mediáticas y jurídicas que desviaran la atención del escándalo.
¡Ladrones! (gritaba el ladrón, mientras metía la mano en la billetera)
Esta participación de medios de comunicación en el andamiaje político y a favor de grupos económicamente beneficiados no resulta novedosa. Sin embargo, hay niveles de obscenidad en dichas prácticas y quizás el caso argentino represente uno de los más flagrantes de los últimos tiempos. Cuando, bajo la dirección del periódico alemán Süddeutsche Zeitung, medios de diferentes países fueron convocados para coordinar la investigación, en la Argentina sólo se eligió a medios férreamente alineados con el macrismo, sin permitir el ingreso de ninguna voz independiente. Para colmo, el propio diario La Nación figura en los Papeles de Panamá como dueño de empresas offshore.
El tejido de acontecimientos posterior a las revelaciones no deja mucho lugar a dudas: en el momento del lanzamiento mundial de los Panamá Papers, el macrismo ya había urdido una red de contranoticias para cubrirlo, entre las cuales se destaca una catarata de imputaciones contra ex funcionarios y aparentes socios de la administración previa, mientras Macri declaraba estar “sorprendido” ante la existencia de sociedades offshore en cuya titularidad se turnaba con su padre y hermanos. El clímax de la operación llegó cuando se tapó la inevitable imputación al presidente actual con otra, al día siguiente, contra la su predecesora Cristina Fernández de Kirchner, la cual por supuesto cubrió las primeras planas.
La principal excusa de Macri, que una de las sociedades se creó para una operación que nunca avanzó, fue bochornosamente desmentida por Página/12 a través de una simple búsqueda en Google que resultó en –créase o no– un artículo del año 2002 del mismísimo diario La Nación. Al mismo tiempo, han surgido indicios de que empresas offshore a nombre de colaboradores de Macri podrían haber sido usadas para desviar millones de fondos públicos a la campaña electoral del PRO, el partido de Macri, que ha bloqueado asímismo la investigación iniciada por el gobierno anterior de las cuentas offshore relacionadas con allegados a la ESMA, uno de los principales centros de tortura de la última dictadura militar.
Pero el blindaje periodístico del presidente y varios de sus ministros es sólo la punta de un iceberg que ha venido operando desde hace décadas. El Grupo Clarín es porcentualmente uno de los multimedios con más concentración en todo el mundo, dueño de proveedores de televisión por cable, servicios de internet, radios, canales de televisión abierta y medios impresos. El diario del mismo nombre es el segundo de más tirada en español a nivel global. Junto con La Nación, el Grupo Clarín posee asímismo la mayoría accionaria del monopólico productor de papel de diario Papel Prensa, que fue adquirido en circunstancias sospechosas durante la última dictadura militar y que (al igual que sucede en Brasil con O Estado de São Paulo y O Globo) les permitió por décadas controlar la expresión pública impresa y audiovisual.
El gobierno kirchnerista intentó desarticular ese monopolio a través de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisuales, votada con amplia mayoría en ambas cámaras en 2009. Luego contaría con el triste honor de ser la ley más judicializada en la historia argentina, hasta que en 2013 la Corte Suprema la declaró constitucional. En su primer día de gobierno, Macri se apresuró a derogar dicha Ley con un Decreto de Necesidad y Urgencia: el Grupo Clarín, como resultado de esta devolución de favores, no sólo no deberá desmembrarse sino que ya está cerrando contratos para acceder al único rubro que aún le faltaba, la telefonía móvil.
Como resultado de esa reinstauración de los monopolios, los escasos medios opositores a Macri comienzan a desintegrarse y periodistas que lo han denunciado fueron echados de sus puestos. Así, a nadie puede sorprender que ataques armados a locales de la oposición y amenazas de bomba contra centros de derechos humanos hayan pasado casi desapercibidos, que las manifestaciones contrarias al gobierno sean negadas o minimizadas o que se escondan los despidos masivos que según fuentes sindicales ya suman más de 200 mil desde la asunción de Macri.
Siempre fue claro que las políticas de ajuste que llevaría a cabo el gobierno no iban a ser particularmente populares y que se requería la manipulación mediática para contener los desbordes. Sin embargo, la fuerza con la que este procedimiento está siendo llevado a cabo bordea la memoria de los tiempos más oscuros en la historia reciente del país.
Primero la sentencia, después el proceso
La protección mediática del gobierno de Macri funciona en conjunción con sectores de un poder judicial que, bajo la consigna general de la “corrupción”, buscan fundamentalmente perseguir, debilitar y en lo posible encarcelar a figuras políticas opositoras. Este protagonismo del poder judicial no es nuevo, y forma parte de una avanzada regional que encuentra en el caso brasileño y en el juez Sergio Moro –cabeza principal de la avanzada contra el ex presidente Lula– un ejemplo acabado.
Ese mismo esquema ya estaba en funcionamiento en Argentina, pero adquiere un nuevo impulso y alcance con la actual ofensiva judicial contra Cristina Kirchner: el juez Claudio Bonadío — un juez de perfil abiertamente pro-Macri, con antecedentes en el gobierno notoriamente corrupto de Carlos Menem, acusado de ‘dormir’ causes de tráfico de sangre contaminado y del encubrimiento oficial del atentado a la mutual judía AMIA en 1994, entre otras — la citó a declarar por una causa de debilísima base legal, que fue reconocida por un amplio espectro de juristas como persecución lisa y llanamente política (el juez acusa a la cúpula del gobierno anterior por una fijación del cambio de la moneda, medida que claramente forma parte de las atribuciones que tiene cualquier gobierno.)
Esa avanzada del poder judicial debe ser leída en el marco de otras irregularidades jurídicas, notablemente la prisión ‘provisional’ de la dirigente popular Milagro Sala en Jujuy, donde el mismo abogado defensor ha sido amenazado con una causa. El objetivo de estos jueces al servicio de sectores políticos y mediáticos parece ser el mismo: la foto en la cárcel de los dirigentes opositores.
Este mismo poder judicial, sin embargo, ha sido más que remiso en perseguir a figuras centrales del actual gobierno, empezando por el mismo Macri, quien acumula numerosas causas a las que ahora se le suman las de sus empresas offshore. Se trata de jueces abiertamente parciales, alineados con objetivos políticos del oficialismo –sobre todo, el de liquidar el peso simbólico del kirchnerismo. Pero se trata también de algo aún más grave: un poder judicial que quiere funcionar como vigilante de la política, que busca vaciar los sentidos históricos de las luchas, y que funciona como herramienta automática para una gestión neoliberal de lo social.
Una república como la gente
La campaña que llevó al macrismo al poder estuvo basada en una imagen de profesionalismo y respeto por las instituciones de un Estado que los medios corporativos habían retratado como invadido, manipulado, y utilizado por el kichnerismo como una maquinaria o bien disfuncional, o bien movilizada para su propio beneficio económico y/o político. Siguiendo un guión tradicional de las derechas nuevas y viejas, toda política de inclusión ciudadana fue caricaturizada y demonizada como favoritismo o negociado. A pesar de esta persistente acusación, el nuevo gobierno no se sintió limitado en su contratación de allegados y familiares para ocupar altos y medios cargos en las estructuras del estado, mientras se intenta proyectar como limpieza y prudencia la expulsión y ninguneo de aquellos ahora considerados ‘ñoquis’ sobrantes.
Más allá del cinismo que esta política de shock social connota, más allá de lo anecdótico que puede parecer la contratación serial de esposas, primos, yernos y amigos, se trata de una agenda política que transfiere poder y control de la economía a grandes capitales corporativos ligados a los funcionarios del macrismo. Es en este contexto que se inscriben fenómenos aparentemente desconectados tales como la contratación como funcionarios y licitaciones de contratos estatales a familiares y amigos, la obediencia a capitales especulativos que connota el pago a los fondos buitre, y las cuentas offshore del presidente, cuya supuesta ‘legalidad’ se sustenta en la lógica del capital transnacional.
‘El que tiene hambre de verdad, come cualquier cosa’
Hay un vínculo que une episodios aparentemente muy diversos como los negocios offshore de empresarios argentinos, la persecución jurídico-mediática contra políticos o militantes sociales renuentes al consenso de Washington y las inhumanas declaraciones de los funcionarios de la actual gestión –como la pronunciada por la vicepresidenta del Consejo Escolar de la Provincia de Buenos Aires para justificar la distribución de leche vencida en barrios pobres– efectuadas para justificar la supresión de las ayudas a los sectores vulnerables. Este vínculo es la descomunal evasión fiscal en países como la Argentina.
Desde hace décadas, los medios corporativos multiplican las denuncias por corrupción contra políticos contrarios a sus intereses para instalar en la población la idea de que pagar impuestos resulta inútil en un país donde los funcionarios se apropian los fondos públicos o los dilapidan financiando puestos estatales superfluos. Desde hace décadas, los medios concentrados suscitaron así una descabellada, pero eficaz, solidaridad entre los pequeños comerciantes, los profesionales o los trabajadores calificados obligados a pagar, como en cualquier otra parte del mundo, un impuesto a las ganancias, y los grandes empresarios que, como Macri y su familia, se dedican a abrir cuentas offshore para escapar a los controles del fisco.
Esta campaña puede resumirse con una declaración realizada por el periodista Jorge Lanata para el periódico madrileño ABC y publicada el 12 diciembre de 2015: “Macri no necesita poder ni dinero. Es muy noble que haya querido ponerse al frente del caos que hay en la Argentina”. Excluir a los pobres de la política, debido a que están tentados por la malversación de fondos públicos, y sustituirlos por los ricos: resulta difícil encontrar en la historia de la humanidad semejante declaración de amor a la plutocracia. Y esta dificultad nos da una idea de las proporciones de aquella campaña: no solamente para que semejante enormidad haya sido proferida sino también para que una buena porción de la opinión pública haya llegado a compartirla. Y plutocracia, después de todo, tal vez sea solo el antiguo nombre de esta nueva democracia offshore.



El "Observatorio argentino" lo componen:
Alejandra Crosta (University of Oxford), Alessandra Ghezzani (Università di Pisa), Andrea Pagni (Universität Erlangen-Nürnberg), Andrés Avellaneda (University of Florida), Anna Forné (Göteborgs Universitet), Ben Bollig (University of Oxford), Cara Levey (University College Cork), Carmen Arndt (AP Berlin), Cecilia Sosa (University of East London), Claudia Tomadoni (Bauhaus Universität Weimar), Daniel Ozarow (Middlesex University), Dardo Scavino (Université de Pau), David Rojinsky (King’s College London), Edoardo Balletta (Università di Bologna), Emilia Perassi (Università di Milano), Federica Rocco (Università di Udine), Fernanda Peñaloza (University of Sydney), Fernando Rosenberg (Brandeis University), Francisco Domínguez (Middlesex University), Gabriel Giorgi (New York University), Gisela Heffes (Rice University), Graciela Montaldo (Columbia University), Ignacio Aguiló (University of Manchester), James Scorer (University of Manchester), Jens Andermann (Universität Zürich), John Kraniauskas (Birkbeck College London), Jordana Blejmar (University of Liverpool), Kathrin Sartingen (Universität Wien), Liliana Ruth Feierstein (Humboldt-Universität zu Berlin), Milton Läufer (New York University), Pablo Rosso (Especialista en Moitoreo Ambiental, Berlín), Rike Bolte (Universität Osnabrück), Vikki Bell (Goldsmiths College London).

(Gracias, Jens)

Felz día, queridos




A bailiar sin música, fascistas del orto!!!!

Prohíben "toda actividad comercial de baile con música" en la Capital

Lo dispuso un juez porteño hasta tanto el gobierno porteño no ajuste los controles para evitar tragedias como la de Time Warp


martes, 26 de abril de 2016

Apoyar a Wikipedia

Estimado lector: 

Iremos directo al grano. Hoy, te pedimos que ayudes a Wikipedia. Para proteger nuestra independencia, nunca verás avisos publicitarios. Nos sostenemos gracias a donaciones de poco menos de $100. Solo una ínfima porción de nuestros lectores dona. Ahora es el momento en que tenemos que pedirte algo. Si todos los que están leyendo esto ahora donaran $30, nuestra campaña de recaudación de fondos finalizaría en una hora. Tan simple como eso: lo único que necesitamos es el precio de un helado. Si Wikipedia te resulta útil, por favor, tomate un minuto para mantenerla en línea y que siga creciendo. Somos una pequeña organización sin ánimo de lucro con los costos de un gran sitio web: servidores, personal y programas. Brindamos servicios a millones de lectores, pero funcionamos con solo una fracción de lo que otros grandes sitios gastan. Creemos que el conocimiento es una base. Una base para el potencial humano, para la libertad, para las oportunidades. Creemos que todos deberían tener acceso al conocimiento: gratis, sin restricciones, sin limitaciones. Ayudanos a finalizar la campaña de recaudación de fondos y mejorar Wikipedia. Muchas gracias.


 

lunes, 25 de abril de 2016

Del lado del fascismo, nosotros

El gobierno porteño suspendió las fiestas electrónicas hasta que una ley las regule

Rodríguez Larreta dijo que enviará un proyecto a la Legislatura "que apunta a la prevención sobre los efectos de las drogas, con una visibilización de los lugares de atención y puestos de agua"


Rosario: quieren analizar las pastillas que se venden en las fiestas electrónicas para que los jóvenes sepan qué consumen

Un proyecto de una concejala propone que un centro de la Universidad Nacional de Rosario intervenga las pastillas que se venden en las fiestas electrónicas.


Le style est l'homme même




sábado, 23 de abril de 2016

Calle Condarco



Otra denuncia estremecedora

Por qué bandas criminales en EE.UU. están robando toneladas de almendras

Detectives, fuerzas especiales y legisladores estudian cómo frenar una oleada de crímenes que tiene en vilo a la región del Valle Central de California, Estados Unidos.


Dar la voz

Giorgio Agamben: “El ciudadano es para el Estado un terrorista virtual”

El filósofo denuncia que el estado de excepción se ha transformado en “un instrumento normal de gobierno” con la excusa de la seguridad frente al terrorismo, quebrando la legitimidad del poder.


En una de sus obras más leídas, Homo sacer (Pre-Textos), parte de Hannah Arendt y Foucault, pero no olvida lo que aporta Kafka para definir la situación del hombre contemporáneo. “La literatura y la poesía fueron siempre muy importantes para mí. No creo que se puedan separar de la filosofía. No son campos incomunicados. Yo diría que son dos intensidades que atraviesan el campo del lenguaje humano”, opina.
En realidad, serían actividades destinadas a cruzarse. “Aquello que la poesía acomete con la potencia de decir, la política y la filosofía deben acometerlo con la potencia de actuar”, sostiene en El fuego y el relato. Ya en Hölderlin la poesía “marca el punto en el que el poeta, que vive como una catástrofe la ausencia del pueblo —y de Dios—, busca refugio en la filosofía, debe hacerse filósofo”. Pero “la filosofía moderna ha fracasado en su tarea política porque ha traicionado su tarea poética, no ha querido o no ha sabido arriesgarse en la poesía”. Lo intentó Heidegger aunque “no logró volverse un poeta”. Un poeta que viaja en un caballo que es la voz, “el elemento sonoro y vocal del lenguaje”, a la que sólo el “logos vuelve inteligible y clara”.
“La filología es clave”, explica, “no se puede separar el amor por el lenguaje (filología) del amor por la sabiduría (la filosofía). Un filósofo es siempre un filólogo. Y si éste intensifica su campo de trabajo tiene que volverse filósofo, como ocurrió con Nietzsche. La filología no es sólo una doctrina que se imparte en las universidades. Está relacionada con el propio devenir del hombre. Es como una memoria de la antropogénesis, de lo que hay de humano y de inhumano en el hombre”. Y en Idea de la prosa remacha: “Creyendo transmitir la lengua, los hombres, en verdad, se dan voz unos a otros”.



Elige tu propia aventura




FB: Subí que te llevo


Por Daniel Link para Perfil



Es una suerte que mi amiga la doctora (Ph.D.) no lea diarios (Facebook es su única fuente) porque, si lo hiciera, me reclamaría porcentajes sobre las columnas que le debo.

Nuestro último intercambio tuvo como objeto a UBER. Me inscribí en la aplicación y envié a mis amigos el código promocional para que se ahorraran cien pesos por viaje.

La doctora contestó “¡Pobres tacheros! Solidaridad!”, circunstancia que mi amigo el poeta aprovechó para hacer propaganda trosca: “Es terrible pensar que justamente un sector que estuvo tan arriba haciendo publicidad al fascismo de derecha más recalcitrante termine pagando los platos rotos del ajuste y la modernización social de este auspicioso presente por el que ellos trabajaron tanto. ¡Solidaridad ya!”.

La doctora, adherida a una era geológica ya superada, replicó: “¡Ahora serán otro gremio antimacrista! Yo los infiltro en cada viaje”.

Me sentí un poco responsable de haber abierto la puerta de semejante pista de patinaje y le recordé que el gobierno de la ciudad y, sobre todo, el gobierno nacional, se habían expedido terminantemente contra UBER, lo que había redundando en la caducidad de su bono de bienvenida (y también del mío), porque la empresa se lanzó a la conquista salvaje de un territorio nuevo y ofreció viajes gratis. De todos modos, no hubo forma de conseguir un móvil durante todo el fin de semana pasado.

Como habíamos quedado en comer con nuestro amigo el abogado en un lugar relativamente cerca, y donde no abundan los estacionamientos, y llovía, decidimos llamar un taxímetro. El conductor, ignorante de nuestros intercambios, sin embargo corroboró todos nuestros juicios previos (que no son prejuicios).

Reclamo, pues, que el servicio UBER se reglamente a la brevedad y que los conductores de taxis se incorporen (con la amabilidad requerida) a ese servicio y a los que vendrán: UBERbus, UBEReats. Más tarde o más temprano, la doctora cederá.


viernes, 22 de abril de 2016

FB:





FB: el fascismo llama a tu puerta

La Justicia ratificó el bloqueo a la aplicación y la web de Uber 

La medida pesa contra "todo recurso tecnológico que permita contratar y/o hacer uso de los servicios de transporte". 


jueves, 21 de abril de 2016

C'eravamo tanto amati






FB: Una fundación: "Por una teoría crítica del género"


La carríada




Adios mi juventú


Según confirmó su representante, la estrella de rock falleció hoy, en su casa de Minnesota. El sábado pasado había sido hospitalizado de urgencia en Illions. Padecía una enfermedad pulmonar.




Murió Magaldi, Gardel vive también


Por Daniel Link para Brando

Lado A Para las personas de mi edad (infancia transcurrida en los festivos años sesenta y primera juventud en los ardientes setenta) y de mi formación (por lo menos grado terciario en humanidades, entrenado en las suspicacias de la crítica de la mercantilización de la cultura), Michael Jackson nunca fue una figura cómoda y, durante mucho tiempo, nos fue totalmente indiferente. Todavía hoy, conozco poco sobre la “obra audible y visible” de Jackson (opacada por los torpes e injustos escándalos que lo rodearon) y, por lo general, sus canciones no me conmueven ni me seducen, y casi me atrevería a decir que me aburren.
Durante los ochenta, Michael Jackson tuvo su doppelgänger, mucho más adecuado a la sofisticación que pretendíamos sostener en relación con una cultura musical que, nos parecía, se volvía irremediablemente pueril (como parecía ser su destino desde un comienzo): “el artista antes conocido como Prince”.
Tan agudo fue el conflicto entre Jackson y Prince por la soberanía en el alucinado mundito de la cultura industrial que el primer hijo del autodenominado “Rey del Pop” fue bautizado con el nombre de su sombra (como quien dijera: “Prince es hijo mío”). Fatalmente, esa jactancia terminó volviéndose en contra de quien la pronunciaba y, si hay que creerle a la prensa amarillista, en 2007 Prince
Rogers Nelson habría rechazado la propuesta de Jackson para realizar una gira de conciertos conjunta, en uno de sus tantos anunciados (y malogrados) regresos a los escenarios. Mucho antes, Prince había renunciado incluso a su nombre y había puesto su obra bajo la tutela de un garabato andrógino, como si quisiera ocultar todo rastro de haber sido alguna vez engendrado (y denominado) familarmente, burlar la persecución de las corporaciones de la música y, al mismo tiempo, despegarse definitivamente de la corte disfuncional en la que Jackson quería complicarlo.
Sé que no hay manera de defender los gustos propios, fundados en una imposible (es decir, necesaria) cadena de azares y coacciones, pero
al menos para mí (toda generalización podría volverse en mi contra), Purple Rain será siempre mejor que Thriller y Michael Jackson será Magaldi en un mundo alucinado (los años ochenta) en el que Prince (es el veredicto de mi memoria, es decir, de mi imaginario, y no puedo renunciar ni a una ni a otro) brillará para siempre como Gardel.
Para mitigar un poco estos seguramente caprichosos arrebatos juveniles, me obligo a considerar las ciento cincuenta millones de copias de
Off The Wall, Thriller, y Bad, que convierten a ese trio de discos no sólo en un hito de la industria (algo que sólo puede importarle a los estrategas de la mercadotecnia), sino en una onda irresistible de memoria que hará sobrevivir más de una de las canciones de Jackson después de la desaparición de su soporte biológico (por el sencillo respeto que las generaciones suelen profesar por las pasiones unánimes del pasado, se trate de la Ilíada o de un video de MTV).
La suerte de Prince, en cambio, no está tan clara: revolucionó la música house con su Batdance y también ha vendido decenas de millones de discos, pero canciones como “Nothing Compares 2 U” o “When Doves Cry”, tal vez se asocien antes a los nombres de quienes las reinterpretaron (Sinead O'Conner y Quindon Tarver, respetivamente) que a un nombre de autor insostenible (
The artist formerly known as Prince).
Para una mayor abundancia de argumentos en favor y en contra de Jackson respecto de su doble histórico, Internet (con sus poblaciones de maníacos nómades y persistencias dementes) es la mejor fuente. El mejor comentario en relación con esto sigue siendo el de un anónimo y avispado cibernauta: “la diferencia entre Prince y Michael Jackson es la misma que hay entre Howard Hughes y Hugh Hefner: ¿a quién le pedirías que planifique tu fiesta?”.

Lado B Si he querido detenerme en esos antiguos rivales en el momento en que uno de los dos parece habernos abandonado es porque establecen un principio de articulación que, bien mirado, caracteriza a toda nuestra civilización (la de ayer, la de hoy, la de mañana).
La diferencia (mínima, tal vez, y por eso mismo significativa) entre Prince y Michael Jackson señala el sentido que entre los dos se sostiene, en contra de una cultura que siempre apareció como hostil a toda forma de significación que pretendiera sobrevivir a las aguas heladas del cálculo egoísta. Y sin embargo...
Aunque Michael Jackson haya muerto el 25 de junio de 2009, y aunque Prince
siga estando vivo, ninguna de esos veredictos (vivo/ muerto) son más que aproximaciones a modos de existencia que, antes de ellos, habría sido imposible sostener.
Es sabido que el soporte biológico de la figura llamada Michael Jackson fue mutando con violencia inversamente proporcional al
steady state en el que parece haberse instalado Prince desde hace años. Eternamente joven el último, tan idéntico a si mismo que no puede ser sino otro (otredad que, naturalmente, subrayaba el abandono del nombre que la madre le dio, retomado con el cambio de milenio), desfigurado el primero (ya por una enfermedad hipotética, el vitiligo, o por otra comprobada, la adicción al quirófano y al maquillaje), los dos constituyen especies diferentes de monstruos, es decir: un más allá de todo principio de clasificación y sobre todo, de generación (ya nunca más biológica, ni familiar, ni humana).
Al renunciar al nombre, Prince se obligó a trabajar en un más acá de los sistemas de clasificación, hundiendo su figura andrógina y su compulsión a componer sin pausa en esa marea donde todos las propiedades y todos los gestos se confunden en una misma danza: el reino de lo imaginario, el canto errante de todos los fantasmas.
Michael Jackson renunció a su color, a su cara, seguramente a su extraordinaria capacidad de bailar y de cantar (en algunos documentales últimos su
performance es penosa), mediante sucesivas y dramáticas intervenciones que no hacían sino subrayar la obsesión por realizar su imaginario: someter la carne a todos los sufrimientos del mundo hasta volverla inmaterial, nívea, inconsistente; afectar la propia cara (espejo del alma) a tantos movimientos ascencionales hasta que de ella no quedara sino una máscara angélica, más allá de lo humano, fuera de un mundo que le hizo pagar en moneda contante y sonante el atrevimiento de querer situarse fuera de la historia, la cultura y el Estado (abstracto como pretendía ser, Michael Jackson no consiguió, sin embargo, superar la abstracción del dinero).
Huyendo uno (como si se pudiera) de los nombres propios de la madre y del padre, destruyendo el otro lo real (a golpes de cuchillo), entre los dos trazaron las dos únicas líneas de fuga posibles en relación con la
pop culture y marcharon hacia diferentes formas de desierto, hacia identidades móviles o inexistentes, no pudiendo ya más coincidir con ellos mismos, hacia éticas trans (transhumanas, transgénicas, transestéticas, desorganizadas).
Inútil como es, la muerte de Michael Jackson, ese quijotesco contendiente de lo real que, tal vez sin saberlo, fundó una nueva antropología, nos obliga a canturrear: “descansa en paz (talita cumi),
and let me guide u 2 the purple rain”.




 


Hércules con cinturonga


PIRULO DE TAPA
(en Página/12)

“No le deseo a nadie, ni siquiera a mis peores detractores, lo que le ocurre a esta estatua. Es sistemático”, comentó el alcalde de la localidad francesa de Arcachon, Yves Foulon. La imponente estatua de Hércules, de 3,10 metros, fue levantada allí en 1948, en homenaje a la Resistencia antinazi. Pero en forma recurrente, desconocidos amputan el gran pene de roca. Para terminar con el problema, el municipio decidió ponerle ayer un miembro desmontable de piedra. Será un pene “ceremonial”*, ya que solamente será reinstalado para los actos públicos.



*El fascinum de nuestros mayores.

(Gracias, Diego)


Dicen que...

Los modos de leer y sus ventosas

por Leo Cherri para El taco en la brea

Esaes la vuelta de Suturas, su “Replay”, una apuesta al presente vía el ritornello y las marcas que como estratos o palimpsestos se superponen, a veces invisiblemente, en los cuerpos, en las imágenes y en los nombres. En ese diagrama (concepto moderno), la filología (cosa rancia, categoría de un más que pasado) no es una pregunta ni metodológica ni historiográfica sino ontológica, correlativa a la pregunta por el Tiempo y la Historia. Se trata de una filología al mismo tiempo musical, visual y táctil, una filología diferencial e infraleve, tartamuda y retardada, adecuada “a las formas de vida del día después de mañana” (47). Y como “es, pues, un enamorado el que habla y dice” (Barthes 23), este modo de leer implica una “efectación al Tiempo y a los tiempos: una lectura ni cercana, ni lejana sino ‘en cámara lenta’” ya que no hay “separación posible entre lo que está escrito y lo que vive” (125). Y lo que vive todavía, promete Link, aparecerá en ese ralentamiento. Nada menos. Clases no puede considerarse ningún princeps (2° pieza), y Fantasmas es a la vez un retardo y un avance (1° y 3° pieza), Suturas no puede ser sino un punto cero (0° pieza): el umbral definitivo (“Tornada”), lo neutro, el vacío y la multiplicación, simultáneamente. Por eso, Link vuelve nuevamente a todo: al pop vía Borges; a las chispas de la filología y el comparatismo americano de Pedro Henríquez Ureña, Alfonso Reyes y Ricardo Rojas (esos tres negritos que comprendieron la potencia de las formas y de la vida); al camp y a la voz del cielo que resuena en Manuel Puig (que rescribe el siglo XX y, por eso, es uno de los escritores más sofisticados de todos los tiempos); a la filología como manipulación genética a través de Eduardo Kac; a la relación autóctona entre naturaleza y arte de la poesía en García Lorca, Rilke y Juanele; a lo queer de Lewis Carrol y a lo infinito de Cesar Aira; al snobismo en Kojève y Barthes; a Youtube, el neolítico superior; a la teología (negativa, crítica) de Alejandra Pizarnick, de Jean Genet y de León Ferrari; a Giorgio Agamben, que a través de Pasolini y Lorca aparece como poeta; a los juicios de Flaubert y Baudelaire; al nombre “profesor” vía Enrique Pezzoni y al nombre “escritor” vía Quique Fogwill; a las sutilezas de su maestra, Anita Barrenechea; a figuras ineludibles, David Viñas y Beatriz Sarlo; al cine en la era de la reproducción digital (Guy Debord, Jean Luc Godard), al cine después de mañana (Lars Von Trier, M. Night Shyamalan, Albertina Carri), a un pensamiento sobre los nombres en Rafael Spregelburd; a una ética sobre la materialidad textual en el teatro de Alejandro Casona (pues se opera “sobre carne viva” hay que ser “fiel a tu Dick”); La primavera, ambigua, de Botticceli. Y sigue: Lucrecio, el Hombre de Cro-Magnon, los museos y las bienales, Herzog, La celestina, Copi, Rayuela, Sontang, Martianus Capella, Bellatin, Obama, Nietzsche, los zombies, el facismo: la lista agobia.
Veo el listado que hice a falta de mejores ideas de escritura y noto lo melancólico que hay en volver nuevamente a todo. En efecto, como hay vida todavía, también hay partes de nosotros que se vuelven “humo negro”: puertas (en-tornadas) que se cierran. Pero como no podría ser otro modo, la alegre melancolía de Suturas, un tanto queer, no está bajo el signo de Saturno sino sobre el regazo de Dionisos: ¡dios de mil nombres! (el coro es de Ureña).
Otra vez Daniel Link nos ha llenado de joyitas iridiscentes que ha sacado del barro que a veces con horror llamamos presente, a veces sentido común, y a veces, incluso, polémica. Sin ánimos de polemizar pero sí de discutir y de debatir, estamos frente a un libro (la sistematización tartamuda y retardada del pensamiento de uno de los teóricos fundamentales de América Latina) que replantea una situación concreta de los lenguajes, de la literatura y de las otras artes en relación con lo viviente que, repito, hoy por hoy se encuentra en un estado crítico. No hay allí ningún deseo de novedad o de transformación alguna: acá, independientemente de cada deseo, estamos viviendo todavía. Miope sería no entender esta situación. Y peor aún, diría, no escuchar este llamado: “espero que todo esto conduzca a una ética y funde una comunidad (la de aquellos que no tienen ni tendrán comunidad)” (659).



Cherri, Carlos Leonel. “Sobre Suturas: imágenes, escritura, vida, de Daniel Link”, El taco en la brea, 3: 3 (Santa Fe: mayo 2016), págs. 180-189.
 

 (Gracias, Leo)