Después llegaron las ciudades y más tarde los Estados, con su potencia de maldad, a conquistar el mundo natural o simplemente aniquilarlo.
Hoy, sólo sentimos en verano el temblor de felicidad o desdicha asociado a los eventos de la Tierra: como veraneantes, nos entregamos a la nostalgia por un mundo perdido.
Mientras anoto este propósito en la última página del libro que estoy leyendo, sentado bajo un sauce que yo mismo planté hace algunos años, una araña escondida en un arbusto próximo deja flotar en el aire el hilo brillante de baba con el que pretenderá atrapar algún insecto. Antes, el hilo deberá encontrar un punto de sostén en otra parte, para que ella pueda tejer su trampa viscosa.
Un poema de Maria Borio (de Trasparenza, 2019)
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DORSORUDO
I
Las casas junto al agua tendrán solidez
pero los ojos alrededor no son humanos.
Entre atmósfera y atmósfera todo se transforma.
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Hace 3 días.





