lunes, 7 de diciembre de 2015

Resistencia cultural

Telerman 'cambió' y estará a cargo del Complejo Teatral de la Ciudad 

El exasesor de campaña de Daniel Scioli hizo oficial su pase al PRO al aceptar el cargo. Formará parte del equipo de Darío Lopérfido. 



La luz a tí debida


Un niño de ocho años es sometido a un electroencefalograma “un día alucinado” “en algún hospital de provincia”. Para contar la escena, se suceden los versos que forman “Poema acéfalo”, la primera de las partes en las que Diego Bentivegna divide La pura luz, su último libro. El procedimiento médico se sobreimprime a una experiencia poética y a un recorrido intelectual. No es la voz del niño la que recorre los versos libres de métrica pero atados a una tradición que va desde lo alto, “como en los versos de Dalton”, de la cultura letrada, a lo menor, la provincia. Es una deriva por el cuerpo de pequeño, por las palabras que refulgen iluminadas, hasta la ceguera, por esa luz. Que es la de Pasolini que se enciende en el epígrafe: “Ed era pura luce”, hasta la de Ciocchini: “¿podría ser acaso exterminada?” Pero, en todo caso, con el autor de Poesía en forma de rosa comparte su poesía en forma de prosa de este libro. También, va del Pasolini consagrado al del verso en fruilano, la lengua de la madre, como refugio de la palabra y la provincia como ese
interior íntimo.
“La loca croata”, el segundo extenso poema, lleva cita de Bispo do Rosário. Nadie mejor para atar arte y locura. Bispo do Rosário murió de loco y de viejo para la psiquiatría; de enviado de Dios y profeta para él mismo. Lo que no pereció, o en todo caso renació casi como una ironía, es su arte.
Es que Bispo es el modelo del artista loco, encerrado en su cuarto del hospicio bordando paneles, construyendo barcos y cosiendo el ropaje que usaría el día que el Señor lo indique y sea el fin de este tiempo. Su “atelier”, un lugar de cruce entre la racionalidad de la ciencia, el delirio del “anormal” y los devenires artísticos, es el espacio perfecto para ligarlo a la tradición de los artistas-locos. En los versos de Bentivegna, la loca croata es eslava, es esclava que reza a sus muertos.
Mejor dicho, “a sus muertitos”. El diminutivo es afectivo y de nuevo, menor. Se viste de negro y deambula por un conurbano alucinado, Munro, Adelina, Florida, mientras recuerda Zagreb, los trenes, Budapest. O ¿era Udine, Triste, Milán? Aquí las palabras se oscurecen. La pura luz emerge del sentido: no es la luz diáfana que hace que el niño se vuelva transparente en el primer poema.
Es el sonido de una lengua rara, la masa informe de los muertos, “secos como una hoja, en una tela de Kiefer”. Justamente, el pintor de versos. Los de Celan, por ejemplo, en el cuadro que el artista alemán le dedica al pelo dorado de Margarete (Dein goldenes Haar Margarete). Que Paul Celan le contrapuso el ceniciento de Sulamith y, de esta manera, enlazando los cabellos y las palabras, escribió uno de los poemas más conmovedores y perfectos sobre el drama y la muerte: “Todesfuge” (Fuga de muerte) Kiefer parece necesitar a Celan para poder hablar de ese pasado de ignominia. Lo busca en su lengua alemana aprendida, en sus palabras metálicas y magnéticas, en el vacío de sus versos cortos, en la intervención frente al silencio. Bentivegna, por su parte, contrapone dos territorios y dos lenguas. En este caso, a oscuras y como un murmullo.


 

¿Qué hay de nuevo, viejo?










domingo, 6 de diciembre de 2015

Detengan esta boda


Señora Jueza: yo no estoy de acuerdo con este acto y voy dejar claro por qué, haciéndole sólo una pregunta al novio.
-Guillermo, ¿cuál es el nombre del primer planeta que destruye la Estrella de la Muerte?
-Ehhhmmmm, uhhhhmmmm.




Usted decide: ¿Winona Ryder o Eva Green?





La boda de mi mejor amiga





La vida que viene: ensayos de Daniel Link

Por Marcos Vidable para La voz del interior

“Leer bien es relacionar lugares lejanos”, escribió Daniel Link en Clases. Literatura y disidencia (2005), primer volumen de un proyecto crítico al que luego se afilió Fantasmas. Imaginación y sociedad (2009) y, ahora, Suturas. Imágenes, escritura, vida. Esa frase inicial de algún modo condensa lo que despliegan los ensayos en conjunto: la lectura como forma de vida, leer para averiguar lo que aún vive en los cuerpos. Mientras que en el primer libro Link se ocupaba de los dispositivos de clasificación y normalización de la cultura (entendida como aparato de selección y administración), y en el siguiente de las potencias de lo imaginario y de las unidades fantasmáticas en la sociedad, en Suturas abre un nuevo mapa conceptual. Interroga no solo las imágenes que provienen de la televisión y del cine sino también las que surgen de los museos e Internet, y las conjuga con el examen de archivos, relatos y autores: de Alejandro Casona a Rafael Spregelburd, de León Ferrari a Jorge Baron Biza.  
Divididos en cuatro partes (Método, Imágenes, Nombres y Escrituras), los textos interpelan la situación de lo viviente hoy, entre la cultura letrada y la digital. Por ejemplo, en “1879” –sobre el cuerpo queer y sus marcas históricas–, o en “Violencia” –sobre una intervención curatorial de Cuauhtémoc Medina en un México infernal. También aparecen otras versiones de trabajos que ya conocíamos, como “Fascismo”, acerca de películas que reflexionaron sobre los regímenes totalitarios del siglo 20, publicado en Clases y ahora reproducido con diferentes hallazgos sobre la soberanía en los estados de excepción. 
Un concepto que se hunde entre las suturas (“marcas de una herida”), inasible y central en los debates contemporáneos, es el de vida, que junto con el de biopolítica (presente en los tres volúmenes publicados), le permiten al ensayista repensar la cuestión de “Cómo vivir juntos”: “La más política de las interrogaciones que el arte actual puede hacerse (o lisa y llanamente, la única pregunta política que importa)”, como ya había planteado en Fantasmas. Aquí agrega: “Nuestras sociedades han dejado de ser hoy sociedades políticas: son algo completamente nuevo, para lo que carecemos de una terminología adecuada y que por lo tanto nos obliga a inventar un pensamiento nuevo y una nueva estrategia”.  
Aunque no se reducen a ella, las investigaciones del autor pueden inscribirse en la línea que los lectores de Foucault y Agamben abrieron en los últimos años en el amplio terreno de los “estudios literarios”. Una muestra reciente son las agudas indagaciones de Gabriel Giorgi. Si bien, como ha señalado Edgardo Castro, la biopolítica (foucaultiana), al circular por los más diversos contextos y usos, corre el riesgo, como antes le sucedió a la categoría de posmodernidad, de vaciarse de contenido específico, los ensayos de Daniel Link no tropiezan con ese escollo dado que no usan la caja de herramientas teóricas para acabar con las preguntas sino para multiplicarlas.

Una boda y un (casi) funeral


No vengo acá a cumplir con la obligación milenaria del padre que entrega a su hija a un clan extraño para garantizar la supervivencia de la cultura. Vengo aquí, junto con ustedes, como testigo privilegiado de un amor que hoy se transforma en instituto matrimonial.
¿Cuantos amores se pueden tener a lo largo de una vida? Dejo de lado los arrebatamientos, que nunca sabemos exactamente cómo interpretar: amores frustrados, sin historia y, por lo tanto, sin destino y, sobre todo, sin Tiempo. La diferencia radical entre el amor y el arrebatamiento tiene que ver con esa perspectiva temporal: no tanto que el amor va a durar muchos anos, todos los anos (mientras que el arrebatamiento es instantáneo), sino que el amor ya ha durado demasiado y en cada uno de sus instantes existe su historia entera. Todos sabemos, porque el amor no es sólo una intensidad interior, sino algo que sucede en círculos de sociabilidad, cuánto amor hay entre Eugenia y Guillermo. Él la necesita a ella como la luna necesita de la poesía para brillar en la noche, y ella lo necesita a él como el viento necesita de los árboles para soplar suavemente su música. Eugenia es carne de mi carne y sangre de mi sangre. Guillermo no. Pero hoy no sabría decir cuál es más propio y cuál es más ajeno, porque juntos armaron una unidad indestructible.
Yo no sería yo, sin embargo, si no les lanzara a los dos esta amenaza: sean fieles y verdaderos el uno con el otro, crezcan juntos, trátense bien, cuídense, usen la imaginación para salvarse del tedio matrimonial porque, de lo contrario, mi espectro se les aparecerá, como humo negro, como un gigante demente, y les arrancará nervio tras nervio. No dejen de sostener el amor que se tienen hasta el fin de los Tiempos, porque ésa es la única inmortalidad que ustedes y yo podemos compartir, queridos míos. 
 
DL, 05/12/2015





sábado, 5 de diciembre de 2015

Paso a la clandestinidad


por Daniel Link para Perfil

¿Qué hemos estado haciendo últimamente, además de leer los diarios como nunca desde 2008 y mirar programas de debate político? Me refiero, claro está, a nuestro tiempo libre: hemos trabajado de sol a sol con cara al futuro que no será muy promisorio, pero sigue siendo nuestro. Casi nada: nos hemos reído con las simpáticas declaraciones del Dr. Albino, hemos deplorado el nombramiento de la Sra. Bullrich (si no fuera por otra razón, porque no puede haber dos personas en un gabinete con el mismo apellido, salvo que éste sea Fernández), hemos visto poca televisión de calidad.
Un poco por falta de tiempo y sobreabundancia de cansancio, pero también porque la oferta fue más bien pobre. La segunda temporada de Penny Dreadful fue extraordinaria, pero terminó en julio. La segunda temporada de The Leftovers es muy mediocre y los capítulos se acumulan al ritmo de las incorporaciones a planta permanente de los últimos kirchneristas vivos. Doctor Who, con Peter Capaldi en el rol protagónico, es penosa y soporífera. Me duermo irremediablemente en el tercer capítulo (la temporada ya va por el décimo primero). La sexta y última temporada de Downton Abbey está muy bien, pero ya se acaba, y no me gustan nada American Horror Story, ni la nueva Jekyll y Hyde (cuya producción es farónica, pero cuyos guiones dejan bastante que desear).
Me fastidia un poco mi pobre cosecha televisiva, porque sé que tengo buen ojo para juzgar producciones, guiones y casting. Todo el mundo alabó Misión Imposible 5, pero nadie tuvo la gentileza de señalar que la película es notable por la actuación de Rebecca Ferguson como Ilse, a la que yo descubrí hace una elección, cuando hizo La reina blanca (que seguimos en Argentina apenas un puñado de fanáticos de Ingrid Bergman, de quien la actriz parece clonada).
Los archivos que distribuye Netflix me dejan siempre frío (son apenas ideas prometedoras para las cuales nunca hay demasiado presupuesto) y soy incapaz de dejarme llevar por las ficciones locales porque me parecen cargadas de demasiada realidad y yo miro televisión para distraerme de ella (para lo demás están los libros).
Mi marido pretendió que viéramos una serie nueva, donde Sharon Stone actúa como vicepresidente de los Estados Unidos, pero me pareció una boudoudez.
Señores de la televisión, si no quieren que me pase a la resistencia y los juegos de consola, por favor, mejoren la puntería. Quedan advertidos.


jueves, 3 de diciembre de 2015

La psicología conduce a lo peor


Juan Cruz Avila-CV

Experiencia

2009 – actualidad (6 años)
Idea, desarrollo y producción integral de formatos para televisión abierta:

- Animales Sueltos (América TV, 2009 a la actualidad)
- El Show del Fútbol (América TV, 2009 a la actualidad)
- Desayuno Americano con Pamela (América TV, 2011 a la actualidad)
- Transmisiones de automovilismo categoría Top Race (América TV, 2009-2011)
2000 – 2006 (6 años)
2000 – 2006 (6 años)
Dirección general de la emisora de radio frecuencia modulada deportiva.
Torneos y Competencias
1993 – 2000 (7 años)
Producción general de formatos, eventos y transmisiones deportivas para televisión abierta: 

- Fútbol de Primera (Canal 13, temporadas 1991-2000)
 
- Mundial de Fútbol USA ’94 (Canal 13)
- Juegos Olímpicos Atlanta ’96 (Canal 13, Telefé)
- Mundial de Fútbol Francia ’98 (Canal 13, Telefé, América TV)
- Mundial de Fútbol Corea Japón ’00 (América TV)
- Torneos AFA: Apertura – Clausura (Temporadas 1991-2000)
- Copas Mercosur
- Copas América
- Copas Libertadores

Idea, desarrollo y producción integral de formatos para televisión abierta y por cable:

- El Equipo de Primera (Telefé)
- Locos por el Fútbol (Canal 13)
- Minuto Cero (Fox Sports)
- La Última Palabra (Fox Sports)
- Fox Sports Noticias (Fox Sports)
1989 – 1992 (3 años)
Reconocimientos y premios

  • Mejor Programa Deportivo 2013. El Show del Fútbol.
Premios Tato
2013
  • Fútbol de Primera.
Martín Fierro de Oro.
1998
  • Futbol de Primera, Mejor Programa Deportivo.
Martin Fierro
1998
  • 38 Martín Fierro
APTRA
- América Noticias, mejor noticiero (2001-2003-2006)
- América Noticias, mejor labor periodística femenina, Mónica Guitérrez (2002-2003)
- Punto Doc, mejor programa periodístico (2001)
- TVR, mejor programa humorístico (2001-2003)
- TVR, mejor conducción masculina, Fabián Gianola (2001)
- Detrás de las noticias, mejor labor periodística masculina, Jorge Lanata (2001-2002)
- Tumberos, mejor actor protagonista, Carlos Belloso (2002)
- Tumberos, mejor actriz protagonista, Mirta Busnelli (2002)
- Almorzando con Mirtha Legrand, mejor programa de interés general (2003)
- Almorzando con Mirtha Legrand, mejor conducción femenina, Mirtha Legrand (2003-2004)
- Día D, mejor labor periodística masculina, Jorge Lanata (2003)
- Sol Negro, mejor protagonista masculino, Rodrigo de la Serna (2003)
- Indomables, mejor programa de interés general (2004)
- Indomables, mejor conducción masculina, Roberto Pettinato (2002-2003-2004)
- Doble Vida, mejor actriz de novela, Claudia Lapacó (2005)
- Tiempo Límite, mejor programa de entretenimientos (2005-2006)
- RSM, mejor programa humorístico (2006)
Educación

Facultad de Humanidades, Licenciado en Psicología
2006 – 2009
Productor y Director de Cine y TV.
1991 – 1995


miércoles, 2 de diciembre de 2015

Otro fusible...


Desconcierto y polémica por el cargo educativo de Juan Cruz Avila

La elección del productor de TV como secretario de Políticas Universitarias de Macri.Ayer se confirmó el anticipo de Clarín. Los especialistas lo tomaron con sorpresa. Y provocó malestar en la UCR.


Jate jodé!

 

Para el auto




lunes, 30 de noviembre de 2015

Qué pecado...


Delfina Rossi renunció a su puesto de directora del Banco Nación

Números finales: Macri le ganó por 680.000 votos a Scioli

infância


 por Daniel Link para ALEA | Rio de Janeiro | vol. 17/2 | p. 199-215 | jul-dez 2015

(...)

O pessimismo do entreguerras é uma pandemia que arrasta quase todas as consciências como um anjo malvado da história, com sua espada amígera e seu chamamento não à destruição, mas ao pesadume. Com os pés afun- dados em um pântano que parece já tragá-la, a modernidade torna-se mito (revela-se, por tanto, antimoderna).

(...) 

Uranio enriquecido

Otro acto de despedida de Cristina: recorrerá una planta de uranio en Bariloche

Cristina se va del Gobierno un 843% más rica de cuando asumió

sábado, 28 de noviembre de 2015

El día después


por Daniel Link para Perfil

Nadie en su sano juicio podría haber considerado que el candidato oficialista hubiera podido garantizar la gobernabilidad durante cuatro años más. Y sin embargo muchos lo hicieron, lo que habla de un alto grado de irracionalidad política. Toda fuerza necesita un sabático, y el kirchnerismo lo tendrá, al menos en lo que se refiere a la gestión de gobierno.
Como ha triunfado la derecha liberal (los titulares europeos suelen invertir la fórmula y dicen liberalismo de derecha, imaginando que pudiera haber uno de izquierda, pero nuestras opciones eran la derecha populista y la derecha liberal, dilema en el que me abstuve de intervenir, poniendo en juego relaciones personales y familiares), necesitaremos de las fuerzas kirchneristas en el parlamento y en los organismos de control, en los medios y en las universidades: en todos esos lugares que, nos han dicho, estarán amenazados a partir del 10 de diciembre.
La democracia, lo hemos comprobado este año, es agotadora. Exhaustivamente agotadora. Nos obliga a una vigilancia extrema de los comportamientos propios y los ajenos hasta límites exhasperantes. Son las reglas del juego, sobre todo si apostamos a la potencia de la sociedad civil, ese sujeto abstracto que uno de los candidatos supo interpelar mejor que el otro.
El Sr. Macri ha sido obligado a declarar que no suspendará los juicios por violaciones a los derechos humanos, que no cerrará Tecnópolis, que no, que no, que no. Son todos triunfos de la oposición naciente, a la que hay que felicitar por ello.


jueves, 26 de noviembre de 2015

La coca con ferné les cayó mal




miércoles, 25 de noviembre de 2015

In-ex-cu-sa-ble

Jate jodé!

Patricia Bullrich, ministra de Seguridad

Mauricio Macri designó a la actual diputada Nacional como titular de la cartera que hoy dirige María Cecilia Rodríguez.


martes, 24 de noviembre de 2015

Cierre del año




domingo, 22 de noviembre de 2015

Llegaron....



sábado, 21 de noviembre de 2015

Palpitaciones

por Mariana Catalín para BazarAmericano
 
Suturas, imágenes, escritura, vida, de Daniel Link, Buenos Aires, Eterna Cadencia, 2015.
 
Reseñar libros extensos es, casi siempre, un problema. Más aún cuando esos libros apuestan a la multiplicidad y a lo informe (o, en coherencia con el objeto que me ocupa, a lo monstruoso). Con los libros de ensayos de Daniel Link, particularmente, con su último libro de ensayos, Suturas. Imágenes, escritura, vida, el problema se vuelve acuciante, al menos, por un par de razones. En primer lugar, por algo que en alguna otra parte resumía de la siguiente manera –pensando en un lector que pudiera, tal vez, no conocer la “obra de Daniel Link” (¿es esto hoy posible?): “La mirada de Daniel Link es, tal vez, una de las más abarcadoras del ensayo argentino actual. Desde el comienzo de su producción, marcado por el libro La chancha con cadenas (1994) pero también por el armado de dos compilaciones que tomaban como eje respectivamente el policial y la ciencia ficción (El juego de los cautos (1992) y Escalera al cielo. Utopía y ciencia ficción (1994)), los objetos que han ocupado su reflexión han sido múltiples y diversos. La apertura de su blog en el 2003 (linkillo.blogspot.com) acentuó estos intentos iniciales: las críticas y opiniones sobre arte y literatura se conjugan allí con la reflexión sobre el medio que las congrega (internet), el interés por productos y estrellas de los mass-media, el análisis de episodios y personajes de la vida política nacional e internacional, la narración de anécdotas autobiográficas y el desarrollo de fragmentos que tal vez podrían calificarse como `ficciones´.” ¿Cómo dar cuenta de esa diversidad sin clasificarla? En segundo lugar, Suturas viene a ¿cerrar? explícitamente la serie abierta por Clases. Literatura y disidencia (2005) y continuada por Fantasmas. Imaginación y sociedad (2009). Y lo hace de tal manera que la gran estrategia del mercado editorial (y también del audiovisual fílmico y televisivo), la promoción de secuelas y precuelas, se simbiotiza con la primera apuesta del autor por la destrucción de las clases, volviendo la producción seriada un detalle determinante –en consonancia con la lectura que Link hace del pop y el lugar central que éste adquiere en su poética. 
Si, entonces y a propósito de este punto, quisiera ser fiel a los imperativos estéticos y éticos del ensayista debería, para dar cuenta del último avatar, ponerlo en estrecho contacto con los anteriores, desafiando los límites convencionales que los aíslan (el formato libro vs la continuidad del blog). Pero, como el mismo autor se mueve en la tensión entre el orden que exige la compilación (orden que le gusta explicar y explicitar) y su necesidad de, sin homogeneizar, salirse de los límites (hacia el infinito del mundo), tal vez se pueda atender a esta exigencia permaneciendo en los umbrales para, desde ahí, saltar a la acumulación posterior, evitando, tal vez, la enumeración. Quedarme por un instante justamente en esos lugares o, mejor, en esos momentos en que se exacerba la tensión entre lo que exige el libro como formato editorial y las autofiguraciones que, a veces, desatienden esas exigencias.
En su “Umbral”, Clases insistía en la resistencia a la normalización, en la necesidad del análisis crítico de todo sistema clasificatorio, en tanto dispositivo de captura y disciplinamiento, para poder ver observar como, todavía hoy, el arte alimenta una “potencia revolucionaria”. Sin embargo, en ningún momento explicitaba que dicha resistencia podía convertirse en una nueva clase que desembocara o bien en la homogeneización como imperativo o bien en el aislamiento finalmente esteticista del arte experimental. Fantasmas, en cambio, le daba un lugar central a este problema desde el íncipit. Y lo hacía justamente en el marco de la reflexión sobre los alcances del libro anterior: 

Clases, en su obsesión por los dispositivos de clasificación y sus efectos colaterales (la normalización, la determinación del Ser, en todo caso), presuponía el problema de las cualidades, porque en algún sentido clases y atributos (clasificación y cualificación) bailan la misma ronda tomados de la mano (Fantasmas, 9).

Lo cierto es que, a pesar del énfasis del ensayista en la continuidad, la posibilidad de explicitar eso que se dice estaba presupuesto daba cuenta en el segundo avatar de la serie de una modificación del punto de vista. La puesta del énfasis en la relación entre clasificación y cualificación habilitaba un horizonte de acción mucho más amplio: en Fantasmas, Link se propone no solo “leer en ciertos textos más o menos emblemáticos de la literatura del siglo pasado todo lo que hay de resistencia a la captura, al disciplinamiento…” (Clases, 19), sino fundamentalmente trazar mapas de imaginarios, examinar umbrales y potencias, definir fantasmas; algo que se traducía en la mutación que sufrían los modos de explicitar el corpus: “Como no podía ser de otro modo, además de textos literarios, a lo largo del libro se proponen lecturas de “imágenes” (películas y programas de televisión, preponderantemente, y con total prescindencia de la institución artística)...” (Fantasmas, 11). 
En un movimiento similar, Suturas parte del énfasis en la continuidad de la serie pero, al explicitarla, vuelve a dar cuenta de un giro. Al comienzo de este nuevo “Umbral”, el ensayista se pregunta por las razones que mueven su interés por los dispositivos de clasificación y las potencias de lo imaginario e, inmediatamente, formula una respuesta que presenta como casi obvia en función de sus reflexiones previas pero que, sin embargo, implica un deslizamiento: las clasificaciones y cualificaciones lo obsesionan “porque afectan a lo que vive todavía, la chispa de vida que hay en mí” (17). Así, en un movimiento casi imperceptible Link pone en el centro desde el íncipit la pregunta por las “formas-de-vida”, puesta en el centro que, sin duda, retoma algunas potencias de Fantasmas pero otorgándoles, ahora, una nueva intensidad; y que nos deja leer desde ese primer párrafo la apelación a un léxico (el léxico de lo viviente) que si bien no es nuevo, ya no se presenta solo como destello insistente sino que ahora marca la mayoría de los acercamientos que reúne el libro, volviéndose determinante. 
Determinarte porque es a través de este vocabulario que Suturas vuelve cruciales ciertos interrogantes: la pregunta por los modos del archivo y el (no)lugar del resto pero también por la (re)producción de las formas de vida, las (im)posibilidades de la comunidad y los mecanismos de control social sobre lo viviente, en intensa relación con la reflexión en torno a quién se hace cargo del (abandono del) propio cuerpo. 
Solo en función de este contexto, se puede comprender cabalmente una de las premisas fundamentales de este libro de Link, el disparador para comenzar a pensar el estado actual del arte (una fórmula que proviene de intentos anteriores pero que, en el conjunto que supone la compilación, adquiere nueva fuerza y matices): el arte ya no es, sino que hay arte y que haya arte supone que hay vida. Esta premisa no solo desbarata las hipótesis sobre un estado posautónomo de la literatura (que introduce, usa y desplaza) sino que reformula el problema de la especificidad y de los modos de otorgar valor. Es a partir de ahí que, creo, pueden pensarse los intentos del ensayista en torno a ciertas definiciones (en la paradójica articulación del verbo ser que deja a la escritura entre la potencia y la clase) del arte como “laboratorio perceptivo” (69) o, a través de la poesía, como “geomormismo” (578). O bien de la literatura (cuando no es Institución) como el “plano de composición” donde la tiranía de los vicios se disuelve sin abstinencia (440) o como lo que (puesto entre comillas: “literatura”) atraviesa “lo visible y lo vivido” y “Hace sutura (o cicatriz) con ciertos acontecimientos del mundo” (503). O, incluso, ciertas definiciones en torno a la escritura, término por el que decanta en el último apartado del libro, como “el conjunto de caminos indirectos que permite poner de manifiesto la vida en las cosas: signaturas” (510).
Ahora bien, esta premisa sólo puede articularse en función de una temporalidad singular que, a su vez, postula como necesario el vocabulario al que se apela. En “Umbral”, luego de interrogarse acerca de sus obsesiones, Link se detiene, a través de la introducción de una cita de Giorgio Agamben (el referente teórico del libro) en lo que caracteriza nuestro presente, para postular la hipótesis, ya devenida afirmación, de que “vivimos en la infancia de una nueva humanidad, de una política que no tiene todavía vocabulario” (23). Es esta singularización de nuestro propio tiempo la que, sin duda, vuelve imperativas las preguntas (éticas/estéticas) que se plantea el ensayista. Sabemos ya, porque pone en juego una de las líneas centrales de su “poética”, que esta nueva humanidad se desenvuelve en el contexto de la instalación y expansión de la reproductibilidad digital. Reproducibilidad digital que, según la formula Link en esta ocasión, nos enfrenta a una “nueva revolución” (que se irá especificando de diferentes maneras a lo largo del libro, pero que en esta primera instancia se pone de manifiesto en el cambio que afecta a los patrones de lectura y alfabetización). En este sentido, lo que es necesario pensar es “la sutura (que es la marca de una herida) entre la antigua cultura letrada y lo que hoy llamamos ciberculturas” (23). Pero no todo es urgencia. Enfatizando un movimiento que había marcado los umbrales anteriores, y con el objetivo de poner en jaque una concepción lineal del tiempo, Link sostiene, apenas un párrafo más abajo, que no patrocina “una discontinuidad radical con respecto al pasado” (23). La escritura del ensayista se mueve entonces en el borde de esta otra sutura que, si bien no explicita como tal, sí emplea: entre la inminencia de un final que apenas ya ha ocurrido (apenas, porque, en realidad, sigue ocurriendo), lo que que obliga a una particular atención a los modos de supervivencia en lo actual, y la necesidad de sostener la inmanencia de una pérdida, que no implica la búsqueda de lo nuevo sino que permite interrogar el vacío de los nombres que han perdido su sentido. Sutura que se desdobla: Link escribe entre la crítica a la imaginación catastrofista y milenarista y el uso de estos imaginarios para construir la propia temporalidad, uso que va de la mano del goce al que da lugar su exploración. “La crisis que nos constituye”: la fórmula que Link elabora, a partir del parafraseo de Agamben, apenas en el segundo párrafo y que condensa justamente este entre-lugar, en realidad, este entre-tiempos: la crisis inmanente/la inminencia de la crisis. 
En este contexto, el cómo al que obliga este léxico y esta temporalidad se condensa en el primer apartado del libro. El apartado que el autor insiste en denominar “Metodología”, desoyendo provocativamente a Roland Barthes y su impugnación del método en Cómo vivir juntos. Allí, Link opta por la posfilología: una opción que reconoce que se realiza al borde de la desaparición de las áreas disciplinares pero que se presenta como la adecuada “a las formas de vida del día después de mañana” (47). Una opción que acepta el pos y la linealidad temporal que este supone pero que también parece abrir el camino (literalmente “Filología” precede inmediatamente en el libro a “2011”) para hablar de la duración pura del amor. Una duración que, justamente, desbarata la linealidad ya que su “paradoja constitutiva” se condensa en el “carácter del pasado en relación con el presente”: el amor pone en juego un presente que “no podría pasar a menos que el pasado del amor (toda la historia amorosa) coexista con él” (51). Una opción que se elige, entonces, en función del “amor al presente y al mundo”, potencia de la justificación que pone en suspenso cualquier precaución ante el término elegido. Consecuentemente, la posfilología conlleva, en la singular perspectiva de Link, un desplazamiento de la dialéctica de la distancia para poner en el centro el Tiempo y los tiempos:

...podemos pensar la filología infraleve como manera de adecuarnos al poema diferencial de nuestro tiempo, libres de la dialéctica de lo cercano y lo lejano, o mejor, habiendo llevado esa dialéctica a un plano de consistencia donde lo que importa es el tiempo (…) Ni close reading, ni far reading, ni distant reading. Lo que se juega en la lectura no se mide en tiempo de distancia, porque no hay separación posible entre lo que está escrito y lo que vive (y, por lo tanto, lo que lee). De lo que se trata es de una afectación al Tiempo y a los tiempos... (125)

La sutileza teórica con que se ejerce ese desplazamiento y cómo después el mismo se pone de manifiesto en otros momentos del libro (más allá de cómo se articula en esta explicitación la opción por el ralenti a partir de Barthes) es uno de los grandes hallazgos que la compilación nos permite presenciar, sobre todo a aquellos que veníamos siguiendo algunos de los textos de Link antes de que estuvieran acá.
Ahora bien, si hablamos de disciplinas al borde de la desaparición, la posfilología, es, por una parte, la encargada de articular una atención singular sobre “el problema de América” (especificando y, tal vez, modificando levemente el modo en que en la opción por el comparativismo había marcado la autofiguración del ensayista). La misma se se condensa en “1989” y “Filólogos” y vehicula una intervención directa en “Spanglish”. Por otra, la posfilología debe articularse, con una diagramatología que, al menos si seguimos lo planteado en “1879”, es el pivote para pensar en conjunto imagen y cuerpo y, a partir de allí, las líneas que nos atraviesan, cifrando en el cuerpo de Gareth Thomas (y en su fotografía) toda una episteme. El cuerpo, nos dirá Link más adelante, es “lo que sigue ardiendo antes y después de la digitalización de la cultura” (478).
A partir de este final, el final de “Metodologías”, el libro se abre en tres apartados: “Imágenes”, “Nombres” y “Escrituras”. Apartados que, si la linealidad traicionera de la impresión no nos coaccionara, deberíamos leer en paralelo (aunque, paradójicamente, es en este episodio de la serie en el que parece suturarce de manera más acertada la sucesión de los ensayos). Como ya dije, el espectro desde donde se interroga lo que vive (todavía) es amplio. Link siempre nos brinda al final, para palear lo escueto de los títulos que los textos adquieren en la compilación, un “Índice razonado” (cabe aclarar que en este caso omite el “apartado” que, en los dos episodios anteriores, se encargaba de esclarecer el origen de los textos: movimiento mínimo pero radical en lo que refiere a confiar en la cualidad de los propios escritos sin necesidad de explicitarla). Lo pervierto un poco (cayendo, creo, en la clasificación que suponen no solo los nombres –”Ser es ser nombrable y, por lo tanto, categorizable” (438)– sino también mi propio orden): Link se acerca (¿cómo decirlo en términos temporales?) a YouTube, a las teoría que piensan el final de la historia desde Hegel hasta Agamben, a In the flesh, a diferentes exposiciones (bienales) de arte y sus relatos curatoriales, a Spregelburd, Lars von Trier y Godard, a Viñas y el colectivo Venus, a Interior. Leather bar, a ciertos ejercicios autobiográficos, al registro de “los rastros del fascismo en nuestros cuerpos” y los desvaríos de la loca, a Molloy, Bellatin y Pizarnik (y su biblioteca), a Lorca y a Juanele, a una nulidad de matrimonio y un poema, a, de nuevo (y por momentos enfatizando la repetición, exasperando así uno de los rasgos de su autofiguración), a Cortazar, y Puig, a un trazo alegre, India Song y una noche de calor. “Una sucesión independiente de actos heterogéneos que producen un objeto contradictorio” dice Link en “2005”; actos que suponen a veces la retrospección articulada de forma, incluso, violenta (opción por el anacronismo que se explicita en “Snob”, casi al pasar, como la lógica temporal del libro) y que se detienen amorosamente en las biografías, mejor, en las historias de vida de aquello que elige crear como objeto porque justamente lo que se busca, lo que se explicita en el propio final como objetivo, es poder escuchar, apenas por un momento, la “palpitación de lo viviente” para fundar una ética y una comunidad: la comunidad de aquellos que no tiene comunidad (“Tornada”).
Releeo y percibo (nuevamente) que, en mi intento de lidiar con la extensión, mi acercamiento a este último avatar de esta serie de Link apela al tempo del parafraseo y de la repetición (las citas son, espero, eso: repeticiones no citas). Siempre me resultó difícil, sino imposible, alejarme para poder escribir sobre sus ensayos. En algún momento resolví el problema (¿era necesario resolverlo?) apelando a la fascinación blanchotiana. No descarto esa respuesta. Pero, tal vez, las posibilidades pueden también abrirse a partir de la singularidad del tiempo de la repetición (algo en lo que Link es, como ya sabemos, un experto). Entonces una pausa más antes del Final. Una sobre el yo que se nombra a sí mismo Daniel Link y el riesgo adictivo que supone sumergirse en lo actual, algo que no evade porque no puede o no quiere evadir (y una acotación: si todavía hay provocación es provocativo que Link, usando tanto a Agamben, no recale en su distinción entre presente y actualidad): “Supongo que este ejercicio de patetismo es el índice de esa otra compulsión intolerable: la frivolidad de entregarse a las líneas hegemónicas del presente” (440). 


(Actualización noviembre 2015 - febrero 2016/ BazarAmericano)