sábado, 29 de julio de 2023

Baño clausurado

Por Daniel Link para Perfil

El señor Roberto García Moritán insiste en demoler el edificio del Ministerio de Desarrollo Social y Salud como parte de su programa de gobierno para la Ciudad de Buenos Aires.

"En el medio de la ciudad hay un adefesio que solo genera caos, conflicto y anarquía", ha sentenciado, revelando la relación fetichista que tiene con el edificio (muchos observadores han arriesgado que, en efecto, “tiene cara de fetichista”, hipótesis que no podemos suscribir porque conocemos la distancia abismal que se establece entre el ser y el parecer): no le basta con refuncionalizarlo, trasladando por ejemplo el Ministerio de Desarrollo Social (objeto de la protesta piquetera) a alguno de los barrios populares que necesitan de procesos de urbanización. No, no. Él supone que la demolición de ese edificio de más de ochenta años (inaugurado en 1936 como sede del entonces Ministerio de Obras Públicas), de estilo racionalista y declarado (con justicia) Monumento Histórico Nacional mejorará la calidad de vida de los habitantes de la ciudad, que él identifica con “mejorar el tránsito”.

Uno podría aferrarse a la vis cómica y enumerar otros edificios fetiche que podrían entrar en su lista, pero mejor es tomárselo en serio y pensar en la pobreza imaginativa sobre la que reposa su propuesta.

La siniestra solución del marido de Pampita dice: he aquí un problema. Eliminemos el problema con explosivos plásticos. Me recordó la situación del baño del piso 4 en un edificio universitario al que voy con frecuencia. Una vez, en febrero, uno de los inodoros empezó a perder agua. Después de haber dado aviso a la oficina correspondiente (el edificio ha sido recientemente refaccionado: los baños son nuevos), hacia abril apareció un cartel que decía: “Baño clausurado”. Todavía sigue igual, sin poder usarse, porque alguien prefirió dinamitar metafóricamente el baño antes que arreglar lo que su propia torpeza había provocado previamente.

Es una posición horrible que implica reconocer que no se sabe resolver un problema más que mediante una prohibición, una clausura o, directamente, la destrucción.

Por supuesto, sorprende que el señor Moritán haya aceptado sumar a su campaña una idea seguramente susurrada por un desafortunado equipo de prensa (es cierto, pobre gente, que tienen que trabajar con lo que les dan, que seguramente es bien poco). Pero resulta más alarmante aún que no haya habido un general repudio a sus dichos entre quienes comparten su espacio político, que pueden ser arrastrados por la misma idiocia hasta nadie sabe qué umbrales.

Les parecerá que hablarse encima y encima adjuntar un video como “de acción” sostiene el nombre del candidato circulando y que eso es lo que importa.

Esto es, incluso, más penoso que lo anterior porque agrega una cuota importante de cinisimo, que parece ser lo que domina el panorama político de estos tristes tiempos sin ideas, sin vergüenza y sin imaginación.

Fetichismo, idiocia y cinismo. Por supuesto, esos rasgos pueden chequearse en varias de las candidatas a los cargos electivos que votaremos en pocos días. Teniendo en cuenta ese contexto, ¿no es lógico que, independientemente de nuestras adhesiones políticas, usemos las PASO como lo que son: internas abiertas en las cuales podemos decidir qué candidatos irán a las elecciones verdaderas?

El kirchnerismo porteño levantó su voz de protesta porque algunos peronistas declararon que votarían en las PASO para desfavorecer la candidatura del Sr. Jorge Macri. Pero es bastante sano que un sector que sabe que no va a ganar elija el candidato menos nocivo para la ciudad (y vote su lista de legisladores). Y otro tanto podría decirse para las presidenciales. ¿No convendría ponerle freno a la ambición sin fundamento de la señora Bullrich desde ahora, para no tener que aguantar su “A todo o nada” durante los meses venideros?

Sabiendo más o menos quiénes ganaran las internas en los demás espacios (de Massa no nos salva Grabois, a quien muchos habrían votado con algarabía), ¿no habría que pensar estratégicamente las internas como eso y sólo eso, y usarlas para sacarnos de encima las amenazas de destrucción, de mano dura, de privatizaciones y de modificaciones de los regímenes jubilatorios, pero sobre todo la vergüenza de que alguien crea que esos discursos son todo lo que nos espera?

Mejor que clausurar un baño, es arreglarlo.

 

lunes, 24 de julio de 2023

Barbie-zombie

Estamos dispuestas a demostrar que Barbie es una mierda, pura basura ideológica, no importa qué. El juicio demorará porque no vamos a pagar para verla, así que dependemos de los ritmos de la piratería.

Además, se impone volver a dar en clase los textos de Theodor Adorno, que considerábamos un poco viejos. Pero ni Deleuze ni Foucaut habilitan a una celebración descerebrada de lo que ayer era el Pato Donald. 

Los ambientes estilísticos (la prosa plúmbea de los adornianos) pueden pasar de moda. Pero el enemigo es siempre el mismo.

 

sábado, 22 de julio de 2023

La guerra de los clones

Por Daniel Link para Perfil

Nunca entendimos bien el éxito entre nosotras de La niñera, que focalizaba su atención en el choque entre la cultura judía de clase media y la cultura de los magnates del mundo teatral, a partir de un esquema de comedia ya muy superado por los tiempos en el momento en que la serie se emitía y con algunas obvias remisiones a La cenicienta y Pigmalión. Las actuaciones estaban a la altura del Teatro de Darío Víttori.

Hasta que, la semana pasada Fran Drescher, ahora líder del poderoso Screen Actors Guild, pronunció un discurso incendiario, justísimo en sus reclamos, en la línea de las grandes intervenciones evitistas. “¡Ah, claro!”, nos dijimos. En el fondo esperábamos algo así: la pasión y la excepción.

Entre sus varias puntualizaciones para sumarse a la huelga que mantiene desde comienzos de mayo el gremio de los guionistas, rescato éstas: "No se puede cambiar el modelo de negocio tanto como ha cambiado y no esperar que cambie también el contrato", o "Si no nos mantenemos firmes en este momento, todos vamos a estar en problemas. Todos vamos a estar en peligro de ser reemplazados por máquinas y grandes empresas".

En efecto, el primer capítulo de la última temporada de Black Mirror ya había producido una sátira al respecto: una vida cualquiera era interpretada no por una actriz (en este caso Salma Hayek), sino por un avatar generado por una “computadora cuántica” a partir de sus rasgos físicos y actorales y otros de la vida cualquiera.

La fuerza del capitalismo digital había quedado clara ya el final de la saga La guerra de las galaxias. La muerte prematura de Carrie Fisher obligó a los productores a generar un avatar que representara a una princesa Leia un poco impedida de gesticular, pero presente.

Harrison Ford, por su parte, aceptó que su doble digital rejuvenecido compartiera protagonismo con él en Indiana Jones y el Dial del Destino (donde hay, incluso, un tercer clon digital, entre el falso joven y el viejo real). En Misión imposible: sentencia mortal el director desistió, dijo, de presentar a un Tom Cruise jovencísimo, por respeto al actor.

En el lugar donde las imágenes se cruzan con el dinero (la Industria Cultural) clavó su lanza Fran Drescher y dijo: “no pasarán”. Tiene nuestro apoyo.

 

sábado, 15 de julio de 2023

Clásica y moderna

Por Daniel Link para Perfil

Casi todos quienes asistimos al congreso del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana en Atenas teníamos entradas para ver la puesta del Hippolytus de Eurípides en el marco del festival de verano de Atenas-Epidaurus.

El teatro de Epidauro, concebido por el arquitecto Policleto el Joven hacia el 330 a. C., permanece hasta nuestros días como el mejor conservado de la Antigüedad. Tiene una capacidad de 14 mil espectadores y está a dos horas de Atenas. La aventura demandaba, pues, no menos de seis horas y sabemos de varias académicas frívolas que decidieron perder su ticket antes que arriesgarse a dilapidar sus preciosos minutos.

Por supuesto, se equivocaron. Entrar al teatro era ya de por sí una experiencia conmovedora y aunque simplemente hubiera cantado Juan Carlos Baglietto, el viaje habría valido la pena.

Eurípides, uno de los tres grandes trágicos de la antigua Grecia, escribió dos veces Hipólito, para poder ganar los agones. La tragedia cuenta el desaforado deseo de Fedra por su hijastro Hipólito, devoto de Artemisa, la diosa cazadora y bastante poco inclinado a los encantos de Afrodita quien, para vengarse, lo enreda en una serie de equívocos trágicos. Fedra se suicida, Teseo es inducido a creer que su hijo Hipólito la violó. Lo destierra y el joven muere pisoteado por sus propios caballos.

La crítica a las veleidades de los dioses, tan típica del teatro de Eurípides, queda aquí muy en evidencia, así como su sutil psicologización de los caracteres dramáticos.

La puesta estuvo a cargo de Katerina Evangelatos (directora del festival, que también funcionó en el Odeon, al pie de la Acrópolis). Con gran inteligencia, justificó cada uno de los sofisticados recursos que introdujo. Afrodita filma en ángulos extrañísimos la acción (punto de vista inhumano), que vemos proyectada en una pantalla.

Hacia el final, como todas estamos fatalmente inermes ante el capricho de los dioses, los 20 actores de reparto aparecen espléndidamente desnudos. La escenografía es preciosa y el cadáver de Fedra es dispuesto en el agua como la Ofelia de Millais. La tragedia es eterna, como el portentoso deseo.

Volvimos a casa con la excitación de quien sabe que participó de una experiencia única.

 

viernes, 7 de julio de 2023

La Atenas del Plata

Por Daniel Link para Perfil

Profilaxis, ética, helicóptero. Énfasis, metáfora, cosmos. Poesía, dialéctica, biografía. Son tantas las palabras griegas y los helenismos con los que vivimos con naturalidad que, cuando resulta que habitamos temporalmente esa lengua sin entender más que las palabras sueltas que hemos heredado de antiguos o modernos traductores, nos sorprende la cercalejanía tan paradójica que las lenguas establecen entre sí.

Estamos en Atenas, y somos un grupo numeroso de americanos hspanohablantes que participamos de un congreso de literatura que ha comenzado con una extraordinaria presentación de Lina Meruane que satiriza los vicios académicos y literarios de encuentros como éste, organizado por el Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana.

Entre los argentinos circula la palabra crisis, desde ya. Nos preguntamos cómo un tan copioso contingente ha podido reunirse en Atenas, teniendo en cuenta la situación de nuestra economía. Aquí y allá surgen los financiamientos externos que pagaron los viajes.

La noche del miércoles, una colega estadounidense pagó la cena de los becarios del Conicet que la acompañaban.

Comentamos con cierto malestar la reticencia del actual gobierno a avanzar en el proyecto de integración entre la Unión Europea y el Mercosur que, entendemos, a todas nos beneficiaría.

El canciller dice que no, y habla de asimetrías pero no explica cuáles son y, mientras tanto, juega al gato y al ratón con los Estados Unidos y con China.

Lo cierto es que podríamos evaluar con cierta competencia esas asimetrías, si se tomarán el trabajo de exponerlas para nosotras.

Sobre todo, estando en Atenas, una ciudad muy en los márgenes de Europa, cuya temporalidad, contra toda presuposición, como nos recordó el presidente del IILI, el cordobés Fernando Degiovanni, es tan parecida a la nuestra.

No hablamos, claro, de la Grecia o la Atenas clásica y escolar, sino de la política moderna (la independencia griega fue proclamada en 1822 y efectivamente establecida ocho años después). Grecia tuvo su propia anarquía, sus golpes militares, su fascismo, sus guerras con los turcos, su guerra civil, sus propias tribulaciones con el FMI.

Atenas no parece una ciudad europea, sino una ciudad americana. Si no fuera por sus desniveles, su heterogeneidad arquitectónica se confundiría con la de Buenos Aires. Otro tanto podría decirse de su vivacidad.

Atenas fue el modelo de nuestros próceres y nuestros intelectuales (¡Argirópolis!) y es claro que la analogía no tuvo tanto en cuenta al Partenón o al Banquete platónico, sino a una ciudad cuyo modelo de civilización está en tensión con el Occidente, que es más bien Romano que Griego.

Hay algo irremediablemente exótico y oriental en Atenas, que es uno de los bordes trágicos de Europa. Ya el hecho de que las palabras que amamos se escriban en un alfabeto casi ilegible nos evita la ilusión de lo homogéneo.

Tal vez nos convenga recuperar la figura mitológica de la “Atenas del Plata”, con otros contenidos políticos: el borde indio de Europa, su pesadilla.

 

sábado, 1 de julio de 2023

Desinteligencia natural

Por Daniel Link para Perfil

¿Qué es una inteligencia artificial, además de la capacidad para movilizar una cantidad sobrehumana de información y argumentos literalmente robados a quienes pensaron eso antes? Las exigencias de open access, que hasta ayer nos parecían lo más democrático, nos resultan hoy un escalón más en un proceso de extractivismo y apropiación intelectual completamente desbocado. Pues bien, además la IA es un modelo de pensamiento bastante aterrador, porque hace de lo módico, de lo medido, de lo cuantificado y de lo verificable su regla dorada.

Si nuestros maestros nos enseñaron a pensar en contra del propio pensamiento, esa aventura tan propia del Siglo XX se nos aparece ahora como una vía bloqueada, de acuerdo con el modelo de la inteligencia artificial general (dejo de lado las aplicaciones específicas de inteligencia artificial: los correctores de ortografía y sintaxis, los diccionarios, los buscadores, que siguen siendo herramientas legítimas y de gran utilidad).

Si una conoce un poco las instituciones del conocimiento, muy pronto comprende que en el universo de la inteligencia natural, por llamarlo de algún modo, reina el mismo pensamiento burocrático y levemente autoritario, que sanciona no sólo sobre la verdad de lo que otro ha escrito, sino también sobre su originalidad y su estilo.

Las jóvenes que ingresan al mundo académico deberán producir “papers”, preferentemente publicados en revistas que adopten el formato de la evaluación ciega (evalúa un “experto” anónimo, que teóricamente no sabe quién escribió lo que evalúa). Presunta neutralidad y tranquilidad ilusoria. Es como presuponer que en la neutralidad del juicio hay un valor y que el conocimiento no es, por definición, polémico.

Evaluado el texto, es posible que la joven encuentre que su contribución no cita la bibliografía que al evaluador le parece, que sus enunciados deben ser matizados o que el uso (supongamos irónico) de ciertas palabras no es el adecuado al registro científico.

Por supuesto, la joven no tiene más remedio que aceptar esas insolencias porque aunque escribiera cuatro libros brillantes, nada pesa tanto como un artículo evaluado “ciegamente”.

Con el tiempo, esa joven pensará y escribirá exactamente lo que quiere la institución (porque en eso se le juega su supervivencia), sin mayores disturbios, sin iluminaciones, sin riesgos y, naturalmente, sin ningún interés.

La inteligencia artificial no es más que la automatización del tedio y de los modos de reproducción de las instituciones del conocimiento.

sábado, 24 de junio de 2023

Crisis infinitas

Por Daniel Link para Perfil

Después de un año o más, volví al cine. No es que interesara particularmente la película que iba a ver, pero la daban en el complejo nuevo debajo de Plaza Houssay, donde no había estado. Es una cuadra que, para mí, tiene un intenso significado personal porque cuando era muy joven, durante la Dictadura cívico-militar, los policías que vigilaban la entrada a la Facultad de Ciencias Económicas cruzaron la calle y me golpearon sin razón aparente. Yo hacía tiempo con un amigo para rendir un examen. Para mi sorpresa él se fue y me dejó solo ante las fuerzas del orden. Nunca más volví a verlo.

La plaza tuvo varias intervenciones arquitectónicas. La de 1980 establecía circuitos muy rígidos de circulación que (nosotros pensábamos) eran especialmente aptos para la represión de las manifestaciones estudiantiles, que quedarían literalmente acorraladas.

La nueva versión (después de una tímida remodelación en 2007 o cosa así) mejora un poco el perfil que da a la avenida Córdoba. La barranca de pasto que baja hacia el patio de comidas y los cines le agrega un poco de desnivel a una ciudad que carece de relieve.

Los cines tienen pantalla muy chica y todo en ellos funciona automáticamente. Es raro que no haya boleterías, pero por fortuna hay empleadas muy amables y ansiosas por ayudar.

Fuimos a ver Flash que es, según mi ya desvencijada memoria, el primer episodio de Crisis en las tierras infinitas, un choque entre la Gesamtkunstwerk wagneriana y los superhéroes de la pop culture marca DC. Desde una perspectiva adorniana es abominable, pero desde mi odio inclaudicable al universo Marvell, está bien.

 

domingo, 18 de junio de 2023

Efemérides

La Cátedra Libre en Estudios Filológicos Latinoamericanos "Pedro Henríquez Ureña" organizó el panel "Filología, teoría, vida" como conmemoración del centenario del Instituto de Filología y Literatuas Hispánicas "Dr. Amado Alonso", donde se dan cita tanto proyectos de investigación folklórica como de literaturas extranjeras. Contó con la presencia de Nora Catelli (“Joyce sin sus signos. Enseñar los clásicos traducidos”), Ottmar Ette (“Filología polilógica y ecología de la convivencia”) y Jean Bessière (“Des théories littéraires à une ontologie mineure de la littérature et à quelques points d'histoire littéraire contemporaine”). Presentó Daniel Link y tradujo Valentín Díaz. A continuación, las palabras de presentación: 

En el corazón de junio 

por Daniel Link 

Buenas tardes, les agradecemos la compañía en este día tan especial. Es Bloomsday en el hemisferio norte, el día del Ulises de Joyce. En el hemisferio sur, sin embargo, es todavía un “mes más cruel”, porque conmemoramos además los bombardeos a Plaza de Mayo, por parte de aviadores sublevados que, como en Guernica, atacaron inadvertidamente una población civil indefensa.

La semana pasada se celebraron los exactos cien años del Instituto de Filología y Literaturas Hispánicas “Dr. Amado Alonso”, al que venimos a rendir nuestro tributo. Aclaro el plural: represento a la Cátedra Libre de Estudios Filológicos Latinoamericanos “Pedro Henríquez Ureña”, creada a instancias de la actual dirección del Instituto e integrada por Diego Bentivegna (quien suma al significado de este día el nacimiento de su primer hijo, Nicanor), Rodrigo Caresani, Valentín Díaz, Daniela Lauría y Cecilia Magadán como investigadoras docentes y Francisco Bariffi, Lautaro Paredes e Ignacio Repetto como investigadoras alumnas.

Para nosotras es, pues, al mismo tiempo una obligación y una alegría participar de este homenaje. Nos sentimos parte de esta institución centenaria, cuya generosidad intelectual merece subrayarse y nos gusta inscribir lo que hacemos (o lo que pretendemos hacer) en el horizonte de tensiones que han caracterizado y caracterizarán al Instituto. Este panel se explica un poco por eso.

Desde la decisiva gestión de Amado Alonso al frente del Instituto los temas locales siempre estuvieron muy imbricados con los desarrollos de las ciencias del lenguaje y del texto en la tradición europea, de lo que dan cuenta las traducciones de Bally, de Saussure, de Spitzer, entre tantos otros.

Es por eso que convocamos a tres personalidades ilustres, cuya relación con las “literaturas hispánicas” es más bien remota, pero que han desarrollado pensamientos decisivos respecto de la filología general y comparada, los lenguajes, los textos, las historias literarias, los bordes en que lo literario se cruza o se superpone con lo viviente.

En el acto central de la semana pasada, la línea final del acto decía “El lenguaje es la casa”.

Me acerqué a la protagonista del homenaje, la actual directora del Instituto de Filología de la Universidad de Buenos Aires, Guiomar Ciapuscio y le repetí, pero con tono de pregunta: “¿El lenguaje es la casa? Qué final heideggeriano”. “¿Viste?”me contestó conteniendo las lágrimas.

Más tarde, desmenuzamos esa metáfora con los demás integrantes de la cátedra. “El lenguaje es la casa del ser”, había dicho Heidegger, subrayando el hecho de que (no lo dice de ese modo, pero se deduce de su aforismo) la política es un asunto de seres hablantes. Estamos pagando cara esa arrogancia, pienso, mientras los inusitados calores del mes de junio empiezan a disolverse en el viento helado que viene de una Antártida que se descongela de a poco.

Para mí, le digo a Diego Bentivegna, “El lenguaje es una ventana”, porque es el marco desde el cual miro el mundo. Percibo y actúo en el mundo desde una determinada posición lingüística. Él me recuerda una operación crítica de hace algunos años, cuando opuso “el lenguaje como casa del ser a la poesía como caza de la lengua”.

La relación de caza respecto de la lengua supone una predación nómade, no un asentamiento. Al territorio estabilizado del sedentarismo se opone la persecución y el agenciamiento con la presa (la lengua como presa) y los territorios. Ningún sedentarismo, sino más bien una deriva incesante. Es lo que yo, inspirado por él, llamé castrametari o castrametación (el arte de disponer un campamento, algo más duradero que el mero acantonamiento, aunque no tan permanente como una ciudad).

Claro, me dijo Diego ahora, “yo creo con Wittgenstein que el lenguaje es un ciudad, con partes en ruinas y partes en construcción”.

La relación de predación, de deriva o flânerie urbana necesita de un territorio más amplio, un afuera, una relación atenta a la respiración, los movimientos y el habla de los otros: no una mera política de los seres hablantes, sino una política ambiental, incluso un “animalismo”.

No importa ponerse de acuerdo (casa, ventana, o ciudad, qué más da). Lo que importa es que todo esto nos viene de la frecuentación de la filología y sus transformaciones en esta queridísima institución y afuera de ella.

Reivindicamos nuestra filología novomundana, porque quiso y supo articular asuntos de lenguaje con asuntos de territorio: la pluralidad de lenguas y de pueblos.

Avancemos ahora hacia una filología queer, una filología de lo sensible, una ecofilología de los mundos habitables. Seguimos la exigencia que nos dejó Amado Alonso, cuando escribió: “América tiene algo que decir sobre la especial iluminación de problemas lingüísticos ya planteados y puede por su parte proponer otros de primera importancia. (...) Pero nos creemos en el deber de ser algo mas que colectores”.

sábado, 17 de junio de 2023

Metáforas cotidianas

Por Daniel Link para Perfil

Un poco desencantado de la vida ciudadana, voy al acto central de una institución que cumple cien años y que ha formado parte sustancial de mi formación.

La oscuridad me cobija, me obliga a relajarme y a entregarme a un ritual de escucha. En algún momento me sobresaltan unas imágenes que proyectan donde se me ve exultante, copa en alto, participando de no sé qué celebración.

La línea final del acto dice “El lenguaje es la casa”. Me doy cuenta de que durante la hora que duró mi abandono de la realidad, recuperé parte de mi curiosidad por las cosas dichas.

Aplaudimos, alguien llora. Miro alrededor y reconozco a algunas personas y a otras no. Me doy cuenta de la mezquindad de los ausentes que, porque consideran a esta institución un poco anticuada, se abstuvieron de la celebración. Me resulta extraño, porque precisamente el anacronismo, ese rasgo desdeñado por los snobs (que repiten inmutables los dictados de las modas intelectuales neoyorquinas), es lo que más me atrae de ese sitio, de esas personas, de los discursos que sostienen, con los que yo mismo entable relaciones de intensidad crítica pero que no podría abandonar nunca.

Me acerco a la protagonista del homenaje, la actual directora del Instituto de Filología de la Universidad de Buenos Aires, Guiomar Ciapuscio. Le repito, pero con tono de pregunta: “¿El lenguaje es la casa? Qué final heideggeriano”. “¿Viste?”me contesta conteniendo las lágrimas.

Más tarde, comentando el veredicto con mis amigos, desmenuzamos esa metáfora. “El lenguaje es la casa del ser”, había dicho Heidegger, subrayando el hecho de que (no lo dice de ese modo, pero se deduce de su aforismo) la política es un asunto de seres hablantes. Estamos pagando cara esa arrogancia, pienso, mientras los inusitados calores del mes de junio empiezan a disolverse en el viento helado que viene de una Antártida que se descongela de a poco. Una política que ha despreciado a los entes y que ha hecho del paisaje un mero destino extractivista muestra sus ruinas. No es culpa de Heidegger, claro, sino más bien del mandato testamentario. Pero hay que empezar a cortar por lo sano.

Para mí, le digo a Diego Bentivegna, “El lenguaje es una ventana”, porque es el marco desde el cual miro el mundo. Percibo y actúo en el mundo desde una determinada posición lingüística.

Él me recuerda una operación crítica de hace algunos años, cuando opuso “el lenguaje como casa del ser a la poesía como caza de la lengua”.

La relación de caza respecto de la lengua supone una predación nómade, no un asentamiento. Al territorio estabilizado del sedentarismo se opone la persecución y el agenciamiento con la presa (la lengua como presa) y los territorios. Ningún éxtasis del Ser, ningún sedentarismo, sino más bien una deriva incesante. La casa, si acaso, se lleva a cuestas y se instala en cualquier parte. Es lo que yo, insipirado por él, llamé castrametari o castrametación (el arte de disponer un campamento, algo más duradero que el mero acantonamiento, aunque no tan permanente como una ciudad).

Recordé entonces a Rubén Darío, quien había escrito antes que Heidegger: “Si la palabra es un ser viviente, es a causa del espíritu que la anima: la idea. Así, pues, las ideas, con sus carnes de palabras, vivientes, activas, se congregan, hacen sus ciudades, tienen sus casas. La ciudad es la biblioteca, la casa es el libro”. También en la perspectiva dariana la casa es lo que se lleva a cuestas al atravesar del mundo.

Claro, me dice Diego ahora, que no por nada es un gran poeta, “yo creo con Wittgenstein que el lenguaje es un ciudad, con partes en ruinas y partes en construcción”.

Se dice que “el casado, casa quiere” y Heidegger se contenta con ese confort doméstico y patriarcal. La relación de predación o de deriva necesita de un territorio más amplio, un afuera, una relación atenta a la respiración, los movimientos y el habla de los otros: no una mera política de los seres hablantes, sino una política ambiental, incluso un “animalismo”.

Todo esto nos viene de la frecuentación de la filología y sus transformaciones. Reivindicamos nuestra filología novomundana, porque quiso y supo articular asuntos de lenguaje con asuntos de territorio: la pluralidad de lenguas y de pueblos.

Avancemos ahora hacia una filología queer, una filología de lo sensible, una ecofilología de los mundos habitables.

 

sábado, 10 de junio de 2023

Los nombres de Kafka

Por Daniel Link para Perfil

La delirante política argentina se explica, entre otros factores, por una crisis de identidad. Nadie sabe quién es quién, a quién representa, qué imagen de pueblo enarbola. Así, resulta que las dos alianzas más importantes están partidas porque interiormente cada fracción se parece más a una parte de la otra alianza que a sus propios compañeros de sufrimiento electoral.

El nombramiento de Jorge García Cuerva como arzobispo de Buenos Aires desató una persecución identitaria: es un cura villero, no es un cura villero; es amigo de Massa, se lleva mejor con Carolina Stanley; es pro LGBT (y “toda esa porquería”); es conservador, es comunista.

El mismo sacerdote impugnó el "vicio de encasillar a alguien de un lado o de otro". Ese encasillamiento es índice de una angustia identitaria (¿quién soy? ¿quién es aquél?).

Resumo una clase sobre el tema. Franz Kafka escribe en su diario el 11 de febrero de 1913: “Soy un pájaro imposible, un cuervo. Estoy perdido y así revoloteo entre los hombres. Ellos me miran con desconfianza y yo soy un ave peligrosa, un ladrón, un cuervo”. Pregunto de qué está hablando Kafka y sobreviene una catarata de interpretaciones (la paranoia de sentido).

Relaciono esas frases con el apólogo del cazador Gracchus, en el mismo Diario. Llega un barco transportando a un muerto vivo: un hombre que ha muerto en un accidente pero que sigue vivo porque cuando el barco lo llevaba a su descanso definitivo se desvió por un viento súbito y entonces quedó condenado a navegar entre ambas aguas. El alcalde de la ciudad le pregunta: “¿Y ahora piensa usted quedarse en Riva?” y Gracchus contesta: “No tengo intenciones” y después: “Estoy aquí, es lo único que sé, es lo único que puedo hacer”.

Sintetizo el juego pedagógico: Gracchus viene de graculus que quiere decir grajo, cuervo. Y Kavka, pero escrito con v y no con f (sin embargo, suenan igual) quiere decir...“cuerva”. Todo lo que se dice son variantes del propio nombre.

De modo que no habría que desesperarse demasiado por las identificaciones imaginarias (de uno o de los otros) y atribuir intenciones y sentidos (“ave peligrosa”) fundados en prejuicios. El “ser” es escurridizo, lo que importa es el “estoy aquí”. Con eso basta para empezar a hacer.

 

sábado, 3 de junio de 2023

Tres mujeres

Por Daniel Link para Perfil

En julio se cumplirán 430 años del nacimiento de Artemisia Gentileschi, la gran pintora barroca de cuya vida puede aprenderse tanto como de su pintura.

Hija del pintor toscano Orazio Gentileschi, amigo de Caravaggio, fue encomendada por su padre a otro de sus amigos, Agostino Tassi, para que le diera clases de perspectiva.

A sus 18 años, en mayo de 1611, el instructor la violó brutalmente. En 1876 se encontraron en los archivos vaticanos las actas íntegras del juicio por violación promovido por Orazio contra Tassi, quien fue declarado culpable por la violación.

El proceso duró siete meses, a lo largo de los cuales Artemisia es sometida a interrogatorios bajo apremios físicos y a humillantes exámenes ginecológicos.

Dos meses después de terminado el proceso, Orazio obliga a su hija a casarse con un mediocre ayudante de su taller, para restaurar el honor familiar. La pareja se muda a Florencia, donde Artemisia comenzará una nueva vida. A lo largo de los años vuelve a Roma, viaja a Nápoles, a Venecia, a Londres, donde se la reclama como a una de las grandes proveedoras de las cortes europeas.

Una de sus mejores pinturas, Judith decapitando a Holofernes (circa 1613), retoma un tema truculento que Caravaggio ya había transitado, pero con una fuerza y una complejidad tan convincentes que casi nadie duda de que la escena es una respuesta a su propia violación: “hay que cortarle el cuello al cerdo”.

Pensaba todo esto cuando veía los destinos finales de dos grandes mujeres protagonistas de sendas series: La encantadora Mrs. Maisel termina inverosímilmente rica, pero sola, odiada por sus hijos, mirando un programa de preguntas y respuestas mientras conversa telefónicamente con su amiga y representante de toda la vida.

Más abajo todavía, Siobhan Roy (el único personaje querible de Succession), que ha vivido ignorada por su padre y maltratada por sus despreciables hermanos, termina embarazada por descuido de un hombre al que detesta y que la ha traicionado, pero que en la escena final le extiende la mano como a un perro para que se la lama, cosa que ella hace figuradamente.

Pareciera que lejos de debilitarse, el patriarcado encuentra formas cada vez más sutiles para humillar a quienes lo desafían.

Cfr. Roland Barthes. "Dos mujeres". 

sábado, 27 de mayo de 2023

Masa y poder

Por Daniel Link para Perfil

¿Qué es un sujeto de masa? ¿Qué es un líder de masa? En un libro que se llama como esta columna (Masa y poder) Elías Canetti propuso definiciones que todavía nos interpelan.

Un líder de masa es aquel que establece con aquellos que lidera una relación especular. La masa se constituye como tal en el espejo del soberano. Esa relación cae, para Canetti (que escribe después de la catástrofe nazi), en el territorio de la ficción paranoica.

No habría, pues, un pensamiento al cual una multitud adhiere, sino que el líder de masas comprende los pensamientos y sentimientos de la masa y los expresa.

De allí que importe el análisis discursivo que acompaña la aparición de un líder carismático, no tanto para dar cuenta de sus propio programa, sino de las posiciones que recupera de sus seguidores a partir de esa identificación total con sus audiencias.

Por supuesto, quienes no participen de ese pacto narcisista de identificación quedarán afuera, excluidos del contrato entre la masa y el líder y pasarán incluso al campo de los “enemigos”, porque no hay paranoia sin teoría del complot o delirio de persecución.

El paranoico delira sobre las razas, sobre la educación, sobre la cultura, sobre la justicia, sobre las instituciones, todo aquello que pretende quebrar el espejismo de su relación con las multiplicidades de masa.

Perseguido, el paranoico retuerce enunciados interiores (Lacan subrayó en Freud ese descubrimiento, el único que le parece necesario conservar de la lección de su maestro). El

«Yo lo amo» (sin ser correspondido) se transforma en «Yo no lo amo -pues yo lo odio». Incluso así, esos sentimientos inconscientes son imposibles de tolerar sin la coartada persecutoria. Entonces aparece el gran tema paranoico: «Yo no lo amo - pues yo lo odio - porque ÉL ME PERSIGUE».

Todo lo que escape a la relación amorosa, intensa, irracional, entre el líder y la masa se interpreta como una persecución.

Canetti es explícito en cuanto a la relación entre poder, masa y paranoia: "Nadie tiene un ojo más penetrante para reconocer los atributos de la masa que el paranoico o el poderoso, que, como quizá ahora tendremos que admitir, vienen a ser una misma cosa", "La paranoia es, en el sentido literal de la palabra, una enfermedad del poder".

De allí que las operaciones del líder de masas (el paranoico) se pueda medir solamente en la vastedad de la dilatación espacio-temporal: las eras, la Historia.

Reinterpretando esas hipótesis, Deleuze y Guattari subrayarán, varios años después, la posición paranoica del sujeto de masa, cuyo efecto es (ateniéndose a la historia) el investimento reaccionario fascista del campo social.

Es probable que la teoría política haya avanzado en relación con estas definiciones que, sin embargo, conservan gran parte de su potencia, sobre todo en los momentos de crisis en los que las más disparatadas aventuras pretenden expresar los sentimientos del pueblo (los fascismos lo hicieron) que el líder de masas detecta infaliblemente.

Interrumpo: a través de mi ventana se oye el himno.

 

viernes, 26 de mayo de 2023

martes, 23 de mayo de 2023

Por una filología queer

 100 años del Instituto de Filología "Dr. Amado Alonso"

por Federico Cano para Revista Paco

¿Por qué deberíamos interesarnos, los que de una u otra manera trabajamos en la investigación y la docencia, por el centenario del Instituto de Filología y Literaturas Hispánicas “Amado Alonso”?

No estoy seguro de que alguien “deba” interesarse por el centenario de una institución. Por lo general no nos emocionan los centenarios de las personas que no queremos. Con las instituciones pasa lo mismo. El Instituto es un espacio complejo, que fue escenario de intensos debates, pero fue también la plataforma para pensar los estudios literarios, lingüísticos, dialectológicos y glotopolíticos en América latina. Sino por otra cosa, merece nuestro respeto por eso.

(sigue en la revista)

 

sábado, 20 de mayo de 2023

Los auténticos decadentes

Por Daniel Link para Perfil

Qué deprimente pensar en la política que vendrá en un contexto donde demencia y pelotudez se mezclan en cantidades tóxicas. Ya empiezan a aparecer esos avisos vacíos de contenido del tipo “Basta de grieta”, por los cuales se pagan sumas siderales a esas lacras que son las agencias de publicidad. ¿Y las encuestas? ¿Otra vez la ronda de desaciertos por parte de consultoras que después ni siquiera se disculpan por haberse equivocado tanto?

¿Habrá que discutir si Milei sí o no? ¿Realmente? Y quienes piensan en aliarse con Milei, ¿en qué piensan?

Por otra parte, más allá de la inflación y el dólar, que son tan esotéricos que impactan más bien poco en la imaginación del ciudadano corriente, ¿alguien escuchó alguna idea sobre educación, salud, cultura, minorías, regímenes previsionales?

En las universidades hay una avalancha de pedidos de jubilación. Un poco por la posibilidad del cambio de edad de retiro (los fuegos callejeros de Francia ya no nos iluminan) y otro poco por la amenaza en relación con el régimen diferencial al cual los docentes hemos aportado regularmente. ¿De verdad piensan quitarnos ese régimen?

Ottmar Ette, uno de los grandes pensadores alemanes actuales nos enseñó que no debemos abandonar la gestión de lo viviente a las ciencias biológicas o, como en este caso, a los economistas. Insistió (ahora está en viaje a China) en que las humanidades deben participar de esos espacios de decisión donde se deciden la con-vivencia y la super-vivencia.

En contra de eso, aquí se tacha todo lo que exceda la discusión pedorrísima sobre qué cosa conviene más, si achicar el estado o agrandarlo, sin que se midan las consecuencias humanas de una u otra posición.

Ah, no, es verdad: también se discute la idoneidad del Poder Judicial, como si fuera el único poder corrupto de la república. Los tres poderes de gobierno están podridos hasta el tuétano, pero lo están sobre todo por la ignorancia llevada al nivel de jactancia.

¿Ha leído Patricia Bullrich alguna vez una ley entera o un convenio vinculante? ¿En qué funda su capacidad para gobernar un país? ¿En que no se arredra (buscalo, che) ante una discusión acalorada?

¿Tendremos que decidir entre Bullrich o Scioli? ¿En serio? ¿A eso nos condenan?

Una amiga peronista contestó esta pregunta diciendo que siempre hay que votar a alguien del partido, porque sirve de contención y control. El argumento es entre estalinista y fascista. Como la quiero, no se lo dije. Pero sólo votaría a alguien que tuviera diez propuestas convincentes. Y, si no, en blanco.

 

miércoles, 17 de mayo de 2023

Chau, querido

El mensaje decía "Murió Chitarroni" y me heló la sangre. En nuestros últimos intercambios recordaba todavía tiempos geológicos pretéritos: "Creo que Wilcock fue uno de nuestros primeros temas de conversación, en tiempos de Sitio". Así fue, nos unía ese gusto por las extravagancias.

Después, su último correo decía: 

"Ahí estaré.

Otro abrazo fuerte de alguien débil".
 
Querido: aunque parezca que no, vas a estar. Y te vamos a agradecer todo lo que siempre estuviste.
 
Hasta pronto.

sábado, 13 de mayo de 2023

Un libro de verdad

Por Daniel Link para Perfil

¿Cuántas literaturas hay? Tantas como se quiera, porque la multiplicidad es no sólo un régimen de visibilidad sino también una aventura ética. Pero admitamos que nunca hay una literatura sin otra, que es su sombra (o la sombra de esa sombra que es la literatura legible, comprable y consumible): la literatura que querríamos escribir o en la que querríamos vivir, porque qué sentido tendría establecer una distancia cualquiera entre escribir, vivir y pensar.

Acaba de aparecer un libro que se propone (igual que la máquina kafkiana) como un artefacto singular. Su título es Disco Wilcock, fue escrito por Manuel Ignacio Moyano Palacio y editado por Tren en movimiento (Matías Raia).

Bellamente escrito, Disco Wilcock reúne una serie de fragmentos (“temas”, digamos, dado que la disco es su horizonte) sobre Juan Rodolfo Wilcock. Se lee con la urgencia y la alegría de quien ha recuperado algo que creía perdido para siempre.

No es un libro académico, ni tampoco una novela. Es la historia de alguien que decidió vivir (siquiera por un rato) a la sombra de Wilcock y que nos cuenta cómo fue esa temporada en el infierno.

En alguno de los fragmentos del libro se examina un caso policial. La resolución dice con todas las letras: “El asesino es Adolfo Bioy Casares”.

Bioy Casares es un nombre de esa literatura para la cual hay una patria. La patria en la que un libro como el de Manuel Moyano puede existir reconoce otros nombres: Pablo Farrés es uno de ellos. La diferencia es tan obvia.... Pero hace falta subrayarla. Los libros como los de Manuel Moyano (o Wilcock o Calasso) no son cosas, son una experiencia.

 

sábado, 6 de mayo de 2023

El capricho gay

Por Daniel Link para Perfil

Mariano López Seoane acaba de publicar Donde está el peligro, un libro luminoso (organizado en ocho pasos) sobre las estéticas de la disidencia sexual que es, al mismo tiempo, un tratado de ética futura, para cuando se acaben los fascismos heteronormativos y los stalinisimos sexogenéricos. Leemos: “Desde múltiples costados se nos dice que el placer es algo que no puede anteponerse al deber, al bien, a lo correcto. Se nos dice desde la derecha más recalcitrante, se nos dice desde el catolicismo, pero también se nos dice desde la izquierda bienpensante. Me pregunto cuál sería el sentido de escribir un libro que tiene que ver con nuestras estéticas, y por tanto con nuestros deseos, nuestros afectos y nuestros placeres, a partir de ese mandato. No quisiera perder tiempo respondiendo. Las invito, en cambio, a recorrer mi galería de caprichos.”

Sobre todo en la frase final encuentro la clave para leer un libro destinado a quienes comparten con Mariano una sensación sobre el mundo: la perplejidad respecto de la normativización correctiva de la disidencia (sexogenérica). Donde está el peligro, pues, se revela como un enunciado doble, que tanto apunta a los regímenes patriarcales como a las nuevas comunidades sexo y género-disidentes, a partir de una cita tomada de un poema de Hölderlin: “Allí donde está el peligro / Crece también lo que nos salva” (Friedrich Hölderlin, “Patmos”).

El peligro (para unos y otros) no estaría tanto en la disidencia (en ese caso el libro se llamaría Dónde está el peligro) sino en la ética de su ejercicio, ligada al placer antes que al deber ser, es decir: antes al abandono gozoso que a las normas y los reglamentos.

Pero, además, la introducción usa (creo que sin demasiado entusiasmo y sin demasiada regularidad, porque tampoco se puede prestar tanta atención a la trivialidad) los inconsistentes plurales inclusivos declinados en -e. Al final, López Seoane opta salirse de la norma progre (metropolitana, universitaria y reticular) e incluye, a cualquiera que lo lea, en el plural de las locas: las invito. Por ese lado hace estallar las regulaciones de una sedicente disidencia que no recusa la norma, sino que elige reemplazarla por otra y que, por eso mismo, no es más inclusiva sino todavía más restrictiva que la previa.

Nosotras, las locas viejas, las locas de provincia, las locas apaleadas por la policía, siempre elegimos el universal femenino. A nadie se le pregunta si es cis o trans ni cuál es su género autopercibido o cuáles sus pronombres predilectos (para eso hay que saber primero qué cosa es un pronombre y qué cosa es la deixis), tampoco sus gustos sexuales: cualquiera integra el lote de nuestras amigas y las queremos sin ningún protocolo de por medio.

El libro razona sobre el carácter desestabilizador de la disidencia, inscribiéndola en diferentes regímenes de producción (fordismo y posfordismo) para verificar una tensión que tanto puede ir a parar a una liberación (porque la flexibilización y la desregulación del régimen posfordista son en cierto sentido liberadoras, y permiten y alientan la proliferación de disidencias sexuales, genéricas y afectivas) o, porque generan precariedad, a una nueva normalización: terminan alimentando nuevos correctivos imaginarios por parte del patriarcado. La indecibilidad sobre el carácter disruptivo de las disidencias sexuales aparece cuando éstas se asocian con las grandes marcas de la moda (que constituye el tema de uno de los capítulos): es como si la micropolítica se desentendiera de la macropolítica.

Habría que agregar: los integrantes de colectivos disidentes piden a los parlamentos dominados por la cisheteronormatividad que legislen sobre sus propias vidas, cosa que naturalmente, las parlamentarios hacen. Se crean, así, comités de vigilancia integrados por personas que nunca nos acompañaron en nuestras luchas históricas y que, ahora, sancionan la verdad de nuestros comportamientos y nuestras palabras, que someten nuestra ética y nuestra estética de la disidencia a un escrutinio potencialmente cancelatorio.

Por fortuna, Donde está el peligro sostiene una noción de estética que no puede desprenderse de una ética que sólo puede concebirse más allá de las regulaciones y diseña para nosotros un camino más alegre y, gracias a Mariano López Seoane, más sólida, como cualquier capricho.

 

martes, 2 de mayo de 2023

Un monólogo histórico

Se me había perdido este clip y los azares de la navegación me lo trajeron de vuelta...


domingo, 30 de abril de 2023

Devenir manada

Pandilla clandestina

por Mariano Oropeza para Perfil

Con la llegada de la dictadura y la consiguiente intervención en las dependencias universitarias, varios docentes y estudiantes optaron por continuar –sin censura aunque no sin temor– con sus cursos de manera irregular, por fuera de las facultades, en casas particulares, bares, librerías y colegios, confeccionando un vigoroso campus de enseñanza clandestino. Nacía así La Universidad de las Catacumbas, historia recuperada por un libro de reciente aparición.

 

sábado, 29 de abril de 2023

Malditas máquinas

Por Daniel Link para Perfil

Hace unos meses tuve que reimprimir mi licencia de conductor. Me enteré, cuando el trámite quedó trabado, de que me habían descontado todos los puntos de mi registro por infracciones de tránsito que estaba pagando en cómodas cuotas. Tuve que tomar un curso específico para la recuperación del scoring. Un curso de psicología de la conducta que nos enseñaba qué cosa era una decisión, cómo diferenciar los aspectos subjetivos y objetivos de la percepción y otras minucias completamente ajenas a lo que yo entendía y entiendo como “conducir un vehículo”. Acepté los contenidos, rendí el examen y recuperé mis puntos.

El auto nuevo que motivó el trámite vino con mejoras tecnológicas. Por supuesto, dirección asistida, caja de cambios automática y, novedad, sensor de colisión y botón para velocidad crucero.

Me juré que no iba a superar las velocidades máximas nunca más en la vida (por las multas, por los puntos). Prácticamente no manejo en la ciudad sino sólo en autopistas. De todos modos no es fácil controlarse, porque las cámaras están instaladas exactamente en los puntos en que las velocidades cambian, de 130 a 110 o de 100 a 80 o de 80 a 60 (la razón de los cambios es conocida: se nos incluye en la misma clase del tarado que manejó borracho y se estrelló en aquella curva).

Con el nuevo auto me di cuenta de que la conducción más eficiente no era la que yo podía ejercer sino la automatizada: el control de velocidad fijado justo por debajo de la velocidad máxima. El auto incluso consume menos combustible en ese modo. Sólo me necesita como suplemento perceptivo: ver, oir, decidir cuándo hay que frenar o doblar.

Las leyes de tránsito no están hechas ya para los seres humanos sino para las máquinas, que las cumplen con gran eficiencia. Sólo aportamos al movimiento mecánico lo que la máquina todavía no sabe hacer por si misma (percibir, decidir: entendí el sesgo del curso que había tomado).

Manejar (que para mí siempre fue una experiencia ligada al placer y a la aventura) ahora me aburre y me hiere con una eficencia que anuncia mi inminente inutilidad. Soy un suplemento de una máquina que dentro de poco tendrá sus propios sueños, en los que yo seré un pasajero inerte, para mayor goce del Estado.