lunes, 10 de julio de 2006

Capitalismo y esquizofrenia

La depresión se diagnosticará en iglesias y templos
Enseñarán a religiosos a detectarla entre sus fieles

Entrenar a religiosos de todos los credos para que sean capaces de identificar entre sus fieles a personas que puedan estar padeciendo un trastorno depresivo es uno de los objetivos de un programa de extensión comunitaria que lleva adelante un equipo de psiquiatras del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas (Cemic).
"El programa busca darles herramientas a los religiosos que trabajan en sus comunidades para que puedan identificar a aquellas personas que se acercan a ellos y que pueden estar deprimidas y para que además sean capaces de derivar a esas personas a instituciones adecuadas para su tratamiento", dijo a LA NACION el doctor Pablo Rozic, jefe del Departamento de Psiquiatría del Cemic.
A mediados de septiembre, alrededor de cuarenta religiosos católicos, judíos, musulmanes y evangelistas participarán del primero de estos programas de educación, desarrollados por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), y que aquí serán puestos en funcionamiento por el Cemic, en colaboración con el Centro Argentino de Etnología Americana, del Conicet.
"La depresión es una enfermedad epidémica: se calcula que en 2010 habrá 40 millones de personas en América latina y el Caribe con depresión -comentó el doctor Rozic-. Pero a pesar del gran malestar que ocasiona la depresión, quien la padece no suele reconocer su problema."

La alianza del mal sigue acá.

domingo, 9 de julio de 2006

Crisis y ciudadanía

Promesas incumplidas

por Horacio Verbitsky

En ese contexto, las cada vez más frecuentes erupciones de desdén presidencial hacia la prensa son antes un rasgo de provincianismo que un ataque a la libertad de expresión y ponen al gobierno frente a una contradicción que nadie puede resolver por él. Kirchner puede ironizar todo lo que quiera acerca de la concentración de la propiedad de los medios, pero nada ha hecho para restringirla, sino todo lo contrario, con la escandalosa prórroga por una década de las licencias de radio y televisión. También puede distinguir entre la libertad de prensa y la de empresa, entre los propietarios de medios y los periodistas. Pero eso será pura retórica mientras siga faltando a su palabra de impulsar la despenalización de los delitos de calumnias e injurias cometidos contra funcionarios, que no favorecería a los patrones sino a los trabajadores de prensa.

La fiesta deportiva sin igual

Antes y después del Mundial

por Beatriz Sarlo

Hoy se juega la final del Mundial. Mañana el tiempo volverá a su eje y de nuevo tendrá el ritmo de las rutinas. El Mundial, en cambio, sucede en un tiempo excepcional, como la semana que transcurre entre Navidad y Año nuevo, o como los carnavales en los lugares donde esa fiesta es verdaderamente significativa y no un descubrimiento más o menos turístico de una tradición perdida. El Mundial se desarrolla en un tiempo espeso y cargado de adivinaciones, caracterizado por un suspenso eléctrico que en cualquier momento se corta abruptamente.
Durante el Mundial, los miembros de una nación se sienten parte de un organismo que se alimenta de la solidaridad comunitaria, la suspensión de la enemistad, los contactos cuerpo a cuerpo con desconocidos, los festejos y las depresiones colectivas. Si fuera necesario demostrar que las naciones existen habría que recurrir a la prueba de las guerras y de los mundiales de fútbol. El deporte vuelve real a la nación, incluso para los más escépticos y para casi todos los indiferentes.
Millones de personas, de las que no podría sospecharse fuertes afectos nacionales, se transforman. Como si la nacionalidad fuera un sentimiento adormilado que se despierta, los mundiales ponen a la nación en el orden del día. Pero, claro, cada nación se despierta con sus rasgos originales. Las barras bravas son tan bravas en las tribunas del campeonato local como en las de las ciudades alemanas, cuyos estadios, después de algunos imprevistos provocados por la cortesía futbolera argentina, quedaron cerrados para Los borrachos del tablón, la barra de River que, de todos modos, no pudo agarrarse a los golpes con la de Boca porque los jefes de esta última, procesados por delitos varios, no pudieron viajar a Europa. Los nacionalismos tienen rasgos culturales nacionales y esta redundancia sólo superficialmente es una redundancia. Más bien muestra lo que en cada nación es considerado tolerable dentro de una cancha de fútbol.
Como sea, podemos suponer que todos los chicos de las escuelas argentinas, a esta altura, ya saben que Ucrania es diferente de Rusia y su capital no es Varsovia, que ninguno confunde a Togo con Ghana, ni a Gran Bretaña con Inglaterra; por añadidura, están al corriente de que Serbia y Montenegro se han convertido en dos países, aunque jugaron el mundial con la misma camiseta. El mundial mundializa casi tanto como la globalización aunque sus efectos duren sólo treinta días.
Es interesante el retorno a la normalidad del tiempo. Fatalmente, habrán pasado a mejor vida los anuncios en celeste y blanco de todas las marcas que juraron su amor a la selección. Se leerán menos suplementos deportivos (aunque todavía falta que los medios gráficos nos entreguen el resumen del Mundial) y probablemente menos diarios. Algunos dejarán de interesarse por el fútbol hasta que llegue el próximo megaevento globalizado. El tiempo retoma su cauce. Cuando el grano del tiempo vuelve a tener la textura conocida, antes de que la costumbre se imponga definitivamente sobre la vibración de los hechos excepcionales, hay un momento en que se nos ocurre mirar hacia el atrás más inmediato. Como sucede en los aniversarios y las fiestas de fin de año, aparece un recuerdo, o un propósito o un balance. La intensidad de unos días tiene un hilo invisible que comunica con el pasado.
Aunque frente a cualquier obstáculo se crea lo contrario, cada uno de nosotros tiene sólo unas pocas experiencias cruciales a lo largo de la vida. Significan una torcedura definitiva, un desgajamiento o una incapacidad que se prolongará hasta el final. La experiencia crucial no nos deja iguales a lo que éramos antes, incluso puede volvernos irreconocibles, extraños a nosotros mismos. Nos da vuelta.
Yo tuve que pensar nuevamente en el Mundial de 1978, el torneo que se jugó en paralelo a una de las grandes tragedias argentinas. Probablemente, otros volvieron a momentos y personas diferentes. Quizás pensaron en alguien muy joven, que vio su primer final de un campeonato de fútbol en el 1998 o en 2002 y ahora está muerto. A lo mejor una chica, a la que mucho no le gustaba el fútbol, pero que acompañó a sus padres durante un partido mientras sus hermanos se habían ido a verlo en pantalla gigante; una barrita que tomó cerveza hasta la madrugada en el delirio que rodeó el Obelisco; o los amigos de la escuela que hicieron el aguante cuando en algún Mundial el cielo se hundió sobre el equipo argentino o le "cortaron las piernas" a Maradona.
Me pregunté qué sentirían los amigos, los padres, los hermanos de los muertos en el incendio de Cromañón. En sus vidas, ésa fue la experiencia crucial: el tipo de hecho que continúa para siempre, pero que retorna con más fuerza cuando el tiempo adquiere una particular intensidad, como sucede durante los mundiales.

Viñerías

Yo también escribí sobre David Viñas:

David Viñas, yo mismo

Por Daniel Link

Nunca fui alumno de Viñas pero siempre lo tuve como maestro. Al principio, cuando me cruzaba con él en las escaleras o los pasillos de 25 de Mayo (donde funcionan los institutos de investigación de la Facultad de Filosofía y Letras) me sentía intimidado. Era, en mi perspectiva de entonces, salido apenas de mi primera juventud vivida en dictadura, como cruzarse con la estatua viviente de un prócer argentino. Yo había leído por entonces poca cosa de Viñas pero me había impresionado vivamente la calidad de su escritura y el alcance (megalómano, tal vez) de su mirada. Cualquiera de sus párrafos (el párrafo es su unidad de escritura) condensa bien ambas propiedades. Cito, de un texto famoso sobre Walsh, el siguiente, donde aparece una de sus dos palabras predilectas ("entonación", la otra es "ademán"):

El derrotero crítico de Walsh culmina en Operación masacre, de 1957, ese testimonio fundamental que por su movimiento de página y por su entonación se graba con nitidez en un curso trágico: el que inaugura José Hernández con sus comentarios al deguello del Chacho Peñaloza en 1863, prolongado en el aguafuerte de Roberto Arlt con la descripción del fusilamiento de Severino Di Giovanni en 1931. Esos momentos portan tres blasones que corroboran las complejas y mediadas pero decisivas relaciones entre la política argentina y el espacio textual: la liquidación del gaucho rebelde, la eliminación del inmigrante peligroso y la masacre del obrero subversivo. La carta abierta de Walsh a la dictadura de 1977 -al inscribirse en esa secuencia como cuarto blasón- no sólo la continúa y ahonda sino que preanuncia ya el asesinato del intelectual heterodoxo.

En 1994 le llevé un ejemplar de mi primer libro, La chancha con cadenas, que él leyó, subrayó, marcó con impacientes signos de pregunta y depositó en la Biblioteca del Instituto de Literatura Argentina, donde descansan sus restos.
Después, la frecuencia de nuestros esporádicos encuentros fue mitigando esa sensación aplastante que su figura me provocaba y, como nunca trabajé bajo su directa supervisión, tampoco tuve que participar de las asesinas recillas internas que a su alrededor se desataban.
Viñas nació en 1929 y ha modificado el modo en que se lee la literatura argentina (o, lo que es lo mismo: su modo de existencia). La mayoría de los clichés que pronunciamos los inventó él (y si hoy circulan como meros clichés no es su responsabilidad sino la nuestra). Como historiador de la literatura (Literatura argentina y realidad política, 1964; Historia social de la literatura argentina) no es el mejor, sino el único (y los demás, al pretender imitarlo, se hunden cada vez más en la ignominia).
Para mí fue siempre (y lo sigue siendo) una de los más lúcidos lectores (lo que, tratándose de un intelectual con sólidas ideas de izquierda, es más que un mérito: casi un milagro). Escribió un cuento precioso que casi nadie conoce, "Sábado de gloria en la capital (socialista) de América Latina", más allá del cual yo mismo no podría pensar la literatura del siglo pasado, y un artículo luminosísimo, "Después de Cortázar: historia y privatización" (publicado en el número 234 de Cuadernos Hispanoamericanos, junio de 1969) del que he robado casi todo, salvo los juicios estéticos (excesivamente lukacsianos para mi sensibilidad o mi capacidad crítica). Sobre su formación, recuerdo particularmente lo que escribió en Radarlibros el 21 de diciembre de 2003, donde volvía sobre sus lecturas juveniles de Wilde (Oscar) en el Liceo Militar, un texto deslumbrante y necesario para comprender su heterodoxia. También en Radarlibros ha publicado varios fragmentos de un libro sobre Mansilla en el que trabaja hace años y que esperamos como se esperan las revelaciones trascendentales.

sábado, 8 de julio de 2006

La fiesta deportiva sin igual

Las últimas semanas, S. ha participado de un foro en el que ha estado debatiendo con una serie de fanáticos del balonpie las posibilidades de sacar al fútbol mundialista de la decadencia en que se encuentra, como producto del triunfo indisimulable del cálculo egoísta, la estrategia vil y la confusión entre modelos de calzoncillos y verdaderos jugadores (entre otras razones que arruinan guiones culturales que, de otro modo, serían preciosos).
A nadie escapa (ni al más miserable de los relatores futbolísticos), en el planeta entero, que una final entre dos equipos mediocres como Italia y Francia, que llegaron a esa instancia sólo por sendos goles de penal, no hace sino demostrar la crisis profunda que atraviesan los mundiales. Generosos como somos, ofrecemos a continuación un conjunto de soluciones que harán del espectáculo la cosa atractiva y emocionante que nunca debió dejar de ser (sobre todo para las masas, que no tienen muchos más temas de conversación, y los penales son la guillotina de toda charla posible).
1. Por supuesto, lo primero es eliminar la instancia "penal" como decisoria de la suerte de un equipo. Es completamente ridículo que lo que se considera la pena máxima ante una falta futbolística se utilice como instrumento para dirimir un empate (sino buscado, al menos consentido por las escuadras rivales). En principio, podrían reemplazarse los tiros desde el punto de penal con tiros libres o córneres, instancias igualmente insulsas y arbitrarias en lo que al control de la pelota se refiere y con un significado mucho menos delictivo.
2. S. ha propuesto en el foro de referencia (cuya dirección me ha ocultado sistemáticamente) resolver el fútbol espectáculo como lo que es: un espectáculo (intuyo que ha copiado esta solución del básquet). Así, los penales quedarían totalmente desvalorizados y perderían el valor resolutivo que ahora tienen.
2.1. En primer término, propone que los penales valgan no uno sino medio punto. Como los partidos se ganarían con un punto de diferencia como mínimo, quedaría para siempre excluida la posibilidad (vergonzante, ridícula, arbitraria, cómoda) del 1-0 con gol de penal. De paso, toda la corrupción asociada con esa decisión soberana e inapelable de los árbitros se desvanecería como una nube en el cielo. El penal seguiría siendo desempatante, pero sólo en el caso de que hubiera otro gol (de penal o no). Aplaudo sinceramente la propuesta, pero la considero un poco compleja para las mentes poco entrenadas en las matemáticas.
2.2. En segundo término, S. propone que, ante un empate, los equipos sean obligados a jugar otro partido de noventa minutos, con los suplentes. Nada de alargues ridículos. Un partido entero y ya. Por supuesto, esto inclinaría la balanza en favor de las selecciones poderosas que puedan contar con 22 jugadores de calidad en vez de 11, pero eso es problema de los equipos (argumenta S. en contra de los oficialistas de los mundiales que son muchos, y muy militantes en favor de que todo quede como está). Si no quieren llegar a esa instancia, que los equipos hagan lo necesario para evitarla, es decir: goles como resultado de jugadas.
3. La novia de un redactor especializado en cinematografía de uno de los grandes matutinos de Buenos Aires, que coincide con nuestro diagnóstico ("Los penales son una mierda, son emocionantes cuando los ganás; sino, son una mierda atómica y lo más depresivo que te puede pasar. La verdad es que no se puede definir un mundial con ellos")
ha propuesto, en el mismo foro, reemplazar la instancia de los cinco penales por cinco jugadas (tres jugadores, comenzando desde la mitad del campo, contra tres jugadores incluido el arquero contrario). Cada vez que la pelota sale de la cancha, se vuelve a empezar desde el medio campo, pero esta vez ataca el equipo contrario. Muy experimental, la solución debería ser probada, tanto en lo que se refiere a sus posibilidades deportivas como espectáculares.
4. Una fundamentalista de La Coruña sólo admitiría que en lugar de un partido entre dos equipos se jugaran dos ("como en Libertadores y Champions", agrega con esa típica manía de los entendidos de manejar referencias oscuras y no argumentos claros).
4. Un programador de festivales de cine (consciente de la catástrofe futbolística que estamos atravesando y la necesidad de revertir la tendencia cuánto antes) recuerda épocas pretéritas, en las que había partidos de desempate y el mundial se decidía (Brasil 1950 es el ejemplo filológico que trae a cuento) entre cuatro equipos que jugaban entre sí. Personalmente desconfío de las soluciones que implican un retorno al pasado, porque me parecen discurso de viejo.
5. Lo Importante, en todo caso, insiste S., es crear conciencia en el público de que no debe tolerarse ya más la instancia definitoria de los penales (
"es medio patetico que los jugadores traten constantemente, en vez de meter goles como dios y el deporte lo mandan, de inventar penales tirándose en el área. Es un poco triste como estrategia... muy de potrero, muy poco mundialista"), sobre todo porque arruinan el espectáculo, que es lo único que importa. Si su primera solución (la más límpida: el penal de medio punto) no consiguiera atravesar las instancias burocráticas de los programadores televisivos, propone que el partido se decidiera en alargue, pero sin arquero (es decir: sin la posibilidad de que el arquero juegue como tal sino como cualquier otro jugador: liberado de arco de su custodio, es evidente que los goles se multiplicarían).
En relación con hipótesis sencillas como éstas, que devolverían el fútbol a quienes les pertenece por derecho (los espectadores televisivos), han sido propuestas soluciones mixtas y de un barroquismo tal que me resulta difícil resumirlas, sobre todo a partir de conocimiento indirecto que sobre ellas tengo. Hegemónicos como son los europeos en la copa del mundo (y timoratos, conservadores, faltos de imaginación y de grandeza histórica) es posible que todo siga como está: mal y cada vez peor. Hay que empezar ya mismo a tramitar los cambios necesarios y no veo por qué habría que delegar en una institución ridícula como la FIFA el esquema de selección de equipos y de definición de los empates. Y sino se acepta que el mundo podría ser mejor (y que es nuestra responsabilidad que así sea), que devuelvan la plata.

Congreso pedagógico

Resumen y comentarios sobre el documento base para el debate LEY NACIONAL DE EDUCACIÓN presentado por el Ministerio de Educación Nacional (Mayo 2006), Por María Cristina Agid

La fiesta deportiva sin igual



Hoy le damos la despedida a David Odonkor, el muchacho de 22 años que en el último año y medio ha
descubierto la moda pero que más de 200 euros por un pantalón no paga:




Wie wichtig ist Mode für dich?

-Ganz wichtig. Vor eineinhalb Jahren habe ich mich nicht so gestylt wie heute. Man sieht, was für Sachen die älteren Spieler tragen. Das ist schon klasse. Aber ich kaufe mir keine Hose für 500 Euro. Meine Grenze liegt bei 200.

viernes, 7 de julio de 2006

Léxico privado

Hoy, como decimos en mi barrio, me atizan los monos. La expresión surgió semanas atrás, cuando comíamos en un coqueto restaurante de Palermo con dos queridos amigos mexicanos. Como habíamos pedido una variedad de platillos de los que picábamos alternativamente, advertí que uno de ellos dejaba la boca "como Beatriz Salomón", lo que (naturalmente) no fue entendido ni en fondo ni en forma. El exquisito fotógrafo Alejandro Gómez de Tuddo se sorprendió de que usara una expresión, "me atizan los monos", que a sus oídos extranjeros sonaba por demás grosera. Naturalmente, adoptamos el modismo inmediatamente para designar, de forma inmediata, el ardor, pero también la impaciencia, e incluso el malhumor que provocan las labores cuyo cumplimiento nos excede.
Decimos de estos amigos nuestros que son el colmo de la villermés, que designa algo muy fino y muy caro en el mercado de la moda. Es que una vez, en una feria de arte, una argentina guaranga interpeló a un artista también mexicano preguntándole atropelladamente si lo que llevaba puesto era una "hebilla Hermès". Él, que había entendido "Villa Hermés", contestó que no, que él era de Monterrey. Pero decidimos conservar la designación: "Nos vemos en el MALBA, ¡qué villermés!"
Si me acuerdo hoy, de todo esto, es por las elecciones presidenciales en México. Más de uno se sentirá, allá, atizado por los monos.

La fiesta deportiva sin igual

Póngale la firma de su jugador predilecto a la foto que más le guste y cuélguela en el baño de la gomería.

jueves, 6 de julio de 2006

¡Por supuesto que no!

Fallo judicial
Ofrecer bajar música en un cibercafé no es delito.

Congreso pedagógico

Acá, un análisis crítico de la actual Ley Federal de Educación (24.195).

La fiesta científica sin igual

La XXXVII Olimpíada Internacional de Física.

Diario de un televidente

Cosas oídas:
*"¿Quién iba a decir que la fina iba a ser Francia-Italia al comienzo del mundial?"
* "A Zidane le alcanza con esos movimientos lentos pero lujosos para sostener el partido"
* "Ronaldo es casi. Casi esto, casi lo otro"
* "Es un público que se acerca al mundial y no es seguidor del fútbol... de los miércoles, de los viernes..."
* "Increíble cómo tomaron los alemanes la salida de la copa... con una tranquilidad. (...) Los alemanes viven así sus cosas"
* "Todo es una canchereada, en Cristiano Ronaldo"
* A mí me criticaron mucho el cambio de género, pero "el contrataque", en este mundial, fue "la contra".

miércoles, 5 de julio de 2006

El 18 Brumario de Luis Bonaparte

"PERIODISMO PURO SIN FIRMAS
Los trabajadores de prensa del diario y editorial Perfil tras un mes de asambleas, decidieron dejar de firmar sus notas a partir del día 5 de julio de 2006, como protesta frente a la falta de respuestas al reclamo que vienen llevando adelante. Asimismo, se convocó a los colaboradores Magdalena Ruiz Guiñazú, Jorge Lanata, Pepe Eliaschev, Nelson Castro, Gonzalo Bonadeo, Víctor Hugo Morales, Quintín, Damián Tabarovsky, así como a los columnistas de las diversas publicaciones de la empresa, para que se sumen a la propuesta de no firmar las notas."

Congreso pedagógico

Hoy debatirán los docentes la nueva ley de enseñanza
El Gobierno dispuso que no haya clases
Los alumnos de la provincia de Buenos Aires tampoco tendrán actividad mañana
En esta Capital, cada escuela se pronunciará sobre las propuestas oficiales

La fiesta deportiva sin igual

Estamos hartos de:

1) la permanente remisión de lo que se ve por la televisión a estádisticas referidas a partidos anteriores (en el mundial de 1957, Alemania y Camerún...). No sólo los equipos cambian, sino también los estilos de juego que la moda impone, y las políticas institucionales de la FIFA. Por no decir las eras y las antropologías.
2) los perfiles de los actuales números 10 (o medicampistas con veleidades de 10), en el mundo entero. Por favor, señoras (la Ballack, la gorda Ronalda, la sueca, sobre todo la operada de los labios): corran la pelota. Aprendan de Tevez. También (y por lo mismo), hartos de los pases largos. Por favor, señoras, para eso está el tenis. Y si optan por ello, que sea con alguna eficacia. El volar, es para los pájaros.
3) los goles con pelota detenida. Corners, tiros libres. Cadáver exquisito. Azar objetivo. Y si quieren azar objetivo, basta de partidos y todo a penales.
4) la discriminación y el prejuicio.
5) las estrellas del fútbol, que se cansan y tienen que salir rápidamente del partido (sí, sí, rubia con acento madrileño, a vos te hablo).
6) la frase "es que vos no entendés de fútbol".
7) las personas que se toman más en serio el mundial que el final de temporada de CSI.
8) la estrategia en el juego. Y, al mismo tiempo y por lo mismo, "el triunfo de la voluntad". Ya nos clavamos con el TEG, en su momento. Y Shopenhauer ha sido bastante desacreditado. Basta de partidos de dos horas y penales.
9) el mercado de apuestas, segundo a segundo, que nos arrastra a conductas ignominiosas.
10) el "sentimiento antibrasileño".

Es decir: estamos hartos de todo aquello que constituye al fútbol actual precisamente en lo que es.

martes, 4 de julio de 2006

La fiesta deportiva sin igual

Había ofrecido todo tipo de servicios imaginarios a la escuadra italiana en el hipotético y remotísimo caso de que consiguiera derrotar al equipo teutón, y no por revanchismo alguno sino sólo porque me parecía que los alemanes no merecían ganar, ni aún siendo locales y con todos los arbitrajes a su favor. Pensé que el mercado de apuestas clandestinas que controlan los italianos iba a ser un obstáculo en el cumplimiento de mis deseos, pero a la vista está que no y, ahora, la vasta latinidad me debe algo.
Ante la sospecha de que ni a Cannavaro ni a Totti le importarán mis cómodas promesas de remoto televidente, habré de buscar voluntarios alternativos para cumplirlas (eso sí, con pasaporte italiano en vigencia), porque temo la venganza de los dioses si, al menos, no intentara los turbios sacrificos que me impuse. Advertencias, durante la jornada de hoy, ya he tenido, con la pérdida tal vez irreparable de mi archivo de anotaciones cibernéticas.

Congreso pedagógico

Acá, la propuesta gubernamental de reforma a la Ley Federal de Educación y un foro de debate que hoy cierra ("para procesar cuidadosamente la información y utilizarla como un insumo básico para el proyecto de la Nueva Ley de Educación": el uso de la palabra "insumo" irrita y hace sospechar lo peor).

Congreso pedagógico

Se debate la reforma a la siniestra Ley Federal de Educación. Acá y acá, algunas piezas.

lunes, 3 de julio de 2006

La fiesta deportiva sin igual


La Titi Henry es una de las estrellas de Francia (de su fútbol, pero también de su publicidad, que viene a ser lo mismo). Le grandeur de la France, en todo caso, se expresa en su escuadra mundialista, la única de Europa auténticamente multirracial (cosa que debería provocar un poco de vergüenza a los ingleses y alemanes).

Fuente: Mariana Enriquez.

domingo, 2 de julio de 2006

Diario de un televidente

Si algo le queda al nacionalismo es su condición pop.
No popular, algo ya más bien anacrónico a fuerza de
lo sentimental, sino pop, con el acento en el perfil
publicitario, en los mensajes subliminales, en ese
"barullo de las estaciones" que es la moda.

Carlos Monsiváis. Los rituales del caos. México, Era, 1995


Hace unos días (¿o fueron años?),
S. alquiló (dispuesto como estaba a obligarnos a un programa de inmersión total), la película Goal, que es algo así como el manual de procedimientos del fútbol europeo, financiada por la Fifa para mejor ilustración de aspirantes a estrellas futbolísticas sobre qué es lo que se espera de ellas. No comentaré la peripecia argumental, fundada toda ella en una serie de clichés completamente previsibles, sino la impresionante constatación de que el fúbol de ficción (el fútbol filmado, el fútbol espectáculo) es mucho más interesante que el fútbol en vivo, salvo claro (y precisamente) por la peripecia argumental, que en el caso del segundo involucra una profusión tal de sentidos que merecerían la atención de un equipo de analistas del discurso franceses de la escuela de Althusser y de Pêcheux. Lo que ese organismo siniestro que la FIFA seguramente es dice del fútbol es que es un espectáculo mediático y no el repertorio sombrio de alegrías mal mezcladas con rencores de clase y ansiedades nacionalitarias que Argentina lleva siempre a los mundiales.
El viernes a la noche, la televisión prácticamente hizo un llamamiento al luto nacional. El sábado, la alegría de los relatores deportivos ante el revés sufrido por Brasil (que también fue festejado, mezquinamente, en mi barrio) no hacía sino aumentar el tamaño de la llaga abierta que el partido contra Alemania dejaba en las gargantas patrióticas. Más selváticos, más maníacos, los brasileños de Maluco Beleza (se los vio en los noticieros), no dejaron de bailar ni después de la derrota: "La vida es bella", decían.
Anoche, la televisión comenzó la disección de la performance de la escuadra argentina. La prensa especializada discutió por "el canal del mundial" si el rendimiento de Crespo, cercano a la nulidad en casi todos los partidos, podría explicarse por la actitud hostil de Riquelme, quien sistemáticamente le habría negado los pases que garantizaran un mejor desempeño (de "Lipstick traces", pero también de todo el equipo). Se habló también de Messi, su retraimiento (
"Con respectó a Messi, Ayala declaró: "Compartimos mesa con él y yo trato de hacerle preguntas, conocerlo más y me encuentro con un chico humilde introvertido, es difícil entrarle; siempre está con su amigo inseparable Oscar (Ustari). Y está contento y preparado."), cercano a la subnormalidad (" -¿Cómo te llevás con el grupo? Generalmente se te ve apartado, solo, o a lo sumo con Ustari, nada más. -Me llevo muy bien con todos. La verdad es que no tengo ningún problema. Cuando no me tocó jugar han dicho que yo tenía problemas y nada que ver, todas cosas que se dijeron de más"), y el hecho de que nadie terminara de entender a ciencia cierta su papel y su fama -salvo como vendedor de productos lácteos que estimulan el crecimiento, de lo cual el jugador sería el ejemplo viviente ya que, como se sabe, pasó de 1.30 a 1.70 (aunque algunas personas sostengan que eso se debió no a las bondades de los productos secundarios de la vaca, sino a las últimas invenciones de la química moderna). Un televidente hizo a través del correo electrónico preguntas incisivas (es decir, malintencionadas) sobre las recompensas que los árbitros reciben en los mundiales. En un programa de fait diverses (el único que siguió transmitiendo desde Argentina, creo) se burlaron de la actitud (ciertamente sorprendente) de la joven promesa durante el último partido. Y ya se ve venir la marea de reproches al director técnico, sobre todo en relación con su política de rotación de jugadores. De la línea de defensa o de Tevez nadie podría hablar mal, y nadie lo hace. Pero en cualquier momento alguien comenzará a preguntarse seriamente qué tan grave le pasó a Abbondanzieri para que abandonara el arco en instancias tan decisivas (y tan catastróficas para la libido nacional). Gestos de "platita" ya se vieron en las tribunas alemanas al final de cotejo.
Es evidente que yo de esto nada sé ni me interesa en lo más mínimo. Me limito a notar que varias disciplinas aparecen para explicar lo inexplicable: la psicología (en fin: al menos la psicología grupal), la economía, la gestión empresarial. De deporte, poco y nada, como corresponde a una instancia de espectáculo como un Mundial de Fútbol. Lo que uno podría, en todo caso, pedir, es un poco más de materialismo (y al mismo tiempo, de glamour) en los comentarios y, naturalmente, menos mistificación.
Se suponía que este mundial representaba para la Argentina algo así como la venganza de los zaparrastrosos y terminó como exemplum de una columna de opinión de Beatriz Sarlo (teniendo en cuenta la última publicidad de Quilmes, todo podría haber sido mucho peor: ¡menos mal que Argentina perdió!).
La selección argentina no tuvo nunca chance alguna en este mundial que definitivamente sella la unidad europea contra el mundo, y ni las gestiones de la princesa rubia y buena pudieron salvar a la escudra de la ignominia que la esperaba a la vuelta de todas las esquinas.
Como durante la guerra de Malvinas, la televisión volvió a vender falsas esperanzas. ¡Y encima, Maradona no estuvo en la cancha, por no se qué problema de alguno de sus nuevos novios! Sí, el Mundial es agobiante (aún para quienes, como yo, decidimos por primera vez y por curiosidad antropológica seguirlo día a día), pero, sobre todo, da mucha pena tanta gente mal de la cabeza.